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sábado, 15 de março de 2014

"Como decía san Francisco"

    Ahora parece que al otoño se le acabó toda la timidez y está instalándose de frentón. ¡Qué frío hoy en la mañana!... Pero es el curso natural de las cosas, entonces lo único que nos queda por hacer es empezar a sacar la ropa más gruesa y poner una frazada en la cama. Ya volverán los días de sol y calor, pero el frío y la lluvia son necesarios, como ya dije... Entonces, ¡a prepararse una tacita de té con una sopaipilla calientita!
    Y para acompañar esta colación, aquí va la crónica de la semana.


    Paso por ellos casi todos los días. Desde lejos los diviso serpenteando por el sendero de arenilla de la plaza: el hombre más viejo empujando el carrito cubierto con una lona verde (por lo que todavía no he conseguido descubrir qué es lo que venden) y la mujer ciega a su lado, agarrada de la manilla. Siempre vienen conversando animadamente, ella con los ojos verdes perdidos en la nada y el hombre con expresión seria, preocupado para que no tengan ningún accidente. En la mitad del recorrido dan una paradita y él se sienta en un banco para descansar por algunos momentos. Ella se acomoda a su lado, sin dejar de hablar, con aquella especie de sonrisa vacía estampada en la rostro de media edad, piel blanca, cabellos ondulados y rebeldes que empiezan a blanquear. No sé si son padre e hija, amigos, marido y mujer o tan sólo socios, pero me gusta ver cómo él la cuida y la acompaña a pesar a pesar del evidente esfuerzo que debe desplegar para hacerlo. Tampoco sé en qué calle o esquina tienen su puesto, ni si permanecen el día entero allí o tienen un horario para volver a casa... Los encuentro solamente en este tramo de mi caminada. Después desaparecen entre la multitud y sólo volveré a verlos mañana, en la misma cuadra, a la misma hora...
    Y continúa a llamarme la atención cómo estas personas -los trabajadores pobres, principalmente los ambulantes- se ayudan mutuamente, cómo son esforzados y creativos. Sé que la necesidad los empuja a no desistir, a encarar el frío, el calor, la lluvia, la enfermedad y la intemperie cada día, pero de todos modos es conmovedor observar cómo son solidarios y se mantienen animados e pesar de todas las dificultades que con certeza enfrentan  cada día. El que tiene más lo comparte con el que no tiene y el que no tiene un producto le indica al cliente a aquel que lo tiene para que no se pierda la venta, seguro de que el favor le será devuelto. Y, efectivamente, así sucede. Yo lo he visto.
    Esta gente mantiene una especie de sociedad paralela en la cual unos cuidan de los otros sin recelos ni cobranzas, comparten, socializan, se ayudan como pueden. Viéndolos así, parece que no cultivan envidia ni celos unos de los otros, mostrándose más bien unidos en un común y gigantesco esfuerzo para una mejoría general, porque parece que si uno prospera, todos lo harán. No tengo nada contra quienes tienen más, pero a veces me da la sensación de que éstos podrían aprender alguna cosa de esta gente menos afortunada porque, desgraciadamente, parece que uno se pone mezquino y egoísta cuando le va bien y le empieza a crecer esa sensación de que si comparte o reparte, su riqueza y su poder se van a acabar, que le va a faltar algo en algún momento, que se va a arrepentir, que nunca más van a parar de pedirle, que se van a aprovechar de su buena voluntad... La verdad es que, como decía san Francisco, cuanto más se tiene, más se preocupa uno en preservar, en aumentar, en guardar, en acumular y esconder para que nadie le venga a pedir... Pero, ¿qué es lo que tanto cuidamos, en realidad? ¿Nuestra imagen? ¿El poder que las posesiones nos dan?¿El status que adquirimos? ¿Nuestra seguridad material? ¿El futuro de nuestra familia?¿Nuestro propio futuro?... Y una vez más viene a mi cabeza la pregunta que me persigue hace años: ¿Qué es lo que realmente importa?... Y más, ¿qué es vital para nosotros como seres humanos? ¿Lo que tenemos? ¿Lo que somos? ¿Lo que guardamos , o lo que damos? ¿Con cuánto nos sentiremos seguros y felices? ¿Existe realmente ese límite? ¿Y será que sabremos reconocerlo y respetarlo?...

terça-feira, 7 de setembro de 2010

Dos ciclistas

Bueno, conseguí un tiempito para sentarme aqui a escribir hoy en la mañana porque es feriado, entonces no vamos a trabajar. Pero esto no significa que no vamos a ensayar, eso está totalmente fuera de cuestión. A final de cuentas el estreno es este viernes!... Entonces, mismo con la empleada en São Paulo en el casamiento del hermano -se supone que vendría hoy, pero tengo certeza de que no consiguió pasaje, a pesar de que yo le aconsejé a comprar el de vuelta antes de salir- la casa para limpiar y el almuerzo para preparar, todavía me sobran un par de horas y quiero aprovecharlas para cumplir con este deber sagrado: postear la crónica en el blog. La semana pasada no lo conseguí porque tuvimos que resolver un montón de problemas -de esos chicos pero antipáticos- sobre el espectáculo, ver las ropas y darle un sermón a los contra-reglas que más conversan y pierden la hora de mover los escenários o jalar las cuerdas de lo que ayudan. Pobres, es que no están acostumbrados a ese tipo de rutina llena de marcaciones, músicas y otras sutilezas por el estilo, entonces estamos tratando de ser pacientes con ellos. A final de cuentas, su trabajo siempre se redujo a cortar, aserruchar, pintar, clavar, raspar y trasladar cajas y fierros, nunca tuvieron que lidiar con aparecer en el escenario para agradecer, vestir figurines, quedarse callados en las bambalinas y ese tipo de cosa. Pero como estamos en la semana del estreno, las cosas están poniendose medio tensas, porque no puede haber ni un tipo de error en la presentación, lo que significa que se espera de todos nosotros nada menos que la perfección. Las expectativas son gigantescas, así como las perspectivas, entonces tenemos que ser exigentes y no aceptar disculpas para faltas de disciplina... Bueno, como a mí me encantan los desafíos, no me incomoda para nada y estoy segura de que a mis alumnos tampoco. Sé que van a dar lo mejor de sí y que el resultado será magnífico, lo que puede traernos a todos cosas muy positivas en el futuro.
Bueno, y sin más demoras, aquí vá la crónica de la semana:



Apresurada, fuí a atravesar la calle, con la cabeza llena de problemas que resolver, llamadas que hacer, reuniones a las cuales comparecer, listas, relatorios, fechas y horarios, y casi fuí atropellada por un muchacho en una bicicleta azul. Frenó abruptamente, haciendo chirriar los neumáticos y, mirandome con una expresión en la que se mezclaban la reprobación y el descaro, exclamó en un tono insolente, alto lo bastante como para que los transeúntes que pasaban pudieran escuchar:
-Hey, tía, mire por donde anda! La calle no es suya, sabía?.
Yo me quedé paralizada durante algunos segundos, mirándolo como un ratón preso en una trampa, sintiendome impotente delante de su agresiva superioridad, que él exageraba frente a los otros, que contemplaban la escena con curiosidad y un destello de conmiseración. Yo tenía la sensación de que ninguno de ellos arriesgaría el cuello para defenderme o siquiera darle una mirada severa al muchacho que, sabiéndolo, se sentía el rey del mundo, el propio Al Capone de bermudas, condoritos y tatuaje de calavera en la pantorrilla. Su cara era tan tosca, su expresión tan amenazante y su tono tan imponente y descarado, que todos preferían ignorar el incidente a intervenir y llamarle la atención porque, en realidad, debería haber parado, pues yo estaba en la faja de peatones. Pero su talante era igual a tantos otros, que aparecían en el noticiero después de un tirotéo, un asalto, un secuestro, un acierto de cuentas entre cuadrillas, que nadie tuvo el coraje de acercarse para apoyarme. Ni yo misma osé abrir la boca para reclamar o cobrar un poco de educación, pues me sentí impotente y sola ante su baladronada y sus ademanes intimidantes... No tenía más que quince o dieciseis años, cuerpo esbelto y musculoso, forrado de tatuajes y cicatrices, rostro de facciones angulosas, boca gruesa, una ceja raspada en un dibujo, piercing en la lengua, el lábio y el párpado. Vestía bermuda, condorito y camiseta descolorida, unas mechas de cabello castaño apareciendo debajo de su gorra, los ojos obscuros y fríos, con el brillo feroz de quien es obligado a defender todos los días su territorio con una única mirada. La bicicleta que montaba era demasiado pequeña para él, mal conseguía sentarse en el sillín, y el azul cromado estaba casi cubierto por adhesivos y flecos de plástico. A cada movimiento suyo podía escuchar el barullo irritante de las cuentas subiendo y bajando por el aro de las ruedas... Amedrentada, desvié los ojos de él y traté de retomar mi camino, pero él puso la bicicleta delante de mí, riendo burlonamente, y agregó en un tono ronco y agresivo:
-Disculpe, madame, pero estoy medio atrasado, con permiso.- y subiendo de un salto en los pedales, salió a toda velocidade por la calle, riendose a carcajadas.
Yo me quedé para ahí, igual a un perro que llevó una patada, mirando su silueta que disminuía velozmente, el corazón desbocado, la boca seca, temblando de rabia y miedo, pero sin conseguir reaccionar, sintiendome idiota, ultrajada, abandonada... Pero qué estaba sucediendo con esta juventud? Todos ellos se habían vuelto locos? Habían apagado de sus vidas las buenas maneras, las palabras inteligiblels, la compasión? Nadie les había enseñado respeto, consideración? No sabían lo que era una sonrisa?... Tragandome la revuelta y el miedo, dí un paso hacia la otra vereda, cuando divisé, viniendo del otro extremo de la calle, otro ciclista, y paré instantáneamente. El se aproximó, pedaleando a toda velocidad. Era asustadoramente parecido con el anterior: bermuda jeans, camiseta, zapatillas, cabeza raspada en un dibujo tribal, piercing en la ceja, guantes de cuero negro... Eu estremecí y empecé a retroceder... Sin embargo, para mi sorpresa, cuando llegó más cerca, el muchacho disminuyó la velocidad, mirandome con una chispa de simpatía y la sombra de una sonrisa distendiendo su faz morena, y acabó parando como a medio metro de mí. Hizo un gesto con la mano para que yo pasara y, mientras yo obedecía, totalmente desconcertada por semejante cortesía, él dió una mirada hacia la iglesia que se erguia al fondo y, cerrando los ojos, se persignó con profundo respeto. Hasta me pareció que habia murmurado una rápida plegaria y, viendo que ya me encontraba al otro lado, me sonrió fugazmente, montó en su bicicleta nuevamente y se alejó atrás del otro ciclista, zigzagueando entre los buses y los coches.
Me quedé observandolo durante alguns minutos, tomada por un alud de sentimientos que chocaban entre sí. Porque hacía mucho tiempo que no llevaba una sorpresa así... Pues quién diría? El muchacho de cabeza raspada y piercing en la ceja, tatuaje de sirena en el brazo y pulsera de metal con clavos, se persignó respetuosamente, murmuró una oración mínima pero profunda, como un chico bien educado, anticuado, ingenuo, crédulo, hasta devoto, quién sabe -de aquellos que ya no existen más, por lo menos no con ese aspecto de rebelde- y aún tuvo la caballerosidad de cederme el paso a la hora del rush haciendo ese gracioso gesto con su brazo fino y nervudo... Mientras retomaba mi camino, pensé, admirada: "Cómo pueden dos personas tan parecidas, que talvez viven por la misma ideología, desenvuelven los mismos comportamientos y lenguajes, actuar de maneras tan diferentes?"... Me pregunté qué habría sido lo que provocó esa diferencia en sus actitudes. En qué punto del camino y por cuál capricho del destino escogieron, uno asumir su lado obcuro y peligroso, y el otro continuar cultivando la bondad y la fé? Eran tan parecidos que podrían pasar por hermanos, con certeza provenían de poblaciones de la periferia, pobres y abandonadas, asoladas por cuadrillas y violencia, y no se hacían ilusiones respecto a sus futuros; y a pesar de esto, uno de ellos había conseguido, de alguna forma, mantener los valores, la fé, em comportamiento cierto para poder convivir en paz con el resto del mundo. La esperanza y unas gotas de inocencia y optimismo todavía brillaban en su mirada, se adivinaban en sus gestos. Ya en el otro muchacho pude observar un abismo, un túnel sin salida, una puente que había sido quemada; algo sin vuelta, sin futuro. Ni en sí mismo ele creia, a pesar de su pose y sus baladronadas, que daban la impresión de que era el dueño del mundo y podía hacer lo que quisiese en él y con las personas que vivían allí.
Llegué a mi trabajo todavía pensativa, preocupada, y me senté en mi oficina en silencio, meditando, reevaluando aquella máxima que dice que lo que vale es la primera impresión. pues aquel incidente la había derribado nuevamente. Porque no era la primera vez que comprobaba esto y, percibir que podemos, a veces, ser fácilmente engañados por una cara fea, una ropa zurrada o un lenguaje deficiente, siempre reencendía mi esperanza de que todavía tenemos salvación, de que podíamos creér los unos en los otros sin importar lo que pareciésemos a primera vista... Pena que estemos tan ligados a la imagen, al status, al poder -y este error crece cada día más- y nos séa tan difícil ver el verdadero ser humano que está delante de nosotros. No estoy excenta de este pecado y lo cometo una infinidad de veces, pero hay días en que, como en aquella mañana, la verdad surge de repente frente a mí como para recordarme de no juzgar ni condenar sin conocer, para convidarme a dar una oportunidad. No que esto va a hacer desaparecer la maldad o a las personas negativas, mas por lo menos, nuestras conciencias quedarán tranquilas si le concedemos, ni que séa por algunos minutos, otra oportunidad a aquel que Dios coloca en nuestro camino.

sábado, 26 de junho de 2010

Diversidad

Esta semana voy a postear la crónica que -finalmente!- salió en el diario, a pesar de no tener certeza de si ya la puse aquí. Pero anduve revisando mis archivos y no la encontré, a no ser que la haya publicado con otro título. En todo caso, como soy tan terriblemente apegada a mis rutinas y rituales, la voy a postear, como lo hago con todas las que van apareciendo en el diario, y tengo que aprovechar para hacerlo ahora en la mañana porque en la tarde marqué una aula especial (dónde tengo la cabeza? Asi voy a acabar no teniendo ni un día de descanso!) con ese grupo de alumnos de Assaí que vino la semana pasada para ver nuestro ensayo del musical. Salieron tan entusiasmados que pensé que sería una buena iniciativa darles este regalito, para animarlos e inspirarlos en el montaje que están haciendo en su ciudad. Fué un grupo simpático, disciplinado y bien participativo y espero que les guste la aula y que quieran continuar el trabajo. Me encanta el desafio de trabajar con grupos nuevos y no me importa sacrificar mi día descanso para darles la oportunidad de participar de nuestro estilo de trabajo e intercambiar experiencias con ellos porque, con certeza, no serán solamente ellos quienes van a aprender con nosotros, sino que nosotros también vamos a aprender con ellos, y mucho, y eso es lo que me fascina... A final de cuentas, días de descanso siempre hay, ya la oportunidad de encontrar personas nuevas e interesantes que pueden agregar algo positivo a nuestro trabajo o a nuestra vida no aparece todos los días. Eso, sin contar que las tres horas de aula de hoy me van a valer entradas más tardes la semana que viene en la Fundación, entonces, tiempo para relajar no vá a faltarme. Lo que importa es no desperdiciar ninguna oportunidad, porque éstas no tienen bis.


Permanezco por largos momentos observando el follaje de los árboles frente a mi ventana. El viento pasa por cada rama, por cada hoja y cada flor y cada una de ellas reacciona de manera diferente a su toque. Lo que véo es el follaje meciendose armoniosa y rítmicamente, pero si observo con más atención, consigo percibir el movimiento individual de cada hoja que, mismo siendo diferente, no quiebra la fluidez del movimiento total. La individualidad del movimiento se debe a que cada elemento está en una posición distinta con respecto a la corriente de aire, entonces, mismo que el viento séa uno solo, cada hoja o flor que es tocada por él, se moverá de una forma totalmente peculiar... Entonces pienso en nosotros, seres humanos, y en cómo podemos tener mil sensaciones, impresiones o visiones diferentes sobre un mismo acontecimiento o persona, por el hecho de encontrarnos en diferentes estados de espíritu, por tener diferentes historias, edades, culturas, sexos, intenciones y expectativas. Relfexiono nuevamente sobre cómo el todo es formado por muchos y me doy cuenta de que la diversidad es la generadora de la belleza que nos rodea, pues cada movimiento individual forma parte del movimiento de la vida, que siempre busca el equilibrio, la evolución, la expansión. Cuanto mayor, más diverso y rico, con más posibilidades. Cada uno posée su propia expresión, sin embargo, todas ellas nos llevan al crecimiento, a la transformación, al conocimiento, a compartir.
Me parece un milagro encantador y asombroso cada una de esas hojitas ejecutando su danza individual para crear la imagen del follaje de un árbol en movimiento!... La materia no está hecha de un solo componente, sino de muchos,y la participación de todos ellos es lo que le dá existencia y consistencia, personalidad a esta materia. Me pregunto si con nuestro espíritu es así también. De cuántos "elementos" podería ser hecho? De todo aquello que no es tangible, que no perece, que está anclado en lo divino, en lo perfecto? Cuál es la diversidad que nos dá la personalidad, los sueños, los pensamientos?... Créo que parte del misterio de la vida está en el espíritu y en la diversidad de fuerzas humanas y divinas que lo sostienen.

sexta-feira, 5 de fevereiro de 2010

Hilos sueltos

Bueno, y finalmente, el día tan temido llegó: la vuelta al trabajo... Entretanto, de temido tuvo sólo el nombre porque, ya empezando con la reunión del jueves con los jefes y todo el equipo de profesores para ponernos al día de las novedades para este año, las cosas se mostraron sorprendentemente cambiadas y abiertas. Pareció que, de repente, las nubes, los abismos, las puertas cerradas, los rencores y los resentimientos, los obstáculos y la negatividad que reinó imperturbable a lo largo del año que pasó habían sido barridos por algún viento milagroso -y, dígase de pasaje, totalmente inesperado- y lo que había en aquella sala era sólo optimismo, buena voluntad, disposición y ganas de que todo funcionara bien, de llegar a un mismo objetivo de la mejor forma posible, sin castigos ni cobranzas... Era como estar empezando de cero!... Yo me lo pasé las vacaciones enteras luchando para no hacerme ningún tipo de expectativas -ni buenas ni malas- para no vivir de antemano cualquier situación o enfrentamiento que pudiera surgir por causa de diferencia de opiniones, para no predisponerme a nada, para ni siquiera parar para pensar en lo que podría estar aguardandome, ya que estaba demasiado escaldada como para sentirme optimista al respecto, y créo que lo conseguí. Disfruté mis vacaciones, me relajé, me ocupé de mi salud (bastante afectada por tantos disgustos) y escribí mucho, cosa que, para mí, es el mejor remedio para todos los males. Entonces, cuando me telefonearon el miércoles avisandome que tendríamos la tal reunión, redoblé mis esfuerzos para no ponerme ansiosa o agresiva. El jueves en la mañana respiré hondo y, con ese pequeño escalofrío revoloteando en mi estómago a pesar de mi autocontrol, fuí a la fundación de corazón abierto y despojado, serena y bien dispuesta, optimista pero sin expectativas específicas. En vez de llevar dos piedras en la mano, fuí decidida solamente a defender lo que considerase mejor para mí personal y profesionalmente... Y qué fué lo que pasó?... Pues que Dios -ese pillo, de nuevo!- me había preparado una sorpresa y tanto, de esas para quedarse boquiabierto!... A medida que la reunión fué pasando, pareció que todo y todos habían cambiado del água para el vino, que no existían más desconfianzas, irritaciones, resentimientos o confusiones. Nos presentaron dinámicas nuevas, frescas, ágiles, prácticas, en las cuales todos podríamos participar y ayudarnos mutuamente... Puchas, no sé si fuí yo o si fuimos todos que nos reunimos con la misma disposición positiva y equilibrada, abierta, pero de repente las cosas entraron en los ejes, las puertas se abrieron, las oportunidades reaparecieron (bueno, créo que no fuí solamente yo quien sufrió con los acontecimientos del año pasado. Cada cual, por lo que percibí, tuvo su cuota de dolor, revuelta y desánimo, pero todos aprendimos con ello, ciertamente) En un pestañear -tan fácilmente, Dios mío!- recuperé mi lugar, mis funciones; voy a ser aprovechada en todas las áreas y voy a poder crear, crear y crear mucho, que era lo que yo más deseaba. Hasta parecía que habían leído mis pensamientos con respecto a ciertos aspectos profesionales y prácticos y la forma en que yo -y todos los demás, para decir la verdad- pensaba que deberían ser realizados!... Mis horarios van a ser medio locos y las horas extra van a continuar no siendo pagadas, pero, quieren saber una cosa, amigos? Me importa un pito!... Voy a hacer lo que sé hacer mejor, voy a tener la oportunidad de cooperar con todas las otras áreas con todo lo que tengo a ofrecer y esto me deja completamente feliz, mismo sabiendo que vá a significar mucho trabajo, mucha creación y mucha organización, sobre todo para no descuidar mi glicemia... Pero en comparación, vá a ser extraordinariamente gratificante y enriquecedor, entonces... Quién podría deseár más?... Bueno, tal vez un salario un poco mejor, que uno no es de fierro y las cuentas no desaparecen como "ballenas azules" en el cielo, pero por el momento, la felicidad de volver a ser útil y valorada, de poder usar mis talentos para ayudar a las otras áreas y así tener resultados espectaculares que dejen a todo el mundo contento, no hay dinero que pague. Claro que voy a quedarme muuuuy feliz si nos dan un aumento -en Marzo, espero- pero si no nos lo dan, no me vá a robar ni una gota de la felicidad profesional de este año. Ahora, sólo me falta ganar algo escribiendo también!...
Y después de este verdadero testamento, aquí vá la de esta semana, después de la cual espero no haberme derretido encima del teclado, porque está haciendo un calor de matar...

A veces es un olor, un color, una ráfaga de viento, un paisaje o un sonido que viene sin avisar, cuando menos lo espero, y allí estoy, volviendo al pasado de un salto vertiginoso... Es una cosa realmente impresionante estar a tantos años y kilómetros de distancia de los hechos y de los lugares y de repente, gratuitamente, tener una impresión tan nítida y presente de ellos, como si bastara abrir la puerta para penetrar en ese pasado y continuar viviéndolo como si el tiempo no hubiese transcurrido. Me quedo totalmente paralizada mientras el recuerdo va tomando cuenta, creciendo, envolviendome, volviendose a cada instante más presente y real, y cuando finalmente me transporta entera hasta su realidad, es una mezcla de placer, alegría y nostalgia... Créo que, en verdad, existen dos personas dentro de mí: la actual, que vive, trabaja y tiene una familia aquí, y la otra, que vivenció las experiencias y, de cierta forma, está presa al pasado por su significado...
Viajando en el auto, pasamos delante de una casa sin terminar, circundada por un pequeño bosque y con un porche lleno de plantas, e inmediatamente vino a mi mente la imagen de aquella gran casa frente al mar, todavía sin terminar, paredes de cemento crudo y vigas desnudas, rodeada de pinos y arena, en la cual el tío Willy y la tía Nana nos invitaban a pasar las vacaciones, en Concón. Cuátnos veranos agradables y llenos de diversión y alegría pasamos junto con esa familia original y cantora! Era una fiesta permanente, todos siempre animados, riendo y jugando -a despecho de las peléas y las caras feas de nuestros padres- siempre inventando desafíos y paséos liderados por el tío Jaime, hermano de la tía Nana, un lindo y encantador payaso, totalmente deschavetado, que vivía vidas secretas que dejaban a la familia con los pelos erizados. Aquella casa y todo lo que había en ella tenía un olor todo especial, de cosa sin terminar, improvisada, pero extremadamente acogedora y segura.. Me acuerdo de escuchar el ruido del mar desde el balcón, en la noche, y de s entir su aroma salado y pegajoso abrazandome con fuerza, como si quisiera contarme sus secretos o llevarme hasta sus entrañas obscuras y misteriosas. El viento lo traía en ondas rítmicas y constantes, como si fuera la respiración de un gigante adormecido, y éste flotaba sobre las casas y las personas, penetraba por todas las rendijas, mezclandose con el perfume de la comida, del bronceador, de las toallas y sábanas...
Estos recuerdos, como en un flash, acudieron a mi mente mientras pasábamos delante de aquella casa al lado de la carretera, y fuí capaz de sentir el olor, de escuchar las voces, de ver nuevamente las imágenes y sentir las sensaciones de esa época de mi infancia. Pareció que hasta podía recordar los pensamientos, las miradas, cada descubrimiento, los insectos y las hojas de los árboles, la arena amarilla y sedosa; parecía que podía escuchar el click de la máquina fotográfica que sacó aquella foto mía apoyada en la cerca de troncos con los pinos al fondo, delgada y de cabellos cortos y desordenados, medio sonriente en mi vestido suelto, que está guardada en la caja de cartón dentro del estante de la sala... Verdaderamente, el recuerdo es algo mágico, tiene poder de cura, de rejuvenecimiento, de comprensión y hasta de perdón. Pues al recordar, a veces conseguimos entender nuestra vida y sus procesos, nuestras acciones y las de los otros y sus consecuencias, las palabras y gestos, las decisioes, las pérdidas, las victorias y fracasos. Resentimientos, alegrías, frustraciones, tristezas, conquistas, el despertar del entendimiento, de la vocación, de la búsqueda de la felicidad, el principio de la realización, todo eso viene a flote y nos coloca delante de nuestra historia con otros ojos, abriendo nuestro corazón para que la veamos con madurez y compasión. Recordar es retomar los hilos sueltos para integrarlos a la trama del tejido de nuestra existencia, es rescatar opciones y objetivos, es ganar nuevas fuerzas y despertar sueños antiguos, es nostalgia, es comprensión, es perdón.
El pasado es pasado, como se dice, pero yo créo que él no está ahí en vano, sólo para adornar nuestros relatos o dejarnos nostálgicos, felices, arrepentidos o resentidos; no es lo único que les queda a los viejos. Parar la caminada hoy y dar una mirada en él a veces es como entrar en un oásis del cual podemos salir revigorizados y más sabios para continuar la jornada en dirección al futuro.

segunda-feira, 13 de abril de 2009

Aquella fotografía

Aconteció algo muy desagradable el sábado, cuando fuí publicar esta crónica: me apareció uno de aquellos letreritos demoníacos diciendo que había cometido algún tipo de acto ilegal o algo parecido y la crónica no fué publicada, quedando solamente el título... Completamente ridículo!... Otras veces ya me apareció ese aviso, pero la crónica fué publicada de todas maneras. Bueno, espero que hoy no suceda nada y que pueda postear el texto sin problemas. Entonces, allá vamos:

Otras dos sugestiones inteligentes de mi hermana: comunicar a los lectores del blog en español, que tengo otro en portugués con las mismas crónicas y publicar las crónicas que ya aparecieron en la Folha de Londrina, ya que quien está en Miami, República Dominicana o Manaus no las leyó todavía porque el diario no llega allá. En realidad, ya posteé dos de las que fueron publicadas en el diario, pero pienso que es bueno publicar las demás también, así los lectores no pierden ninguna... Bueno, estoy percibiendo que voy a tener que nombrar a mi hermana como mi relaciones públicas y mi agente, porque sólo a ella se le ocurren estas cosas que hacen que mi trabajo séa más divulgado. Ahora, tengo que confesar que, en realidad, siempre tuve unos tremendos problemas de creatividad cuando se trataba de "estrategias de marketing" porque siempre me dediqué tan solamente a crear. En la Fundación había personas encargadas de este departamento, entonces nunca tuve que gastar tiempo calentandome la mollera con estas cosas. Ahora, por suerte, tengo a mi hermana (A propósito, su nombre es Sofía y también escribe; sólo le falta decidirse a publicar sus textos, que son muy buenos) para preocuparse de esto... Créo que, como dice Paulo Coelho, el universo conspira para que las cosas funcionen cuando somos fieles a nuestros dones, a nuestra misión en esta vida y a nuestros sueños. El pone en nuestro camino todo lo que necesitamos para que seamos capaces de colocar en movimiento las energías que harán posible que nuestros objetivos se realicen... Sin embargo, hay una cosa: tan solamente nosotros podemos hacer esto, es una decisión nuestra y de nadie más, y las fuerzas que podemos mover a nuestro favor son exclusivamente nuestras, hechas para nosotros, entonces, si no hacemos nada, se quedarán estacionadas, inútiles, desperdiciadas en los planes de Dios y en la historia que nos corresponde vivir por causa de su movimiento... Entonces, qué tal abrir los ojos y tratar de percibir lo que nos rodea como un medio de desenvolver y alcanzar nuestros deseos? Está todo allí, sólo hay que tomarlo, y es gratis! Lo que nos pertenece nadie más podrá aprovechar, sin embargo, si no lo tomamos, nuestra existencia se transformará en una infinidad absurda de milagros dejados de lado y despreciados, y eso sería una inmensa ingratitud!... Y hablando de lo que el destino nos ofrece, aquí vá la crónica de esta semana (de nuevo!):

Siempre me llamó la atención el hecho de que sólo caemos en la cuenta de que estamos envejeciendo cuando, hojeando los álbums de familia, de repente nos encontramos con una foto de algunos años atrás y tomamos un tremendo susto, pues es casi como estar mirando a un desconocido, a una flor recién abierta y llena de vigor y esplendor... Y ahí se me ocurre la pregunta: por qué será que en nuestra rutina diaria el espejo no nos avisa sobre esta realidad, permitiendo que veamos una imagen más mental que física? Es como si poseyera alguna especie de magia que hace que no notemos ninguna mudanza en nuestro aspecto mientras nos pintamos la boca en la mañana o al darle una ojeada a nuestra vestimenta antes de salir para trabajar, mientras nos lavamos los dientes o depilamos las cejas en la ventana del cuarto. De la misma forma, cuando encontramos personas que no veíamos hacía tiempo, sufrimos un verdadero choque con su mudanza -a veces para peor, a veces para mejor- pero ni siquiera se nos pasa por la cabeza preguntarnos si ellas también no se llevaron un susto cuando nos vieron, tanta es la certeza de nuestra inmutabilidad. Curiosamente, la edad parece reflejarse en los otros, en el paisaje, en la moda, el lenguaje y en los avances tecnológicos, pero no en nuestra propia apariencia o desempeño. De alguna forma, estos parecen haber parado en el tiempo, impidiendo que nos demos cuenta de su avance inexorable... Las señales están por todas partes, pero nosotros preferimos ignorarlas y no impresionarnos cuando encontramos en la calle a un alumno que estuvo con nosotros una vez y hoy pasa manejando un automóvil, o empujando un cochecito de bebé o, vestido de terno y corbata, nos atiende desde detrás de un escritorio en el banco. Vemos las paredes descascarandose, los árboles extendiendo sus ramas, los edificios irguiéndose en dirección al cielo, los bebés naciendo, los adolescentes dejando las rebeldías para atrás y graduandose en la universidad, las novedades apareciendo sin parar, los números del calendario yendo hacia adelante y, mismo así, no tenemos real consciencia de que nuestro tiempo está pasando, de que estamos viviendolo, de que se está acabando. Las arrugas y las canas, el andar más lento y arrastrado y los achaques quedan para los otros, pues nosotros parecemos vivir en un perenne estado de juventud, como Dorian Gray, y nada consigue traernos a la realidad... a no ser aquella fotografía olvidada en un álbum, cruel, insobornable, inmutable. Entonces, corremos hasta el espejo -ese gran mentiroso- y miramos la imagen actual para comprobar los estragos que el tiempo ocasionó a partir de aquella otra, y toda nuestra historia transcurre delante de nosotros, dejando sus marcas, éstas que forman nuestras facciones hoy y que son llenas de significado, de lecciones, de experiencias buenas y malas, de victorias y fracasos, de regalos y pérdidas... Años de vida. El tiempo paró en esa fotografía, pero continuó corriendo para nosotros, dándonos y quitándonos lo que merecimos, conduciendonos rumbo a lo inexorable... ¿Es triste constatar este hecho? O es gratificante encontrarse con esta imagen de hoy, sabiendo lo que cada arruga y cada cabello blanco significan? La vejez, buena o mala, no es tan sólo consecuencia del transcurso del tiempo o de una decadencia natural, sino de nuestra historia, de nuestras acciones, de nuestras opciones y pensamientos, de nuestra fidelidad a los dones que nos fueron otorgados, del optimismo, de la felicidad vivida y compartida. Pero, principalmente, del amor.