Hoy día estoy excepcionalmente ociosa con todo este negocio del cancelamiento de las presentaciones del musical hasta septiembre -si todo salir como se espera y encontramos un puñado de super-bailarines y actores que aprendan sus papeles en tiempo record, cosa que dudo mucho- y este fin de semana también estaré más descansada porque sólo tendré que presentar nuestra pequeña pieza de la fiesta de san Juan el domingo a las 14:00h, y en seguida podré volver para mi casa para ver el final de "So you think you can dance" con mi hija... Ahora, créo que a partir del lunes la cosa se vá a poner realmente difícil porque vamos a empezar este nuevo y estresante maratón para remontar el musical con los testes para escoger el nuevo elenco, los ensayos, las lecturas, las pruebas de ropa y maquillaje, los arreglos del escenario y todos eses horários absurdos que me dejan la glicemia con los pelos de punta. Voy a tener que organizarme muy bien porque no tengo la menor intención de que mi salud pague el pato por las idéas descabelladas que mi jefe tiene! Ya me bastó la primera vez!... Y como voy a viajar el mes que viene, él quiere que las cosas ya estén encaminadas para que así pueda continuar los ensayos sin mucho problema hasta mi regreso... Bueno, sinceramente, espero que consigamos esta proeza, pero de todos modos ya le avisé sobre el riesgo de que las cosas no estén realmente listas para septiembre (es decir, un espectáculo de calidad, con los actores y bailarines seguros) entonces espero que, si el espectáculo no alcance sus expectativas, no me venga con críticas, cobranzas o ataques histéricos, porque está avisado. Aquí hay un dicho que reza así: "Quien avisa, amigo es"... Bueno, estoy siendo muuuuy amiga, entonces espero que no se le olvide cuando la situación aprete...
Pero ahora, en cuanto las cosas están bajo control, serenas y claras, voy a aprovechar para postear no una, sino dos crónicas. Es que estaba leyendo mi diario para escoger la que iba a publicar cuando me encontré con estos dos textos que hablan de cosas parecidas y que no son muy largos, entonces decidí juntarlos en uno solo porque créo que vale la pena leérlos. y separados iban a quedar demasiado breves. Entonces, aquí vá la crónica de la semana: dos en una.
Todos nosotros poseémos nuestra melodía personal, única, original e intransferible, como lo he comprobado durante mis aulas, y ella está siempre ecoando dentro de nosotros, dándole el ritmo y el tono a nuestras acciones y sensaciones, a nuestras decisiones y movimientos, a nuestras palabras y gestos. Es como nuestra marca registrada, que nos proporciona un carisma absolutamente original. El cuerpo vibra al compás de esta música intraductible, que es oída solamente cuando se hace el completo silencio interior, y que proviene de los sonidos que escuchamos durante nuestra gestación biológica y espiritual. Es el recuerdo de nuestro hogar, del centro de la vida, del útero humano y divino donde fuimos generados y desde el cual fuimos lanzados a esta vida. Es el sonido de la creació humana y sobrenatural a la cual pertenecemos, de nuestras primeras memorias, y cuando conseguimos oírlo expresarlo de alguna manera, pasamos a interpretar nuestra parte en la sinfonía universal, adquirimos la capacidad especial de comunicarnos directamente con la historia, pues esta melodía no es tan sólo música, sino una especie de ley cósmica en acción que puede transformarnos en una única expresión... Estoy convencida de que estas son las notas del amor eterno y absoluto y que, por eso, todas nuestras melodías juntas conforman el cántico de la vida.
Por esto, a veces me pregunto, observando a algunos de mis alumnos durante un ejercicio de danza espontánea, hasta dónde somos capaces de perceber, de experimentar, de zambullirnos en lo que somos escencialmente, y hasta qué punto nuestro cuerpo consige traducir, a través del movimiento, de los sonidos y de la creación en toda su diversidad, esta percepción. Cuántos lenguajes pueden ser usados para este fin? Hasta qué punto nos arriesgaremos para ser fieles a los descubrimientos y conclusiones a las cuales llegamos?... Todo en nosotros está hecho de percepciones intuitivas, intelectuales, espirituales y viscerales; son movimientos internos y externos, de los miembros y del intelecto, de los órganos, de los sentidos naturales y sobrenaturales; entonces: cómo exteriorizarlos de una forma comprensible y aceptable -en nuestro caso, para el público?... Pensamiento, creación, acción en el tiempo y el espacio, entrega y docilidad, respiración, movimiento, conclusiones, anulación e integración, quiebra de límites. La mirada, el cerebro, el corazón, los músculos, la conciencia; materia y espíritu se mezclan durante esta danza que es la existencia, se tornan una sola manifestación y cosas que normalmente no vemos aparecen delante de nosotros, tan reales cuanto el suelo que pisamos o la ropa que vestimos, a través del movimiento y del sonido. El cuerpo espeja la percepción intelectual, visceral y espiritual y en algún momento pierde la noción de sus límites, lo que lo empuja a derribar los límites de los otros y a hacerse uno con ellos. Pasa a contener y expresar lo abstracto, lo ilimitado, lo que no tiene forma ni voz mas forma parte indivisible de nuestra existencia. El diálogo con el público sobrepasa la superficie de lo estético conciente y y alcanza un plano tan sutil e íntimo que no es más posible traducirlo. Se hace entonces el silencio más absoluto y pleno entre bailarín y platéa y todos quedan al mismo tiempo aislados y profundamente ligados. El lenguaje es puro y directo, pues se habla de ser humano a ser humano, en lo que ellos tienen de más verdadero y único: su humanidad.
Mostrando postagens com marcador humanidad. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador humanidad. Mostrar todas as postagens
sábado, 11 de junho de 2011
sexta-feira, 23 de abril de 2010
Sentidos
Sinceramente, espero que este fin de semana, en algún momento improbable, pueda postear ese cuento que les prometí la semana pasada, pero no sé, las cosas están apretadas por acá y no tengo certeza de si, después de tanto ensayo, interferencia y sermón sin educación de jefe, voy a tener ánimo para redactar la famosa historia. No es que esté enojada con tanto trabajo -por el contrario!- lo que sucede es que, por causa de él y de "otras cositas más", no estoy consiguiendo organizarme ni tener la disciplina y la perseverancia que mi condición de diabética exigen, y esto es lo que está dejándome verdaderamente irritada, porque tengo la desagradable sensación de que de, alguna forma, perdí el control de mi propia vida y que son las circunstancias y los otros quienes están determinando cómo tengo que vivir... Yo sé que esto es tan sólo una impresión, porque nadie puede tomar cuenta de mi vida si yo no lo permito, pero créo que están habiendo tantos cambios y novedades en mi vida últimamente, que estoy poniendome descuidada y floja y permitiendo que los acontecimientos dicten mis horarios y procesos en vez de ser yo quien ponga los límites, las reglas, las rutinas y mantenga aquel saludable equilibrio que me está haciendo tanta falta ahora... Pero no se preocupen, porque este estado de confusión momentánea ya se vá a terminar y voy a volver a ser la dueña de mí misma. Es que las novedades siempre nos dejan medio mareados y fuera de control, no es verdad?... Pero ésta tiene hora para acabar y devolvernos a nuestras rutinas. Créo que la mía está llegando también, hasta porque mi salud no puede esperar demasiado...
Entonces, como todos los viernes -o casi, deliciosa rutina- aquí vá la crónica de esta semana, lo que ya es una buena señal de normalidad, no les parece?...
Los ojos... Qué son estos dos pozos de luz y sombra por donde el alma se escapa? Llevan la imagen al cerebro, al raciocinio, al fondo del corazón, construyendo secretos que nuestra razón a veces nunca desvenda. Perspectiva, colores, movimiento, sombra, luz, tonos... Los ojos perciben densidades, distancias, intenciones, gestos, belleza, maldad. Hay una intuición sobrenatural en la mirada del hombre; mirada asociada al pensamiento, a la reflexión, al descubrimiento, a la creación, a la conclusión. El ojo que pestañéa e habla, que desagua, incendia, toca, penetra; palabras mudas que emergen del corazón y revelan sus dudas y sus éxtasis, sus pesares y alegrías, sus amores y sus odios... Cuando nos miramos los unos a los otros, qué milagros, qué miserias y esperanzas, cuáles intenciones descubrimos? Nos vemos reflejados en los ojos de la humanidad? La mirada de la creación nos encanta, o preferimos huír de ella? Miramos la verdad o la mentira?... Será que existe vergüenza en la mirada, ya que no consigue mentir? Y será que es por eso que siempre porfía en esconderse, en disfrazarse?Quién sabe mirar al otro e interpretar correctamente lo que vé? Nos preguntamos alguna vez acerca de lo que vemos? Estamos realmente viendo lo que sucede a nuestro alrededor? Sentimos lo que vemos, o las imágenes son solamente referencias muertas, ajenas, sólo un cuadro en el cual existimos, mero complemento y no reflejo de lo que somos?... Al mirar, somos realmente capaces de percibir con todo nuestro ser la tierra, la madera, las nubes, el asfalto, el tejido, el vidrio, la lana, el viento, el água, las tejas, los pétalos, los pájaros? Lejos, cerca, grande, pequeño, moviendose, parado, arriba, abajo?... Casi siempre miramos el universo como si no hiciéramos parte de él y, de la misma forma, contemplamos las imágenes dentro de nosotros. No creémos en ellas, porque el ojo interior es reflejo da la visión interior. Yo créo que todavía no comprendimos lo que es "ver", lo que debemos ver, para qué vemos, pues la visión no es un simple don, un placer, un sentido del cuerpo. El ojo llega solamente hasta donde se lo permitimos, hasta donde osamos llevarlo, así como también es ciego para lo que no aceptamos, nos asusta o nos parece imposible.
La primeira pregunta que tenemos que hacernos al abrir los ojos es: "Qué es lo que soy capaz de ver?"... O, tal vez: "Qué es lo que deséo ver?"... Y la respuesta no es, definitivamente, una cuestión de imaginación, capricho o ilusión. Es la verdad. Pues es para esto que sirven los ojos, es para esto que nuestra mente y nuestro corazón están ligados a ellos, pues son instrumentos de revelación y transformación.
Esto vale también para los otros sentidos, ya que todos son caminos para nuestro desarrollo y aprendizaje. A veces me pregunto, espantada: Qué es lo que estamos haciendo con nuestros sentidos? Ver, escuchar, tocar, saborear, olfatear, qué es lo que hacemos con estos instrumentos preciosos?... Estamos constantemente poluyendo sus funciones, desviando sus objetivos, mutilando sus capacidades. Porque, a final de cuentas, qué es lo que despierta la reflexión sino lo que nuestros sentidos nos traen? Ellos nos proporcionan experiencia, nos muestran caminos, abren ventanas y encienden luces que pueden cambiar nuestra existencia! Nos instigan y despiertan nuestra mente con sus cuestionamientos y reflexiones hasta alcanzar nuestro espíritu, haciendo que él llegue cada vez más cerca de Dios... Del cuerpo para el alma... Manos, boca, oídos, nariz y boca no son meros informantes, sino maestros, experiencias físicas que, de alguna forma, nos lanzan al plano de las revelaciones divinas. El cuerpo en plena percepción se abre a la sabiduría de la creación. A través de la catarsis de los sentidos -casi una muerte de éstos por una fusión extremada de percepción del redor- podemos aprender a desenvolver y vivenciar nuestra escencia que es, al final, la expresión perfecta de cada uno de ellos.
Los ojos: qué son estas dos ventanas de horizontes ilimitados? Las manos: qué son estas antenas que danzan en el aire y sostienen la magia? Y La boca: qué es este milagro de sonidos y sabores por donde la voz del alma estalla? La nariz, túnel de oxígeno que nos mantiene vivos, pasaje de perfumes instintivos y espirituales. Los oídos: qué son estos incansables canales que nos traen los mensajes de los hombres, de los dioses, del universo vivo?... Vivir es sentir. Sentir es vivir. Más que carne, huesos, años, éxitos o fracasos, somos sensaciones, sentimientos. Más que razón y lógica, que proyectos y prestigio, somos instinto humano y divino empujándonos siempre, remeciendonos, resucitandonos, reinventandonos, lastimandonos cuando necesario, pero siempre conduciendonos hacia la vida.
Siento el viento que pasa por mí como una caricia. Escucho las campanas lejanas de la iglesia. Me balancéo lentamente en la hamaca. Apreto la lapicera. Huelo la cena calentando en la cocina. En el silencio del atardecer presiento mi voz, pues la conozco, mismo que nadie más la escuche. Mis sentidos me vuelven parte viva y actuante del universo y su historia, do los planes de Dios, del destino de la humanidad.
Entonces, como todos los viernes -o casi, deliciosa rutina- aquí vá la crónica de esta semana, lo que ya es una buena señal de normalidad, no les parece?...
Los ojos... Qué son estos dos pozos de luz y sombra por donde el alma se escapa? Llevan la imagen al cerebro, al raciocinio, al fondo del corazón, construyendo secretos que nuestra razón a veces nunca desvenda. Perspectiva, colores, movimiento, sombra, luz, tonos... Los ojos perciben densidades, distancias, intenciones, gestos, belleza, maldad. Hay una intuición sobrenatural en la mirada del hombre; mirada asociada al pensamiento, a la reflexión, al descubrimiento, a la creación, a la conclusión. El ojo que pestañéa e habla, que desagua, incendia, toca, penetra; palabras mudas que emergen del corazón y revelan sus dudas y sus éxtasis, sus pesares y alegrías, sus amores y sus odios... Cuando nos miramos los unos a los otros, qué milagros, qué miserias y esperanzas, cuáles intenciones descubrimos? Nos vemos reflejados en los ojos de la humanidad? La mirada de la creación nos encanta, o preferimos huír de ella? Miramos la verdad o la mentira?... Será que existe vergüenza en la mirada, ya que no consigue mentir? Y será que es por eso que siempre porfía en esconderse, en disfrazarse?Quién sabe mirar al otro e interpretar correctamente lo que vé? Nos preguntamos alguna vez acerca de lo que vemos? Estamos realmente viendo lo que sucede a nuestro alrededor? Sentimos lo que vemos, o las imágenes son solamente referencias muertas, ajenas, sólo un cuadro en el cual existimos, mero complemento y no reflejo de lo que somos?... Al mirar, somos realmente capaces de percibir con todo nuestro ser la tierra, la madera, las nubes, el asfalto, el tejido, el vidrio, la lana, el viento, el água, las tejas, los pétalos, los pájaros? Lejos, cerca, grande, pequeño, moviendose, parado, arriba, abajo?... Casi siempre miramos el universo como si no hiciéramos parte de él y, de la misma forma, contemplamos las imágenes dentro de nosotros. No creémos en ellas, porque el ojo interior es reflejo da la visión interior. Yo créo que todavía no comprendimos lo que es "ver", lo que debemos ver, para qué vemos, pues la visión no es un simple don, un placer, un sentido del cuerpo. El ojo llega solamente hasta donde se lo permitimos, hasta donde osamos llevarlo, así como también es ciego para lo que no aceptamos, nos asusta o nos parece imposible.
La primeira pregunta que tenemos que hacernos al abrir los ojos es: "Qué es lo que soy capaz de ver?"... O, tal vez: "Qué es lo que deséo ver?"... Y la respuesta no es, definitivamente, una cuestión de imaginación, capricho o ilusión. Es la verdad. Pues es para esto que sirven los ojos, es para esto que nuestra mente y nuestro corazón están ligados a ellos, pues son instrumentos de revelación y transformación.
Esto vale también para los otros sentidos, ya que todos son caminos para nuestro desarrollo y aprendizaje. A veces me pregunto, espantada: Qué es lo que estamos haciendo con nuestros sentidos? Ver, escuchar, tocar, saborear, olfatear, qué es lo que hacemos con estos instrumentos preciosos?... Estamos constantemente poluyendo sus funciones, desviando sus objetivos, mutilando sus capacidades. Porque, a final de cuentas, qué es lo que despierta la reflexión sino lo que nuestros sentidos nos traen? Ellos nos proporcionan experiencia, nos muestran caminos, abren ventanas y encienden luces que pueden cambiar nuestra existencia! Nos instigan y despiertan nuestra mente con sus cuestionamientos y reflexiones hasta alcanzar nuestro espíritu, haciendo que él llegue cada vez más cerca de Dios... Del cuerpo para el alma... Manos, boca, oídos, nariz y boca no son meros informantes, sino maestros, experiencias físicas que, de alguna forma, nos lanzan al plano de las revelaciones divinas. El cuerpo en plena percepción se abre a la sabiduría de la creación. A través de la catarsis de los sentidos -casi una muerte de éstos por una fusión extremada de percepción del redor- podemos aprender a desenvolver y vivenciar nuestra escencia que es, al final, la expresión perfecta de cada uno de ellos.
Los ojos: qué son estas dos ventanas de horizontes ilimitados? Las manos: qué son estas antenas que danzan en el aire y sostienen la magia? Y La boca: qué es este milagro de sonidos y sabores por donde la voz del alma estalla? La nariz, túnel de oxígeno que nos mantiene vivos, pasaje de perfumes instintivos y espirituales. Los oídos: qué son estos incansables canales que nos traen los mensajes de los hombres, de los dioses, del universo vivo?... Vivir es sentir. Sentir es vivir. Más que carne, huesos, años, éxitos o fracasos, somos sensaciones, sentimientos. Más que razón y lógica, que proyectos y prestigio, somos instinto humano y divino empujándonos siempre, remeciendonos, resucitandonos, reinventandonos, lastimandonos cuando necesario, pero siempre conduciendonos hacia la vida.
Siento el viento que pasa por mí como una caricia. Escucho las campanas lejanas de la iglesia. Me balancéo lentamente en la hamaca. Apreto la lapicera. Huelo la cena calentando en la cocina. En el silencio del atardecer presiento mi voz, pues la conozco, mismo que nadie más la escuche. Mis sentidos me vuelven parte viva y actuante del universo y su historia, do los planes de Dios, del destino de la humanidad.
sexta-feira, 15 de janeiro de 2010
Dos gorriones.
Todavía en suspenso porque mi hermana no dá señales de vida terrestre y por eso no puedo insistirle para que me coloque los benditos contadores de visitas en el blog nuevo, acá estoy de nuevo, todavía de vacaciones y con dos semanas más de brindis por cuenta de mi banco de horas (Putz, estoy imaginandome la cantidad de cuentas que habría pagado si hubiera recibido por esas horas extras!) Entonces, y como a pesar de todo estoy de un humor estupendo por no tener que retornar tan luego a la Fundación para no hacer nada, voy a postear otras dos crónicas, una de las cuales fué enviada al diario, y la otra totalmente inédita. Bueno, si no nos morimos ahogados en este Enero tan lluvioso, créo que la semana que viene voy a publicar otra historia, esta vez en dos o más capítulos, porque es más larga que "El monstruo". Estoy con un montón de ideas para nuevas histórias de ficción, sin embargo, la continuación de este trabajo en el nuevo blog va a depender exclusivamente de la respuesta de los lectores, entonces, y como estoy con muchas ganas de continuar publicando mis cuentos y hasta las novelas (tengo dos!) ojalá que sean aprobados para que así pueda sacarle provecho, divertirme y entretener a las personas con esta nueva vena de mi don.
Y aquí va la primera crónica de esta semana, pero no se vayan acostumbrando tan rápidamente porque, desgraciadamente, créo que sólo estoy tan productiva por causa de las vacaciones, que son una bendición para cualquier inspiración!
Dos gorriones volando juntos como dos flechas pardas en el cielo límpido del atardecer: uno de ellos se detiene sobre el tejado de la casa vecina, haciendo una pirueta circense, y se queda ahí, dando saltitos y observando atento a su alrededor. El otro continúa su vuelo, recto y certero, y desaparece atrás de las ramas de los árboles allí cerca. Aquel que paró se mueve ágilmente entre las tejas anaranjadas, pareciendo un juguete de cuerda, y pesca algunos insectos aquí y allí, expurga los piojillos, se despereza e permanece allí, aprovechando los últimos rayos de sol con aire de completa beatitud. Sacude las plumas, suelta su pequeña voz vibrante, parece contemplar atentamente el paisaje... El otro se desvaneció como una seta por detrás de los tejados y entre el follaje obscuro e movedizo de los árboles. A este, mis ojos no lo buscan. Permanecen posados en el gorrión que se quedó, pues él habla conmigo, está cerca, forma parte de mi cuadro, tiene su papel y lo desempeña con modesta alegría. Esta ave, en ese instante, hace parte de mi experiencia y por eso es tan valiosa... Mas, y ese otro que no véo? Será que está siendo parte de la experiencia de otra persona, elemento de otro cuadro, personaje de otra historia?... Entonces, pienso en lo que es el libre arbítrio y dónde puede llevarnos. Pienso en la diversidad, en el destino, en el momento presente, en las filosofías de vida que guian a tantas personas y son capaces de mover montañas o destruír civilizaciones. Pienso en las misiones que cada uno de nosotros vino a cumplir, en la sabiduría que necesitamos absorver para que ellas tengan éxito; en la compasión, la perseverancia, el valor y la serenidad indispensables para que los mensajes séan pasados adelante y así exista un legado para los que vendrán después de nosotros. Pienso en los planes de Dios y en nuestra obediencia para con ellos -si es que tenemos alguna- en nuestra comprensión de lo que somos y de lo que podemos realizar. Pienso en la fé que deberíamos cultivar, en los milagros que podríamos hacer a través de ella... Este gorrión no es, por ventura, un pequeño milagro, una obra perfecta del Padre, una criatura que sólo vino hasta aquí para traerme su mensaje, para hacerme reflexionar y llegar a conclusiones importantes? Qué es lo que, en esta vida, no posée un objetivo, no tiene algún sentido, no es un peldaño -por menor que parezca- para nuestro crecimiento e nuestro diálogo con Dios y su creación? Pues la existencia não consiste en esto: en nuestro diálogo con el Creador, en sus respuestas, en nuestra unión e interacción constantes?...
En todo hay un mensaje, mismo que la mayoría de las veces nosotros no nos demos cuenta, y en toda la vida a nuestro alrededor están las opciones para encontrar la felicidad, la paz, la transformación, la verdad y la luz que necesitamos para ser felices y hacer nuestra parte en la historia de la humanidad.
Y aquí va la primera crónica de esta semana, pero no se vayan acostumbrando tan rápidamente porque, desgraciadamente, créo que sólo estoy tan productiva por causa de las vacaciones, que son una bendición para cualquier inspiración!
Dos gorriones volando juntos como dos flechas pardas en el cielo límpido del atardecer: uno de ellos se detiene sobre el tejado de la casa vecina, haciendo una pirueta circense, y se queda ahí, dando saltitos y observando atento a su alrededor. El otro continúa su vuelo, recto y certero, y desaparece atrás de las ramas de los árboles allí cerca. Aquel que paró se mueve ágilmente entre las tejas anaranjadas, pareciendo un juguete de cuerda, y pesca algunos insectos aquí y allí, expurga los piojillos, se despereza e permanece allí, aprovechando los últimos rayos de sol con aire de completa beatitud. Sacude las plumas, suelta su pequeña voz vibrante, parece contemplar atentamente el paisaje... El otro se desvaneció como una seta por detrás de los tejados y entre el follaje obscuro e movedizo de los árboles. A este, mis ojos no lo buscan. Permanecen posados en el gorrión que se quedó, pues él habla conmigo, está cerca, forma parte de mi cuadro, tiene su papel y lo desempeña con modesta alegría. Esta ave, en ese instante, hace parte de mi experiencia y por eso es tan valiosa... Mas, y ese otro que no véo? Será que está siendo parte de la experiencia de otra persona, elemento de otro cuadro, personaje de otra historia?... Entonces, pienso en lo que es el libre arbítrio y dónde puede llevarnos. Pienso en la diversidad, en el destino, en el momento presente, en las filosofías de vida que guian a tantas personas y son capaces de mover montañas o destruír civilizaciones. Pienso en las misiones que cada uno de nosotros vino a cumplir, en la sabiduría que necesitamos absorver para que ellas tengan éxito; en la compasión, la perseverancia, el valor y la serenidad indispensables para que los mensajes séan pasados adelante y así exista un legado para los que vendrán después de nosotros. Pienso en los planes de Dios y en nuestra obediencia para con ellos -si es que tenemos alguna- en nuestra comprensión de lo que somos y de lo que podemos realizar. Pienso en la fé que deberíamos cultivar, en los milagros que podríamos hacer a través de ella... Este gorrión no es, por ventura, un pequeño milagro, una obra perfecta del Padre, una criatura que sólo vino hasta aquí para traerme su mensaje, para hacerme reflexionar y llegar a conclusiones importantes? Qué es lo que, en esta vida, no posée un objetivo, no tiene algún sentido, no es un peldaño -por menor que parezca- para nuestro crecimiento e nuestro diálogo con Dios y su creación? Pues la existencia não consiste en esto: en nuestro diálogo con el Creador, en sus respuestas, en nuestra unión e interacción constantes?...
En todo hay un mensaje, mismo que la mayoría de las veces nosotros no nos demos cuenta, y en toda la vida a nuestro alrededor están las opciones para encontrar la felicidad, la paz, la transformación, la verdad y la luz que necesitamos para ser felices y hacer nuestra parte en la historia de la humanidad.
sexta-feira, 13 de novembro de 2009
El corazón de los hombres
Bueno, a no ser por algunas mañanas brevemente frescas y nubladas, por aquí continuamos cocinando sin piedad, mismo bajo guardasoles, con los ventiladores y el aire condicionado prendidos, muchos duchazos, litros de água, jugo, té helado y refrigerante, toneladas de helado y ropas leves y casi escandalosas... Estoy realmente preocupada con lo que va a ser de nosotros cuando llegue el verano. Créo que me vá a dar miedo salir a la calle y transformarme en una mancha en el asfalto hirviente, incapaz de resistir el calor calcinante de los rayos solares... A no ser, claro, que ocurra algún tipo de desarreglo climático (otro!) y el verano se convierta en un otoño o un seudo-invierno de temperaturas más agradables. Eso sería extraño, pero también un punto favorable en este apocalipsis climático que estamos viviendo.
Y aprovechando antes de que las cosas se pongan más calientes aquí -porque el computador prendido emite un calor desgraciado- vou a postear la crónica de esta semana. Después puedo derretirme tranquilamente en algún rincón de la casa junto com mi perra y mis plantas...
El corazón de los hombres puede, a veces, parecer seco, endurecido y obscuro y llenarnos de desánimo y pesimismo, tentandonos a desistir de amarlo y luchar por él y su redención... Sin embargo, todas las veces que esto suceda, lo que tenemos que hacer es dar una ojeada a nuestro alrededor y percibir las infinitas manifestaciones de amor, de renacimiento, de perdón y fé que Dios coloca delante de nosotros, demostrándonos de esta forma que El mismo todavía crée y espera de nosotros una señal, una palabra, un pensamiento, la mera intención del bien. Es como si El supiera que somos capaces de esto y por ello estuviese a todo instante ofreciéndonos esta oportunidad... Yo créo que nos envía estas muestras de su fé en nosotros imaginando que, ciertamente, en algún momento de nuestras vidas, encontraremos en ellas las respuestas y el coraje para continuar creyendo en el hombre y su corazón potencialmente perfecto, a pesar de tantas pruebas en contra... Pero yo pienso: si hasta en el medio de las rocas crece musgo y de las grietas del asfalto se yerguen pequeñas flores, si el desierto de Atacama guarda en sus entrañas resecadas el milagro del florecimiento, por qué no puede ocurrir lo mismo en el corazón del hombre? No es para esto que él existe, para transformarse y florecer, para dar frutos que pueden alimentar a todos?... Observando la historia de la humanidad podemos comprobar que el corazón del hombre es la raíz de todos los milagros, de todas las mudanzas, de todas las conquistas, de toda la felicidad, mismo que a veces esté recubierto por la amargura y la codícia, por la ignorancia y el miedo, por la vanidad, por el ódio... Entonces, por qué él es un tesoro tan grande, un bien tan inestimable, un don tan precioso? Pues, simplemente, porque es en él que está plantada la semilla de Dios. Y si la raíz sobrevive, de cualquier tronco mutilado nacerán, con el tiempo, nuevos brotes, ramas y hojas que tal vez crezcan en otras direcciones, con otras formas y tamaños, pero que serán siempre más fuertes, más resistentes y bellos, pues fueron generados contra todas las expectativas. Así también, de la aparente maldad que domina el corazón de tantos, puede surgir el milagro de la transformación, de la redención, de un amor aún más fuerte y fiel porque emergido del dolor y de la obscuridad. Nuestra raíz es el amor y ella es eterna, nunca nos abandona, ni permite que la olvidemos, por más relegada que esté. Es a ella a quien tenemos que acudir cuando nos sintamos secos y exhaustos, vacíos, abandonados bajo el sol de tantas probaciones. Ella nos ayudará a producir el perenne milagro de la renovación, del recomienzo.
En la naturaleza y en la vida del hombre es la manifestación del amor divino lo que vuelve posible la existencia.
Y aprovechando antes de que las cosas se pongan más calientes aquí -porque el computador prendido emite un calor desgraciado- vou a postear la crónica de esta semana. Después puedo derretirme tranquilamente en algún rincón de la casa junto com mi perra y mis plantas...
El corazón de los hombres puede, a veces, parecer seco, endurecido y obscuro y llenarnos de desánimo y pesimismo, tentandonos a desistir de amarlo y luchar por él y su redención... Sin embargo, todas las veces que esto suceda, lo que tenemos que hacer es dar una ojeada a nuestro alrededor y percibir las infinitas manifestaciones de amor, de renacimiento, de perdón y fé que Dios coloca delante de nosotros, demostrándonos de esta forma que El mismo todavía crée y espera de nosotros una señal, una palabra, un pensamiento, la mera intención del bien. Es como si El supiera que somos capaces de esto y por ello estuviese a todo instante ofreciéndonos esta oportunidad... Yo créo que nos envía estas muestras de su fé en nosotros imaginando que, ciertamente, en algún momento de nuestras vidas, encontraremos en ellas las respuestas y el coraje para continuar creyendo en el hombre y su corazón potencialmente perfecto, a pesar de tantas pruebas en contra... Pero yo pienso: si hasta en el medio de las rocas crece musgo y de las grietas del asfalto se yerguen pequeñas flores, si el desierto de Atacama guarda en sus entrañas resecadas el milagro del florecimiento, por qué no puede ocurrir lo mismo en el corazón del hombre? No es para esto que él existe, para transformarse y florecer, para dar frutos que pueden alimentar a todos?... Observando la historia de la humanidad podemos comprobar que el corazón del hombre es la raíz de todos los milagros, de todas las mudanzas, de todas las conquistas, de toda la felicidad, mismo que a veces esté recubierto por la amargura y la codícia, por la ignorancia y el miedo, por la vanidad, por el ódio... Entonces, por qué él es un tesoro tan grande, un bien tan inestimable, un don tan precioso? Pues, simplemente, porque es en él que está plantada la semilla de Dios. Y si la raíz sobrevive, de cualquier tronco mutilado nacerán, con el tiempo, nuevos brotes, ramas y hojas que tal vez crezcan en otras direcciones, con otras formas y tamaños, pero que serán siempre más fuertes, más resistentes y bellos, pues fueron generados contra todas las expectativas. Así también, de la aparente maldad que domina el corazón de tantos, puede surgir el milagro de la transformación, de la redención, de un amor aún más fuerte y fiel porque emergido del dolor y de la obscuridad. Nuestra raíz es el amor y ella es eterna, nunca nos abandona, ni permite que la olvidemos, por más relegada que esté. Es a ella a quien tenemos que acudir cuando nos sintamos secos y exhaustos, vacíos, abandonados bajo el sol de tantas probaciones. Ella nos ayudará a producir el perenne milagro de la renovación, del recomienzo.
En la naturaleza y en la vida del hombre es la manifestación del amor divino lo que vuelve posible la existencia.
segunda-feira, 30 de março de 2009
No podemos dejar pasar
Doblé la esquina casi con la misma energía con que había empezado mi caminada -a pesar del calor asustador que se anunciaba tan temprano- y aproveché para darle una rápida mirada al reloj: menos de media hora desde mi casa hasta la plaza central; un buen tiempo, que me haría llegar más temprano y así aprovechar mejor la mañana. Había valido la pena saltar de la cama así que la radio tocó en vez de quedarme remoloneando sólo porque todavía no me cayó la ficha de que mis vacaciones terminaron... Animada por la conquista, respiré hondo y atravesé para la otra vereda, donde los árboles ofrecían un poco de sombra. Después de avanzar algunos metros, lo ví doblando la esquina, a algunos metros delante de mí, y acercandose con su andar algo tambaleante, pero firme, cabeza ya canosa y levemente inclinada, bolsita de nylon con la ollita de su almuerzo balanceando en una mano, pantalones gris azulado, camisa de manga corta celeste y zapatos negros chuecos para el lado de fuera por causa de su modo de caminar. Expresión seria, la piel morena surcada por algunas arrugas nuevas, boca apretada en una mueca de preocupación, ojos fijos en la vereda... El "hombre de las inyecciones", siempre de buen humor y con mano de ángel para pinchar traseros y brazos, era casi el mismo que cuando llegué a la ciudad y tuve que acudir a sus talentos para librarme de una faringitis rebelde que no me permitía comer ni un plato de sopa... Nos acercamos, sin que él se diera cuenta, pero cuando estábamos casi cruzandonos, levantó de repente la cabeza y me vió. Sus ojos intensamente azules soltaron una pequeña chispa, sus labios gruesos se separaron para brindarme aquella sonrisa que yo conocía tan bien y, no sé por qué, la visión de su figura pareció llenarme de una felicidad repentina e inexplicable. Me dieron unas ganas absurdas de abrazarlo y de decirle cuánto había sido importante en mi vida, cómo, cuando estaba enferma, él me traía alivio y optimismo, cómo su mano siempre había sido delicada y respetuosa, cómo su entrada en mi casa me hacía pensar: "Ahora las cosas van a empezar a mejorar!"... Pero sabiendo que él, con certeza, no entendería mi actitud y que le parecería, lo mínimo, totalmente fuera de lugar, engullí mi euforia y me contenté con brindarle mi sonrisa más luminosa junto con un "Buenos días!" capaz de derretir una montaña de granito, tratando de que mi felicidad por encontrarlo se zambullera por sus ojos y lo hicieran sentir el cariño y la gratitud que tomaban cuenta de mí... Con un destello de desconcierto, él me saludó y sonrió, pasando apresurado, dejando el rastro de su loción de afeitar en el aire, semejante a una discreta mirada de curiosidad.
Yo continué mi caminada, con una sonrisa boba estampada en la cara, y fuí saludando a los conocidos -que, ahora lo veía, eran muchos más de lo que pensaba-a medida que avanzaba, ébria con aquela intensa sensación de felicidad y gratitud por la presencia de cada uno de ellos em mi vida, sin importar si era el dueño anciano y casi paralítico de aquel perrito saltón que perseguía a las palomas por el jardín, la muchacha deficiente que aguardaba el bus de su institución sentada en el muro junto con su madre, una mujer seca y deformada como la rama de un árbol en el invierno; la costurera delgadita y medio jorobada, siempre con esa sonrisa medio triste, medio tímida; la dueña de casa o el chico del garage, de ropas inmundas y una perpétua cara de sueño; la viejita que se dirigía a la academia apoyada en su bastón o el empresario de terno y corbata en su automóvil de lujo... Me dí cuenta de que ninguno de ellos tenía un papel vital o directo en mi vida; eran apenas encuentros diarios hechos de sonrisas y gestos breves, algunos comentarios, pequeños servicios ocasionales o, simplemente, estaban en el mismo lugar todos los días cuando yo pasaba, pero... cómo me gustava verlos, saludarlos, escuchar sus voces y encontrarme con sus sonrisas en respuesta a la mía! Cómo disfrutaba el hecho de tenerlos en mi vida, ni que fuera por aquellos pocos segundos en los cuales nuestros caminos se cruzaban! Cómo su presencia formaba parte indivisible de mi rutina! Cuánto los echaba de menos si no los encontraba y cómo me ponía contenta cuando alguno de ellos me sorprendía apareciendo -o reapareciendo- para recordarme que todavía estábamos unidos por un hilo poderoso y misterioso que nos otorgaba el privilegio de compartir algunos instantes diariamente y, quién sabe, aprender alguna cosa los unos con los otros!... Me sentía amiga y confidente inclusive de aquellos con los que nunca había conversado, desconocidos que contaban sus secretos a través de sus ropas, sus expresiones, sus miradas, su manera de andar, sus carteras, sus bolsas, zapatos y cabellos, su perfume, sus manos y piés. Personas que vivían sus vidas, así como yo, que se alegraban con sus éxitos y se entristecían con sus fracasos; gente pequeña, común, anónima e, al mismos tiempo -y tal vez así como yo era para ellos- tan importante para mi existencia diaria.
Llegando a mi casa, y todavía tomada por estos pensamientos, tuve que parar durante algunos momentos en el jardín y respirar hondo para asimilar lo que había sucedido. Dí una buena mirada a mi alrededor y, apoyando una mano en el pecho, murmuré una pequeña oración de agradecimiento por esta revelación, por esta consciencia tan clara y estupenda de la humanidad que me rodea y forma parte de mí, a pesar de no saberlo. Siempre le dí valor y aprecié intensamente todos los encuentros que Dios coloca en mi camindo, interpretandolos y sacandoles el máximo de provecho, pero hoy me aparecieron en toda su importancia y belleza, toda la transcendencia y ligación que poséen con mi propia vida, toda la felicidad, simple y sincera, con que pueden contribuir para mejorar mi existencia, mis pensamientos y acciones, mis intenciones, mi compasión y sabiduría.
Los encuentros son, definitivamente, mágicos, sagrados, perfectos, instantes cósmicos y divinos que no podemos dejar pasar, pues son algunos de los mejores regalos que podemos recibir.
Yo continué mi caminada, con una sonrisa boba estampada en la cara, y fuí saludando a los conocidos -que, ahora lo veía, eran muchos más de lo que pensaba-a medida que avanzaba, ébria con aquela intensa sensación de felicidad y gratitud por la presencia de cada uno de ellos em mi vida, sin importar si era el dueño anciano y casi paralítico de aquel perrito saltón que perseguía a las palomas por el jardín, la muchacha deficiente que aguardaba el bus de su institución sentada en el muro junto con su madre, una mujer seca y deformada como la rama de un árbol en el invierno; la costurera delgadita y medio jorobada, siempre con esa sonrisa medio triste, medio tímida; la dueña de casa o el chico del garage, de ropas inmundas y una perpétua cara de sueño; la viejita que se dirigía a la academia apoyada en su bastón o el empresario de terno y corbata en su automóvil de lujo... Me dí cuenta de que ninguno de ellos tenía un papel vital o directo en mi vida; eran apenas encuentros diarios hechos de sonrisas y gestos breves, algunos comentarios, pequeños servicios ocasionales o, simplemente, estaban en el mismo lugar todos los días cuando yo pasaba, pero... cómo me gustava verlos, saludarlos, escuchar sus voces y encontrarme con sus sonrisas en respuesta a la mía! Cómo disfrutaba el hecho de tenerlos en mi vida, ni que fuera por aquellos pocos segundos en los cuales nuestros caminos se cruzaban! Cómo su presencia formaba parte indivisible de mi rutina! Cuánto los echaba de menos si no los encontraba y cómo me ponía contenta cuando alguno de ellos me sorprendía apareciendo -o reapareciendo- para recordarme que todavía estábamos unidos por un hilo poderoso y misterioso que nos otorgaba el privilegio de compartir algunos instantes diariamente y, quién sabe, aprender alguna cosa los unos con los otros!... Me sentía amiga y confidente inclusive de aquellos con los que nunca había conversado, desconocidos que contaban sus secretos a través de sus ropas, sus expresiones, sus miradas, su manera de andar, sus carteras, sus bolsas, zapatos y cabellos, su perfume, sus manos y piés. Personas que vivían sus vidas, así como yo, que se alegraban con sus éxitos y se entristecían con sus fracasos; gente pequeña, común, anónima e, al mismos tiempo -y tal vez así como yo era para ellos- tan importante para mi existencia diaria.
Llegando a mi casa, y todavía tomada por estos pensamientos, tuve que parar durante algunos momentos en el jardín y respirar hondo para asimilar lo que había sucedido. Dí una buena mirada a mi alrededor y, apoyando una mano en el pecho, murmuré una pequeña oración de agradecimiento por esta revelación, por esta consciencia tan clara y estupenda de la humanidad que me rodea y forma parte de mí, a pesar de no saberlo. Siempre le dí valor y aprecié intensamente todos los encuentros que Dios coloca en mi camindo, interpretandolos y sacandoles el máximo de provecho, pero hoy me aparecieron en toda su importancia y belleza, toda la transcendencia y ligación que poséen con mi propia vida, toda la felicidad, simple y sincera, con que pueden contribuir para mejorar mi existencia, mis pensamientos y acciones, mis intenciones, mi compasión y sabiduría.
Los encuentros son, definitivamente, mágicos, sagrados, perfectos, instantes cósmicos y divinos que no podemos dejar pasar, pues son algunos de los mejores regalos que podemos recibir.
Assinar:
Postagens (Atom)