sábado, 26 de junho de 2010

Diversidad

Esta semana voy a postear la crónica que -finalmente!- salió en el diario, a pesar de no tener certeza de si ya la puse aquí. Pero anduve revisando mis archivos y no la encontré, a no ser que la haya publicado con otro título. En todo caso, como soy tan terriblemente apegada a mis rutinas y rituales, la voy a postear, como lo hago con todas las que van apareciendo en el diario, y tengo que aprovechar para hacerlo ahora en la mañana porque en la tarde marqué una aula especial (dónde tengo la cabeza? Asi voy a acabar no teniendo ni un día de descanso!) con ese grupo de alumnos de Assaí que vino la semana pasada para ver nuestro ensayo del musical. Salieron tan entusiasmados que pensé que sería una buena iniciativa darles este regalito, para animarlos e inspirarlos en el montaje que están haciendo en su ciudad. Fué un grupo simpático, disciplinado y bien participativo y espero que les guste la aula y que quieran continuar el trabajo. Me encanta el desafio de trabajar con grupos nuevos y no me importa sacrificar mi día descanso para darles la oportunidad de participar de nuestro estilo de trabajo e intercambiar experiencias con ellos porque, con certeza, no serán solamente ellos quienes van a aprender con nosotros, sino que nosotros también vamos a aprender con ellos, y mucho, y eso es lo que me fascina... A final de cuentas, días de descanso siempre hay, ya la oportunidad de encontrar personas nuevas e interesantes que pueden agregar algo positivo a nuestro trabajo o a nuestra vida no aparece todos los días. Eso, sin contar que las tres horas de aula de hoy me van a valer entradas más tardes la semana que viene en la Fundación, entonces, tiempo para relajar no vá a faltarme. Lo que importa es no desperdiciar ninguna oportunidad, porque éstas no tienen bis.


Permanezco por largos momentos observando el follaje de los árboles frente a mi ventana. El viento pasa por cada rama, por cada hoja y cada flor y cada una de ellas reacciona de manera diferente a su toque. Lo que véo es el follaje meciendose armoniosa y rítmicamente, pero si observo con más atención, consigo percibir el movimiento individual de cada hoja que, mismo siendo diferente, no quiebra la fluidez del movimiento total. La individualidad del movimiento se debe a que cada elemento está en una posición distinta con respecto a la corriente de aire, entonces, mismo que el viento séa uno solo, cada hoja o flor que es tocada por él, se moverá de una forma totalmente peculiar... Entonces pienso en nosotros, seres humanos, y en cómo podemos tener mil sensaciones, impresiones o visiones diferentes sobre un mismo acontecimiento o persona, por el hecho de encontrarnos en diferentes estados de espíritu, por tener diferentes historias, edades, culturas, sexos, intenciones y expectativas. Relfexiono nuevamente sobre cómo el todo es formado por muchos y me doy cuenta de que la diversidad es la generadora de la belleza que nos rodea, pues cada movimiento individual forma parte del movimiento de la vida, que siempre busca el equilibrio, la evolución, la expansión. Cuanto mayor, más diverso y rico, con más posibilidades. Cada uno posée su propia expresión, sin embargo, todas ellas nos llevan al crecimiento, a la transformación, al conocimiento, a compartir.
Me parece un milagro encantador y asombroso cada una de esas hojitas ejecutando su danza individual para crear la imagen del follaje de un árbol en movimiento!... La materia no está hecha de un solo componente, sino de muchos,y la participación de todos ellos es lo que le dá existencia y consistencia, personalidad a esta materia. Me pregunto si con nuestro espíritu es así también. De cuántos "elementos" podería ser hecho? De todo aquello que no es tangible, que no perece, que está anclado en lo divino, en lo perfecto? Cuál es la diversidad que nos dá la personalidad, los sueños, los pensamientos?... Créo que parte del misterio de la vida está en el espíritu y en la diversidad de fuerzas humanas y divinas que lo sostienen.

terça-feira, 22 de junho de 2010

La última conquista

Bueno, esta vez el atraso no fué debido a algún ensayo o reunión, visitas inesperadas o un drama familiar, sino por culpa de la selección brasilera de football, que inventó de jugar justo el domingo a las 3 y media, cuando tenemos nuestro ensayo general semanal del musical, entonces tuve que cambiar toda mi agenda para el sábado, día en que había planeado postear todas las crónicas y la segunda parte del cuento, aprovechando que mi hija estaba de turno en la tevé. Más encima, habíamos marcado un encuentro con un grupo de alumnos de una ciudad vecina para que vinieran a ver nuestro ensayo y después tuviéramos una conversa sobre teatro, ensayos, montaje, aulas y todo eso... Imagínense en qué estado llegué a mi casa a las siete de la tarde!... Absolutamente acabada! Sin inspiración ni para postear un punto, claro!... Como pueden ver, la edad empieza a pesarnos en esas ocasiones... Fuera eso, me quedé bastante preocupada con un incidente que ocurrió durante esta conversación con los alumnos (y que espero que nadie haya notado) y encontrar una manera de resolverlo pacífica e sabiamente me dejó bien ocupada el resto del fin de semana. Pero créo que ya sé cómo hacerlo sin que nadie salga ofendido o lastimado. Es algo que habría preferido que se resolviera por sí solo, pero en vista de lo que sucedió voy a tener que interferir antes de que la cosa empeore y yo acabe perdiendo alguno de los integrantes del grupo... Como pueden ver, ser directora no es solamente tener buenas idéas, escribir textos, montar piezas y dar órdenes. Infelizmente, con el pasar del tiempo y la convivencia, uno acaba volviendose una mezcla de madre, esposa, consejera sentimental y espiritual, ejemplo, fan y un montón de cosas más que tenemos que aprender a administrar para que el trabajo se mantenga en un nivel profesional y no vire una terapia de grupo, que es la última cosa que quiero o necesito. En general, no me gusta mucho interferir, pero en este caso, si no les doy un buen tirón de orejas a los protagonistas del incidente pueden terminar agarrandose feo y hasta largar el grupo, y son demasiado buenos como para que yo permita que esto suceda, entonces...
Bueno, y aqui vá la crónica de esta semana, y en seguida la segunda parte del cuento. (recuerden, la dirección es: pazaldunate-historias.blogspot.com) Y si les gusta, pueden soplar sus cornetas y gritar: "Goooool!"
Créo que amar incondicionalmente séa la última conquista, el acto más completo, complejo y difícil, el más radical que podemos practicar, después del cual, nada más resta hacer. Por eso es el último y es por eso que nos redime, pues devuelve todo al equilibrio, a la evolución, a la perfección. Nos salva não porque dejamos de ser imperfectos al amar, sino porque nos torna capaces de luchar contra estas imperfecciones, volviendonos así compasivos y pacientes con los otros, porque tenemos perfecta conciencia de lo que es sufrir por causa de nuestras flaquezas. Amar nos vuelve sabios porque conseguimos colocarnos en el lugar del otro para entender y solidarizar con lo que le sucede, para ayudarlo a encontrar respuestas y salidas baseandonos en nuestra propia experiencia. Como decía Teresita de Lisieux, nuestros pecados son tan útiles cuanto nuestras virtudes y Dios se aprovecha de ellos para enseñarnos, igual a un padre amoroso que acepta el libre arbitrio de su hijo para decidir, mismo que él sepa que se vá a lastimar...
Amar es, entonces, el último acto porque nos liberta y cuando se pierde todo y nada más se deséa a no ser lo que la vida nos ofrece, estamos libres para amar incondicionalmente, por eso no esperamos nada a cambio, ni siquiera ser amados.
Pensando bien, amar es realmente una locura, porque lo hacemos sin condiciones, sin expectativas o preconceptos, no hay excepciones, reglas ni obstáculos. Es como lanzarse a un abismo, como abrir una puerta y entrar en un universo desconocido de ojos vendados, pero como el amor es nuestra porción divina y no podemos escapar de él (porque todo el mundo ama en algún momento, con más o menos ímpetu y fidelidad) pues sería negar nuestra naturaleza (así como negar nuestra porción negativa también lo sería) lo mejor es entregarse y hacer el viaje hasta el fin, sin pensar adónde vá a llevarnos ni cuáles serán sus frutos. Hay que amar, y punto.
Si nuestro cuerpo ya es un milagro, si nuestro corazón posée la semilla del amor que le otorga el poder de transformar y ser transformado, entonces nuestra alma es más que esto, pues no es una manifestación de Dios, sino el propio Dios dentro de nosotros y, siendo El la perfección del amor, este don se vuelve inherente al propio hecho de ser humanos.

sexta-feira, 11 de junho de 2010

Alimento

Bueno, como pueden percibir, finalmente las cosas están volviendo a la normalidad y mis horarios están un poco menos locos, entonces hoy estoy teniendo el placer de postear la crónica de esta semana, en esta semana mismo, así como posté la crónica que vá para el diario y FINALMENTE voy a tener tiempo para poder postear ese cuento que vengo prometiendoles hace casi un mes. Sólo espero que las cosas -una vez que, como estamos en la recta final, el trabajo con el musical se reducirá a ensayar y ensayar hasta caernos muertos, lo que dá trabajo, pero no tiene grandes sorpresas- continúen así, mas organizadas y con este sosiego. Hasta porque sería muy bueno para mi diabetis, que con todo este despelote de horarios anda bien perjudicada... En fin, ojalá que podamos continuar teniendo nuestros encuentros semanales sin mayores perturbaciones y que pueda trabajar en la revisión de mis cuentos para postearlos con más frecuencia, caso contrario, ustedes van a olvidarse de que el blog de historias existe!... Entonces, hoy sí que vá el cuento, ok?. La dirección es: pazaldunate-historias.blogspot.com
Dando una caminada por el parque frente a nuestro alojamiento -en el cual compartimos una sala de clases con otras dos bailarinas y sus colchones y cachivaches- y que ostenta orgullosamemnte un pequeño zoológico, durante uno de nuestros descansos entre las clases y presentaciones, paramos delante de la enorme jaula donde los pavos reales exhibían majestuosamente su belleza, mirándonos como si fuéramos sus viles y humildes siervos, o entonces, las criaturas más feas y banales de la creación. Como yo quería observarlos más de cerca, abrí mi bolsa y registré su interior en busca de galletas para atraerlos, pero infelizmente había dejado el paquete encima de la mesa de nuestro cuarto. Sabía que si les tirase algunas migajas, las aves acabarían por abandonar sus aires de realeza y superioridad y se acercarían alegremente para comer, como cualquier otro pájaro... De hecho, es esto lo que hago cuando pretendo hacerme amiga de algún animal, inclusive de los perros más agresivos y desconfiados: les ofrezco galletitas dulces, pedacitos de torta, o entonces aquellos biscochos hechos de cuero de buey (siempre llevo un paquetito en mi cartera) y en poco tiempo, acaban rindiendose a mis agrados y se dejan acariciar y hasta menéan la cola cuando me ven viniendo por la calle. Sin la comida, con certeza esos pavos reales no nos harían el menor caso -como, de hecho, estaba ocurriendo- pero si yo los tentase con alguna golosina, ciertamente vendrían hasta la reja todos derretidos... En la jaula de los monos el comportamiento no fué diferente, así como en la de la jaguatirica, el perro del mato y los otros bichos. Decepcionada por su recelo o indiferencia, miré a mi alrededor, con ganas de volver al alojamiento, y ví que los otros visitantes también usaban el truco de tirarles algún tipo de golosina para atraer su atención y hacerlos acercarse a la reja... Entonces, de repente, se me ocurrió que el alimento funciona como una especie de lenguaje universal -inclusive con los animales- pues todo el mundo entiende lo que significa el hambre. En realidad, alimentar al otro es una de las formas más primarias de establecer contacto, de relacionarse y compartir que existen. Es un tipo peculiar y bastante efectivo de aproximación y creación de intimidad, pues de alguma forma primitiva y elemental, penetramos en el otro a través de su boca, ya que se traga algo de nosotros: una intención o un deséo claramente expresado en lo que le ofrecemos. La madre amamienta a su hijo, la leona caza para la manada, les arrojamos migajas a los pájaros, huesos a los perros, sobras de nuestro propio plato a las gallinas y palomas; les ofrecemos balas a los niños, té y sopa a los ancianos, chocolates a la persona amada, vitaminas a los enfermos. De esta forma las tocamos por primera vez y establecemos el ritual de allí en adelante, definimos las reglas y fantaseamos las expectativas... Convidamos para cenar, para tomar un helado, para beber un trago o un café. Inventamos restaurantes, bares, fuentes de soda, heladerías y kioscos de empanadas y jugos donde nos reunimos para comer. Creamos la cena de navidad, el aperitivo con música en vivo, el almuerzo de conmemoración, la torta de cumpleaños, el asado de fin de semana, el rodicio de pitza, la despedida de soltero... En una palabra: incorporamos la comunión de los alimentos a nuestra rutina. Sentimos de verdad como si algo nuestro, muy precioso, descendiese por la garganta de los comensales y fuera a mezclarse con su sangre y sus huesos, transformandonos de alguna manera en hermanos, en cómplices. Comer solo casi no tiene significado, es un acto que pasa desapercibido y del cual ni nos acordamos y raramente repetimos con gusto, pues es como una autofagia que nada agrega a nuestra vida.
El alimento que vá para el estómago no es el mismo que vá para el espíritu, no obstante a veces lo sacie de alguna forma inexplicable, porque hay personas que piensan que comer satisface las ansiedades y carencias y alivia las angustias, inseguridades y frustraciones de su espíritu. Es verdad que Jesús se hizo pan y vino, hostia para ser comida, pero esto es un acontnecimiento físico que simboliza un acto espiritual y no tiene nada que ver con un banquete de tenedor y cuchillo.
La verdad es que alimentar el cuerpo envuelve un qué de ritual, de seducción, una espécie de hechizo, es el prólogo de una intimidad mayor y ansiosamente esperada y planeada. O será que es apenas reflejo del deséo instintivo de sobrevivencia?... Qué es lo que une a aquellos que comparten un plato de comida?... Jesús multiplicó panes y peces al mismo tiempo en que hablaba de las bienaventuranzas y operaba milagros, conciente de que no solamente el espíritu del pueblo precisaba ser alimentado, sino también el cuerpo. Ambos saciados, la ecuación para la conversión y la fé estaba completa. Ahora, uno no puede tomar el lugar del otro, a pesar de que es común ver esto suceder y de tener el ejemplo de santos y místicos que se olvidaban del alimento físico para vivir y morir sólo de palabras y oraciones. Pero esto es un error, pues somos carne y espíritu y ambos son sagrados y tienen que ser mantenidos con igual amor y eficiencia para que el todo funcione y crezca rumbo a la perfección.

sexta-feira, 4 de junho de 2010

Nuestro enemigo

Últimamente ando tan acelerada que confundo fechas, días, textos y personas, entonces, en realidad, no tengo certeza de si ya posté esta crónica. Si fué así, van a tener que disculparme; es que pasar dos días -y faltan dos más todavía!- montando coreografías con un bando de actores extremadamente entusiasmados deja a cualquiera medio mareado... Pero está valiendo la pena, porque a pesar de ser simples, las coreografías se ven muy bien en el escenário y todos están realmente esforzandose para danzar lo mejor posible... Sobre todo porque tal vez este domingo aparezcan por allá mis dos jefes, para conferir nuestro ensayo. Sé que están royendose los codos de curiosidad, entonces será bueno tenerles algo bien hecho para que se queden sosegados. Todavía falta la última coreografía para montar y tengo que arreglar una que ya está hecha porque las bailarinas (todas clásicas hasta la médula) no están consiguiendo dar cuenta de ejecutar un hip hop básico... La coreógrafa probablemente vá a tener un ataque nervioso cuando le diga que vamos a tener que cambiar esa parte, pero, sinceramente, si ustedes vieran a esas chicas tratando de requebrar y se soltar para danzar un hip hop elemental, harían lo mismo! Son un completo desastre!... Más encima, ayer descubrí que uno de mis alumnos nuevos es un bailarín de hip hop de verdad, de esos que hacen acrobacias en el suelo y todo, entonces, pretendo aprovecharlo y mejorar esa performance, que está derribando el espectáculo. No me importa las caras féas que tenga que enfrentar. Lo que importa es la calidad, no es verdad?... Entonces, voy a ser la villana invitada y las voy a cortar sin siquiera pestañeár, sobre todo sabiendo que podrían tener un desempeño mucho mejor si no fueran tan frescas...
Y volviendo a la rutina (y a pesar de las coreografías) aquí vá la crónica de esta semana. Espero que no la haya posteado antes!... Bueno, si es así, pueden disfrutarla dos veces!...
Paseando por la Avenida de las Flores en Curitiba al atardecer... No sé por qué me siento una turista de nuevo, como si hubiera acabado de llegar a Brazil y estuviese entrando en un mundo desconocido y exótico, lleno de rostros, voces y gestos que me parecen absolutamente diferentes de todo lo que conocí hasta ahora... El ruido vá disminuyendo poco a poco, junto con la luz del sol. Hasta parece que están executando algún tipo de danza juntos. Los postes se encienden con perfecta sincronía, primero rojos, después anaranjados y finalmente dorados y ofuscantes. Todo empieza a tomar otro ritmo, el pulso de la ciudad cambia gradual, sutilmente, como si otra personalidad fuera surgiendo junto con las primeras estrellas. Las tiendas van cerrando, hay un qué de alivio, de deber cumplido en el aire... Me siento en uno de los bancos que hay cerca de una fuente, de la cual solamente ahora consigo escuchar el sonido, y miro a mi alrededor por un buen tiempo, absorviendo profundamente as novedades, el movimiento, los rostros y voces, los edificios antiguos, los olores. Aquí no hay palomas como en la plaza frente al teatro Guaíra, en cambio, sobran personas apresuradas y cansadas que lo único que quieren es irse a sus casas para cenar y ver la novela.
Es en este instante con aires medio irreales que aparecen las jóvenes criaturas, hasta entonces escondidas o disfrazadas en medio del universo comercial que tomaba cuenta del centro, e invaden ruidosamente el paséo exhibiendo sus cabellos, piercings, ropas fashion, jergas y gestos medio danza, medio mímica. Sentada en medio de ellos como un elemento mudo e inmóvil del paisaje, invisible para ellos, los observo, curiosa, preguntandome de dónde fué que aparecieron, pues antes de esta hora no noté su presencia... El alívio en el aire se transforma rápidamente en agitación, el escenario a mi alrededor parece entrar en otro universo, en otro tiempo, en un plano lleno de sorpresas, de nuevos lenguajes y voces, de silenciosas y voraces miradas y gestos seductores y agresivos, desafiantes. La tribu de los jóvenes lucha por llamar la atención de la ciudad cansada e indiferente, para imponer sus reglas sobre las secularmente establecidas por sus antepasados, para hacerse comprender, aceptar, para ocupar un lugar con nuevas reglas y convenciones... Pero es una batalla perdida, pues el destino de la juventud es, precisamente, este: luchar, rebelarse, transformar, desafiar, llamar la atención, promover la reflexión, sin nunca obtener una victoria aplastante. En realidad, en el instante en que lo consigan y abandonen la rebeldía, ya no serán más jóvenes y su papel como subversores e inquiridores de la sociedad habrá terminado. Este quedará para la próxima generación de jóvenes, que con idéntica fuerza e idealismo, continuará esta guerra perdida que generará -con sus inúmeras escaramuzas- los cambios necesarios para que la humanidad dé algunos pasos más en su evolución.
Sin embargo, hay todavía otra tribu que empieza a surgir al mismo tiempo, tan imperceptiblemente cuanto la primera, de rincones, esquinas, escaleras y corredores: los catadores de papel y sus enormes y esdrújulos carros de mano. Animados y habladores, hacen una fiesta en la puerta de los depósitos y tiendas, que ya les dejan el cartón, las latas y el plástico apilados junto a los postes y muros. Curiosamente, ellos no peléan ni se empujan, porque parece haber territorios de colecta claramente definidos para cada uno, y mientras trabajan doblando, cortando y amontonando los papeles, cajas, botellas, latas y cordeles, empiezo a percibir que soy la única que los observa. Para los otros transeúntes, ensimismados en sus propios problemas, parecen ser semejantes a los vampiros, cuya imagen no se refleja en los espejos y deslizan por el mundo de los vivos sin ser notados... Esta tribu, a pesar de ello, tiene una presencia bien sólida y real, posée su idiosincracia, habla su léngua, tiene su gestual, sus rituales, su manera peculiar de desafiar, de cuestionar, de pedir cambios... La calle es prácticamente tomada por ellos y mismo así la ciudad continúa indiferente a su presencia!... Sin embargo, lo que me deja realmente pasmada es que esta actitud es claramente recíproca. Parece que unos no existen para los otros. Me siento como un ojo invasor que desconoce las reglas de este juego y por eso está quebrándolas todas. Realmente, en este instante me convenzo de que soy verdaderamente una turista, pues todos parecen entender y actuar según una dinámica bien establecida. Los límites son increíblemente claros y definidos y todos parecen respetarlos de buena gana, y esto hace que no me sienta amenazada, como ya me ocurrió en otras ciudades al encontrar a estos personajes. Yo no sé por qué aquí es diferente. Estas personas forman parte activa y real de la dinámica de esta ciudad, mismo si son aparentemente ignorados, tienen su espacio y su actividad, participan, interfieren, hacen que los engranajes funcionen con su presencia tanto cuanto los demás, y así mismo, no parece que les importa ni se resienten con la indiferencia de ellos. Pero, cómo puede ser? Es alguna actitud tácita de auto defensa de ambas partes?... Realmente, funcionan como universos paralelos y, mirándolos, puedo sentir cuán real es esta situación.
Entonces, mientras permanezco sentada en el banco de madera, rodeada por estas imágenes desconcertantes y hasta perturbadoras, de repente empiezo a reflexionar sobre cuántas personas ignoramos a propósito a lo largo de nuestra vida, a pesar de toparnos con ellas todos los días. Por qué las ignoramos? Son repulsivas, tienen alguna enfermedad contagiosa, son peligrosas, sucias, ignorantes, hediondas, amenazadoras? Nos incomodan por qué? Y el hecho de que nos incomodan las vuelve nuestras enemigas?... Mas, quién es realmente nuestro inimigo? El está fuera o dentro de nosotros? Es real o imaginario?... Es solamente nuestra postura espiritual que determina bajo cuál perspectiva veremos a nuestro prójimo, entonces, qué es lo que vemos al mirarlo? La fealdad, la pobreza, la enfermedad, la mediocridad, la gordura, la vanidad, el fracaso, la ignorancia? O será que vemos a nosotros mismos y nuestros más secretos miedos, y tenemos recelo de ser infectados por estas imágenes externas, o que estos males despierten dentro de nosotros delante de estos espejos y nos asolen, transformandonos en aquellos de quienes huímos? Al final, luchamos tanto por el éxito y la aceptación! Sufrimos tan inmensamente con cada derrota y rechazo! Deseámos con tanta intensiad ser alguien, tener algo, ocupar un espacio sólo nuestro en la historia!... Pero por qué no pensar diferente y, en vez de temerles, no nos preguntamos qué es lo que nuestros enemigos necesitarían para ser felices y volverse nuestros amigos?... Con certeza descubriríamos que son las mismas cosas que nosotros necesitamos y lo sabemos perfectamente. Entonces, lo que nos impide darles una chance, unas migajas de nuestros bienes -materiales y espirituales- es solamente nuestra falta de compasión y de fé, porque simplemente no creémos que merezcan una oportunidad y que nosotros tenemos el poder de ponérselas en el camino. Pero, no "es dando que se recibe"? No es verdad? Sin embargo, nosotros, a pesar de saberlo, no creémos que séa nuestro papel y siempre tememos no recibir nada a cambio. Y nuestros bienes se pudren, trancados en un cuarto obscuro en lo más escondido de nuestros corazones.

segunda-feira, 31 de maio de 2010

Opuestos

De nuevo el lunes, pero esta vez mucho más relajada... Y por qué ese milagro?... Bueno, en primer lugar, porque hoy es feriado aquí, y en segundo, porque ayer tuvimos el primer ensayo completo de la pieza sobre la historia del café y -fuera las tres coreografías que están faltando (ya montamos las dos más importantes) y que serán relativamente fáciles- me dí cuenta de que, finalmente, está terminada!... Uf, no imaginan el alivio que sentí, porque a partir de ahora puedo dedicarme solamente a limpiar o remontar los detalles, a perfeccionar las performances de actores y bailarinos y a corregir partes del texto que todavía merecen algunas dudas. Lo grueso, que era memorizar el texto y las marcaciones, ya está listo, y bien a tiempo, porque el estreno ya fué marcado para el día 30 de Julio (viernes) y hasta las sesiones de cine serán canceladas para que tengamos todo el tiempo y el escenario a nuestra disposición para los últimos ensayos generales... Putz, sinceramente, hubo un momento en que pensé que no iba a conseguir dar cuenta de la encomienda, que me parecía una cosa demasiado grande para mis capacidades. Ganas tenía -eso siempre tengo!- pero había momentos en que las cosas parecían tan desconectadas y las personas tan sin noción del trabajo que tenía que ser hecho, que pensé que todo acabaría en un inmenso y vergonzoso fiasco... Sin embargo, poco a poco, con la mayor calma y claridad posibles, siempre pidiendo inspiración y fuerza, cada parte empezó a entrar en sus ejes y ahora todo está yendo sobre rieles. Créo que en el instante en que me dí cuenta de que si alguien -yo misma, ya que mi jefe, que había dicho que tomaría la dirección del espectáculo, estaba demasiado ocupado con los otros problemas de la fundación- no tomase las riendas del montaje con firmeza todo el proyecto se iría al hoyo, y que esta taréa estaba en mis manos, fué decisivo para que el trabajo tomara una dirección y una forma definitivas. Hasta entonces, yo estaba medio que en la retaguardia, sólo observando, sin querer interferir en el trabajo de las otras áreas envueltas (hasta porque ya había llevado una tremenda bronca de mi jefe por hacerlo) y dejando la dirección en la mano de mi jefe, pero poco a poco, él fué alejandose y dejando las cosas cada vez más conmigo, entonces, o yo despertaba y pescaba la dirección para valer o entonces no iba a llevar solamente una bronca fenomenal, mas también una patada en el trasero... Entonces él, en una actitud totalmente inesperada, me dió este voto de confianza y dejó todo el proceso de montaje de todas las áreas en mis manos... Guau, eso fué estupendo! Era lo que necesitaba -el desafío y el voto de confianza- para tirarme de cabeza y poner todas mis habilidades, mi creatividad y mi aliento, fuera mis dotes de líder, a funcionar a todo vapor!... Y créanme, no me arrepiento en absoluto de haber aceptado esta responsabilidad sobre mis hombros porque estoy convencida de que el musical vá a quedar sensacional y vá a ser un éxito, no sólo por mi trabajo, sino también por el talento y el esfuerzo de todos los envueltos. Tal vez no quede a la altura de un musical de Brodway -como sueña mi jefe- pero créo que vá a cumplir su cometido y le vá a encantar al público, inclusive porque nunca antes fué montado un espectáculo de esta magnitud aquí, en este teatro. Entonces, me siento sumamente honrada por ser la que vá a "inagurar" la era de las super-producciones en esta ciudad... No es para estar con toda la cuerda?... Esto, junto con el éxito que las clases de teatro están teniendo (todo el mundo quiere entrar en el grupo!) y la calidad de los alumnos de este año, me dejan completamente feliz y realizada... Repito: no es para estar con toda la cuerda?... No es un mar de rosas y el camino está lleno de obstáculos, disgustos y frustraciones, pero créo que esto equilibra la balanza e impide que nos muramos de una vez de pura felicidad... Pero créanme, definitivamente, está valiendo la pena.
Y como siempre, aquí vá la crónica de la semana pasada, en este glorioso y frío feriado de cielo azul.
En el viaje, un curioso contraste de cuadros a través de la ventana del coche: en las encuestas, enormes canteros naturales engastados de azucenas blancas, semejantes a orgullosos príncipes coronados de copos de nieve, y en el acostamiento irregular y carcomido por las matas y la tierra un caballo muerto, las tripas miserablemente expuestas, el cuerpo hinchado y cubierto por enjambres de moscas... Nubes grises obscurecen el cielo en una amenazadora coreografía, sobreponiendose unas a otras, transformando el paisaje encima de la iglesita de donde salen los recién casados, sonrientes y emocionados, para recibir una lluvia de arroz y flores del campo... Villas, casuchas aisladas, chacras, plantaciones semejantes a ondulantes océanos verdes, riachuelos, ganado pastando perezosamente, rocas prehistóricas, aves desconocidas soltando sus trinos insolentes encima da nuestras cabezas y, al lado, como en una dimensión paralela, la carretera por la cual avanzamos, junto con otras centenas de autos que también tienen que regresar a casa, veloces e impávidos, rugiendo sus notas desafinadas y estridentes en medio de este paisaje tan sereno y anacrónico... El zumbido del viento, el pito del tren a lo lejos, los perros de nadie; hombres, mujeres y niños caminando con paso lento por el acostamiento donde el paso de los coches levanta remolinos de polvo. Algunos van bien vestidos y peinados, con bolsas y paquetes, como quien va a hacer una visita o se dirige a la iglesia; otros van sucios de tierra, harapientos, de condoritos o botas zurradas, cargando sacos o herramientas al hombro... Todo pasa como un borr[ón por la ventana: bicicletas arruinadas, sombreros amorfos, rostros morenos surcados por mil arrugas, ropas coloreadas, bolas y chiquillos gritando y corriendo, bares, hombres sentados en cajones fumando o bebiendo, garages, talleres de vulcanización negros y sepultados en neumáticos viejos, gasolineras, restaurantes anunciando del plato del día. Campanarios pobres y silenciosos, cementerios derritiendo al sol, barracas de miel y frutas, de salame casero y queso fresco... Mirando por la ventana, protegida por la sombra y la comodidad del asiento del auto, empiezo a percibir que allá afuera, al borde de la carretera, existen otros universos que, sin embargo, para mí -y tal vez por aparecer tan diferentes y lejanos- no pasan de pasajes, puntos de apoyo, espacios de sobrevivencia que rellenan los kilómetros que separan a las grandes ciudades. Sin embargo, poco a poco me doy cuenta de que, para toda esa gente que vive allí, aquello es un hogar, un lugar lleno de significado, que cuenta sus historias y es testigo de sus fracasos y conquistas, de sus penas y alegrías, y que ellas realmente acontecen, por más insignificantes que puedan parecernos a nosotros, que las observamos apenas durante algunos instantes desde nuestros automóbiles. Puede haber ceguera, ignorancia y falta de opciones, resignación, ansias irrealizables y falta de todo (pues se encuentran en una especie de limbo donde no pueden sere llamados de ciudad, ya que solamente ocupan el espacio entre ellas, como satélites despreciados y olvidados) sin embargo, es el lugar donde viven, donde siembran, donde se casan y tienen sus hijos, envejecen y mueren. Su simplicidad no es un pecado, sino su manera de ser, la oportunidad que la vida les dió... Entonces me pregunto: todo lo que existe está en su lugar, es justo, necesario? Cada uno se encuentra donde pertenece, haciendo lo que le corresponde? Lo que nos rodéa es miseria, opulencia o, simplemente, diversidad? Es esta mezcla, a veces cruel o exagerada, lo que le dá sabor a la vida, expectativa, fuerza, persistencia, poesía, esperanza?... Porque, definitivamente, es de todo esto que es hecho el universo: vivos y muertos, ricos, pobres, viejos y jóvenes, alegrías y tristezas, pérdidas y encuentros, verdades y apariencias; y cada cosa y persona, cada acontecimiento está en su lugar en el presente, ejecutando su parte del plan divinio, despertando cada día para seguir adelante... Sequía e inundación, ignorancia y sabiduría, lluvia y sol, guerra y paz, noche y día, vida y muerte... Los opuestos equilibran los ciclos vitales y nos enseñan sobre las opciones y sus consecuencias y, así como nosotros podemos aprender de las villas, personajes y cuadros a través de la ventana del coche, alguién puede aprender de nuestros autos, nuestras ciudades y nuestro progreso.

terça-feira, 25 de maio de 2010

Esperar el viento

Bueno, finalmente terminé todos los textos para mi colega y sus alumnos de teatro, entonces supongo que voy a tener un poco más de sosiego para dedicarme a otras cosas. Espero que le gusten tanto cuanto me gustaron, porque me divertí -y me emocioné también!- redactándolos. Fué un verdadero desafío, porque mi línea de creación pasa lejos de textos para pre adolescentes o niños, pero mismo así encontré que quedaron bien hechos. Con un toque profundo y algo dramático, como no podría dejar de ser, pero totalmente "montables" por grupos de esa edad. Me encantaría poder dirigirlos también, pero créo que ahí ya sería demasiada interferencia en el trabajo de mi colega, pues, a final de cuentas, son sus alumnos y no los míos. Me voy a morir de celos, pero qué le voy a hacer?... Claro que voy a dar unas opiniones, pero definitivamente no pretendo arcar con esta otra responsabilidad. Confieso que me encantaría, pero créo que no sería éticamente viable.
Y otra vez atrasada, pero cumpliendo mi deber, aquí vá la crónica de la semana pasada.
Espero pacientemente que el viento llegue, mientras el sudor resfala por mi cuerpo, tratando de moverme lo menos posible. No hay cómo esconderse de este calor calcinante, por eso me siento tan agradecida cuando el viento sopla, ni que séa sólo por algunos instantes, y alivia la agonía de este verano que parece no tener clemencia de nosotros... Algunos segundos de su aliento bastan para que me sienta renovada, rescatada de un sofocamiento inminente. La esperanza de su repentina y deliciosa frescura es lo que me hace ser capaz de soportar el aire pesado, el sol ardiente, la ropa mojada, las paredes calientes y el asfalto derritiendo. Existe siempre la certeza de que, tarde o temprano, el viento vendrá a acariciarme, susurrando en mis oídos el secreto de la paciencia y de la perseverancia. A veces este aire parado e tan caliente me asusta, porque parece que me vá a aplastar, me vá a robar el aire; estoy a punto de sucumbir a su castigo insano y entonces, de repente, una brisa leve y sutil anuncia que el viento ya viene: estoy salvada!... Y tengo certeza de que lo que me ayudó a soportar esta espera fué la esperanza, la fé de que, en algún momento, las cosas cambiarían para mejor y yo podría ir un poco más adelante, dar otro paso, hacer otro gesto, decir otra palabra, tener otro pensamiento, divisar mejor el paisaje delante de mí. El propio sudor que me empapa hará que el soplo del viento séa más delicioso aún, entonces paro de maldecirlo e espero, quieta y expectante, hasta que él venga a abrazarme.
Cuando el viento se vá y vuelvo a sentir los rayos del sol incendiando el mundo a mi alrededor, pienso que lo mismo sucede cuando nos encontramos con algún problema, con una pérdida, un fracaso, cuando cometemos un error. En el primer momento parece que seremos aplastados, destrozados, sofocados, que no conseguiremos soportar la presión, la cobranza, al dolor, el desánimo; sin embargo, si mantenemos en nuestra mente y en nuestro corazón la esperanza, aquella certeza de que, en algún momento la situación cambiará y algo de positivo podremos sacar de ella, nuestra noche obscura tendrá un punto de luz que nos sostendrá y nos guiará para que podamos atravesarla con coraje y optimismo. El viento siempre viene -séa como una brisa casi intangible o como un huracán de arranca árboles y desteja casas- y transforma el cielo y la tierra con su presencia. Así también, las situaciones negativas por las cuales pasamos terminan, cambian, se transforman y nos traen lecciones que nos vuelven más sabios y compasivos. Por eso, cuando nos encontramos en el medio de algo que parece no tener salida, tenemos que ser los primeros en creér que algo positivo vá a acontecer, ya que esta es una de las leyes del universo que nunca falla; tenemos que estar preparados y abiertos a los cambios y no dejarnos abatir o desistir de luchar y esperar, mismo que pasemos por momentos de intensa angústia o decepción.
"Quien espera siempre alcanza", reza el dictado, y es verdad. Y si somos capaces de esperar el viento en un día de verano, cómo podemos no esperar la acción de la misericordia divina, que cela por nosotros todo el tiempo, mismo que estemos despeñando en el más profundo de los abismos?...

segunda-feira, 17 de maio de 2010

Enfermos terminales

Otro fin de semana atareadísimo -y hasta con recompensa financiera!- pues tenía que terminar una pieza de teatro para hoy en la tarde, entonces me lo pasé una buena parte de él sentada aquí y, entre el aséo, las camas para hacer, la preparación de ensaladas y algunos programas de televisión que simplemente no podía perder, ensayos y asesoría coreográfica, conseguí dar cabo de la encomienda. Créo que quedó una historia bien interesante y que a mi colega le vá a gustar, mismo si no tiene casi nada que ver con los esbozos que ella me pasó (esto es típico mío: denme un esbozo y yo hago un tremendo viaje!) Resultó una pieza mucho más séria, larga y compleja, pero si ella necesita de ayuda con el montaje, estoy lista para cooperar... Y claro que me va a encantar! En realidad, sólo no me ofrezco para dirigirla porque los alumnos son suyos y yo ya estoy con mi tiempo todo comprometido, y como no puedo hacer hora extra... Tendría que ser en la base de "amor al arte"... Y después, a mi jefe puede no parecerle muy ético que yo haga el trabajo de mi colega, por más que me guste.
Entonces, es por eso que estoy posteando esta crónica hoy en la tarde, antes de ir a trabajar, pero como ya dije: "Más vale tarde que nunca"!... Todavía me faltan dos piezas para escribir para los grupos infantiles de esta colega, pero éstas no tienen tanta urgencia, entonces voy a disponer de un poco más de tiempo... espero. Porque estoy percibiendo que también voy a tener que meter mi cucharita en la parte coreográfica del musical, ya que la chica encargada de montar las danzas todavía no hizo nada -y parece que no está con muchas ganas tampoco- a pesar de estar en poder de las músicas hace más de un mes. Entonces, como no tengo la menor intención de llevar sermón de jefe, voy a marcar una reunioncita con ella hoy en la tarde para ver si resolvemos este impase, mismo que yo misma tenga que entrar con ella en la sala para montar las coreografías. Bueno, la verdad es que ya incursioné en el mundo de la danza muchas veces -hasta tenía mi propio grupo!- entonces no voy a estar para nada perdida. Al contrario, créo que me vá a encantar!
Y antes de que alguien me telefonée para pedirme alguna otra cosa, aquí vá la crónica de la semana -pasada, de nuevo!.
Siempre me llamó la atención el hecho de que algunos enfermos terminales, a pesar de físicamente exhaustos y desfigurados, presos a una cama y llenos de aparatos, o a una silla de ruedas, sin poder hacer casi nada sin el auxilio de alguien y sin ser más capaces de llevar la vida a la cual estaban acostumbrados, tienen un qué de misteriosa fuerza, un aura de gloria que brilla sobre su propia agonía como un farol en medio de una tempestad. De alguna forma, estas personas desenvuelven una energía desesperada, ávida y osada que toma cuenta de ellas por completo, transformandolas en verdaderos leones, en héroes a ser imitados en esta batalla que, al final, perderán honrosamente. Parece una paradoja: el nacimiento de una nueva existencia en un ser que sucumbe al cáncer, al sida, a la tuberculosis, a la parálisis, a la degeneración física y mental -pero no espiritual. Fuerzas extrañas y poderosas parecen comandar sus cuerpos y mentes consumidos. De repente, encarando un futuro que no existirá para ellas, aprenden lo que es la compasión, la alegría, el coraje, la conciencia, la paciencia, la serenidad. Descubren lo que es el tiempo y cómo debe ser aprovechado, lo que es la vida y lo que realmente importa en ella. Irónicamente, comprenden el milagro de la existencia mientras ésta se les escapa inexorablemente, a una velocidad asustadora.... Estos enfermos terminales se permiten, entonces, actos, pensamientos y sentimientos absolutos, plenos, sin miedos o preconceptos; derriban osadamente todo lo que impedía la realización de su felicidad, de su humanidad, de su destino. Cara a cara con la muerte, deciden abrazarla sin recelo, conversar con ella, luchar con ella como dos viejos enemigos que, finalmente, libran su postrera batalla. Del dolor y del miedo brotan poco a poco la sabiduría, la percepción, el perdón, el deséo verdadero de reconciliación y paz; se empieza a construir el verdadero legado... Están partiendo, y tienen una cruel conciencia de ello, el tiempo es precioso. Entonces, es hora de vivir.
Pienso que, en realidad, es así que todos nosotros deberíamos vivir, pues, a final de cuentas, también somos enfermos terminales, también estamos muriendo, mismo que no nos demos cuenta, que no sepamos el día de nuestra muerte y no presentemos ningún síntoma tan dramático, a no ser algunas arrugas, canas y achaques que conseguimos aliviar con remedios o fisioterapia... Pero crecer es aproximarse de la muerte, y envejecer es un síntoma... Por qué pensamos que tenemos tanto tiempo? Por qué insistimos en vivir la fantasía de que son los otros los que mueren y que esto jamás nos sucederá? Por qué vamos dejando las cosas más importantes para después? Y si ese "después" resulta demasiado corto?... Y en este sueño de supuesta eternidad vamos retardando, postergando, dejando de lado, olvidando, renunciando a sueños, afectos, acciones, miradas, gestos y palabras, decisiones, abrazos y sonrisas, opciones y momentos para los cuales la muerte no nos permitirá volver... No hay disculpas para descuidar nuestra felicidad, nuestra realización, nuestros sueños y amores verdaderos. Por qué esperar el cáncer para despertar? Por qué sentir el cuerpo martirizado y sin fuerzas para decidir que es hora de hacer algo efectivo, inmediato? Por qué la faz de la muerte en el espejo para obligarnos a vivir? Por qué la perspectiva del fin para tomar conciencia y empezar?... La fuerza sobrenatural que nos impulsa no yace solamente en la enfermedad incurable. La muerte que nos espía no es solamente física ni está tan distante como queremos creér... Somos enfermos terminales, pero nos recusamos a portarnos como tales. Las ganas de vivir vienen del hecho de conocer nuestra brevedad y fragilidad, nuestra impotencia delante de lo inevitable. La muerte nos ronda a todo instante, disfrazada de mil maneras; somos nosotros los que no la reconocemos. La muerte inminente despierta en el enfermo la conciencia y las ganas de vivir nuevamente... Y cómo es para nosotros? La muerte tiene que ser inminente para que despertemos?...