quinta-feira, 14 de maio de 2009

Encuentros

Hoy día estoy sintiendome medio desanimada, tal vez porque me quedé tres días sin escribir por causa de mi trabajo (escribir es un verdadero tónico para mi salud mental, espiritual y física, créanme!), o porque ayer se me ocurrió darle una ojeada a mis deudas -que parecen no tener fin porque, justo cuando uno consigue terminar con una, surge alguna cosa urgente que hay que comprar y gastar de nuevo- y ví que voy a estar ahorcada (de nuevo) prácticamente hasta el fin de año, lo que no es un panorama muy animador. Voy a pagar todo, pero también no me vá a sobrar nada... Bueno, el consuelo que me resta es saber que esta es la situación de la mayor parte de la población de Brazil (y créo que de todo el mundo), entonces no tengo que sentirme la única en desgracia a respecto de plata. Si no hubiera perdido mis horas extras con el cambio de gestión de la Fundación, las cosas serían más fáciles, pero como ustedes saben, con la política es así: las personas, igual que los hombres lobos cuando sale la luna llena, se transforman en verdaderos monstruos que no perdonan nada ni nadie; no le preguntan a uno si uno concuerda, si se siente capaz, si uno va estar bien con las exigencias y cambios. Uno tiene que acatar las órdenes -disfrazadas de "sugestiones o propuestas"- y se acabó. No digo que mi situación respecto al trabajo en sí esté mala -al contrario, está siendo, lo mínimo, un desafío fascinante en el cual estoy depositando muchas esperanzas, a pesar de mi falta de experiencia en trabajar con niños- El problema es que perdí esas horas extras (que eran, cuando menos, 30) y esto significó que mi salário cayó dramáticamente, desequilibrando todas mis finanzas. Realmente, es esto lo que más me incomoda, junto con la certeza de que la situación no va a cambiar en los próximos tres años, sobre todo si consigo desenvolver un buen trabajo en las escuelas. Ahí sí que ni les va a pasar por la cabeza mudarme de lugar!... Y es divertido porque, al mismo tiempo que sería un elogio y una prueba de mi capacidad, va a significar también que voy a tener que continuar haciendo milagros con mi salário!... Pero la vida siempre tiene estas cosas, no?... Ah, si por lo menos esa gente de la Folha de Londrina me llamara para ofrecerme un espacio fijo para publicar mis crónicas y más encima me pagara por esto... Puchas, ese sería un sueño hecho realidad!... A lo mejor tengo que esperar un poco más o, tal vez, a través de este blog, de repente tenga la suerte de encontrar a alguien que se interese en publicar mis textos a cambio de un salario. Amo escribir, es la cosa más importante de mi vida, pero también tengo que comer, vestirme y pagar aquellas malditas cuentas!...
Y con esta nota tan optimista, aqui va la crónica de esta semana, todavía envuelta en la misma duda: "será que ya la publiqué?"...

Un encuentro no es, definitivamente, un hecho cualquiera. Al contrario, puede ser un acontecimiento en la vida de aquellos que lo protagonizan. Me acuerdo de ese barrendero con el que crucé un dia a camino de mi trabajo: bajito, menudo, de piel morena quemada por el sol, ojos rasgados, obscuros y brillantes, y un pretensioso bigotito adornando su sonrisa semi desdentada, sombrero nordestino sobre los cabellos crespos, escobillón de piasaba y aquel uniforme naranja luminoso característico de nuestra Municipalidad.
Hojas, papeles, ramas, embalajes de yoghourt y helado, de papitas fritas e chocolate, latas de cerveza, pedazos de botellas, vasos plásticos e bolsas de supermercado iban formando un enorme montón en la cuneta, vigorosamente empujados por su escoba, hasta llegar a la esquina de la cuadra, donde eran recogidos por otro barrendero y lanzados dentro de una gran bolsa de basura negra que forraba un tonel al cual había sido agregado una espécie de carrito con ruedas. A los lados, en los fierros que servían de soporte, estaban colgadas las bolsas que llevaban un termo con café, otro con água y la marmita de cada uno... Aquel era un trabajo pesado e ininterrumpido, ya bajo el sol calcinante del verano, ya en el frío cortante del invierno; un trabajo sin encantos, sin privilegios, sin futuro, ingrato y desgastante, pero sobre todo inútil, pues en la madrugada siguiente, cuando el camión los llevase para la calle, ellos sabían que iban a encontrarla tan sucia cuanto el día anterior...
Y, sin embargo, él cantaba. Alto y claro, una atrás de otra, canciones antiguas que hablaban de amor, decepción, sequía, soledad y nostalgia, aventuras de campesinos y bandidos enamorados salían de su boca como una cascada... Aquí tengo que aclarar, entonces, que nuestro encuentro -el primero de muchos- no sucedió en el instante en que nuestros caminos se cruzaron, sino bien antes, a casi una cuadra de distancia, y que no fué un encuentro visual, sino auditivo.
De lejos empecé a escuchar el murmullo indefinido de su voz y luego pensé tratarse de alguien en el interior de una casa, alguien feliz y lleno de esperanza, bien al contrario de como yo estaba sintiendome ese día. Pero a medida que fuí acercandome al barrendero -al cual ya había divisado en su nada discreto uniforme- percibí, para mi sorpresa, que quien cantaba era él. Poseía una vocecita tan menuda cuanto él mismo, pero llena de sentimiento e inspiración, que interpretaba las melodías como si estuviera delante de una gran y atenta platéa. Bastante desconcertada con su "osadía" (a final de cuentas, nadie sale por ahí cantando por las puras!) pasé por él de la forma más desinteresada posible, pero no conseguí contener mi mirada y ella, porfiada, se desvió del horizonte y fué a posarse en la figura inclinada sobre la cuneta... Y cuál no sería mi sorpresa y emoción al encontrarme con la sonrisa del barrendero, que se irguió en aquel instante y comenzó a cantar para mí!... El, agachado el día entero sobre la basura de nuestro descuido y falta de educación, metido en aquel overol zurrado y caluroso, ganando salario mínimo y empujando este escobillón como si fuera un caballero que empuña su lanza contra el dragón, sonreía y cantaba para mí, sólo para mí!.. Como por arte de magia, todo lo que me tenía disgustada y triste hasta ese momento desapareció, llevado por la voz melodiosa del barrendero que, después de entonar las primeras estrofas mirandome directo a los ojos, se agachó y continuó su trabajo y su canción como si nada hubiera pasado, pero dejando, sin saber, el resto de mi día lleno de esperanza y buen humor. Me dí cuenta entonces de que esto había sucedido porque, en aquel breve encuentro, él me había brindado lo mejor de sí mismo, a pesar de no conocerme ni pedirme nada a cambio.
Siempre me impresionó la declaración de una monja que convivió con santa Teresita del Niño Jesús, en la cual se refiere a "la sonrisa luminosa" con que la santa la regalaba todas las veces que cruzaba con ella. Nada de extraorodinario encontraba ella en santa Teresita, a no ser aquella sonrisa que parecía dedicada exclusivamente a ella.... Y nosotros? Por qué somos tan descuidados en nuestros encuentros con los otros? Mal les dirigimos un saludo automático, sin sentimiento; no nos interesa saber quiénes son, qué es lo que deséan o si nos traen algun mensaje o enseñanza. Los tratamos, simplemente, como a seres anónimos, invisibles, inútiles, que no forman parte de nuestros planes, en los cuales la única persona que cuenta somos nosotros mismos... Deberíamos hacer como santa Teresita, o como aquel barrendero que cantó para mí: dar lo mejor de nosotros en cada encuentro, porque nunca sabemos lo que él puede traernos, si salvará nuestro día o cambiará nuestra vida.

sexta-feira, 8 de maio de 2009

Atravesar la calle

Todavía sin tener certeza de cuáles crónicas ya posté aqui, continúo publicando las que aparecieron en el diario (cosa que debia haber hecho al principio) entonces, si salir alguna repetida, van a tener que disculparme.
Hoy día estoy absolutamente feliz porque aquella amiga-secretária-cómplice que me había dejado para viajar para Portugal -la Ivonete- volvió a mi casa y como consecuencia, todo tornó a ser organizado, limpio, tranquilo y com um ótimo clima. No hay cosa peor para alguiem como yo -extremamente organizada y sistemática, que necesita ordem y rutina para producir- que no sentirse confortable, contenta y segura en su propia casa. Andar por ahí como una gitana para dar aula en las escuelas no es tan difícil porque, al final, esto va a acabar tornandose una rutina en mi dia-a-dia (hasta porque será imposible escapar de ella) que ya estoy asimilando de forma bastante positiva. Ahora, tener esa sensación de transitoriedad o falta de cimientos en la propia casa es algo inadmisible para mí. Al final, nuestro hogar es nuestro castillo, nuestro universo, es donde guardamos las cosas más preciosas y donde tenemos la oportunidad de ser completamente libres y espontáneos. Y es increíble, mas esta mujer -algún tipo de ángel suelto en la tierra- tiene el poder de hacerme bien, de dejarme serena y feliz, de hacerme sentir que mi mundo está en equilíbrio y armonia y que por eso puedo quedarme sosegada y ocuparme de las cosas realmente importantes. El resto queda por cuenta de ella y sé con certeza que no me vá a decepcionar. Esto es algo que no tiene precio. Personas como ella precisan ser valorizadas, imitadas, escogidas como compañeras y confidentes... Hay veces en que paro para pensar y aún me maravillo con el poder -positivo o negativo- que algunas personas tienen sobre nosotros y nuestro ambiente. Conozco algunas que hacen realmente mal, que son como enfermedades o vampiros que roban todo lo que hay de positivo dentro de nosotros o a nuestro alrededor. Sin embargo, felizmente, conozco criaturas como la Ivonete, que equilibram la balanza y hacen del mundo un lugar mejor para quien cruza com ellas o tiene el privilegio de convivir a su lado.
Y en medio a tanta felicidad y calma, aqui vá la crónica de esta semana:

Siempre me llamó la atención esta frase: "No hay que buscar nuevos paisajes, hay que mirar el paisaje com nuevos ojos."... Me parecía un poco desconcertante, como si el consejo fuese permanecer parado, esperando alguna cosa caer del cielo, no salir del lugar para ir en busca de nuevos horizontes, de mudanzas, de crecimiento. Ahí, yo me preguntava: aquella era realmente una frase digna de ser publicada y celebrada? Y, sin querer, me quedé meditando sobre ella, sobre su mérito, su propósito. Y vengo pensando en ella desde que la leí en una hoja de papel pegada en una de las paredes de las salas de la Fundación Cultural. Quién la habría colocado allí? Con qué intención?... Sin respuesta.
Entonces, aconteció que el outro dia volvía del centro al caer la tarde, caminando por la misma calle por la cual vuelvo todos los dias, cuando, no sé por qué, decidí atravesar y venir andando por la otra vereda. Tal vez el sol cayese com menos fuerza en aquel lado, tal vez los árboles ofreciesem más sombra, tal vez la vereda fuese menos accidentada o, quién sabe, consiguiese un aventón con algún conocido viniendo por la misma calle... Primero no percibí nada diferente, mas, despues de avanzar algunos metros, erguí los ojos y los tendí por la calle arriba... Qué sorpresa! Una visión totalmente diferente, nueva, de la vieja calle, se reveló delante de mí!.
Paré, totalmente sorprendida, y solté una silenciosa exclamación y una sonrisa. La famosa frase vino como una ráfaga de viento a mi cerebro... Como eran diferentes las cosas desde este otro ángulo! Las sombras, los árboles, las casas, la perspectiva de las otras calles perpendiculares, de los jardines, de la panaderia, de la tienda de videos, del bar... Hasta los colores y los sonidos parecian tener tonalidades diferentes, voces nuevas, lenguajes desconhecidos! Estaba pasmada. Mudar el ángulo -la mirada- realmente muda el paisaje. Todo es nuevo, tiene otras dimensiones, otras consecuencias, uno consigue ver lo que no veia de la otra posición. Todos los conceptos se reformulam, secretos son revelados, nuestra propia postura muda, el viento sopla de otros lugares, trae otros mensajes... Viejo paisaje, nuevos ojos: transformación.
Comprendí, entonces, el sentido de aquella frase de la hoja en la pared. No hay que cansarse de mirar, pues el paisaje posée mil variaciones y lecciones que solamente con nuevos ojos, nueva disposición y curiosidad podremos ver y aprovechar. La rutina es una asesina. Nos aplasta, nos embrutece, nos mutila, sin embargo, generalmente somos nosotros mismos quienes permitimos que ella nazca, crezca y se instale en nuestras vidas, aniquilandolas y robandoles todo el placer y la alegria, la frescura, la creatividad, la percepción y la inocencia que son su motor, transformandonos así en viejos y hastiados, sin esperanza, sin luz.
Mirar la vida cada dia como el milagro de diversidad que ella es, es un tónico para la salud y hace crecer el alma y las ganas de continuar y renovarse. Basta una guiñada y todo habrá mudado, inclusive nosotros mismos... Por qué no atravesar la calle?.

sexta-feira, 1 de maio de 2009

Fotografías

En realidad, no tengo certeza de si ya publiqué esta crónica en el blog, pero como quiero dejar al día el asunto de las crónicas que salieron en el diario, la voy a postear de todas maneras y después voy a hacerlo con las otras. Así, voy a poder continuar publicando las más actuales (tengo una pila enorme de anotaciones encima de mi escritorio que se queda mirandome el tiempo entero y me suplica: "Cuándo nos va a tocar a nosotras?"... Bueno, ahora que mi vida está más ordenada voy a poder hacerlo porque estoy empezando a aprovechar mejor los finales de tarde, después que llego del trabajo, para escribir y meditar sobre las cosas que ví, experimenté, descubrí y concluí a lo largo del día, lo que ciertamente vá a rendir muchas crónicas. No estoy caminando todas las mañanas, que es mi horário favorito y el más productivo, porque trabajo lunes, martes y miércoles el día entero, pero aún tengo jueves, viernes y sábados para salir por ahí, entonces ni todo está perdido, pues no importa la hora, mis encuentros con la vida y sus lecciones continúan ocurriendo y enriqueciendo mi vida igualmente. Inclusive las aulas que estoy comenzando a administrar están resultando una fuente de inspiración porque estos alumnos no son, a final de cuentas, esa turba estresante y negativa que yo me temía, sino grupos interesantes y bien dispuestos, obedientes y creativos, como ya dije antes. Los locales donde doy clases son bastante aceptables y todos se muestran bien cooperadores y comprensivos con cualquier imprevisto, lo que hace que esté llenandome de otimismo con respecto al trabajo que vamos a desenvolver. Créo que vamos a entendernos muy bien en este proceso... En realidad, quien está más herido e inconformado con la aparente humillación y rebajamiento que sufrí en mi vida profesional es mi vanidad, pues no acepta ni crée que mi talento pueda brillar en escenarios más modestos y alternativos... Ah, vanidad! Vanidad de vanidades, todo es vanidad!, ya decía el sabio... Pero yo créo que estos nuevos desafíos y cambios tienen una razón de ser y tengo que enfrentarlos de corazón abierto, con buen humor y creatividad. También créo que estaba necesitando mudar mi rutina -tal vez estaba demasiado acomodada- y mismo que séa medio conturbada al principio, que pase algunos disgustos, reclame y me sienta medio insegura, la situación vá a mejorar, con certeza. Al final, Dios sabe lo que hace, no es verdad?... Entonces, yo tengo que hacer mi parte de la mejor forma posible para alcanzar el éxito que espero y que estos alumnos merecen.
Y aquí va la de esta semana, finalmente:
Samuel Becket, con mirada severa y distante, sentado en la mesa de madera rústica de lo que parece ser un restaurante en alguna carretera. Foto en blanco y negro... Bernardette Soubiroux, la niña de Lourdes, rostro rudo, cejas espesas y ojos obscuros y recelosos. Foto granulada en blanco y negro... Antonia Merced, "la argentina", alta y esbelta, expresión extasiada, parece irradiar una luz especial en su postura de danza... Vaslav Nijinsky dando su última pirueta, viejo y gordo, brazos grotescamente levantados, terno obscuro, cabellos blancos y raleados. Imagen surreal en blanco y negro de la locura que lo abatió, robándolo de los escenarios mundiales...
Leyendas, mitos, personajes más que personas. Sin embargo, cuando los miro, descubro cuerpos densos, arrugas, defectos, brevedad, mortalidad. La humanidad de carne y hueso usando ropas, con expresión, cabellos, uñas, pensamientos, hambre, sed, sexo, sueño. Los mitos son, primero y simplemente, personas como yo, y la chispa especial que aparece en sus acciones no brilla en estas fotografías pues, descubro, ella no viene de la imagen sino de la acción... Hay algo de tan banal, real, pesado y opaco en las fotos, algo de tan cercano y conocido que me deja desconcertada, pues percibo que las leyendas son iguales a mí: carne, huesos, cabello, lunares, canas, fealdad, dientes chuecos, labios finos, exceso de peso, uñas comidas... Entonces me doy cuenta de que son las acciones que ellos realizaron lo que transformó su estructura -o nuestra mirada. De la carne efímera y corruptible se puede extraer la manifestación del espíritu, sin embargo, ésta raramente es captada por el lente de una cámara.
Todos somos iguales en cuerpo y alma, pequeños y gigantes, breves como un pestañear, sin embargo, somos también capaces de transcender, de impregnar esta imagen externa con la llama de la divinidad que abrigamos. En la fotografía véo el recuerdo de un cuerpo vivo. La historia de sus actos me muestra el espíritu que sostenía este cuerpo.
Entonces, esta es Teresita del Niño Jesús, tan palpable, tan cercana. Existió de veras, y tenía su cama, sus zapatos, sus ropas, con seu perfume peculiar... Fué en este convento en Lisieux, en este patio, al pié de esta cruz de piedra, que le sacaron esta foto... Y en esta otra, ya estaba enferma. Y en esta, en la enfermería del convento, ya hablaba con sus novicias de todas aquellas cosas que yo leí. Estaba muriendo tendida en esa camilla llena de almohadas... Aqui, Julio Cortázar con la pipa, grandes ojos negros y la mecha rebelde cayéndole en la frente. Me encantan sus cuentos surrealistas...
Todas estas personas existieron -y existen- para mostrar alguna cosa sobre lo que es ser humano. Y hay infinitas opciones!... Podemos ser humanos de las formas más inesperadas, y si conseguimos cambiar alguna cosa y hacer que la humanidad dé un paso más -grande o pequeño- entonces seremos leyenda también.

sábado, 25 de abril de 2009

El elenco

Realmente, cuando las cosas se definen, parece que nuestro espíritu y nuestro cuerpo quedan más livianos, bien dispuestos y listos para enfrentar -y tal vez vencer- cualquier desafío... Es así que estoy sintiendome hoy, después de la primera semana de trabajo de verdad, pues finalmente empecé a ir a las escuelas para dar aulas de teatro y, al contrario de lo que temía, las turmas que conocí fueron simpáticas, bastante disciplinadas y se mostraron sumamente ansiosas y bien dispuestas a comenzar el trabajo, lo que me dejó muy animada (esto, fuera un encuentro maravilloso que tuve con un jardinero de una de las escuelas -y créo que ya sé quién fué que me lo puso en el camino- y que pretendo contarles brevemente). Todavía me falta conocer 5 turmas, y son de barrios bastante problemáticos, pero no quiero aparecer delante de ellos llena de miedos y preconceptos porque tengo certeza de que van a darse cuenta de mi estado de espíritu y esto no me va a ayudar en nada con el relacionamiento y menos aún con el trabajo. La cosa es entrar de frente, con el corazón abierto y toda la fé del mundo, pues ya está probado que el primer paso hacia el éxito es creér que este vendrá... Y yo créo en mí misma y en quien me colocó para realizar esta taréa, pues El debe pensar que voy a conseguirlo, entonces no pretendo decepcionarlo. Puedo reclamar, soltar palabrotas y desanimarme de vez en cuando, pero mientras sienta que hay algo mayor que yo apoyandome, voy a seguir adelante hasta alcanzar mi objetivo (y el de mis jefes, claro)...
Y aquí vá la crónica de esta semana. Espero que no tenga muchos errores de ortografía, mas si los tiene, van a tener que disculparme porque hablando el tiempo entero en portugués, mi español está saliendo bastante damnificado. Imaginen que ahora tengo que usar el diccionario para traducir del portugés al español, cuando antes era ao contrario!...

Poco a poco nos vamos acostumbrando a su presencia en nuestra rutina diaria y familiarizandonos con sus ojos, su manera de andar, su perfume, el tono de su voz, el estilo de sus ropas; empezamos a conocer sus horarios y su trayecto diario, su dinámica y, a veces, hasta su destino o su punto de partida... Todos los días al mismo horario, unos minutos más o menos, y más o menos en el mismo lugar, encontramos los personajes de nuestra vida, gente desconocida con quien cruzamos casi desapercibidamente y con la cual mantenemos una curiosa relación de miradas discretas y silenciosa complicidad... La viejita japonesa, de bastón, condoritos, calcetines y pañuelo de seda en la cabeza, que pasea todos los dias -cuando hace sol- por la cuadra de su casa. Las dos muchachas que van en bicicleta al trabajo y siempre hacen una paradita debajo de los árboles para fumar un cigarro y poner la conversación al día. El hombre que recoge cajas de cartón en su carrito, con el ojo casi cubierto por un enorme abceso que, mientras espera que la usina de reciclaje abra, duerme tendido en el pasto de la casa en frente, al lado de su perro. El muchacho con el uniforme de la gran tienda, impecablemente planchado y su identificación colgada al cuello, que aguarda en el paradero, soñoliento y de cabello todavía húmedo, la llegada del ómnibus. El ciclista de mochila roja que baja por la calle velozmente, seguido por su pequeño y saltón perrito, siempre a punto de ser atropellado por algún conductor descuidado. La mujer que siempre regresa de la féria con un nuevo macetero de flores. El empleado de la carnicería que refriega furiosamente la mugre dejada por los clientes de los anticuchos en la vereda de baldosas blancas mientras la dueña, atrás del mostrador de la caja, toda joyas, maquillaje y tacones altos, lo contempla con aire aburrido. El dueño del pequeño restaurante que, sentado en una de las sillas del local, espera la llegada de la cocinera -inmensa y exhuberante, sujetando su delantal y su toca rojos atrás del motociclista que la tráe- conversando con algún amigo que pasa rumbo a la panadería. El chiquillo flaco y quemado por el sol que llega temprano al lava-coches en su bicicleta reciclada y ruidosa y espera el comienzo del trabajo bebiendo un café y devorando un pan con mantequilla atrás del minúsculo mostrador. Los dos amigos, bien gordos y sudando a torrentes, que salen temprano para caminar por la marginal... Y así, podría colocar aquí centenas de ellos, más o menos importantes, que encuentro todos los días en las calles, en las tiendas, las plazas, los paraderos, en las puertas de las casas, los mostradores de consultorios y panaderías, en el mercado, en los bares... Personas sobre las cuales tejo historias con las informaciones que su rápido pasar por mí me ofrece, hombres y mujeres con quienes establezco un contacto tácito, una especie de encuentro marcado para comprobar cómo vá la vida; gente a la cual, después de algún tiempo, acabo saludando con un breve señal de cabeza o una sonrisa silenciosa... Con algunos hasta me hice más amiga a través de sus perros, lo que en algunos días nos proporciona unos minutos más de conversación agradable.
Y hay de todo en este escenario que es el lugar donde vivimos: personas alegres, personas tan enojadas que hasta dá miedo mirarlas, personas distraidas, tristes y cabizbajas, personas llenas de energía o casi arrastrandose por la vereda, jóvenes y viejas, pobres, abastadas, rápidas, lentas, llenas de motivación o sin ningún sueño, bulliciosas y discretas, sonrientes o profundamente abstraidas por sus preocupaciones. Personas con niños, con perros, con bolsas, debajo de quitasoles, en bicicletas, en autos, en motos, a pié, con taco alto, con zapatillas, con alpargatas, descalzas. Personas receptivas y personas tímidas, gordas, delgadas, bonitas, diferentes, muy feas o terriblemente atractivas... Y yo me pregunto, a veces, cómo sería mi vida si estos personajes no formaran parte de ella, como se quedaría mi caminada matinal, por ejemplo, si no encontrase a la viejita de bastón y pañuelo de seda, o a aquellas dos amigas que chismorrean y rezan el rosário mientras queman calorías, o si no cruzase con la muchacha seria y de uñas rojas a camino de mi trabajo. Será que mi visita a la peluquería sería igual si no encontrara allí a la señora Lucía y a su madre? O entonces, si en la féria no estuviera más la barraca de esa pareja donde compro mi lechuga francesa? De qué modo afectaría mi día no encontrarme con aquel chico que se sienta debajo de la caja de água del supermercado con la mirada perdida en el horizonte?...
Créo que normalmente no le damos la debida importancia a este"elenco" que acompaña nuestra jornada, pero si ellos repentinamente desaparecieran de nuestras vidas, no quedaría un vacío? Pues no forman ellos parte de nuestras experiencias, de nuestro aprendizaje? Su existencia no se entrelaza con la nuestra de alguna manera, ni que séa por algunos segundos, mientras pasan por nosotros? Y nosotros, no formamos parte de su dinámica, del cuadro en el cual se mueven, del paisaje que los rodeia y que se comunica con ellos?... La brevedad no es sinónimo de pobreza o superficialidad, no quiere decir que no pueda acontecer un contacto -un encuentro diario, mismo que breve, puede terminar creando un tipo peculiar de intimidad- una complicidad, una partija. La brevedad puede tener calidad y estos personajes, que mantienen estos cortos encuentros con nosotros pueden, a veces, significar toda la diferencia en nuestra rutina diária.

domingo, 19 de abril de 2009

La primeira ambición

Bueno, y por fin, mañana es el gran día: voy a encontrar por primera vez una de las seis nuevas turmas para las cuales voy a dar clases este año -y los próximos cuatro, creo yo, si mis jefes no cambian de idéa- Ahora, no sé muy bien quién debería estar más ansioso y asustado: si los alumnos, porque soy una profesora bien divertida y creativa, pero también muy severa y exigente, o yo, porque nunca dí clases para alumnos tan jóvenes (la faja de edad es de 11 a 14 años) y no sé si voy a conseguir conquistarlos con mi didáctica, que siempre fué dirigida a adultos, lo que significaria que muchos de ellos podrían abandonar las aulas antes de que termine el primer semestre (que con tanto atraso quedó reducido a dos meses en los cuales yo y todos los profesores del proyecto vamos a tener que parir milagros) porque no consiguen entender ni asimilar mi línea de trabajo, mismo que yo trate de simplificarla, o entonces, porque voy a arrojar a algunos por la ventana, pues ya no tengo más paciencia con los comportamientos típicos de esta edad y época... En fin, créo que voy a tener que pagar para ver. Esta primera semana va a ser más para conversaciones y explicaciones, para presentaciones, entrega y análisis de la apostilla de aula, entonces créo que vamos a tener tiempo para darnos cuenta si las cosas van a correr pacíficamente o si vamos a comenzar la tercera guerra mundial... El problema es que, mismo que alguien lance una bomba atómica, vamos a ser obligados a permanecer juntos hasta el final del año y a realizar nuestro trabajo de la mejor manera posible, entonces, créo que es mejor que yo prepare mi ánimo y mi creatividad para que todo corra de uma forma placentera, entretenida y, principalmente, productiva, que es lo que más le interesa a la "Cúpula del Trueno"...
Y aprovechando este último atardecer de calma, (porque a partir de mañana va a ser esta corrida de escuela en escuela por tres dias consecutivos todas las semanas) posteo la crónica de esta semana:

Por qué será que con el pasar del tiempo nuestras expectativas, nuestras metas, van volviendose más modestas y menos urgentes? Será que nuestro ímpetu y nuestra ambición disminuyen junto con los años? Será que cuando jóvenes superestimamos nuestras fuerzas, nuestra suerte, nuestras metas?... Créo que al principio estamos más preocupados en vencer, en obtener, en aparecer, en ganar un lugar al sol que realmente en vivir una buena vida. Es como, si antes de nada más, necesitáramos establecer una base segura y garantizar un futuro sin preocupaciones para después empezar a preocuparnos con la verdadera calidad de vida, con el equilibrio, la salud, con la paz y la felicidad... Sólo que con el pasar de los años nos vamos dando cuenta de que, sin conquistar primero estas últimas, de poco nos sirve tener las otras, pues somos incapaces de disfrutar de ellas por causa de las preocupaciones que la lucha por ser alguien delante del resto de la humanidad nos trae. No estoy diciendo que no debemos esforzarnos para vivir bien material, social y profesionalmente, pero la mayor parte de las personas acaba colocando esto como una prioridad y al final, percibe que realmente habría ganado más siendo menos ambicioso y más idealista. Es por causa de este tipo de stress que acabamos teniendo infartos, deprimidos, asustados, diabéticos, hipertensos, obesos, tristes y aplastados por exigencias absurdas, batallando con los otros por mas prestigio y poder... La disminución de las expectativas puede ser producto de desilusiones o fracasos, también es verdad, pero créo que en su mayor parte es debida a que, con la madurez, uno empieza a ver lo que es realmente importante y pasa a querer vivenciarlo, luchando para recuperar el tiempo perdido con tantas obligaciones y presiones que en nada enriquecieron la existencia... Cuáles recuerdos vamos a querer traer de vuelta cuando estemos viejos? Los de días modestos pero felices y productivos, llenos de significado y plenitud, o los de años y años de trabajo ingrato y aplastante, hasta con buen salario, pero sin el tiempo necesario para disfrutar ese salario? Nuestra existencia tiene que ser gratificante, inspirada, equilibrada, consciente de quiénes somos y de dónde estamos, debe interactuar con aquellos que nos rodean, conocidos y desconocidos, con la naturaleza y sus ciclos, debe estar abierta a las lecciones que la vida nos reserva e que ni siempre están atrás de un escritorio en una sala de una gran empresa o en un curriculum irretocable. Créo que la primera ambición que debemos tener y desenvolver es la de ser felices. Encuanto este sentimiento nos acompañar y guiar nuestras opciones, objetivos y acciones estaremos en el rumbo correcto y pocas cosas de las cuales nos arrepentir tendremos en nuestra vejez.

segunda-feira, 13 de abril de 2009

Aquella fotografía

Aconteció algo muy desagradable el sábado, cuando fuí publicar esta crónica: me apareció uno de aquellos letreritos demoníacos diciendo que había cometido algún tipo de acto ilegal o algo parecido y la crónica no fué publicada, quedando solamente el título... Completamente ridículo!... Otras veces ya me apareció ese aviso, pero la crónica fué publicada de todas maneras. Bueno, espero que hoy no suceda nada y que pueda postear el texto sin problemas. Entonces, allá vamos:

Otras dos sugestiones inteligentes de mi hermana: comunicar a los lectores del blog en español, que tengo otro en portugués con las mismas crónicas y publicar las crónicas que ya aparecieron en la Folha de Londrina, ya que quien está en Miami, República Dominicana o Manaus no las leyó todavía porque el diario no llega allá. En realidad, ya posteé dos de las que fueron publicadas en el diario, pero pienso que es bueno publicar las demás también, así los lectores no pierden ninguna... Bueno, estoy percibiendo que voy a tener que nombrar a mi hermana como mi relaciones públicas y mi agente, porque sólo a ella se le ocurren estas cosas que hacen que mi trabajo séa más divulgado. Ahora, tengo que confesar que, en realidad, siempre tuve unos tremendos problemas de creatividad cuando se trataba de "estrategias de marketing" porque siempre me dediqué tan solamente a crear. En la Fundación había personas encargadas de este departamento, entonces nunca tuve que gastar tiempo calentandome la mollera con estas cosas. Ahora, por suerte, tengo a mi hermana (A propósito, su nombre es Sofía y también escribe; sólo le falta decidirse a publicar sus textos, que son muy buenos) para preocuparse de esto... Créo que, como dice Paulo Coelho, el universo conspira para que las cosas funcionen cuando somos fieles a nuestros dones, a nuestra misión en esta vida y a nuestros sueños. El pone en nuestro camino todo lo que necesitamos para que seamos capaces de colocar en movimiento las energías que harán posible que nuestros objetivos se realicen... Sin embargo, hay una cosa: tan solamente nosotros podemos hacer esto, es una decisión nuestra y de nadie más, y las fuerzas que podemos mover a nuestro favor son exclusivamente nuestras, hechas para nosotros, entonces, si no hacemos nada, se quedarán estacionadas, inútiles, desperdiciadas en los planes de Dios y en la historia que nos corresponde vivir por causa de su movimiento... Entonces, qué tal abrir los ojos y tratar de percibir lo que nos rodea como un medio de desenvolver y alcanzar nuestros deseos? Está todo allí, sólo hay que tomarlo, y es gratis! Lo que nos pertenece nadie más podrá aprovechar, sin embargo, si no lo tomamos, nuestra existencia se transformará en una infinidad absurda de milagros dejados de lado y despreciados, y eso sería una inmensa ingratitud!... Y hablando de lo que el destino nos ofrece, aquí vá la crónica de esta semana (de nuevo!):

Siempre me llamó la atención el hecho de que sólo caemos en la cuenta de que estamos envejeciendo cuando, hojeando los álbums de familia, de repente nos encontramos con una foto de algunos años atrás y tomamos un tremendo susto, pues es casi como estar mirando a un desconocido, a una flor recién abierta y llena de vigor y esplendor... Y ahí se me ocurre la pregunta: por qué será que en nuestra rutina diaria el espejo no nos avisa sobre esta realidad, permitiendo que veamos una imagen más mental que física? Es como si poseyera alguna especie de magia que hace que no notemos ninguna mudanza en nuestro aspecto mientras nos pintamos la boca en la mañana o al darle una ojeada a nuestra vestimenta antes de salir para trabajar, mientras nos lavamos los dientes o depilamos las cejas en la ventana del cuarto. De la misma forma, cuando encontramos personas que no veíamos hacía tiempo, sufrimos un verdadero choque con su mudanza -a veces para peor, a veces para mejor- pero ni siquiera se nos pasa por la cabeza preguntarnos si ellas también no se llevaron un susto cuando nos vieron, tanta es la certeza de nuestra inmutabilidad. Curiosamente, la edad parece reflejarse en los otros, en el paisaje, en la moda, el lenguaje y en los avances tecnológicos, pero no en nuestra propia apariencia o desempeño. De alguna forma, estos parecen haber parado en el tiempo, impidiendo que nos demos cuenta de su avance inexorable... Las señales están por todas partes, pero nosotros preferimos ignorarlas y no impresionarnos cuando encontramos en la calle a un alumno que estuvo con nosotros una vez y hoy pasa manejando un automóvil, o empujando un cochecito de bebé o, vestido de terno y corbata, nos atiende desde detrás de un escritorio en el banco. Vemos las paredes descascarandose, los árboles extendiendo sus ramas, los edificios irguiéndose en dirección al cielo, los bebés naciendo, los adolescentes dejando las rebeldías para atrás y graduandose en la universidad, las novedades apareciendo sin parar, los números del calendario yendo hacia adelante y, mismo así, no tenemos real consciencia de que nuestro tiempo está pasando, de que estamos viviendolo, de que se está acabando. Las arrugas y las canas, el andar más lento y arrastrado y los achaques quedan para los otros, pues nosotros parecemos vivir en un perenne estado de juventud, como Dorian Gray, y nada consigue traernos a la realidad... a no ser aquella fotografía olvidada en un álbum, cruel, insobornable, inmutable. Entonces, corremos hasta el espejo -ese gran mentiroso- y miramos la imagen actual para comprobar los estragos que el tiempo ocasionó a partir de aquella otra, y toda nuestra historia transcurre delante de nosotros, dejando sus marcas, éstas que forman nuestras facciones hoy y que son llenas de significado, de lecciones, de experiencias buenas y malas, de victorias y fracasos, de regalos y pérdidas... Años de vida. El tiempo paró en esa fotografía, pero continuó corriendo para nosotros, dándonos y quitándonos lo que merecimos, conduciendonos rumbo a lo inexorable... ¿Es triste constatar este hecho? O es gratificante encontrarse con esta imagen de hoy, sabiendo lo que cada arruga y cada cabello blanco significan? La vejez, buena o mala, no es tan sólo consecuencia del transcurso del tiempo o de una decadencia natural, sino de nuestra historia, de nuestras acciones, de nuestras opciones y pensamientos, de nuestra fidelidad a los dones que nos fueron otorgados, del optimismo, de la felicidad vivida y compartida. Pero, principalmente, del amor.

sábado, 4 de abril de 2009

Abrir la puerta

Realmente, con este cambio en mi rutina está sobrandome una cantidad marvillosa y sorprendente de tiempo para sentarme aqui a escribir todo tipo de cosas, enviar e-mails, conversar con mi hermana y otras personas sin esa prisa de antes porque tenía que salir corriendo para almorzar e ir a trabajar... Ahora, tengo que confesar que cuando recibí todas estas novedades me quedé totalmente perdida y furiosa, porque me parecieron una falta de respeto -al final, nadie me preguntó si yo estaba de acuerdo con ellas!- y sentí que, de alguna forma, mi mundo se estaba desmoronando y que tendría un tremendo trabajo para reconstruirlo. Yo sabía que Dios tenía algún plan en su cabecita blanca, pero estaba resultándome muy difícil entenderlo y más todavía aceptarlo. Estaba tan enojada, resentida y humillada con todas estas mudanzas aparentemente tan arbitrarias, que hice una lista de las cosas positivas y de las negativas que esta nueva situación podría traerme y, sinceramente, si fuera a ponerlas en una balanza, el plato con las cosas negativas, cargadas con mi falta de comprensión y rebeldía, se habría venido al suelo de un viaje, porque en ese momento, lo poco de positivo que conseguí encontrar no tenía ningún peso. Cambio de rutina para mí es un verdadero drama -mismo sabiendo que después voy a conseguir acostumbrarme- porque me deja sumamente insegura, pero últimamente estoy aprendiendo a ver estos cambios como acontecimientos positivos y a tener un poco más de paciencia para ver cómo las cosas van a evolucionar (y sé que será para mejor, a pesar de mis recelos). A esto se suma esta enfermedad grave e incurable que desenvolví con los años, llamada "optimismo", entonces las situaciones nuevas ya no me causan un espanto tan profundo ni prolongado. La prueba de este hecho?... Bueno, a medida que fueron pasando los días, y después del primer impacto brutal, empecé a escribir las cosas positivas que iban apareciendo en mi lista y, adivinen? El lado negativo fué quedandose menor, menor, menor... y hoy estoy toda animada con las nuevas posibilidades que van revelándose delante de mí a medida que el tiempo transcurre. El salario es el único detalle que todavía me perturba, pero si me organizo bastante, voy a conseguir pagar mis deudas y aún comprar "algunas cositas"... Y de paso, con certeza esto me vá a enseñar a no andar gastando, confiando en promesas de políticos y otras criaturas similares...
Cuando abrí este blog la intención era postear una crónica -o más- todos los sábados o domingos, pero con tanto trabajo nunca lo conseguía (ya vieron los horarios de alguien que trabaja con arte?). Hoy, tengo la mañana entera para sentarme aqui y escribir con toda calma y placer... Conclusión: las mudanzas, por más radicales o extrañas, inesperadas e irritantes que puedan parecer en un principio, siempre son buenas. Algo de positivo, de renovador y creativo siempre nos aguarda atrás de una nueva puerta.
Y la crónica de hoy:

Vuelvo de la academia y al doblar la esquina me encuentro con aquella chiquillada toda saliendo del portón de dos casas vecinas, con las manitos tomadas, lideradas por una niña un poco mayor que los otros. Están en una alegría sin tamaño, riendo y gritando, saltando, despidiendose con excitados gestos de las madres que, soñolientas y arrebujadas en sus chalecos de lana, sonrien y les dan todo tipo de recomendaciones... Curiosa delante de tanta agitación y felicidad, disminuyo el paso para saber el motivo. La desordenada y ruidosa fila -con la niña mayor al medio, toda seria e importante en su misión- pasa a mi lado, llamando un último niño, de gorro hasta las orejas , bufanda colorida y guantes, que se quedó más atrás y ya se aproxima corriendo, las aletas del abrigo volando como pájaros asustados. Yo me hago a un lado para dejarlo pasar y me quedo parada allí, obervandolos mientras se alejan... Cuánta emoción en sus caritas! Ojos brillantes, corazones acelerados, piernas con una prisa llena de expectativa, brazos y manos agitandose como para apresurar el tiempo y acortar la distancia, murmullos y risas excitados, los cuerpos casi estallando de tanta emoción contenida... "Pero cuál es la aventura?", me pregunto, empezando a sentirme contagiada por toda esa ansiedad. Entonces, escucho a una de las madres avisar: "Si el parque está cerrado se vuelven altiro y no se me quedan jugando por ahí, me entendieron?"... Inmediatamente, la imagen viene a mi mente: el parque de juegos a que ella se refiere es ese que queda en la pequeña plaza al lado del mercado, a dos cuadras, doblando la próxima esquina. Está sucio y descuidado, la arena llena de hojas secas y mugre, los bancos quebrados, la reja de alambre chueca y agujereada por vándalos, y parece que el portón de entrada tuvo un encuentro cercano del tercer tipo con un camión; pero de todas maneras, todavía ostenta con bravura sus viejos y descoloridos juegos de metal que, a pesar de todo, actúan como un anzuelo mágico para los niños de la vecindad, que no quieren saber de belleza, sino de diversión.
Sonrío y me alejo del grupo bullicioso, admirando su coraje y determinación para pasar algún tiempo jugando en aquella tierra de nadie.. Y allá van, rumbo a su aventura, pasando por lugares desconocidos, encontrando personajes extraños, espiando esos monstruos de cuatro ruedas que parecen reinar, amedrentadores y absolutos, en el asfalto negro y brillante. Allá se van, vibrando, tomados por aquella sensación impagable de estar creciendo, enfrentando la vida y sus desafíos, en ese glorioso inicio de independencia de los más viejos, en aquel aliento tembloroso de salir en busca de la felicidad y de la realización... Hoy será en los juegos del parque de arena a dos cuadras de casa. Mañana, en el salón de fiesta del club, hasta media noche. Después, en los corredores de la universidad. Más tarde en un trabajo, tal vez en ciudades aún más lejanas y desafiantes. En el amor, arriesgando el corazón para cambiar los lazos del pasado por una nueva familia... Mientras busco la llave en el bolsillo, me pregunto si conservamos a lo largo de nuestras vidas -ni que séa allá en el fondo- alguna chispa de aquella alegría virgen y original, de aquella emoción risueña y llena de optimismo de nuestra infancia, cuando nos encontramos con la oportunidad de la aventura, de lo desconocido y de la conquista que la vida nos ofrece, o si preferimos encarar nuestro futuro llenos de miedo y pesimismo, sin fé en nuestra capacidad de salir adelante y ganar nuestro lugar en la historia, de ser felices y amados... Meto la llave en la cerradura y la hago girar. Ella emite un chasquéo y la puerta se destranca. Paro y pienso: "Es el sonido del futuro que se avecina y solamente yo tengo el poder y las ganas de hacer que acontezca"... Y mi corazón retorna a la imagen de aquellos niños que, con las manos tomadas, rostros brillantes y llenos de alegre prisa, salen a camino de su aventura. Y concluyo que es así mismo que yo quiero abrir la puerta y entrar en todo aquello que me espera.