sexta-feira, 20 de novembro de 2009

Personas y animales

Hoy día estoy extraordinariamente contenta, llena de nuevas y positivas resoluciones -por qué ser desagradable y destilar resentimiento cuando se tiene la capacidad de ser amable y sembrar gestos de simpatía y solidariedad, de comprensión y aceptación?- muy animada por la posible vuelta a las actividades de mi grupo de teatro (voy a saberlo este domingo) inspirada, segura respecto a las presentaciones de mis alumnos en los espectáculos de fin de año (el viernes, día 27 y el lunes, día 30) y muy feliz porque mi hija viene este fin de semana, cosa que no esperaba porque está de turno en la televisión... Sin embargo, lo que me dejó más contenta y hasta me emocionó fué ver, al abrir este blog para conferir si había comentarios, que mi hijo había leído mi última crónica y posteado un comentario lindo... Es la primera vez que visita mi blog! Imaginense mi alegría! (A propósito, él escribe muy bien también. Créo que es cosa de familia) Me quedé sonriendo que ni una boba y estoy muerta de ganas de encontrarlo para darle uno de esos abrazos de oso!... Como ven, la opinión y participación de la familia es siempre lo que más importa. Créo que si el propio presidente de la república elogiase mis textos, no me sentiría tan contenta así... Miren mi cara de boba!...
Y después de esta montaña de felicidad, amor, ánimo y optimismo, aquí vá la crónica de esta semana, más inspirada que nunca.

Créo que aquello que le hacemos a los animalels, bueno o malo, puede ser un reflejo de lo que somos capaces de hacerle a los seres humanos, lo admitamos o no. Pegarle a un perro o tirarle unas migajas a los pajaritos demuestra lo que tenemos en el corazón y lo que estamos dispuestos a hacer por los otros... Personalmente, yo le doy galletas a perros que ni conozco, pongo pan encima del muro para los pajaritos y hasta compré un bebedero para que beban y se refresquen en este calor asesino... Meditando sobre esto, llego a la conclusión de que me gustaría hacer lo mismo por las personas, pero no con pan y água, claro, sino con acciones, con palabras, con paciencia y creatividad, con persistencia y humildad, con optimismo. Si no desisto de un perro bravo hasta conseguir su amistad, por qué desistir de acercarme a un ser humano, mismo que éste séa lleno de problemas o completamente fuera de los patrones?... Bueno, en este punto, tengo que confesar que tengo más exito con gorriones y boxers, pues son bien menos complicados de satisfacer que los hombres, y que cuando los véo posar en el muro o bajar hasta el bebedero, o entonces acercarse hasta la reja meneando la cola de alegría, no sé por qué, me siento tomada por nuevos bríos para actuar amorosamente con mis semejantes, por eso pienso que las dos cosas están ligadas. Lo que me conmueve especialmente en los animales es la simpleza de sus necesidades y su ilimitado agradecimiento, entonces, por consecuencia, también busco en las personas la misma necesidad primordial. Pero ésta, para nosotros, es más difícil de satisfacer: el amor. Así como para el animal domesticado, la necesidad más urgente y vital del hombre es el amor, entonces, siempre trato de guiar mis acciones en esa dirección, preocupada de que mis gestos y palabras séan destinados a despertar, a tocar, a compartir el amor que a veces siento transbordar en mí... El pan no cuesta caro -o entonces podemos usar el de ayer, que es gratis- El bebedero tiene que ser lavado una vez por semana y el água cambiada todos los días. El perfume de las galletas para perros en mi cartera no es de los mejores... Pero es el precio para mantener pájaros y perros cerca, para entrar en contacto, para desenvolver una relación. Algunos sacrificios valen la pena... Y para amar a mis hermanos? Cuál es el precio? Será que es necesario mucho sacrificio?...
Bueno, sin duda tenemos que hacer algunos. Es un ejercicio diario que requiere perseverancia y optimismo, cosa que a veces es difícil de mantener, sobre todo tomando en cuenta cuán complicados, desconfiados e ignorantes somos. Pero si yo pico pan todos los días, cambio el água, desparramo las migajas en el muro y silbo; si pongo galletas en mi cartera y tengo siempre una sonrisa y un saludo alegre para los canes, haga frío o calor, no podría hacer el mismo esfuerzo cuando se trata de los hombres? Tal vez la misma beatitud que me invade al tenderme en la hamaca para observar a los pajaritos tome cuenta de mí al contemplar a aquellos por quienes me esforcé hoy día, mismo no viendo el resultado de mis acciones, pero estando casi cierta de que mi pequeño acto de amor puede haber pintado una sonrisa -mismo que medio sin gracia- en la cara de alguien o apartado las nubes sombrías en algún ambiente.
Pan y água: alimentos escenciales. Amor, amar: estado escencial.

sábado, 14 de novembro de 2009

Semillas

Como hoy es el día mundial de la biabetes y yo formo parte de este contingente devorador de dulces y refrigerantes diet, agujereadores de dedos y horarios rígidos para cada refección -incluyendo porciones bien específicas de cada alimento- y, más encima, estoy de un humor estupendo porque finalmente mi glicemia está donde quería y mi hija viene a visitarme este fin de semana, decidí postear otra crónica en honor a los posibles diabéticos que léen estos textos... Hermanos, la lucha continúa! Vamos a ser fieles y honestos, perseverantes y optimistas porque, al final de cuentas, existen los productos diet! El mundo no se olvidó de nosotros! Entonces, vamos a hacer nuestra parte y vivr más y mejor porque, realmente, vale la pena!.
Y después de esta manifestación cívica, aquí vá la otra crónica, que es la misma que envié para el diario la semana pasada.

Semillas caídas en el suelo, centenas de ellas desparramadas alrededor del árbol formando una crujiente alfombra de galletitas café con manchitas rojas... Las noté porque empezaron a estallar debajo de mis zapatos como pequeños fuegos artificiales cuando pasé bajo aquel árbol. Entonces, curiosa y sorprendida, me detuve y observé a mi alrededor: las bolitas achatadas cubrían casi completamente el cemento de la vereda alrededor del tronco, haciendo que pareciese que yo estaba en el medio de una isla perfumada... Permanecí algunos instantes contemplándolas, mientras un pensamiento me venía a la cabeza: "Qué desperdicio estas semillas cayendo en la vereda! Ciertamente van a ser pisoteadas y trituradas o se van a quemar bajo este sol inclemente. Qué destino diferente tendrían si cayesen en la tierra y fueran regadas y adubadas! Cuántos nuevos árboles perfumarían el aire! Probablemente un bosque entero! Sin embargo, tiradas en esta calzada, no fructificarán, qué pena! Todo el trabajo de la naturaleza perdido!"...
Continué mi camino, siempre con la imagen de las semillas en la cabeza, y de repente se me ocurrió que sucede lo mismo con nuestras acciones, palabras y pensamientos. Si son sembrados en suelo fértil, regados y cuidados, prosperan, florecen y dan frutos. Mas, si lanzados al asfalto, de cualquier manera, sin água ni adubo, acaban por morir y desaparecer, transformandose en una pérdida de tiempo y energía. Entonces, con cuánto cuidado tendremos que escojer el terreno en el cual sembraremos nuestra existencia para que, de esta forma, ella séa valiosa y deje un legado a los que vendrán después de nosotros! Caso contrario, seremos como aquellas semillas que fueron aplastadas en la vereda alrededor del árbol. Hicieron mucho ruido, pero nada produjeron.

sexta-feira, 13 de novembro de 2009

El corazón de los hombres

Bueno, a no ser por algunas mañanas brevemente frescas y nubladas, por aquí continuamos cocinando sin piedad, mismo bajo guardasoles, con los ventiladores y el aire condicionado prendidos, muchos duchazos, litros de água, jugo, té helado y refrigerante, toneladas de helado y ropas leves y casi escandalosas... Estoy realmente preocupada con lo que va a ser de nosotros cuando llegue el verano. Créo que me vá a dar miedo salir a la calle y transformarme en una mancha en el asfalto hirviente, incapaz de resistir el calor calcinante de los rayos solares... A no ser, claro, que ocurra algún tipo de desarreglo climático (otro!) y el verano se convierta en un otoño o un seudo-invierno de temperaturas más agradables. Eso sería extraño, pero también un punto favorable en este apocalipsis climático que estamos viviendo.
Y aprovechando antes de que las cosas se pongan más calientes aquí -porque el computador prendido emite un calor desgraciado- vou a postear la crónica de esta semana. Después puedo derretirme tranquilamente en algún rincón de la casa junto com mi perra y mis plantas...

El corazón de los hombres puede, a veces, parecer seco, endurecido y obscuro y llenarnos de desánimo y pesimismo, tentandonos a desistir de amarlo y luchar por él y su redención... Sin embargo, todas las veces que esto suceda, lo que tenemos que hacer es dar una ojeada a nuestro alrededor y percibir las infinitas manifestaciones de amor, de renacimiento, de perdón y fé que Dios coloca delante de nosotros, demostrándonos de esta forma que El mismo todavía crée y espera de nosotros una señal, una palabra, un pensamiento, la mera intención del bien. Es como si El supiera que somos capaces de esto y por ello estuviese a todo instante ofreciéndonos esta oportunidad... Yo créo que nos envía estas muestras de su fé en nosotros imaginando que, ciertamente, en algún momento de nuestras vidas, encontraremos en ellas las respuestas y el coraje para continuar creyendo en el hombre y su corazón potencialmente perfecto, a pesar de tantas pruebas en contra... Pero yo pienso: si hasta en el medio de las rocas crece musgo y de las grietas del asfalto se yerguen pequeñas flores, si el desierto de Atacama guarda en sus entrañas resecadas el milagro del florecimiento, por qué no puede ocurrir lo mismo en el corazón del hombre? No es para esto que él existe, para transformarse y florecer, para dar frutos que pueden alimentar a todos?... Observando la historia de la humanidad podemos comprobar que el corazón del hombre es la raíz de todos los milagros, de todas las mudanzas, de todas las conquistas, de toda la felicidad, mismo que a veces esté recubierto por la amargura y la codícia, por la ignorancia y el miedo, por la vanidad, por el ódio... Entonces, por qué él es un tesoro tan grande, un bien tan inestimable, un don tan precioso? Pues, simplemente, porque es en él que está plantada la semilla de Dios. Y si la raíz sobrevive, de cualquier tronco mutilado nacerán, con el tiempo, nuevos brotes, ramas y hojas que tal vez crezcan en otras direcciones, con otras formas y tamaños, pero que serán siempre más fuertes, más resistentes y bellos, pues fueron generados contra todas las expectativas. Así también, de la aparente maldad que domina el corazón de tantos, puede surgir el milagro de la transformación, de la redención, de un amor aún más fuerte y fiel porque emergido del dolor y de la obscuridad. Nuestra raíz es el amor y ella es eterna, nunca nos abandona, ni permite que la olvidemos, por más relegada que esté. Es a ella a quien tenemos que acudir cuando nos sintamos secos y exhaustos, vacíos, abandonados bajo el sol de tantas probaciones. Ella nos ayudará a producir el perenne milagro de la renovación, del recomienzo.
En la naturaleza y en la vida del hombre es la manifestación del amor divino lo que vuelve posible la existencia.

sexta-feira, 6 de novembro de 2009

Perlas

Bueno, al contrario de la última vez en que me senté a escribir, hoy día no está cayendo el segundo dilúvio; en vez de eso estamos, simplemente, friendo, derritiendo, cocinando. El calor de 38 grados nos deja a todos afligidos, desanimados, irritados, casi enfermos, cobre todo si empezamos a imaginar cómo será el verano llevando en cuenta estas temperaturas absurdas para la primavera. Definitivamente, este es un país de extremos. O será que el planeta entero está transformandose en un lugar de extremos?... Estamos pagando el pato por nuestro descuido y abuso con él?... Con certeza, y ahora vamos a tener que aguantar las consecuencias de boca cerrada o salir por ahí inventando aire acondicionado portátil, ventiladores portátiles o ropa con refrigeración incluida en las fibras del género, zapatos con zuelas aislantes y ventilación extra y guardasoles que críen un agradable clima templado debajo de ellas cuando séan abiertas, mismo en medio del más calcinante día de verano... Parece absurdo, no es verdad? Pura ficción científica, exageración, fatalismo, pero, sinceramente, créo que es lo único que nos vá quedando por hacer, ya que echamos a perder todo lo demás.
Como pueden ver, hoy estoy medio fúnebre, pero créo que ya se me pasa. Es que la situación en mi trabajo continúa saboteando todos mis intentos de coraje y optimismo... Pero a lo mejor escribir esta crónica me devuelve un poco la fé y la alegría que necesito para seguir adelante y hasta dejar de insultar a mi pobre ángel de la guarda. Menos mal que es muy paciente y comprensivo, mismo que yo esté dejándole las alas chamuscadas de tanto disgusto... Hasta el propio Dios anduvo llevando unas miradas mías rencorosas este último tiempo!... Pero luego, luego hacemos las paces, no se preocupen.
Y aquí vá la crónica de esta semana. No estoy muy segura de si ya la publiqué, porque mis textos están en total desorden y y no consigo terminar de corregir los diarios antiguos para poder arreglarlos en orden cronológica, entonces pesco de aquí y de allá y, como no anoto cuáles textos ya mandé al diario o posteé en los blogs, puedo acabar publicando el mismo dos veces... En fin, a quien no lo leyó, le vá a gustar. Y a quien lo leyó, puede gustarle de nuevo.

Sentada sola en la sala pequeña y calurosa donde doy mis clases de dibujo, me inclinaba sobre un plato de cerámica pintado por uno de los alumnos en aquella misma tarde, pasando cuidadosamente una fina línea negra alrededor del dibujo -cosa que solamente yo consigo hacer porque la mayoría de ellos no posée todavía la coordenación motora suficiente como para ejecutar esta taréa- ventilador prendido, ruidoso y casi inútil, luz prendida, olor a tinta y greda en el aire... Estaba totalmente concentrada y muy satisfecha al percibir cómo algunos detalles o pequeñas correcciones que había hecho en los trabajos los habían mejorado bastante, dándoles más definición y calidad. Había varias piezas encima de la mesa, de diferentes formas y tamaños, con los más diversos dibujos y colores, que todavía necesitaban algunos retoques. La cosa iba a prolongarse, ciertamente, pero los propios alumnos me habían pedido que hiciera aquellos retoques usando mi creatividad y habilidad motora, para que así quedaran más bonitos en vista de la exposición que montaríamos brevemente... Algunos casi no necesitaban mejoras, ya otros, eran un verdadero desafío. En éstos, mi empeño y mi cariño eran mayores, mismo si mi creatividad era duramente puesta a prueba, pues debía buscar formas y colores que dieran la harmonia que faltaba a los trazos originales, pero sin desvirtuarlos, de lo contrario, dejarían de ser obra del alumno... Ambiente sofocante, dolor de espalda, banquillo incómodo, dedos sucios, ojos comenzando a lagrimear, nadie más en el edificio... Y yo ahí, sin que nada de esto me importara, fascinada, tomada por aquella emoción que me hacía olvidar todo lo demás, feliz.
Entonces, de repente me detuve, con el pincel en el aire, y me quedé mirando fijo el trazo incompleto, negro y brillante, en el fondo del plato que sostenía. Por qué estaba sintiendome así, tan contenta? Muchos estarían irritados por tener que quedarse después del horario de trabajo para corregir trabajos -a veces francamente catastróficos- en vez de irse a sua casas, tomar una buena y refrescante ducha, ver la novela y sentarse a la mesa con la familia para disfrutar una deliciosa comida. A pesar de eso, allí estaba yo, sola y con un tremendo dolor de espalda anunciándose, tomada completamente por esa sensación de paz y alegría, de realización, hasta de triunfo, a pesar de saber que, al llegar a mi casa, tendría que lidiar con los pavores, inseguridades, el desánimo y la autocompasión que, día tras dia, minaban el cuerpo y el espíritu de mi esposo y que me dolían tanto... Entonces, cuál era el motivo de esta alegría, de esta tranquilidad, de esta sonrisa que se estampaba en mi rostro como un vientecito juguetón?... Deposité lentamente el pincel sobre la mesa cubierta con el mantel plástico, mientras sentía alguna cosa formandose em mi mente, abriendo una puerta, balbuceando palabras todavía inconexas, y contemplé por un instante el plato en que estaba trabajando, percibiendo de una forma totalmente conciente los cambios que estaba provocando en él solamente con algunas pinceladas... Entonces, me dí cuenta de que todo mi sentimiento, toda la revelación que se abría delante de mí en ese instante, estaba ligada al término "transformación" y a mi capacidad instintiva e incontenible de mejorar las cosas, de buscar y encontrar la belleza que en ellas se esconde para hacerla transparecer, manifestarse hasta en los trabajos más comprometidos. Y esta sensación se transformó, poco a poco, en una espécie de confirmación, en la certeza incontestable de que siempre existe un medio de encontrarla y ponerla en evidencia, de que séa percibida y apreciada por todos. Y como consecuencia de esta conclusión, me quedó todavía más claro que aquella era mi taréa: la búsqueda, la enseñanza, la revelación y la partija de la belleza, la demostración de que ella siempre existe, no importa cuán contrarias puedan ser las apariencias, y que posée una diversidad infinita de expresiones, sin reglas o patrones establecidos. Entendí en ese momento que el alumno, al verla surgir en su trabajo -que antes podía parecer féo, y sin gracia, indefinido, mal acabado o sucio- al constatar que estaba efectivamente allí y que era necesario tan sólo un poco más de trabajo y buena voluntad para hacerla aparecer, se sentiría incentivado a practicar este ejercicio -que tiene un gratificante e inspirador retorno espiritual- esta búsqueda de la belleza en todo lo que existe, a desenvolver la habilidad de revelarla y disfrutarla no sólo en sus obras, sino también en su vida personal.
Nunca me voy a olvidar de una historieta que leí un día en alguna revista y que trataba justamente sobre esto: Iban Jesús y sus discípulos por un camino, riendose y comentando los acontecimientos del día cuando, al doblar una curva, se encontraron con un perro muerto, ya en avanzado estado de descomposición, tirado entre unas piedras. Inmediatamente, todos se apartaron, cubriendose la nariz y maldiciendo al can y su hedor. Jesús, sin embargo, en vez de reaccionar como ellos, permaneció parado delante del cadáver, contemplandolo con una sonrisa en el rostro. Escandalizados, los discípulos se acercaron, exclamando: "Maestro, cómo te quedas parado ahí, delante de ese animal muerto, ya hinchado y apestando, sin sentir náuseas?" Y otro agregó: "Los cuervos ya le arrancaron los ojos y las fieras le devoraron casi todas las tripas, cómo te quedas ahí mirando esa carniza?"... Entonces, Jesús se volvió hacia ellos, sonriendo todavía, y apuntando los restos del perro dijo: "Ustedes ya le observaron los dientes? Juro que nunca ví perlas tan blancas!".
Encontrar la belleza es un don, una vocación, una cualidad que todos poseémos y necesitamos cultivar y practicar. Tenemos la misión de desenterrarla, no importa cuán escondida se encuentre, de despertarla no importa por cuántos haya estado adormecida, de colocarla delante de los ojos del mundo, no importa si tan solamente unos pocos consiguen percibirla o comprenderla. Hacer que las personas créan que está siempre allí, y que es real y poderosa es algo que puede conseguir que la humanidad séa capaz de dar un paso un poco mayor, escalar un peldaño más alto, acercarse más de prisa a la felicidad... Entonces pensé, respirando hondo mientras extendía los ojos sobre los trabajos de mis alumnos diseminados encima de la mesa: "Pues mientras yo séa capaz de encontrar la belleza hasta en las menores cosas, seré también capaz de encarar todos los desafíos de la vida, pues la belleza tráe felicidad cuando es descubierta y manifestada en nosotros mismos, en nuestros pensamientos y acciones (porque ella no es solamente física, sino también espiritual) y la felicidad es una de las mayores fuerzas de la vida.
Mal sabía yo que en las sencillas obras de mis alumnos se escondía semejante revelación!.

sexta-feira, 30 de outubro de 2009

Ave Fénix

Estaba revisando mis diarios corregidos (que es de donde saco estas crónicas) y me dí cuenta, no sin una cierta preocupación, de que estoy empezando a quedarme sin material... Y por qué está ocurriendo esto?... Pues simplemente porque he estado demasiado ocupada sintiendo pena de mí misma y reclamando, peleando con Dios y pidiendole todo tipo de explicaciones, y sumergida en los más absurdos y desgastantes planes para recuperar mi lugar y mi prestigio en la Fundación; fuera esas invencibles crisis de flojera y desánimo que a veces me arrasan en este último tiempo por causa de mi frustración y resentimiendo profesional, lo que significó que ni produje nuevos textos -tan sólo los apuntes básicos que todavía tengo que desenvolver- ni corregí todos los que podría. Entonces, como las vacaciones están casi llegando, ya que mi trabajo termina oficialmente el dia 27 de noviembre con la presentación de los espectáculos del proyecto en el que trabajamos a lo largo del año, pretendo parar con toda esta frescura y dedicar todo el tiempo que tenga disponible -bueno, casi todo, que tampoco soy de fierro- a poner al día todo esto. No sé exactamente cuándo me van a mandar para casa, pero como ya no voy a sufrir más la presión y el cansancio de dar clases y ensayar, vá a ser más fácil llegar a la casa y sentarme aquí para producir. Además, como ya lo tengo comprobado, el acto de escribir, la energía y el tiempo gastados en esto y la entrega total a la inspiración son absolutamente capaces de arrancar cualquier frustración, amargura o desánimo de mi corazón, no existe mejor cura para mí que producir un texto.
Por lo tanto, allá vamos!...

Todavía me acuerdo del terrible temporal que derribó mis enredaderas, arrancó un montón de tejas, me inundó el entretecho y enchuecó la antena de la televisión; desgajó y derribó sin piedad árboles y muros con su fuerza rabiosa y descontrolada, desparramó mugre por las calles y cambió para siempre el paisaje en el cual nos movíamos. El viento, como un gigante enloquecido, rugía estruendosamente, azotando con furia los árboles y los cables de alta tensión, y los rayos iluminaban el cielo casi negro con sus explosiones de luz, seguidas por el sonido horrible y ensordecedor de los truenos. Anocheció súbitamente y la lluvia cayó con una violencia asustadora, borrando por completo el paisaje. Poco después el granizo, del tamaño de bolas de ping-pong, caía también, aplastando las plantas y atravesando las hojas y tejas como proyectiles mortíferos... Ramas, hojas, papeles, flores, tierra y hierba volaban por los aires y caían en el suelo, confundiendose en un enmarañado de formas y colores impregnados de lama...
Entonces nosotros, los hombres, poderosos y arrogantes, que todo lo sabemos y en todo queremos mandar, nos encogimos y nos callamos, impotentes delante de esta naturaleza sin gobierno. Perdimos nuestro poder y nuestra arrogancia, nos volvimos pequeños e ignorantes, frágiles, inválidos; estábamos paralizados. Nuestro coraje se desvaneció, enmudeció, inútil ante el poder de los cielos. No teníamos más control sobre nada. Tuvimos que dejar que aconteciera mientras permanecíamos como meros espectadores impotentes... Y mientras estábamos así, paralogizados e incrédulos, tuvimos el vislumbre de una revelación distante y nos preparamos, juntamos fuerzas, medimos posibilidades, nos cuestionamos... Y decidimos, en vez de rebelarnos y salir peleando como siempre lo hacemos, mismo sabiendo que seremos derrotados o que no tenemos razón, rendirnos y aguardar mansamente, llenos de expectativa, el final del temporal. El paisaje que tan bien conocíamos iba transformandose poco a poco, de manera radical y definitiva, delante de nuestros ojos, sin que pudiéramos hacer nada para impedirlo. Sabíamos que las cosas no volverían a ser como antes, sabíamos que tendríamos que adaptarnos otra vez, encontrar y recorrer otros caminos, aprender nuevos procesos y tal vez mudar muchos de nuestros métodos y objetivos... Sería como morir y resuscitar, como virar la página y no mirar para atrás. Y después, todavía tendríamos que proseguir con nuestra existencia, retomar rutinas, encontrar personas, hablar, comer, dormir, trabajar, comprar, ir adelante. Ese era el gran desafío, al fin del cual nos esperaba la revelación que, en aquel momento, nos parecía tan lejana.
El temporal me enseñó esta lección: en las enredaderas derribadas, en los tocones que sobraron, en los muros desnudos y descascarados, en los pájaros ausentes, en la lama amontonada en las veredas y los jardines, en las ramas trágicamente colgadas de postes y tejados ví la transformación que nuestras vidas sufrirían después de aquel temporal que trajo la pérdida, el miedo, la enfermedad, la confusión, la revuelta y el dolor, la impotencia y la inutilidad de todos nuestros esfuerzos para preservar lo que era nuestro... Cuando la lluvia se fué y el sol volvió a brillar para calentar nuestro nuevo escenário, todavía desestructurado, empapado y lleno de basura, ví que, poco a poco, los pájaros fueron regresando, el pasto y las flores despuntaron de nuevo, tímidamente; el muro pelado todavía tenía el encanto de sus ladrillos armoniosamente colocados, la calle podía ser barrida, la antena enderezada, las tejas recolocadas o substituídas. La ciudad, el mundo, el universo continuaban su existencia, pues la vida es más fuerte que todo, y nosotros fuimos bendecidos con la maravillosa capacidad de adaptarnos, de recrearnos, de reerguirnos y florecer después de cada temporal. Ahora tengo certeza de ello. Somos capaces de resurgir a despecho de todo, tal cual el Ave Fénix, transformados, revigorizados, puede ser que deformados y con innumerables cicatrices, pero vivos y persistentes, siempre em busca de salidas, encendiendo luces, generando nueva vida y esperanza, dispuestos a recorrer los nuevos caminos que Dios pone delante de nosotros con un coraje que desmiente nuestro tamaño.
Es de esta forma que me descubro hoy, después de todo lo que sucedió, y me siento feliz y agradecida por ello.

sexta-feira, 23 de outubro de 2009

La certeza de cada momento

Bueno, por el momento parece que san Isidro está de buen humor y deja que el sol brille sobre nuestras cabezas. El cielo está de un azul radiante, sin ni una nube en el horizonte y ni olor de lluvia. El techo de mi cuarto continúa goteando -una gota cada media hora- pues el entretecho está completamente inflitrado y voy a tener que esperar algunos días más de sol para que se seque y pueda volver a poner los muebles en su lugar. Por el momento, la extraña sensación de que hay algo totalmente errado en la decoración de la pieza -la cama, el velador y la cajonera estám fuera de centro- me invade todas las veces que entro allí, pero créo que esto no vá a durar mucho, espero...
Y con la esperanza de algunos días de sol y calor y el fin de las goteras en cámara lenta, aquí vá la crónica de esta semana.

Había acabado de llover. Final de tarde, aquella hora en que el sol, para despedirse, lanza sus colores más bellos, dándole al paisaje una luminosidad única, dulce y serena. El aire fresco parecía brillar a mi alrededor, vibrando como una suave sinfonía... Volvía para mi casa después del trabajo, respirando hondo esa frescura que habia disipado el tremendo calor del día. El cielo sembrado de blanquísimas nubes reflejado en las pozas de água. Gotas brillando entre el follaje de los árboles. Tierra obscura y olorosa, en beatífico reposo... Empecé a caminar más despacio, a pesar del cansancio y de las ganas de llegar a mi casa, tomar un baño y beber un vaso de té helado. Y me fuí dando cuenta poco a poco, en lentas y profundas oleadas, que había alguna cosa en aquel paisaje que me llenaba el alma de alegría y paz. Pero, qué es lo que era?... La calle, las casas, los árboles, los autos, las personas regresando a sus casas, como yo: esa era una escena banal, que veía todos los días. Entonces, qué felicidad inesperada era aquella?... Me pillé sonriendo, tomada por una íntima satisfacción que me desconcertó, pues nada diferente había ocurrido ese día como para despertar tales sensaciones dentro de mí. E de pronto, la pregunta surgió en mi mente, así, de la nada, nacida del último suspiro, de la sonrisa sin razón, del aroma en el aire: "Qué es lo que me basta para ser feliz?"... Y la respuesta vino inmediatamente, como si hubiera estado esperando hacía mucho tiempo: "Pues me basta saber que después de la lluvia el paisaje lucirá así, limpio y claro, el aire fresco y transparente, suavemente perfumado."... Me quedé tan sorprendida y admirada con estas palabras que me detuve, deslumbrada, y miré a mi alrededor como si fuera una primera vez, pues eran la más pura verdad! En aquel preciso momento de mi existencia saber aquello, tener conciencia y vivenciarlo era bastante para sentirme completamente feliz, viva, plena, santificada. Amada. No existía nada mejor, nada más importante, nada que deseara fuera aquello. No existían las angustias ni las expectativas del pasado y del futuro. La certeza del acontecer de ese instante era suficiente para entender el universo entero y sentirme parte vital de él!... "Esta certeza me basta!", pensé, estupefacta, "La certeza de cada momento y de lo que ocurre en él es lo suficiente, no necesito nada más!"... Y me dí cuenta, más admirada todavía, de que todas las certezas son simples y directas, visibles, suceden a cada momento. No es cuánto voy a ganar, cuánto voy a gastar, qué es lo que voy a vestir, qué es lo que voy a comer, con quién voy a estar. La certeza es lo que de hecho sucede, es la realidad que nos rodea y nos habla, nos toca, interactúa con nosotros... "A lo mejor, al final de cuentas, no hallan preguntas!", me dije a mí misma, sonriendo, "Tal vez no necesitaríamos preguntar sino tan sólo escuchar las respuestas!".
Es algo extremadamente simple: lo que debe ser hecho debe ser hecho pues es necesario, hace parte de un plan, de la sustentación de la existencia. Nada es inútil, pérdida de tiempo o substitución. Hay tiempo para todo. Vivir "ahora" significa hacer justamente lo que estamos haciendo en este momento, porque tiene que ser hecho ahora y no después. Cada acontecimiento tiene su momento exacto. Por qué angustiarse porque estamos haciendo esto y no aquello, que parece más importante?. Esto es negar la realidad. En ella hay espacio y tiempo para todo lo que es necesario para nuestro crecimiento. Lo que sucede es que, usualmente, nuestra vanidad agiganta nuestras expectativas y nos desvía de nuestro verdadero camino, volviéndonos entonces intransigentes e irritados, impacientes y amargos, pues pasamos a creér que estaríamos mejor realizando grandes cosas por la humanidad en vez de hacer y disfrutar con perfección las pequeñas que, en el fondo, son la base de las grandes. La trampa del inconformismo está siempre al acecho, haciéndonos desear siempre otras cosas, otros lugares, otras personas, a veces totalmente incompatibles con lo que somos; desviandonos del presente y su importancia. Pero lo que tiene que ser hecho -barrer, cocinar, ir al mercado, ver una película, lavar la terraza, digitar una carta- forma parte de lo que somos, de lo que vinimos a hacer, y nadie hará jamás estas cosas como nosotros mismos, así como nosotros nunca seremos capaces de realizar cosas que no son de nuestra competencia. Pues todo es parte de la inmensa y perfecta iluminación que es nuestra existencia. Las monjas también lavan ropa, trabajan en la huerta, pelan papas, y dan clases! Los santos siempre nos hablan acerca de la sobrenaturalidad que existe en nuestra rutina. Y, de hecho, es un desafío fascinante permanecer en unión con lo divino durante los quehaceres cotidianos. Los hermitaños rusos abandonan prestamente sus retiros siempre que son llamados para ayudar en los campos o para recibir a las personas que necesitan sus consejos. Esto es una buena muestra de la docilidad con el acontecer de la existencia, pues ellos no se rebelan por tener que abandonar su misión de oración, ayuno y soledad por el mundo y su salvación para arremangarse la camisa y andar el día entero atrás de un arado bajo el sol. Y es de esto mismo que se trata: no despreciar ni dejar de cumplir ninguna ninguna acción, ningún momento, ningún encuentro que por ventura surja en nuestro camino. Porque todo es enseñanza, todo es crecimiento, es iluminación.
Quién sabe la revelación de nuestra existencia no nos asalte lavando una pila de ropa sucia en vez de en una profunda meditación!...

terça-feira, 20 de outubro de 2009

El poeta

Todavía viva después de otro temporal y con la internet milagrosamente funcionando, aquí estoy de nuevo, lista para otra, a pesar de atrasada... Puchas, ayer llegué a pensar que iba a tener que empezar a sacar los botes inflables del armario!... Mirando el río de aguas obscuras y llenas de ramas y hojas que el viento había arrancado sin piedad de los árboles, realmente llegué a sentir miedo (yo, que adoro la lluvia porque me relaja y me inspira!) pues podía ver y escuchar a la tempestad debatiéndose y golpeando la casa, tratando de invadirla por cualquier rendija, las piedras de granizo chocando contra los vidrios y las persianas y el paisaje ejecutando una especie de danza frenética, como si quisiera huir de la furia vengativa de los cielos... Me quedé imaginando cómo encontraría la ciudad hoy, cuando fuera a trabajar. Aquí ya están diciendo que Dios, por algún motivo inexplicable, está irritado con nosotros, pues ya van quedando pocos árboles y tejados intactos y, mismo así, El continúa enviando unos temporales casi apocalípticos por lo menos una vez por semana. A este paso, no van a sobrar árboles para protegernos del sol calcinante del verano -eso SI tenemos un verano, claro- ni casas o negocios en pié... Bueno, supongo que es justo que la naturaleza se rebele contra las cagadas que andamos haciendo, pero estoy empezando a creer que va a cobrarnos un precio mucho más caro y cercano de lo que nos gustaría admitir...
Bueno, y dejando un poco de lado el pesimismo con respecto a este pobre planeta asolado por sus propios habitantes, aquí vá la crónica de esta semana. Espero poder concluirla antes de que caiga el próximo temporal -ya empezó a llover y a relampaguear- y nos quedemos sin luz nuevamente.

Todo el mundo daba aquellas miradas de disimulada burla y tedio cuando él aparecia con sus ropas gastadas, sus zapatos viejos y su decrépita cartera de aquel café desteñido, ya sin forma, para hablar de esas cosas que a nadie le interesaban. Todos cuchicheaban a sus espaldas y soltaban unos interminables suspiros de impaciencia y falsa cortesía así que él empezaba a hablar pidiendo esto y aquello: más espacio en el periódico local, la divulgación de uno de sus consursos de poesia de cordel, la colocación de un afiche -creado e impreso por él mismo con sus parcos recursos- sobre los males del tabaco en el mural de la secretaría, una entrevista con los jefes para marcar una noche de trovas en el teatro, disertaciones sobre los poetas nacionales y regionales en las escuelas, encuentros de trovadores, discusiones entre los profesores sobre la divulgación y los rumbos de la poesía entre los jóvenes y oportunidades para que éstes mostraram sus trabajos, tal vez una modesta revista para darle espacio a los talentos desconocidos... Su rostro flaco y surcado por mil finas arrugas (con certeza producto de todas las negativas, demoras, promesas no cumplidas y humillaciones que había sufrido por causa de su lealtad a la vocación) de ojos cansados pero todavía brillantes, su cabello teñido de negro azabache y su vocecita afónica y sin autoridad, siempre tomada por ese entusiasmo enfermizo que nada parecía disminuír, tenía el poder de irritar a todo el mundo que, a la primera señal de su presencia, se cerraba como un solo cuerpo, semejante a una pared de concreto dura e insensible, delante de la cual él hablaba y hablaba, como si no se diera cuenta de nada, tratando de envolver a una sociedad hastiada y superficial en sus cruzadas poéticas... Desde mi lugar yo lo observaba y no podía evitar preguntarme, llena de lástima y una extraña vergüenza: "Será que él realmente crée que vá a conseguir alguna cosa de esta gente?"...¿No percibía sus miradas, sus gestos, las espaldas viradas, aquella súbita actividad que tomaba cuenta de la sala así que él cruzaba la puerta?...
-Ay, Dios mío, prepárense! Ahí viene el poeta!...- avisaba alguien desde la ventana, con voz de auténtico pavor -Qué diablos será que esta criatura quiere esta vez?...
Y todos se reían, sintiéndose superiores y más importantes que aquel pobre poeta alienado y mal vestido, siempre cargando esa montaña de viejos papeles dactilografiados -porque ni siquiera tenía un computador- y discurseando sobre cosas que nadie estaba con ganas de escuchar, mucho menos de entender. Hasta hacían apuestas sobre cuál sería la lata del día y se empujaban unos para otros el ingrato placer de atenderlo y mendigarle algunos minutos de hipócrita atención... Será que él presentía lo que le esperaba? Sería que su corazón infantil y desprotegido creaba una coraza de fé y porfía todas las veces que doblaba la esquina y se aproximaba a nuestro edificio? Sería que era capaz de percibir la hipocresía, la burla, la falta de atención, y mismo así, continuar en su misión, engullendo las falsas sonrisas, las disculpas, las miradas de menosprecio y las mentiras porque su cruzada, su vocación, eran mayores que todo aquello?.
-Cuándo será que este tipo vá a desistir, hey? Aqui nadie está interesado en poesía.- comentaban, impacientes con su persistencia -Tenemos cosas mejores que hacer!.
Pero él escribía, no se cansaba de escribir, y soñaba, y divulgaba sus versos en las esquinas, en las plazas, en los bancos y mercados, en la feria, encuadernados con cordel y papel reciclado, escritos a mano con nankin, con ilustraciones salidas de su propia imaginación. Por algunas monedas, las personas podían llevarse un pedacito de su vida para sus casas que, con certeza, terminaría en la basura sin siquiera haber sido abierto. Algunos ni esperaban y ya lo tiraban al suelo, pensando que lo que le importaba al poeta eran las monedas que pagarían el pan al día siguiente y no la lectura de su arte, la partija de sus sentimientos y experiencias, la aceptación de las lecciones que tenía para ofrecerle al mundo... Este mundo ingrato y superficial, de corazón vacío y mente cerrada, de sentimientos aturdidos, deformados, breves y egoístas... "Será que el poeta debe vivir en él?", me preguntaba muchas veces, "Será que su misión no está destinada al fracaso? No será mejor que desista y permanezca en su propio mundo para que no continúe sufriendo con la indiferencia y la ferocidad de los hombres?"...
Sin embargo, para estupor y tal vez una gota de admiración del mundo -inclusive de mí misma- el poeta continuaba entre nosotros, desparramando sus hojas baratas y sus discursos utópicos sin dar señal de cansancio o decepción; continuaba invadiendo nuestras oficinas y corazones pidiendo más espacio, más entendimiento, más humanidad, más esperanza, más justicia. El persistía, igual a una hierba dañina, picoteándonos con sus palabras rimadas, sus trovas y hai-kais, sus afiches, sus composiciones a veces tan ingenuas, tan obvias, tan verdaderas... El persistía y, en vez de considerar el favor de jubilar al envejecer, parecía tomado por un fervor mayor a cada año que pasaba, por una fuerza que no sabíamos de dónde venía, porque su cuerpo encogía, sus cabellos raleaban, su voz enronquecía, sus manos perdían la firmeza y su piel más parecía un pergamino del Mar Muerto, pero toda vez que alguien le preguntaba por qué no sosegaba y se iba para su casa a descansar, él invariablemente respondia, abriendo esa sonrisa suya ya medio desdentada:
-Yo soy un poeta, mi amigo, un hijo del grande arte, y el arte nunca muere!... Sólo se transforma...- y mostrando sus manos artríticas y arrugadas agregaba: -Mira, estoy transformándome en un árbol! Mira mis ramas! Mira mis hojas!...- y riéndose, abría los faldones de su chaqueta y sacudía los bolsillos, donde se podía oír el sonido alegre de los lápices chocando unos contra otros. Entonces, pescando uno de ellos, lo aproximaba al rostro de su interlocutor y decía, bajito: -Estas son mis semillas. Toma una. A lo mejor la conviertes en otro árbol.
Y se alejaba por la calle, su silueta curvada, de andar medio desequilibrado, siempre con la prisa de quien tiene donde llegar, con la cartera en una mano y los faldones de la chaqueta revoloteando como dos alas desharrapadas, dejando atrás de sí a alguien con un lápiz y tal vez algunos pensamientos más.
El poeta no se hizo famoso, no ganó dinero, no publicó ninguna colección, no recibió ofertas de grandes editoriales, no dió autógrafos ni promovió una revolución en el mundo. Murió, simplemente, en la aurora de un día cualquiera, ya muy viejo, rodeado por los pocos y fieles amigos, por su mujer y sus hijos, que sabían que el total de su herencia no sería contado en billetes o monedas, sino en versos y rimas. Murió mientras el sol nacía, y tengo certeza de que con su último suspiro compuso una poesía dedicada a aquellos rayos dorados que entraban por su mezquina ventana para besarle la frente y entibiarle el corazón por última vez... Y dejó que aquel oro se lo llevara con la docilidad y la paz de quien siempre fué fiel a un ideal e hizo todo lo que pudo para que éste se volviera realidad. Porque el poeta nunca deja de creer, de desear, de hablar, de esperar.
Quisiera yo ser como él, que nunca desistió, que a cada instante se dejó iluminar y calentar por su inspiración, siguiéndola por doquier, que consideró su don algo divino por lo que valía la pena luchar, que descubrió en sus propias palabras mensajes que tenían que ser sembrados, compartidos, legados; que no le importó lo que el mundo pensaba y fué fiel a su vocación, a su misión... Quisiera yo ser como este poeta, de quien aprendí que toda transformación empieza dentro de nosotros mismos y, poco a poco, vá extendiendose a nuestro alrededor y puede llegar a ser capaz de mudar una partícula del mundo, lo que es suficiente para que la existencia de una vida valga la pena. Pues yo soy la partícula que él transformó, dejándome como herencia el compromiso de de ser fiel a mi vocación y de transformar otra partícula.