segunda-feira, 27 de dezembro de 2010

Un nuevo bautismo

Y finalmente, después de casi quedarme turnia y con la espalda atrofiada de tanto hacer crucigramas en la sala vacía durante dos días, estoy de vacaciones!... Hoy día, oficialmente, empieza mi mes de descanso, mismo si, en verdad, ya dejé de ir a la Fundación el jueves pasado por cuenta del feriado de navidad. Pero también por cuenta de las fiestas, almuerzos y compras de última hora (a uno siempre se le olvida aquel pariente solterón, o el hijo de la prima, o el pololo de la hija de tu cuñada) más ese montón de parientes y sus hijos corriendo y gritando por la casa, solamente hoy estoy empezando a disfrutar de un descanso de verdad y retornando a mi dieta y a mi rutina literaria, gracias a Dios!... Me encanta mi trabajo, pero sinceramente, ya no estaba aguantando más. Ahora no quiero más pensar en piezas, textos, alumnos, aulas, proyectos, horas extra o cualquier otra cosa que tenga que ver con trabajo. Durante este mes pretendo olvidarme de que existe para dedicarme tan sólo a descansar, a escribir y a recobrar mi salud. Espero que la consulta del dia 10 me ayude en algo y salga de ella con algún diagnóstico y con algún tratamiento que -bravo!- alivie o -mejor todavía- elimine estos dolores (hoy, por ejemplo, la cosa está fea!)... Entonces, hasta allá, la cosa es mantener la calma y aprovechar de la mejor forma posible los días creando, paseando, escuchando música, meditando y viendo muchos filmes.
    Entonces, para empezar, aquí vá mi primera crónica de vacaciones.  Sólo espero poder mantener este ritmo cuando vuelva a trabajar, sobre todo si las predicciones de mi jefe se cumplen y tengo que trabajar más horas... Pero, por el momento, me importa un pito!...


    Estoy sentada en uno de los bancos de la placita que queda cerca de mi casa, bajo la sombra susurrante de un ipé florecido, y a mi alrededor nievan flores rosadas. Caen silenciosamente, una, dos, cuatro, cada vez que el viento hace estremecerse a las ramas... Las personas pasan apresuradas por la vereda, rumbo al mercado, sin fijarse en la belleza del asfalto sembrado de flores, sumergidas en sus pensamientos y preocupaciones. Las miro desde mi lugar y por un instante me siento en otra dimensión, una especie de fantasma de otro plano que existe y actúa en una época  y a una velocidad completamente diferentes, que tiene ojos y oídos exageradamente atentos y perceptivos, cuyo cuerpo posée una densidad, un propósito distinto de aquellos que pasan a mi lado... Desvío la mirada de la calle y la tiendo sobre el parque de juegos a mi izquierda, donde algunos niños corren, juegan, se columpian e inventan aventuras y desafíos entre los aparatos de metal viejos y depredados. A pesar de esto y de los agujeros en la cerca de alambrado, de la tierra sucia y de la basura -que aprovechan para crear armas, vehículos o baúles de tesoros- ellos juegan y se divierten como si estuvieran en el mejor y más moderno parque del mundo, llenos de energía y creatividad... Y de repente,  me acuerdo de mí misma y de mi hermana, cuando vivíamos en la base aérea de Antofagasta, en el norte de Chile, en pleno desierto, jugando en los rieles del tren que, como dos riscos solitarios en una página vacía, se perdían en el horizonte de sedosas dunas amarillas. O entonces descendiendo hasta la inmensa playa desierta en aquella destartalada y ruidosa liebre, espiando hacia el espacio allá afuera por sus ventanillas entierradas, con prisa para llegar allá abajo para buscar conchas y pececitos en las águas rasas y cristalinas... Cómo jugábamos entonces! El mundo entero nos pertenecía y estaba repleto de aventuras, desafios y descubrimientos! El desierto, la base de casitas de madera con jardines mustios y pequeñas huertas heróicamente mantenidas con el água racionada de los toneles, aquella inmensidad de arena y água azul eran nuestro reino y en él nos sentíamos seguras y motivadas para crear, para explorar y soñar... Miré nuevamente a los niños en el parque y de repente me pregunté cuándo, cómo y por qué los adultos nos olvidamos de jugar. Por qué al crecer tenemos que mirar a los niños para recordar cómo es, pues de alguna forma, en algún rincón escondido y casi olvidado, echamos de menos los juegos. Y mismo así, nos avergonzamos de acompañarlos, de abrir la pequeña puerta de su universo y aventurarnos en él. Será que nos asusta la inocencia, la credulidad, la cara limpia, la acción directa, la palabra pura? Será que estamos tan poluidos que pensamos que no merecemos un nuevo bautismo? Será que estamos tan fatalmente convencidos de que no tenemos más tiempo, de que nuestras oportunidades acabaron, de que la madurez no incluye el deslumbramiento, la creatividad, la ingenuidad, la honestidad que teníamos cuando éramos niños? Será que preferimos creér que toda la magia terminó y que sólo podemos lidiar con una realidad dura y seca?.. Pero por qué crecer tiene que ser algo tan ruin? Por qué todo lo que es especial tiene que ser abandonado por el camino, a lo largo del proceso de maduración? Por qué no podemos guardar -y usar- una parte de nuestra infancia para sostenerrnos, para inspirarnos, para buscar la felicidad cuando envejecemos? De qué vale el perdón de Dios si nosotros mismos no nos perdonamos por crecer y transformarnos en estas personas llenas de resentimiento, recelo y escepticismo? Es con su material que construimos lo que somos, lo que soñamos, lo que enseñamos y compartimos. Puede ser que ni siempre haya sido perfecta, pero la llama de la inocencia, de la fé y de la creatividad que la sostuvo y la alimentó es algo que no podemos dejar que se apague cuando crecemos.

segunda-feira, 20 de dezembro de 2010

Pies y zapatos

Este negocio de fin de año es realmente bien legal, porque acontecen tantas conmemoraciones, confraternizaciones, almuerzos de funcionarios,  fiestas de amigo secreto y despedida de año, que mal se trabaja; así que podemos escoger el horario que más nos convenga para venir a la oficina para no hacer nada. Así estoy yo -y es por eso que estoy teniendo tiempo  de postear esta crónica en día- porque como ahora estoy teniendo como única preocupación y trabajo real las presentaciones de nuestra pequeña pieza de navidad en la plaza, el resto del tiempo me lo paso en la sala haciendo palabras cruzadas, escuchando música -y danzando un poquito, porque nadie es de fierro- o meditando tendida en los colchonetes, o entonces salgo para dar una vuelta y ver las vitrinas o me siento por ahí para conversar sobre cualquier cosa con alguien. Lo que pasa es que todas las otras áreas terminaron sus actividades en noviembre -en parte por causa de aquel rollo político-burocrático con los profesores- entnces yo soy la única que sobró y que tiene algo concreto para hacer hasta el dia 23, cuando finalmente saldré de vacaciones, lo que singifica que tengo que venir aquí sólo para eso, porque mis aulas también terminaron. Sólo nos falta la confraternización con los alumnos, que será el dia 21 en la tarde; después sólo nos encontraremos nuevamente el año que viene y vamos a ver quién  vuelve, porque todos juran que van a continuar con el curso, pero ahí acaban apareciendo emplegos, cursos, viajes o universidades y todos nuestros planes se van al diablo... Por eso -ya aprendí- prefiero no anticiparme y esperar para ver quién va a estar realmente aqui el año que viene... El miércoles y el jueves son mis dos últimos días y pretendo ir a trabajar en la mañana, pues así tendré las tardes libres para descansar, escribir, meditar y disfrutar de unos masajes que están siendo sensacionales para aliviar un poco mis dolores.
Y como estoy con todo este tiempo extra, quiero aprovechar para postear las crónicas en día, actualizar mi diario y ver si termino de una vez la publicación de "SIlvestre", del cual ya publiqué otro pedazo y espero añadir otro hoy o mañana. Pasen por ahí para ver... Es divertido, el otro día me dí cuenta de que yo hablo de esta historia y del blog donde la estoy publicando y todas las veces se me olvida poner la dirección, pero como ni todos los que visitan este blog son lectores asíduos de él, entonces pueden quedarse totalmente colgados al respecto. Entonces, aquí vá la dirección para os lectores de primer viaje: pazaldunate-historias.blogspot.com... Ahora sí, no?
Entonces, vamos a la crónica de esta semana.


    Caminando por la calle cruzo con una infinidad de personas de todos los tipos, edades y clases sociales, unas bien presentadas, empinados en sus ternos o vestidos de marca, superiores dentro de sus coches último modelo, ágiles, bien peinados y con anteojos obscuros que esconden sus miradas. Otras son humildes, opacas, de andar macilento y cabezas bajas, ropas zurradas y carteras anticuadas, colas de caballo, moños mal hechos, facciones cansadas, apagadas, cargando un peso invisible que parece siempre superior a sus menguadas fuerzas de trabajadores mal pagados. Algunas son joviales, deportivas, despreocupadas, se visten con colores alegres y caminan con firmeza en dirección a algún objetivo perfectamente definido. Cuando cruzan con nosotros nos miran directamente, sin recelo, con ojos brillantes y llenos de confianza,  como que proclamando su suerte, su salud, su amor, su futuro. No tienen la intención de despertar nuestra envidia ni nuestra admiración, sino  simplemente de mostrarse, de volverse reales en este mundo tan feroz y calculista, decir que están haciendo su parte y que confían en el futuro que les aguarda.... Ropas, cabellos, carteras y accesórios, coches y casas muestran quiénes son cada uno estos personajes; el tono de voz, la mirada, la manera de andar, gestos y escenarios, todo esto son pistas, vitrinas de sus personalidades, de sus ansias, de sus procesos.  Sin embargo, créo que hay algo que demuestra, mejor que cualquier otra cosa, quiénes somos: nuestros pies y nuestros zapatos.
    Ya pasé por la calle y ví, zurrado, deformado y despegada la zuela, un solitario zapato abandonado en la cuneta. Chueco, sin cordones, la zuela carcomida, ya sin color, castigado por el sol y por la lluvia, despreciado después de haber dado su último paso en el pie de alguien que ya vivió mucha cosa con él. El compañero fiel y sin resentimientos de alegrías y desgracias, de fiestas, estudios, paséos, de cumpleaños y velorios, de años de trabajo ahora yacía allí, olvidado, como si nunca hubiera hecho parte de la vida de alguien, sufriendo el injusto castigo por haberse gastado y perdido la forma y el color, por haber salido de moda,  porque el dueño consiguió juntar plata -o recibió un aumento- y fué a comprar otro par más moderno, más bonito, más de acuerdo con con los cambios en su vida... Pero ni siquiera su otro par estaba alí para consolarlo o acompañarlo! Cuál sería su destino final?... La lata de basura? El terreno baldío? La bolsa de plástico? La alcantarilla?... O entonces, si tuviera suerte, los piés de alguien más necesitado que su dueño anterior, que pensaría que todavía daba para usarlo, le metería unas hojas de periódico en la zuela y saldría andando por ahí, igual al rey de Pérsia. Sería como la sobrevida de un enfermo terminal: un día más es lucro.
    A partir de ese día, no consigo más pasar por alguien sin darle una mirada ni que séa de soslayo a sus zapatos. Y cuánta cosa podemos descubrir en esta simple espiada!... Una mujer vestida con una falda llamativa y un escote todavía más, maquillaje pesada, aros y pulseras en profusión, preparada para un encuentro dudoso, sin embargo con zapatos viejos y medio deformados, uñas de los pies con el esmalte saltado, la sospecha de un juanete despuntando, los talones resecos y agrietados... El hombre de pantalones gastados y manchados, camiseta agujereada y gorra de algún partido político cubriendole los cabellos ralos y sucios,  botinas sin medias, chuecas para dentro, salpicadas de tinta de todos los colores, las puntas despegadas, el taco gastado por la forma arrastrada de andar, tal vez fruto de un cansancio sin fin... Los jóvenes que pasan por la vereda y se sientan en los bancos de la plaza haciendo aquel escándalo para perturbar de propósito a los transeúntes con sus bromas y carcajadas estrepitosas; ropas de la última tendencia y peinados exóticos, piercings y tatuajes, su vocabulário ininteligible, sus mil anillos, pulseras y collares, exhibiendo sus zapatillas de arcoiris, o entonces los tacos altísimos o las plataformas exageradas, las sandalias con brillos,  aquella confusión competitiva e insolente de modelos y colores, de autoafirmación, de identidad tribal, de unicidad; los símbolos en la piel espiando por detrás de las medias y entre as camisetas. Pies desafiantes, ni siempre muy limpios, fuertes y agresivos, de pasos firmes y decididos, bien plantados en el suelo que ellos revindican como suyo... La monja discreta y de expresión siempre afable, con su velo y su hábito oliendo a jabón, a lavanda, a cosa santa y transparente, impecablemente limpio y planchado, de medias y sandalias o mocasines pesados, anticuados -de esos que encontramos en las liquidaciones o en las sobras de mercadorías de tiendas baratas- que la dejan aún más simple y sin gracia, pero que son la prueba de su humildad, el testimonio de su ausencia de vanidad, de su obediencia y de su desinterés en las cosas del mundo... La vendedora, que defiende la salud de sus pobres pies siempre en movimiento con zapatillas y sandalias  suaves y sin taco o con mocasines baratos pero confortables, y sandalias de plástico coloreado, y que tiene que ser amable y mantener su sonrisa acogedora y su paciencia a pesar del dolor y de las ganas de ir a esconderse a un rincón, arrancarse los zapatos y zambullir los piés lastimados e hinchados en un lavatorio de água tibia con vinagre. Ahí sí que su sonrisa sería sincera!... El viejo, con sus piés  sufridos y lentos metidos dentro de alpargatas o zapatillas llenas de protuberancias y agujeros que denuncian sus deformaciones, dedos encaballados, uñas carcomidas por la micosis, callos, juanetes, manchas y venas azuladas y sobresalientes. Y la expresión triste y dolorosa nen su faz arrugada es es el reflejo fiel de lo que sus zapatos cuentan.
    Así como dicen que nuestro cuerpo está estampado en la planta de nuestos pies, así también lo que somos, lo que queremos, la verdad que derriba todas nuestras mentiras sociales está en nuestros zapatos. Ellos denuncian sin piedad nuestra historia, el estado de nuestro espíritu, la vida que llevamos, los sueños que tenemos. El taco alto de cuero legítimo y aplicaciones de metal puede estar debajo de un corazón cansado que se asoma por los ojos perfectamente maquillados; y un condorito simple, barato y confortable puede ser la base de un corazón feliz y realizado en su modestia, que se revela en la voz alegre y la sonrisa brillante. Nuestras máscaras no llegan hasta nuestros pies, pues en general no les concedemos casi ninguna importancia. "Ellos solamente nos llevan de aquí para allá!", solemos decir, sin embrago, una mirada más atenta hará que comencemos a comprender el lenguaje de los pies que, aparentemente protegidos -o escondidos- por los zapatos, nada muestram sobre nosotros mismos. Pero a veces está en ellos el secreto que no le contamos a nadie, el dolor que no revelamos, la felicidade que nos gustaría compartir, el resentimiento que cargamos y la esperanza que nos sostiene junto con esos dos cómplices de los cuales mal nos acordamos cada día.

terça-feira, 14 de dezembro de 2010

Cuando llueve

La semana pasada no tuve tiempo de postear la crónica por causa del maratón de presentaciones que tuvimos, pero como tuve el fin de semana libre porque dos de mis actores participaron de la presentación de fin de año de la escuela de ballet de la fundación, aproveché para publicar otro pedazo de la historia de Silvestre. Querría haberla publicado hasta el final, pero infelizmente no consigo digitar por mucho tiempo porque los brazos y las manos empiezan a dolerme -si esa reumatóloga no soluciona este problema, no sé qué hago!- entonces voy a tener que conformarme -y ustedes también- con ir publicándola en textos menores. Sólo espero que por causa de esto ustedes no pierdan el interés!... En todo caso, aviso que ya hay una parte nueva de "Silvestre" en el blog Historias (finalmente se encontró con Francisco) entonces puden pasar por allá para ver lo que sucedió. Y hoy, que estoy mejor gracias a un fabuloso relajante muscular, y que conseguí terminar los quehaceres domésticos más temprano y no voy a tener que hacer almuerzo porque dejé todo listo ayer aprovechando que vino la empleada, voy a postear la crónica de la semana pasada... Con la llegada de las vacaciones (salgo el dia 23!!!)  y la disminución del trabajo -ahora stoy solamente con una pierza corta que presentamos todos los días en la plaza- estoy super animada para retomar mi rutina literaria, mis meditaciones y las caminadas matinales, que tan bien le hacen a mi cuerpo y a mi espíritu. Sólo espero que nada me impida continuar con ellas!... Yo créo que buena parte de estos dolores y malestares puede ser debida al stress normal de fin de año y a la tremenda preocupación con mi madre, que está con la salud muy debilitada, inernada en un hospital y respirando por tubos. En realidad, estoy esperando a cualquier momento una llamada de mi hermana que vive en Chile para comunicarme su fallecimento porque, según ella dice, nuestra madre no parece capaz de recuperarse de esta última infección, entonces... No es fácil, créanme. Cada vez que el teléfono toca, el corazón se me sale por la boca!... Sin embargo, mi consuelo es saber que, cuando ella se vaya, irá para un lugar mejor. Nadie merece sufrir lo que ella está sufriendo!... Con certeza, uno no tiene miedo de la muerte en sí, sino del proceso por el que se pasa hasta llegar allá, que a veces puede ser muy cruel  y angustioso. No sé si existe algún medio de transformarlo en algo más fácil, menos asustador y doloroso  espiritual y físicamente, pero si él existe, debería sernos enseñado... O será que cada uno debe encontrar su própia manera de dejar esta vida? Y de qué depende este descubrimiento? De la fé? De la experiencia? Del coraje? Del carma? De la misericordia divina? De la docilidad?... Bueno, créo que estas preguntas serán respondidas solamente cuando lleguemos allá. Sólo espero que todos -o por lo menos la mayor cantidad de nosotros- consiga hacer esta pasaje de una manera serena y optimista.
    Y ahora, dejando de lado estas conversaciones morbosas -mas inevitables cuando se tiene a alguien cercano a las puertas de la muerte- vamos a la crónica de la semana pasada.


    Es curioso como los pájaros cantan cuando llueve. Mientras el mundo corre a esconderse de la lluvia y las calles se quedan silenciosas y quietas, si prestamos atención, entre el gotear rítmico y a veces aturdidor o hasta asustador, podemos oír a las palomas arrullando, a los zorzales y gorriones gorjeando en los árboles, como celebrando el día ceniciento y húmedo.... Siempre me desconcertó su actitud, porque días lluviosos siempre están asociados a tristeza, luto, pérdidas y vacíos... Sin embrago, escuchando los trinos imperturbables de las aves en el árbol de mi jardín, llego a la conclusión de que, tal vez, a través de ellas, Dios esté queriendo decirnos alguna cosa. Es como si nos mostraran que, a pesar del frío y del água escurriendo por las veredas, muros y tejados, aún hay que alegrarse y agradecer; parece que con sus voces nos dicen que todo vale la pena, que en todo existe una bendición, que no debemos dejar de sentirnos felices y agradecidos porque todo, desde el sol recalcitrante a la lluvia torrencial, es milagro, es regalo,  y tiene que ser vivido y aprovechado, pues todo trae su lección, su mensaje. Los pájaros no se esconden ni se entristecen cuando llueve, cuando las nubes cubren el sol o cuando la noche cae. Al contrario, parece que es en estas ocasiones que cantan más alto, con más alegría y virtuosismo, mandando su recado de bienaventuranza y optimismo al mundo y a nosotros, los seres humanos desencantados y cansados, resentidos y escépticos... Entonces, a pesar de debilitados, angustiados e impacientes por todos los disgustos que puedan afligirnos, aún debemos ser capaces de mantener la fé y el coraje. Mismo cuando el cielo está cerrado y parece que un diluvio va a inundar e mundo, tenemos que hacer el esfuerzo y mantenernos capaces de escuchar y comprender el mensaje de Dios a través de sus aves, sabiendo que ella no es dirigida solamente a nosotros, sino a todos los que tienen el corazón abierto y dócil a las lecciones que El nos enseña a través de todo lo que nos rodea. No importa cuán desolados, abandonados, asustados,  heridos o fracasados nos sintamos, si miramos con cuidado a nuestro alrededor, siempre encontraremos un mensaje de aliento, una señal de optimismo, una luz que brillará y disipará las sombras en que nos encontramos. Es solamente no permitir que la oscuridad tome cuenta de nuestra alma, abrir bien los ojos y el espíritu y sacudir con fuerza y perseverancia las sombras de nuestros hombros que éstas, infaliblemente,  terminarán por alejarse.
    Me vá a encantar cuando consiga ser como los pájaros que cantan cuando la lluvia se precipita de los cielos! Sé que entonces nada más va a conseguir afectarme de verdad.

segunda-feira, 6 de dezembro de 2010

Sombras y escenarios iluminados

Y como prometí, aquí vá la segunda crónica, esto antes de que el teléfono toque y escuche la voz de mi jefe pidiendome para ir a la fundación a hacer alguna cosa de última hora relacionada con la presentación de hoy en la noche.

    Tendida en la confortable cama del cuarto del hotel, mientras mi alumna y un amigo disfrutaban la fiesta que la organización del festival ofrece a los paticipantes, estaba meditando sobre las cosas que enseño, sobre cómo ellas se aplican, en verdad, más a la vida que a la danza en sí... Pero, y la existencia no es, a final de cuentas, una grande coreografía en la cual nosotros danzamos y tenemos nuestro papel?... Entonces, me pregunté, curiosa: "Cuál sería mi papel?" El es ejercido tan solamente en la sala de aula, en el montaje de espectáculos, en los workshops y disertaciones? Sé que hay algunos preguntándose por qué yo misma no subo al escenário y demuestro mi filosofía  a través de alguna performance o en alguna pieza, pero - fuera el miedo desgraciado que tengo del público- estoy convencida de que, a pesar de toda mi vanidad y de cuánto disfrutaba los elogios y aplausos cuando cantaba con mi hermana, el asedio de los fans, la admiración, el respeto y aquel tratamiento preferencial y lleno de consideración que recibía, el escenario no es realmente mi lugar en esta historia. Tal vez fué importante que haya pasado por él y  portodo lo  que los reflectores y la atención implican, pero en la evaluación final, créo que me siento más real y útil, mas confortable en las bambalinas, en el montaje, en la dirección. Prefiero que la luz se refleja en los otros en vez de en mí misma. Prefiero la sombra de la responsabilidad que créa, apoya y encuentra soluciones, de la creación y dirección al brillo e interpretación de una protagonista. En verdad, a cada presentación, en cada aula, percibo que lo que enseño no es para ser mostrado por mí, sino por aquellos a quienes enseño. Lo que sé, lo muestro al enseñar y no necesito un escenário iluminado ni aplausos para ello.

Maestro y discípulo

Ya conocen ese dictado que dice: "No cantes victoria antes de tiempo?"... Bueno, yo debería haberme acordado de él... La verdad es que tendría que haber posteado estas dos crónicas en la semana pasada, porque pensaba que iba a tener tiempo, ya que las presentaciones habían terminado, pero como dije antes, canté victoria antes de tiempo y he aqui que me apareció esta otra presentación que me tomó mucho más tiempo para prepararla de lo que calculaba y así, solamente conseguí postear las crónicas en portugués. Tuve que ir a ensayar hasta el domingo en la mañana! Imagínenme cargando mis bolsas de la feria con cilantro, lechuga, porotitos verdes y queso fresco -junto con los condoritos, en caso de que tuviera que permanecer mucho tiempo em pié- y entrando en la sala de ensayo! Era casi ridículo!... Menos mal que en la fundación hay un refrigerador, entonces pude dejar mis verduras -y los condoritos también- en un lugar seguro y fresco, porque con el calor que estaba haciendo ciertamente iban a quedarse todas mustias y deprimidas hasta el final del ensayo. Entonces, sólo hoy estoy teniendo tiempo de publicar las crónicas (fuera que me quedé sin empleada cuatro dias, entonces, cuando terminaba de hacer el aséo y la comida ya estaba tan cansada y adolorida, que no me quedaban muchas ganas de sentarme aquí a escribir) y tal vez durante la semana consiga terminar de postear el final de "Silvestre", porque voy a ir a trabajar más tarde, ya que las presentaciones son en la noche. El problema son mis siestecitas, de las cuales me levanto sin ganas de hacer nada... Pero si no duermo también, no consigo llegar hasta la hora de la presentación despierta y con ánimo. Bueno, parece que todo tiene sus efectos colaterales, no es verdad?...
Entonces, aquí vá la primera crónica:


    Siento que amar a un dicípulo o un alumno es totalmente diferente de amar a un amigo, a un hermano, a un cónyuge o a un hijo, pues éste no es como ninguno de ellos y, mismo así, talvez séa como la suma de todos ellos. El eslabón divino  y profético que normalmente aproxima  y une al maestro y al discípulo no es del mismo tipo que envuelve padres, hijos, hermanos o esposos. Este  puede volverse, a veces, cunfuso y muy posesivo, porque implica un tipo diferente de convivencia, de partija, un tipo de experiencia íntima que no se tiene con un discípulo,  con el que se vivencia un qué distante  e impersonal que es el gran secreto de la relación y que es la base para la dualidad ensañanza-aprendizaje. Hay un trabajo específico a ser realizado, una búsqueda para alcanzar la luz, la madurez, el conocimiento como ser individual y cósmico que formará parte del crecimiento y de la historia de toda la humanidad. Hay una semilla a ser plantada  y cultivada -como en todo relacionamiento- una personalidad y un cuerpo a ser lapidados de una forma absolutamente distinta de la que acontece cuando existen lazos de sangre o sentimentales. En la relación maestro-discípulo hay un saber específico a ser desenvuelto, una sensibilidad, una abertura y compasión que raramente son vivenciados en otro tipo de relación. Existe un mensaje a ser diseminado y la práctica de disciplinas y experiencias que solamente se dan aquí. Discípulo y maestro comparten en su ligación intereses bien mayores que los meramente humanos y para esto, tiene que ser desenvuelta una "frialdad" y un lado "práctico" que favorezcan la sobrenaturalidad de sus acciones y objetivos. Existe entre ellos un compromisso que no incluye solamente a ellos dos, un amor impersonal que guia su comportamiento mútuo y con los demás, un bien querer, una humildad y respeto que casi nunca son enseñados o cultivados en la sociedade en que vivimos, en las relaciones familiares, profesionales o sentimentales. Ya maestro y discípulo, mientras más se donan a los otros -en vez de el uno para el otro- más unidos están y más fuertes son.
   Fuera de la carne y la banalidad -mas sin perder sus características de humanidad plena- de las vidas comunes que llevan, de las batallas prosáicas y de las decepciones, las pérdidas, caídas, mortes y resurrecciones de cada día, la ligación entre el maestro y su discípulo navega en el mar del espíritu, que es hecho de silencio aceptación, paciencia y compasión

segunda-feira, 22 de novembro de 2010

El tiempo del maestro

   Hoy día, excepcionalmente, estoy con el día libre hasta las 18:00, que será cuando tendremos nuestro ensayo general para la presentación de mañana, la última del musical en este año. El fin de semana que viene será la última de la escuela de teatro, con la presentación del grupo infanto-juvenil del cual estoy tomando cuenta -y que está empezando a quedarse muy buena, gracias a Dios- Sólo espero que después de ella podamos  tener un descanso hasta que salgamos de vacaciones, allá por el dia 20 de diciembre. Bueno, se supone que a partir del dia 28 voy a empezar a trabalhar en horarios "civilizados" y no tendré más sorpresas del tipo: "Mañana tenemos una presentación!", entonces pretendo empezar a poner al día mis escritos (incluyendo la historia de "Silvestre", que ya está comenzando a parecer una novela mejicana!) y mis diarios, porque el otro día me dí cuenta, espantada, de que estoy empezando a quedarme sin material para postear aquí y enviar al diario... Necesito desesperadamente de vacaciones para recuperar el control de mi vida y mis saludables rutinas de creación!... También espero que con el resultado de mis exámenes en la mano pueda empezar a solucionar el problema de los dolores corporales y así me sienta más dispuesta y relajada y consiga descansar como se debe, porque lo estoy necesitando. El día 28 o 29 ya voy al laboratorio a buscarlos y el día 1  de diciembre ya tengo marcada la consulta con el médico. Ojalá que él tenga las respuestas... Estoy bastante estresada con este asunto, pero mismo así estoy tratando de no preocuparme antes de tiempo, porque con certeza esto sólo vá a contribuir para que me sienta peor. No tengo otra cosa que hacer a no ser esperar, y la mejor manera de mantener la cabeza en su lugar es escribiendo, no es verdad?.
    Entonces, vamos a poner en práctica esta idea. Aqui vá la crónica de esta semana, casi al día:


    En medio del hall iluminado y ruidoso del teatro, lleno de público, artistas, críticos y reporteros, me véo a mí misma, como un patito feo en medio de los cisnes, medio fuera de lugar entre esta multitud de profesores con mucha experiencia, conocedores de las más modernas y elitizadas técnicas, comprometidos, artistas ellos mismos, con años de práctica y pesquisas, graduados en grandes universidades, que ya leyeron, viajaron, conocieron, experimentaron, administraron aulas para bailarines de alto nivel, desgranando aquel palabreado tan lleno de nombres famosos y términos técnicos que llega a meterme miedo. Personas más viejas, con aquella aura de "monstruos sagrados", versadas en los más diversos y profundos conocimientos sobre danza, biología, cinética, filosofía, política, história, métodos de enseñanza y artes en general... Y aquí estoy yo, la zebra de la competencia, que ni consigo acabar de leér un libro sobre la história de la danza moderna sin tener una jaqueca, y me siento totalmente perdida en medio de sus pomposas conversaciones y disertaciones teóricas tan avanzadas... Miro a mi alrededor, escuchando ese sonido que parece una colmena en frenética actividad, y de repente percibo que nadie está hablando del ser humano, de sus peculiaridades, de su potencial y de cómo él puede ser aprovechado e mejorado para que el alumno no se vuelva solamente un óptimo bailarín, sino también un ser humano mejor, un artista capaz de danzar los movimientos de su alma y del alma de todos los hombres. Todos aquí se llenan la boca para defender sus métodos y proclamar sus éxitos, pero nadie dice una sola palabra sobre el objeto de todas estas discusiones: el alumno, la persona, lo que él tiene que dizer a través de sus movimientos... Entonces, respiro   hondo y me voy a sentar en un rincón de la sala, en el único taburete que sobró, con mi coca-cola en una mano y el programa de esta noche en la otra. Lo abro y doy una rápida mirada a las fotos y los nombres de las performances y de los grupos y solistas. En ese instante, me pregunto si estos profesores y coreógrafos que tanto  se jactan de sus trabajos conocen realmente a las personas que los ejecutan, o si están puramente interesados en su rendimiento técnico, en los aplausos y los elogios, em el premio... "Bueno", me digo a mí misma, "Supongo que estoy aquí para poner esta cuestión en la mesa, a pesar  de toda mi miserable ignorancia". Me muero de miedo de encararlos, encaramados como están en sus pedestales de sapiencia, y despertas su arrogancia y su desprecio delante de lo que vine a decir, que es tan simple y obvio, hasta ingenuo, pero completamente verdadero y necesario: la blasfemia de dejar la técnica em segundo plano para ocuparse de la humanidad los vá a hacer tambalear y ponerse rojos, con certeza!.
    Mas he aquí que, cuando el momento llega, de súbito mi  corazón despíerta y se entibia, se alegra, crece atrás de mis costillas, y mi boca se llena de dulzura, de sabiduría, de compasión, de una incontrolable felicidad, pues estoy a punto de hablar sobre el bien más precioso que nosotros, como maestros, recibimos: el ser humano y su existencia, su ser, su estar, su decir... Y para mi absoluta sorpresa -y la de ellos, apuesto- consigo conversar, exponer mis puntos de vista, explicar con cristalina claridad mis técnicas, mis ejercicios de aula y sus propósitos y resultados, mis objetivos, mis motivos! Consigo hacerme entender y aún sucito una onda de comentarios y preguntas, una curiosidad totalmente inesperada a respecto de mi trabajo, que les parece absolutamente original y, por lo visto, eficiente!... Ellos escuchan, se abren, perciben, hasta concuerdan y me tratan con respeto y una nueva consideración... Y yo me pregundo, pasmada, casi asustada: "Qué es lo que estoy haciendo? Quién soy realmente? Qué es lo que toda esta gente está viendo\? No es lo suficientemente obvio? Cómo fué que llegué aquí? Yo, disertando para estos genios, respondiendo sus preguntas en un debate?"... Pero de dónde viene todo este conocimiento, todo este desplante, esta certeza, esta claridad que no admite contestación, que parece tener todas las respuestas necesarias para que mi trabajo gane apoyo y continúe? De dónde nacen la lógica y la verdad que mis palabras y mis gestos expresan? De dónde vienen mi serenidad, mi certeza?... Y recuerdo aquel capítulo de a historia de Francisco de Asís en el que envía a sus discípulos a predicar sobre la pobreza, la obediencia y la castidad por los caminos del  mundo... "No os aflijais por vuestra ignorancia. En el momento exacto Dios derramará Su sabiduría a través de vuestros labios", les decía a los preocupados hermanos -algunos de los cuales ni sabían escribir- y su confianza nunca fué  traicionada.
    Entonces, llego a la conclusión de que cuando optamos por entregarnos a los planos divinos para cumplir nuestro destino, Dios actúa en nosotros tomando cuenta de nuestros actos y palabras, de nuestra inspiración y creatividad, transformandonos, guiandonos, tocandonos, despertandonos... Todos tenemos nuestro tiempo de maestros, ciertamente, y no podemos huír de este hecho, pues así como es vital que aprendamos a ser discípulos, también tenemos que aprender a ser maestros, porque tendremos que desempeñar estos dos papeles a lo largo de nuestra vida en las más diversas situaciones. Maestro y discípulo forman un solo cuerpo. Cabe a nosotros saber cuándo es el momento de cada uno de ellos actuar.

quarta-feira, 17 de novembro de 2010

Momentos de gloria

Bueno, el fin de semana que pasó presentamos nuestro antepenúltimo espectáculo y, gracias a Dios, fué un éxito. Ni siquiera nosotros mismos esperábamos esa cantidad de público! (200 personas, un record!) Inclusive mi jefe vino a vernos!... Créo que la divulgação que los propios alumnos hicieron funcionó; la internet es buena para eso también... Había personas en el hall -cuando dí una miradita por la ventanilla de la cabina de sonido- que nunca había visto en el teatro, todos jóvenes vestidos de gala, bien educados y dispuestos a divertirse. No hubo ningún incidente antipático durante la presentación, como suele acontecer en otros espetáculos cuando la platéa es compuesta por jóvenes, y créo que disfrutaron de verdad la pieza. Al final, aplaudieron de pié!... Puchas, cómo es agradable ver que el público reacciona tan bien a un espectáculo nuestro!... Todavía nos restan otras dos presentaciones para terminar el año de trabajo: una del musical en este fin de semana, y el fin de semana que viene la pieza de los alumnos de la profesora que fué despedida y que yo estoy dirigiendo, y confieso que esta última me tiene medio preocupada pues, a pesar de que incluí a algunos de mis alumnos del grupo adulto en ella, la cosa todavía no está como me gustaría, pero supongo que voy a tener que resignarme, porque hay cosas que no voy a conseguir cambiar o mejorar, ya que está demasiado encima: manías, vicios y dinámicas de la otra profesora que no tienen nada que ver con mi estilo de trabajo y que, desgraciadamente, van a afectar el resultado final... En fin, tengo que recordar que se trata solamente de una presentación de final de año y que nadie se vá a morir si las cosas no salen perfectas. Estamos haciendo todo lo posible para salvar esta pieza y conseguir que los alumnos tengan su presentación  final con calidad y placer; y eso es lo que cuenta: dar nuestro mejor para que todos brillen.
    Hoy tengo agendada un delicioso masaje relajante a las 19:00 h para ver si mejoran un poco estos dolores en el cuerpo que están robandome el sueño, literalmente. Hice una batería de exámenes para ver de qué se trata y encontrar una solución que mejore mi calidad de vida, porque la cosa está féa, se los aseguro! Sólo espero que no se trate de ni un tipo de enfermedad degenerativa y sí de artrosis o reumatismo que, a pesar de ser degenerativas también tienen tratamientos, remédios y ejercícios que pueden volverlas más soportables. Porque no tengo la menor intención de quedarme paralítica todavía! Tengo muchas cosas que hacer!... Ya basta haber descubierto que tengo talasemia, caramba! Y qué es la talasemia? Pues una falla genética en los glóbulos rojos -o las hemacias, no pesqué bien esa parte- que hace que uno tenga anemias recurrentes. Bueno, menos mal que en mí la cosa se declaró en su forma más suave, que no casi tiene síntomas y sólo necesita de una reposición de fierro y ácido fólico a cada tres meses... Como pueden ver, mi familia anduvo conspirando genéticamente contra mí. Talasemia, diabetes e artrosis o reumatismo... Mmmmm, debo estar pagando algún pecado muy grande y muy viejo, ustedes no encuentran? Pero la purificación siempre es buena: nos ayuda a ser mejores, a aprender compasión y paciencia, y nos hace avanzar más rápido hacia el sueño de perfección.
    Y aprovechando que las manos no están doliéndome mucho, ya voy a postear la crónica de la semana (no me pregunten cuál!)


    En el jardín arruinado y seco de la casa abandonada, tomado por las hierbas salvajes y la basura, por el olvido y los vándalos que pintaron palabrotas y dibujos obcenos en las paredes descascaradas y medio desmoronadas, el ipé amarillo florece. Porque este es su momento. Las ventanas de vidrios quebrados, que más parecen los ojos de un ciego, el portón oxidado y sin goznes, la puerta carcomida y ya blanca por las lluvias y el sol y las paredes despintadas y enmohehcidas no tienen poder suficiente para impedir su florecimiento; entonces, él nos brinda -en medio de la miseria y el abandono que lo circundan- con este espectáculo de absoluta belleza allá, al final de la cuadra, coronando la esquina como un guardián del paraiso, firme y recto, desafiante. Pues, quién osaría mirar la decadencia a su alrededor delante de sus colores, de su armonía, de la luz  que de él se desprende en este final de tarde y que parece poner fuego en los racimos de amarillo vibrante? Un amarillo de victoria, de perfección, de descubrimiento y milagro... Es su momento de gloria y nada puede impedirlo; esperó pacientemente por él, pasando por todas las etapas, las estaciones y barreras, por lluvias y días fríos, por chiquillos sin consideración, por perros y hormigas, hasta que, finalmente, su hora llegó y él impera, magnífico, en el paisaje. Después volverá a ser un árbol apagado en el patio de una vieja casa  abandonada, pero hoy es un milagro para nuestros ojos y yo vuelvo la cabeza para contemplarlo otro poco mientras me alejo por la calle... Entonces, reflexiono: Cuántos de estos momentos nosotros tenemos a lo largo de nuestra existencia? Cuántas veces podemos transformarnos en un glorioso ipé florido que embelleza el escenário y toca el corazón de los hombres a nuestro alrededor? Cuánta perseverancia y fuerza somos capaces de reunir y poner en movimiento para conseguir pasar por todos los procesos y dificultades hasta alcanzar nuestra belleza absoluta?... Pues no importa cuánto ella dure o si después del apogeo tornamos a ser pequeños y banales, lo importante es que acontezca, pues la transformación que ella tráe -para nosotros mismos y para los otros- es algo que permanecerá para siempre.
    Mañana, las flores amarillas cubrirán el suelo alrededor del ipé y nuestros zapatos las aplastarán, apagando su brillo y su magia; el árbol se quedará silencioso y obscurecido, desnudo, retorcido... Pero hoy día, en este instante preciso, el ipé amarillo es el rey de la creación.

terça-feira, 9 de novembro de 2010

El bono

Ya hace unos quince días que estoy tratando de sentarme aqui a escribir alguna cosa y así no interrumpir la publicación de mis blogs, pero me ha resultado absolutamente imposible. Estoy sepultada de trabajo!... Revisando mi agenda ayer descubrí que voy a tener TODOS los fines de semana de este mes ocupados con algún espetáculo: si no es el musical, serán las piezas de fin de año del curso de teatro, el desfile del municipio (durante el cual pagamos todos nuestros pecados por las próximas tres generaciones), el espectáculo de la escuela de ballet, la fiesta nipo-brasilera y cualquier otro evento que mis jefes inventen, sobre todo de última hora. Y, puchas, cómo les gusta hacer esto!... El problema es que, por cuenta de algunos asuntos legales, todos los otros profesores tuvieron sus contratos cancelados, entonces sobramos solamente unos pocos (los concursados) para cubrir todos los eventos que faltan hasta que salgamos de vacaciones (lo que, a esta altura del campeonado, está pareciendome un sueño muuuuuuy lejano). De acuerdo que esto nos vá a valer un montón de horas extra, pero, sinceramente, puedo percibir cómo mis alumnos están exhaustos, a pesar de mostrarse siempre animados y dispuestos a cooperar. Pero a veces a mi jefe se le olvida que ellos no trabajan en la Fundación e que tienen otros compromisos y obligaciones y los sobrecarga con actividades extra aquí. Sé que a ellos les encanta ayudar y producir, pero créo que está llegando la hora de entrar de receso -y yo junto con ellos- para que descansen, se recuperen y reúnan fuerzas para el año que viene, porque estoy convencida de que tendrán mucho más que hacer, lo que vá a requirir mucha dedicación y creatividad de parte de ellos. Espero que todo este  sacrificio y participación les valga coisas positivas (mismo que no séa financieramente) porque se lo merecen.
    Lo bueno de todo esto es que, cada final de semana nos veremos libres de un espectáculo, entonces la agenda vá a ponerse más tranquila; a partir del dia 28 voy a empezar a trabajar en horarios " normales"  (de las 14:00 a las 18:00) hasta salir de vacaciones... Bueno, eso es lo que espero, pero no sé, con esta falta de personal y todos los eventos que tenemos todavía... Putz, será que voy a tener que disfrazarme de Mamá Noel y andar en el trencito de navidad por la ciudad con los niñitos?... Dios me libre! En la primera curva ya voy a arrojar unos cinco o seis por la ventana!... Eso si ellos no me chutéan del tren primero...
    Bueno, y antes de que a alguien se le ocurra telefonearme convocandome para alguna reunión tenebrosa sobre la programación de navidad, aprovecho para decirles que ya hace unos diez días posté otra parte de la história de "Silvestre", entonces ya pueden entrar y saber potro poco sobre él. Y enseguida, aqui vá la crónica de la semana pasada... o de la anterior, ya no sé más. Este negocio de trabajar de domingo a domingo me tiene completamente perdida en esa cuestión de fechas. Pero, en todo caso, aquí está:


     Danzar, descubrir los movimientos del alma, entrar en el ritmo del universo: estas son cosas  que parecemos no saber, mesmo siendo vitales para a nuestra sobrevivencia.... O será entonces que nos olvidamos de ellas a lo largo de nuestra vida porque pensamos que eran fantasías ingenuas de nuestra infancia y adolecencia en las cuales no valía la pena invertir?... Sin embargo, si conseguimos deshacernos de todas las costras y preconceptos que fuimos criando al crecer, seremos capaces de danzar, de reconocer los movimientos de nuestra alma y de expresarlos fielmente para que formen parte de la eterna y perfecta coreografía de la creación. Esta es una posibilidad que nace y muere con nosotros, mismo que nunca lleguemos a tomar conciencia de ella. Es como un bono, un premio anticipado al cual todos tenemos derecho. Es parte indivisible del hecho de ser humanos, está embutido en nuestra escencia y nada de lo que hagamos lo arrancará de nosotros. Pues si no, cómo explicar de dónde viene la sabiduría que a veces ostentamos y que tiene el poder de transformar el mundo? Hacemos cosas sin nunca haber visto o escuchado sobre ellas, creamos del aparente nada -de un sueño, de una visión, de una necesidad- escalamos peldaños y construímos puentes, abrimos caminos impenetrables con la certeza absoluta de que, al final, encontraremos algo que nos  tornará mejores. Vivimos tomados por presentimientos, por idéas, por aquella sed de aprender, de descubrir, de crear, de ir adelante y siempre conseguimos superarnos, sobrevivir, continuar... Y cuál es el secreto? Darle salida a toda esa energía, escuchar las voces que susurran en nuestro interior. Escuchar y acatar, pues ellas realmente existen y tienen un objetivo en nuestra vida, son indispensables para nuestro crecimiento. Quién ya no tuvo "aquella sensación"? Quién no sintió -por lo menos una vez en la vida- aquel "llamado"? Y quién, ni que fuese durante algunos minutos, no creyó en él y consideró dejarlo todo para ir atrás de esa voz dulce y poderosa?... Y, sin embargo, quién persistió? Quién tuvo el valor de perseverar en el camino, de creér en la visión?... Hombres de poca fé, eso es lo que somos!... Por qué buscamos en el exterior lo que ya sabemos que poseémos dentro de nosotros? Qué es lo que sucede en nuestro interior que no tenga su reflejo y su respuesta en el universo que nos rodéa? Por qué nos negamos tan obstinadamente a aceptar y vivenciar esta ligación íntima -humana y divina- entre el hombre y la creación?... La certeza espiritual de nuestras opciones siempre tendrá su recompensa, por eso no debemos dejar que ni una duda nos paralice. No somos los primeros ni seremos los últimos a buscar, pues nuestras necesidades eran y continúan siendo las mismas, pero parece que, de vez en cuando, preferimos olvidarnos de ellas y de cómo satisfacerlas para poder continuar nuestra caminada sin tanto sufrimiento, sin tantos tropiezos y desvíos. No sé por qué tenemos estas rabietas, estas crisis de rebeldía contra Dios y las leyes universales -físicas y morales-  le damos la espalda a todo lo que sabemos que es cierto y nos zambullimos en abismos de los cuales demoramos tiempos infinitos para resurgir, humillados y heridos, casi destrozados y, una vez más, ser acogidos por los brazos de nuestro Padre que, pacientemente, continúa de corazón abierto, dispuesto a darnos otra oportunidad de recomenzar.
    Reaprender. Redescubrir. Retomar. Recrear... He aquí lo que vinimos a aprender y a enseñar en este planeta.

quarta-feira, 27 de outubro de 2010

La red

Y como siempre últimamente, estoy atrasada con la crónica de la semana, todo debido al Festival de Teatro Estudiantil que está aconteciendo en la ciudad, y del cual soy una de las juradas; pero, también como siempre, aprovecho cualquier tiempito que me sobra -como ahora en la mañana- para cumplir con mis deberes literarios y así no dejarlos esperando. Por suerte, el festival acaba este fin de semana, entonces voy a tener un poco más de tiempo de vuelta, mismo con todo el trabajo de los espectáculos de final de año que todavía me aguarda...
    Ayer, mientras sufría en silencio sentada en la primera fila del teatro viendo un espectáculo representado por cincuenta niñitos de siete a doce años (encantadores  y espontáneos, como todos los niños de esa edad, pero... Dios me libre!) sobre los cuales tendría que dar alguna opinión más tarde, lo que estaba dejándome aterrorizada, pues no sé casi nada sobre el esquema de teatro infantil, entonces temía juzgarlas demasiado severamente, vino a sentarse a mi lado una muchacha que ya fué mi alumna, mas tuvo que salir del curso por problemas familiares, y de repente, así de la nada, después de tocarme levemente con el codo para llamarme la atención, empezó a hablar sobre teatro,  sobre lo que sentía, sobre lo que soñaba, sobre lo que significaba para ella, sobre cómo pretendía seguir la carrera de actriz... En el primer momento, me quedé medio desconcertada y hasta incomodada, porque se suponía que tenía que prestar atención a lo que estaba sucediendo en el escenario, sin embargo, a los pocos, el entusiasmo, la pasión de sus ademanes y la emoción en la voz y los ojos de la muchacha fué conquistándome, así, medio sin querer, y como ya había tomado una decisión con respecto a la pieza y a los pequeños actores, decidí dejar de lado mi hoja de notas y la lapicera y prestar atención a lo que ella decía... Y de repente, era como si estuviera escuchándome a mí misma hacía algunos años, cuando decidí seguir mi vocación de artista. Era el mismo tono, las mismas palabras, el mismo brillo en la mirada; aquel corazón acelerado palpitando en el pecho, iluminado por el descubrimiento de su propio destino; era su sonrisa idéntica a la mía, sus esperanzas, su felicidad. Era como estarme viendo en un espejo y, de súbito, en medio del cansancio, del ruido, de las luces y la correría en el escenario, del calor y la incerteza sobre lo que debería decir para no herir los sentimientos de nadie, me dí cuenta, una vez más, de cuánto me gusta hacer lo que hago, de cuán feliz y realizada me siento hoy por haber escuchado la voz de mi alma y seguido esta vocación. Percibí que no tengo arrepentimientos o frustraciones en el corazón, que a pesar de ser tan difícil a veces, no cambiaría mi opción por nada de este mundo, y con los ojos súbitamente llenos de lágrimas (menos mal que estaba obscuro!) deseé que aquella muchacha perseverase en la suya, que alimentase su sueño para hacerlo crecer y así, un día, se volviera realidad, que no le diera la espalda a su vocación, que parecía tan clara en aquel momento, pues con certeza no iba a arrepentirse... Son tan pocos los que recibem (o se dan cuenta de que reciben) la gracia de saber quiénes son y lo que deséan hacer en esta vida! Y esta chica era uno de ellos!... Cuando terminó su inflamado discurso, le dí un abrazo apretado y murmuré en su oido, mientras Pulgarcito hacía sus travesuras en el escenario: "No dejes que ese deslumbramiento se apague, no calles esa voz. Lánzate al abismo, porque te aseguro que vá a valer la pena, no importa cuán asustador pueda parecer a veces. Lánzate!"
    Ella me agradeció y, dando un profundo suspiro, como aliviada por haber encontrado a alguien que la entendía y la apoyaba, se recostó en la poltrona y se quedó contemplando el escenario iluminado y agitado con ojos de encanto y felicidad sobrenaturales. Y yo, de soslayo, la contemplaba y le agradecía a Alguien por haberla colocado en mi camino en aquella tarde, pues así como a veces los jóvenes necesitan apoyo y comprensión para perseguir y realizar sus sueños, nosotros, los más viejos, necesitamos vernos reflejados en ellos para no olvidar nuestros propios sueños y evaluar si fuimos capaces de realizarlos o no.
    Bueno, y después de este episodio -que bien podría valer como la crónica de hoy- aquí vá la de la semana pasada. Prometo que este fin de semana me pongo al día!...


    Está haciendo un calor inusitado este comienzo de primavera, un clima pegajoso y mojado que nos deja desconcertados y muy irritados (especialmente aquellos que son alérgicos) Sandalias, camisetas, bermudas, puertas y ventanas abiertas de par em par para refrescar el interior de las casas, sillas en el porche, en la terraza, en la vereda, vecinos azorochados abanicandose con revistas y pañuelos... Todo esto está totalmente fuera de época y hace que nos sintamos perdidos y un poco preocupados. El calor está expulsando a las personas para afuera: televisores en la terraza, piscinas de plástico en los patios, chiquillos descalzos y de traje de baño lambiendo helado en los portones, profusión de botellas de cerveza y refrigerante saliendo en bolsas de los bares y panaderías, hamacas perezozas extendidas debajo de los árboles todavía sin follaje... El día parece estirarse en un desperezar sin fin, sin ganas de nada. Hay otro espíritu, otra actitud, algo como estar disfrutando unas vacaciones fuera de época. Los vecinos están más comunicativos, más sonrientes, más relajados; los niños invaden la calle con sus gritos y juegos; los bares ponen mesitas de metal por la vereda; las sombrillas coloreadas pasean por las avenidas como un jardín en movimiento. La música alegre de los automóviles estacionados se extiende por el aire, mezclando los estilos y las tribus, que juegan  de seducir...
    Paso por todos estos escenarios lentamente, cargando mi mochila y mi bolsa, frente mojada y blusa pegada en la espalda, y no puedo dejar de sonreir delante de la vida que, con frío o con calor, transcurre inalterable, mostrando sus personajes y acontecimientos, cada uno en su lugar, ejecutando su rutina, ajeno al destino, al tiempo, a la muerte, cumpliendo su papele en este instante, creciendo y aprendiendo... Mientras paso, como una mera espectadora y al mismo tiempo profundamente insertada en lo que sucede, siento mi peso, percibo mi movimiento, analiso mis pensamientos, tomo conciencia de mi cuerpo en medio de todo esto como la pieza de un quebracabezas, única e insubstituible, con todas sus peculiaridades, su energía, sus objetivos, su sabiduría, su sed de continuar aprendiendo y compartiendo; y me doy cuenta de que cada uno de los personajes que invaden la calle a lo largo de mi caminada es exactamente igual a mí, que todos formamos una especie de red íntimamente ligada, que todos dependemos de todos y que tenemos el mismo destino y anhelamos la misma cosa: ser amados. Y que es este deséo innato lo que nos lleva a vivir y demostrar toda la grandeza de que somos capaces cuando es necesario.

terça-feira, 12 de outubro de 2010

La puerta del claustro

Y como lo prometí, aquí está la segunda crónica. El día continúa espléndido -mismo si un poco frío por causa del viento- ya dormí mi siesta, no comí ninguna porquería en el almuerzo (zapallitos italianos rellenos con carne molida y un platazo de ensalada de hojas) y las perras están estiradas encima de mi cama durmiendo su siesta, entonces... Vamos a aprovechar!


    Demoró, fué sufrido; habia días en que pensaba que no existía una salida, un final para la obscuridad y, al mismo tiempo, percibía aquel aliento, aquella chispa casi invisible susurrando, apuntando, colocando las pistas en mi camino. Algunas conseguía ver, pero la mayoría se me escapaba, parecía perfectamente camuflada entre las sombras, volviendose invisible para mí... Cuánta ignorancia, cuántas mentiras, cuantas vueltas y revueltas asolaron mi existencia durante tantos años!... Y yo siempre con esa sensación, esa ansia, esa vaga nostalgia arañandome el pecho! Sabía lo que quería? Sabía de dónde venía todo aquello? Tenía alguna idéa del por qué?... Créo que, en el fondo, mismo sin darnos cuenta o admitirlo, siempre sabemos, sin embargo, la mayoría de las veces nos sentimos desconcertados  con estas certezas porque ni siempre son lo que nosotros o los demás esperábamos o planeábamos y, mismo presintiendo que son verdaderas, les damos la espalda y preferimos recorrer un camino más fácil, más "normal", más dentro de los patrones. La verdad es que nos conocemos perfectamemnte, pero ni siempre tenemos conciencia de esto y acabamos actuando de formas que terminan por alejarnos completamente de lo que realmente somos y de nuestro objetivo en esta vida. Siempre estamos pensando que no somos dignos o capaces de realizar nuestros verdaderos deséos, recelosos de ser desaprobados, juzgados y  rechazados por la sociedad, aislados, castigados, y así, acabamos por rendirnos a las expectativas ajenas y frustramos nuestra propia realización... Y no existe arrepentimiento suficiente en el mundo que compense el vacío que nos acompañará por el resto de nuestros días.
    Yo pasé casi cuarenta años en una búsqueda incansable atrás de mis verdades personales, de la comprensión, aceptación y realización de mis ambiciones más caras y verdaderas, artísticas, personales, morales y espirituales, y el punto culminante de esta búsqueda aconteció la noche en que vi a Kazuo Ohno en el escenário. Aquello fué una de las revelaciones más importantes de mi vida -junto con mi encuentro con Marilene de Oliveira, mi sicóloga- Fué una verdadera iluminación, un instante de contacto pleno y conciente con mi destino, con mi divinidad, con mi escencia. Aquel fué el momento de la opción definitiva, de la recompensa después de tanto esfuerzo y fidelidad, después de tantos encuentros y desencuentros, de dudas, batallas, muchos fracasos y tan pocas victorias... No pude dar la espalda y continuar con mi vida de antes. El mensaje era demasiado claro y directo como para dejarlo pasar: mi búsqueda había terminado... Me encontraba nuevamente ante la puerta del claustro, tomando aquella actitud radical, absurda a los ojos del mundo, preparada para atravesar el umbral, cerrarla definitivamente y entrar en un monasterio sin muros y obedecer las reglas de la Orden de la Humanidad... Qué pánico! Qué felicidad!.. Sin embargo -y como ya lo sospechaba- optar no me trajo la paz, la alegría ni sabiduría instantáneamente. Al contrario, pues optar es solamente el primer paso de muchos en un camino lleno de emboscadas, de viejos y perjudiciales hábitos, de inseguridades y desafíos. Pero hay que caminar, hay que enfrentar, hay que creér, hay que sembrar y cultivar la fuerza que nos hace perseverar y alcanzar nuestro objetivo. Y cuando se está allí, mismo que todavía falten todos los otros desafíos para encarar, veremos que ciertamente habrá valido la pena.

Soledad

Bueno, con dos días enteritos de descanso es imposible que no consiga poner mis escritos al día!... Después de dos presentaciones del musical y varios ensayos y trabajos de montaje en una única semana, está explicado por qué los dejé sin crónicas, pero pretendo redimirme en estos dos días, créanme, entonces voy a postear no solamente la crónica que está faltando, sino también la de esta semana, porque de nuevo voy a tener una presentación del musical el sábado, ensayo general el viernes y ensayo de nuestra pieza de fin de año el domingo... Como pueden ver, no voy a estar con mucho coraje para sentarme aquí y escribir algo interesante, entonces, voy a aprovechar esta radiante mañana de sol para escribir. Ayer -otro día espectacular, con viento y sol, como me encanta- conseguí, finalmente, postear la tercera parte del cuento "Silvestre", entonces van a tener otra cosita para entretenerse en este feriado. Si me alcanza el tiempo -porque mi hija viene hoy en la tarde- postéo la parte IV, pero si no, queda para la semana que viene, en algún improbable momento de descanso...
Entonces, aquí vá la crónica de la semana pasada y, en seguida, la de ésta. Espero que las disfruten!


    Me pregunto cómo será viajar siempre solo, sentarse en la mesa de un restaurante sin compañía, acostarse en una cama vacía en un cuarto de hotel, ver televisión sin tener a alguien para hacer comentarios, andar por las calles, salir y entrar de estaciones, aeropuertos, estaciones de tren sin nadie para conversar o compartir las experiencias del viaje. Créo que yo hice esto un par de vecess en mi vida, y tengo que decir que no fué tan deprimente o asustador, tal vez porque tengo este espírito observador y contemplativo que hace que cualquier soledad no séa ningún drama, sino una oportunidad de aprender. Recuerdo que había una cierta e inesperada sensación de libertad, de independencia, de levedad y falta de compromisso (mismo que tuviera encuentros, ensayos o presentaciones agendados u horários de buses que no podía perder) que me dejaban bien relajada. Me sentía casi como un niño en un parque de diversiones; todo era novedad, lleno de sorpresas y  deslumbramiento... Había un qué de ansiedad, de recelo delante de lo desconocido, es verdad, pero nada que empañase aquel genuino contentamiento que llenaba mi pecho mientras me movía de aquí para allá por mi propia cuenta.
    Hubo un tiempo -cuando aún tenía la Gorrión Cia. de Butoh- en que viajaba siempre con la Solange, mi única (y mejor) alumna y performer del grupo, y créo que acabé acostumbrandome con esta sensación de seguridad y tranquilidad que la presencia de otra persona nos provoca, pero esto también podía deberse a las últimas secuelas de aquel período en que desarrollé el síndrome de pánico (mucho después de haber hecho viajes sola) lo que me dejó muy frági y ansiosa con respecto a ir a lugares distantes sin compañía. Sinceramente, no sé si ahora aceptaría hacer un work-shop o montar un espectáculo en otra ciudad o estado -como ya lo hice- si alguien no me acompañara para darme este "soporte" amigo. Recuerdo que la mitad de lo que recibía por las oficinas iba para la Solange -cosa que muchos encontraban absurdo, ya que era yo quien desenvolvía el trabajo- pero no sólo por su compañía o su ayuda en algunos de los ejercicios, mas porque era ella la que conversaba con los alumnos que, a veces, inexplicablemente intimidados por mi imagen de "maestra", tenían recelo de acercarse para contar sus experiencias o hacer preguntas, entonces, su contribución en este punto era extremadamente valiosa para mí... Pero también su presencia fuerte y meridiana me ofrecía un apoyo y una seguridad muy agradables, ya que ella poseía una extremada practicidad y claridad de pensamiento, fuera el extraordinario carisma con los alumnos, lo que parecía quitarme un peso de los hombros.
    No tengo miedo de la soledad en sí -hasta me gusta para meditar y escribir- sino del desamparo que ella podría traer en algún momento. La presencia de la Solange -o de cualquier otra persona en la cual yo confíe- me confortaba de una manera casi física, pues sabía que podía contar con ella en caso de que cualquier cosa sucediera. Créo que pasé por muchos apuros (inclusive imamginarios!) estando sola y no estoy más dispuesta a correr el riesgo de que esta situación se repita, mismo curada del síndrome de pánico y con personalidade bastante como para arreglármelas sola. Esto, ciertamente, no es más que uno de los tristes recuerdos que sobraron de mi época de pánico, porque ahora sé positivamente que poséo voz y poder de decisión, que el mundo a mi alrededor no conspira contra mí ni está lleno de trampas y amenazas de las cuales no conseguiré defenderme... Pero de cualquier forma, si puedo evitarlo... "Y si?", como dice la propaganda.
    Sin embargo, pensando más profundamente en esta cuestión, me doy cuenta de que existe una diferencia enorme entre la soledad espiritual, el desapego voluntario, aquella intimidad solamente nuestra, imprecindible para el crecimiento, la comprensión y la comunicación con Dios y la soledad física, la falta de amparo material y sicológico en momentos importantes. Es de esta soledad que tengo recelo, pues puede terminar resultando muy perjudicial y hasta traumática. A pesar de ello, estoy conciente de que todas las personas están interligadas de alguna forma y son  capaces de auxiliar unas a las otras en momentos de crisis, hasta por una cuestión instintiva; sé que sus acciones forman una red de eventos y consecuencias físicas e inmediatas y a largo plazo que interactúa todo el tiempo en cada acontecimiento. Por eso, en realidad, nunca estamos tan desamparados así. Médicos, choferes, profesores, mecánicos, carpinteros, empresarios, artistas, todos tenemos una función física en la vida de los otros, nuestra presencia material es fundamental en la dinámica de los procesos del funcionamiento de la existencia colectiva. Tal vez seamos un solo espíritu y tengamos el mismo origen, pero es nuestra presencia física lo que nos diferencia y nos dá el papel que iremos a representar en la historia.. Sin embargo, a despecho de esta peculiaridad de cada uno, todos dependemos de todos, en mayor o menor grado, no podemos olvidarnos de esta realidad. Es con esto que debemos contar en las épocas de probación, ya que si uno de nosotros sobrevive y escala otro peldaño, todos nosotros sobrevivemos y escalamos este peldaño junto con él.

sábado, 25 de setembro de 2010

Nuestro destino

Bueno, esta semana puedo anunciar con challa y serpentina, banda y fuegos artificiales que, finalmente, posté la segunda parte del cuento "Silvestre", entonces ya pueden visitar el blog y saber cómo sigue la historia de este monje y su encuentro con Francisco. Como ya hace bastante tiempo que publiqué la primera parte, les aconsejaría que la releyeran para que no se pierdan... Las cosas están más calmadas ahora -menos mal, porque les juro que no hay ni una parte del cuerpo que no me duela- entonces dispongo de un poco de tiempo para dedicarme a las otras cosas que me gustan, como escribir, tenderme en la hamaca para meditar, ver televisión y jugar con mi dos perritas loquitas. Todavía tengo mucho trabajo, pero como todo el stress del estreno del musical ya pasó, parece que las cosas caminan más sosegadamente. Sé que voy a tener algunas dificultades para conciliar mis horarios, pero créo que voy a conseguir continuar posteando los textos en los dos blogs porque, como ya dije, si no le doy continuación al trabajo, ustedes van a terminar cansandose y no van a visitarlos más, cosa que no tengo la menor intención de que suceda. Entonces, aquí vá la crónica de esta semana, y no se olviden de visitar el otro blog para que sepan cómo sigue la historia. Hasta estoy pensando que voy a poder postear otra parte hoy en la tarde!...


    Es el espíritu lo que nos sostiene? Es alguna fuerza divina lo que mantiene nuestro corazón palpitando -ya que no está ligado a ningún enchufe- y nuestro cuerpo funcionando? Es un soplo mágico lo que nos enseña a percibir, a escuchar, a hablar, lo que pone nuestro cerebro en acción y nos ayuda a madurar y a escoger nuestros caminos? Qué factores influyen en nuestras opciones profesionales, sentimentales, morales? De dónde vienen nuestras intenciones, nuestras decisiones, nuestros ideales, nuestra fé y la garra para luchar por ellos? Quién nos dice lo que es cierto y lo que es errado, lo que hiere y lo que cura, lo que aniquila y lo que revive?... Es tan sólo una cuestión de educación, es consecuencia del ejemplo de la familia, es una submisión a patrones socialmente aceptables?...
    No suelo parar mucho tiempo para cuestionarme sobre estas cosas y tratar de encontrar alguna respuesta, pero a veces ellas permanecen rondando mi mente como polillas atraídas por la luz del poste, y no puedo evitar sentirme desconcertada y maravillada delante de ellas, de su alcance y profundidad. Pues, de dónde viene lo que somos? Cómo escogemos volvernos quienes somos? Y será que siempre conseguimos esta hazaña? Será que todos llegamos a ser quien deseábamos? Será que no estamos más que viviendo la continuación de una historia sin fin a través de reencarnaciones en busca de la perfección, del perdón, de la transformación e del equilíbrio?... Cuando me miro al espejo, me oigo hablar, o percibo mi cuerpo moviendose, las manos gesticulando, el tronco inclinandose, tengo la nítida sensación de que, en realidad, hay dos personas actuando al mismo tiempo: aquella que observa y aquella que se mueve. Ambas son una sola, sin embargo, se dividen para que yo pueda tener una visión más amplia y profunda de mí misma e pueda comprender lo que me motiva y las consecuencias de mis acciones. Es fascinante y un poco asustador a veces y, usualmente, me lleva a las próximas interrogaciones: Será que todos pueden tener esta experiencia? O será que es una característica únicamente mía y así, cada uno tendría también la suya?... Pero por que poseeríamos esta peculiaridad? Forma parte de lo que es necesario para que nos volvamos lo que escogimos ser? Qué o quién está guiando nuestros pasos? Qué fuerza misteriosa  dirige nuestras opciones, abre nuestras puertas y construye nuestros puentes y navíos? Es el destino? Es NUESTRO destino, aquel que escogimos antes de nacer?... Entonces es así que la fidelidad divina funciona? Es de esta forma que ella trata de mantenernos leales a nuestros propósitos primeros, esos todavía sin mancha ni desvíos, sim errores ni dudas? Es esta la manera más perfecta de respeto, poder y al mismo tiempo submisión de Dios con sus criaturas? Las cría, las libera, les permite escoger y, después, hace todo lo posible para guiarlas hasta la realización de esta opción, de esta vocación que ellas mismas asumieron? Sostiene cuerpo, mente, espíritu, fé, valor, persistencia. Dá la voz, los medios, los caminos, los encuentros. Desvenda secretos, procesos, leyes; ilumina, acoge, consuela, empuja, desbrava para nosotros  la selva de la existencia y os protege de sus trampas a traves de todas sus manifestaciones... Somos, por esto, en verdad, unos con El en todo instante y, tal vez, séa esta la respuesta para todas las preguntas que revolotéan a mi alrededor. Estamos vivos y actuamos simplemente porque nuestro Padre está vivo y actuando en nosotros.

segunda-feira, 20 de setembro de 2010

La experiencia del amor

Medio atrasada y sobreviviendo bastante bien a los imprevistos del pre-estreno (por que será que algunas personas escogen justamente los momentos más cruciales para tener ataques de estrella, conflictos sicológicos o éticos, para ponerse exageradamente sensibles o críticos con respecto a sus colegas? Hasta parece un ritual de pasaje obligatorio antes de todo estreno que se precie!) aquí estoy con la crónica de la semana pasada, de la cual pasé buena parte tratando de resolver estos problemitas internos, sin mucho éxito... Bueno, por lo menos todas las cartas fueron colocadas sobre la mesa y las posiciones de todos quedaron definidas y bien claras. No tenemos más actitudes dubidosas, malos entendidos, situaciones de stress inútiles y gratuitas o caras feas por los rincones. No fué nada agradable, mas por lo menos ahora sabemos a qué atenernos y cuáles actitudes tenemos que tomar para solucionar las cosas para que el espectáculo continúe siendo presentado sin mayores sobresaltos y disgustos. Lo que queda de antipático después de todo este lío es la decepción, el resentimiento y la pérdida, que van a demorarse un poco para sanar; sin embargo, como nadie es insubstituible -incluyendome a mí misma- la cosa es seguir adelante y esquivar de la mejor forma posible las sorpresas que el destino nos reserva todavía, siempre con espíritu positivo y la creatividad funcionando a mil por hora, no es verdad? No serán algunas dificultades -perfectamente solucionables- o algunas personas -que pueden ser substituídas- que van a estorbar el desenvolvimiento de esta historia. Me entristece el hecho de percibir que algunos no entendieron muchas cosas y actuaron de forma egoísta y pretensiosa, melindrandose por errores que ellos mismos cometen a cada instante, pero que no le perdonan a los otros; personas estupendas, con un potencial gigantesco, mas con algunos conflictos ítimos que van a tener que resolver antes de que ellos afecten sus vidas en asuntos mucho más serios que un musical... Voy a echarlos de menos, no sólo artísticamente, sino también como parte de este grupo excepcional con el que estoy trabajando este año, y porque habíamos hecho un montón de planes juntos, pero... Nunca me gustó amarrar a nadie a la pata de la cama para que se quedara conmigo, mismo que fuera alguien especial.
Entonces, es dando un profundo suspiro de resignación y luto por esta pérdida que me siento aquí a digitar esta crónica.


Puede parecer una blasfemia, un tipo de paradoxo ou inclusive una apostasía decir esto, pero estoy convencida de que, mismo que ningún profeta, santo, ángel o iluminado hubiera jamás existido, y que Jesús y sus hechos no pasaran de una historia para manipular algún tipo determinado de comportamiento en la sociedad, nada cambiaría nuestro destino, nuestras ansias, la calidad de nuestro espíritu o nuestras ganas de amar y de hacer el bien. Mismo que no hubiese paraíso ni resurrección, o ningún tipo de recompensa, créo que la experiencia del amor sería nuestro norte, nuestro objetivo, el motor de todo lo que hacemos. Con certeza escogeríamos el amor como el motivo que haría que nuestra existencia valiese la pena y él continuaría siendo la razón de las grandes transformaciones en nuestra existencia. La semilla del amor ya está plantada en nosotros -de alguna forma misteriosa e inmutable- y lo único que tenemos que hacer es cultivarla, multiplicarla y esparcirla a nuestro alrededor. No se espera otra cosa de nosotros, ya que el amor es la grande fuerza creadora -no importa el nombre que le demos, cuál séa su apariencia ni como séa la historia de su aparición en nuestra existencia- y por eso nos atráe irresistiblemente, pues sabemos que su acción es capaz de despertar nuestros deséos más sinceros, de volvernos extraordinariamente fuertes y determinados, de hacernos pacientes, humildes y solidarios, y es con este tipo de actitud que la historia acontece, que avanzamos y maduramos como raza, que nos volvemos mejores y construimos sociedades duraderas, justas, que dejamos para los que vendrán lecciones valiosas, legados sobre los cuales podrán continuar edificando un mundo verdadero y de cimientos seguros.
Si hubo o no encarnaciones del amor entre nosotros, esto no tiene importancia porque, en realidad, todos somos encarnaciones suyas y por eso, porque tenemos su chispa viva dentro de nosotros, en verdad no necesitaríamos un rostro, una doctrina ni milagros para creér en lo que él es capaz de realizar y seguirlo de todas las formas, por todos los caminos, a través de todas sus expresiones. Es algo innato, instintivo en nosotros, más fuerte que cualquier otra de nuestras inclinaciones, lógico, inevitable, incontestable. El amor está realmente en mí, en lo que de más verdadero y hermoso poséo, y su llama se debate, desde mi primer aliento, para estallar y volar al encuentro de su fuego creador. Mi origen y mi destino es el amor, y esto no es una metáfora, es algo completamente real y presente. Es mi motivo, mi guía, mi alimento. Es la percepción, el gesto, la palabra, la mirada, el pensamiento, la intención primera. Todo es generado y dirigido por el amor, mismo que no nos demos cuenta de ello o que no sepamos interpretar sus movimientos; sin embargo, así mismo es él quien siempre prevalece sobre todas las atrocidades y equívocos que podemos llegar a cometer por causa de nuestra ignorancia y fragilidad, de nuestra impaciencia y vanidad... Créo que nuestra vida puede ser definida por esta espécie de juego en el cual el amor trata de todas las maneras posibles de vencer nuestras debilidades -empezando por perdonarlas- para que podamos alcanzar la felicidad y las realización, mostrandonos que, a pesar de humanos, efímeros y destinados a errar, podemos vencer los desafíos y volvernos personas mejores.
En realidad, no necesitaríamos seguir a alguien determinado, practicar rituales o adherir a movimientos, sectas, religiones o hermandades (lo que no deja de ser útil, pues sirve para que seamos más fuertes y dedicados en nuestro propósito de vivenciar el amor, pues todos los envueltos tienen un mismo objetivo, y esto torna las acciones y pensamientos mucho más poderosos y persistentes, ya que existe un apoyo tácito y constante de todos para que se tenga éxito en la empresa) Bastaría creér y asumir sincera y completamente el amor que ya traemos en nosotros. No es una persona ni una doctrina lo que realiza el milagro, sino el propio amor en acción a través de nosotros... El es "el camino, la verdad y la vida", como dijo alguien...
Es del amor que vinimos, trayendo con nosotros sus semillas, y estamos aquí para plantarlas, cultivarlas y verlas crecer y dar frutos. Jesús, Alá, Budah, Francisco, Gabriel, Teresita... son todos nombres, rostros, voces, mentes y corazones que de alguna forma consiguieron ir más allá, probando que esto es posible, que existe una puerta y un camino que todos podemos abrir y recorrer, desde que permitamos que el amor tome cuenta de nosotros. Entonces, el mérito de sus vidas no es fruto solamente de la pura voluntad, sino del amor que impregnaba todas sus acciones y del hecho de que fueron dóciles lo suficiente como para permitir que éste los guiara. Pues el amor no es una personificación, sino una acción.

terça-feira, 7 de setembro de 2010

Dos ciclistas

Bueno, conseguí un tiempito para sentarme aqui a escribir hoy en la mañana porque es feriado, entonces no vamos a trabajar. Pero esto no significa que no vamos a ensayar, eso está totalmente fuera de cuestión. A final de cuentas el estreno es este viernes!... Entonces, mismo con la empleada en São Paulo en el casamiento del hermano -se supone que vendría hoy, pero tengo certeza de que no consiguió pasaje, a pesar de que yo le aconsejé a comprar el de vuelta antes de salir- la casa para limpiar y el almuerzo para preparar, todavía me sobran un par de horas y quiero aprovecharlas para cumplir con este deber sagrado: postear la crónica en el blog. La semana pasada no lo conseguí porque tuvimos que resolver un montón de problemas -de esos chicos pero antipáticos- sobre el espectáculo, ver las ropas y darle un sermón a los contra-reglas que más conversan y pierden la hora de mover los escenários o jalar las cuerdas de lo que ayudan. Pobres, es que no están acostumbrados a ese tipo de rutina llena de marcaciones, músicas y otras sutilezas por el estilo, entonces estamos tratando de ser pacientes con ellos. A final de cuentas, su trabajo siempre se redujo a cortar, aserruchar, pintar, clavar, raspar y trasladar cajas y fierros, nunca tuvieron que lidiar con aparecer en el escenario para agradecer, vestir figurines, quedarse callados en las bambalinas y ese tipo de cosa. Pero como estamos en la semana del estreno, las cosas están poniendose medio tensas, porque no puede haber ni un tipo de error en la presentación, lo que significa que se espera de todos nosotros nada menos que la perfección. Las expectativas son gigantescas, así como las perspectivas, entonces tenemos que ser exigentes y no aceptar disculpas para faltas de disciplina... Bueno, como a mí me encantan los desafíos, no me incomoda para nada y estoy segura de que a mis alumnos tampoco. Sé que van a dar lo mejor de sí y que el resultado será magnífico, lo que puede traernos a todos cosas muy positivas en el futuro.
Bueno, y sin más demoras, aquí vá la crónica de la semana:



Apresurada, fuí a atravesar la calle, con la cabeza llena de problemas que resolver, llamadas que hacer, reuniones a las cuales comparecer, listas, relatorios, fechas y horarios, y casi fuí atropellada por un muchacho en una bicicleta azul. Frenó abruptamente, haciendo chirriar los neumáticos y, mirandome con una expresión en la que se mezclaban la reprobación y el descaro, exclamó en un tono insolente, alto lo bastante como para que los transeúntes que pasaban pudieran escuchar:
-Hey, tía, mire por donde anda! La calle no es suya, sabía?.
Yo me quedé paralizada durante algunos segundos, mirándolo como un ratón preso en una trampa, sintiendome impotente delante de su agresiva superioridad, que él exageraba frente a los otros, que contemplaban la escena con curiosidad y un destello de conmiseración. Yo tenía la sensación de que ninguno de ellos arriesgaría el cuello para defenderme o siquiera darle una mirada severa al muchacho que, sabiéndolo, se sentía el rey del mundo, el propio Al Capone de bermudas, condoritos y tatuaje de calavera en la pantorrilla. Su cara era tan tosca, su expresión tan amenazante y su tono tan imponente y descarado, que todos preferían ignorar el incidente a intervenir y llamarle la atención porque, en realidad, debería haber parado, pues yo estaba en la faja de peatones. Pero su talante era igual a tantos otros, que aparecían en el noticiero después de un tirotéo, un asalto, un secuestro, un acierto de cuentas entre cuadrillas, que nadie tuvo el coraje de acercarse para apoyarme. Ni yo misma osé abrir la boca para reclamar o cobrar un poco de educación, pues me sentí impotente y sola ante su baladronada y sus ademanes intimidantes... No tenía más que quince o dieciseis años, cuerpo esbelto y musculoso, forrado de tatuajes y cicatrices, rostro de facciones angulosas, boca gruesa, una ceja raspada en un dibujo, piercing en la lengua, el lábio y el párpado. Vestía bermuda, condorito y camiseta descolorida, unas mechas de cabello castaño apareciendo debajo de su gorra, los ojos obscuros y fríos, con el brillo feroz de quien es obligado a defender todos los días su territorio con una única mirada. La bicicleta que montaba era demasiado pequeña para él, mal conseguía sentarse en el sillín, y el azul cromado estaba casi cubierto por adhesivos y flecos de plástico. A cada movimiento suyo podía escuchar el barullo irritante de las cuentas subiendo y bajando por el aro de las ruedas... Amedrentada, desvié los ojos de él y traté de retomar mi camino, pero él puso la bicicleta delante de mí, riendo burlonamente, y agregó en un tono ronco y agresivo:
-Disculpe, madame, pero estoy medio atrasado, con permiso.- y subiendo de un salto en los pedales, salió a toda velocidade por la calle, riendose a carcajadas.
Yo me quedé para ahí, igual a un perro que llevó una patada, mirando su silueta que disminuía velozmente, el corazón desbocado, la boca seca, temblando de rabia y miedo, pero sin conseguir reaccionar, sintiendome idiota, ultrajada, abandonada... Pero qué estaba sucediendo con esta juventud? Todos ellos se habían vuelto locos? Habían apagado de sus vidas las buenas maneras, las palabras inteligiblels, la compasión? Nadie les había enseñado respeto, consideración? No sabían lo que era una sonrisa?... Tragandome la revuelta y el miedo, dí un paso hacia la otra vereda, cuando divisé, viniendo del otro extremo de la calle, otro ciclista, y paré instantáneamente. El se aproximó, pedaleando a toda velocidad. Era asustadoramente parecido con el anterior: bermuda jeans, camiseta, zapatillas, cabeza raspada en un dibujo tribal, piercing en la ceja, guantes de cuero negro... Eu estremecí y empecé a retroceder... Sin embargo, para mi sorpresa, cuando llegó más cerca, el muchacho disminuyó la velocidad, mirandome con una chispa de simpatía y la sombra de una sonrisa distendiendo su faz morena, y acabó parando como a medio metro de mí. Hizo un gesto con la mano para que yo pasara y, mientras yo obedecía, totalmente desconcertada por semejante cortesía, él dió una mirada hacia la iglesia que se erguia al fondo y, cerrando los ojos, se persignó con profundo respeto. Hasta me pareció que habia murmurado una rápida plegaria y, viendo que ya me encontraba al otro lado, me sonrió fugazmente, montó en su bicicleta nuevamente y se alejó atrás del otro ciclista, zigzagueando entre los buses y los coches.
Me quedé observandolo durante alguns minutos, tomada por un alud de sentimientos que chocaban entre sí. Porque hacía mucho tiempo que no llevaba una sorpresa así... Pues quién diría? El muchacho de cabeza raspada y piercing en la ceja, tatuaje de sirena en el brazo y pulsera de metal con clavos, se persignó respetuosamente, murmuró una oración mínima pero profunda, como un chico bien educado, anticuado, ingenuo, crédulo, hasta devoto, quién sabe -de aquellos que ya no existen más, por lo menos no con ese aspecto de rebelde- y aún tuvo la caballerosidad de cederme el paso a la hora del rush haciendo ese gracioso gesto con su brazo fino y nervudo... Mientras retomaba mi camino, pensé, admirada: "Cómo pueden dos personas tan parecidas, que talvez viven por la misma ideología, desenvuelven los mismos comportamientos y lenguajes, actuar de maneras tan diferentes?"... Me pregunté qué habría sido lo que provocó esa diferencia en sus actitudes. En qué punto del camino y por cuál capricho del destino escogieron, uno asumir su lado obcuro y peligroso, y el otro continuar cultivando la bondad y la fé? Eran tan parecidos que podrían pasar por hermanos, con certeza provenían de poblaciones de la periferia, pobres y abandonadas, asoladas por cuadrillas y violencia, y no se hacían ilusiones respecto a sus futuros; y a pesar de esto, uno de ellos había conseguido, de alguna forma, mantener los valores, la fé, em comportamiento cierto para poder convivir en paz con el resto del mundo. La esperanza y unas gotas de inocencia y optimismo todavía brillaban en su mirada, se adivinaban en sus gestos. Ya en el otro muchacho pude observar un abismo, un túnel sin salida, una puente que había sido quemada; algo sin vuelta, sin futuro. Ni en sí mismo ele creia, a pesar de su pose y sus baladronadas, que daban la impresión de que era el dueño del mundo y podía hacer lo que quisiese en él y con las personas que vivían allí.
Llegué a mi trabajo todavía pensativa, preocupada, y me senté en mi oficina en silencio, meditando, reevaluando aquella máxima que dice que lo que vale es la primera impresión. pues aquel incidente la había derribado nuevamente. Porque no era la primera vez que comprobaba esto y, percibir que podemos, a veces, ser fácilmente engañados por una cara fea, una ropa zurrada o un lenguaje deficiente, siempre reencendía mi esperanza de que todavía tenemos salvación, de que podíamos creér los unos en los otros sin importar lo que pareciésemos a primera vista... Pena que estemos tan ligados a la imagen, al status, al poder -y este error crece cada día más- y nos séa tan difícil ver el verdadero ser humano que está delante de nosotros. No estoy excenta de este pecado y lo cometo una infinidad de veces, pero hay días en que, como en aquella mañana, la verdad surge de repente frente a mí como para recordarme de no juzgar ni condenar sin conocer, para convidarme a dar una oportunidad. No que esto va a hacer desaparecer la maldad o a las personas negativas, mas por lo menos, nuestras conciencias quedarán tranquilas si le concedemos, ni que séa por algunos minutos, otra oportunidad a aquel que Dios coloca en nuestro camino.

segunda-feira, 23 de agosto de 2010

Consecuencias

Bueno, a pesar de que estamos en la frenética recta final de nuestro espectáculo "El corazón del café", está sobrandome un tiempecito para continuar con mis actividades literarias, gracias a Dios. Bueno, pienso que también es una cuestión de organización, disciplina y perseverancia para que todo mi tiempo y mis energías no séan absorvidos por los ensayos y presentaciones, a pesar de que ellos están ocupando, por el momento, buena parte de mi semana. A partir de hoy, y hasta el estreno los días 10, 11 y 12 de septiembre, vamos a empezar a ensayar todos los días, menos los sábados, que dejamos para descansar (por favor!!!) y nos alejar de la tensión y exigencia del espectáculo y así recuperarnos y volver al trabajo renovados y muy bien dispuestos el domingo en la tarde. Si no, vamos a empezar a volvernos locos y a tener ataques nerviosos... Es que el proyecto se reveló algo tan grande y con unas expectativas futuras tan ambiciosas, que hay personas en el elenco que simplemente no se dieron cuenta todavía del peso que esto tiene. No entendieron que no se trata de uno de nuestros espectáculos de fin de año, que es presentado una sola vez -dos cuando mucho- para los padres, madres, tíos, pololos, amigos, perros y papagayos y que es olvidado al día siguiente. Este espectáculo está programado para ser presentado muchas veces y para un público exigente, sin vínculos familiares, compuesto por turistas, empresarios, periodistas, etc., que están pagando 30 reales por una entrada y que, por lo tanto, esperan ver algo profesional... No estoy preocupada con mi grupo, que está dando un show en cada ensayo, pero no puedo negar que estoy nerviosa, ansiosa, llena de expectativas por el resultado, que puede ser algo realmente sensacional. La presión es enorme, sobre todo ahora, pero estoy convencida de que conseguiremos tener éxito completo.
La cosa ahora es que yo me organice bien con mis comidas y horarios, porque el reloj vá a parar de existir de aqui a poco, entonces no puedo dejar que mi glicemia dispare por cuenta de este caos. El espactáculo comenzará a las 21h, y como dura dos horas, incluyendo el intervalo, al final vamos a salir realmente tarde del teatro, porque con certeza vamos a tener que atender a las personas que van a querer hablar con nosotros después de la presentación... Bueno, vá a ser duro y vamos a tener que prepararnos física y emocionalmente, pero estoy cierta de que vamos a conseguirlo.
E sin más demoras, aquí vá la crónica de la semana pasada:


Escucho la canción: "Viento que dá en la vela, vela que lleva el barco, barco que lleva gente, gente que lleva pescado, pescado que dá dinero...", y pienso: todo empieza con el viento. El es la acción primera que desencadena toda una historia hecha de consecuencias. Si no fuera por su acción, nada de lo que sigue sucedería... Y no puedo evitar empezar a reflexionar sobre las acciones que realizamos y sus consecuencias inmediatas o futuras. Será que tenemos realmente conciencia de ellas en el momento en que actuamos, hablamos, pensamos, interferimos, cambiamos alguna cosa o a alguien? Nosotros no somos como el viento, que no sabe de dónde viene, que sopla y se aleja, dejando atrás de sí el alimento para el hombre. Viento insensible, que interfiere y actúa sin que nadie se lo pida y continúa su camino indiferente, sin mirar hacia atrás, sin que le séa cobrada ninguna responsabilidad. A final de cuentas, por qué mirar si no hizo otra cosa sino actuar según su naturaleza? El está aquí para soplar y el hombre que le saque el provecho que quiera a su acción... El hombre no hace viento, sólo aprovecha su presencia. Por otro lado, el viento no fabrica barcos ni echa las redes. Cada un hace su parte y de esto surgen resultados, acontecimientos, una nueva expresión que es resumen de la acción del viento y del hombre. Pero será que esto se aplica a nuestro comportamiento?... Existe una acción determinada para cada momento y nosotros tenemos conciencia de ello; la pregunta es si, a pesar de esta conciencia, sabemos actuar correctamente en cada situación, porque a nosotros sí nos será cobrada la responsabilidad, la sensibilidad, el objetivo, el resultado, ya que no estamos aqui simplemente para existir, como el viento. Nuestro propósito es mucho mayor, más complejo, y envuelve a toda la raza humana y su caminada. Cuántas historias, hechas de las consecuencias de nuestras acciones, desencadenamos a lo largo de nuestras vidas? Será que conseguimos, por lo menos por algunos instantes, percibir estos "efectos colaterales"? Será que conseguimos preever los resultados no inmediatos de nuestras acciones? Y cambiaríamos alguna cosa si fuéramos capaces de hacerlo?... Entonces, qué es lo que realmente importa?: predecir las consecuencias o actuar solamente en el presente de la mejor manera posible? Nuestro movimiento debe formar parte del movimiento de la creación, estar en armonía con él, porque así seguirá la lógica de sus leyes y cualquier consecuencia será igualmente lógica, tanto si es positiva como negativa.
Cada momento, cada encuentro u opción tienen su propio y único afán, aquel y no otro, y si luchamos contra él y lo deformamos, desviaremos el camino cierto de la historia... Feliz o infelizmente, no fué dado este poder, mismo que no nos demos cuenta y por eso atrasemos innumerables veces nuestra propia evolución. Solamente la sabedoría puede mostrarnos cuál es la acción cierta para cada acontecimiento, aquella que hará moverse y avanzar a la rueda de la historia.

sábado, 14 de agosto de 2010

El monstruo dentro de nosotros

Bueno, por el momento, las cosas están volviendo a la tranquilidad usual, eso claro, descontando las travesuras que mis dos nuevas huéspedes cometen de vez en cuando y que me mantienen en constante estado de alerta... Saben, cuando la casa esta DEMASIADO silenciosa? Bueno, normalmente, eso significa que tengo que largar inmediatamente lo que estoy haciendo y recorrer la casa y el pátio para cerciorarme de que ninguna de ellas está comiendose mis orquídeas, colgandose de la colcha que está secando al sol, devorandose la punta de mi bota o jugando de jala-jala con mis medias de lana.... Es bien agotador, pero esas dos son tan adorables que normalmente mi enojo no dura mucho... El problema es que ellas ya se dieron cuenta de esto.
Y aprovechando este repentino mar de calma (las dos están tendidas en su alfombrita, bien atrás de mí, desmayadas después de tanto correr y saltar) voy a aprovechar para postear la crónica de esta semana. Tengo que aprovechar estos momentos para poner al día mis escritos porque cuando se despierten, mi tranquilidad va a desaparecer, con certeza... Entonces, aquí va:


Amar, ser verdadero, tener compasión, perdonar, actuar sabiamente, creér... Si lo pensamos bien, estas actitudes son completamente escandalosas, pues van contra casi todo lo que es practicado en esta sociedad moderna y, al mismo tiempo, se vuelven una paradoja porque siempre nos piden que seamos amorosos, honestos, compasivos, que perdonemos y actuemos con sabiduría, que tengamos una fé tan firme y fuerte como una roca. Entonces por qué, a pesar de todos los sermones y apelos, continuamos incapaces de demostrar estos sentimientos, de volverlos parte indispensable para nuestro bien vivir, de acogerlos, de expandirlos?... Pero ahí yo paro y me pregunto: mas será que tenemos al menos una noción elemental de qué es lo que seríam estas cualidades? Será que sabemos realmente cómo traerlas a la superficie, cómo hacerlas funcionar para que las cosas empiecen a cambiar dentro y fuera de nosotros? Será que conocemos los medios, las acciones, los pensamientos y sentimientos que nos llevarían a la práctica efectiva y constante de todas ellas?... Amor, verdad, compasión, perdón, fé, sabiduría, todo esto tiene que ver con existir, con ser y estar. Tiene que ver con la realidad, con nuestra rutina diaria, con lo que nos rodea, con lo que vemos y escuchamos, con las personas que encontramos, los pensamientos y sentimientos que tenemos, con las acciones que realizamos. Entonces, no basta sólo saber que debemos practicar estas cualidades, sino que tenemos que tener consciencia de que ellas se aplican a situaciones y personas reales, que son un ejercicio diario, que forman parte de nuestra escencia, a pesar de parecer que no tienen espacio en la sociedad actual. Mismo pudiendo escandalizar a muchos que prefieren el poder y la fortuna, la ambición y la brevedad de amores fugaces y llenos de condiciones, la realidad continúa siendo que la bondad, la verdad, el perdón, la fé, la compasión y la sabiduría (o por lo menos la búsqueda de ella) son los cimientos sobre los cuales podemos construir una humanidad verdadera, transformadora, justa y duradera, ya que este legado pasado de generación para generación, será capaz de, finalmente, detener la violencia y el egoísmo que nos asolan hace tanto tiempo.
Comprender la vida y sus dones nos lleva automáticamente a deseár y expandir el bien, la unión, la solidariedad, a buscar y compartir la felicidad y la paz, a luchar por un equilibrio, por la comunicación e interacción con todo lo que nos rodea. Así, poco a poco, nos volveremos sabios, y esto nos llevará a actuar con amor y honestidad, a perdonar, a fortalecer nuestra fé, a tener compasión y a querer no sólo nuestra propia felicidad, sino la de todos. Ahora, para que esto suceda, es imprescindible romper con todas las ilusiones que el miedo, la ambición y la ignorancia que nuestra cultura venera nos imponen, volviendonos esclavos de apariencias y reglas tiránicas que nos prometen amor y un lugar al sol. Pero, sobre todo, tenemos que parar de creér que dentro de nosotros habita algún tipo de monstruo que nunca vamos a conseguir dominar y que siempre nos llevará a actuar de forma errada, tenemos que dejar de creér que no existe perdón ni consuelo para nosotros, que no merecemos ser felices, que somos unos pecadores empedernidos, que vivimos una existencia demasiado breve como para desperdiciarla preocupandonos con asuntos espirituales. Tenemos que parar de creér que nuestra escencia está hecha de materia y que cuando ésta desaparece nada más resta. Tenemos que dejar de pensar que el bien es inútil, que el mal es demasiado poderoso y que somos demasiado pequeños e insignificantes como para que cualquier cosa que realicemos en pro del amor haga alguma diferencia. Tenemos que parar de pensar en nosotros mismos como en criaturas débiles y sin opciones, sin fuerzas para luchar y transformar lo que es necesario. Tenemos que derribar el mito de nuestra inutilidad, de nuestra incapacidad, de nuestra transitoriedad y superficialidad, de nuestra impotencia delante de un destino cruel y caprichoso, de nuestra falta de identidad y unidad, pues en cuanto vivamos según sus reglas, será realmente un escándalo amar, tener fé, perdonar, tener compasión, ser verdadero y actuar sabiamente, seremos marginalizados y viviremos como marionetas sin voluntad ni sentimientos propios, presos y manipulados por las cuerdas de una mayoría ignorante y ambiciosa...
Seamos un escándalo entonces! Quiebremos reglas, derribemos mitos, abramos puertas y ventanas, recorramos otros caminos, lancémonos al abismo de la verdad, de la libertad, y llevemos a otros con nosotros, sin miedo, porque de este abismo aparente -porque es aparente- saldremos fuertes y sabios, y seremos capaces de transformar los erroes pasados y actuales en futuro para todos.