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domingo, 21 de dezembro de 2014

"Esos millones de rostros"

    Y cuando habíamos guardado los abrigos y las medias, he aquí que la primavera nos sorprende con dos días de frío y lluvia cuando, en verdad, el sol debería estar brillando. ¡Hoy es el primer día del verano!... Bueno, pero hoy le estoy perdonando todo a todos porque mañana es el mejor día de este año: mi hijo llega de Brasil para pasar las fiestas -y algunos días más- con nosotros... ¡Cómo lo he echado de menos! ¡No me estoy aguantando en mi pellejo de tanta felicidad! El cuarto está listo, no falta nada en el departamento, ¡tengo hasta el menú de bien venida! (una buena y reconfortante sopita de mamá después de todo un día de viaje)... Ni sé cómo voy a conseguir dormir hoy y aguantar la espera hasta que nos vayamos al aeropuerto. ¡Ni qué decir del momento en que lo vea aparecer por la salida de pasajeros!... Sólo de escribir sobre ello ya me emociona y se me llenan los ojos de lágrimas, pero supongo que las mamás somos así mismo... Quiero sentir su abrazo, escuchar su voz, sentir su perfume, verlo andando por el departamento, comiendo, riendo... Decididamente, esta va a ser una de las mejores navidades de mi vida.
    Y para no volverme loca esperando, aquí va la crónica de la semana.

    ¿A quién mirar en una ciudad donde hay tantos rostros? ¿En quién fijarse en medio de ese océano de ojos, bocas, narices, cuerpos, expresiones? Porque difícilmente te toparás dos veces con una misma persona, a no ser que tengas algún recorrido y horario específicos que hagas todos los días, durante el cual pases por los mismos lugares, como yo cuando voy a trotar a la Plaza de la Constitución (¡si, yo me doy el lujo de hacer ejercicio frente al palacio de La Moneda!)... Pero mismo entre tantas caras que ya identifico como "amigas" y a las cuales saludo, siempre están surgiendo nuevas. Es un desfile sin fin... Yo me cruzo con ellas y me pregunto, abismada: "¿Pero cuánta gente vive aquí?", y luego: "¿Cuántas personas están sólo de pasaje? ¿Cuantas han venido solamente esta vez?"... Cuando nos cambiamos al departamento nuevo hubo centenas de nuevos rostros, pero no fue sólo eso. En verdad, fue como entrar en un nuevo mundo: personas, edificios, tiendas, iglesias, calles, locomoción, mercados, y fue entonces cuando me di cuenta de que esta ciudad alberga miles de pequeños, complejos y completos universos dentro del cosmos que es, y que nosotros formamos parte solamente de uno de ellos. Y ahí me pregunté: ¿Será que este tamaño, esta división provocada por él, es lo que nos aleja, nos separa, nos hace desconfiados, nos rotula? ¿Es este el gran problema de las grandes metrópolis? ¿Si fueran más chicas habría menos violencia, más cultura, menos prejuicio, más unidad, más igualdad?... Pero las ciudades tienen hambre de espacio, de poder, de lucro, y se olvidan de esos millones de rostros que se desplazan por sus entrañas. Ellas no tienen ninguno y, al mismo tiempo, los tienen todos, por eso es tan difícil definirlas, porque cada universo, debido a la inmensidad de ese todo, sólo ve su parte, entonces no consigue identificarse ni sentirse como una unidad con los demás.
    ¿Entonces, hay que disminuir el tamaño de las ciudades? ¿O será que necesitamos aumentar el tamaño de nuestros corazones?

segunda-feira, 20 de dezembro de 2010

Pies y zapatos

Este negocio de fin de año es realmente bien legal, porque acontecen tantas conmemoraciones, confraternizaciones, almuerzos de funcionarios,  fiestas de amigo secreto y despedida de año, que mal se trabaja; así que podemos escoger el horario que más nos convenga para venir a la oficina para no hacer nada. Así estoy yo -y es por eso que estoy teniendo tiempo  de postear esta crónica en día- porque como ahora estoy teniendo como única preocupación y trabajo real las presentaciones de nuestra pequeña pieza de navidad en la plaza, el resto del tiempo me lo paso en la sala haciendo palabras cruzadas, escuchando música -y danzando un poquito, porque nadie es de fierro- o meditando tendida en los colchonetes, o entonces salgo para dar una vuelta y ver las vitrinas o me siento por ahí para conversar sobre cualquier cosa con alguien. Lo que pasa es que todas las otras áreas terminaron sus actividades en noviembre -en parte por causa de aquel rollo político-burocrático con los profesores- entnces yo soy la única que sobró y que tiene algo concreto para hacer hasta el dia 23, cuando finalmente saldré de vacaciones, lo que singifica que tengo que venir aquí sólo para eso, porque mis aulas también terminaron. Sólo nos falta la confraternización con los alumnos, que será el dia 21 en la tarde; después sólo nos encontraremos nuevamente el año que viene y vamos a ver quién  vuelve, porque todos juran que van a continuar con el curso, pero ahí acaban apareciendo emplegos, cursos, viajes o universidades y todos nuestros planes se van al diablo... Por eso -ya aprendí- prefiero no anticiparme y esperar para ver quién va a estar realmente aqui el año que viene... El miércoles y el jueves son mis dos últimos días y pretendo ir a trabajar en la mañana, pues así tendré las tardes libres para descansar, escribir, meditar y disfrutar de unos masajes que están siendo sensacionales para aliviar un poco mis dolores.
Y como estoy con todo este tiempo extra, quiero aprovechar para postear las crónicas en día, actualizar mi diario y ver si termino de una vez la publicación de "SIlvestre", del cual ya publiqué otro pedazo y espero añadir otro hoy o mañana. Pasen por ahí para ver... Es divertido, el otro día me dí cuenta de que yo hablo de esta historia y del blog donde la estoy publicando y todas las veces se me olvida poner la dirección, pero como ni todos los que visitan este blog son lectores asíduos de él, entonces pueden quedarse totalmente colgados al respecto. Entonces, aquí vá la dirección para os lectores de primer viaje: pazaldunate-historias.blogspot.com... Ahora sí, no?
Entonces, vamos a la crónica de esta semana.


    Caminando por la calle cruzo con una infinidad de personas de todos los tipos, edades y clases sociales, unas bien presentadas, empinados en sus ternos o vestidos de marca, superiores dentro de sus coches último modelo, ágiles, bien peinados y con anteojos obscuros que esconden sus miradas. Otras son humildes, opacas, de andar macilento y cabezas bajas, ropas zurradas y carteras anticuadas, colas de caballo, moños mal hechos, facciones cansadas, apagadas, cargando un peso invisible que parece siempre superior a sus menguadas fuerzas de trabajadores mal pagados. Algunas son joviales, deportivas, despreocupadas, se visten con colores alegres y caminan con firmeza en dirección a algún objetivo perfectamente definido. Cuando cruzan con nosotros nos miran directamente, sin recelo, con ojos brillantes y llenos de confianza,  como que proclamando su suerte, su salud, su amor, su futuro. No tienen la intención de despertar nuestra envidia ni nuestra admiración, sino  simplemente de mostrarse, de volverse reales en este mundo tan feroz y calculista, decir que están haciendo su parte y que confían en el futuro que les aguarda.... Ropas, cabellos, carteras y accesórios, coches y casas muestran quiénes son cada uno estos personajes; el tono de voz, la mirada, la manera de andar, gestos y escenarios, todo esto son pistas, vitrinas de sus personalidades, de sus ansias, de sus procesos.  Sin embargo, créo que hay algo que demuestra, mejor que cualquier otra cosa, quiénes somos: nuestros pies y nuestros zapatos.
    Ya pasé por la calle y ví, zurrado, deformado y despegada la zuela, un solitario zapato abandonado en la cuneta. Chueco, sin cordones, la zuela carcomida, ya sin color, castigado por el sol y por la lluvia, despreciado después de haber dado su último paso en el pie de alguien que ya vivió mucha cosa con él. El compañero fiel y sin resentimientos de alegrías y desgracias, de fiestas, estudios, paséos, de cumpleaños y velorios, de años de trabajo ahora yacía allí, olvidado, como si nunca hubiera hecho parte de la vida de alguien, sufriendo el injusto castigo por haberse gastado y perdido la forma y el color, por haber salido de moda,  porque el dueño consiguió juntar plata -o recibió un aumento- y fué a comprar otro par más moderno, más bonito, más de acuerdo con con los cambios en su vida... Pero ni siquiera su otro par estaba alí para consolarlo o acompañarlo! Cuál sería su destino final?... La lata de basura? El terreno baldío? La bolsa de plástico? La alcantarilla?... O entonces, si tuviera suerte, los piés de alguien más necesitado que su dueño anterior, que pensaría que todavía daba para usarlo, le metería unas hojas de periódico en la zuela y saldría andando por ahí, igual al rey de Pérsia. Sería como la sobrevida de un enfermo terminal: un día más es lucro.
    A partir de ese día, no consigo más pasar por alguien sin darle una mirada ni que séa de soslayo a sus zapatos. Y cuánta cosa podemos descubrir en esta simple espiada!... Una mujer vestida con una falda llamativa y un escote todavía más, maquillaje pesada, aros y pulseras en profusión, preparada para un encuentro dudoso, sin embargo con zapatos viejos y medio deformados, uñas de los pies con el esmalte saltado, la sospecha de un juanete despuntando, los talones resecos y agrietados... El hombre de pantalones gastados y manchados, camiseta agujereada y gorra de algún partido político cubriendole los cabellos ralos y sucios,  botinas sin medias, chuecas para dentro, salpicadas de tinta de todos los colores, las puntas despegadas, el taco gastado por la forma arrastrada de andar, tal vez fruto de un cansancio sin fin... Los jóvenes que pasan por la vereda y se sientan en los bancos de la plaza haciendo aquel escándalo para perturbar de propósito a los transeúntes con sus bromas y carcajadas estrepitosas; ropas de la última tendencia y peinados exóticos, piercings y tatuajes, su vocabulário ininteligible, sus mil anillos, pulseras y collares, exhibiendo sus zapatillas de arcoiris, o entonces los tacos altísimos o las plataformas exageradas, las sandalias con brillos,  aquella confusión competitiva e insolente de modelos y colores, de autoafirmación, de identidad tribal, de unicidad; los símbolos en la piel espiando por detrás de las medias y entre as camisetas. Pies desafiantes, ni siempre muy limpios, fuertes y agresivos, de pasos firmes y decididos, bien plantados en el suelo que ellos revindican como suyo... La monja discreta y de expresión siempre afable, con su velo y su hábito oliendo a jabón, a lavanda, a cosa santa y transparente, impecablemente limpio y planchado, de medias y sandalias o mocasines pesados, anticuados -de esos que encontramos en las liquidaciones o en las sobras de mercadorías de tiendas baratas- que la dejan aún más simple y sin gracia, pero que son la prueba de su humildad, el testimonio de su ausencia de vanidad, de su obediencia y de su desinterés en las cosas del mundo... La vendedora, que defiende la salud de sus pobres pies siempre en movimiento con zapatillas y sandalias  suaves y sin taco o con mocasines baratos pero confortables, y sandalias de plástico coloreado, y que tiene que ser amable y mantener su sonrisa acogedora y su paciencia a pesar del dolor y de las ganas de ir a esconderse a un rincón, arrancarse los zapatos y zambullir los piés lastimados e hinchados en un lavatorio de água tibia con vinagre. Ahí sí que su sonrisa sería sincera!... El viejo, con sus piés  sufridos y lentos metidos dentro de alpargatas o zapatillas llenas de protuberancias y agujeros que denuncian sus deformaciones, dedos encaballados, uñas carcomidas por la micosis, callos, juanetes, manchas y venas azuladas y sobresalientes. Y la expresión triste y dolorosa nen su faz arrugada es es el reflejo fiel de lo que sus zapatos cuentan.
    Así como dicen que nuestro cuerpo está estampado en la planta de nuestos pies, así también lo que somos, lo que queremos, la verdad que derriba todas nuestras mentiras sociales está en nuestros zapatos. Ellos denuncian sin piedad nuestra historia, el estado de nuestro espíritu, la vida que llevamos, los sueños que tenemos. El taco alto de cuero legítimo y aplicaciones de metal puede estar debajo de un corazón cansado que se asoma por los ojos perfectamente maquillados; y un condorito simple, barato y confortable puede ser la base de un corazón feliz y realizado en su modestia, que se revela en la voz alegre y la sonrisa brillante. Nuestras máscaras no llegan hasta nuestros pies, pues en general no les concedemos casi ninguna importancia. "Ellos solamente nos llevan de aquí para allá!", solemos decir, sin embrago, una mirada más atenta hará que comencemos a comprender el lenguaje de los pies que, aparentemente protegidos -o escondidos- por los zapatos, nada muestram sobre nosotros mismos. Pero a veces está en ellos el secreto que no le contamos a nadie, el dolor que no revelamos, la felicidade que nos gustaría compartir, el resentimiento que cargamos y la esperanza que nos sostiene junto con esos dos cómplices de los cuales mal nos acordamos cada día.

terça-feira, 22 de junho de 2010

La última conquista

Bueno, esta vez el atraso no fué debido a algún ensayo o reunión, visitas inesperadas o un drama familiar, sino por culpa de la selección brasilera de football, que inventó de jugar justo el domingo a las 3 y media, cuando tenemos nuestro ensayo general semanal del musical, entonces tuve que cambiar toda mi agenda para el sábado, día en que había planeado postear todas las crónicas y la segunda parte del cuento, aprovechando que mi hija estaba de turno en la tevé. Más encima, habíamos marcado un encuentro con un grupo de alumnos de una ciudad vecina para que vinieran a ver nuestro ensayo y después tuviéramos una conversa sobre teatro, ensayos, montaje, aulas y todo eso... Imagínense en qué estado llegué a mi casa a las siete de la tarde!... Absolutamente acabada! Sin inspiración ni para postear un punto, claro!... Como pueden ver, la edad empieza a pesarnos en esas ocasiones... Fuera eso, me quedé bastante preocupada con un incidente que ocurrió durante esta conversación con los alumnos (y que espero que nadie haya notado) y encontrar una manera de resolverlo pacífica e sabiamente me dejó bien ocupada el resto del fin de semana. Pero créo que ya sé cómo hacerlo sin que nadie salga ofendido o lastimado. Es algo que habría preferido que se resolviera por sí solo, pero en vista de lo que sucedió voy a tener que interferir antes de que la cosa empeore y yo acabe perdiendo alguno de los integrantes del grupo... Como pueden ver, ser directora no es solamente tener buenas idéas, escribir textos, montar piezas y dar órdenes. Infelizmente, con el pasar del tiempo y la convivencia, uno acaba volviendose una mezcla de madre, esposa, consejera sentimental y espiritual, ejemplo, fan y un montón de cosas más que tenemos que aprender a administrar para que el trabajo se mantenga en un nivel profesional y no vire una terapia de grupo, que es la última cosa que quiero o necesito. En general, no me gusta mucho interferir, pero en este caso, si no les doy un buen tirón de orejas a los protagonistas del incidente pueden terminar agarrandose feo y hasta largar el grupo, y son demasiado buenos como para que yo permita que esto suceda, entonces...
Bueno, y aqui vá la crónica de esta semana, y en seguida la segunda parte del cuento. (recuerden, la dirección es: pazaldunate-historias.blogspot.com) Y si les gusta, pueden soplar sus cornetas y gritar: "Goooool!"
Créo que amar incondicionalmente séa la última conquista, el acto más completo, complejo y difícil, el más radical que podemos practicar, después del cual, nada más resta hacer. Por eso es el último y es por eso que nos redime, pues devuelve todo al equilibrio, a la evolución, a la perfección. Nos salva não porque dejamos de ser imperfectos al amar, sino porque nos torna capaces de luchar contra estas imperfecciones, volviendonos así compasivos y pacientes con los otros, porque tenemos perfecta conciencia de lo que es sufrir por causa de nuestras flaquezas. Amar nos vuelve sabios porque conseguimos colocarnos en el lugar del otro para entender y solidarizar con lo que le sucede, para ayudarlo a encontrar respuestas y salidas baseandonos en nuestra propia experiencia. Como decía Teresita de Lisieux, nuestros pecados son tan útiles cuanto nuestras virtudes y Dios se aprovecha de ellos para enseñarnos, igual a un padre amoroso que acepta el libre arbitrio de su hijo para decidir, mismo que él sepa que se vá a lastimar...
Amar es, entonces, el último acto porque nos liberta y cuando se pierde todo y nada más se deséa a no ser lo que la vida nos ofrece, estamos libres para amar incondicionalmente, por eso no esperamos nada a cambio, ni siquiera ser amados.
Pensando bien, amar es realmente una locura, porque lo hacemos sin condiciones, sin expectativas o preconceptos, no hay excepciones, reglas ni obstáculos. Es como lanzarse a un abismo, como abrir una puerta y entrar en un universo desconocido de ojos vendados, pero como el amor es nuestra porción divina y no podemos escapar de él (porque todo el mundo ama en algún momento, con más o menos ímpetu y fidelidad) pues sería negar nuestra naturaleza (así como negar nuestra porción negativa también lo sería) lo mejor es entregarse y hacer el viaje hasta el fin, sin pensar adónde vá a llevarnos ni cuáles serán sus frutos. Hay que amar, y punto.
Si nuestro cuerpo ya es un milagro, si nuestro corazón posée la semilla del amor que le otorga el poder de transformar y ser transformado, entonces nuestra alma es más que esto, pues no es una manifestación de Dios, sino el propio Dios dentro de nosotros y, siendo El la perfección del amor, este don se vuelve inherente al propio hecho de ser humanos.

sábado, 17 de abril de 2010

La cajita

Bueno, hoy día hasta que no voy a tener mucho trabajo porque voy a postear la crónica que salió publicada -finalmente, después de un laaargo ayuno!- esta semana en el diario. Fuera eso, acabé de arrancarme la punta del dedo índice cuando cortaba la ensalada para hoy en la noche, entonces estoy medio estropeada para escribir... Menos mal que no tuve ninguna hemorragia -ustedes saben cómo sangran las puntas de los dedos- que tiñiera el lavaplatos, la cocina, el suelo o los otros muebles dramáticamente de rojo -una cosa curiosa es que todas las veces en que me hiero, no sangro casi nada, no sé si porque levando inmediatamete el miembro herido (consejo de mi madre) o si porque, sin saberlo, tengo algo de vampiro...- Pero que la porquería duele... ay, cómo duele!... Es medio raro digitar con el dedo del medio, pero qué le vamos a hacer, son los gajes del oficio porque, fuera ser escritora, también soy dueña de casa, entonces como todas ellas, estoy siempre expuesta a este tipo de accidente idiota como cortarse los dedos, rallarse los nudillos, agarrarse una bruta tortícolis haciendo las camas, pescarse una gripe lavando la terraza, recoger toda la basura que cayó cuando el saco se rasgó justo en el momento en que iba a ponerlo en el depósito, dejar caer los anteojos dentro del horno cuando le daba una miradita al pollo que estaba asando, quemarse con aceite hirviendo al freír nuggets, pisar en la caca del perro mientras riega las plantas, ser picada por un enjambre de insectos asesinos o acabar toda arañada por querer dar una de jardinera y salir podando los arbustos del jardín o casi morir electrocutada al poner el cable de la máquina de lavar en el enchufe con las manos mojadas... A final de cuentas, no hay de qué avergonzarse porque, quién ya no tuvo uno de estos pequeños accidentes domésticos en su vida? Entonces, no es que yo séa una retardada, son cosas del destino, simplemente...
Por otro lado -y esta puede ser la verdadera causa para que yo ande tan distraída y desastrada- las cosas de mi famoso musical están yendo de viento en popa. Ya grabamos todas las músicas y pusimos las voces -hasta yo me metí en el estudio y me puse los fonos para cantar! Imagínense, después de casi 30 años sin grabar!- y mañana es el primer ensayo con todo el mundo: bailarines, coro, actores y figurantes, entonces, imagínense mi expectativa! Parece que finalmente las cosas están empezando a tomar forma y estoy cada vez más convencida de que el rersultado vá a ser muy bueno y de que vamos a divertirnos un montón... Es así que me gusta trabajar y producir (a pesar del dedo sin punta). La semana que viene les cuento cómo fué el ensayo. Quiero decir: si tengo que suicidarme o puedo salir celebrando. Por el momento, aquí vá la de esta semana. Espero que les guste. Estaba pensando postear un cuento también, pero no sé si voy a tener tiempo...

Fué uno de esos cumpleaños que lo pescan a uno con la billetera completamente vacía, entonces no se espera mucha cosa fuera de los buenos deséos, besos y abrazos; pero como madre es madre y le saca leche a una piedra, la mía desenterró no sé de dónde esta cajita de bronce con una aplicación de porcelana coloreada en la tapa y vino a entregármela bien temprano, con la ceremonia que se hace para ponerle alguna ofrenda a los dioses. Parecía que aquella cajita contenía todos los secretos del universo!... Ella me la dió, diciendo: "Guarde en ella solamente las cosas más importantes", y sonrió, enigmática, dandome un beso y un abrazo especialmente caluroso y largo. Después, volvió a su desayuno, llamó el taxi y salió atrasada para el trabajo, como casi todos los días... Yo me quedé con la tal cajita en las manos, intrigada por las palabras de mi madre, observandola de todos los ángulos y preguntandome qué cosas tan importantes debería guardar allí.
El tiempo fué pasando y yo, tal vez inconcientemente, fuí realmente colocando dentro de ella algunos objetos que adquirieron un significado todo especial por cada episodio que vivimos juntos. Y, quieren saber? Está realmente llena de pequeños tesoros que me recuerdan lo que es verdaderamente importante en esta vida... Y créo que llegó la hora de compartirlos con todos.
Dentro de esta cajita guardo una mariposa muerta para acordarme de la brevedad y de la belleza de la vida, una bolita plateada para recordar que nunca debemos dejar que el niño en nosotros séa arrancado de nuestro espíritu y olvidado en algún rincón inexpugnable de nuestro corazón, sepultado y callado por las obligaciones, conflictos y deberes de la edad adulta. Guardo también en esta cajita una alianza de plata, ya medio enverdecida, que me recuerda que todo es cíclico, que no tiene fin, que está siempre en movimiento, en transformación, y regresando a nosotros. Guardo un pedacito de una barra de incienso para no olvidarme del Paraíso y sus promesas, del perfume de mi alma que siempre quiere volar hacia el cielo, y de la misericordia infinita de Dios. Tengo alli una piedrecita brillante, pedazo de una montaña, que me recuerda la fuerza de mi espíritu y la inmutabilidad de las leyes divinas. Y por último, hay también dentro de esta cajita, algunas hojitas ya secas, que con la filigrana de su nervura me traen a la mente los medios sorprendentes y creativos que nuestro Padre usa para comunicarse con nosotros y hacernos escuchar Su voz... Ayer, agregué un pedacito de cordel con tres nudos, para nunca olvidarme de que todos estamos entreligados, que nuestras acciones tienen consecuencias y que por eso tenemos que actuar en conjunto, comunicarnos, intercambiar experiencias, crecer y aprender juntos, luchar por un mundo mejor haciendo nuestra parte alegremente, con fé y perseverancia.
Estos son mis tesoros, todos cosas simples, banales, que están a nuestro alrededor y que a primera vista no valen nada... De vez en cuando abro mi cajita y me quedo mirándolos, recordando una vez más quién soy y lo que vine a hacer aquí. A veces los saco cuidadosamente, poniéndolos en la palma de mi mano, los palpo, juego un poco con ellos y los pongo contra mi pecho para sentir todo su significado y para que éste pase a mi corazón y lo renueve, dandome nuevas fuerzas, más esperanza, claridad y determinación... Y recordando hoy la expresión en el rostro de mi madre y sus misteriosas palabras, entiendo el por qué de ese gesto tan solemne al colocarla en mis manos. Creo que ella estaría contenta si la abriese y viese lo que guardé allí dentro.

terça-feira, 23 de fevereiro de 2010

La plaza

La semana pasada casi me quedé sin postear la crónica porque tuve un weekend realmente tempestuoso... Primero, mi impresora -tan jurásica cuanto mi computador- entró e colapso definitivo y tuve que salir corriendo a comprar otra, cosa que no estaba ni de lejos incluída en mis cálculos financieros, pero como es imprescindible para mí, tuve que hacer el sacrificio y usar por primera vez mi tarjeta Visa (no la hábía usado nunca desde que la tengo!) para poder pagarla. Aí, en la tienda estaban en oferta los reclados y los mouses (yo todavía tengo uno de esos con la bolita debajo, en serio!) entonces, como había juntado algo de dinero, decidí invertirlo para pagar al contado estos accesorios, ya que mi hijo me contó que había comprado un computador para mí (no es un amor?) -no es nuevo, un XP, pero de cualquier forma es mejor y más moderno que el que tengo ahora- y que me lo traería el fin de semana. Hasta ahí, todo bien, yo estaba completamente exultante, pero cuando fuí a instalar el mouse, la impresora y el teclado nuevos en el CPU... Dónde estaban las entradas?... Eso mismo, esta cosa es tan, pero tan antigua que no tiene entradas para accesórios más modernos!... Resultado? No puedo usar ni el mouse ni la impresora ni el teclado nuevos en el computador viejo.... Bueno, todo no habría pasado de una historia divertida si no fuera porque, a final de cuentas, mi hijo acabó no trayendo del computador, lo que significa que me quedé con todo por la mitad. Quiero decir, puedo escribir, pero no puedo imprimir (y yo confío más que nada en el papel en mis manos) y continúo peleandome con la bolita del mouse porque ella insiste en no rodar e ir donde se le antoja toda vez que voy a usarla. En fin, créo que lo único que me queda es armarme de paciencia y esperar que mi hijo se digne aparecer con el computador y me lo instale para que pueda usar mis nuevos juguetes... Pero les juro que las manos están picándome de tanta ansiedad!...
Por otro lado, y para ponerle más emoción al tumulto del fin de semana, no conseguí escribir una única línea de un trabajo sobre la historia del café que tengo que entregar la próxima semana en la fundación porque no me enviaron por e-mail las informaciones que necesito, entonces ya me estoy preparando para llevar un tirón de orejas, a pesar de que no es mi culpa.
Pero mismo que lo hubiesen hecho, créo que, de todos modos, no habría conseguido escribir nada porque mi hija llegó el Sábado con un tremendo problema y tuve que darle toda mi atención y mi apoyo. Imagínense si iba a tener cabeza para producir cualquier cosa! Mi hijita (con 30 años y todo) estaba sufriendo! No podía dejara en aquella angustia para sentarme a digitar un texto sobre la maldita historia del café!... Entonces, opté por dejar que el mundo se viniera abajo y me quedé a su lado escuchandola, aconsejandola y consolandola. Y cuando volvió a su casa el Domingo en la tarde, yo estaba tan exhausta y preocupada que decidí salir a dar una vuelta para relajar, pedir fuerzas e inspiración. Ahí, ya imaginan, ni me acordé de crónica, blog, historia del café ni nada!... Sin embargo, hoy estoy mejor, confiando en los designios del buen Dios y muy contenta porque acabé de ganar una semana más de vacaciones por cuenta de unas horas extras que me aparecieron no sé de dónde; tiempo que, claro, pretendo aprovechar escribiendo. Esto incluye la crónica de esta semana. Bueno, de la semana pasada, para ser más exacta... Y sin más demoras, que esto ya está pareciendo una novela y el blog de historias es otro, aquí vá.

El viento corre por las calles y patios, entre el follaje de los árboles, entra por las ventanas y sale por las puertas y tejados, amenizando el calor recalcitrante del verano. Las hierbas crecen en el alcantarillado, agarrandose a las paredes de concreto liso y obscuro, siempre húmedo, con una fuerza y tenacidad que desafían a cualquier expectativa. Crece y se asoma por entre las rejas de fierro para mostrar su verde triunfante. Los gorriones, zorzales y tordos cantan mientras un diluvio inunda la tierra y hace a los hombres rehenes en sus propias casas... Y así sucede con todo: a pesar de cualquier cosa, de todas las dificultades y desafíos, la vida siempre encuentra una forma de manifestarse, de hablarnos, de alimentarnos y guiarnos... Extasiada delante de esta verdad, quise salir corriendo para hablar con las personas y ver si encontraba por lo menos a una que concordase con mi corazón tan magníficamente iluminado!... pero no la encontré, y entonces me sentí sola e incomprendida, ingenua, casi engañada por los milagros que acababa de presenciar. Cómo era posible que solamente mi corazón se diera cuenta de ellos? Será que realmente sucedían o se trataba tan sólo de mi imaginación exacerbada? Nadie quería oírme, nadie quería ver!... Entonces, la venganza pareció ser lo más adecuado, rápido y efectivo. Fué el primer pensamiento que me vino a la mente, fué el movimiento instintivo, casi de sobrevivencia... Porque el otro se lo merecía, ya que era incapaz de ver lo que yo veía, porque el otro tenía la culpa de mi infelicidad, porque al otro siempre le fué mejor, porque el otro era feo, ordinario, ignorante, pobre, insignificante, peligroso y así en adelante continué cavando más y más hondo en mi resentimiento y mi pesimismo, enterrando no sólo a aquellos que aparecían frente a mí, sino a mí misma también... Sin embargo, antes de llegar al fondo de este abismo, me detuve, sin saber por qué, y permanecí observando atentamente lo que había dentro de mí. Después de algunos instantes de esta expectante inmobilidad que parecía esperar algo sentí, emergiendo de entre los escombros de la plaza arruinada en que mi corazón se había convertido, um perfume, um murmullo de água corriendo, un viento de alas moviendose sobre mi cabeza humillada y decepcionada, y fuí obligada a levantarla, fuí obligada a ponerme nuevamente de pié y respirar hondo porque percibí que, de otra forma, sería tragada por aquel abismo que yo misma había cavado. Pero también me di cuenta, encantada, de que ese perfume, ese murmullo, esas alas no eran otra cosa sino los ojos de Dios que me miraban, me jalaban hacia arriba... Entonces, de repente, al sentirme delante Suyo, mi corazón dió un salto, hizo una pirueta de payaso y se sacudió, lanzando lejos todo el resentimiento y la rabia, y reflexionó, con un qué de osadía y hasta de buen humor: "Por qué no intentar la nobleza, la paciencia, el perdón, la humildad? Por qué no desear el bien del otro en vez de despreciarlo y castigarlo por las faltas que yo mismo cometo, y que son tan humanas a final de cuentas?... Sí, por qué no hacer las cosas diferentes esta vez? Por qué no?"... Y súbitamente, sin un aviso, antes de que concluyera mi última interrogación, la plaza se reconstruyó en un segundo, se llenó de colores y música, de flores y pájaros. Un pedazo de cielo intensamente azul se abrió encima de ella y un sol de oro y fuego entibió mis entrañas, devolviendoles la vida. Entonces, al contemplar este cuadro y saber que hacía parte de él, sentí que una inmensa paz tomaba cuenta de mí, porque supe que Dios me había escuchado y ya había respondido todas mis preguntas y concedido todos mis pedidos.
Lo que realmente importa, a despecho de cualquier apariencia, es lo que tenemos en el corazón, y si éste está en sombras, enfermo, solitario o resentido, todo a su alrededor también estará obscuro, frío y muerto, porque habremos dejado al amor fuera de él.

sexta-feira, 13 de novembro de 2009

El corazón de los hombres

Bueno, a no ser por algunas mañanas brevemente frescas y nubladas, por aquí continuamos cocinando sin piedad, mismo bajo guardasoles, con los ventiladores y el aire condicionado prendidos, muchos duchazos, litros de água, jugo, té helado y refrigerante, toneladas de helado y ropas leves y casi escandalosas... Estoy realmente preocupada con lo que va a ser de nosotros cuando llegue el verano. Créo que me vá a dar miedo salir a la calle y transformarme en una mancha en el asfalto hirviente, incapaz de resistir el calor calcinante de los rayos solares... A no ser, claro, que ocurra algún tipo de desarreglo climático (otro!) y el verano se convierta en un otoño o un seudo-invierno de temperaturas más agradables. Eso sería extraño, pero también un punto favorable en este apocalipsis climático que estamos viviendo.
Y aprovechando antes de que las cosas se pongan más calientes aquí -porque el computador prendido emite un calor desgraciado- vou a postear la crónica de esta semana. Después puedo derretirme tranquilamente en algún rincón de la casa junto com mi perra y mis plantas...

El corazón de los hombres puede, a veces, parecer seco, endurecido y obscuro y llenarnos de desánimo y pesimismo, tentandonos a desistir de amarlo y luchar por él y su redención... Sin embargo, todas las veces que esto suceda, lo que tenemos que hacer es dar una ojeada a nuestro alrededor y percibir las infinitas manifestaciones de amor, de renacimiento, de perdón y fé que Dios coloca delante de nosotros, demostrándonos de esta forma que El mismo todavía crée y espera de nosotros una señal, una palabra, un pensamiento, la mera intención del bien. Es como si El supiera que somos capaces de esto y por ello estuviese a todo instante ofreciéndonos esta oportunidad... Yo créo que nos envía estas muestras de su fé en nosotros imaginando que, ciertamente, en algún momento de nuestras vidas, encontraremos en ellas las respuestas y el coraje para continuar creyendo en el hombre y su corazón potencialmente perfecto, a pesar de tantas pruebas en contra... Pero yo pienso: si hasta en el medio de las rocas crece musgo y de las grietas del asfalto se yerguen pequeñas flores, si el desierto de Atacama guarda en sus entrañas resecadas el milagro del florecimiento, por qué no puede ocurrir lo mismo en el corazón del hombre? No es para esto que él existe, para transformarse y florecer, para dar frutos que pueden alimentar a todos?... Observando la historia de la humanidad podemos comprobar que el corazón del hombre es la raíz de todos los milagros, de todas las mudanzas, de todas las conquistas, de toda la felicidad, mismo que a veces esté recubierto por la amargura y la codícia, por la ignorancia y el miedo, por la vanidad, por el ódio... Entonces, por qué él es un tesoro tan grande, un bien tan inestimable, un don tan precioso? Pues, simplemente, porque es en él que está plantada la semilla de Dios. Y si la raíz sobrevive, de cualquier tronco mutilado nacerán, con el tiempo, nuevos brotes, ramas y hojas que tal vez crezcan en otras direcciones, con otras formas y tamaños, pero que serán siempre más fuertes, más resistentes y bellos, pues fueron generados contra todas las expectativas. Así también, de la aparente maldad que domina el corazón de tantos, puede surgir el milagro de la transformación, de la redención, de un amor aún más fuerte y fiel porque emergido del dolor y de la obscuridad. Nuestra raíz es el amor y ella es eterna, nunca nos abandona, ni permite que la olvidemos, por más relegada que esté. Es a ella a quien tenemos que acudir cuando nos sintamos secos y exhaustos, vacíos, abandonados bajo el sol de tantas probaciones. Ella nos ayudará a producir el perenne milagro de la renovación, del recomienzo.
En la naturaleza y en la vida del hombre es la manifestación del amor divino lo que vuelve posible la existencia.