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sábado, 17 de setembro de 2011

Fotos antiguas

Créo que, a pesar de todos los cambios y los constantes y a veces casi intransponibles desafíos que implican trabajar en un lugar como la Fundación Cultural, que está siempre llena de sorpresas -agradables y desagradables- mi vida está empezando a entrar en los ejes de nuevo, inclusive en los disgustos, que son aquellos viejos conocidos con los cuales, por un momento, olvidé cómo lidiar (demasiada felicidad tiene este efecto colateral)... Pero qué es la vida sin uno o dos contratiempos, sin las personas antipáticas que ponen a prueba nuestra paciencia y sólo nos hacen las cosas difíciles? Créo que sin la presencia de sus "maldades" lo pasaríamos bien aburridos y terminaríamos estacionados por falta de desafíos y aventuras, no es verdad?... Entonces, un modesto "bravo!" para los hinchadores, los tiranos, las chismosas, los chupamedias y los miedosos, para los brutos e insensibles, porque, a final de cuentas, no sabríamos apreciar las cosas buenas de la vida si no nos encontráramos de vez en cuando con estas criaturas.
Entonces, antes de que me aparezca alguno (porque ayer, cuando fuimos al shopping mi hija y yo, parece que estaban haciendo fila esperándonos!) aquí vá la crónica de la semana.


    A veces, tomar un viejo álbum de fotos, de esos que se llenan de polvo en la parte más alta - o más baja- del estante de la sala o en el fondo de algún armário, acomodarse confortablemente en un sofá con una taza de té y algunas tostadas en la mesita al lado, y abrirlo para dar una ojeada en aquellas fotografías de nuestra infancia o juventud puede resultar una estupenda forma de terapia e reevaluación, pues esta simple actividad puede ayudarnos enormemente a entender o interpretar de nuevas formas los hechos y a las personas que estuvieron envueltas en ellos (y que a veces dejaron tanto resentimiento y tristeza, tantas preguntas sin respuestas  y arrepentimientos) porque la madurez que la vida nos vá proporcionando puede, con certeza,cambiar hasta radicalmente la visión que teníamos de los acontecimientos y las acciones de los otros, inclusive de las nuestras. Rever y reformular los eventos es como entender las raíces de un árbol y acompañar su desarrollo bajo la tierra, pues solamente entonces sabremos cómo creció y por qué tomó aquella dirección y no esta otra, cómo se volvió el árbol que vemos hoy, cuán fuerte es y por qué dá los frutos que dá. Comprendemos la forma de sus ramas, la frescura de su sombra, el sabor de sus frutas, el color de su follaje, y le perdonamos las ramas sueltas, la suciedad del otoño y la desnudez en el invierno... Ver fotos antiguas nos hace reflexionar, reconsiderar, sentirnos contritos o iluminados, nostálgicos y llenos de ternura... Algunos fantasmas se desvanecen, o por lo menos,  se vuelven menos amedrentadores y poderosos, y así podemos tener la oportunidad de enfrentarlos y exorcizarlos para que borren todos los espejismos que crearon para controlarnos y mantenernos en su pasado morboso.
    Recorro las páginas adornadas del álbum y véo a mi madre, mi padre, mis primos y primas, tíos y abuelos en paisajes rurales, en calles cuesta arriba o flanqueadas de tilos verde claro, en pátios soleados, bajo parreras y árboles centenarios, en salones de fiesta o alrededor de mesas de navidad o cumpleaños, en playas y parques, y sé que estoy delante de mis raíces, que soy una de las ramas de este árbol inmenso que es una familia, y que de mí están naciendo nuevas ramas, hojas y frutos, todos alimentados por una única raíz... Pero ahora cierro suavemente el álbum y una pregunta me asalta: cuáles son nuestras verdaderas raíces? Dónde están enterradas? Son físicas o espirituales, divinas o humanas? Será que podríamos zambullirnos y alcanzar el inicio, la semilla, el milagro primero de la existencia para comprobar que, efectivamente, somos todos hechos de la misma materia, hijos de un mismo corazón, venidos del mismo útero, hermanos y herederos de la eternidad, hojas del árbol inmortal que es Dios?...

sábado, 3 de abril de 2010

El secreto

Eso es lo bueno de los feriados largos como este: uno no tiene que correr para hacer las cosas ni planear nada con mucha exactitud porque se tiene tiempo para hacer lo que estaba pendiente y para descansar también. Pero lo curioso es que es justamente en estas fechas cuando menos lo hacemos, ya notaron eso?... Parece una paradoja, es verdad, pero suele suceder que nos desesperamos más para hacer cosas en los feriados que en los días de trabajo, lo que nos deja exhaustos y con esa bizarra sensación de que el feriado se nos pasó de largo. Estoy totalmente convencida de que esto ocurre porque tenemos la manía de ir dejando que las pequeñas obligaciones domésticas y personales se acumulen -pensando que en el fin de semana o el próximo feriado daremos cabo de ellas- hasta que se vuelven absolutamente impostergables, todas al mismo tiempo... Resultado? Pasamos nuestro día de descanso corriendo como locos, estresados y mal humorados, sublevados y profundamente arrepentidos de no haber aprovechado el aliento de los días de trabajo para ir haciendo poco a poco estas cosas nada atractivas -pero indispensables- que nos negamos a aceptar como parte de nuestra rutina... Esta actitud es, definitivamente, el mejor ejemplo de cómo echar a la basura un feriado y volver al trabajo con esa cara de disgusto y el corazón frustrado, aguantando su aflicción sólo por la certeza distante de que el próximo fin de semana o feriado largo vamos a conseguir descansar de verdad porque habremos hecho las cosas que teníamos que hacer cuando teníamos tiempo y disposición... Pues no hay nada mejor que abrir los ojos en la mañana de sábado, de domingo o de un feriado de fin de semana, y percibir, sonriendo, que tendremos todo el tiempo sólo para nosotros mismos porque fuimos organizados y dejamos la flojera de lado para hacer lo que necesitaba ser hecho... Eso sí que es descanso, y no solamente para el cuerpo, sino también para la mente y el espíritu, pues están sosegados y satisfechos por haber cumplido sus obligaciones en la hora cierta. La tranquilidad del deber cumplido es la mejor de todas y nada puede perturbarla, pues no estamos en deuda con nadie, principalmente con nosotros mismos.
Y aprovechando que estoy sosegada porque ya hice todo lo que debía y tengo estos tres días enteros para relajarme y hacer lo que se me antoje, aquí vá la crónica de esta semana. Iba a postearla ayer, pero la net dió un problema, entonces vá hoy. Inclusive voy a tener tiempo para postear otro cuento!... Pasen en el pazaldunate-historias.blogspot.com y lean! Espero que les guste.

Esta es una gran verdad: suceden cosas estupendas el tiempo entero, en cualquier rincón, en cualquier agujero, en cualquier fin de mundo. En todo lugar existen personas fantásticas, inspiradas, altruístas e valientes; están en todas las clases sociales, en cada barrio, escuela o empresa, en las tiendas, cocinas, construcciones, hospitales y salones de belleza... Y créanme, ellas no necesitan dinero, publicidad, prestigio o promoción para actuar, pues no existe tamaño, espacio, condición, raza, religión, tiempo o diferencias culturales que impidan las manifestaciones del amor. Lo he comprobado una infinidad de veces, pero mismo así, siempre que soy testigo de uno de estos episodios, me quedo de boca abierta, profundamente conmovida con los milagros que podemos conseguir y muerta de ganas de imitar a estos pequeños héroes anónimos que están salvando a la humanidad... El amor es tan poderoso y tiene tal alcance que no necesita personas escogidas, lugares o situaciones que atraigan a la mídia para actuar. Y lo hace a través de nosotros mismos, enseñandonos, ayudandonos y volviendo nuestras vidas mejores, usandonos como donadores y receptores. Porque para practicar actos de amor no son necesarios requisitos, pruebas, testigos importantes, retorno financiero o grandes y complicados planes. El secreto es, simplemente, dejarse invadir, inspirar, guiar y actuar sin intimidarse por las reglas o patrones establecidos, por el preconcepto o la vanidad. Es necesario ser perseverante y paciente, compasivo, para que nuestra empresa tenga éxito, y aprender a sentirnos recompensados no con los aplausos o elogios, con la gratitud o alguna retribución material, sino con la mera conciencia de que realizamos una buena acción, de que ayudamos a alguien que lo estaba necesitando, de que no huímos del encuentro ni de la acción que Dios colocó en nuestro camino en este día, en este instante. La verdadera recompensa es saber que hicimos todo lo que podíamos para que las cosas diesen cierto, que cumplimos con nuestra parte en la historia que se cruzó con la nuestra (inclusive porque estos cruzamientos nunca suceden en vano, lo que significa que, tarde o temprano, descubriremos el don que recibimos en este encuentro) y sentir nuestra conciencia tranquila al respecto.
Yo no sé qué ley rige estas cosas (la ley de la sorpresa tal vez?) pero el amor acostumbra manifestarse sin reservas, sin restricciones. Es igual a un árbol que necesita tan sólo de una gota de água para soltar raíces y crear un tronco con sus ramas, hojas, flores y frutos instantáneamente; y esta diminuta gota de água es nuestra aceptación a su manifestación, la mera intención de realizar una buena acción es suficiente para que empiece a actuar. Nada lo inhibe. Si divisa una rendija, por menor que ella séa, luego viene e invade el corazón, tomando cuenta de él por completo... Y qué es lo que lo motiva? Pues no es nada espectacular, sólo nuestro consentimiento, mismo que le séa dado con alguna resistencia... A veces somos llevados a creér que tan sólo los corazones puros y valientes, los ángeles y los santos disfrutan de la belleza y del sabor de los frutos de este árbol, pero esto no es verdad -inclusive porque vá contra todo lo que el amor es- Nadie es discriminado, todos podemos actuar, sentir, crecer, ser iluminados por la luz del amor y recibir sus dones y recompensas. No es necesario que seamos perfectos o inmaculados para dar amor, recibirlo o dejar que él nos guie, por lo menos de vez en cuando, porque todo acto de amor es válido.
Gracias a Dios, nuestra ignorancia, nuestra futilidad y egoísmo, toda nuestra vanidad y ambición no consiguen detenerlo o dejarlo menos luminoso y poderoso, nada cambia o dismiinuye su poder transmutador, regenerador, nada lo hace desistir porque su destino es habitar dentro de nosotros y guiar nuestros pensamientos, intenciones y acciones. Y se necesita tan poco para que él actúe, para que podamos sentir sus beneficios! Es sólo decir "sí"! El hace todo el resto y no pide nada a cambio... El amor es como el viento, sopla donde quiere y nadie sabe de dónde viene ni para dónde vá. Cabe a nosotros abrirle la puerta.
Empiezo a vislumbrar las respuestas para algunos enigmas, o por lo menos un camino que me permita vivirlos, dándoles el crédito que merecen, sacándolos del limbo de los "tabús", los "imposibles", las "ingenuidades" y las "utopías". El amor se revela algo completamente concreto, una acción en tiempo y espacio reales, ejecutada por personas de verdad, con resultados tangibles y, si no inmediatos, por lo menos a corto plazo. Entonces, por qué esperamos a la mídia, el dinero, el lugar más conveniente, la cooperación de otros, la aprobación de las autoridades? Por qué no tomamos la iniciativa ya, sin más disculpas? El amor está allí, bien delante de nosotros, sólo esperando...

sábado, 9 de janeiro de 2010

Posibles e imposibles

Esta semana (la última de mis vacaciones, infelizmente, a no ser que gane unos días más por cuenta del bendito banco de horas) voy a empezar -y digo empezar porque serán dos crónicas- posteando la crónica que salió publicada en el diario y después postearé la que había escogido, entonces créo que van a tener bastante material para pasar el final de semana. Hoy hace un día nublado y lluvioso, ideal para escribir, pensar, meditar, ver mucha televisión y comer un montón de cabritas, y como mi hija viene a pasar el fin de semana, ya estoy viendo que lo vamos a pasar regio... Pero no voy a salir de la dieta, lo prometo! Inclusive ya fuí a comprarme un pote de helado diet, unos paquetes de tostadas, algunas frutas y verduras bien coloreadas y frescas para evitar las tentaciones poco saludables!.. Como ven, estoy haciendo todo para cumplir mi promesa de año nuevo, así como espero conseguir cumplir las otras y todos los proyectos que me propuse... Y hablando de estos proyectos, resulta que mi hermana anda medio ocupada, entonces todavía no me puso los contadores de visitas en mi nuevo blog de cuentos, lo que está dejandome enferma de curiosidad, pues quiero mucho saber si alguno de ustedes -o alguien nuevo- ya fué a visitarlo y qué piensa de él... Pero paciencia, que el mundo no se hizo en un día!... Así mismo, y como soy una ansiosa con certificado de garantía ilimitado, estoy aqui rezando para que mi hermana encuentre un tiempecito y me haga este favor inmenso. Es que ustedes no saben -o a lo mejor sí- cómo es bueno y animador ver el número de visitas aumentando a cada día! Es esta respuesta de ustedes lo que me lleva a continuar escribiendo, lo que me inspira y me hace sentirme útil, con un propósito en la vida (que era realmente el que yo pensaba que era, lo que es todavía más sensacional) llena de optimismo y aliento, viva, conectada con el mundo que me rodea, sabiendo que estoy compartiendo mis experiencias y que tal vez le estoy dando una mano a alguien que puede andar meio perdido por ahí, porque muchas manos me fueron extendidas cuando yo misma anduve perdida. Y uno tiene que retribuir, no es verdad? Es solamente de esta manera que el bien se propaga, entonces, por qué no hacer nuestra parte, por menor que séa? Todos somos importantes en esta empresa!.
Y aquí vá la primera de esta semana, la que salió en el diario.

Posible. Imposible... Ayer, mientras me balanceaba perezozamente en la hamaca colgada en el garage fresco y sombreado, me quedé meditando sobre estos dos conceptos que, en verdad, son mucho más subjetivos de lo que parecen. Créo que estamos aqui para combatir y derribar la mayor cantidad posible de aquellos mitos (los imposibles ilusorios) que frenan o impiden nuestro crecimiento, sin embargo, tembién pienso que luchar contra ellos y vencerlos no significa que vamos a transformarnos en eternos Quijotes yendo siempre atrás de los imposibles, anhelando cosas inalcanzables, descabelladas para nuestra condición humana.
Lo posible es todo aquello que deseamos y podemos verdaderamente realizar. Lo posible es lo realmente importante para nuestra existencia real, es el deseo que nos lleva a la superación, al crecimiento, a los cambios y no a la frustración, la alienación o la desesperación. No existe nada fuera de esto y la sabiduría es la llave que abre esta puerta, pues nos muestra la dimensión exacta de nuestros anhelos y las reales posibilidades de concretarlas. La sabiduría es, definitivamente, el camino por el cual se llega a todos los aparentes imposibles (esos que no alcanzamos inventando las más variadas disculpas) y para los posibles que todavía no conseguimos ver, presos por los límites que nuestros imposibles nos imponen.
Créo que es por eso que Santa Teresita del Niño Jesús afirmaba tan categóricamente que Dios nunca nos inspira deséos que no puedan ser satisfechos, mismo que a veces éstos puedan parecer inalcanzables. El nos inspira todo lo que es posible y cabible a un ser humano y quiere mucho concedernos estos deseos; somos nosotros que no lo creémos!... Y esto sucede porque nuestra visión de "posible" y cabible" es bien diferente de la de Dios. Para empezar a entender de verdad estos conceptos y aplicarlos en nuestras vidas tendríamos, primero, que comprender lo que es "ser humanos", y cuáles son nuestros potenciales. Después, créo que seríamos capaces de empezar a actuar en pro del éxito de todas nuestras empresas. Hay que soñar, sí, hay que esperar y tener fé, ser optimista y luchador, sin embargo, también es imprescindible que, para que el árbol que somos dé frutos, ella esté con las raíces bien hincadas en la tierra.

sábado, 14 de novembro de 2009

Semillas

Como hoy es el día mundial de la biabetes y yo formo parte de este contingente devorador de dulces y refrigerantes diet, agujereadores de dedos y horarios rígidos para cada refección -incluyendo porciones bien específicas de cada alimento- y, más encima, estoy de un humor estupendo porque finalmente mi glicemia está donde quería y mi hija viene a visitarme este fin de semana, decidí postear otra crónica en honor a los posibles diabéticos que léen estos textos... Hermanos, la lucha continúa! Vamos a ser fieles y honestos, perseverantes y optimistas porque, al final de cuentas, existen los productos diet! El mundo no se olvidó de nosotros! Entonces, vamos a hacer nuestra parte y vivr más y mejor porque, realmente, vale la pena!.
Y después de esta manifestación cívica, aquí vá la otra crónica, que es la misma que envié para el diario la semana pasada.

Semillas caídas en el suelo, centenas de ellas desparramadas alrededor del árbol formando una crujiente alfombra de galletitas café con manchitas rojas... Las noté porque empezaron a estallar debajo de mis zapatos como pequeños fuegos artificiales cuando pasé bajo aquel árbol. Entonces, curiosa y sorprendida, me detuve y observé a mi alrededor: las bolitas achatadas cubrían casi completamente el cemento de la vereda alrededor del tronco, haciendo que pareciese que yo estaba en el medio de una isla perfumada... Permanecí algunos instantes contemplándolas, mientras un pensamiento me venía a la cabeza: "Qué desperdicio estas semillas cayendo en la vereda! Ciertamente van a ser pisoteadas y trituradas o se van a quemar bajo este sol inclemente. Qué destino diferente tendrían si cayesen en la tierra y fueran regadas y adubadas! Cuántos nuevos árboles perfumarían el aire! Probablemente un bosque entero! Sin embargo, tiradas en esta calzada, no fructificarán, qué pena! Todo el trabajo de la naturaleza perdido!"...
Continué mi camino, siempre con la imagen de las semillas en la cabeza, y de repente se me ocurrió que sucede lo mismo con nuestras acciones, palabras y pensamientos. Si son sembrados en suelo fértil, regados y cuidados, prosperan, florecen y dan frutos. Mas, si lanzados al asfalto, de cualquier manera, sin água ni adubo, acaban por morir y desaparecer, transformandose en una pérdida de tiempo y energía. Entonces, con cuánto cuidado tendremos que escojer el terreno en el cual sembraremos nuestra existencia para que, de esta forma, ella séa valiosa y deje un legado a los que vendrán después de nosotros! Caso contrario, seremos como aquellas semillas que fueron aplastadas en la vereda alrededor del árbol. Hicieron mucho ruido, pero nada produjeron.

sexta-feira, 2 de outubro de 2009

El árbol chueco

Bueno, creo que finalmente estamos volviendo a la normalidad, a pesar de algunas caídas esporádicas y altamente irritantes de la internet, pero si consideramos la catástrofe que asoló a la región la semana pasada (todavía hay camiones recogiendo pedazos de tronco, tejas y ladrillos en las calles!) creo que podemos disculparla y ejercitar un poco nuestra paciencia y nuestra buena voluntad. Mis horarios en el trabajo fueron, una vez más (y espero que séa la última) modificados y ahora mi tiempo está mejor distribuído, empecé a trabajar con los bailarines de la fundación y a ensayar para los espectáculos de fin de año, cosa que me encanta hacer. Montar, ensayar y presentar hace que valgan la pena todos los disgustos que uno pasa el año entero con alumnos insoportables, salas de aula apocalípticas, directores a los que no les importa nada, injusticias, persecuciones morales, renuncios, exigencias y cobranzas absurdas... Pero cuando uno ve en el escenario a esa chiquillada toda presentando casi exactamente el espectáculo que uno idealizó -perdonando las pequeñas fallas de la inexperiencia, del nerviosismo o la simple y total falta de talento para la cosa- y escucha el aplauso fuerte, feliz y sincero del público (y a veces uno que otro elogio de los jefes) parece que el fracaso, la frustración, los resentimientos, el cansancio y la glicemia escalando montañas hasta el cielo no existen más y que todo el proceso que lo llevó a uno hasta ese instante de felicidad y gratitud era necesario para el crecimiento de todos... Siempre reflexiono acerca de cómo somos ciegos, porfiados y tenemos berrinches cuando estamos pasando por alguna situación difícil, pues no conseguimos percibir su significado y nos dedicamos a maldecir y a resistir, a lamentarnos y a morirnos de ganas de desistir para, al final, darnos cuenta de que las cosas no eran nada de lo que pensábamos y que toda la experiencia sólo nos enriqueció, nos volvió más sábios y compasivos, pacientes, dóciles y, sobre todo, humildes. En el último instante descubrimos a las personas y los acontecimientos con nuevos ojos y sentimientos, y ahí no nos queda sino agradecer y prepararnos para la próxima aventura, ahora más maduros y conscientes... A final de cuentas, es así que se aprende y se vive, no es verdad?.
Y antes de que piensen que ESTA es la crónica, aquí va la de verdad.

La primera vez que la ví no pasaba de una varita raquítica y desnuda, con unas cuatro hojas minúsculas de un verde pálido, casi transparentes, en la punta de su única rama. Indefensa de dar pena y ya levemente chueca, parecía buscar apoyo y protección en las barras blancas de la reja de metal que la rodeaba para defenderla del viento, de los perros y de los vándalos que, en esta ciudad, suelen divertirse quebrando las mudas de árboles o plantas que la municipalidad o los dueños de las casas plantan para sombrear y adornar calles y plazas. De lejos casi no era posible distinguirla, tan fina y descolorida era, y si no fuera porque el propietario estaba regándola el día en que pasé, con certeza ni habría notado su presencia, pues la reja de protección la escondía casi por completo. A la primera ojeada, me recordó a una princesa prisionera en una torre esperando a su príncipe libertador, agitando sus hojitas flacuchentas para llamarle la atención... Al verla así "enjaulada", pensé sobre lo que somos obligados a hacer si queremos preservar un poco del verde que la naturaleza tan generosamente nos ofrece, a despecho de nuestra inconsciencia y nuestras agresiones.
Las semanas pasaron y la muda progresaba un poco más a cada día. Nuevas hojas surgieron, esta vez más fuertes, de un verde promisorio y gruesas nervaduras, formando pequeños montoncitos en las puntas de las ramas que, por su vez, también crecían y aparecían con progesivo entusiasmo y robusteza.
-Ah, qué bueno!...- me decía a mí misma cada vez que pasaba delante de ella -Menos mal que esta aquí escapó de los chiquillos y de los perros! Vá a ser un árbol lindo que nos vá a salvar del sol asesino del verano con su sombra.
Sin embargo, poco a poco, empecé a notar que, a pesar de la reja, la muda estaba enchuecandose, casi imperceptiblemente, como si no quisiera que nadie se diera cuenta, en dirección a la casa en la vereda. Pasados algunos días el dueño, con certeza percibiendo lo mismo que yo, colocó un pedazo de bambú alto y fuerte, muy recto, a su lado, amarrándolo en el tronco en varios lugares con tiras de género para no lastimarlo, esperando que esto resolviese el problema... "Bueno", pensé al ver la armazón, "Por lo menos no usó alambre. Eso acabaría degollando el tronco."
Aquella tarde me quedé observando de lejos esta "operación rescate", con una sonrisa de solidaridad y simpatía por el hombre corpulento y calvo que sudaba a mares bajo el sol calcinante mientras cortaba y amarraba las tiras alrededor del tronco y del bambú. Realmente le importaba aquella muda!... Y era casi cómico, pues el arbolito prácticamemnte desaparecía entre la armazón de metal, la vara de bambú y los pedazos de género, pero el hombre parecía no estar en absoluto dispuesto a tener un árbol chueco frente a su casa. A final de cuentas, se dice que solamente a los poetas, a los pintores y a personas morbosas y depresivas -y a buena parte de la población japonesa- les gustan los árboles retorcidos que parecen luchar contra la propia naturaleza para seguir inclinaciones inexplicables que resultan en formas nuevas y exóticas, desconcertantes y, a veces, inconvenientes... Y como fuí comprobando a lo largo de los meses, ésta parecía ser una de ellas. Vuelta y media, el arbolito insistía en soltar unas ramas de formas excéntricas y nada armoniosas que escapaban por los agujeros de la reja y terminaban enroscandose en algún transeúnte desprevenido. Entonces, el dueño venía con más género o las tijeras podadoras y domeñaba esta manifestación de rebeldía de su protegido. Sin embargo, algunas semanas más tarde, allí estaba otra rama retorcida asomándose desafiante a través de la reja, casi llevando el bambú junto con ella.
Se estableció entonces un tipo de guerra silenciosa y obstinada entre el árbol y el propietario: así que el primero comenzaba a querer huír de la verticalidad que el segundo estaba tratando de imponerle, era inmediatamente admonestado y corregido con un bambú más grande o tiras más gruesas y, a veces, hasta con el serrucho. Yo pasaba todos los días delante de este silencioso y encarnizado campo de batalla y no conseguía evitar preguntarme quién saldría vencedor, y la primera respuesta que me venía a la cabeza era ese viejo dictado: "Árbol que nace chueco no se endereza jamás"... Ciertamente, el árbol conseguiría burlar al hombre con su interminable creatividad y capacidad de regeneración y, al final, él tendría que conformarse con la visión de un árbol chueco exhibiendose con insolencia frente a su casa... Y siempre me alejaba de allí con una sonrisa en los labios.
Los meses transcurrieron y yo cambié mi recorrido, pues en la avenida había más sombra, y dejé de acompañar la guerra entre el hombre y el árbol. Sin embargo, cuando el verano acabó, volví a mi antiguo camino y, cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con la mudita, ahora un árbol alto y esbelto, de follaje obscuro y vigoroso, irguiéndose recto y majestuoso un par de metros por encima del borde la reja de protección. La vara de bambú todavía estaba ahí, junto a él, amarrada con las tiras de género, como un apoyo, una certeza y un alerta en caso de que cualquier idea de rebeldía pudiera por ventura insinuarse en la imaginación del árbol. Me quedé pasmada. El hombre había vencido, entonces, contradiciendo el viejo dictado!.
Justo en ese momento, el propietario surgió de la casa y vino a abrir el portón para salir con el auto, me vió parada allí contemplando su obra de arte y, todo orgulloso, se aproximó, sonriente.
-Pero cómo creció esta mudita!.- exclamé -Y está pareciendo una regla de tan derecha! Cómo lo consiguió?- le pregunté, genuinamente curiosa -Porque ví cómo era porfiada...
-Fué difícil, pero al final conseguí enderezarla. Gasté metros y metros de género y muchas varas de bambú, pero no la dejé crecer chueca.- me respondió el hombre, alargando una mano para acariciar las ramas finas y fuertes de su árbol.
-Pero por qué no lo dejó crecer solo?..- indagué entonces, queriendo saber la razón de su porfía, que a primera vista podía pasar por un gesto de represión, una pura demostración de poder y manipulación del proceso natural de las cosas.
El hombre cogió una hoja entre los dedos y la acarició, mirando hacia la copa que se erguía allá encima, balanceando suavemente al viento del atardecer.
-Ah, m'hija...- dijo, soltando un suspiro -Se yo lo hubiera dejado crecer de cualquier manera e invadir la vereda con las ramas, con certeza la municipalidad habría aparecido para cortarlo, no importa cuánto me gustara o quisiera tenerlo frente a mi casa. Si un árbol está estorbando o dañando la vereda o poniendo en peligro a las personas, ellos vienen y la derriban sin pestañear y ni siquiera ponen otra en su lugar.
Lo contemplé, admirada, y una sensación cálida me invadió, como si me encontrase delante de un verdadero héroe.
-Pero le tiene tanto cariño así a este árbol?...
-Es que me traje la muda de mi hacienda, allá en el sur, y es de un tipo que me encanta, porque dá unas flores perfumadas y una sombra bien fresca... No iba a dejar que lo cortaran porque estaba chueco si podía hacer algo al respecto!...- me respondió el hombre, riendo -Imagínese, uno tiene que pelear por lo que es correcto y tiene que esforzarse para proteger lo que ama!.- agregó, con aire convencido.
-Es verdad, ví que usted usó todos los medios posibles para mantenerlo derecho.- dije, ahora mirando al árbol con una sensación diferente, como si el susurro de su follaje estuviera confirmando las palabras del hombre.
-Y resultó!.- exclamó éste, orgulloso -Yo no iba a largar mi árbol, que me costó tanto traer de tan lejos, para que creciera solo, de cualquier manera, corriendo el riesgo de tener que ser cortado!... Usted ya vió? Está dando las primeras flores!.- agregó, empinándose y separando las hojas de una rama cercana. Pequeños brotes de color lila y amarillo aparecieron, y un tenue perfume dulce penetró por mis narices -No es lindo?...- inquirió él, respirando hondo -Usted vá a ver el próximo año, esto vá a ser un cuadro!.
Sintiéndome tomada por una avalancha de sensaciones y pensamientos, concordé con él y le aseguré que todo su esfuerzo había valido la pena, pues seguramente aquel árbol sería un regalo para los ojos y el olfato. En seguida, me despedí y fuí caminando lentamente calle arriba, mientras escuchaba el rugido del motor del auto del hombre saliendo del garage... Me acordé de la primera imagen que tuve del árbol, aquella muda raquítica y desnuda, con algunas hojas pálidas y asustadas temblando en la punta de su única rama. Entonces, me detuve nuevamente y viré la cabeza para ver su imagen actual: un árbol recto y orgulloso, frondoso, susurrante, que seguramente se volvería abrigo de pájaros y refresco de hombres, que había sobrevivido incólume a la reja y al bambú, a las tiras de género, a los vándalos y a los perros... Y cuando el viejo dictado vino de nuevo a mi mente, pensé: "Este hombre, con su amor y su dedicación, desafió y quebró la tradición. Ahora puedo afirmar -porque fuí testigo- que ni todo árbol que nace chueco, no se endereza jamás."... Sonreí y retomé mi camino, y de repente se me ocurrió que si pudiésemos usar el mismo amor y la misma perseverancia, la misma lealtad, rectitud y paciencia que este hombre demostró con su árbol cuando se trata de personas, sobre todo de aquellas que parecen no tener remedio, que están chuecas o sueltan ramas sin propósito, hasta peligrosas, que insisten en desafiar a las reglas, a los objetivos, a la bondad y a la propia vida retorciéndose en busca de ilusiones que solo las decepcionan y las lastiman, no tendríamos tantos perdedores en nuestra historia. Si tuviésemos la misma creatividad y comprensión, el mismo cariño y confianza de aquel hombre, si las considerásemos como seres preciosos que merecen ser enderezados y guiados para que no sean derribados, podados, mutilados, arrancados y dejados de lado, cuánta tristeza y fracaso serían borrados de nuestra vida! Cuántas lágrimas y angustias serían ahorradas!... El hombre no había sido aquiescente con los caprichos del árbol, sabiendo lo que ellos podrían acarrearle, y había hecho de todo para mentenerlo recto, salvandole así la vida, pero en ningún momento había olvidado cuánto lo amaba y cuánto deseaba verlo crecer y fructificar... No podemos convenir con los errores, claro, pero tenemos que entenderlos -hasta porque nadie erra intencionalmente- perdonarlos y abrir nuevas puertas, mostrar otros caminos y soluciones para quien parece no tener salida. Pues este árbol y este hombre me enseñaron que un ser humano "chueco" no es un caso perdido y que no podemos abandonarlo a su suerte... Varas de bambú y tiras de género no faltarán para darle una nueva oportunidad.