Todavía en suspenso porque mi hermana no dá señales de vida terrestre y por eso no puedo insistirle para que me coloque los benditos contadores de visitas en el blog nuevo, acá estoy de nuevo, todavía de vacaciones y con dos semanas más de brindis por cuenta de mi banco de horas (Putz, estoy imaginandome la cantidad de cuentas que habría pagado si hubiera recibido por esas horas extras!) Entonces, y como a pesar de todo estoy de un humor estupendo por no tener que retornar tan luego a la Fundación para no hacer nada, voy a postear otras dos crónicas, una de las cuales fué enviada al diario, y la otra totalmente inédita. Bueno, si no nos morimos ahogados en este Enero tan lluvioso, créo que la semana que viene voy a publicar otra historia, esta vez en dos o más capítulos, porque es más larga que "El monstruo". Estoy con un montón de ideas para nuevas histórias de ficción, sin embargo, la continuación de este trabajo en el nuevo blog va a depender exclusivamente de la respuesta de los lectores, entonces, y como estoy con muchas ganas de continuar publicando mis cuentos y hasta las novelas (tengo dos!) ojalá que sean aprobados para que así pueda sacarle provecho, divertirme y entretener a las personas con esta nueva vena de mi don.
Y aquí va la primera crónica de esta semana, pero no se vayan acostumbrando tan rápidamente porque, desgraciadamente, créo que sólo estoy tan productiva por causa de las vacaciones, que son una bendición para cualquier inspiración!
Dos gorriones volando juntos como dos flechas pardas en el cielo límpido del atardecer: uno de ellos se detiene sobre el tejado de la casa vecina, haciendo una pirueta circense, y se queda ahí, dando saltitos y observando atento a su alrededor. El otro continúa su vuelo, recto y certero, y desaparece atrás de las ramas de los árboles allí cerca. Aquel que paró se mueve ágilmente entre las tejas anaranjadas, pareciendo un juguete de cuerda, y pesca algunos insectos aquí y allí, expurga los piojillos, se despereza e permanece allí, aprovechando los últimos rayos de sol con aire de completa beatitud. Sacude las plumas, suelta su pequeña voz vibrante, parece contemplar atentamente el paisaje... El otro se desvaneció como una seta por detrás de los tejados y entre el follaje obscuro e movedizo de los árboles. A este, mis ojos no lo buscan. Permanecen posados en el gorrión que se quedó, pues él habla conmigo, está cerca, forma parte de mi cuadro, tiene su papel y lo desempeña con modesta alegría. Esta ave, en ese instante, hace parte de mi experiencia y por eso es tan valiosa... Mas, y ese otro que no véo? Será que está siendo parte de la experiencia de otra persona, elemento de otro cuadro, personaje de otra historia?... Entonces, pienso en lo que es el libre arbítrio y dónde puede llevarnos. Pienso en la diversidad, en el destino, en el momento presente, en las filosofías de vida que guian a tantas personas y son capaces de mover montañas o destruír civilizaciones. Pienso en las misiones que cada uno de nosotros vino a cumplir, en la sabiduría que necesitamos absorver para que ellas tengan éxito; en la compasión, la perseverancia, el valor y la serenidad indispensables para que los mensajes séan pasados adelante y así exista un legado para los que vendrán después de nosotros. Pienso en los planes de Dios y en nuestra obediencia para con ellos -si es que tenemos alguna- en nuestra comprensión de lo que somos y de lo que podemos realizar. Pienso en la fé que deberíamos cultivar, en los milagros que podríamos hacer a través de ella... Este gorrión no es, por ventura, un pequeño milagro, una obra perfecta del Padre, una criatura que sólo vino hasta aquí para traerme su mensaje, para hacerme reflexionar y llegar a conclusiones importantes? Qué es lo que, en esta vida, no posée un objetivo, no tiene algún sentido, no es un peldaño -por menor que parezca- para nuestro crecimiento e nuestro diálogo con Dios y su creación? Pues la existencia não consiste en esto: en nuestro diálogo con el Creador, en sus respuestas, en nuestra unión e interacción constantes?...
En todo hay un mensaje, mismo que la mayoría de las veces nosotros no nos demos cuenta, y en toda la vida a nuestro alrededor están las opciones para encontrar la felicidad, la paz, la transformación, la verdad y la luz que necesitamos para ser felices y hacer nuestra parte en la historia de la humanidad.
sexta-feira, 15 de janeiro de 2010
sábado, 9 de janeiro de 2010
Sobras
Y como lo prometí, aquí vá la segunda crónica de esta semana.
Pienso en las personas que viven de nuestras sobras, de aquello que no más queremos o necesitamos: zapatos, ropas, aparatos de todo tipo, medicamentos, comida y hasta otras personas... Sin pensarlo dos veces, y tomados por la fiebre del consumismo que los medios de comunicación despiertan en nosotros, nos deshacemos de una infinidad de cosas -mismo que éstas todavía estén en buenas condiciones- simplemente porque encontramos y adquirimos otra mejor. Con tanta frecuencia me pillo dándole cosas a personas menos favorecidas y después las véo usándolas y aprovechándolas hasta el fin y entonces me pregunto si yo misma no podría haber hecho esto en vez de descartarlas para comprar otras nuevas!... Sólo no es peor porque existen estas personas que aprovechan nuestro consumismo, nuestros restos, para vivir como tal vez nosotros deberíamos hacerlo, sin andar por ahí gastando sólo porque tenemos dinero. Al final, para qué una cosa nueva si la que tenemos todavía sirve? Los pobres no compran porque no pueden, pero juro que a veces pienso que nosotros deberíamos, de vez en cuando, hacer el ejercício del "no puedo comprar" sólo para que seamos menos fútiles y aprendamos a apreciar y a sacarle provecho a lo que ya adquirimos. Cuanto más fácilmente podemos obtener algo, menos importancia le damos y más fácilmente somos capaces de deshacernos de él. Pues, qué cosa tan terrible sucedería si usáramos por más tiempo un pantalón? O si no tuviéramos aquella colección enorme de maquillaje y perfumes? Si no cediéramos a la tentación del último modelo de computador, o de carro, y nos quedáramos algunos años más con el modelo que ya tenemos?... Puchas, cómo tenemos hambre y prisa por las cosas efímeras!... Pero, a final de cuentas, la ropa es hecha para cubrirse, la comida para alimentarse, la casa para abrigarse. Todo lo que tenemos posée una utilidad básica y funcional, pero nosotros conseguimos transformarlo en un artículo de deséo, de envidia, de poder. Todo se convierte en exceso, en lujo exhibicionista, en una competencia que esconde nuestra vanidad y nuestra inseguridad, nuestra ansia por ser amados y por conquistar y mantener un lugar importante en la sociedad.
No se me olvida aquel hombre que una mañana fría y de cielo cargado pasó por mí en la calle, con su bolsa de plástico zurrada y su ropa gastada y disforme, las faldas de la chaqueta revolando como las alas de un ave exótica y desharrapada, los zapatos demasiado grandes y medias de colores diferentes en cada pié. Apresurado, casi chocó conmigo y, al alejarse, dejó para atrás un rastro de sudor, tabaco y cerveza que me hizo reflexionar sobre el tipo de hombre que era, ya dando una pasadita en el bar temprano para tomar unos tragos de coraje (o de analgésico) y así ser capaz de encarar otro día... De repente, se detuvo, a algunos metros delante de mí, frente a la construcción del nuevo edificio de la tienda de tintas, y se quedó mirando fijo a alguna cosa en el suelo, cerca de la pared, en medio de los escombros, los pedazos de madera y los diarios y latas de tinta vacías. Yo, curiosa -o pensando que él estaba teniendo algún tipo de delírio provocado por la bebida o el hambre, porque era trágicamente delgado y frágil, de gestos inseguros y andar medio desequilibrado- disminuí el paso sólo para descubrir qué era lo que le había llamado tanto la atención... El hombre se enderezó, como queriendo ver mejor, y en seguida volvió a encogerse, dando una mirada furtiva a su alrededor, como si no quisiera que nadie se fijara en su hallazgo. Avanzó ansiosamente, tropezando en los escombros, casi cayendo, hasta el rincón donde estaba aquello que había llamado su atención, se detuvo, miró una vez más en torno con aire receloso y entonces se agachó rápidamente para pescar de entre los restos de ladrillos, piedras y arena una camisa azul, vieja y entierrada, con una de las mangas resgadas, que alguno de los operarios había botado al terminar su turno... Se quedó sosteniendola por algunos segundos, contemplandola con sus ojillos brillantes y desorbitados. Parecía un verdadero tesoro para él!... En seguida, retomando su aire de desconfianza, la sacudió vigorosamente, levantando una nuve de polvo, y la guardó cuidadosamente dentro de su bolsa de plástico, esbozando una leve sonrisa de la mas absoluta gratitud y felicidad. A final de cuentas, había acabado de ganar una "camisa nueva"!...
En seguida, el hombre volvió a la vereda y continuó su camino, mas ahora con otra postura, más erecto y ágil, la cabeza erguida, brazos balanceando con una nueva y repentina levedad. Yo andaba atrás suyo, tratando de mantenerme lo más cerca posible, pero al llegar a la esquina siguiente, él dobló y se alejó por la calle abajo, apretando la bolsa con su tesoro contra el pecho, y yo seguí por la avenida después de acompañar con la mirada su silueta delgada y ágil durante algunos segundos... Entonces, de repente, caí en la cuenta de que no existe una sola realidad, solamente ésta en la cual nosotros nos movemos, sino que existen muchas otras, muy diferentes, que acontecen bien a nuestro lado, a cada momento, y que nosotros hacemos cuestión de ignorar porque nos incomodan, nos roban el buen humor, nos hacen mal, son sucias, mal vestidas, tienen hambre, son ignorantes, peligrosas, deprimentes... Aquel hombrecillo frágil y su camisa azul formaban parte de una de esas realidades, que nosotros tratamos de mitigar con nuestra caridad o nuestra indiferencia... Y ahí me pregunté, preocupada: "Y qué es lo que viene a ser la caridad, entonces? Para qué sirve realmente? Para ayudar a aquellos con nuestras sobras? Para que seamos menos egoístas? Para que aprendamos que se puede vivir con mucho menos de lo que pensamos? Para sentir pena de los menos afortunados mientas nos vanagloriamos delante de ellos con los troféos de nuestra "buena suerte"?... Y llego a la conclusión de que la caridad, mal practicada o hecha por los motivos equivocados, puede transformarse en una trampa de la vanidad y del preconcepto.
Pienso en las personas que viven de nuestras sobras, de aquello que no más queremos o necesitamos: zapatos, ropas, aparatos de todo tipo, medicamentos, comida y hasta otras personas... Sin pensarlo dos veces, y tomados por la fiebre del consumismo que los medios de comunicación despiertan en nosotros, nos deshacemos de una infinidad de cosas -mismo que éstas todavía estén en buenas condiciones- simplemente porque encontramos y adquirimos otra mejor. Con tanta frecuencia me pillo dándole cosas a personas menos favorecidas y después las véo usándolas y aprovechándolas hasta el fin y entonces me pregunto si yo misma no podría haber hecho esto en vez de descartarlas para comprar otras nuevas!... Sólo no es peor porque existen estas personas que aprovechan nuestro consumismo, nuestros restos, para vivir como tal vez nosotros deberíamos hacerlo, sin andar por ahí gastando sólo porque tenemos dinero. Al final, para qué una cosa nueva si la que tenemos todavía sirve? Los pobres no compran porque no pueden, pero juro que a veces pienso que nosotros deberíamos, de vez en cuando, hacer el ejercício del "no puedo comprar" sólo para que seamos menos fútiles y aprendamos a apreciar y a sacarle provecho a lo que ya adquirimos. Cuanto más fácilmente podemos obtener algo, menos importancia le damos y más fácilmente somos capaces de deshacernos de él. Pues, qué cosa tan terrible sucedería si usáramos por más tiempo un pantalón? O si no tuviéramos aquella colección enorme de maquillaje y perfumes? Si no cediéramos a la tentación del último modelo de computador, o de carro, y nos quedáramos algunos años más con el modelo que ya tenemos?... Puchas, cómo tenemos hambre y prisa por las cosas efímeras!... Pero, a final de cuentas, la ropa es hecha para cubrirse, la comida para alimentarse, la casa para abrigarse. Todo lo que tenemos posée una utilidad básica y funcional, pero nosotros conseguimos transformarlo en un artículo de deséo, de envidia, de poder. Todo se convierte en exceso, en lujo exhibicionista, en una competencia que esconde nuestra vanidad y nuestra inseguridad, nuestra ansia por ser amados y por conquistar y mantener un lugar importante en la sociedad.
No se me olvida aquel hombre que una mañana fría y de cielo cargado pasó por mí en la calle, con su bolsa de plástico zurrada y su ropa gastada y disforme, las faldas de la chaqueta revolando como las alas de un ave exótica y desharrapada, los zapatos demasiado grandes y medias de colores diferentes en cada pié. Apresurado, casi chocó conmigo y, al alejarse, dejó para atrás un rastro de sudor, tabaco y cerveza que me hizo reflexionar sobre el tipo de hombre que era, ya dando una pasadita en el bar temprano para tomar unos tragos de coraje (o de analgésico) y así ser capaz de encarar otro día... De repente, se detuvo, a algunos metros delante de mí, frente a la construcción del nuevo edificio de la tienda de tintas, y se quedó mirando fijo a alguna cosa en el suelo, cerca de la pared, en medio de los escombros, los pedazos de madera y los diarios y latas de tinta vacías. Yo, curiosa -o pensando que él estaba teniendo algún tipo de delírio provocado por la bebida o el hambre, porque era trágicamente delgado y frágil, de gestos inseguros y andar medio desequilibrado- disminuí el paso sólo para descubrir qué era lo que le había llamado tanto la atención... El hombre se enderezó, como queriendo ver mejor, y en seguida volvió a encogerse, dando una mirada furtiva a su alrededor, como si no quisiera que nadie se fijara en su hallazgo. Avanzó ansiosamente, tropezando en los escombros, casi cayendo, hasta el rincón donde estaba aquello que había llamado su atención, se detuvo, miró una vez más en torno con aire receloso y entonces se agachó rápidamente para pescar de entre los restos de ladrillos, piedras y arena una camisa azul, vieja y entierrada, con una de las mangas resgadas, que alguno de los operarios había botado al terminar su turno... Se quedó sosteniendola por algunos segundos, contemplandola con sus ojillos brillantes y desorbitados. Parecía un verdadero tesoro para él!... En seguida, retomando su aire de desconfianza, la sacudió vigorosamente, levantando una nuve de polvo, y la guardó cuidadosamente dentro de su bolsa de plástico, esbozando una leve sonrisa de la mas absoluta gratitud y felicidad. A final de cuentas, había acabado de ganar una "camisa nueva"!...
En seguida, el hombre volvió a la vereda y continuó su camino, mas ahora con otra postura, más erecto y ágil, la cabeza erguida, brazos balanceando con una nueva y repentina levedad. Yo andaba atrás suyo, tratando de mantenerme lo más cerca posible, pero al llegar a la esquina siguiente, él dobló y se alejó por la calle abajo, apretando la bolsa con su tesoro contra el pecho, y yo seguí por la avenida después de acompañar con la mirada su silueta delgada y ágil durante algunos segundos... Entonces, de repente, caí en la cuenta de que no existe una sola realidad, solamente ésta en la cual nosotros nos movemos, sino que existen muchas otras, muy diferentes, que acontecen bien a nuestro lado, a cada momento, y que nosotros hacemos cuestión de ignorar porque nos incomodan, nos roban el buen humor, nos hacen mal, son sucias, mal vestidas, tienen hambre, son ignorantes, peligrosas, deprimentes... Aquel hombrecillo frágil y su camisa azul formaban parte de una de esas realidades, que nosotros tratamos de mitigar con nuestra caridad o nuestra indiferencia... Y ahí me pregunté, preocupada: "Y qué es lo que viene a ser la caridad, entonces? Para qué sirve realmente? Para ayudar a aquellos con nuestras sobras? Para que seamos menos egoístas? Para que aprendamos que se puede vivir con mucho menos de lo que pensamos? Para sentir pena de los menos afortunados mientas nos vanagloriamos delante de ellos con los troféos de nuestra "buena suerte"?... Y llego a la conclusión de que la caridad, mal practicada o hecha por los motivos equivocados, puede transformarse en una trampa de la vanidad y del preconcepto.
Posibles e imposibles
Esta semana (la última de mis vacaciones, infelizmente, a no ser que gane unos días más por cuenta del bendito banco de horas) voy a empezar -y digo empezar porque serán dos crónicas- posteando la crónica que salió publicada en el diario y después postearé la que había escogido, entonces créo que van a tener bastante material para pasar el final de semana. Hoy hace un día nublado y lluvioso, ideal para escribir, pensar, meditar, ver mucha televisión y comer un montón de cabritas, y como mi hija viene a pasar el fin de semana, ya estoy viendo que lo vamos a pasar regio... Pero no voy a salir de la dieta, lo prometo! Inclusive ya fuí a comprarme un pote de helado diet, unos paquetes de tostadas, algunas frutas y verduras bien coloreadas y frescas para evitar las tentaciones poco saludables!.. Como ven, estoy haciendo todo para cumplir mi promesa de año nuevo, así como espero conseguir cumplir las otras y todos los proyectos que me propuse... Y hablando de estos proyectos, resulta que mi hermana anda medio ocupada, entonces todavía no me puso los contadores de visitas en mi nuevo blog de cuentos, lo que está dejandome enferma de curiosidad, pues quiero mucho saber si alguno de ustedes -o alguien nuevo- ya fué a visitarlo y qué piensa de él... Pero paciencia, que el mundo no se hizo en un día!... Así mismo, y como soy una ansiosa con certificado de garantía ilimitado, estoy aqui rezando para que mi hermana encuentre un tiempecito y me haga este favor inmenso. Es que ustedes no saben -o a lo mejor sí- cómo es bueno y animador ver el número de visitas aumentando a cada día! Es esta respuesta de ustedes lo que me lleva a continuar escribiendo, lo que me inspira y me hace sentirme útil, con un propósito en la vida (que era realmente el que yo pensaba que era, lo que es todavía más sensacional) llena de optimismo y aliento, viva, conectada con el mundo que me rodea, sabiendo que estoy compartiendo mis experiencias y que tal vez le estoy dando una mano a alguien que puede andar meio perdido por ahí, porque muchas manos me fueron extendidas cuando yo misma anduve perdida. Y uno tiene que retribuir, no es verdad? Es solamente de esta manera que el bien se propaga, entonces, por qué no hacer nuestra parte, por menor que séa? Todos somos importantes en esta empresa!.
Y aquí vá la primera de esta semana, la que salió en el diario.
Posible. Imposible... Ayer, mientras me balanceaba perezozamente en la hamaca colgada en el garage fresco y sombreado, me quedé meditando sobre estos dos conceptos que, en verdad, son mucho más subjetivos de lo que parecen. Créo que estamos aqui para combatir y derribar la mayor cantidad posible de aquellos mitos (los imposibles ilusorios) que frenan o impiden nuestro crecimiento, sin embargo, tembién pienso que luchar contra ellos y vencerlos no significa que vamos a transformarnos en eternos Quijotes yendo siempre atrás de los imposibles, anhelando cosas inalcanzables, descabelladas para nuestra condición humana.
Lo posible es todo aquello que deseamos y podemos verdaderamente realizar. Lo posible es lo realmente importante para nuestra existencia real, es el deseo que nos lleva a la superación, al crecimiento, a los cambios y no a la frustración, la alienación o la desesperación. No existe nada fuera de esto y la sabiduría es la llave que abre esta puerta, pues nos muestra la dimensión exacta de nuestros anhelos y las reales posibilidades de concretarlas. La sabiduría es, definitivamente, el camino por el cual se llega a todos los aparentes imposibles (esos que no alcanzamos inventando las más variadas disculpas) y para los posibles que todavía no conseguimos ver, presos por los límites que nuestros imposibles nos imponen.
Créo que es por eso que Santa Teresita del Niño Jesús afirmaba tan categóricamente que Dios nunca nos inspira deséos que no puedan ser satisfechos, mismo que a veces éstos puedan parecer inalcanzables. El nos inspira todo lo que es posible y cabible a un ser humano y quiere mucho concedernos estos deseos; somos nosotros que no lo creémos!... Y esto sucede porque nuestra visión de "posible" y cabible" es bien diferente de la de Dios. Para empezar a entender de verdad estos conceptos y aplicarlos en nuestras vidas tendríamos, primero, que comprender lo que es "ser humanos", y cuáles son nuestros potenciales. Después, créo que seríamos capaces de empezar a actuar en pro del éxito de todas nuestras empresas. Hay que soñar, sí, hay que esperar y tener fé, ser optimista y luchador, sin embargo, también es imprescindible que, para que el árbol que somos dé frutos, ella esté con las raíces bien hincadas en la tierra.
Y aquí vá la primera de esta semana, la que salió en el diario.
Posible. Imposible... Ayer, mientras me balanceaba perezozamente en la hamaca colgada en el garage fresco y sombreado, me quedé meditando sobre estos dos conceptos que, en verdad, son mucho más subjetivos de lo que parecen. Créo que estamos aqui para combatir y derribar la mayor cantidad posible de aquellos mitos (los imposibles ilusorios) que frenan o impiden nuestro crecimiento, sin embargo, tembién pienso que luchar contra ellos y vencerlos no significa que vamos a transformarnos en eternos Quijotes yendo siempre atrás de los imposibles, anhelando cosas inalcanzables, descabelladas para nuestra condición humana.
Lo posible es todo aquello que deseamos y podemos verdaderamente realizar. Lo posible es lo realmente importante para nuestra existencia real, es el deseo que nos lleva a la superación, al crecimiento, a los cambios y no a la frustración, la alienación o la desesperación. No existe nada fuera de esto y la sabiduría es la llave que abre esta puerta, pues nos muestra la dimensión exacta de nuestros anhelos y las reales posibilidades de concretarlas. La sabiduría es, definitivamente, el camino por el cual se llega a todos los aparentes imposibles (esos que no alcanzamos inventando las más variadas disculpas) y para los posibles que todavía no conseguimos ver, presos por los límites que nuestros imposibles nos imponen.
Créo que es por eso que Santa Teresita del Niño Jesús afirmaba tan categóricamente que Dios nunca nos inspira deséos que no puedan ser satisfechos, mismo que a veces éstos puedan parecer inalcanzables. El nos inspira todo lo que es posible y cabible a un ser humano y quiere mucho concedernos estos deseos; somos nosotros que no lo creémos!... Y esto sucede porque nuestra visión de "posible" y cabible" es bien diferente de la de Dios. Para empezar a entender de verdad estos conceptos y aplicarlos en nuestras vidas tendríamos, primero, que comprender lo que es "ser humanos", y cuáles son nuestros potenciales. Después, créo que seríamos capaces de empezar a actuar en pro del éxito de todas nuestras empresas. Hay que soñar, sí, hay que esperar y tener fé, ser optimista y luchador, sin embargo, también es imprescindible que, para que el árbol que somos dé frutos, ella esté con las raíces bien hincadas en la tierra.
segunda-feira, 4 de janeiro de 2010
El sabiá escondido
Bueno, un poquitín atrasada, pero siempre fiel a mis lectores, he aquí la primera crónica de 2010, y con una novedad de brindis que espero agrade a todos y sirva para divulgar un poco más de mi trabajo. Es lo siguiente: hoy en la mañana, después de unas cinco intentonas frustradas -típicas de quien está medio perdida (en realidad, completamente perdida, seamos sinceros!) con respepcto a las maravillosas y casi infinitas posibilidades de la internet- conseguí mi objetivo: abrir otro blog. Bueno, en verdad fueron dos, porque así como lo hice con éste, tendrá una versión en portugués y otra en español (como ven, me encanta darme más trabajo) con la diferencia de que no contendrá crónicas, sino histórias (este es el nombre del blog) que no tienen nada que ver con estos textos, que son sacados de mis diarios personales y hablan de reflexiones, pensamientos y lecciones aprendidas a través de experiencias personales íntimas y verdaderas. En este otro blog publicaré el producto de mi otra vertiente literaria: los relatos de ficción. Cuentos y hasta novelas (en capítulos, por supuesto!) que vengo produciendo a lo largo de los años y que por un montón de razones -todas relacionadas con dinero, claro- no he conseguido publicar en papel. Como créo que vale a pena que séan conocidos, decidí seguir el consejo de mi amiga Célia Musilli y voy a empezar a postearlos en este nuevo blog, pues me parece la única forma de hacerlos conocidos para el público y, como ya tengo un buen número de visitas en el blog de crónicas, créo píamente que estos mismos lectores -y muchos más, espero!- tendrán interés en conocer esta otra forma mía de expresión. Realmente, me sentiría absurdamente feliz si así fuera, pues haría valer la pena todo el trabajo que voy a tener. Claro que este blog no tendrá la misma frecuencia de publicación que el de crónicas; a final de cuentas, un cuento o una novela llevan mucho más tiempo para ser creados que una crónica corta, que nace de cualquier cosa o acontecimiento de la vida diaria, pero si la inspiración no me fallar, confío en que tendremos una buena cosecha de ficción a lo largo del año. De cualquier forma, todas las veces que publique un cuento voy a dejarles un recado en este blog, ok?... Putz, a pesar de la sudadera de hoy en la mañana y de la cantidad de blogs que abrí pensando que no había abierto ninguno (no traten de entender esa!) y que ahora me hacen dueña de nada menos que siete blogs -de los cuales estoy usando, en realidad, solamente cuatro. Ya dije, no traten de entender esto- estoy super entusiasmada con esta iniciativa, que me vino a la cabeza mientras rodaba en la cama y trataba de dormir con este calor desgraciado justo en la noche de año nuevo, lo que fué otro de los regalos con que fuí agraciada y que pretendo aprovechar al máximo.
Bueno, y para que no se quede más largo (que la crónica de hoy no es corta tampoco!) aqui vá la dirección del nuevo blog, en el cual hoy mismo o a más tardar mañana, voy a postear el primer cuento: pazaldunate-historias.blogspot.com. El nombre del blog es "Historias" y, sinceramente, espero que despierte vuestra curiosidad y decidan hacerle una visita y dejen muchos comentarios!...
Entonces, por el momento es sólo esto. Espero que lo aprovechen y también que tengan un año nuevo lleno de cosas y personas buenas, porque todos merecemos un año mejor que el anterior!.
PS: Como abrí más blogs de lo que pretendía (continúo sin entenderlo), y todos con el mismo nombre, van a tener que darse el trabajo de encontrar el que voy a usar a partir de hoy, ok?... Disculpen la torpeza!...
No me olvido de aquel pájaro -un sabiá del bosque, como supe después que se llamaba- que apareció repentinamente entre el denso ramaje de la enredadera sobre el portón, pocos días antes de tener que hacer una endoscopía (examen que me causa verdadero pavor). Yo no conseguía verlo, pero escuchaba con singular claridad sus trinos melodiosos y potentes, que me envolvían y parecían darme una espécie de nuevo valor para enfrentar la situación. Lo curioso era que, por más que yo me pusiera en diversos ángulos para ver si conseguia divisarlo, lo único que veía eran las hojas moviendose aquí y allí, como si él estuviese siempre acabando de cambiar de rama. Ninguno de los días que permaneció allí bajó para comer pan en el muro ni fué al bebedor para refrescarse; se quedó siempre entre el follaje de la enredadera soltando ininterrumpidamente su canto mientras yo me mecía en la hamaca...
Me demoré un par de días, sofocada como estaba por mi angustia, para percibir su voz constante -que sólo se dejaba oír a partir del momento en que yo salía al pátio y me tendía en la hamaca- y dejarme encantar por ella hasta el punto de olvidarme de la cercanía del odioso examen. Una vez que empecé a prestar atención en su canto, me vino la curiosidad de conocer al dueño de aquellos trinos, inéditos para mí, y así, pasé varias horas andando alrededor de la enredadera tratando de descubrir en cuál rama estaría escondido. A veces me parecía adivinar unas alas café, del color del tronco, o unos ojillos brillantes en las sombras movedizas, tal vez una cola, o el zumbido de un aletear... Pero en ningún momento conseguí de fato divisar el tal pájaro con claridad, por entero, delante de mí. El llegaba -o ya estaba allí, porque yo no veía ninguna ave posar en la enredadera- justo en el momento en que yo me tendía en la hamaca y entonces me regalaba con un concierto maravilloso. Cantaba y cantaba, cantaba sólo para mí y aquel canto parecía tener el poder de callar mi angustia y calmar mi temor. Me hacía sentir reconfortada, consolada, acariciada como un niño en los brazos de su madre.
Y fué así durante toda la semana que precedió a mi examen: yo venía a tenderme en la hamaca y e inmediatamente él aparecía, cantaba y se iba cuando yo volvía para dentro de la casa. Nunca lo escuché mientras estaba en el hall o en mi pieza... Y de repente, justamente el día anterior al examen, entendí el mensaje: "No mires solamente para tí misma y tus dolores! Existen más cosas en el mundo y ellas pueden traerte alivio, alegría y paz! Sal de tí misma y mira a Dios, que está a tu alrededor y te ama de infinitas maneras!"... Aquello fué como el soplo de una brisa fresca en un mediodía de Enero!... Por qué no? Por qué no levantar la cabeza de mi aflicción personal y mirar a mi alrededor? Por qué no dejar de sufrir por anticipado, perdiendo así el regalo que estaba recibiendo en ese instante?...
Al día siguiente fuí a hacerme el maldito examen y no voy a decir que no estaba extremadamente nerviosa y afligida y que no pasé la mayor vergüenza casi vomitando encima de todo el mundo cuando me pusieron el anestésico en la garganta... Sin embargo, en medio de la breve desesperación superficial, hubo un momento, recordando la lección aprendida, en que fuí capaz de olvidarme de mi tormento y fijar los ojos en la luz que entraba por la ventana y se reflejaba suavemente sobre el circo computadorizado que estaban usando para examinarme. Por algunos segundos, mientras mis oídos se concentraban en el pito que indicaba la frecuencia de los latidos de mi corazón (y que, contra todo lo que yo estaba sintiendo, confirmaba que todavía estava viva) cada vez más lentos y lejanos, conseguí distinguir un pequeño arcoiris en el aire, producido por los rayos de sol cayendo en el metal y el vidrio y, al fondo, todavía escuché el eco claro y vibrante de los trinos del sabiá misteriso, regalo de Dios... Y créo que, a pesar de todo, hasta conseguí esbozar una sonrisa de gratitud medio chueca ates de desmayarme definitivamente.
Bueno, y para que no se quede más largo (que la crónica de hoy no es corta tampoco!) aqui vá la dirección del nuevo blog, en el cual hoy mismo o a más tardar mañana, voy a postear el primer cuento: pazaldunate-historias.blogspot.com. El nombre del blog es "Historias" y, sinceramente, espero que despierte vuestra curiosidad y decidan hacerle una visita y dejen muchos comentarios!...
Entonces, por el momento es sólo esto. Espero que lo aprovechen y también que tengan un año nuevo lleno de cosas y personas buenas, porque todos merecemos un año mejor que el anterior!.
PS: Como abrí más blogs de lo que pretendía (continúo sin entenderlo), y todos con el mismo nombre, van a tener que darse el trabajo de encontrar el que voy a usar a partir de hoy, ok?... Disculpen la torpeza!...
No me olvido de aquel pájaro -un sabiá del bosque, como supe después que se llamaba- que apareció repentinamente entre el denso ramaje de la enredadera sobre el portón, pocos días antes de tener que hacer una endoscopía (examen que me causa verdadero pavor). Yo no conseguía verlo, pero escuchaba con singular claridad sus trinos melodiosos y potentes, que me envolvían y parecían darme una espécie de nuevo valor para enfrentar la situación. Lo curioso era que, por más que yo me pusiera en diversos ángulos para ver si conseguia divisarlo, lo único que veía eran las hojas moviendose aquí y allí, como si él estuviese siempre acabando de cambiar de rama. Ninguno de los días que permaneció allí bajó para comer pan en el muro ni fué al bebedor para refrescarse; se quedó siempre entre el follaje de la enredadera soltando ininterrumpidamente su canto mientras yo me mecía en la hamaca...
Me demoré un par de días, sofocada como estaba por mi angustia, para percibir su voz constante -que sólo se dejaba oír a partir del momento en que yo salía al pátio y me tendía en la hamaca- y dejarme encantar por ella hasta el punto de olvidarme de la cercanía del odioso examen. Una vez que empecé a prestar atención en su canto, me vino la curiosidad de conocer al dueño de aquellos trinos, inéditos para mí, y así, pasé varias horas andando alrededor de la enredadera tratando de descubrir en cuál rama estaría escondido. A veces me parecía adivinar unas alas café, del color del tronco, o unos ojillos brillantes en las sombras movedizas, tal vez una cola, o el zumbido de un aletear... Pero en ningún momento conseguí de fato divisar el tal pájaro con claridad, por entero, delante de mí. El llegaba -o ya estaba allí, porque yo no veía ninguna ave posar en la enredadera- justo en el momento en que yo me tendía en la hamaca y entonces me regalaba con un concierto maravilloso. Cantaba y cantaba, cantaba sólo para mí y aquel canto parecía tener el poder de callar mi angustia y calmar mi temor. Me hacía sentir reconfortada, consolada, acariciada como un niño en los brazos de su madre.
Y fué así durante toda la semana que precedió a mi examen: yo venía a tenderme en la hamaca y e inmediatamente él aparecía, cantaba y se iba cuando yo volvía para dentro de la casa. Nunca lo escuché mientras estaba en el hall o en mi pieza... Y de repente, justamente el día anterior al examen, entendí el mensaje: "No mires solamente para tí misma y tus dolores! Existen más cosas en el mundo y ellas pueden traerte alivio, alegría y paz! Sal de tí misma y mira a Dios, que está a tu alrededor y te ama de infinitas maneras!"... Aquello fué como el soplo de una brisa fresca en un mediodía de Enero!... Por qué no? Por qué no levantar la cabeza de mi aflicción personal y mirar a mi alrededor? Por qué no dejar de sufrir por anticipado, perdiendo así el regalo que estaba recibiendo en ese instante?...
Al día siguiente fuí a hacerme el maldito examen y no voy a decir que no estaba extremadamente nerviosa y afligida y que no pasé la mayor vergüenza casi vomitando encima de todo el mundo cuando me pusieron el anestésico en la garganta... Sin embargo, en medio de la breve desesperación superficial, hubo un momento, recordando la lección aprendida, en que fuí capaz de olvidarme de mi tormento y fijar los ojos en la luz que entraba por la ventana y se reflejaba suavemente sobre el circo computadorizado que estaban usando para examinarme. Por algunos segundos, mientras mis oídos se concentraban en el pito que indicaba la frecuencia de los latidos de mi corazón (y que, contra todo lo que yo estaba sintiendo, confirmaba que todavía estava viva) cada vez más lentos y lejanos, conseguí distinguir un pequeño arcoiris en el aire, producido por los rayos de sol cayendo en el metal y el vidrio y, al fondo, todavía escuché el eco claro y vibrante de los trinos del sabiá misteriso, regalo de Dios... Y créo que, a pesar de todo, hasta conseguí esbozar una sonrisa de gratitud medio chueca ates de desmayarme definitivamente.
Marcadores:
. examen,
endoscopía,
enredadera,
regalo
sábado, 26 de dezembro de 2009
Lo que quiero es ser feliz!
Bueno, pasados los inevitables excesos de la cena con la familia y del almuerzo al día siguiente en la casa de la suegra con ese montón de parientes que más parecen una de las plagas bíblicas, recomenzamos la vida el día 26, entre antiácidos y dietas de desintoxicación, lánguidas y temblorosas miradas al cake de nueces y una total falta de imaginación para reaprovechar las sobras de tanto banquete... Sin embargo, a pesar del estómago en ruínas, el puntero acusador de la balanza y la llegada de una empleada nueva, nada puede abatirme hoy. No tengo la menor intención de no cumplir mis promesas de fin de año, entonces créo que mi cena de año nuevo consistirá en algunas hojas de lechuga y berro, siete tomatitos cereza, pecho de pollo asado con papas cocidas y un potecito de helado diet que devoraré en la más santa alegría. Créo que esto es suficiente para alimentarme ( y todavía tengo el bono del helado) dejar mi espíritu -y mi intestino- leve y prepararme para enfrentar todo lo que me aguarda en 2010. Por un lado, el puntero de la balanza vá a bajar, pero por el otro, el de mi felicidad vá a subir, y espero que séa mucho!....
Y aquí vá la de esta semana, la última de este año, porque la próxima ya será en el año nuevo.
Me gusta que mi día séa ocupado, activo, una hora envuelto con los alumnos, otra con mis textos, o entonces con películas, paséos, meditaciones, ollas, pájaros, perros y plantas; con compras y cuentas, con siestas y mudanzas en la decoración. Me gusta estar en constante contemplación para así aprender, me encanta vivir creando, enseñando, reflexionando. Me gusta percibir todo lo que me rodéa y estar siempre en esta batalla por el perfeccionamiento, por la mejoría de mi salud física y espiritual y, especialmente, por el crecimiento y la conciencia de mi felicidad, pues tengo certeza de que todo y cualquier bien que consiga irá a reflejarse automáticamente en el ambiente y en las personas que están a mi alrededor. En el fondo, todos somos generadores y propagadores del bien, del crecimiento, de la salud, de la sabiduría, del consuelo y de la compasión, pero ni siempre tenemos una conciencia clara de este hecho y por eso lo dejamos pasar como si ni siquera existiese, perdiendo oportunidades únicas y preciosas de experimentar esta sensación maravillosa, mágica, distinta a todas las otras, renovadora y poderosa que es la felicidad... Sin embargo, y a pesar de esto, somos nosotros mismos los que propiciamos y difundimos el paraíso a nuestro alrededor, ésta es la verdad, y el toque de amor con que lo hacemos puede verdaderamente ser capaz de transformar a los otros y de resolver la situaciones más difíciles de las formas más inesperadas... Nosotros poseémos este poder!... Cielo e infierno habitan dentro de nosotros, volviendonos mortales y eternos al mismo tiempo, pero cabe a nosotros escoger y aceptar las consecuencias. Ser feliz o infeliz es, a final de cuentas, una opción solamente nuestra que puede aparecer delante de nosotros a cualquier hora, en cualquier lugar, ya que nada es definitivo y siempre podemos cambiar nuestro camino.
Me acuerdo de cuando era adolescente y todos en la familia me preguntaban lo que planeaba ser cuando terminara mis estudios, tremendamente preocupados con mi aparente falta de ambición y definición en esta área. "Qué es lo que vas a ser? Qué vas a estudiar? Dónde vas a trabajar? Cuánto pretender ganar? Y qué es lo que vas a hacer con tu salário?"... Era la letanía, y yo, invariablemente, tenía siempre la misma respuesta: "Lo que quiero es ser feliz!", cosa que era un disparate de pésimo agüero para los tiempos en que vivíamos, exigentes y ferozmente competitivos, donde lo que valía era el status, la especialización, la post-graduación, la ambición... "Pero ser feliz no es una profesión! No dá dinero! Nosotros estamos hablando de algo concreto y no de esos sueños utópicos tuyos!", arguían, escandalizados. Y yo porfiaba, perpleja delante de su total falta de lógica: "Pero existe algo mas concreto e importante en la vida que la felicidad? Nada vá a valer la pena si uno no es feliz! No quiero un futuro próspero e infeliz!"...
Y todavía créo píamente en esto, hoy más que nunca, sobre todo viendo todo lo que conseguí entregandome sin reservas a esta "utopía", pues mi convicción en esta premisa era tan grande que consiguió cambiar mi vida, trazó mis caminos y dictó las reglas, que no dudé en seguir. Ser y construir la felicidad es lo que realmente nos realiza, no importa dónde, cómo o con quién. La verdadera ansia por la felicidad nos muestra los caminos, nos abre las puertas, nos coloca en los lugares ciertos, nos presenta a las personas y a las situaciones que irán a perfeccionar nuestros potenciales y a acelerar nuestro crecimiento para que así podamos seguir el rumbo cierto y alcanzar nuestros objetivos de vida. Con certeza, las ganas de ser feliz son siempre la luz que podemos encender en la más profunda obscuridad. Créo totalmente que perseguir y alcanzar la felicidad es "el buen encuentro", como diría Spinosa, pues es encontrar a Dios en sí mismo, encontrarse a sí mismo y esto puede cambiar todo dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Apoyados en el deséo de ser felices nos volvemos capaces de encarar cualquier desafío o probación, ya que a la felicidad se alian naturalmente el optimismo y la fé, que impregnarán nuestros actos, nuestras decisiones y procesos, facilitando así el descubrimiento de soluciones para los problemas... Y si por ventura fracasamos, la felicidad aún nos sostendrá y nos hará reunir nuevas fuerzas para continuar batallando, haciendo que de este fracaso saquemos una lección valiosa que nos ayudará en otras situaciones difíciles. No existe un solo motivo que nos haga felices, la felicidad no se basa en una única cosa, persona o situación, sino en un conjunto de todas ellas, que están diseminadas en todas las áreas de nuestra existencia. Entonces, si no tenemos éxito en una, todavía nos quedan todas las otras para mantenernos felices y dispuestos a abrir nuevas puertas y recorrer nuevos caminos
No interesa lo que se posée, lo que se hace, donde se vive, quién se es. Viviendo en felicidad, la realización es segura, mismo que ésta no signifique riqueza, fama o poder, porque ser feliz no es una profesión, sino una opción de vida.
"Lo que nos define no son nuestras habilidades, son nuestras opciones." (Dumbledore, Harry Potter)
Y aquí vá la de esta semana, la última de este año, porque la próxima ya será en el año nuevo.
Me gusta que mi día séa ocupado, activo, una hora envuelto con los alumnos, otra con mis textos, o entonces con películas, paséos, meditaciones, ollas, pájaros, perros y plantas; con compras y cuentas, con siestas y mudanzas en la decoración. Me gusta estar en constante contemplación para así aprender, me encanta vivir creando, enseñando, reflexionando. Me gusta percibir todo lo que me rodéa y estar siempre en esta batalla por el perfeccionamiento, por la mejoría de mi salud física y espiritual y, especialmente, por el crecimiento y la conciencia de mi felicidad, pues tengo certeza de que todo y cualquier bien que consiga irá a reflejarse automáticamente en el ambiente y en las personas que están a mi alrededor. En el fondo, todos somos generadores y propagadores del bien, del crecimiento, de la salud, de la sabiduría, del consuelo y de la compasión, pero ni siempre tenemos una conciencia clara de este hecho y por eso lo dejamos pasar como si ni siquera existiese, perdiendo oportunidades únicas y preciosas de experimentar esta sensación maravillosa, mágica, distinta a todas las otras, renovadora y poderosa que es la felicidad... Sin embargo, y a pesar de esto, somos nosotros mismos los que propiciamos y difundimos el paraíso a nuestro alrededor, ésta es la verdad, y el toque de amor con que lo hacemos puede verdaderamente ser capaz de transformar a los otros y de resolver la situaciones más difíciles de las formas más inesperadas... Nosotros poseémos este poder!... Cielo e infierno habitan dentro de nosotros, volviendonos mortales y eternos al mismo tiempo, pero cabe a nosotros escoger y aceptar las consecuencias. Ser feliz o infeliz es, a final de cuentas, una opción solamente nuestra que puede aparecer delante de nosotros a cualquier hora, en cualquier lugar, ya que nada es definitivo y siempre podemos cambiar nuestro camino.
Me acuerdo de cuando era adolescente y todos en la familia me preguntaban lo que planeaba ser cuando terminara mis estudios, tremendamente preocupados con mi aparente falta de ambición y definición en esta área. "Qué es lo que vas a ser? Qué vas a estudiar? Dónde vas a trabajar? Cuánto pretender ganar? Y qué es lo que vas a hacer con tu salário?"... Era la letanía, y yo, invariablemente, tenía siempre la misma respuesta: "Lo que quiero es ser feliz!", cosa que era un disparate de pésimo agüero para los tiempos en que vivíamos, exigentes y ferozmente competitivos, donde lo que valía era el status, la especialización, la post-graduación, la ambición... "Pero ser feliz no es una profesión! No dá dinero! Nosotros estamos hablando de algo concreto y no de esos sueños utópicos tuyos!", arguían, escandalizados. Y yo porfiaba, perpleja delante de su total falta de lógica: "Pero existe algo mas concreto e importante en la vida que la felicidad? Nada vá a valer la pena si uno no es feliz! No quiero un futuro próspero e infeliz!"...
Y todavía créo píamente en esto, hoy más que nunca, sobre todo viendo todo lo que conseguí entregandome sin reservas a esta "utopía", pues mi convicción en esta premisa era tan grande que consiguió cambiar mi vida, trazó mis caminos y dictó las reglas, que no dudé en seguir. Ser y construir la felicidad es lo que realmente nos realiza, no importa dónde, cómo o con quién. La verdadera ansia por la felicidad nos muestra los caminos, nos abre las puertas, nos coloca en los lugares ciertos, nos presenta a las personas y a las situaciones que irán a perfeccionar nuestros potenciales y a acelerar nuestro crecimiento para que así podamos seguir el rumbo cierto y alcanzar nuestros objetivos de vida. Con certeza, las ganas de ser feliz son siempre la luz que podemos encender en la más profunda obscuridad. Créo totalmente que perseguir y alcanzar la felicidad es "el buen encuentro", como diría Spinosa, pues es encontrar a Dios en sí mismo, encontrarse a sí mismo y esto puede cambiar todo dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Apoyados en el deséo de ser felices nos volvemos capaces de encarar cualquier desafío o probación, ya que a la felicidad se alian naturalmente el optimismo y la fé, que impregnarán nuestros actos, nuestras decisiones y procesos, facilitando así el descubrimiento de soluciones para los problemas... Y si por ventura fracasamos, la felicidad aún nos sostendrá y nos hará reunir nuevas fuerzas para continuar batallando, haciendo que de este fracaso saquemos una lección valiosa que nos ayudará en otras situaciones difíciles. No existe un solo motivo que nos haga felices, la felicidad no se basa en una única cosa, persona o situación, sino en un conjunto de todas ellas, que están diseminadas en todas las áreas de nuestra existencia. Entonces, si no tenemos éxito en una, todavía nos quedan todas las otras para mantenernos felices y dispuestos a abrir nuevas puertas y recorrer nuevos caminos
No interesa lo que se posée, lo que se hace, donde se vive, quién se es. Viviendo en felicidad, la realización es segura, mismo que ésta no signifique riqueza, fama o poder, porque ser feliz no es una profesión, sino una opción de vida.
"Lo que nos define no son nuestras habilidades, son nuestras opciones." (Dumbledore, Harry Potter)
Marcadores:
felicidad,
Harry Potter,
Profesión,
realización
domingo, 20 de dezembro de 2009
Mañana, tarde y noche
Finalmente de vacaciones (ahora sí que pueden hacer carita de envidia!) y créo que voy a poder empezar a cuidar un poco más de mí misma, que lo estoy necesitando de veras. Para esto pretendo volver a mis caminadas matinales, a la dieta cierta y a la producción literaria, que anda bastante perjudicada con tanto disgusto, tanto trabajo y tanta enfermedad. No voy a esperar el dia de año nuevo para hacer mis promesas, voy a empezar a cumplirlas a partir de ahora mismo!... A final de cuentas, fin de año no es solamente para evaluaciones, cobranzas, arrepentimientos o críticas, sino también -y principalmente, pienso yo- para nuevos comienzos, reciclaje, para una renovación física y espiritual, para una limpieza y la renovación de la fé y del optimismo. Y si puedo comenzar ahora, por qué esperar hasta el día 31?... Mi año nuevo ya está coriendo!...
Es tan diferente sentarse aqui afuera al atardecer para escribir!... Es increíble cómo el escenario cambia desde la mañana hasta esta hora! Al final del día viene la penumbra, rápida y bella, dramática, y en seguida la obscuridad, poblada de sombras, misterios e insectos que sueñan en besar la luz de los postes y los garages y, cual Romeos desengañados, acaban muriendo en el instante en que lo consiguen. En la noche, la ciudad se llena de luces artificiales, de una expectativa sin respuestas, de aquella languidez que llama a la cena, a la ducha, a la novela, a la cama... Los sonidos y los movimientos son otros. Los pájaros, veloces y vibrantes en la mañana, desaparecen, confundiendose con el follaje obscuro y silencioso de los árboles; la frescura es diferente, cansado y denso, impregnado de perfumes y sudor; el paisaje se muestra menos nítido, algo morbosa, sin definiciones... Este no es, definitivamente, el mejor período para que yo produzca cualquier cosa, mismo si, raramente, existen algunas buenas excepciones. Soy una persona totalmente diurna, Me encanta el amanecer, la mañana, el sol, los pájaros y su algarabía, la energía del nuevo día y su frescura -mismo en nuestro verano recalcitrante- la expectativa, los desafíos que nos esperan, esa incomparable sensación de renacimiento constante, de posibilidades creativas, de estar despierta y viva... Ya el atardecer me lleva al reposo, a una cierta letargia, a un qué de inquietud, de evaluación -casi siempre positiva, gracias a Dios- de término. Es un apagarse, desvanecerse, un diluirse en el sueño que empieza a rondar nuestros gestos, palabras y pensamientos, nuestras miradas e intenciones. Es esa flojera deliciosa y llena de remilgos que no quiere saber de nada más. Luego después de almuerzo empiezo a ser tomada por esta sensación de que todo vá parando -pues mi mente ya está llena de imágenes, voces, personajes, acontecimientos, revelaciones y conclusiones, lo que significa que es hora de parar y meditar- adormeciendo, de que el período de actividad fué concluído una vez que la última cucharada de comida cayó en el estómago. Duermo mi antológica siesta y después voy al trabajo, donde soy obligada a producir, a moverme, conversar, tomar decisiones y enfrentar grupos de alumnos inquietos y ruidosos, ansiosos para aprender. Pero estoy convencida de que si me quedara en la casa y tratara de crear alguna cosa, mi cerebro simplemente se negaría a funcionar. necesitaría hacer un esfuerzo enorme para programar mi cuerpo y mi mente para que se acostumbraran a producir en las tardes... En realidad, estoy siempre intentándolo, pero hasta ahora no tuve éxito en mi empresa...
Me gusta la noche para desvestirme de todo y prepararme para el nuevo y constante mañana, para sus desafíos y descubrimientos, sus encuentros y lecciones; para el diario renacer y rehacer. La luz se vá, las imágenes se zambullen en la obscuridad inmóvil del cielo, la definición se desvanece, los contornos se vuelven dudosos... En el aire, olor a cena, duchas abiertas, coches volviendo para casa, música y voces de noticiero, de novela... El mundo se recoje, entra en el silencio de su cansancio y, finalmente, adormece. Todo termina, de nuevo... para recomenzar mañana, y mañana, y mañana de nuevo. Mañana para siempre, ya séa que estemos todavía aqui o no.
Es tan diferente sentarse aqui afuera al atardecer para escribir!... Es increíble cómo el escenario cambia desde la mañana hasta esta hora! Al final del día viene la penumbra, rápida y bella, dramática, y en seguida la obscuridad, poblada de sombras, misterios e insectos que sueñan en besar la luz de los postes y los garages y, cual Romeos desengañados, acaban muriendo en el instante en que lo consiguen. En la noche, la ciudad se llena de luces artificiales, de una expectativa sin respuestas, de aquella languidez que llama a la cena, a la ducha, a la novela, a la cama... Los sonidos y los movimientos son otros. Los pájaros, veloces y vibrantes en la mañana, desaparecen, confundiendose con el follaje obscuro y silencioso de los árboles; la frescura es diferente, cansado y denso, impregnado de perfumes y sudor; el paisaje se muestra menos nítido, algo morbosa, sin definiciones... Este no es, definitivamente, el mejor período para que yo produzca cualquier cosa, mismo si, raramente, existen algunas buenas excepciones. Soy una persona totalmente diurna, Me encanta el amanecer, la mañana, el sol, los pájaros y su algarabía, la energía del nuevo día y su frescura -mismo en nuestro verano recalcitrante- la expectativa, los desafíos que nos esperan, esa incomparable sensación de renacimiento constante, de posibilidades creativas, de estar despierta y viva... Ya el atardecer me lleva al reposo, a una cierta letargia, a un qué de inquietud, de evaluación -casi siempre positiva, gracias a Dios- de término. Es un apagarse, desvanecerse, un diluirse en el sueño que empieza a rondar nuestros gestos, palabras y pensamientos, nuestras miradas e intenciones. Es esa flojera deliciosa y llena de remilgos que no quiere saber de nada más. Luego después de almuerzo empiezo a ser tomada por esta sensación de que todo vá parando -pues mi mente ya está llena de imágenes, voces, personajes, acontecimientos, revelaciones y conclusiones, lo que significa que es hora de parar y meditar- adormeciendo, de que el período de actividad fué concluído una vez que la última cucharada de comida cayó en el estómago. Duermo mi antológica siesta y después voy al trabajo, donde soy obligada a producir, a moverme, conversar, tomar decisiones y enfrentar grupos de alumnos inquietos y ruidosos, ansiosos para aprender. Pero estoy convencida de que si me quedara en la casa y tratara de crear alguna cosa, mi cerebro simplemente se negaría a funcionar. necesitaría hacer un esfuerzo enorme para programar mi cuerpo y mi mente para que se acostumbraran a producir en las tardes... En realidad, estoy siempre intentándolo, pero hasta ahora no tuve éxito en mi empresa...
Me gusta la noche para desvestirme de todo y prepararme para el nuevo y constante mañana, para sus desafíos y descubrimientos, sus encuentros y lecciones; para el diario renacer y rehacer. La luz se vá, las imágenes se zambullen en la obscuridad inmóvil del cielo, la definición se desvanece, los contornos se vuelven dudosos... En el aire, olor a cena, duchas abiertas, coches volviendo para casa, música y voces de noticiero, de novela... El mundo se recoje, entra en el silencio de su cansancio y, finalmente, adormece. Todo termina, de nuevo... para recomenzar mañana, y mañana, y mañana de nuevo. Mañana para siempre, ya séa que estemos todavía aqui o no.
sábado, 12 de dezembro de 2009
La experiencia
Y como prometido, aquí vá la segunda crónica para que quedemos al día... Pero la verdad es que estoy tan contenta que sería capaz de postear algunas otras por puro placer, pero como no pretendo que tengan una indigestión, me voy a atener solamente a estas dos este fin de semana.
Llego a la conclusión, después de un año de trabajo duro y ni siempre muy gratificante en todas las áreas, de que lo que realmente importa en esta vida, es la experiencia, la vivencia; son los procesos de descubrimiento, comprensión y conclusión por los cuales pasamos a lo largo de los años, pues es solamente a través de ellos que crecemos y maduramos, que aprendemos a convivir, a interactuar, a aceptar y a donarnos para el bien del otro. Ahora, para medir el éxito de estas experiencias no es necesario que nos hayamos vuelto ricos, famosos o poderosos, pues no es por estos motivos que pasamos por ellas, sino para tornarnos más sabios, compasivos y pacíficos. La experiencia es compuesta por una serie de procesos que pueden ser sumamente enriquecedores, por lo tanto, no debemos subestimarla o tratar de minimizarla, mucho menos esquivarla o descartarla. Es una pena que, con demasiada frecuencia, las personas sólo se preocupen con los resultados, sin que les importe mucho la calidad de la experiencia, los detalles, las señales, los mensajes, el percurso en sí. Lo que quieren sobre todo es mostrar de lo que son capaces, pero yo pienso que no es preciso montar una exposición en el Louvre para decir que pintamos, o publicar un best-seller mundial para llamarnos escritores. No tenemos que subir al escenario de la Ópera de Paris para probar que cantamos ni hacer piruetas asombrosas bajo los reflectores del Bolshoi Ballet para probar que danzamos... Mas, por qué será que siempre buscamos más una experiencia límite, que se vuelva conocida y nos dé prestigio ante la mídia, en vez de invertir en acciones más discretas pero efectivas y que, al final, pueden llevarnos a los mismos resultados? Créo que es así porque este es el comportamiento patrón, aquel que es aceptado por la sociedad, y nadie está dispuesto a correr el riesgo de quedar al margen de ella.... Pero la intención primordial de nuestra existencia es poder compartir la felicidad de nuestra experiencia y así animar a otros para que se aventuren por estas veredas tan gratificantes y llenas de descubrimientos y emociones únicas y transmutadoras. Lo pequeño también tiene su mérito -que, por señal, es enorme- y no podemos olvidarnos de que las grandes cosas son formadas por partículas minúsculas, las obras más célebres por palavras, notas, granos de arena, pasos y frases.
Una experiencia vivida plenamente puede, efectivamente, transformar nuestra vida, abriendo puertas y desvendando caminos inesperados y mucho más duraderos y enriquecedores que los conocidos y recorridos por la mayoría.
Llego a la conclusión, después de un año de trabajo duro y ni siempre muy gratificante en todas las áreas, de que lo que realmente importa en esta vida, es la experiencia, la vivencia; son los procesos de descubrimiento, comprensión y conclusión por los cuales pasamos a lo largo de los años, pues es solamente a través de ellos que crecemos y maduramos, que aprendemos a convivir, a interactuar, a aceptar y a donarnos para el bien del otro. Ahora, para medir el éxito de estas experiencias no es necesario que nos hayamos vuelto ricos, famosos o poderosos, pues no es por estos motivos que pasamos por ellas, sino para tornarnos más sabios, compasivos y pacíficos. La experiencia es compuesta por una serie de procesos que pueden ser sumamente enriquecedores, por lo tanto, no debemos subestimarla o tratar de minimizarla, mucho menos esquivarla o descartarla. Es una pena que, con demasiada frecuencia, las personas sólo se preocupen con los resultados, sin que les importe mucho la calidad de la experiencia, los detalles, las señales, los mensajes, el percurso en sí. Lo que quieren sobre todo es mostrar de lo que son capaces, pero yo pienso que no es preciso montar una exposición en el Louvre para decir que pintamos, o publicar un best-seller mundial para llamarnos escritores. No tenemos que subir al escenario de la Ópera de Paris para probar que cantamos ni hacer piruetas asombrosas bajo los reflectores del Bolshoi Ballet para probar que danzamos... Mas, por qué será que siempre buscamos más una experiencia límite, que se vuelva conocida y nos dé prestigio ante la mídia, en vez de invertir en acciones más discretas pero efectivas y que, al final, pueden llevarnos a los mismos resultados? Créo que es así porque este es el comportamiento patrón, aquel que es aceptado por la sociedad, y nadie está dispuesto a correr el riesgo de quedar al margen de ella.... Pero la intención primordial de nuestra existencia es poder compartir la felicidad de nuestra experiencia y así animar a otros para que se aventuren por estas veredas tan gratificantes y llenas de descubrimientos y emociones únicas y transmutadoras. Lo pequeño también tiene su mérito -que, por señal, es enorme- y no podemos olvidarnos de que las grandes cosas son formadas por partículas minúsculas, las obras más célebres por palavras, notas, granos de arena, pasos y frases.
Una experiencia vivida plenamente puede, efectivamente, transformar nuestra vida, abriendo puertas y desvendando caminos inesperados y mucho más duraderos y enriquecedores que los conocidos y recorridos por la mayoría.
Marcadores:
alegría,
caminos,
pequeño,
teatro experiencia
Assinar:
Postagens (Atom)