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sábado, 26 de junho de 2010

Diversidad

Esta semana voy a postear la crónica que -finalmente!- salió en el diario, a pesar de no tener certeza de si ya la puse aquí. Pero anduve revisando mis archivos y no la encontré, a no ser que la haya publicado con otro título. En todo caso, como soy tan terriblemente apegada a mis rutinas y rituales, la voy a postear, como lo hago con todas las que van apareciendo en el diario, y tengo que aprovechar para hacerlo ahora en la mañana porque en la tarde marqué una aula especial (dónde tengo la cabeza? Asi voy a acabar no teniendo ni un día de descanso!) con ese grupo de alumnos de Assaí que vino la semana pasada para ver nuestro ensayo del musical. Salieron tan entusiasmados que pensé que sería una buena iniciativa darles este regalito, para animarlos e inspirarlos en el montaje que están haciendo en su ciudad. Fué un grupo simpático, disciplinado y bien participativo y espero que les guste la aula y que quieran continuar el trabajo. Me encanta el desafio de trabajar con grupos nuevos y no me importa sacrificar mi día descanso para darles la oportunidad de participar de nuestro estilo de trabajo e intercambiar experiencias con ellos porque, con certeza, no serán solamente ellos quienes van a aprender con nosotros, sino que nosotros también vamos a aprender con ellos, y mucho, y eso es lo que me fascina... A final de cuentas, días de descanso siempre hay, ya la oportunidad de encontrar personas nuevas e interesantes que pueden agregar algo positivo a nuestro trabajo o a nuestra vida no aparece todos los días. Eso, sin contar que las tres horas de aula de hoy me van a valer entradas más tardes la semana que viene en la Fundación, entonces, tiempo para relajar no vá a faltarme. Lo que importa es no desperdiciar ninguna oportunidad, porque éstas no tienen bis.


Permanezco por largos momentos observando el follaje de los árboles frente a mi ventana. El viento pasa por cada rama, por cada hoja y cada flor y cada una de ellas reacciona de manera diferente a su toque. Lo que véo es el follaje meciendose armoniosa y rítmicamente, pero si observo con más atención, consigo percibir el movimiento individual de cada hoja que, mismo siendo diferente, no quiebra la fluidez del movimiento total. La individualidad del movimiento se debe a que cada elemento está en una posición distinta con respecto a la corriente de aire, entonces, mismo que el viento séa uno solo, cada hoja o flor que es tocada por él, se moverá de una forma totalmente peculiar... Entonces pienso en nosotros, seres humanos, y en cómo podemos tener mil sensaciones, impresiones o visiones diferentes sobre un mismo acontecimiento o persona, por el hecho de encontrarnos en diferentes estados de espíritu, por tener diferentes historias, edades, culturas, sexos, intenciones y expectativas. Relfexiono nuevamente sobre cómo el todo es formado por muchos y me doy cuenta de que la diversidad es la generadora de la belleza que nos rodea, pues cada movimiento individual forma parte del movimiento de la vida, que siempre busca el equilibrio, la evolución, la expansión. Cuanto mayor, más diverso y rico, con más posibilidades. Cada uno posée su propia expresión, sin embargo, todas ellas nos llevan al crecimiento, a la transformación, al conocimiento, a compartir.
Me parece un milagro encantador y asombroso cada una de esas hojitas ejecutando su danza individual para crear la imagen del follaje de un árbol en movimiento!... La materia no está hecha de un solo componente, sino de muchos,y la participación de todos ellos es lo que le dá existencia y consistencia, personalidad a esta materia. Me pregunto si con nuestro espíritu es así también. De cuántos "elementos" podería ser hecho? De todo aquello que no es tangible, que no perece, que está anclado en lo divino, en lo perfecto? Cuál es la diversidad que nos dá la personalidad, los sueños, los pensamientos?... Créo que parte del misterio de la vida está en el espíritu y en la diversidad de fuerzas humanas y divinas que lo sostienen.

sábado, 17 de abril de 2010

La cajita

Bueno, hoy día hasta que no voy a tener mucho trabajo porque voy a postear la crónica que salió publicada -finalmente, después de un laaargo ayuno!- esta semana en el diario. Fuera eso, acabé de arrancarme la punta del dedo índice cuando cortaba la ensalada para hoy en la noche, entonces estoy medio estropeada para escribir... Menos mal que no tuve ninguna hemorragia -ustedes saben cómo sangran las puntas de los dedos- que tiñiera el lavaplatos, la cocina, el suelo o los otros muebles dramáticamente de rojo -una cosa curiosa es que todas las veces en que me hiero, no sangro casi nada, no sé si porque levando inmediatamete el miembro herido (consejo de mi madre) o si porque, sin saberlo, tengo algo de vampiro...- Pero que la porquería duele... ay, cómo duele!... Es medio raro digitar con el dedo del medio, pero qué le vamos a hacer, son los gajes del oficio porque, fuera ser escritora, también soy dueña de casa, entonces como todas ellas, estoy siempre expuesta a este tipo de accidente idiota como cortarse los dedos, rallarse los nudillos, agarrarse una bruta tortícolis haciendo las camas, pescarse una gripe lavando la terraza, recoger toda la basura que cayó cuando el saco se rasgó justo en el momento en que iba a ponerlo en el depósito, dejar caer los anteojos dentro del horno cuando le daba una miradita al pollo que estaba asando, quemarse con aceite hirviendo al freír nuggets, pisar en la caca del perro mientras riega las plantas, ser picada por un enjambre de insectos asesinos o acabar toda arañada por querer dar una de jardinera y salir podando los arbustos del jardín o casi morir electrocutada al poner el cable de la máquina de lavar en el enchufe con las manos mojadas... A final de cuentas, no hay de qué avergonzarse porque, quién ya no tuvo uno de estos pequeños accidentes domésticos en su vida? Entonces, no es que yo séa una retardada, son cosas del destino, simplemente...
Por otro lado -y esta puede ser la verdadera causa para que yo ande tan distraída y desastrada- las cosas de mi famoso musical están yendo de viento en popa. Ya grabamos todas las músicas y pusimos las voces -hasta yo me metí en el estudio y me puse los fonos para cantar! Imagínense, después de casi 30 años sin grabar!- y mañana es el primer ensayo con todo el mundo: bailarines, coro, actores y figurantes, entonces, imagínense mi expectativa! Parece que finalmente las cosas están empezando a tomar forma y estoy cada vez más convencida de que el rersultado vá a ser muy bueno y de que vamos a divertirnos un montón... Es así que me gusta trabajar y producir (a pesar del dedo sin punta). La semana que viene les cuento cómo fué el ensayo. Quiero decir: si tengo que suicidarme o puedo salir celebrando. Por el momento, aquí vá la de esta semana. Espero que les guste. Estaba pensando postear un cuento también, pero no sé si voy a tener tiempo...

Fué uno de esos cumpleaños que lo pescan a uno con la billetera completamente vacía, entonces no se espera mucha cosa fuera de los buenos deséos, besos y abrazos; pero como madre es madre y le saca leche a una piedra, la mía desenterró no sé de dónde esta cajita de bronce con una aplicación de porcelana coloreada en la tapa y vino a entregármela bien temprano, con la ceremonia que se hace para ponerle alguna ofrenda a los dioses. Parecía que aquella cajita contenía todos los secretos del universo!... Ella me la dió, diciendo: "Guarde en ella solamente las cosas más importantes", y sonrió, enigmática, dandome un beso y un abrazo especialmente caluroso y largo. Después, volvió a su desayuno, llamó el taxi y salió atrasada para el trabajo, como casi todos los días... Yo me quedé con la tal cajita en las manos, intrigada por las palabras de mi madre, observandola de todos los ángulos y preguntandome qué cosas tan importantes debería guardar allí.
El tiempo fué pasando y yo, tal vez inconcientemente, fuí realmente colocando dentro de ella algunos objetos que adquirieron un significado todo especial por cada episodio que vivimos juntos. Y, quieren saber? Está realmente llena de pequeños tesoros que me recuerdan lo que es verdaderamente importante en esta vida... Y créo que llegó la hora de compartirlos con todos.
Dentro de esta cajita guardo una mariposa muerta para acordarme de la brevedad y de la belleza de la vida, una bolita plateada para recordar que nunca debemos dejar que el niño en nosotros séa arrancado de nuestro espíritu y olvidado en algún rincón inexpugnable de nuestro corazón, sepultado y callado por las obligaciones, conflictos y deberes de la edad adulta. Guardo también en esta cajita una alianza de plata, ya medio enverdecida, que me recuerda que todo es cíclico, que no tiene fin, que está siempre en movimiento, en transformación, y regresando a nosotros. Guardo un pedacito de una barra de incienso para no olvidarme del Paraíso y sus promesas, del perfume de mi alma que siempre quiere volar hacia el cielo, y de la misericordia infinita de Dios. Tengo alli una piedrecita brillante, pedazo de una montaña, que me recuerda la fuerza de mi espíritu y la inmutabilidad de las leyes divinas. Y por último, hay también dentro de esta cajita, algunas hojitas ya secas, que con la filigrana de su nervura me traen a la mente los medios sorprendentes y creativos que nuestro Padre usa para comunicarse con nosotros y hacernos escuchar Su voz... Ayer, agregué un pedacito de cordel con tres nudos, para nunca olvidarme de que todos estamos entreligados, que nuestras acciones tienen consecuencias y que por eso tenemos que actuar en conjunto, comunicarnos, intercambiar experiencias, crecer y aprender juntos, luchar por un mundo mejor haciendo nuestra parte alegremente, con fé y perseverancia.
Estos son mis tesoros, todos cosas simples, banales, que están a nuestro alrededor y que a primera vista no valen nada... De vez en cuando abro mi cajita y me quedo mirándolos, recordando una vez más quién soy y lo que vine a hacer aquí. A veces los saco cuidadosamente, poniéndolos en la palma de mi mano, los palpo, juego un poco con ellos y los pongo contra mi pecho para sentir todo su significado y para que éste pase a mi corazón y lo renueve, dandome nuevas fuerzas, más esperanza, claridad y determinación... Y recordando hoy la expresión en el rostro de mi madre y sus misteriosas palabras, entiendo el por qué de ese gesto tan solemne al colocarla en mis manos. Creo que ella estaría contenta si la abriese y viese lo que guardé allí dentro.

sábado, 13 de março de 2010

Culpa

Bueno, créo que a partir de ahora voy a tener que hacer malabarismos para poder continuar posteando estas crónicas, porque de la manera que mis horários en la fundación andan (del tipo "totalmente flexible", me entienden?) mi tiempo vá a tener que ser muy bien organizado y distribuido para poder dar cuenta de todo. Por ejemplo, hace dos semanas que no envío una crónica al diario!... Fuera esto, me llamaron de una escuela para que empezara a dar aulas de teatro para adolescentes (no es mi especialidad, pero como me encanta dar clases de teatro, montar espectáculos y, además, estoy necesitando reforzar mi presupuesto, acepté de inmediato) entonces, aquellas idílicas tardes de ócio durante la semana se fueron al diablo. Pero créo que el sacrificio puede valer la pena, mismo si el trabajo es solamente interno, para la escuela; y las presentaciones para los padres, alumnos y profesores; las piezas -más o menos una grande en el fin de año y otras menores en fechas conmemorativas- no tienen que ser demasiado elaboradas, ya que el grado de exigencia de las religiosas no es muy grande (pero yo puedo cambiar eso, claro) y los alumnos que formarán esta clase son de los últimos años, entonces no estarán aqui el año que viene para continuar el trabajo. Va a ser cosa de uno o dos años, máximo. Créo que para ellos vá a ser más una actividad recreativa-cultural que la escuela ofrece, pero yo tengo la intención de darles mucho más que técnicas vocales, dramáticas o literarias y espero, sinceramente, que aprovechen al máximo el trabajo que vamos a desenvolver.
Puede ser que yo no esté más en edad ni con salud para tanta actividad, pero por el momento estoy sintiendome estupenda, llena de energía e inspiración, queriendo abrazar el mundo (pero prometo tener juicio) y recuperar todo el tiempo y las oportunidades que créo que perdí el año pasado... Bueno, a lo mejor esa parada sufrida haya sido necesaria y confieso que aprendí un montón de cosas durante esa probación, pero ahora estoy con toda la cuerda y lista para producir como nunca. Sé que Dios tiene las cosas en la cabeza y que nosotros casi nunca conseguimos entender y aceptar sus jugadas, pero a final de cuentas, si somos dóciles, pacientes y perseverantes al máximo, acabaremos ganando y nos daremos cuenta de que todo valió la pena. Nada sucede en vano, definitivamente.
Y aquí vá la crónica de esta semana. Quería postear un cuento, pero no sé si me vá a alcanzar el tiempo, porque todavía tengo que redactar un texto para el ensayo de mañana. Pero, en fin, si no es hoy, será la semana que viene.


A pesar de saber que la calle estaba vacía, aquella incómoda sensación de que mil ojos me espiaban escondidos atrás de los muros y de los árboles, entre el follaje y detrás de las cortinas de las ventanas silenciosas mientras metía la mano entre la reja de la casa del vecino para agarrar y cortar la mudita de flores rosadas, me recorría como un aliento frío y susurrante que gritaba mi pequeño delito a los cuatro vientos... La culpa es una cosa féa y enorme, que parece tener millones de dedos y ojos que nos siguen y nos dan codazos, voces que murmuran y revelan nuestros actos inconfesables a quien quiera escuchar, y produce pequeños estallidos, crujidos y otros mil ruidos sutiles que nos sobresaltan y nos hacen temblar, como si fueran una alarma constante de que lo que estamos haciendo no es correcto... Así, mientras me alejaba por la calle abajo, escondiendo mi troféo debajo del abrigo y con la cabeza baja y los ojos fijos en la calzada llena de agujeros y hierba seca, podía jurar que escuchaba pasitos menudos viniendo atrás de mí, cada vez más cerca, más de prisa. Hasta el roce rítmico del abrigo contra los bluejeans parecía delatarme sin piedad!... Alguien había descubierto mi delito y estaba a punto de desenmascararme, apuntandome el dedo en el medio de la calle y exigiendo su muda de vuelta! Pero qué vergüenza, una mujer adulta robando planta del jardín de sus vecinos! Cómo puede hacer algo así?... Apresuré los pasos y me encogí más todavía, como si esperasse el toque brusco y ultrajado de una mano pesada en el hombro, pensando, completamente corroída por los escrúpulos: "Por qué no toqué el timbre, elogié la flor del vecino y en seguida, con toda naturalidad, le pedí una muda en vez de arriesgarme a pasar esta vergüenza?"... Tenía certeza de que él me habría dado la muda con el mayor placer y aún me habría pasado algunos consejos sobre cómo cuidarla. Para qué robarla entonces? Estaba, acaso, en busca de emociones fuertes?... La verdad es que no arranqué la planta con raíz y todo, sólo corté una ramita de nada que colocaría en água para ver si soltaba raíces y así poder transplantarla en mi jardín, entonces, la flor del vecino no había sufrido un grande daño; con certeza crecería de nuevo... Entonces, qué era lo que me incomodaba tanto?...
Llegando a mi casa, llené un vaso de água y puse a la muda en él, dejandola en la ventana de la cocina para que recibiera sol, me saqué el abrigo y las botas y me fuí a preparar una taza de té. Mientras esperaba que la tetera hirviera, me senté en la mesa, frente a la ventana donde había dejado a la flor, y me quedé mirándola fijo, todavía intrigada con el motivo por el cual me había sentido tan culpable al cortarla... Tal vez era por el acto en sí, pues me enseñaron que no es correcto tomar cosas de los otros sin pedir, sin embargo, créo que era más por el hecho de haber invadido subrepticiamente los límites claramente impuestos -había una gruesa reja de metal- por los dueños de la casa para rapiñar una parte -por menor que fuera- de su universo particular sin que siquiera me pasara por la mente la idéa de preguntar si podría hacerlo. A final, era un mundo construido por ellos, para ellos, de sua manera toda peculiar, una expresión de quiénes eran, y mi enorme sensación de culpa provenía del hecho de haber sacado algo de él, de haber estragado el delicado equilibrio y perfección de aquel quebra-cabezas tan cuidadosamente montado. Mi acto había quebrado esa armonía, ciertamente, mismo que ellos nunca llegaran a notarlo, pues cada hoja, cada flor y arbusto de ese jardín era parte de un plan, de un proyecto que pertenecía a aquellas personas y yo había violado este dibujo, deformado su carisma y alterado el resultado final del proceso... Acaso se puede invadir el espíritu, el corazón o la vida de alguien, arrancar un pedazo de sus pensamientos, sus sueños o sentimientos -no importa cuán pequeño séa- amputar o deformar sus intenciones, sus planes y objetivos y no sentir ningún remordimiento? Es empezando por estos pequeños y esporádicos "actos ilegales" que se llega a los grandes crímenes? Es así que funciona? Qué era lo que me esperaba entonces?... Cada manifestación creada por el hombre posée un significado, una intención, es un eslabón en la cadena de los acontecimientos de su existencia, un capítulo de su historia, no interesa cuán simple séa. Y sólo se puede interferir en estas cosas cuando se es convidado... Y nadie en aquella casa me dijo: "Venga, entre y corte una muda de esta flor que le gusta tanto! Mi jardín no sufrirá por eso porquer yo estoy conciente de que usted está cambiándolo y podré rehacerlo de manera que continúe siendo el mismo, a pesar de la falta de aquella ramita"... Llena de escrúpulos, me preguntaba mientras revolvia lentamemnte mi té: "Será que al cortar aquella muda alteré irremediablemente la dirección en la cual la planta debía cercer? Y el dueño, tendría algún propósito determinado y muy especial al plantar esa flor justamente ahí? Haría parte de algún trazado simbólico, de algún proyecto, tendría un significado personal?"... Yo misma no dispongo las flores y arbustos en mi jardín sin un plan predeterminado; siempre tengo en mente la visión final y voy dirigiendo el crecicmiento de las plantas según él... Bebí un trago y lo sentí descender garganta abajo, quemandome... Sí, con certeza aquella rama no crecería como era esperado, pues estaría faltando ese pedazo que ahora reposaba silenciosamente en el vaso en la ventana de mi cocina...
La trama de nuestras existencias es tan intrincada, tan delicada, está tan profundamente entrelazada, que difícilmente podemos separar una vida de otra sin sufrir las consecuencias. Entonces, si su equilibrio es tan frágil, mismo cuando sigue los caminos ciertos y no encuentra grandes obstáculos, qué dirá entonces si algún puente es cortado, alguna puerta cerrada, alguna luz apagada en un acto arbitrario y sin pensar, mismo que lleno de buena voluntad! No podemos mover sus estructuras sin la debida autorización y sabiduría, pues podemos cometer un error irreparable, mismo con la mejor intención. Desviar una vida del curso que está siguiendo es una responsabilidad inmensa, casi divina, porque al mudar cualquier cosa en la vida de los otros, automáticamente estaremos cambiando la nuestra, lo que puede traer consecuencias inesperadas y a veces catastróficas para todos.
La muda que robé aquel día ahora forma parte del dibujo de mi propio jardín; le dí un nuevo lugar, otro signifiado, nuevas raíces. El sol cáe sobre ella de otra forma, la tierra tiene otros nutrientes, otro paisaje la circunda; posée una nueva identidad. Llenó aquí lo que vá a faltar allá y lo que ella trajo se diluirá poco a poco entre lo que absorverá aquí... Nunca se toma o se dá sin esperar efectos secundarios, pues no existen actos aislados; todos formamos parte de la misma manifestación.
Dejé la taza vacía en el lavaplatos y al mirar nuevamemnte a la muda en el vaso, me acordé del instante en que, casi llegando al portón de mi casa con ella escondida debajo del abrigo, me volví, cierta de que alguien estaría allí mirándome acusadoramente, mas ví tan sólo una hojita seca rodando en el asfalto: aquellos eran los pasos da mi culpa.

terça-feira, 1 de dezembro de 2009

Nuestra expresión

Bueno, dicen que las desgracias nunca vienen solas, y es justamente por esto que esta semana estoy taaaaan atrasada para postear mi crónica. Resulta que el jueves pasado me robaron la cartera, con todos los documentos, dinero, tarjetas, medidor de glicemia, llaves y agenda y mi precioso celular nuevo, que ni comencé a pagar todavía!... Imagínense cómo me quedé!... Totalmente desesperada, porque para sacar una segunda vía de mi identidad de extranjera residente es un rollo tremendo y cuesta super caro; y furiosa por la impotencia absurda delante de alguien que se encuentra en el derecho de tomar mis cosas, escoger lo que le gusta o le sirve, y botar el resto por ahí... Confieso que aún tengo la esperanza de haberme topado con un ladrón gentil -si es que eles existen- que se compadezca de mí y me devuelva, por lo menos, los documentos para evitarme un poco de transtorno... Vamos a ver si santa Rita de Cassia me dá una mano en este problema...
La segunda desgracia es un vírus que me pesqué, por causa del calor tremendo que anda haciendo, y que me tiene igual a un pollo mojado, mústio y soñoliento. Como tuve que presentar dos espectáculos para cerrar mi año de trabajo en la fundación, no pude cuidarme bien y acabé deshidratándome y debilitandome, entonces estoy de reposo pos dos días completos... que pretendo aprovechar poniendo al día mis blogs (que ya pasaron de las mil visitas, vieron?) y mis otros escritos... Bueno, y aprovechando el poco de frescor que todavía reina antes de que el sol empiece a derretir nuestras cabezas -con sombrilla o no- aquí vá la crónica de la semana pasada... El viernes postéo la de esta semana, así tienen más para leér. Y gracias por las más de mil visitas!...
Cabecitas agachadas, mirada compenetrada, pinceles o lápices en la mano, espaldas curvadas sobre la mesa... A veces paran, se enderezan, mano en el aire, y ladeando la cabeza permanecen durante algunos instantes apreciando su trabajo. Unos sonríen, otros fruncen el entrecejo, no muy contentos con lo que ven; ya otros se quedan pensativos, buscando el próximo trazo, el color perfecto, la forma que revolotéa en sus cabezas. Unos pocos están tan compenetrados que no prestan atención en nada más. Ya otros garrapatéan distraidamente la hoja blanca del block, sin ganas, o le dan una espiada a los trabajos de los otros para ver cuál es más fácil de copiar o aprovechar como idéa básica (Estos, me pregunto yo, una y otra vez, qué es lo que están haciendo aquí, pero tengo certeza de que su presencia en mi sala debe ser culpa de los padres que quieren un poco de descanso de sus travesuras)...
A cada cierto tiempo, se vuelven y me muestran el trabajo, preguntan mi opinión, me piden que corrija algunos trazos o que pase una línea negra alrededor del dibujo, que les haga el margen, o mezcle un color... Nos reímos, conversamos, escuchamos músicas, chismorreamos, creamos, analizamos. La hora y media de aula pasa a veces rápido, a veces con una lentitud desesperante, y me deja invariablemente muy cansada, pero contenta y satisfecha, pues los resultados están siendo excelentes y elogiados por quienes ven los trabajos. Sin embargo, no es solamente por esto por lo que me siento realizada, sino principalmente por la experiencia sobre la expresión del alma, del lenguaje peculiar de cada uno, que estos alumnos están vivenciando. Esto es lo que realmente tiene valor para mí: la libertad y el auto-conocimiento, el despertar de la consciencia del universo interno y externo en el cual existimos y la expresión de las imágenes y conclusiones a que esto nos lleva. La búsqueda de un lenguaje personal, único, la experimentación sin compromiso, el placer del acto creador, el descubrimiento y desarrollo de las propias capacidades de expresión y la aceptación de la diversidad que existe entre las personas son las matérias más importantes en mi clase. Estas experiencias y sus resultados son lo que hacen que todo valga la pena. Imagino lo que estos alumnos sienten cuando contemplan su obra terminada: son sus proprios trazos allí en el papel, los colores que ellos mismos escogieron, las formas y texturas, la interpretación que le dieron al tema o la libre opción del él... Yo las véo colgadas en la pared o encima de los estantes y me parecen maravillosas, a despecho de cualquier "defecto técnico", pues tengo certeza de que son el fiel reflejo de una experiencia única y verdadera. Son brillantes, espontáneas, graciosas, originales, osadas, puras. Poséen una belleza intrínsica que desafía cualquier patrón establecido o crítica, porque fueron creadas con amor, con cuidado, sin miedo, siempre atrás de la expresión más íntima. Así, son tan valiosas cuanto aquellas que están expuestas en las paredes de los grandes museos, protegidas por vidrios, rejas, lazers y alarmas, valoradas por una iluminación especial y con confortables poltronas o bancos en frente para que el público pueda tomar su tiempo en contemplarlas, copiarlas o analizarlas.
Sin embargo, lo más importante en la producción de estas obras es la adquisición de la conciencia de que cada cosa que producimos é una parte vital de nuestra existencia, inclusive la más banal y breve, pues expresa lo que somos y lo que queremos decir, lo que soñamos, lo que deseamos compartir con el mundo. Comida, ropa, decoración, jardines, objetos, textos, cuadros, músicas, poesias, palabras, gestos, todo es parte de lo que somos, todo lo que producimos nos revela delante de los otros, por eso todo acto de expresión es tan valioso y debe ser llevado en cuenta, no interesa si viene de un niño, de una dueña de casa, de un viejo, de un mendigo o de un príncipe... Estos alumnos en mi sala están dando los primeros passos no sólo en el camino del arte, del dibujo, sino también de la expresión personal, y no importa si van a tornarse grandes artistas o simples albañiles, ejecutivos, vendedores o dueñas de casa. Lo importante es que tengan esta experiencia y se vuelvan capaces de llevarla adelante en sus vidas, enriqueciendo la historia de la humanidad de la cual forman parte.