Nada muy emocionante a no ser las tempestades que todos estos últimos días desaguan encima de nosotros y nos dan un poco de alívio en medio de este calor infernal. No sé cómo no adelgazamos de tanto sudar!... Dos gloriosas semanas más de vacaciones y entoncers volveré a la fundación, pero como ya les dije antes, lo haré con un espíritu totalmente diferente y sin compromiso, entonces no soy presa de esa angustia existencial que acomete a todos los funcionarios cuando tienen que regresar al trabajo y encarar a un jefe de parar los pelos, un trabajo estresante o colegas descontentos y de caras amurradas. No, todo esto pasa lejos de mí, gracias a Dios, y si todo nos sale como esperamos y en el plazo que nos pusimos, más cambios radicales vendrán. Prepárense!.
Y sin más rollos, aquí vá la de esta semana. También estoy contenta porque finalmente -después de casi seis meses de ayuno!-me publicaron una crónica en el diario. No sé si la editora es otra, o la que estaba decidió darme una tregua, pero lo que importa es que allí estaba el texto, lindo y claro, enterito en la página central... Ah, la vida es realmente buena, y basta tan poco para aprovecharla y ser feliz!...
Es divertido lo que sucede cuando uno se sienta aquí a digitar. Normalmente se viene con alguna idea, una inspiración cruda, básica, algo más o menos definido que tenemos la intención de desarrollar. Sin embargo, no es raro ocurrir una espécie de magia o, mejor, una rebelión en nuestro espíritu, y acabamos escribiendo algo completamente inesperado. Pero supongo que ahí está la gracia de la cosa... La inspiración es algo voluble y caprichoso, con un qué de tiranía encantadora e irresistible, que puede llevarnos a través de territorios sorprendentes cuando menos lo esperamos o deseamos. Delante de sus encantos y misterios no somos capaces de resistir y vamos atrás de ella, sin al menos saber cuál será el final de nuestra aventura. Y de nuevo afirmo que, justamente, ésta es la gracia de la cosa... Sin embargo, puedo asegurarles que cada una de estos viajes vale la pena y siempre nos quedamos con ese gustito de "quiero más".
Para mí, esta musa funciona como algo externo a mí, a mi voluntad o mis idéas, pues a pesar de que a veces venga a escribir con algún tema perfectamente definido en la cabeza -sobre todo cuando se trata de las piezas que me encomiendan en el trabajo- ella consigue sorprenderme y desviarme del estilo y la historia comunes , transfromando aquello que era para ser redactado por obligación en un placer y un episodio de realización íntima y verdadera. Yo siempre me sorprendí con este fenómeno de "despersonalización" que sufro todas las veces que escribo, pues la sensación clarísima es de que "alguien", y no yo misma en sana conciencia, es quien está creando el texto. Sé que todo viene de algún lugar profundo y misterioso dentro de mí -y estoy convencida de que todos tenemos un lugar así- que es mío, y al mismo tiempo, me parece que no soy yo, mismo reconociendo el estilo, los temas, los personajes, el abordaje de los tópicos como una opción mía. Es como si el raciocinio, la conclusión, la lección, viniesen de algo superior, con un objetivo absolutamente definido que vá mucho más allá de un simple talento, de fama, reconocimiento o una mera diversión... Existe algo en mi impulso de escribir que es más fuerte que cualquier otra cosa en mi vida, algo que me lleva no sólo a conocerme mejor, sino que tambien a descubrir cosas sobre la existencia que, ciertamente, no conseguiría de otra forma. Es como si este fuera al canal, el medio, la manifestación "customizada" escogida por lo divino para enseñarme, para guiarme y colocarme en la historia de la humanidad para que así pueda cumplir mi parte en ella.
No importa cuán cansada, choreada, atareada o urgida esté, basta encender el computador, sentarme aquí y empezar a digitar, ni que séa a costo de un enorme esfuerzo inicial, para que aquella magia acontezca y las palabras empiecen a fluir como un río caudaloso, pero sereno y transparente. Y es siempre así, a pesar de que yo todavía dudo sobre el milagro y estoy siempre resistiendo, mismo cuando tengo tiempo y tranquilidad para escribir. Esta es -o debería ser- una rutina sagrada, inquebrantable, mi lección de cada día, mi alimento, mi paz, mi realización, mi principal objetivo espiritual, pues cada texto (inclusive esos en los que sólo reclamo o me cobro por ser tan floja e infiel) es como una clase particular con algún gran maestro que viene hasta mí solamente para enseñarme. Entonces, perder esta "visita" diaria es casi un pecado, porque no se repetirá y yo habré dejado escapar la lección de este día por pereza, desánimo, futilidades o preocupaciones para las cuales a lo mejor habría encontrado solución si hubiera, por lo menos, tratado de escribir lo que mi corazón estaba pidiendome, mismo sin tener muy claro lo que era al principio. Las palabras siempre, siempre se vuelven comprensibles y entregan su mensaje, ni que séa en la última frase del texto.
Por lo menos, esto es lo que me sucede a mí y si ellas ni siempre me traen una lección, por lo menos me sirven como un desahogo que alivia mi corazón cuando está demasiado lleno y afligido y clarea algunas situaciones y actitudes, ayudandome a ser paciente y optimista, a pesar de las apariencias, y a tomar decisiones prácticas y equilibradas respecto a algunos problemas diários -de esos que nos dan más dolores de cabeza de lo que merecen- mejorando así mi calidad de vida física y espiritual.
Entonces, qué es escribir?... Es un don, una compulsión, un milagro, un regalo, un misterio? Es la presencia de Dios en mi existencia? Es mi canal particular con la vida natural y sobrenatural? Es mi destino, mi misión en esta vida? Será mi legado, mismo modesto?... A veces me gustaría saber estas respuestas, otras veces prefeiero continuar ignorándolas, porque así, el misterio de las palabras en mi vida continúa empujandome en la búsqueda de ellas, manteniendome en constante y progresiva actividad a camino de la perfección. Pues es para esto que cada uno recibió sus dones.
sábado, 21 de janeiro de 2012
segunda-feira, 16 de janeiro de 2012
"Luces"
Um poquitito atrasada, pero acá estoy, llena de inspiración, en el medio de mis vacaciones, animada, relajada, disfrutando estos días de lluvias inesperadas y temperaturas agradables... Sinceramente, estábamos achicharrándonos y derritiéndonos con este calor tremendo;saben ese tipo que no dá descanso ni cuando se está en la ducha? Sudor escurriendo de la mañana a la noche, ropas mojadas e pegadas al cuerpo, cerebro frito e inspiración como un helado en la mano de un niño en a plaza al mediodía... Ya se hicieron el panorama, no?... Nadie se lo merece! Menos mal que existen los ventiladores -sobre todo los de techo- y el aire acondicionado, si bien que llega una hora en que uno siente que lo único que circula en la habitación es aire caliente y el choque térmico que nos llevamos cuando salimos de un ambiente con aire acondicionado casi nos mata... En fin, y a pesar de todo esto, estoy tratando de disfrutar mis vacaciones al máximo, a pesar de que cuando retorne a la fundación la cosa no va a cambiar mucho porque como me voy a quedar solamente dos meses más, no voy a tener muuuucha cosa que hacer. Es bien extraño pensar en salir, lo confieso, pero también tengo la certeza de que no es posible continuar. Lo que tiene que pasar, pasa, si lo dejamos fluir llega a su final lógico, sin dramas, mas con la certeza del deber cumplido. Y es así con todo: trabajo, matrimonio, edad, bienes, relacionamientos, vida. Es un proceso al cual no sacamos nada con resistir, porque sería un desperdicio de energía y creatividad. Lo que tenemos que hacer es aprender a disfrutar todo lo que la vida nos ofrece en cada etapa para que, cuando llegue la hora de la despedida, seamos capaces de seguir adelante, hacia la siguiente aventura, con el corazón leve y la mente fresca, virgen, el espíritu abierto a los cambios y encuentros que nos aguardan. Hay que moverse, hay que avanzar si no queremos quedarnos estacionados y morir, no es verdad?
Y antes de que se me quemen las papas allá en la cocina, aquí vá la crónica de esta semana.
Aquellas noches, después de las presentaciones en la plaza, volvía a mi casa caminando lentamente por las calles obscuras y silenciosas, cansada pero satisfecha, cargando mi bolsa -que a esa hora parecía pesar una tonelada- y con los piés palpitandome, imaginando la bienvenida que mis perritas irían a brindarme -aquella fiesta de cabriolas, ladridos y arrullos del más absoluto y sincero éxtasis- y soñando con mi cama suave y fresca esperándome en la obscuridad quieta y perfumada de mi cuarto.... Sin embargo, esas últimas noches todo había ido cambiando a mi alrededor, casi sin que me diera cuenta, y ahora las calles estaban tomadas por sillas en la vereda, vecinos animados, chiquillos corriendo y gritando, fuentes de soda abiertas llenas de clientes jugando billar o cartas, tomandose su cervecita y con el volumen de la radio del auto rebentandonos los tímpanos. Perros flacos y pedigüeños husmeaban alrededor de la parrilla con anticuchos, ventanas y puertas abiertas de par en par, sin miedo o vergüenza de mostrar la intimidad de sus habitantes, olor a bistec, a huevo, a papas fritas, a queque. E aquellas luces...
En las terrazas y porches, enmarcando ventanas y puertas, rejas, dibujando tejados, parpadeando, brillando sus colores en la obscuridad como millones de luciérnagas enloquecidas. En las mansiones, en los edificios, en las casuchas y los barrios populares, en las columnas de la iglesia, en los árboles de la plaza, las vitrinas de las tiendas, atrayendo las miradas con su danza frenética y secuencial... Donde quiera que mirase había una fila de luces parpadeando, una guirnalda, un árbol cargado de bolas metálicas, cintas, ángeles, estrellas y lucecitas. Viejos pascueros descendían por los balcones, espiaban por las ventanas, llevando sus bolsas repletas de regalos, renos de neón pastaban en los jardines y muñecos de nieve inmensos, con sus bufandas rojas y sus gorros verdes saludaban a los automovilistas en la rotonda de la plaza. Los árboles aparecían iluminadas por lámparas invisibles y ángeles de botellas plásticas se colgaban como trapecistas de las ramas y los postes... Aquel era realmente un escenario de sueños! Mirando a mi alrededor me parecía que caminaba por un reino encantado y que cualquier cosa fantástica podría suceder al doblar la próxima esquina!.
Sin embargo, de repente me dí cuenta de que ese clima todo no era solamente por causa de os adornos, sino de las propias personas. Todos se mostraban completamente diferentes de lo usual. Parecían tomados por una alegría sobrenatural, por una fuerza y un optimismo que llenaban el aire de una vibración eléctrica y calurosa, abierta, sincera. Parecían confundirse con las luces, los colores, con la fiesta y la expectativa de la navidad, del año nuevo que despuntaba en el horizonte de sus vidas. Parecían esperar lo mejor y estar dispuestos a entregarse, a mejorar, a perseverar, a creér... Y mientras caminaba y sonreía, sintiendome envuelta en esta aura de fé y esperanza, me pregunté de repente si mañana, cuando el sol apareciera y todas estas luces estuvieran apagadas, el mundo volvería a parecer triste y sombrío, amenazador, rudo y banal para todas estas personas que hoy celebraban. Me pregunté si la luz del día apagaría la magia, la felicidad, la expectacion, y todos volverían a sus vidas pequeñas y sacrificadas y andarían por las calles de asfalto con la cabeza baja y los hombros curvados, como todo día, sin mirar en torno para percibir que los ángeles, las luces, los muñecos de nieve y los Viejitos pascueros continuaban allí, mismo sin el brillo de la noche anterior. Será que el paisaje ruidoso y apresurado los transfromaría en parte invisible del cuadro? Será que la luz del día cerraría sus corazones para la presencia de la navidad?... Miré a mi alrededor y me dí cuenta de que, para muchos de nosotros, hay cosas que brillan y esparcen su magia solamente cuando está obscuro, cuando la realidad desaparece, cuando la fiesta toma cuenta del ambiente y que no conseguimos verlas cuando el mundo se vuelve real, tangible, prosáico. No hay lucecitas en nuestra oficina, ni guirnaldas en el mercado, no divisamos Viejitos pascueros descendiendo por el tejado de nuestra viaja casa o apareciendo atrás de la puerta de puesto de salud. Lo que brilla es la indiferencia, el egoísmo, la maledicencia, la mala voluntad. Las luces festivas que en la noche esconden nuestra miseria parecen dejarnos desamparados cuando el sol aparece... Sin embargo, ellas continuan ahí! Yo las ví cuando iba al trabajo al día siguiente! Es verdad que, si prendidas bajo el sol, casi no aparecen, pero estarían brillando, sí, de la misma forma que lo hacían bajo las estrellas!... La magia, la bondad, la compasión, la honestidad y la sabiduría no desaparecen sólo porque no podemos verlas, sólo porque la luz de este mundo, a veces cruel, nos ofusca el corazón. La celebración no debe ocurrir tan sólo en la noche, cuando podemos ver las luces y dejarnos contagiar por su brillo colorido, sino también durante el día, cuando la fiesta termina y retornamos al trabajo, al sacrificio, a la banalidad. Es verdad que en la noche las luces aparecen en todo su esplendor, pues fué para eso que fueron creadas, justamente para alumbrar nuestras tinieblas, sin embargo, nada les impide que se enciendan para nosotros, en nosotros, cuando es día pleno, y nos guíen a través de las sombras que el sol proyecta en nuestras vidas.
Y antes de que se me quemen las papas allá en la cocina, aquí vá la crónica de esta semana.
Aquellas noches, después de las presentaciones en la plaza, volvía a mi casa caminando lentamente por las calles obscuras y silenciosas, cansada pero satisfecha, cargando mi bolsa -que a esa hora parecía pesar una tonelada- y con los piés palpitandome, imaginando la bienvenida que mis perritas irían a brindarme -aquella fiesta de cabriolas, ladridos y arrullos del más absoluto y sincero éxtasis- y soñando con mi cama suave y fresca esperándome en la obscuridad quieta y perfumada de mi cuarto.... Sin embargo, esas últimas noches todo había ido cambiando a mi alrededor, casi sin que me diera cuenta, y ahora las calles estaban tomadas por sillas en la vereda, vecinos animados, chiquillos corriendo y gritando, fuentes de soda abiertas llenas de clientes jugando billar o cartas, tomandose su cervecita y con el volumen de la radio del auto rebentandonos los tímpanos. Perros flacos y pedigüeños husmeaban alrededor de la parrilla con anticuchos, ventanas y puertas abiertas de par en par, sin miedo o vergüenza de mostrar la intimidad de sus habitantes, olor a bistec, a huevo, a papas fritas, a queque. E aquellas luces...
En las terrazas y porches, enmarcando ventanas y puertas, rejas, dibujando tejados, parpadeando, brillando sus colores en la obscuridad como millones de luciérnagas enloquecidas. En las mansiones, en los edificios, en las casuchas y los barrios populares, en las columnas de la iglesia, en los árboles de la plaza, las vitrinas de las tiendas, atrayendo las miradas con su danza frenética y secuencial... Donde quiera que mirase había una fila de luces parpadeando, una guirnalda, un árbol cargado de bolas metálicas, cintas, ángeles, estrellas y lucecitas. Viejos pascueros descendían por los balcones, espiaban por las ventanas, llevando sus bolsas repletas de regalos, renos de neón pastaban en los jardines y muñecos de nieve inmensos, con sus bufandas rojas y sus gorros verdes saludaban a los automovilistas en la rotonda de la plaza. Los árboles aparecían iluminadas por lámparas invisibles y ángeles de botellas plásticas se colgaban como trapecistas de las ramas y los postes... Aquel era realmente un escenario de sueños! Mirando a mi alrededor me parecía que caminaba por un reino encantado y que cualquier cosa fantástica podría suceder al doblar la próxima esquina!.
Sin embargo, de repente me dí cuenta de que ese clima todo no era solamente por causa de os adornos, sino de las propias personas. Todos se mostraban completamente diferentes de lo usual. Parecían tomados por una alegría sobrenatural, por una fuerza y un optimismo que llenaban el aire de una vibración eléctrica y calurosa, abierta, sincera. Parecían confundirse con las luces, los colores, con la fiesta y la expectativa de la navidad, del año nuevo que despuntaba en el horizonte de sus vidas. Parecían esperar lo mejor y estar dispuestos a entregarse, a mejorar, a perseverar, a creér... Y mientras caminaba y sonreía, sintiendome envuelta en esta aura de fé y esperanza, me pregunté de repente si mañana, cuando el sol apareciera y todas estas luces estuvieran apagadas, el mundo volvería a parecer triste y sombrío, amenazador, rudo y banal para todas estas personas que hoy celebraban. Me pregunté si la luz del día apagaría la magia, la felicidad, la expectacion, y todos volverían a sus vidas pequeñas y sacrificadas y andarían por las calles de asfalto con la cabeza baja y los hombros curvados, como todo día, sin mirar en torno para percibir que los ángeles, las luces, los muñecos de nieve y los Viejitos pascueros continuaban allí, mismo sin el brillo de la noche anterior. Será que el paisaje ruidoso y apresurado los transfromaría en parte invisible del cuadro? Será que la luz del día cerraría sus corazones para la presencia de la navidad?... Miré a mi alrededor y me dí cuenta de que, para muchos de nosotros, hay cosas que brillan y esparcen su magia solamente cuando está obscuro, cuando la realidad desaparece, cuando la fiesta toma cuenta del ambiente y que no conseguimos verlas cuando el mundo se vuelve real, tangible, prosáico. No hay lucecitas en nuestra oficina, ni guirnaldas en el mercado, no divisamos Viejitos pascueros descendiendo por el tejado de nuestra viaja casa o apareciendo atrás de la puerta de puesto de salud. Lo que brilla es la indiferencia, el egoísmo, la maledicencia, la mala voluntad. Las luces festivas que en la noche esconden nuestra miseria parecen dejarnos desamparados cuando el sol aparece... Sin embargo, ellas continuan ahí! Yo las ví cuando iba al trabajo al día siguiente! Es verdad que, si prendidas bajo el sol, casi no aparecen, pero estarían brillando, sí, de la misma forma que lo hacían bajo las estrellas!... La magia, la bondad, la compasión, la honestidad y la sabiduría no desaparecen sólo porque no podemos verlas, sólo porque la luz de este mundo, a veces cruel, nos ofusca el corazón. La celebración no debe ocurrir tan sólo en la noche, cuando podemos ver las luces y dejarnos contagiar por su brillo colorido, sino también durante el día, cuando la fiesta termina y retornamos al trabajo, al sacrificio, a la banalidad. Es verdad que en la noche las luces aparecen en todo su esplendor, pues fué para eso que fueron creadas, justamente para alumbrar nuestras tinieblas, sin embargo, nada les impide que se enciendan para nosotros, en nosotros, cuando es día pleno, y nos guíen a través de las sombras que el sol proyecta en nuestras vidas.
quarta-feira, 11 de janeiro de 2012
"Los dos lados"
Es lo que sucede cuando se está de vacaciones: los días no tienen horas, sino que se transforman en largos espacios de tiempo de sosiego, libertad y "viajes" de todo tipo. Es el momento de soñar, de evaluar, de meditar, de revigorizar el alma, la mente y el cuerpo en la paz y seguridad de nuestro hogar; es nuestra oportunidad de olvidarnos de los jefes, las reuniones, los proyectos, de picar el cartón y del salário ridículo... Ah, cómo es rico sentarse en la hamaca para contemplar el paisaje -cuando no hace un calor de matar, claro- balanceandose lentamente, el cuerpo relajado, aquella pereza tomando cuenta, cuchicheando en nuestros oídos que no hay prisa, no hay rutina, no existen obligaciones ni responsabilidades profesionales! Nadie está mirando por encima de nuestro hombro, a no ser aquella paloma gorda en el borde del techo del garage... Y qué es lo que sucede con tanto ócio, tanta falta de compromiso, tanta pereza? Uno termina olvidándose de que tiene un blog y que este blog tiene lectores que aguardan un nuevo postéo cada final de semana. No es que el mundo se vá a acabar si dejo de publicar un texto -mi blog no es TAAAAN importante así- pero encuentro una falta de respeto dejarlos esperando. Al final de las cuentas hay personas a las que les gustan mis crónicas e hicieron del hecho de leérlas una rutina agradable durante la semana. Entonces, voy a dejar de ser floja y voy a retomar el saludable hábito de escribir alguna cosa todos los días, lo que incluye este blog. Por suerte, el año pasado anduve escribiendo un montón, entonces créo que no voy a necesitar más usar textos antiguos y voy a aprovechar estos últimos. Parece que con toda esta reviravuelta en mi vida mi inspiración está a mil por hora y, ya que, mismo regresando al trabajo el dia 8 de febrero, lo haré con una actitud totalmente sin compromiso, créo que voy a poder continuar produciendo con más frecuencia y gusto. En realidad, voy a permanecer en la fundación hasta abril por una pura cuestión de conveniencia, para poder renunciar con algunas pequeñas ventajas, entonces, en verdad, no tendré ninguna ligación con ella o sus actividades, lo que me dejará libre y tranquila para escribir... Y tal vez, brevemente, tengan algunas sorpresas... Desgraciadamente, todavía no puedo contar todos los planes que tengo para este nuevo año porque temo que si las noticias escapan antes de tiempo alguien puede ponerme dificultades para que cumpla mis proyectos. Entonces, como la discresión es un tesoro inestimable para el éxito de nuestros planes, van a tener que esperar un poco más para saber lo que vá a pasar. Mi divorcio está casi saliendo, pero todas esas cosas burocráticas son sumamente demorosas y sólo nos roban la plata y atrasan la definición del proceso. Es duro tener que aguantar una situación por cuestiones legales cuando, en realidad, ella ya terminó hace tiempo... Pero como las cosas funcionan así por aquí, es mejor armarme de paciencia, optimismo y perseverancia. Lo que importa es que el nudo se desate, y que lo haga suavemente, no es verdad?...
Bueno, y después de dadas las debidas disculpas y hecha la promesa de mantener el blog actualizado, voy a la crónica de esta semana. También la envié al diario, pero estoy medio desanimada con ellos porque hace mucho tiempo -desde agosto del año pasado- que no me publican nada. No sé si se aburrieron de mí o si no le gusté a la nueva editora, el caso es que, por descargo de conciencia continúo enviando textos, pero con bastante menos frecuencia. No pretendo desperdiciar mi trabajo enviándolo si no vá a ser publicado. Quién sabe no termino publicando sólo en este blog... Después de todo, hay que ponerse práctica en ciertos asuntos, no es verdad?...
Hay gente que está de vacaciones -como yo- y anda por ahí de shorts y camiseta, condoritos y una expresión sonriente, casi atontada, en la cara. Abren el portón de la casa y salen a la calle con un aire de total deslumbramiento, caminan despacio, mirando el paisaje a su alrededor como si fuera la primeira vez que lo ven; saludan a los vecinos, llevan a los niños al parque y hasta se divierten con ellos, van al mercado sin reclamar y aprovechan para recorrer largamente cada corredor descubriendo todas las novedades que no tienen tiempo de ver el resto del año, van a la fuente de soda a jugar billar y tomarse unas cervezas con los amigos en plena tarde. Se levantan a la hora que quieren y comen porquerías que no son permitidas en época de trabajo, ven el partido de football o la novela desparramados en el sofá como gatos al sol, sin prepocuparse de la barba, el peinado, el maquillaje, la corbata. Se dan el lujo de sentarse en el porche al atardecer, de salir a pasear con el perro, de conversar con aquellos vecinos con los cuales raramente se cruzan durante el resto del año. Le dan una cortada al pasto, lavan en auto en día de semana o marcan hora en la peluquería... Respiran hondo y cuando se van a acostar esbozan una sonrisa beatífica al percibir que al día siguiente no van a tener que saltar de la cama cuando el despertador toque -sobre todo porque éste NO vá a tocar- para ir a la oficina, a la escuela, a la tienda, al mercado...
Pero también hay gente que todavía está trabajando y que entrará de vacaciones cuando los otros retornen a sus labores. Pues la ciudad tiene que continuar funcionando, prestando servicios, vendiendo, transportando, construyendo, creciendo... Y éstos andan por las calles con caras malhumoradas y sombrías, en una mezcla de desesperación y rabia, sudando a torrentes bajo el sol inclemente de este verano, con pasos rápidos y firmes, como queriendo acelerar la jornada, o entonces, con un andar descorazonado y lento, conformados con la eternidad absurda de cada día. Parecen cargar el peso del mundo sobre los hombros y no consiguen ser simpáticos, optimistas o serviciales porque se sienten injusticiados, despreciados, castigados por las fuerzas divinas, que parecen conspirar para estirar el año sólo para atormentarlos. Pasan el día llenos de envídia y frustración al ver a aquellos otros afortunados que pasean de bermuda y alpargatas, sin reloj en la muñeca, ni corbata o uniforme estrangulandoles el corazón, los sueños, el cansancio... Y cuando sus miradas se cruzan, uno en la tienda tratando de agradar a un cliente, o digitando en el computador de la oficina de contabilidad, cargando cajas en el depósito o aguantando jefes delirantes y sin ninguna consideración; el otro en la vereda mirando las vitrinas o conversando relajadamente como no consigue hacerlo el resto de año, vestido desaliñadamente, tomando sus propias decisiones, sin reglas, inspecciones, reuniones, sermones ni reloj punto ahorcando su día, hay un segundo, una fracción de segundo, en la cual cada uno consigue verse en el lugar del otro: el que está de vacaciones siente un escalofrío recorrerle la espina dorsal y una debilidad en el estómago y las piernas al imaginarse de vuelta al trabajo. El otro, al contrario, se siente tomado por una onda de esperanza, de alivio, un temblor de revancha al imaginarse allí, en la calle, sin rutinas ni stress, sin horario de almuerzo ni omnibuses llenos... Ambos saben que en poco tiempo más ocurrirá el cambio de lugares y, mientras uno continúa sus vacaciones con una puntada de angustia por la repentina certeza de que su descanso y su libertad serán encarcelados cuando llegue el final de mes, el otro se esmera en un trabajo cansador y mal remunerado con la certeza gloriosa de que su propio tiempo de descanso y libertad llegará brevemente, y entonces será él quien se detendrá a contemplar con ese aire de superioridad y compasión a aquellos otros que están de vuelta a la rutina.
Sin duda, tener la oportunuidad de estar de un lado y del otro de la historia nos dá siempre la dimensión exacta de los acontecimientos, de las reacciones, sensaciones y sentimientos, tanto de los otros cuanto de nosotros mismos. Por eso, no sólo debemos aprovechar el lado bueno de una situación, también tenemos que aprender nuestra lección del lado malo.
Bueno, y después de dadas las debidas disculpas y hecha la promesa de mantener el blog actualizado, voy a la crónica de esta semana. También la envié al diario, pero estoy medio desanimada con ellos porque hace mucho tiempo -desde agosto del año pasado- que no me publican nada. No sé si se aburrieron de mí o si no le gusté a la nueva editora, el caso es que, por descargo de conciencia continúo enviando textos, pero con bastante menos frecuencia. No pretendo desperdiciar mi trabajo enviándolo si no vá a ser publicado. Quién sabe no termino publicando sólo en este blog... Después de todo, hay que ponerse práctica en ciertos asuntos, no es verdad?...
Hay gente que está de vacaciones -como yo- y anda por ahí de shorts y camiseta, condoritos y una expresión sonriente, casi atontada, en la cara. Abren el portón de la casa y salen a la calle con un aire de total deslumbramiento, caminan despacio, mirando el paisaje a su alrededor como si fuera la primeira vez que lo ven; saludan a los vecinos, llevan a los niños al parque y hasta se divierten con ellos, van al mercado sin reclamar y aprovechan para recorrer largamente cada corredor descubriendo todas las novedades que no tienen tiempo de ver el resto del año, van a la fuente de soda a jugar billar y tomarse unas cervezas con los amigos en plena tarde. Se levantan a la hora que quieren y comen porquerías que no son permitidas en época de trabajo, ven el partido de football o la novela desparramados en el sofá como gatos al sol, sin prepocuparse de la barba, el peinado, el maquillaje, la corbata. Se dan el lujo de sentarse en el porche al atardecer, de salir a pasear con el perro, de conversar con aquellos vecinos con los cuales raramente se cruzan durante el resto del año. Le dan una cortada al pasto, lavan en auto en día de semana o marcan hora en la peluquería... Respiran hondo y cuando se van a acostar esbozan una sonrisa beatífica al percibir que al día siguiente no van a tener que saltar de la cama cuando el despertador toque -sobre todo porque éste NO vá a tocar- para ir a la oficina, a la escuela, a la tienda, al mercado...
Pero también hay gente que todavía está trabajando y que entrará de vacaciones cuando los otros retornen a sus labores. Pues la ciudad tiene que continuar funcionando, prestando servicios, vendiendo, transportando, construyendo, creciendo... Y éstos andan por las calles con caras malhumoradas y sombrías, en una mezcla de desesperación y rabia, sudando a torrentes bajo el sol inclemente de este verano, con pasos rápidos y firmes, como queriendo acelerar la jornada, o entonces, con un andar descorazonado y lento, conformados con la eternidad absurda de cada día. Parecen cargar el peso del mundo sobre los hombros y no consiguen ser simpáticos, optimistas o serviciales porque se sienten injusticiados, despreciados, castigados por las fuerzas divinas, que parecen conspirar para estirar el año sólo para atormentarlos. Pasan el día llenos de envídia y frustración al ver a aquellos otros afortunados que pasean de bermuda y alpargatas, sin reloj en la muñeca, ni corbata o uniforme estrangulandoles el corazón, los sueños, el cansancio... Y cuando sus miradas se cruzan, uno en la tienda tratando de agradar a un cliente, o digitando en el computador de la oficina de contabilidad, cargando cajas en el depósito o aguantando jefes delirantes y sin ninguna consideración; el otro en la vereda mirando las vitrinas o conversando relajadamente como no consigue hacerlo el resto de año, vestido desaliñadamente, tomando sus propias decisiones, sin reglas, inspecciones, reuniones, sermones ni reloj punto ahorcando su día, hay un segundo, una fracción de segundo, en la cual cada uno consigue verse en el lugar del otro: el que está de vacaciones siente un escalofrío recorrerle la espina dorsal y una debilidad en el estómago y las piernas al imaginarse de vuelta al trabajo. El otro, al contrario, se siente tomado por una onda de esperanza, de alivio, un temblor de revancha al imaginarse allí, en la calle, sin rutinas ni stress, sin horario de almuerzo ni omnibuses llenos... Ambos saben que en poco tiempo más ocurrirá el cambio de lugares y, mientras uno continúa sus vacaciones con una puntada de angustia por la repentina certeza de que su descanso y su libertad serán encarcelados cuando llegue el final de mes, el otro se esmera en un trabajo cansador y mal remunerado con la certeza gloriosa de que su propio tiempo de descanso y libertad llegará brevemente, y entonces será él quien se detendrá a contemplar con ese aire de superioridad y compasión a aquellos otros que están de vuelta a la rutina.
Sin duda, tener la oportunuidad de estar de un lado y del otro de la historia nos dá siempre la dimensión exacta de los acontecimientos, de las reacciones, sensaciones y sentimientos, tanto de los otros cuanto de nosotros mismos. Por eso, no sólo debemos aprovechar el lado bueno de una situación, también tenemos que aprender nuestra lección del lado malo.
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domingo, 25 de dezembro de 2011
"Vejez"
Pasé las últimas dos semanas resolviendo unos asuntos impostergables y por eso dejé de cumplir mis compromisos literarios con ustedes, pero ahora que las cosas están empezando a moverse con más facilidad, rapidez y serenidad, y como estoy a punto de salir -finalmente!- de vacaciones el día 02, voy a volver a tener tiempo para escribir y poner en día todas mis cosas. En realidad, estoy yendo a la fundación solamente para cumplir horario porque todos los espectáculos de navidad terminaron, pero como yo no quería salir de vacaciones ahora porque tendría que volver en el medio de enero para cocinar en este calor y no hacer nada, decidí esperar hasta el día 02 de enero, ya que todas las actividades de la fundación están en receso hasta marzo. Felizmente descubrí que tengo cuatro semanas y media de banco de horas, entonces mis vacaciones (que en realidad vencen en abril) van a ser más largas de lo que pensé... Ah, qué gloria! Vá a ser tan rico quedarme lejos de la fundación y todo su stress, de las clases, reuniones, ensayos, presentaciones y jefes problemáticos! Sinceramente, ya estaba totalmente exhausta (como si no bastara todo el stress del divorcio) con tanto trabajo y tanta presión y disgusto. Si trabajar con cultura ya es difícil, imagínense tratar de hacerlo en un lugar en el cual, en vez de que todos estén unidos por un mismo objetivo, cada uno se preocupe solamente con su parte y que el resto se vaya a la cresta!... Desgraciadamente, las cosas por aquí están más para intenciones políticas que para objetivos culturales. Y ahora que tenemos año electoral, no quiero ni imaginarme cómo vá a ser!... Y es por eso mismo -y otras cositas más que después les cuento- que saldré de la fundación en abril el próximo año. Después de trabajar aquí durante 25 años -y de adorarlo- llegué a la conclusión de que, desgraciadamente, mis objetivos y métodos no tienen más nada que ver con los de la fundación, entonces encontré mejor salir en busca de otro lugar u otro trabajo en el que me sienta bien, séa valorada, respetada y pueda trabajar y crear con libertad, porque es así que se crece, cosa que es vital para alguien como yo.
Vieron que mudanzas radicales de fin de año? Divorcio y cambio de empléo de una sola vez!... Y a lo mejor otras sorpresitas... Puchas, qué revolución! Y miren que a mí me cargan las mudanzas y las sorpresas!... Pero estos cambios eran impostergables, necesarios para mi felicidad, realización y tranquilidad. Estoy segura de que, pasados los primeros momentos de dificultades y dudas, de desafío y readaptación, me espera una vida plena y feliz, llena de nuevos proyectos y realizaciones, de paz y equilibrio. Qué más se puede pedir para el año que viene?Todo vá a valer la pena, créanme. Pues sólo se gana algo cuando se acepta perder algo a cambio.
Y después de todo este rosario de explicaciones, aquí vá la crónica de esta semana. Espero que les guste.
Acontece algunas veces, si cierro los ojos o me quedo durante un buen tiempo delante del espejo, que consigo verme vieja, de cabellos blancos y rostro surcado de arrugas y marcas, cuerpo curvado, manos arrugadas y llenas de manchas... Sin embargo, esto no llega a asustarme, porque lo que véo, más allá del exterior decrépito, es una anciana sabia y sonriente, con la certeza de que los años y las experiencias que vivió y las decisiones que tomó la transformaron en alguien mejor, útil, serena, satisfecha, que construyó algo para dejarle a los que vendrán después... Sin embargo, esto es algo que puede no ser definitivo, porque pueden suceder muchas cosas que cambien el resultado, pero mismo así, créo que, a final de cuentas, somos nosotros mismos los que tenemos el poder de construír la imagen de nuestra vejez. Pero entonces, viene la pregunta: en qué momento ocurre esta opción? Existe un marco, un acontecimiento, un encuentro, alguna revelación íntima que marca este instante? Es esto lo que nos quedamos esperando, parados, mientras vemos el tiempo pasar con la velocidad de la luz? Existe realmente una señal que nos dice que el momento llegó? O esta opción es hecha, en verdad, a cada día, en cada gesto, con cada pensamiento, a través de nuestras palabras y acciones más simples y rutineras? Es de esta forma que construímos la imagen de nuestra vejez?... Esta imagen del futuro, en realidad, no existe. Nosotros la estamos moldeando hoy, ahora, pero somos capaces de presentirla, de esbozarla mientras caminamos... Entonces, por qué dejamos tantos espacios vacíos? Por qué no nos envolvemos? Por qué ignoramos las consecuencias? Pues cada segundo tiene una consecuencia que tal vez no seamos capaces de medir ahora (pero que sabemos que sucederá) y es por eso mismo que tenemos que ser tan cuidadosos y sembrar buenas semillas, en tierra fértil e irrigada, tenemos que abonarla y al final, compartir los frutos.
Me quedo sentada aquí en la hamaca, balanceandome lentamente mientras contemplo la calle, los árboles, los pájaros en los alambres eléctricos, las nubes que se reúnen para una lluvia, y pienso: debemos tener algún sentido en esta historia, fué para eso que vinimos, debemos ser una de las piezas de este quebra cabezas fantástico que es la vida. Créo que, en el fondo, todos sabemos quiénes somos, entonces, por qué a veces nos resulta tan difícil actuar de acuerdo con este conocimiento?... El tiempo corre, no vuelve; las cosas acontecen, las personas van y vienen, nada detiene lo que no es dominado por el hombre: llueve, hace viento, sale el sol, llega el otoño, las mariposas mueren, los hombres envejecen. Esto sucede, pues los ciclos son sagrados e impertubables, y tienen su propósito: todo tiene que renovarse... Entonces, por qué nos quedamos sentados aquí, perdiendo el tiempo, si hay tantas coisas que hacer? Es nuestro propio futuro lo que estamos construyendo! Cuál es el motivo de este desierto de tédio y auto compasión, de inconciencia y superficialidad en que estamos presos? No son los otros los que tienen la llave de nuestra jaula! Depende de nosotros abrir las puertas y volar atrás de nuestros sueños, porque éstos no nacieron en nuestra alma para pasar en blanco. No envejezcamos para lamentar no haberlos realizados, sino para sentarnos al atardecer en el porche y contemplarlos sonriendo. Es de este modo que la vejez tiene sentido y la muerte se vuelve menos cruel.
Vieron que mudanzas radicales de fin de año? Divorcio y cambio de empléo de una sola vez!... Y a lo mejor otras sorpresitas... Puchas, qué revolución! Y miren que a mí me cargan las mudanzas y las sorpresas!... Pero estos cambios eran impostergables, necesarios para mi felicidad, realización y tranquilidad. Estoy segura de que, pasados los primeros momentos de dificultades y dudas, de desafío y readaptación, me espera una vida plena y feliz, llena de nuevos proyectos y realizaciones, de paz y equilibrio. Qué más se puede pedir para el año que viene?Todo vá a valer la pena, créanme. Pues sólo se gana algo cuando se acepta perder algo a cambio.
Y después de todo este rosario de explicaciones, aquí vá la crónica de esta semana. Espero que les guste.
Acontece algunas veces, si cierro los ojos o me quedo durante un buen tiempo delante del espejo, que consigo verme vieja, de cabellos blancos y rostro surcado de arrugas y marcas, cuerpo curvado, manos arrugadas y llenas de manchas... Sin embargo, esto no llega a asustarme, porque lo que véo, más allá del exterior decrépito, es una anciana sabia y sonriente, con la certeza de que los años y las experiencias que vivió y las decisiones que tomó la transformaron en alguien mejor, útil, serena, satisfecha, que construyó algo para dejarle a los que vendrán después... Sin embargo, esto es algo que puede no ser definitivo, porque pueden suceder muchas cosas que cambien el resultado, pero mismo así, créo que, a final de cuentas, somos nosotros mismos los que tenemos el poder de construír la imagen de nuestra vejez. Pero entonces, viene la pregunta: en qué momento ocurre esta opción? Existe un marco, un acontecimiento, un encuentro, alguna revelación íntima que marca este instante? Es esto lo que nos quedamos esperando, parados, mientras vemos el tiempo pasar con la velocidad de la luz? Existe realmente una señal que nos dice que el momento llegó? O esta opción es hecha, en verdad, a cada día, en cada gesto, con cada pensamiento, a través de nuestras palabras y acciones más simples y rutineras? Es de esta forma que construímos la imagen de nuestra vejez?... Esta imagen del futuro, en realidad, no existe. Nosotros la estamos moldeando hoy, ahora, pero somos capaces de presentirla, de esbozarla mientras caminamos... Entonces, por qué dejamos tantos espacios vacíos? Por qué no nos envolvemos? Por qué ignoramos las consecuencias? Pues cada segundo tiene una consecuencia que tal vez no seamos capaces de medir ahora (pero que sabemos que sucederá) y es por eso mismo que tenemos que ser tan cuidadosos y sembrar buenas semillas, en tierra fértil e irrigada, tenemos que abonarla y al final, compartir los frutos.
Me quedo sentada aquí en la hamaca, balanceandome lentamente mientras contemplo la calle, los árboles, los pájaros en los alambres eléctricos, las nubes que se reúnen para una lluvia, y pienso: debemos tener algún sentido en esta historia, fué para eso que vinimos, debemos ser una de las piezas de este quebra cabezas fantástico que es la vida. Créo que, en el fondo, todos sabemos quiénes somos, entonces, por qué a veces nos resulta tan difícil actuar de acuerdo con este conocimiento?... El tiempo corre, no vuelve; las cosas acontecen, las personas van y vienen, nada detiene lo que no es dominado por el hombre: llueve, hace viento, sale el sol, llega el otoño, las mariposas mueren, los hombres envejecen. Esto sucede, pues los ciclos son sagrados e impertubables, y tienen su propósito: todo tiene que renovarse... Entonces, por qué nos quedamos sentados aquí, perdiendo el tiempo, si hay tantas coisas que hacer? Es nuestro propio futuro lo que estamos construyendo! Cuál es el motivo de este desierto de tédio y auto compasión, de inconciencia y superficialidad en que estamos presos? No son los otros los que tienen la llave de nuestra jaula! Depende de nosotros abrir las puertas y volar atrás de nuestros sueños, porque éstos no nacieron en nuestra alma para pasar en blanco. No envejezcamos para lamentar no haberlos realizados, sino para sentarnos al atardecer en el porche y contemplarlos sonriendo. Es de este modo que la vejez tiene sentido y la muerte se vuelve menos cruel.
domingo, 11 de dezembro de 2011
"Tránsito"
Y después de dos semanas de silencio y suspenso puedo, finalmente, decir que todo en mi vida empieza a resolverse y a desenredarse, corriendo como un río sin piedras (por lo menos unas no tan grandes!)... Quien apostó en un divorcio acertó y, gracias a Dios, todo transcurrió bien, armoniosamente, a pesar de que al principio parecía lleno de malos resentimientos, miedos y desconfianzas. Pero créo que como somos dos adultos pudimos darnos cuenta y admitir que las cosas no estaban funcionando y que la separación era la salida más civilizada. Yo no le deséo mal a nadie, pero también quiero ser feliz, sentirme realizada y tranquila, y cada día que pasa me queda menos tiempo para conseguirlo, entonces no tengo tiempo que perder. Tengo que aprovechar todas las oportunidades!... Espero sinceramente que, así como yo tengo planes y proyectos para el futuro, y coraje, fé y ánimo para tratar de hacerlos realidad, mi esposo también encuentre un nuevo camino para su vida. Desgraciadamente, no será a mi lado... Hasta mis hijos concordaron en que fué la decisión cierta a tomar! Y miren que yo estaba bien preocupada con la reacción de ellos, a pesar de que ya son audltos y tienen sus propias vidas con que preocuparse. Bueno, ustedes ya saben, un hijo es siempre un bebé indefenso para los padres, no es verdad?...
Todavía faltan algunas etapas de esta jornada, pero créo que van a correr con una cierta facilidad, pues el primer paso -y el más importante- ya fué dado con éxito y no tiene retorno, entonces lo que queda por hacer es levantar la cabeza, respirar hondo y continuar por este camino enfrentando las dificultades, las novedades y las incertezas que significan recomenzar la vida a los 55.
Y como todo ya está más definido y tranquilo y estoy a punto de salir de vacaciones, puedo volver a mi rutina con los blogs y las crónicas. Estoy medio desanimada con el diário porque ya hace cuatro meses que no me publican nada, pero puede ser algún tipo de indirecta para que pare de ahogarlos con mis textos cada semana. Todo en mi vida está lleno de significados, mensajes y simbología últimamente, y no puedo dejarlos pasar por alto porque están siendo como luces que me guían durante esta transición.
Entonces, volviendo a la dulce rutina, aquí vá la crónica de esta semana, dedicada especialmente a la Sol, mi hermana del alma, de la cual nunca me olvido a pesar del silencio y la distancia. Gracias por el apoyo, hermanita, y ten por cierto que siempre seremos como una sola!.
Definitivamente, los seres humanos somos criaturas en tránsito, siempre envueltos en procesos, en constante movimiento físico, mental y espiritual, queriendo alcanzar algo, ir más allá, llegar más adelante. Pero pienso que, a pesar de las ansias de ganar estabilidad e identidad definitivas como un requisito para sentirnos seguros, lo que más debería importarnos no es de dónde vinimos o para dónde vamos, porque estas son solamente referencias, puntos fijos de partida y llegada, espacios y tiempos muertos porque demasiado definidos y estáticos; lo que verdaderamente es importante, interesante, lo que nos hace realmente crecer y aprender, es el proceso, el recorrido entre estos dos puntos "muertos": el tránsito. Y cabe a nosotros percibir y aprovechar esta caminada, que puede traernos informaciones, descubrimientos y encuentros capaces de cambiar nuestro destino. Cuando se parte hay una expectativa, una incerteza, pues todo está para ser hecho a partir de la inmovilidad, de la intención. Cuando se llega, esto no existe más, la búsqueda termina, el ciclo se completa y tenemos que proponernos nuevos objetivos y partir para otros procesos.
El bailarín marca el paso de su coreografía: primero está en el suelo, depués de pié, listo para una pirueta, entonces la ejecuta y regresa a la inmovilidad que la inició. El tiempo y la acción entre estos dos momentos pre-determinados del movimiento, ya visualizados respecto a impulso, equilibrio, tiempo y espacio (el plano imprescindible) es pasado por alto. Queda entonces este vacío, esta ausencia de conciencia, este agujero inexpresivo, sin ninguna importancia aparente. Sin embargo, este lapso, este tránsito que envuelve el proceso de ejecución, y que nos pertenece por completo, en el cual todavía no decidimos nada y del cual mal tenemos conciencia, focados como nos encontramos en el resultado final, es lo que tornará el final de nuestra acción un éxito o un fracaso. Solamente tenemos la noción del punto de partida a medida que nos alejamos de él y del puntto de llegada mientras nos acercamos a él, pero durante el tránsito somos capaces de evaluar nuestro potencial, nuestras posibilidades, las consecuencias de nuestras acciones, nuestra capacidad de asimilar y aprender lo que el proceso tiene que enseñarnos, de avanzar, de encontrar caminos y respuestas, porque no estamos estáticos, sino en movimiento simultáneo con la creación. Este es el tiempo de las preguntas, de las transformaciones, de las percepciones, del aprendizaje real, porque estamos cien por ciento vivos y atentos.
El secreto del conocimiento y el aperfeccionamiento se esconde en el tránsito y en la percepción y provecho que conseguimos sacarle, tal vez debido al hecho de experimentar el tiempo real de los acontecimientos, de asumir y vivenciar las dudas y los cambios con serenidad y libertad. Tal vez hasta de acercarse a la muerte inevitable que nos aguarda el final de cada ciclo y nos abraza todas las veces que alcanzamos nuestro objetivo. Entender y aceptar estas muertes porque vemos la posterior resurrección nos vuelve osados, nos lleva a vivir experiencias radicales y profundas, absolutamente verdaderas y únicas. Es entonces que nos damos cuenta de que nuestro punto de partida es siempre una resurrección, pues venimos de una muerte anterior. Cuando partimos no sabemos nada, estamos llenos de dudas y recelos. Cuando llegamos, no necesitamos preguntar nada más, porque todo lo que tenía que ser aclarado, respondido y comprendido ya aconteció.
Créo que, de una cierta forma, las definiciones pueden paralizarnos si permitimos que se acomoden dentro de nosotros y nos impidan continuar caminando, creciendo. Mientras estamos en tránsito permanecemos en constante movimiento buscando, pasando por etapas sucesivas de descubrimiento y conclusión.. Intentamos todas las posibilidades e llegamos a la respuesta asombrosa de que nada es, en verdad, definitivo, nada está parado. Vida y muerte no son inicio y fin, mas segmentos ininterrumpidos de una energía infinita y perfecta. Nosotros estamos en el medio de "algo", del "todo", de la "nada", del tránsito de la propia creación.... Estupefacción, tristeza, revelación, beatitud, resignación, conciencia de lo pasajero, de lo efímero, de alguna forma inmaterial: con esta carga de sentimientos respecto a nuestra existencia y nuestro aprendizaje, nos reposicionamos en la histotia. Con certeza, somos el paradoxo por excelencia, la ambivalencia perfecta, porque el tránsito así lo permite, dandonos la oportunidad de escoger... Lejos, cerca. Hombre, mujer. Santo, demonio. Cuerpo, espíritu...
Todavía faltan algunas etapas de esta jornada, pero créo que van a correr con una cierta facilidad, pues el primer paso -y el más importante- ya fué dado con éxito y no tiene retorno, entonces lo que queda por hacer es levantar la cabeza, respirar hondo y continuar por este camino enfrentando las dificultades, las novedades y las incertezas que significan recomenzar la vida a los 55.
Y como todo ya está más definido y tranquilo y estoy a punto de salir de vacaciones, puedo volver a mi rutina con los blogs y las crónicas. Estoy medio desanimada con el diário porque ya hace cuatro meses que no me publican nada, pero puede ser algún tipo de indirecta para que pare de ahogarlos con mis textos cada semana. Todo en mi vida está lleno de significados, mensajes y simbología últimamente, y no puedo dejarlos pasar por alto porque están siendo como luces que me guían durante esta transición.
Entonces, volviendo a la dulce rutina, aquí vá la crónica de esta semana, dedicada especialmente a la Sol, mi hermana del alma, de la cual nunca me olvido a pesar del silencio y la distancia. Gracias por el apoyo, hermanita, y ten por cierto que siempre seremos como una sola!.
Definitivamente, los seres humanos somos criaturas en tránsito, siempre envueltos en procesos, en constante movimiento físico, mental y espiritual, queriendo alcanzar algo, ir más allá, llegar más adelante. Pero pienso que, a pesar de las ansias de ganar estabilidad e identidad definitivas como un requisito para sentirnos seguros, lo que más debería importarnos no es de dónde vinimos o para dónde vamos, porque estas son solamente referencias, puntos fijos de partida y llegada, espacios y tiempos muertos porque demasiado definidos y estáticos; lo que verdaderamente es importante, interesante, lo que nos hace realmente crecer y aprender, es el proceso, el recorrido entre estos dos puntos "muertos": el tránsito. Y cabe a nosotros percibir y aprovechar esta caminada, que puede traernos informaciones, descubrimientos y encuentros capaces de cambiar nuestro destino. Cuando se parte hay una expectativa, una incerteza, pues todo está para ser hecho a partir de la inmovilidad, de la intención. Cuando se llega, esto no existe más, la búsqueda termina, el ciclo se completa y tenemos que proponernos nuevos objetivos y partir para otros procesos.
El bailarín marca el paso de su coreografía: primero está en el suelo, depués de pié, listo para una pirueta, entonces la ejecuta y regresa a la inmovilidad que la inició. El tiempo y la acción entre estos dos momentos pre-determinados del movimiento, ya visualizados respecto a impulso, equilibrio, tiempo y espacio (el plano imprescindible) es pasado por alto. Queda entonces este vacío, esta ausencia de conciencia, este agujero inexpresivo, sin ninguna importancia aparente. Sin embargo, este lapso, este tránsito que envuelve el proceso de ejecución, y que nos pertenece por completo, en el cual todavía no decidimos nada y del cual mal tenemos conciencia, focados como nos encontramos en el resultado final, es lo que tornará el final de nuestra acción un éxito o un fracaso. Solamente tenemos la noción del punto de partida a medida que nos alejamos de él y del puntto de llegada mientras nos acercamos a él, pero durante el tránsito somos capaces de evaluar nuestro potencial, nuestras posibilidades, las consecuencias de nuestras acciones, nuestra capacidad de asimilar y aprender lo que el proceso tiene que enseñarnos, de avanzar, de encontrar caminos y respuestas, porque no estamos estáticos, sino en movimiento simultáneo con la creación. Este es el tiempo de las preguntas, de las transformaciones, de las percepciones, del aprendizaje real, porque estamos cien por ciento vivos y atentos.
El secreto del conocimiento y el aperfeccionamiento se esconde en el tránsito y en la percepción y provecho que conseguimos sacarle, tal vez debido al hecho de experimentar el tiempo real de los acontecimientos, de asumir y vivenciar las dudas y los cambios con serenidad y libertad. Tal vez hasta de acercarse a la muerte inevitable que nos aguarda el final de cada ciclo y nos abraza todas las veces que alcanzamos nuestro objetivo. Entender y aceptar estas muertes porque vemos la posterior resurrección nos vuelve osados, nos lleva a vivir experiencias radicales y profundas, absolutamente verdaderas y únicas. Es entonces que nos damos cuenta de que nuestro punto de partida es siempre una resurrección, pues venimos de una muerte anterior. Cuando partimos no sabemos nada, estamos llenos de dudas y recelos. Cuando llegamos, no necesitamos preguntar nada más, porque todo lo que tenía que ser aclarado, respondido y comprendido ya aconteció.
Créo que, de una cierta forma, las definiciones pueden paralizarnos si permitimos que se acomoden dentro de nosotros y nos impidan continuar caminando, creciendo. Mientras estamos en tránsito permanecemos en constante movimiento buscando, pasando por etapas sucesivas de descubrimiento y conclusión.. Intentamos todas las posibilidades e llegamos a la respuesta asombrosa de que nada es, en verdad, definitivo, nada está parado. Vida y muerte no son inicio y fin, mas segmentos ininterrumpidos de una energía infinita y perfecta. Nosotros estamos en el medio de "algo", del "todo", de la "nada", del tránsito de la propia creación.... Estupefacción, tristeza, revelación, beatitud, resignación, conciencia de lo pasajero, de lo efímero, de alguna forma inmaterial: con esta carga de sentimientos respecto a nuestra existencia y nuestro aprendizaje, nos reposicionamos en la histotia. Con certeza, somos el paradoxo por excelencia, la ambivalencia perfecta, porque el tránsito así lo permite, dandonos la oportunidad de escoger... Lejos, cerca. Hombre, mujer. Santo, demonio. Cuerpo, espíritu...
sexta-feira, 25 de novembro de 2011
"Animales y plantas"
Estoy perfectamente conciente de que pueden terminar odiándome porque parece que estoy haciéndome la difícil sobre ese asunto que no se resuelve nunca, pero créanme, estoy tan paranóica y frustrada cuanto ustedes con esta demora. Sinceramente, no quería tener que salir por ahí dando ultimatos, pero a lo que todo indica, voy a tener que terminar haciendo esto, lo que puede significar un atraso todavía mayor de mis proyectos... Es como dicen: "Si correr, le león ataca, si parar, el león come"!... Por qué a las personas les gusta tanto complicar las cosas en vez de aceptar la realidad y actuar según ella? Yo estoy haciendo todo de mi parte para que la situación se resuelva pacífica y rápidamente, estoy tratando de continuar con mi vida a pesar de esta horrible sensación de inmovilidad, de limbo, de expectativa casi insoportable. Estoy luchando contra el desánimo, el pesimismo, la rabia, el resentimiento y el stress, porque sé perfectamente que son sentimientos que nos dejan enfermos, pero hay momentos en que es casi imposible. No estoy consiguiendo trabajar, producir, crear, concentrarme, interesarme por nada que no séa la actitud de "alguien" debería tomar para que mi vida vuelva a moverse, para que yo pueda llevar adelante mis planes... Menos mal que ya estamos casi saliendo de vacaciones en la fundación, entonces no hay mucho que hacer a no ser preparar las presentaciones de navidad, lo que no es muy complicado porque estos alumnos ya tienen experiencia, entonces no tengo que estar encima de ellos. Si tuviera más responsabilidades no daría cuenta de ellas, para que véan cómo la cosa está fea... Pero como no puedo hacer nada a no ser esperar y tener paciencia y continuar con mi vida para no volverme loca o salir insultando o dándole unos puñetes a "alguien", trato de mantener aquellas rutinas saludables. Por lo menos sirven para hacer cuenta que todo está bien. En diciembre voy a tener más tiempo todavía porque voy a volver a trabajar solamente en las mañanas (se acabaron las horas extra!) entonces voy a retomar mis caminadas diarias, que me hacían tan bien física y espiritualmente. Tal vez esto ayude a hacer soportable la demora.... Pero la solución sería, realmente, que "alguien" tuviera coraje y tomara una actitud de una vez por todas!
Entonces, vamos a la crônica:
Animales y plantas son, definitivamente, una estupenda terapia para cualquier neurosis, depresión, angustia o miedo, pues al ocuparnos -y preocuparnos- con estos otros regando, podando, alimentando, bañando, cavando o jugando, somos obligados a salir de nosotros mismos y de nuestro mundo pequeño y opresivo y a envolvernos y encantarnos con lo que existe fuera de nosotros, con esta creación milagrosa y llena de detalles reveladores, nos responsabilizamos por algo fuera de nuestras propias aflicciones y necesidades y, de una forma o de otra, aprendemos a sobrellevar, a perdonar, a encontrar salidas y respuestas al interactuar con algo que no interfiere, no cobra, no juzga ni condena nuestro comportamiento, no pone plazos ni deséa otra cosaí cada planta, cada árbol, dibujé los canteros y dispuse el lugar de flores, arbustos y piedras, escogí el tipo de césped, las baldosas y enredaderas, por lo tanto, tengo una ligación con él y sé que si no lo riego vá a terminar secándose, pero, mismo así, ni una palabra o gesto de recriminación saldrá de él. Me siento libre y leve toda vez que trabajo en la tierra, cuando podo los arbustos o riego los maceteros y canteros, cuando desparramo migajas encima del muro o le cambio el água al bebedor de los pajaritos; pues no hay prisa, no hay exigencias, no hay reglas; este jardín es una interminable sucesión de pequeñas maravillas y milagros que le hacen bien a mi alma, me dan alegría y ánimo, me recuerdan que la vida es superior a cualquier problema, a cualquier pérdida o fracaso y que siempre debemos continuar, virar la página, porque las estaciones vienen y van, los ciclos se cumplen, se nace y se muere, y ni una gota de toda mi preocupación puede cambiar esto.
Ya con los animales -mis dos perritas y todos los pajaritos que vienen a comer pan- la compañía, la fidelidad, el amor incondicional, la lealtad y la capacidad de vivir cada momento plenamente que demuestran son un ejemplo para nosotros, que vivimos planeando y sufrieno por un futuro que no existe, corriendo, chismorreando, traicionando, pisando y despreciando a os otros, valorándolos por sus posesiones y por lo que podrían hacer a nuestro favor en vez de aproximarnos a ellos por lo que son, por lo que podemos aprender y compartir. El perro se conforma alegremente con un pedazo de pan seco, si es solamente eso lo que su amo tiene, con unas carícias en la cabeza o la panza, con algunas palabras o simplemente una mirada de cariño; nunca se enojará porque no somos perfectos ni hará escenas de celos, no exigirá comportamientos ni belleza, atención absoluta, no mentirá ni traicionará nuestra confianza. Entonces, quién mejor para sentirnos confortables y hacer confesiones que a nadie más le diríamos?...
Animales y plantas, decididamente, curan, enriquecen, nos vuelven seres humanos mejores.
Entonces, vamos a la crônica:
Animales y plantas son, definitivamente, una estupenda terapia para cualquier neurosis, depresión, angustia o miedo, pues al ocuparnos -y preocuparnos- con estos otros regando, podando, alimentando, bañando, cavando o jugando, somos obligados a salir de nosotros mismos y de nuestro mundo pequeño y opresivo y a envolvernos y encantarnos con lo que existe fuera de nosotros, con esta creación milagrosa y llena de detalles reveladores, nos responsabilizamos por algo fuera de nuestras propias aflicciones y necesidades y, de una forma o de otra, aprendemos a sobrellevar, a perdonar, a encontrar salidas y respuestas al interactuar con algo que no interfiere, no cobra, no juzga ni condena nuestro comportamiento, no pone plazos ni deséa otra cosaí cada planta, cada árbol, dibujé los canteros y dispuse el lugar de flores, arbustos y piedras, escogí el tipo de césped, las baldosas y enredaderas, por lo tanto, tengo una ligación con él y sé que si no lo riego vá a terminar secándose, pero, mismo así, ni una palabra o gesto de recriminación saldrá de él. Me siento libre y leve toda vez que trabajo en la tierra, cuando podo los arbustos o riego los maceteros y canteros, cuando desparramo migajas encima del muro o le cambio el água al bebedor de los pajaritos; pues no hay prisa, no hay exigencias, no hay reglas; este jardín es una interminable sucesión de pequeñas maravillas y milagros que le hacen bien a mi alma, me dan alegría y ánimo, me recuerdan que la vida es superior a cualquier problema, a cualquier pérdida o fracaso y que siempre debemos continuar, virar la página, porque las estaciones vienen y van, los ciclos se cumplen, se nace y se muere, y ni una gota de toda mi preocupación puede cambiar esto.
Ya con los animales -mis dos perritas y todos los pajaritos que vienen a comer pan- la compañía, la fidelidad, el amor incondicional, la lealtad y la capacidad de vivir cada momento plenamente que demuestran son un ejemplo para nosotros, que vivimos planeando y sufrieno por un futuro que no existe, corriendo, chismorreando, traicionando, pisando y despreciando a os otros, valorándolos por sus posesiones y por lo que podrían hacer a nuestro favor en vez de aproximarnos a ellos por lo que son, por lo que podemos aprender y compartir. El perro se conforma alegremente con un pedazo de pan seco, si es solamente eso lo que su amo tiene, con unas carícias en la cabeza o la panza, con algunas palabras o simplemente una mirada de cariño; nunca se enojará porque no somos perfectos ni hará escenas de celos, no exigirá comportamientos ni belleza, atención absoluta, no mentirá ni traicionará nuestra confianza. Entonces, quién mejor para sentirnos confortables y hacer confesiones que a nadie más le diríamos?...
Animales y plantas, decididamente, curan, enriquecen, nos vuelven seres humanos mejores.
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sexta-feira, 18 de novembro de 2011
"Regar"
Bueno, si yo pensaba que las cosas iban a estar resueltas esta semana, tengo que admitir que estaba equivocada, lo que, desgraciadamente, vá a significar un poco más de espera, stress y oraciones... Sí, porque a esta altura del campeonato, sólo me resta poner todo en las manos de Dios que, como deben suponer, nunca me decepcionó. Honestamene, no quiero tener que dejar de lado los buenos modos, pero encuentro que es completamente inútil, un verdadero desperdicio de energía y creatividad, el hecho de querer prolongar una situación que no tiene más vuelta. Entonces, por qué no aceptarla y seguir adelante en vez de querer detener los acontecimientos naturales? Por qué no dejarlos fluir y virar la página en vez de hacer rabieta y prolongar el sufrimiento, la ansiedad, el disgusto, el clima funesto?... Es una cosa que no consigo entender. Pero créo que aquí se puede aplicar el dicho: "La esperanza es la última que muere", y yo misma ya hice esto várias veces en mi vida. Supongo que el factor sorpresa y la firmeza de mi decisión es lo que está pesando en esta demora. Pero nada vá a cambiar por el hecho de ser obligada a esperar un poco más. Eso ya está absolutamente claro.
Y ustedes no deben tener la menor idea de lo que estoy hablando, verdad? O entonces, ya debe haber algunos que entendieron la historia y están haciendo barra para que mis planos tengan éxito. Ojalá, porque estoy necesitando toda la vibración positiva que pueda conseguir!... Tal vez la semana que viene las cosas se aclaren y quién sabe pueda revelar, finalmente, este misterio. Pero en cuanto continúe esta negación de la realidad, el resentimiento, el miedo y la falsa esperanza, el asunto vá a continuar enroscado. Por eso pido la luz, la misericordia y la serenidad de Dios para que todo termine bien para todos, lo más brevemente posible.
Y después de tanto misterio y tantos enigmas, aquí vá, de una vez por todas, la crónica de esta semana! Gracias a Dios estoy teniendo un poco más de tiempo y calma, pues las clases en la fundación terminan la semana que viene y después nos van a quedar solamente los ensayos y presentaciones de la programación de navidad. También tendremos algunos eventos de los cuales seremos obligados a participar, pero solamente como espectadores. Mi horário vá a cambiar de nuevo y voy a volver a tener las mañanas libres -menos los lunes porque tenemos reunión administrativa- pero volveré a la casa tarde por causa de esas presentaciones... Adiós horários civilizados para cenar y tomar los remedios!... Bueno, pero serán sólo 18 días de sacrificio; después saldré de vacaciones y mi rutina de diabética obediente vá a volver a valer... Y espero que algunas otras cosas positivas sucedan también!...
No sé por qué, pero para mí, existe algo de redención, de catarsis, de bendición, algo como un bautismo y una libertación en el simple acto de regar las plantas. Ver el chorro de ága cruzar el aire y caer sobre el pasto y las flores, sobre la tierra seca, en aquella mezcla de violencia y carícia tan necesaria para mantener la vida, me dá la sensación de alivio, de milagro. Es como una pequeña revelación sobre la resurrección, sobre la omnipresencia divina en nuestra vida -que nos hidrata a cada paso- es darse cuenta de que en todo lo que hacemos, por más banal que parezca, existe un mensaje, un detalle precioso a ser observado, asimilado y agregado a nuestras propias vidas. Todo lo que nos rodéa está allí para ser percibido, meditado, incluído en nuestra rutina diaria, porque todo es valioso... Al ver las gotas cayendo sobre las hojas y pétalos, sobre el tapete verde y obscureciendo la tierra sedienta, que parece esperar ansiosa y agradecida este instante, tengo la impresión nítida de que estoy regando mi própio corazón, limpiándolo y renovándolo, dándole nuevas fuerzas e inspiración, haciendo crecer sus raíces en dirección al amor...
Sostener la existencia con este simple gesto, ayudar a generar vida y luego ver los brotes surgiendo, primero tímidos y pálidos, y después firmes y vigorosos, coloridos y perfumados, adornando la planta o el árbol, la plaza, el cantero, el macetero, el jardín, nos dá esa sensación de victoria, de belleza, de perfección, de un verdadero milagro del cual somos participantes directos... El água es realmente milagrosa, porque promueve transformaciones vitales, profundas, a veces inesperadas, pues alcanza las raíces y es capaz de revivirlas. Es la fuerza renovadora y purificadora por excelencia, cuando no llega demasiado tarde...
Y ustedes no deben tener la menor idea de lo que estoy hablando, verdad? O entonces, ya debe haber algunos que entendieron la historia y están haciendo barra para que mis planos tengan éxito. Ojalá, porque estoy necesitando toda la vibración positiva que pueda conseguir!... Tal vez la semana que viene las cosas se aclaren y quién sabe pueda revelar, finalmente, este misterio. Pero en cuanto continúe esta negación de la realidad, el resentimiento, el miedo y la falsa esperanza, el asunto vá a continuar enroscado. Por eso pido la luz, la misericordia y la serenidad de Dios para que todo termine bien para todos, lo más brevemente posible.
Y después de tanto misterio y tantos enigmas, aquí vá, de una vez por todas, la crónica de esta semana! Gracias a Dios estoy teniendo un poco más de tiempo y calma, pues las clases en la fundación terminan la semana que viene y después nos van a quedar solamente los ensayos y presentaciones de la programación de navidad. También tendremos algunos eventos de los cuales seremos obligados a participar, pero solamente como espectadores. Mi horário vá a cambiar de nuevo y voy a volver a tener las mañanas libres -menos los lunes porque tenemos reunión administrativa- pero volveré a la casa tarde por causa de esas presentaciones... Adiós horários civilizados para cenar y tomar los remedios!... Bueno, pero serán sólo 18 días de sacrificio; después saldré de vacaciones y mi rutina de diabética obediente vá a volver a valer... Y espero que algunas otras cosas positivas sucedan también!...
No sé por qué, pero para mí, existe algo de redención, de catarsis, de bendición, algo como un bautismo y una libertación en el simple acto de regar las plantas. Ver el chorro de ága cruzar el aire y caer sobre el pasto y las flores, sobre la tierra seca, en aquella mezcla de violencia y carícia tan necesaria para mantener la vida, me dá la sensación de alivio, de milagro. Es como una pequeña revelación sobre la resurrección, sobre la omnipresencia divina en nuestra vida -que nos hidrata a cada paso- es darse cuenta de que en todo lo que hacemos, por más banal que parezca, existe un mensaje, un detalle precioso a ser observado, asimilado y agregado a nuestras propias vidas. Todo lo que nos rodéa está allí para ser percibido, meditado, incluído en nuestra rutina diaria, porque todo es valioso... Al ver las gotas cayendo sobre las hojas y pétalos, sobre el tapete verde y obscureciendo la tierra sedienta, que parece esperar ansiosa y agradecida este instante, tengo la impresión nítida de que estoy regando mi própio corazón, limpiándolo y renovándolo, dándole nuevas fuerzas e inspiración, haciendo crecer sus raíces en dirección al amor...
Sostener la existencia con este simple gesto, ayudar a generar vida y luego ver los brotes surgiendo, primero tímidos y pálidos, y después firmes y vigorosos, coloridos y perfumados, adornando la planta o el árbol, la plaza, el cantero, el macetero, el jardín, nos dá esa sensación de victoria, de belleza, de perfección, de un verdadero milagro del cual somos participantes directos... El água es realmente milagrosa, porque promueve transformaciones vitales, profundas, a veces inesperadas, pues alcanza las raíces y es capaz de revivirlas. Es la fuerza renovadora y purificadora por excelencia, cuando no llega demasiado tarde...
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