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domingo, 17 de maio de 2015

"¡Qué pena que tengamos que esperar!"

    Ya sé que les prometí una nueva serie de cuentos cortos, pero esta semana ha sido medio rara. De repente me siento animada y dispuesta, disfrutando esta nueva soledad y el tiempo extra, y de repente me siento desanimada y medio aburrida. Me volví adicta a las palabras cruzadas y a la sopa de letras (que según dicen, son excelentes ejercicios para la memoria y la actividad cerebral en general) y me lo paso horas sentada en el sofá de la sala resolviéndolas o viendo televisión. Hay unas que son realmente un desafío... Pero de todas maneras, parece que todavía como que no me acostumbro a este "ocio", a esta rutina solamente doméstica y sin sobresaltos, horarios, metas y todo lo que implica un trabajo con horarios, jefes y alumnos, proyectos, montajes, ensayos y toda esa locura que fue mi trabajo en la fundación cultural durante 26 años... Es realmente extraño estar aquí ahora, libre de todo eso -que era fascinante pero demasiado estresante. Mi glucemia que lo diga- y no tener ninguna obligación ni nadie a quien rendirle cuentas... Pero con el tiempo me acostumbro, no se preocupen. También estoy medio preocupada y desanimada porque ya hace 5 meses que no me publican ninguna crónica en el periódico de Brasil. ¿Será que se cansaron? ¿O que hay demasiada gente mandando textos? ¿Será que me volví "mucho de lo mismo"?... No lo sé, pero eso me deja bastante triste. Juntamos a esto el hecho de que entré en contacto con una agencia literaria, envié un cuento y hasta ahora no recibí ninguna respuesta y algunos proyectos en Brasil que parece que no van a funcionar y de repente me siento bien desalentada con esto de escribir y publicar...
    En todo caso, si de publicar se trata, tengo estos blogs para hacerlo cuando quiera, sabiendo que hay gente que los lee y disfruta mi trabajo. Eso es un tremendo consuelo y un aliento extra para continuar escribiendo. Además, el sol está empezando a brillar y eso siempre es un motivo de alegría, inspiración y buenas vibraciones, entonces... ¡Aquí vamos de nuevo!... Juro que esta semana escribo esos cuentos y los publico.


   Creo que ya he hablado alguna vez sobre esto, pero es que es algo bien especial: me encanta observar a los viejos en sus quehaceres y actividades rutinarias como cocinar, comer, comprar, hacer aseo... Tienen un qué de experiencia, de cansancio, de esfuerzo consciente que me conmueve profundamente. Saben de sus limitaciones, pero se esfuerzan por continuar arreglándoselas, siendo independientes y activos. Sus actitudes no tienen disfraces, son ingenuos y transparentes como niños, algo torpes y muy sinceros. Se mueven despacio, sorteando sus achaques, y no hacen cosas innecesarias. Ahorran su energía para vivir lúcidos y activos el mayor tiempo posible... Son  sabios sobrevivientes.
    Curiosamente, todos ostentan el mismo brillo en los ojos, incluso aquellos más enfermos o alienados. Es un algo como líquido e infantil, que parece esperar alguna cosa o ver más allá.. ¿Es la muerte que contemplan y no nos lo cuentan? ¿O será tal vez el paraíso, los santos y los ángeles? ¿O vislumbran al propio Dios?... Son tan frágiles y tan firmes al mismo tiempo, tan precisos mismo dentro de la inseguridad de su condición. Saben tan bien y olvidan tan serenamente. Viven hoy día, comen con la cuchara medio temblorosa, se acuestan y se levantan en silencio, porque ya dijeron todo lo que tenían que decir. Agradecen este tiempo de descanso -o de esfuerzo, en muchos casos, porque la pensión es demasiado mezquina- de falta de consumismo y vanidad superficial, de apuro, de ambición, la sensación de deber cumplido.
    Creo que es un poco de todo esto lo que se refleja en su forma de ser, de moverse, de hablar, de mirar... ¡Qué pena que tengamos que esperar hasta estar viejos para ser y sentir todo esto!... Pero también supongo que si no pasáramos por la juventud y la madurez con toda la carga de experiencia que nos entregan, nuestra vejez no tendría este encanto, este clima especial que yo le veo. Y no lo hago como una forma de consuelo porque yo misma voy hacia allá, pero confieso que me gustaría llegar a mi vejez y sentirme de la forma en que veo a los viejos en este momento.

sábado, 4 de outubro de 2014

"El pasado donde pertenece"

    Puede demorar un tiempo, pero uno casi siempre termina dándose cuenta de que todo sucede por un motivo y que debemos saber esperar hasta que los ciclos se completen y estemos listos para una nueva etapa, otra lección, un paso más en nuestro camino. Lo que demore en transcurrir esta etapa va a depender de nosotros, de cómo nos tomamos la experiencia por la que estemos pasando para alcanzar ese nuevo período en nuestra vida. A veces nos ponemos nerviosos, nos angustiamos o enojamos porque las cosas no acontecen cuando y como lo deseamos, pero si dejamos que ellas sigan su curso, con el paso del tiempo y los acontecimientos, con certeza nos daremos cuenta del por qué de ese "atraso", de esos "inconvenientes", de la espera aparentemente injustificada... ¡Cuántas veces no me ha sucedido a mí misma!... Pero poco a poco, y con mucha fe y persistencia, estoy aprendiendo a respetar y acompañar el paso lógico y sabio del tiempo, no juzgándolo según mi pequeño punto de vista, sino con miras a un bien mayor, al aprendizaje y al crecimiento. Porque nosotros, como el tiempo, estamos siempre en movimiento, grande o pequeño, externo o interno, compartido o en soledad. Moverse es vivir.


    ¡Que linda y emocionante es esa parte de la película de dibujos animados "Up", en la que el protagonista, un anciano cascarrabias y porfiado, encerrado en su pequeño y solitario mundo se da cuenta de que, para poder hacer que su casa se eleve nuevamente y se mueva, llevada por aquella  multitud de globos coloridos, y así poder salvar al niño que lo acompaña en esta aventura- tiene que deshacerse de todo lo que hay dentro de ella, objetos que él ama y que compartió con su fallecida esposa, a quien amaba profundamente, y que son parte del pasado de ambos, que él intenta preservar a todo costo!... Se me llenaron los ojos de lágrimas cuando lo vi tirando para afuera sillones, lámparas, retratos, mesas... y dándose cuenta, feliz y emocionado, de que la casa empezaba a elevarse nuevamente... Dejar el pasado atrás, enfrentar el presente y toda su carga de novedad y superación, preocuparse de las personas que lo necesitaban ahora, de la vida que todavía le quedaba y aceptar todo lo que ésta podía aún ofrecerle no iba a robarle los recuerdos, las experiencias, las lecciones. Al contrario, era imprescindible para que su existencia continuara y diera frutos. No podía continuar preso al pasado...
    Cuando llegamos aquí yo no tenía idea de que también tendría que enfrentarme a esta situación. Pero poco a poco me fui dando cuenta -no sin pena y angustia- de que las cosas, lugares y personas de mi pasado, por más que las hubiera amado, y las amara todavía, tendrían que permanecer allí si yo quería seguir adelante. No era una retomada, sino un recomienzo, allí estaba la clave. Ni siquiera mi antiguo barrio, donde habíamos pensado irnos a vivir en un principio, pareció darme la bienvenida. Todo era extraño, se sentía lejano, como muerto, no me identificaba más con nada allí. Y lo mismo me sucedió con las personas (excepto tal vez con mis primos de Melipilla) y así me fui dando cuenta de que aquello de "empezar una nueva etapa" tenía mucho más sentido y era mucho más real de lo que suponía.
    No se trata, sin embargo, de dar vuelta la página y despreciar todo el pasado, pues si no fuera por todo lo que sucedió allí, no estaría aquí hoy, sino de dejarlo estar donde pertenece, aprovechando todo lo que aprendí en él, y seguir en frente para descubrir y disfrutar todo lo que la vida me tiene reservado de aquí en adelante. No será fácil, porque uno se apega mucho a lugares, objetos, personas y situaciones, pero estoy más que convencida de que este proceso va a valer la pena.
    Yo puedo estar envejeciendo, pero eso no quiere decir que quiero cosas viejas en mi vida. Al contrario, el encuentro y el abrazo de mi vejez con lo nuevo me va a renovar, a reinventar, y va a hacer que disfrute inmensamente más el tiempo que me queda.

sábado, 7 de junho de 2014

"Otros paisajes"

    Si la cordillera ya estaba preciosa con las primeras nevadas, ahora entonces, está simplemente de cortar el aliento. Hace un frío tremendo y en el sur está quedando la cagada, pero mismo así, yo me lo paso largos ratos sentada en el sofá de la sala mirando por el ventanal hacia esa visión deslumbrante, agradeciendo a Dios por estar aquí, ahora, y por el privilegio de tener este cuadro desde todas mis ventanas, porque es algo que mi corazón ansiaba hacía mucho, mucho tiempo. Esta masa rocosa hoy cubierta de blanco inmaculado era lo que más echaba de menos, porque es una especie de faro, de guía, de inspiración, de invitación a la batalla, a la renovación, a la voluntad y la persistencia, a la paz, a la certeza.
    Y huyendo por algunos momentos de su hechizo poético y feroz, me siento aquí para escribir la crónica de la semana. Quién sabe más tarde esa blancura toda no me inspire otro cuento... Ya tengo algunas imágenes y frases dándome vueltas en la cabeza...


    "El tiempo pasa". "El tiempo no para". "Uno no se pone más joven"... ¡Y cómo le tenemos miedo a estas afirmaciones!... Tanto, que a cada rato vemos a personas que hacen las cosas más absurdas y radicales para evitar, de alguna manera, que esta ley de la vida se cumpla en ellas. Sé que últimamente ando escribiendo mucho sobre el tema de la llegada de la vejez, porque no se puede negar que es algo realmente chocante y bastante desalentador percibir cómo uno se va llenando de arrugas, canas, achaques y flaccideces, pero creo que volverse adicta a cirugías, dietas, ejercicios y modas estrambóticas para tratar de detener este proceso es algo inútil y humillante, es el peor y más triste de los engaños. Porque la verdad es, exactamente, lo que esas primeras tres frases rezan y no hay nada ni nadie capaz de cambiarlo. No existe tratamiento, cirugía o moda que nos de un segundo de tiempo más. El mejor cirujano plástico no conseguirá, por más que nos estire la cara, nos levante los senos y elimine o aumente las curvas de nuestro cuerpo, que éste rejuvenezca, que deje de deteriorarse y llenarse de limitaciones. Por fuera podremos impresionarnos con el aspecto de estas personas que acuden a estos subterfugios, pero la verdad es que, biológicamente, ellas continúan envejeciendo y acercándose a la muerte.
    La vejez puede no ser el período físicamente más agradable de nuestra existencia, pero no por eso debemos quitarse su dignidad y disfrazarlo con trucos inútiles que, a veces, tienen resultados desastrosos, que bordean la monstruosidad. Nadie quiere verse arrugada y fláccida, es propio de nuestra vanidad y nuestro temor a la muerte, pero este es el proceso natural. Uno no anda por ahí pintándole las hojas de verde a los árboles en el otoño, ¿verdad? Sabemos que es un ciclo que debe cumplirse y que ellos volverán a llenarse de follaje al llegar la primavera, entonces no hay ningún drama, lo aceptamos como un hecho normal... ¿Entonces por qué no podemos tomarnos con la misma naturalidad nuestro propio final de primavera? Todo tiene belleza y fealdad, ventajas y desventajas, pros y contras, y así es también en cada fase de nuestra existencia. La vejez tiene desventajas físicas, pero tiene enormes ventajas psicológicas y espirituales. Tenemos que aceptar con serenidad y dignidad que no podemos luchar contra el paso del tiempo. Esta es una batalla perdida... Entonces, dejémoslo venir como lo hacen los árboles, dejémoslo transcurrir y llevarse lo que debe llevarse. Permitámosle dejar sus marcas, sus avisos. Usémoslo bien, a nuestro favor, seamos como un cofre que, en vez de irse vaciando, se va llenando, colmándose y al mismo tiempo volviéndose leve, desprendiéndose y mirando hacia otros paisajes, sin miedo de encarar el espejo y su reflejo de despedida.

segunda-feira, 12 de abril de 2010

Ejercicio diario

Voy a aprovechar la mañana para postear mis crónicas porque en la tarde me espera una montaña de trabajo, así como en el resto de la semana... Se acuerdan de ese espectáculo sobre la historia del café que empezamos a montar? Bueno, tal como lo predije, la cosa toda acabó viniendo a parar en mis manos, entonces, haya hora extra para cumplir el encargo!... Gracias a Dios todo lo que envuelve este montaje es del tipo que me encanta: creación en todas las áreas, (que deberá ser supervisionada por mí, lo que significa que voy a poder meterme en el trabajo de todos). Entonces, fuera la duda sobre las horas extra (la lata es que me gusta tanto este trabajo, que voy a hacerlo mismo si no me pagan) no tengo de qué reclamar. Bueno, tal vez sólo del hecho de que me vá a sobrar menos tiempo y aliento para escribir, pero como todo esto tiene que ver con arte, con desenvolvimiento y concretación de ideas y con personas produciendo juntas, en realidad no me siento perjudicada en absoluto. Por el contrario, créo que mucha cosa positiva va a salir de este trabajo, porque tengo certeza de que voy a aprender y a compartir un montón de experiencias que me harán crecer humana y profesionalmente... Eso sin contar con la moral con que me voy a quedar en la fundación si este famoso musical resulta un éxito rotundo!... Para ser bien sincera, no créo que vayamos a presentar algo de hecho espectacular como quiere mi jefe -tipo Broadway- pero si tiene calidad y cautiva a la platéa, entonces para mí está sensacional. No soy mucho ambiciosa en lo que se refiere a escenarios, figurines o tecnología de punta cuando se trata de montar espectáculos. Lo que realmente me interesa es el desempeño de las personas que están en el escenario, séan ellas actores, cantores o bailarines. A final de cuentas, ellos son el espectáculo y no el escenario, las ropas o los efectos especiales. Un buen texto, una buena música, bien coreografada, buenos actores o bailarines y ya se tiene algo digno de ser visto, no es verdad?...
Y sin más demoras porque de aqui a poco el músico que va a hacer los arreglos de las canciones viene a buscarme, aquí va la crónica de esta semana.

Me siento completamente fascinada por el arte de observar y meditar -también llamado de "contemplación"- cosa que jamás pensé que diría, siendo la persona ansiosa, inquieta e inmediatista que soy. Pero estoy empezando a descubrir que esta actividad puede llevarnos a procesos de comprensión y conclusión absolutamente reveladores, pues es algo tremendamente enriquecedor y relajante, que promueve un equilibrio y una clareza que nunca conseguí con ninguna de las otras actividades con que lo intenté -fuera la de escribir, claro- Y lo más importante: este ejercicio diario me ayudó a desenvolver la capacidad de transformar todas estas experiencias -hecho que también se debe a la contemplación- en textos que serán una herencia de las más sinceras, pues pienso que es algo que valerá la pena compartir con el mundo.
Hay días en que, en medio de uno de estos momentos espontáneos de contemplación, me vienen a la cabeza todo tipo de preguntas: "Será que todo el mundo piensa tanto como yo sobre la existencia? Será que miran a su alrededor y descubren las mismas cosas que yo? Y será que meditan así sobre ellas, o su pensamiento es automático, instintivo, se reduce a lo escencial? Será que lo que sucede alrededor de ellos los afecta, los modela, los hace ver una nueva realidad? Será que interactúan realmente con el mundo?"... Créo que alegar que no tienen tiempo para hacerlo no es una disculpa válida, porque yo descubrí que no es necesario que abandonemos ninguna otra actividad que estemos realizando ni tampoco nuestro modo de vida para observar, meditar y llegar a conclusiones. Una cosa no estorba a la otra. Créo que el término más acertado para esta carencia espiritual sería "falta de costumbre", o tal vez "falta de consciencia", o quién sabe, mejor, "falta de paciencia", porque tenemos esta manía de vivir la vida como si se tratase de una carrera, de algo ajeno a nosotros, de un río en el que nadamos, pero del cual no hacemos parte. Despreciamos todos los regalos que ella nos ofrece, todas las lecciones, todos los milagros, los encuentros y las revelaciones, pues creémos tan sólo en aquello que podemos ver, tocar, comprar, comer o vestir. Crecer no es una cuestión interna para la mayoría de las personas, sino un proceso totalmente externo y superficial, que tiene que tener más valor a los ojos de los demás que a nuestros propios ojos, algo que sólo nos proporciona poder y riqueza, influencia, status, y no sabiduría y compasión... Pero cómo aprender, y entender, e interactuar efectivamente con el universo y sus criaturas, cómo hacer parte de su historia si no se observa ni se medita sobre la existencia? El espíritu necesita este alimento, este ejercicio diario para estar en sintonía con los acontecimientos, con las personas, con la propia vida!... Sin embargo, no créan que se trata de alejarse de la realidad concreta para pasárselo el tiempo entero observando y meditando sobre asuntos transcendentales, se trata más bien de vivir plena y conscientemente, de percibir, reflexionar y concluir sobre los hechos más simples de la vida, pues es en ellos que encontraremos las mismas respuestas y revelaciones que obtendríamos si permanecieramos por horas interminables meditando en la celda de algun monasterio. Los seres humanos comunes -como yo misma- sin ninguna preparación espiritual, no consiguen transcender lo que no pueden ver, entonces su camino es el aprendizaje a través de aquello que tienen cerca y que conocen bien, de aquello con lo cual tienen intimidad, que los acompaña todos los días en sus rutinas... A veces, quería pararme en el medio de una plaza y gritar: "Sientan el viento! Miren los árboles! Toquen sus propias manos! Acompañen la mudanza de las nubes! Levanten la cabeza hacia el cielo y llénense de su azul luminoso! Miren las hormigas, los pájaros, los perros, las otras personas!"... Hay un pequeño milagro aconteciendo a cada instante, bien delante de nosotros! Entonces, por qué nos nos acercamos y lo aprovechamos? Por qué no hacemos parte de él? Mejor aún, por qué no ser nosotros quienes lo creamos?... Los descubrimientos nunca acaban y es nuestro deber -y placer- estar siempre atentos para no perder ninguno, ya que es de ellos que podemos aprender a vivir mejor en todos los sentidos.
Podemos desperdiciar una parte de nuestra vida corriendo, consumiendo, sacrificandonos en favor de la vanidad, representando papeles falsos y luchando por poder y prestigio, porque esto parece ser algo inherente al ser humano, pero no toda ella. Esto sería un pecado imperdonable que tendría consecuencias trágicas. La vida tiene un principio, un apogéo y un final, y cada uno de estos períodos posée inmensas riquezas que podemos disfrutar y compartir con los otros; sin embargo, no seremos capaces siquiera de darnos cuenta de ellas si vivimos el tiempo entero con prisa, compítiendo con alguien, luchando por más bienes materiales, tratando de ganarle al tiempo, viviendo apariencias y pensando que sabiduría es tan solamente aprender a destacarse en prejuicio de los demás.
Pienso que este es el motivo por el cual envejecemos. Es algo necesario. Es imprescindible para que maduremos, nos purifiquemos y nos volvamos más comprensivos y pacientes, pues solamente con el pasar de los años aprendemos a vivir de verdad y a darle valor a aquello que realmente lo tiene.

segunda-feira, 13 de abril de 2009

Aquella fotografía

Aconteció algo muy desagradable el sábado, cuando fuí publicar esta crónica: me apareció uno de aquellos letreritos demoníacos diciendo que había cometido algún tipo de acto ilegal o algo parecido y la crónica no fué publicada, quedando solamente el título... Completamente ridículo!... Otras veces ya me apareció ese aviso, pero la crónica fué publicada de todas maneras. Bueno, espero que hoy no suceda nada y que pueda postear el texto sin problemas. Entonces, allá vamos:

Otras dos sugestiones inteligentes de mi hermana: comunicar a los lectores del blog en español, que tengo otro en portugués con las mismas crónicas y publicar las crónicas que ya aparecieron en la Folha de Londrina, ya que quien está en Miami, República Dominicana o Manaus no las leyó todavía porque el diario no llega allá. En realidad, ya posteé dos de las que fueron publicadas en el diario, pero pienso que es bueno publicar las demás también, así los lectores no pierden ninguna... Bueno, estoy percibiendo que voy a tener que nombrar a mi hermana como mi relaciones públicas y mi agente, porque sólo a ella se le ocurren estas cosas que hacen que mi trabajo séa más divulgado. Ahora, tengo que confesar que, en realidad, siempre tuve unos tremendos problemas de creatividad cuando se trataba de "estrategias de marketing" porque siempre me dediqué tan solamente a crear. En la Fundación había personas encargadas de este departamento, entonces nunca tuve que gastar tiempo calentandome la mollera con estas cosas. Ahora, por suerte, tengo a mi hermana (A propósito, su nombre es Sofía y también escribe; sólo le falta decidirse a publicar sus textos, que son muy buenos) para preocuparse de esto... Créo que, como dice Paulo Coelho, el universo conspira para que las cosas funcionen cuando somos fieles a nuestros dones, a nuestra misión en esta vida y a nuestros sueños. El pone en nuestro camino todo lo que necesitamos para que seamos capaces de colocar en movimiento las energías que harán posible que nuestros objetivos se realicen... Sin embargo, hay una cosa: tan solamente nosotros podemos hacer esto, es una decisión nuestra y de nadie más, y las fuerzas que podemos mover a nuestro favor son exclusivamente nuestras, hechas para nosotros, entonces, si no hacemos nada, se quedarán estacionadas, inútiles, desperdiciadas en los planes de Dios y en la historia que nos corresponde vivir por causa de su movimiento... Entonces, qué tal abrir los ojos y tratar de percibir lo que nos rodea como un medio de desenvolver y alcanzar nuestros deseos? Está todo allí, sólo hay que tomarlo, y es gratis! Lo que nos pertenece nadie más podrá aprovechar, sin embargo, si no lo tomamos, nuestra existencia se transformará en una infinidad absurda de milagros dejados de lado y despreciados, y eso sería una inmensa ingratitud!... Y hablando de lo que el destino nos ofrece, aquí vá la crónica de esta semana (de nuevo!):

Siempre me llamó la atención el hecho de que sólo caemos en la cuenta de que estamos envejeciendo cuando, hojeando los álbums de familia, de repente nos encontramos con una foto de algunos años atrás y tomamos un tremendo susto, pues es casi como estar mirando a un desconocido, a una flor recién abierta y llena de vigor y esplendor... Y ahí se me ocurre la pregunta: por qué será que en nuestra rutina diaria el espejo no nos avisa sobre esta realidad, permitiendo que veamos una imagen más mental que física? Es como si poseyera alguna especie de magia que hace que no notemos ninguna mudanza en nuestro aspecto mientras nos pintamos la boca en la mañana o al darle una ojeada a nuestra vestimenta antes de salir para trabajar, mientras nos lavamos los dientes o depilamos las cejas en la ventana del cuarto. De la misma forma, cuando encontramos personas que no veíamos hacía tiempo, sufrimos un verdadero choque con su mudanza -a veces para peor, a veces para mejor- pero ni siquiera se nos pasa por la cabeza preguntarnos si ellas también no se llevaron un susto cuando nos vieron, tanta es la certeza de nuestra inmutabilidad. Curiosamente, la edad parece reflejarse en los otros, en el paisaje, en la moda, el lenguaje y en los avances tecnológicos, pero no en nuestra propia apariencia o desempeño. De alguna forma, estos parecen haber parado en el tiempo, impidiendo que nos demos cuenta de su avance inexorable... Las señales están por todas partes, pero nosotros preferimos ignorarlas y no impresionarnos cuando encontramos en la calle a un alumno que estuvo con nosotros una vez y hoy pasa manejando un automóvil, o empujando un cochecito de bebé o, vestido de terno y corbata, nos atiende desde detrás de un escritorio en el banco. Vemos las paredes descascarandose, los árboles extendiendo sus ramas, los edificios irguiéndose en dirección al cielo, los bebés naciendo, los adolescentes dejando las rebeldías para atrás y graduandose en la universidad, las novedades apareciendo sin parar, los números del calendario yendo hacia adelante y, mismo así, no tenemos real consciencia de que nuestro tiempo está pasando, de que estamos viviendolo, de que se está acabando. Las arrugas y las canas, el andar más lento y arrastrado y los achaques quedan para los otros, pues nosotros parecemos vivir en un perenne estado de juventud, como Dorian Gray, y nada consigue traernos a la realidad... a no ser aquella fotografía olvidada en un álbum, cruel, insobornable, inmutable. Entonces, corremos hasta el espejo -ese gran mentiroso- y miramos la imagen actual para comprobar los estragos que el tiempo ocasionó a partir de aquella otra, y toda nuestra historia transcurre delante de nosotros, dejando sus marcas, éstas que forman nuestras facciones hoy y que son llenas de significado, de lecciones, de experiencias buenas y malas, de victorias y fracasos, de regalos y pérdidas... Años de vida. El tiempo paró en esa fotografía, pero continuó corriendo para nosotros, dándonos y quitándonos lo que merecimos, conduciendonos rumbo a lo inexorable... ¿Es triste constatar este hecho? O es gratificante encontrarse con esta imagen de hoy, sabiendo lo que cada arruga y cada cabello blanco significan? La vejez, buena o mala, no es tan sólo consecuencia del transcurso del tiempo o de una decadencia natural, sino de nuestra historia, de nuestras acciones, de nuestras opciones y pensamientos, de nuestra fidelidad a los dones que nos fueron otorgados, del optimismo, de la felicidad vivida y compartida. Pero, principalmente, del amor.