Menos mal que, a pesar de haber vuelto al trabajo, todavía las cosas están tranquilas en la fundación, lo que me deja con un tiempo razonable para escribir, fuera los fines de semana, porque como por el momento estoy trabajando en un horario "normal" (salgo a las 17:30, entonces llego como a las 18:00 a mi casa) significa que todavía tengo parte de la tarde para sentarme aquí a escribir alguna cosa. Antes de ayer tuvimos la primeira presentación del musical de este año y, gracias a Dios, fué un éxito retumbante, como todas las otras veces. Cómo es bueno ver al público emocionado, envuelto, entregado a la historia que transcurre en el escenario! Y verlos aplaudir de pié al final es mejor todavía!... Todas las veces sucede lo mismo y todas las veces parece que mi corazón va a estallar de felicidad y orgullo por estos alumnos míos que están haciendo un trabajo tan sensacional.... Puedo afirmar que éste es mi mayor triunfo en todos los años que llevo trabajando en la fundación y que este fué, ciertamente, un regreso estelar!
Entonces, aprovechando este mes y medio de horario normal que todavía tengo, quiero poner al día algunos apuntes que quedaron para atrás en aquella locura que fué el final del año pasado y también mantener mis blogs decentemente actualizados, incuyendo "historias". Ya estoy preparando nuevos cuentos para postear, pero primero voy a terminar con "Silvestre" este final de semana. En realidad, ya lo terminé en portugués, pero hasta hoy no tuve tiempo de hacerlo aquí, entonces voy a pasar una parte de mi tiempo publicándolo, si no, mis lectores hispánicos van a cansarse de mí!...
Y ahora, la crónica de la semana. Espero que la disfruten!.
Estaba tendida en mi estera en la playa una mañana, siempre atenta a todo y a todos a mi alrededor, cuando de repente observé un hecho interesante, que me hizo reflexionar sobre mucha cosa y cambiar algunos de mis conceptos. Fué algo así como una profecía y créo que va a pasar mucho tiempo antes de que pueda olvidarla.
De un extremo de la arena se aproximaba una pareja de edad, ella sosteniendo delicadamente el brazo del esposo, que parecía haber sido víctima de algún tipo de problema vascular que lo había dejado con el lado izquierdo del cuerpo casi paralizado, y conversando animadamente con él, la cabeza blanca despeinada protegida por un florido sombrero de paja y una salida de baño listada que danzava a su alrededor bajo el impulso del viento marino. El vestía una bermuda y una camiseta con una gran estampa de veleros en una puesta de sol, sombrero de lona y anteojos obscuros. Caminaba muy despacio, con gran dificultad, amparandose en el brazo firme y bronceado de la mujer y en un bastón de metal. Ambos eran de bastante edad, mas allí a la orilla del água, de repente, sin explicación, se habían tansformado en dos chiquillos maravillados que estaban descubriendo por primera vez aquel universo de água azul, de olas juguetonas y arena aterciopelada, de ese viento que les desordenaba las ropas y los cabellos como si estuviera jugando al pillarse. Ella hablaba constantemente, mostrándole al marido las gaviotas en el cielo, los barcos coloreados y ruidosos a lo lejos, los pececitos en el água rasa y cristalina, las impresionantes mansiones que parecían colgarse osadamente de las escarpadas laderas de rocas moradas y grises, las misteriosas islas lejanas donde nadaban los delfines... Y él, sonriente y de boca abierta, se esforzaba para acompañarla, para ver y disfrutar todo lo que ella le describía, a pesar de toda su dificultad.
Entonces, mirando hacia el otro extremo de la playa, divisé a dos chiquillos, de unos seis u ocho años, cuerpos esbeltos y morenos, cabellos revueltos y calzones llenos de dibujos coloridos, viniendo en dirección a los ancianos. El mayor sujetaba cariñosa, mas firmemente, la mano del pequeño, que casi no conseguía contener su emoción, mostrandose completamente encantado con el ir y venir de las olas que parecían, primero, querer devorarlo, y en seguida huían, haciendo espuma y hoyos en la arena. El niño gritaba y saltaba, apuntaba con el dedo hacia el mar, donde los barquitos paseaban perezosamente, llenos de banderitas y gente haciendo señas; o hacia el cielo despejado donde las gaviotas flotaban casi mágicamente y volantines de las formas y colores más extravagantes pirueteaban, dejando un rastro de luz y movimiento con sus colas de flecos... Sonriendo con un qué de aquella indulgencia de quien ya conoce el mundo y sus maravillas, el chico mayor miraba todo con aire complaciente, pero daba para percibir que no conseguía dejar de sentirse contagiado por el entusiasmo del pequeño... Cuando se acercaron un poco más, pude escuchar lo que le decía al otro y, curiosamente, le mostraba las mismas cosas que la mujer le mostraba al marido, y el niño parecía igualmente fascinado por todo ello.
En un cierto momento, como tenía que suceder, los cuatro se cruzaron sin darse cuenta, y se quedaron unos al lado de los otros por algunos instantes, riendo y conversando, contemplando aquella inmensidad azul en perpetuo movimiento. En seguida, cada dúo continuó su camino en direcciones opuestas, alejándose lentamente...
Yo me quedé completamente fascinada por lo que acababa de presenciar, pues parecía algo preconcebido, una escena de algúna película, tal vez una propaganda de televisión. Mil pensamientos vinieron a mi cabeza y tuve que respirar hondo para tratar de ponerlos en orden y llegar a algunas conclusiones, porque era obvio que aquello no era una mera coincidencia... Miré a mi alrededor, expectante. Será que alguien más había notado ese encuentro? O aquello había sido un regalo sólo para mí?... Bueno, como se dice: "Quien tiene ojos que véa", no es verdad?... Dí una última mirada hacia las cuatro siluetas que se alejavam lentamente y pensé: " Aquellos que se encuentran en los extremos de la existencia -los ancianos y los niños- se encantan con las mismas cosas, están siempre redescubriendo y sintiendo el mundo, experimentando la creación, aproximandose e interactuando con ella. Unos porque todavía son inocentes, los otros porque dejaron atrás los espejismos y futilidades que dominan la vida de los jóvenes. Ambos sienten y expresan sin disfraces, con una honestidad y osadía que es sólo de ellos; algo que nosotros, que estamos en el medio del camino, perdimos a lo largo del recorrido. La vejez y la infancia se encuentran con frecuencia, se cruzan, se enredan armoniosamente (por eso los nietos son tan apegados a los abuelos) y comparten experiencias reveladoras, únicas, mismo yendo en direcciones opuestas. Lo que los atrae y los une es la simplicidad, la búsqueda de la gratificación, de la compañía sin compromiso, el interés por el aprendizaje -en el caso de los niños- y por el legado de la experiencia -en el caso de los ancianos.
Entonces pensé, mientras las cuatro figuras desaparecían de mi vista, mezclandose con la multitud coloreada y ruidosa que fué invadiendo paulatinamente la playa con sus quitasoles, sus toallas y tiendas exóticas, sus sonidos, comidas y juguetes: "Pero cuál debe ser la dirección de una vida? Dónde podemos conducirla con nuestras decisiones y actitudes? Será que podemos mantenerla siempre cerca de la sinceridad y la transparencia de la infancia, mas guiada por la sabiduría y la serenidad de la vejez? Podemos conservarla siempre em movimiento, en crecimiento, en transformación? Podemos volverla creativa, útil, hacer de ella un ejemplo, una inspiración para los otros? Será que seríamos capaces de preservarla de la polución social y consumista que asola nuestro mundo, nuestra personalidad y nuesra auto-estima, de la ambición que nos devora y nos desvía de nuestros vedaderos sueños y destruye nuestra fé? Será que podríamos conservarla pura y simple, vivirla según el plano de Dios, cumplir nuestra misión sin ilusionarnos ni amedrentarnos con las apariencias?...
Cerrando los ojos para recibir el sol en el rostro, me pregunté cuántas veces el anciano y el niño se cruzan a lo largo de nuestras vidas y cuánto provecho sacamos de estos encuentros mágicos, únicos, de estas lecciones que solamente ellos pueden enseñarnos. Porque todos llevamos un anciano y un niño dentro de nosotros, independientemente de la edad biológica que tengamos, y pienso que a veces nos haría muy bien parar en alguna playa para observarlos y escuchar lo que tienen que decirnos.
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sábado, 5 de fevereiro de 2011
sexta-feira, 5 de fevereiro de 2010
Hilos sueltos
Bueno, y finalmente, el día tan temido llegó: la vuelta al trabajo... Entretanto, de temido tuvo sólo el nombre porque, ya empezando con la reunión del jueves con los jefes y todo el equipo de profesores para ponernos al día de las novedades para este año, las cosas se mostraron sorprendentemente cambiadas y abiertas. Pareció que, de repente, las nubes, los abismos, las puertas cerradas, los rencores y los resentimientos, los obstáculos y la negatividad que reinó imperturbable a lo largo del año que pasó habían sido barridos por algún viento milagroso -y, dígase de pasaje, totalmente inesperado- y lo que había en aquella sala era sólo optimismo, buena voluntad, disposición y ganas de que todo funcionara bien, de llegar a un mismo objetivo de la mejor forma posible, sin castigos ni cobranzas... Era como estar empezando de cero!... Yo me lo pasé las vacaciones enteras luchando para no hacerme ningún tipo de expectativas -ni buenas ni malas- para no vivir de antemano cualquier situación o enfrentamiento que pudiera surgir por causa de diferencia de opiniones, para no predisponerme a nada, para ni siquiera parar para pensar en lo que podría estar aguardandome, ya que estaba demasiado escaldada como para sentirme optimista al respecto, y créo que lo conseguí. Disfruté mis vacaciones, me relajé, me ocupé de mi salud (bastante afectada por tantos disgustos) y escribí mucho, cosa que, para mí, es el mejor remedio para todos los males. Entonces, cuando me telefonearon el miércoles avisandome que tendríamos la tal reunión, redoblé mis esfuerzos para no ponerme ansiosa o agresiva. El jueves en la mañana respiré hondo y, con ese pequeño escalofrío revoloteando en mi estómago a pesar de mi autocontrol, fuí a la fundación de corazón abierto y despojado, serena y bien dispuesta, optimista pero sin expectativas específicas. En vez de llevar dos piedras en la mano, fuí decidida solamente a defender lo que considerase mejor para mí personal y profesionalmente... Y qué fué lo que pasó?... Pues que Dios -ese pillo, de nuevo!- me había preparado una sorpresa y tanto, de esas para quedarse boquiabierto!... A medida que la reunión fué pasando, pareció que todo y todos habían cambiado del água para el vino, que no existían más desconfianzas, irritaciones, resentimientos o confusiones. Nos presentaron dinámicas nuevas, frescas, ágiles, prácticas, en las cuales todos podríamos participar y ayudarnos mutuamente... Puchas, no sé si fuí yo o si fuimos todos que nos reunimos con la misma disposición positiva y equilibrada, abierta, pero de repente las cosas entraron en los ejes, las puertas se abrieron, las oportunidades reaparecieron (bueno, créo que no fuí solamente yo quien sufrió con los acontecimientos del año pasado. Cada cual, por lo que percibí, tuvo su cuota de dolor, revuelta y desánimo, pero todos aprendimos con ello, ciertamente) En un pestañear -tan fácilmente, Dios mío!- recuperé mi lugar, mis funciones; voy a ser aprovechada en todas las áreas y voy a poder crear, crear y crear mucho, que era lo que yo más deseaba. Hasta parecía que habían leído mis pensamientos con respecto a ciertos aspectos profesionales y prácticos y la forma en que yo -y todos los demás, para decir la verdad- pensaba que deberían ser realizados!... Mis horarios van a ser medio locos y las horas extra van a continuar no siendo pagadas, pero, quieren saber una cosa, amigos? Me importa un pito!... Voy a hacer lo que sé hacer mejor, voy a tener la oportunidad de cooperar con todas las otras áreas con todo lo que tengo a ofrecer y esto me deja completamente feliz, mismo sabiendo que vá a significar mucho trabajo, mucha creación y mucha organización, sobre todo para no descuidar mi glicemia... Pero en comparación, vá a ser extraordinariamente gratificante y enriquecedor, entonces... Quién podría deseár más?... Bueno, tal vez un salario un poco mejor, que uno no es de fierro y las cuentas no desaparecen como "ballenas azules" en el cielo, pero por el momento, la felicidad de volver a ser útil y valorada, de poder usar mis talentos para ayudar a las otras áreas y así tener resultados espectaculares que dejen a todo el mundo contento, no hay dinero que pague. Claro que voy a quedarme muuuuy feliz si nos dan un aumento -en Marzo, espero- pero si no nos lo dan, no me vá a robar ni una gota de la felicidad profesional de este año. Ahora, sólo me falta ganar algo escribiendo también!...
Y después de este verdadero testamento, aquí vá la de esta semana, después de la cual espero no haberme derretido encima del teclado, porque está haciendo un calor de matar...
A veces es un olor, un color, una ráfaga de viento, un paisaje o un sonido que viene sin avisar, cuando menos lo espero, y allí estoy, volviendo al pasado de un salto vertiginoso... Es una cosa realmente impresionante estar a tantos años y kilómetros de distancia de los hechos y de los lugares y de repente, gratuitamente, tener una impresión tan nítida y presente de ellos, como si bastara abrir la puerta para penetrar en ese pasado y continuar viviéndolo como si el tiempo no hubiese transcurrido. Me quedo totalmente paralizada mientras el recuerdo va tomando cuenta, creciendo, envolviendome, volviendose a cada instante más presente y real, y cuando finalmente me transporta entera hasta su realidad, es una mezcla de placer, alegría y nostalgia... Créo que, en verdad, existen dos personas dentro de mí: la actual, que vive, trabaja y tiene una familia aquí, y la otra, que vivenció las experiencias y, de cierta forma, está presa al pasado por su significado...
Viajando en el auto, pasamos delante de una casa sin terminar, circundada por un pequeño bosque y con un porche lleno de plantas, e inmediatamente vino a mi mente la imagen de aquella gran casa frente al mar, todavía sin terminar, paredes de cemento crudo y vigas desnudas, rodeada de pinos y arena, en la cual el tío Willy y la tía Nana nos invitaban a pasar las vacaciones, en Concón. Cuátnos veranos agradables y llenos de diversión y alegría pasamos junto con esa familia original y cantora! Era una fiesta permanente, todos siempre animados, riendo y jugando -a despecho de las peléas y las caras feas de nuestros padres- siempre inventando desafíos y paséos liderados por el tío Jaime, hermano de la tía Nana, un lindo y encantador payaso, totalmente deschavetado, que vivía vidas secretas que dejaban a la familia con los pelos erizados. Aquella casa y todo lo que había en ella tenía un olor todo especial, de cosa sin terminar, improvisada, pero extremadamente acogedora y segura.. Me acuerdo de escuchar el ruido del mar desde el balcón, en la noche, y de s entir su aroma salado y pegajoso abrazandome con fuerza, como si quisiera contarme sus secretos o llevarme hasta sus entrañas obscuras y misteriosas. El viento lo traía en ondas rítmicas y constantes, como si fuera la respiración de un gigante adormecido, y éste flotaba sobre las casas y las personas, penetraba por todas las rendijas, mezclandose con el perfume de la comida, del bronceador, de las toallas y sábanas...
Estos recuerdos, como en un flash, acudieron a mi mente mientras pasábamos delante de aquella casa al lado de la carretera, y fuí capaz de sentir el olor, de escuchar las voces, de ver nuevamente las imágenes y sentir las sensaciones de esa época de mi infancia. Pareció que hasta podía recordar los pensamientos, las miradas, cada descubrimiento, los insectos y las hojas de los árboles, la arena amarilla y sedosa; parecía que podía escuchar el click de la máquina fotográfica que sacó aquella foto mía apoyada en la cerca de troncos con los pinos al fondo, delgada y de cabellos cortos y desordenados, medio sonriente en mi vestido suelto, que está guardada en la caja de cartón dentro del estante de la sala... Verdaderamente, el recuerdo es algo mágico, tiene poder de cura, de rejuvenecimiento, de comprensión y hasta de perdón. Pues al recordar, a veces conseguimos entender nuestra vida y sus procesos, nuestras acciones y las de los otros y sus consecuencias, las palabras y gestos, las decisioes, las pérdidas, las victorias y fracasos. Resentimientos, alegrías, frustraciones, tristezas, conquistas, el despertar del entendimiento, de la vocación, de la búsqueda de la felicidad, el principio de la realización, todo eso viene a flote y nos coloca delante de nuestra historia con otros ojos, abriendo nuestro corazón para que la veamos con madurez y compasión. Recordar es retomar los hilos sueltos para integrarlos a la trama del tejido de nuestra existencia, es rescatar opciones y objetivos, es ganar nuevas fuerzas y despertar sueños antiguos, es nostalgia, es comprensión, es perdón.
El pasado es pasado, como se dice, pero yo créo que él no está ahí en vano, sólo para adornar nuestros relatos o dejarnos nostálgicos, felices, arrepentidos o resentidos; no es lo único que les queda a los viejos. Parar la caminada hoy y dar una mirada en él a veces es como entrar en un oásis del cual podemos salir revigorizados y más sabios para continuar la jornada en dirección al futuro.
Y después de este verdadero testamento, aquí vá la de esta semana, después de la cual espero no haberme derretido encima del teclado, porque está haciendo un calor de matar...
A veces es un olor, un color, una ráfaga de viento, un paisaje o un sonido que viene sin avisar, cuando menos lo espero, y allí estoy, volviendo al pasado de un salto vertiginoso... Es una cosa realmente impresionante estar a tantos años y kilómetros de distancia de los hechos y de los lugares y de repente, gratuitamente, tener una impresión tan nítida y presente de ellos, como si bastara abrir la puerta para penetrar en ese pasado y continuar viviéndolo como si el tiempo no hubiese transcurrido. Me quedo totalmente paralizada mientras el recuerdo va tomando cuenta, creciendo, envolviendome, volviendose a cada instante más presente y real, y cuando finalmente me transporta entera hasta su realidad, es una mezcla de placer, alegría y nostalgia... Créo que, en verdad, existen dos personas dentro de mí: la actual, que vive, trabaja y tiene una familia aquí, y la otra, que vivenció las experiencias y, de cierta forma, está presa al pasado por su significado...
Viajando en el auto, pasamos delante de una casa sin terminar, circundada por un pequeño bosque y con un porche lleno de plantas, e inmediatamente vino a mi mente la imagen de aquella gran casa frente al mar, todavía sin terminar, paredes de cemento crudo y vigas desnudas, rodeada de pinos y arena, en la cual el tío Willy y la tía Nana nos invitaban a pasar las vacaciones, en Concón. Cuátnos veranos agradables y llenos de diversión y alegría pasamos junto con esa familia original y cantora! Era una fiesta permanente, todos siempre animados, riendo y jugando -a despecho de las peléas y las caras feas de nuestros padres- siempre inventando desafíos y paséos liderados por el tío Jaime, hermano de la tía Nana, un lindo y encantador payaso, totalmente deschavetado, que vivía vidas secretas que dejaban a la familia con los pelos erizados. Aquella casa y todo lo que había en ella tenía un olor todo especial, de cosa sin terminar, improvisada, pero extremadamente acogedora y segura.. Me acuerdo de escuchar el ruido del mar desde el balcón, en la noche, y de s entir su aroma salado y pegajoso abrazandome con fuerza, como si quisiera contarme sus secretos o llevarme hasta sus entrañas obscuras y misteriosas. El viento lo traía en ondas rítmicas y constantes, como si fuera la respiración de un gigante adormecido, y éste flotaba sobre las casas y las personas, penetraba por todas las rendijas, mezclandose con el perfume de la comida, del bronceador, de las toallas y sábanas...
Estos recuerdos, como en un flash, acudieron a mi mente mientras pasábamos delante de aquella casa al lado de la carretera, y fuí capaz de sentir el olor, de escuchar las voces, de ver nuevamente las imágenes y sentir las sensaciones de esa época de mi infancia. Pareció que hasta podía recordar los pensamientos, las miradas, cada descubrimiento, los insectos y las hojas de los árboles, la arena amarilla y sedosa; parecía que podía escuchar el click de la máquina fotográfica que sacó aquella foto mía apoyada en la cerca de troncos con los pinos al fondo, delgada y de cabellos cortos y desordenados, medio sonriente en mi vestido suelto, que está guardada en la caja de cartón dentro del estante de la sala... Verdaderamente, el recuerdo es algo mágico, tiene poder de cura, de rejuvenecimiento, de comprensión y hasta de perdón. Pues al recordar, a veces conseguimos entender nuestra vida y sus procesos, nuestras acciones y las de los otros y sus consecuencias, las palabras y gestos, las decisioes, las pérdidas, las victorias y fracasos. Resentimientos, alegrías, frustraciones, tristezas, conquistas, el despertar del entendimiento, de la vocación, de la búsqueda de la felicidad, el principio de la realización, todo eso viene a flote y nos coloca delante de nuestra historia con otros ojos, abriendo nuestro corazón para que la veamos con madurez y compasión. Recordar es retomar los hilos sueltos para integrarlos a la trama del tejido de nuestra existencia, es rescatar opciones y objetivos, es ganar nuevas fuerzas y despertar sueños antiguos, es nostalgia, es comprensión, es perdón.
El pasado es pasado, como se dice, pero yo créo que él no está ahí en vano, sólo para adornar nuestros relatos o dejarnos nostálgicos, felices, arrepentidos o resentidos; no es lo único que les queda a los viejos. Parar la caminada hoy y dar una mirada en él a veces es como entrar en un oásis del cual podemos salir revigorizados y más sabios para continuar la jornada en dirección al futuro.
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