Finalmente el maratón de presentaciones acabó y créo que puedo sentirme bien contenta com el resultado. Mi jefe continúa con esa sonrisona de oreja a oreja y yo estoy super orgullosa de mis alumnos, que hicieron un trabajo estupendo, a pesar de haber sido bien sacrificado y cansador. Con toda justicia ganamos cuatro días completitos de decanso (que yo planeé pasar escribiendo, pero para variar, no me resultó mucho) y el lunes ya estábamos listos para todo, revigorizados, inspirados y muy animados. La primera presentación del musical em Mayo fué cancelada, pero confieso que no me dejó nada triste porque, en realidad, voy a necesitar todo el tiempo posible para dar cuenta de las cuatro piezas - y de todo lo que ellas implican. Dónde esá mi ayudante????- que vamos a presentar en el medio del año, entonces, el cancelamiento es un dolor de cabeza menos en mi agenda.
Y vamos a la crónica de esta semana. Me parece que les quedé debiendo una de la semana de presentaciones. Vamos a ver si me sobra un tiempecito para postarla, ok?
Agonía, muerte y resurrección... Quién ya no pasó por estas tres etapas una, diez, cien veces a lo largo de su vida? Y quién ya no se sintió castigado, resentido, abandonado, aplastado por el dolor y la soledad, olvidado por la compasión y la solidariedad del mundo? Quién no pensó que no iría a soportarlo, que no sería capaz de reerguerse, de continuar, de volver a sentir, a entregarse, a creér?... En algún momento a lo largo de nuestro camino todos cargamos nuestra cruz y, bien o mal, soportamos su peso, callados o maldiciendo, con fé o amargura, solos o con alguien a nuestro lado, que carga una parte del peso, ofreciendonos así un poco de alivio... Siempre estamos lamentándonos por nuestras desgracias, capricho de santos, ángeles o hasta del propio Dios, que a veces parece jugar con nuestros planes y sentimientos. Por qué tanto dolor?, nos preguntamos, desconcertados, y no conseguimos encontrar una respuesta que nos reconforte y nos haga aceptar las durezas de la vida con serenidad y optimismo... Entonces, yo me pregunto: será que ya paramos, después de haber atravesado una de aquellas via-crucis personales, y nos dimos cuenta de lo que nos sucedió durante este proceso? Será que, después de la tempestad, nos miramos al espejo y percibimos cuánto mudamos? Será que nos dimos tiempo para reflexionar sobre lo que esta agonía, muerte y resurrección nos trajeron? Será que entendimos verdaderamente lo que es la resurrección y por cuántas ya pasamos sin darle la debida importancia?... Infelizmente -o no- para haber una resurrección tienen que haber primero una agonía y una muerte, una pérdida, el vacío, el abandono. Tiene que haber una purificación, un desprendimiento, una entrega sin reservas, pues solamente así seremos transformados y fortificados por la resurrección, porque eso es lo que ella significa: transformación, aprendizaje, crecimiento... Todos vamos, una hora, a cargar nuestra cruz, pero tenemos que hacerlo concientes de que, con certeza, aprenderemos con las heridas que nos dejará, creceremos como seres humanos -a veces sin siquiera darnos cuenta- mientras nuestro calvario transcurre, nos volveremos pacientes y fuertes, comprensivos y valientes: estaremos haciendole justicia a nuestra filiación divina. Por eso, no tengamos miedo del sufrimiento ni de la muerte -lo que no nos impide maldecir, desanimar, llorar, tener pena de nosotros mismos y ser tentados a huír, Dios entiende esas debilidades y ya nos perdonó por todas ellas- porque la resurrección con certeza vendrá, como nos fué prometido, y entonces veremos que todo por lo cual pasamos habrá valido la pena. No viene la primavera después del invierno? Y los jardines no renacen, los pájaros retornan y el aire se llena de perfumes y promesas de vida? Seamos entonces como la naturaleza, que sabe que las estaciones son inalterables y que, después de la lluvia y el frío, el sol volverá a brillar y y la vida recomenzará, fresca y renovada, poderosa, perfecta.
terça-feira, 26 de abril de 2011
sábado, 16 de abril de 2011
Segundo a segundo
El maratón de presentaciones continúa, pero no está siendo tan cansador cuanto pensé que sería -a pesar de que acostarme tarde acaba conmigo- entonces estoy con bastante ánimo para hacer otras cosas. Quedarme sola en la casa es un aliciente formidable e inspirador, pueden creér! Y después, sólo de pensar que cuando las presentaciones terminen vamos a tener cuatro días enteritos para recuperarnos e prepararnos para encarar los próximos proyectos (que en mi caso son dos presentaciones del musical y el início de los ensayos de las piezas del medio del año, más las aulas normales) ya me siento aliviada y lista para llegar al final de esta empresa que, gracias a Dios está siendo un éxito, toda feliz. Imagínense lo que es ver todo día la cara de nuestro jefecito exhibiendo una sonrisa de oreja a oreja!... Es tan rico cuando todos nuestros esfuerzos, sacrifícios y stress se ven recompensados con un "Bien hecho!" de los jefes y el público se divierte e aplaude en cada presentación! Ahí, no importa si es algo que uno no suele hacer, si es simple, en un escenario sin recursos, si los actores no ganarían un oscar o si al camión de la basura se le ocurre pasar atrás justo a la hora del diálogo más emocionante... Todo vale la pena!... Entonces, llego a la conclusión de que la recompensa -no importa el tamaño- siempre supera y borra cualquier disgusto o expectativa. El éxito no son solamente los aplausos, sino la comprobación de lo que somos capaces de realizar.
Segundo a segundo, es de este modo que existimos. No tenemos otra opción real, pues el pasado ya no existe más -a no ser como un recuerdo o una lección- y ni el futuro, ya que él no aconteció todavía. El presente es todo lo que verdaderamente poseémos. Es siempre ahora, ni antes ni después. Es imposible adelantarse o volver atrás, sólo podemos suponer, elucubrar, soñar, crear expectativas que, a veces, más nos perjudican de lo que nos ayudan, pero es solamente eso. La vida acontece así para todos, nadie escapa de esta dinámica: es un instante desconocido que sucede a aquel que acabó de desaparecer en nuestra historia. Primero uno y después, sólo después, el otro, en imperturbable continuación y lógica. Los momentos no se mezclan, no se funden, no cambian de lugar, no se pierden. Así, tenemos una percepción después de la otra, porque cada momento tiene un peso, un color, un tono, un sentimiento, un movimiento que son solamente suyos, únicos e insubstituibles, insobornables... Y yo me pregunto: Es posible tener conciencia de ésto? Es posible vivir así, momento a momento, sin ansiedades o expectativas, sin planes demasiado definidos, sólo aguardando lo que vendrá?... Y la respuesta es que créo que es posible, sí, desde que pasemos a respetar y a creér en el ritmo de este constante acontecer, desde que estemos atentos y percibamos los cambios, las lecciones -capítulo a capítulo- el crecimiento. Entraríamos en una dimensión espacio/tiempo diferente, mucho más rica, con muchas más posibilidades; percibiríamos el todo con perfecta claridad, pues estaríamos concientemente en él, seríamos él. La vida tendría, entonces, nuevos significados, nuevos desafíos y caminos, descubriríamos otros paisajes, otros personajes, aprenderíamos sin ansiedades ni miedos, pues estaríamos lejos del alcance de tabús, expectativas, presiones y reglas castradoras.
El presente es realmente un tesoro, pena que no sepamos lidiar con él para aprovechar todo lo que tiene para ofrecernos.
Segundo a segundo, es de este modo que existimos. No tenemos otra opción real, pues el pasado ya no existe más -a no ser como un recuerdo o una lección- y ni el futuro, ya que él no aconteció todavía. El presente es todo lo que verdaderamente poseémos. Es siempre ahora, ni antes ni después. Es imposible adelantarse o volver atrás, sólo podemos suponer, elucubrar, soñar, crear expectativas que, a veces, más nos perjudican de lo que nos ayudan, pero es solamente eso. La vida acontece así para todos, nadie escapa de esta dinámica: es un instante desconocido que sucede a aquel que acabó de desaparecer en nuestra historia. Primero uno y después, sólo después, el otro, en imperturbable continuación y lógica. Los momentos no se mezclan, no se funden, no cambian de lugar, no se pierden. Así, tenemos una percepción después de la otra, porque cada momento tiene un peso, un color, un tono, un sentimiento, un movimiento que son solamente suyos, únicos e insubstituibles, insobornables... Y yo me pregunto: Es posible tener conciencia de ésto? Es posible vivir así, momento a momento, sin ansiedades o expectativas, sin planes demasiado definidos, sólo aguardando lo que vendrá?... Y la respuesta es que créo que es posible, sí, desde que pasemos a respetar y a creér en el ritmo de este constante acontecer, desde que estemos atentos y percibamos los cambios, las lecciones -capítulo a capítulo- el crecimiento. Entraríamos en una dimensión espacio/tiempo diferente, mucho más rica, con muchas más posibilidades; percibiríamos el todo con perfecta claridad, pues estaríamos concientemente en él, seríamos él. La vida tendría, entonces, nuevos significados, nuevos desafíos y caminos, descubriríamos otros paisajes, otros personajes, aprenderíamos sin ansiedades ni miedos, pues estaríamos lejos del alcance de tabús, expectativas, presiones y reglas castradoras.
El presente es realmente un tesoro, pena que no sepamos lidiar con él para aprovechar todo lo que tiene para ofrecernos.
Marcadores:
conciencia,
percepción,
plan,
presente
quinta-feira, 14 de abril de 2011
Una moneda menos
Esperaba poder postear esta crónica el fin de semana pasada, antes de que empezara el maratón de presentaciones de la Páscua, pero no lo conseguí, porque acabé recibiendo un montón de visitas y teniendo que ir a la fundación para algunas reuniones no-planeadas (típico!) más que una vez, entonces... Ya vieron, no? Nada de crónica!... Menos mal que, a pesar de tener que quedarme todos los días hasta las diez de la noche hasta el dia 20, tengo la ventaja de que -para no hacer taaaanta hora extra- voy a entrar a las cinco de la tarde, entonces tengo la mañana entera y una parte de la tarde para poner algunas cosas al día con respecto a mis escritos. (Estoy empezando a parecer mi hermana, que vive ordenando los armários. Yo estoy siempre poniendo al día mis apuntes) Y después del maratón, voy a tener los 4 días de feriado de la semana santa para recuperarme... Pero, desgraciadamente, el descando no vá a durar mucho porque volviendo ya voy a tener que empezar con los ensayos de las piezas del medio del año y del musical, del cual tenemos dos presentaciones en Mayo. Tendré que usar parte de mi tiempo para reescribir dos de las piezas porque resulta que ahora tengo más alumnos que personajes, entonces voy a ser obligada a solucionar este problemilla. Pero créo que no tendré mucho trabajo porque las piezas ya están escritas, entonces es sólo agregarle algunos personajes y diálogos. Como el tema ya está especificado la cosa queda bien más fácil que si tuviera que empezar todo de cero.
Y aprovechando esta mañana de sol deslumbrante después de un día de diluvio y la primera presentación de Páscua -que fué um éxito, gracias a Dios- aquí vá la crónica de la semana pasada:
Es hora de almuerzo y las calles hierven, las personas salen de las tiendas y oficinas como una nube de langostas hambrientas, animadas y sonrientes. El aire está lleno de aromas que peléan entre sí para atraer a los clientes: porotos, pollo, bife, tallarines, costilla asada, puré, arroz blanco y humeante, sueltecito en la fuente... Los numerosos restaurantes de la calle principal abren sus puertas y exponen sus buffets desbordantes y olorosos y sus mesas con manteles de plástico a través de las ventanas mientras atareadas cocineras de delantal e toca se apresuran con fuentes y bandejas de la cocina al comedor, pues parece que la prisa y el hambre de los clientes no tiene fin... En uno de estos restaurantes, que tiene una puerta corredera de vidrio con una enorme vitrina que tenta a los transeuntes con la visión coloreada del buffet de ensaladas y platos calientes, el entra y sale es casi frenético. Las mesas mal son desocupadas cuando ya hay alguien sentándose en ellas; las cocineras casi no tienen tiempo de retirar los platos sucios y pasar un año húmedo. Hasta hay gente en pié, cerca de la caja, esperando con sus servilletas, cubiertos y platos vacíos en la mano, inquietos en la fila del buffet, con cara de quien empieza a pensar que la comida no vá a durar hasta que sua vez llegue... El dueño, sentado en su trono particular atrás de la caja, contempla el cuadro con ojos brillantes y una enorme sonrisa en su rostro gordinflón y pálido mientras dá el cambio o muestra alguna mesa libre.
Entonces, venido nadie sabe de dónde, aparece este hombrecillo, del tamaño de un niño, vistiendo aquel enorme abrigo negro y seboso que casi le llega al suelo, zapatones descosidos, cabello grasoso y mostrando algunas canas, manos sucias y de uñas largas y negras, la piel marcada por cicatrizes y heridas que no sanaron aún, un sweater que jamás vió água y jabón, y un pantalón amarrado con una cuerda inmunda de grasa, y se detiene justo en la puerta del restaurante, encogido y con los ojos húmedos de hambre, las manos en el aire como si quisiera agarrar esos aromas celestiales y llevárselos a la boca... Los clientes, con ese aire de realeza escandalizada, empiezan a toparse con él para entrar y el dueño, percibiendo la irritación de éstos, se vuelve hacia el hombrecillo y le escupe algunas palabras en tono áspero, acompañadas de un gesto parecido al que se hace para espantar a un perro. Pero el hombre casi no se mueve, poniendose en uno de los lados de la puerta. Los clientes pasan junto a él, esforzandose para no tocar su ropa asquerosa, y entran, suspirando aliviados y muy melindrados, haciendo comentarios. Desde dentro, algunos dan una mirada furtiva de desaprobación mientras mastican sus bifes o enrollan los tallarines en el tenedor... El dueño, impaciente y preocupado, se dirige nuevamente al hombre, mandándolo salir, y éste, obediente pero persistente, se aleja otro poco, saliendo de la puerta, pero continúa mirando hacia adentro, inclinando el cuerpo, cuello estirado y hombros encogidos, como para no perder ningún detalle de aquel banquete obsceno que acontece allí dentro. Curiosamente, nada responde y nada pide, sólo continúa parado allí, como uno de esos perros de la calle que se sientan cerca de las mesas de las fuentes de soda aguardando que, en un descuido, alguien deje caer una migaja o, conmoviendose, le arroje un hueso, un pedazo de carne o una papa frita meido quemada.
Estremecida, contemplo a aquel personaje de arriba a abajo, en toda su miseria y humildad, y me doy cuenta de cuán terriblemente conciente está de su insignificancia, cuán grotescamente resignado con su nada y, por eso mismo, convencido de que no merece abrir la boca y mendigar un poco de porotos con arroz., no importa si sus piernas flaquean de hambre o su estómago está hecho un nudo y sus manos tiemblan al limpiarse la saliva que comienza a escurrir de su boca mústia y desdentada... Miro a mi alrededor y me pregunto, espantada: "Nadie está viendo? Nadie se compadece de esta criatura? Nadie es capaz de compartir su comida? No tienen algunas monedas más para pagarle un almuerzo decente?.... Y el dueño, no tiene ollas rebalsando de arroz, tallarines o pollo en la cocina? Sus lucros son más importantes que aliviar el hambre de este infeliz que casi desmaya en su puerta? De qué tiene miedo? De que la noticia corra y en poco tiempo haya una fila de mendigos queriendo aprovecharse de su buena voluntad?"... Pero mi omnibus aparece e tengo que tomarlo, entonces me quedo sin saber el final de esa historia triste... A través de la ventanilla entierrada contemplo la silueta del hombrecillo todavía parado en la vereda frente al restaurante, y pienso que todos allí dentro -sobre todo el dueño- perdieron a oportunidad de ganar el día haciendo una buena acción. Una moneda menos en su tesoro en el cielo.
Y aprovechando esta mañana de sol deslumbrante después de un día de diluvio y la primera presentación de Páscua -que fué um éxito, gracias a Dios- aquí vá la crónica de la semana pasada:
Es hora de almuerzo y las calles hierven, las personas salen de las tiendas y oficinas como una nube de langostas hambrientas, animadas y sonrientes. El aire está lleno de aromas que peléan entre sí para atraer a los clientes: porotos, pollo, bife, tallarines, costilla asada, puré, arroz blanco y humeante, sueltecito en la fuente... Los numerosos restaurantes de la calle principal abren sus puertas y exponen sus buffets desbordantes y olorosos y sus mesas con manteles de plástico a través de las ventanas mientras atareadas cocineras de delantal e toca se apresuran con fuentes y bandejas de la cocina al comedor, pues parece que la prisa y el hambre de los clientes no tiene fin... En uno de estos restaurantes, que tiene una puerta corredera de vidrio con una enorme vitrina que tenta a los transeuntes con la visión coloreada del buffet de ensaladas y platos calientes, el entra y sale es casi frenético. Las mesas mal son desocupadas cuando ya hay alguien sentándose en ellas; las cocineras casi no tienen tiempo de retirar los platos sucios y pasar un año húmedo. Hasta hay gente en pié, cerca de la caja, esperando con sus servilletas, cubiertos y platos vacíos en la mano, inquietos en la fila del buffet, con cara de quien empieza a pensar que la comida no vá a durar hasta que sua vez llegue... El dueño, sentado en su trono particular atrás de la caja, contempla el cuadro con ojos brillantes y una enorme sonrisa en su rostro gordinflón y pálido mientras dá el cambio o muestra alguna mesa libre.
Entonces, venido nadie sabe de dónde, aparece este hombrecillo, del tamaño de un niño, vistiendo aquel enorme abrigo negro y seboso que casi le llega al suelo, zapatones descosidos, cabello grasoso y mostrando algunas canas, manos sucias y de uñas largas y negras, la piel marcada por cicatrizes y heridas que no sanaron aún, un sweater que jamás vió água y jabón, y un pantalón amarrado con una cuerda inmunda de grasa, y se detiene justo en la puerta del restaurante, encogido y con los ojos húmedos de hambre, las manos en el aire como si quisiera agarrar esos aromas celestiales y llevárselos a la boca... Los clientes, con ese aire de realeza escandalizada, empiezan a toparse con él para entrar y el dueño, percibiendo la irritación de éstos, se vuelve hacia el hombrecillo y le escupe algunas palabras en tono áspero, acompañadas de un gesto parecido al que se hace para espantar a un perro. Pero el hombre casi no se mueve, poniendose en uno de los lados de la puerta. Los clientes pasan junto a él, esforzandose para no tocar su ropa asquerosa, y entran, suspirando aliviados y muy melindrados, haciendo comentarios. Desde dentro, algunos dan una mirada furtiva de desaprobación mientras mastican sus bifes o enrollan los tallarines en el tenedor... El dueño, impaciente y preocupado, se dirige nuevamente al hombre, mandándolo salir, y éste, obediente pero persistente, se aleja otro poco, saliendo de la puerta, pero continúa mirando hacia adentro, inclinando el cuerpo, cuello estirado y hombros encogidos, como para no perder ningún detalle de aquel banquete obsceno que acontece allí dentro. Curiosamente, nada responde y nada pide, sólo continúa parado allí, como uno de esos perros de la calle que se sientan cerca de las mesas de las fuentes de soda aguardando que, en un descuido, alguien deje caer una migaja o, conmoviendose, le arroje un hueso, un pedazo de carne o una papa frita meido quemada.
Estremecida, contemplo a aquel personaje de arriba a abajo, en toda su miseria y humildad, y me doy cuenta de cuán terriblemente conciente está de su insignificancia, cuán grotescamente resignado con su nada y, por eso mismo, convencido de que no merece abrir la boca y mendigar un poco de porotos con arroz., no importa si sus piernas flaquean de hambre o su estómago está hecho un nudo y sus manos tiemblan al limpiarse la saliva que comienza a escurrir de su boca mústia y desdentada... Miro a mi alrededor y me pregunto, espantada: "Nadie está viendo? Nadie se compadece de esta criatura? Nadie es capaz de compartir su comida? No tienen algunas monedas más para pagarle un almuerzo decente?.... Y el dueño, no tiene ollas rebalsando de arroz, tallarines o pollo en la cocina? Sus lucros son más importantes que aliviar el hambre de este infeliz que casi desmaya en su puerta? De qué tiene miedo? De que la noticia corra y en poco tiempo haya una fila de mendigos queriendo aprovecharse de su buena voluntad?"... Pero mi omnibus aparece e tengo que tomarlo, entonces me quedo sin saber el final de esa historia triste... A través de la ventanilla entierrada contemplo la silueta del hombrecillo todavía parado en la vereda frente al restaurante, y pienso que todos allí dentro -sobre todo el dueño- perdieron a oportunidad de ganar el día haciendo una buena acción. Una moneda menos en su tesoro en el cielo.
Marcadores:
almuerzo,
restaurante,
seboso,
tesoro
sábado, 2 de abril de 2011
Nubes
Aleluya!!!!!...
Pero no se asusten, que esta exclamación no se debe a ningún tipo de éxtasis, revelación o conversión mística. Se trata simplemente de una expresión normal de la más pura felicidad de una pobre mortal que, después de una semana de agonía y dudas angustiantes, consigue entrar en la internet... Me lo pasé la semana pasada entera tratando de descubrir por qué no conseguia conectarme a pesar de haber revisado un millón de veces cada enchufe, cabo, interruptor y botón que tuviera algo que ver con el computador. Llamé a medio mundo pidiendo ayuda, inclusive al técnico de la tienda donde compré este computador, a pesar de estar cierta de que el problema no era él, y nada... Entonces, justo cuando ya estaba empezando a entrar en profunda crisis existencial, fuí a telefonear al local que mantiene la torre de recepción más cercana, como última y remota posibilidad de solucionar aquella novela mejicana, y al levantar el fono de la extensión que está en mi cuarto, me dí cuenta de que estaba con una estática terrible. Poco después, comenzó a hacer eco y todo tipo de ruiditos misterioros e inexplicables. Pensé que era debido a las últimas lluvias, pues los cabos podrían estar mojados o algo así, entonces llamé al electricista, que vino al día siguiente, sudando a mares, y casi me dejó la casa patas arriba buscando el defecto. No estábamos llegando a nada cuando, de repente, tuvo la inspiración divina de salir al patio para revisar el cabo que traía la electricidad del teléfono principal que está en la sala hasta mi pieza, y que viene junto a la pared externa. Y fué entonces que el milagro sucedió, porque el buen maestro se dió cuenta de que aquel cabo -que él mismo había colocado hacía menos de un año- y que me juró que era ultra-mega-putz de resistente, no era, a final de cuentas, taaaan ultra-mega-putz resistente así, porque estaba todo oxidado y quebrado en varias partes por causa de la lluvia y el sol contínuos... Y claro, sin electricidad llegando a la extensón de mi cuarto, nada de internet!... Pidiendome todo tipo de disculpas y sudando más todavía, corrió a la tienda y compró más cabo y algunos metros de canaletas para protegerlo de la intempérie y en poco menos de una hora instaló todo y... voilá! Aquí estoy, resurgida de entre los muertos, con mi internet funcionando rápida y eficientemente, devolviendome la comunicación con el mundo... Ufa, mas qué drama! Ahora ya sé que cuando el teléfono empiece a chirriar es hora de cambiar el cabo porque está oxidado o quebrado, entonces, la próxima vez no voy a sufrir todo esto.
Y yendo a lo que nos interesa, aquí vá la crónica de esta semana:
Es una cosa que siempre me llamó la atención y que no me canso de observar: las nubes cambian de forma y lugar encima de nuestras cabezas todo el tiempo y nosotros no nos damos cuenta y perdemos este espectáculo simplemente porque no miramos hacia el cielo. No solamente nuestros piés están presos en el suelo, sino también nuestros ojos y pensamientos. Si prestáramos atención, veríamos por cuántas trasformaciones sutiles o dramáticas pasan y cómo son bellas, efímeras y juguetonas! Se ponen grises o plateadas antes del amanecer, anaranjadas o rojas cuando reflejan los rayos del sol, enceguecedoras cuando acogen a la luna, negras y densas cuando están preñadas de tormentas. Se juntan y se deshacen en algunos minutos, dóciles, según la voluntad del viento, su gran compañero, creando mil formas fantásticas e instigantes, aparecen en algún lugar, tal vez durante la noche, y se desvanecem tan discretamente como llegaron, se vuelven hilachas de algodón, vapor, espejismo sobre los campos y las ciudades. Amenizan el calor, anuncian la lluvia, esconden los picos más altos y pasean por los valles más profundos salvajes. Parecen sólidas esculturas y, a pesar de ello, no poséen consistencia alguna; son como espejismos, poderosas y frágiles al mismo tiempo. Nada dicen, pero traen infinitos mensajes para el hombre que sabe interpretarlas. A veces parecen tan cercanas que tenemos la sensación de que si damos un salto podríamos tocarlas, mas, a pesar de todos nuestros esfuerzos y fantasías, no conseguimos atraparlas y llevarlas para casa para hacer una fiesta de algodón y esconde-esconde... Pero no hay problema, a ellas no les importa, pues son democráticas y no tienen dueño -ni deséan tenerlo-entonces todo el mundo puede verlas y quedarse un tiempo elucubrando sobre sus formas y su destino o su punto de origen.
Y yo reflexiono, mientras las contemplo sentada en un banco de la plaza: No es nuestra existência, con sus glorias y miserias, sus monstruos y ángeles, sus desafios, angustias, milagros, revelaciones y misterios, con sus cambios, interrogantes y brevedad semejante a las nubes? No son ellas, en su volubilidad, parecidas a nuestro corazón, que un día están enamorados y otro día son tomados por el odio? No son estas figuras blancas como nuestros sueños, que de repente se desvanecen; como nuestra tristeza, que el viento de la fé puede soplar lejos? No tienen ellas ese aire majestuoso cuando se abren y revelan el sol, así como cuando nosotros amamos revelamos lo mejor de nosotros mismos?... Sin embargo, para verlas es necesario que miremos al cielo. Y para vernos a nosotros mismos y a los otros, tenemos que mirar el cielo dentro de nosotros, pues es allí que yace la verdadera forma de las nubes.
Pero no se asusten, que esta exclamación no se debe a ningún tipo de éxtasis, revelación o conversión mística. Se trata simplemente de una expresión normal de la más pura felicidad de una pobre mortal que, después de una semana de agonía y dudas angustiantes, consigue entrar en la internet... Me lo pasé la semana pasada entera tratando de descubrir por qué no conseguia conectarme a pesar de haber revisado un millón de veces cada enchufe, cabo, interruptor y botón que tuviera algo que ver con el computador. Llamé a medio mundo pidiendo ayuda, inclusive al técnico de la tienda donde compré este computador, a pesar de estar cierta de que el problema no era él, y nada... Entonces, justo cuando ya estaba empezando a entrar en profunda crisis existencial, fuí a telefonear al local que mantiene la torre de recepción más cercana, como última y remota posibilidad de solucionar aquella novela mejicana, y al levantar el fono de la extensión que está en mi cuarto, me dí cuenta de que estaba con una estática terrible. Poco después, comenzó a hacer eco y todo tipo de ruiditos misterioros e inexplicables. Pensé que era debido a las últimas lluvias, pues los cabos podrían estar mojados o algo así, entonces llamé al electricista, que vino al día siguiente, sudando a mares, y casi me dejó la casa patas arriba buscando el defecto. No estábamos llegando a nada cuando, de repente, tuvo la inspiración divina de salir al patio para revisar el cabo que traía la electricidad del teléfono principal que está en la sala hasta mi pieza, y que viene junto a la pared externa. Y fué entonces que el milagro sucedió, porque el buen maestro se dió cuenta de que aquel cabo -que él mismo había colocado hacía menos de un año- y que me juró que era ultra-mega-putz de resistente, no era, a final de cuentas, taaaan ultra-mega-putz resistente así, porque estaba todo oxidado y quebrado en varias partes por causa de la lluvia y el sol contínuos... Y claro, sin electricidad llegando a la extensón de mi cuarto, nada de internet!... Pidiendome todo tipo de disculpas y sudando más todavía, corrió a la tienda y compró más cabo y algunos metros de canaletas para protegerlo de la intempérie y en poco menos de una hora instaló todo y... voilá! Aquí estoy, resurgida de entre los muertos, con mi internet funcionando rápida y eficientemente, devolviendome la comunicación con el mundo... Ufa, mas qué drama! Ahora ya sé que cuando el teléfono empiece a chirriar es hora de cambiar el cabo porque está oxidado o quebrado, entonces, la próxima vez no voy a sufrir todo esto.
Y yendo a lo que nos interesa, aquí vá la crónica de esta semana:
Es una cosa que siempre me llamó la atención y que no me canso de observar: las nubes cambian de forma y lugar encima de nuestras cabezas todo el tiempo y nosotros no nos damos cuenta y perdemos este espectáculo simplemente porque no miramos hacia el cielo. No solamente nuestros piés están presos en el suelo, sino también nuestros ojos y pensamientos. Si prestáramos atención, veríamos por cuántas trasformaciones sutiles o dramáticas pasan y cómo son bellas, efímeras y juguetonas! Se ponen grises o plateadas antes del amanecer, anaranjadas o rojas cuando reflejan los rayos del sol, enceguecedoras cuando acogen a la luna, negras y densas cuando están preñadas de tormentas. Se juntan y se deshacen en algunos minutos, dóciles, según la voluntad del viento, su gran compañero, creando mil formas fantásticas e instigantes, aparecen en algún lugar, tal vez durante la noche, y se desvanecem tan discretamente como llegaron, se vuelven hilachas de algodón, vapor, espejismo sobre los campos y las ciudades. Amenizan el calor, anuncian la lluvia, esconden los picos más altos y pasean por los valles más profundos salvajes. Parecen sólidas esculturas y, a pesar de ello, no poséen consistencia alguna; son como espejismos, poderosas y frágiles al mismo tiempo. Nada dicen, pero traen infinitos mensajes para el hombre que sabe interpretarlas. A veces parecen tan cercanas que tenemos la sensación de que si damos un salto podríamos tocarlas, mas, a pesar de todos nuestros esfuerzos y fantasías, no conseguimos atraparlas y llevarlas para casa para hacer una fiesta de algodón y esconde-esconde... Pero no hay problema, a ellas no les importa, pues son democráticas y no tienen dueño -ni deséan tenerlo-entonces todo el mundo puede verlas y quedarse un tiempo elucubrando sobre sus formas y su destino o su punto de origen.
Y yo reflexiono, mientras las contemplo sentada en un banco de la plaza: No es nuestra existência, con sus glorias y miserias, sus monstruos y ángeles, sus desafios, angustias, milagros, revelaciones y misterios, con sus cambios, interrogantes y brevedad semejante a las nubes? No son ellas, en su volubilidad, parecidas a nuestro corazón, que un día están enamorados y otro día son tomados por el odio? No son estas figuras blancas como nuestros sueños, que de repente se desvanecen; como nuestra tristeza, que el viento de la fé puede soplar lejos? No tienen ellas ese aire majestuoso cuando se abren y revelan el sol, así como cuando nosotros amamos revelamos lo mejor de nosotros mismos?... Sin embargo, para verlas es necesario que miremos al cielo. Y para vernos a nosotros mismos y a los otros, tenemos que mirar el cielo dentro de nosotros, pues es allí que yace la verdadera forma de las nubes.
sexta-feira, 25 de março de 2011
Grandes personalidades
Y con una semana de atraso, aquí estoy posteando esta crónica. Simplemente, no tuve tiempo para digitarla antes porque tuve que correr atrás de texto y actores para una presentación para la Páscua que a mi jefe se le ocurrió inventar de última hora. Entonces, ya estoy llena de horarios extra para ensayos y grabaciones, pero hoy día y mañana voy a disponer de algún tiempo -porque mi hija está de turno en la televisión- entonces voy a aprovechar para enviar esta crónica y poner al día mis apuntes (algún día voy a terminar con ellos, lo juro!) El domingo ya no es más posible porque estoy dando aulas, entonces, los viernes y sábados se convirtieron en días sagrados. Fuera esto, desde ayer estaba con un problema de conexión con la internet y después de haberle pedido ayuda a Dios y al Diablo y haber revisado todos los cabos, conexiones, enchufes, botones e interruptores de la casa, de repente, así sin más ni menos, justo cuando ya me había resignado a quedarme sólo en el Word, la cosa se arregló como por encanto... Será que mi frustración y mi neura lo dejaron nervioso y por eso no conectaba?... Bueno, séa lo que haya sido, ahora está funcionando y voy a aprovechar... Y no puedo olvidarme de desmarcar la visita del técnico!...
Entonces, aliviada y llena de planes nuevamente, aquí vá la de la semana pasada.
Leyendo sobre grandes personalidades que dejaron un legado que transformó a los hombres y a las sociedades en que viven, pienso que, a veces, toda una vida acontece solamente para que otros puedan percibir y practicar la verdad de manera que mejoren sus existencias y las de aquellos que los rodean. Pena que ni siempre los idealizadores tienen la oportunidad de ver el resultado de sus proyectos y hasta llegan a creér que fueron un fracaso, pero todos los cambios que hemos presenciado a lo largo de los siglos demuestran que, en realidad, tuvieron éxito, unos más, otros menos, pero las obras están aquí y son perpetuadas por aquellos que creyeron en ellas y siguieron su ejemplo. Entre tanto, también pienso que no solamente las grandes águilas tienen el poder o la oportunidad de promover cambios positivos, sino también los gorriones y zorzales, las personas comunes -inclusive esas por las cuales no damos nada- nuestro vecino, el médico de la posta, la profesora de la escuelita rural, el dueño de una empresa o de una tienda, el padre de nuestra parroquia y, por qué no? hasta nosotros mismos!... Quién dijo que las personas sin nada especial, sin grande sabiduría, medios económicos o poder no puedenn hacer alguna diferencia en la historia de la humanidad? Pues ni siempre su acción tiene que alcanzar el mundo entero; su vecindad es suficiente, su ambiente e trabajo, su sala de clases, su círculo de amigos y familiares, porque si vamos a contar todas estas pequeñas iniciativas -casi invisibles a primera vista- descubriremos una inmesa y poderosa red de acción comunitaria en movimiento, que será capaz de transformar mucha cosa, parte por parte, una cada vez, con paciencia y perseverancia, así como los granos de arena del desierto mudan el paisaje al ser transportados por el viento. Nosotros somos los granos de arena y el gran viento, que todo puede y todo transforma, es Dios.
Entonces, aliviada y llena de planes nuevamente, aquí vá la de la semana pasada.
Leyendo sobre grandes personalidades que dejaron un legado que transformó a los hombres y a las sociedades en que viven, pienso que, a veces, toda una vida acontece solamente para que otros puedan percibir y practicar la verdad de manera que mejoren sus existencias y las de aquellos que los rodean. Pena que ni siempre los idealizadores tienen la oportunidad de ver el resultado de sus proyectos y hasta llegan a creér que fueron un fracaso, pero todos los cambios que hemos presenciado a lo largo de los siglos demuestran que, en realidad, tuvieron éxito, unos más, otros menos, pero las obras están aquí y son perpetuadas por aquellos que creyeron en ellas y siguieron su ejemplo. Entre tanto, también pienso que no solamente las grandes águilas tienen el poder o la oportunidad de promover cambios positivos, sino también los gorriones y zorzales, las personas comunes -inclusive esas por las cuales no damos nada- nuestro vecino, el médico de la posta, la profesora de la escuelita rural, el dueño de una empresa o de una tienda, el padre de nuestra parroquia y, por qué no? hasta nosotros mismos!... Quién dijo que las personas sin nada especial, sin grande sabiduría, medios económicos o poder no puedenn hacer alguna diferencia en la historia de la humanidad? Pues ni siempre su acción tiene que alcanzar el mundo entero; su vecindad es suficiente, su ambiente e trabajo, su sala de clases, su círculo de amigos y familiares, porque si vamos a contar todas estas pequeñas iniciativas -casi invisibles a primera vista- descubriremos una inmesa y poderosa red de acción comunitaria en movimiento, que será capaz de transformar mucha cosa, parte por parte, una cada vez, con paciencia y perseverancia, así como los granos de arena del desierto mudan el paisaje al ser transportados por el viento. Nosotros somos los granos de arena y el gran viento, que todo puede y todo transforma, es Dios.
Marcadores:
desierto,
empresarial,
vecino,
viento
sábado, 12 de março de 2011
Días de ángel, días de demonio
Y ahora que el carnaval es tan sólo un recuerdo exótico, ruidoso y coloreado y que los terremotos y tsunamis sosegaron por el momento, créo que las cosas van a empezar a funcionar por aquí de una vez por todas. Todavía pasmada con el hecho de que un carnaval simplemente para un país entero y feliz porque las clases en la fundación van a empezar finalmente, aprovecho mi último fin de semana libre -a partir de la semana que viene vuelvo a trabajar los domingos- para meditar, conversar con mi hermana de Chile, ver "American Idol" y unas películas con mi hija y colocar al día otro poco de mis escritos (a pesar de que con mi nuevo horario de trabajo van a sobrarme bastantes horas libres para dedicarme a esto). Pasamos los últimos tres días después del feriado corriendo para arriba y para abajo para dejar todo preparado para la llegada de los alumnos y ya estamos todos listos para empezar nuestro trabajo, a pesar de que todavía están faltando algunos profesores... Imagínense que esta personita aquí hasta colocó un cartel de bienvenida en la puerta de la sala de aula -que no fuí yo que lo hice, porque soy podrida para ese tipo de frescura- y voy a poner dos tiestos adornados con dulces y golosinas para la felicidad de los alumnos!... Yo no soy de hacer ese tipo de cosa. Para decir la verdad, nunca me acuerdo de celebrar fechas como el día de la madre, el día de la independencia, el día del niño y por ahí vá. Nunca envío tarjetas, doy fiestecitas, organizo juegos o les entrego regalitos -probablemente porque estoy acostumbrada a trabajar solamente con adultos, que no se interesan por ese tipo de cosas- no adorno la sala con motivos pertinentes a la fecha conmemorativa ni invento rifas ni competencias de acuerdo con la celebración... Decididamente, soy una negación para estas fechas. En la fundación parece que todos tienen el don de inventar este tipo de evento, en cambio yo... Lo que me interesa son las aulas! Pero como hay que entrar en el clima y este año tengo alunos más jóvenes, voy a tener que hacer un esfuerzo... Bueno, ser un poco festiva no me vá a matar!...
Para madurar es vital que aprendamos a ser compasivos y comprensivos, que desenvolvamos la virtud de la paciencia, que tengamos coraje y conozcamos nuestras propias debilidades antes de juzgar y condenar las de los otros. La fealdad, la maldad, la cobardía, el comodismo, la envídia, la ambición, la vanidad, la inseguridad.... Todas estas cosas forman parte de nuestra humanidad y tenemos primero que reconocerlas y aceptarlas en nosotros mismos, tenemos que aprender a lidiar con ellas si no podemos derrotarlas, controlarlas y transformarlas en material para lecciones positivas, para así poder usar la comprensión, la sabiduría y la compasión con los demás cuando estén siendo víctimas de sus propios errores. Sólo teniendo esta consciencia y pasando nosotros mismos por la experiencia estaremos realmente completos, pues el todo que somos está formado por el bien el mal, por la luz y las sombras, este es un hecho que no podemos ignorar, ya que es inherente a nuestra condición humana y falible. Los defectos, en realidad, deben ser utilizados como experiencias que en determinados momento se transforman en grandes lecciones, y no en castigos, como estamos acostumbrados a creér... Para entender y perdonar a los otros primero tenemos que entender y perdonarnos a nosotros mismos y comprender que, si fuimos hechos de contradicciones no fué por um mero capricho, sino porque uno de los opuestos le dá sentido al otro, le dá propósito, pues si no conocemos la fealdad, cómo sabremos lo que es la belleza? Si no vivenciamos el egoísmo y la maldad, cómo sabremos distinguir el altruísmo y la bondad? Si no encaramos nuestras sombras, cómo podremos ser capaces de reconocer la luz que puede salvarnos?... Las semillas de todos los vícios y de todas las virtudes ya están dentro de nosotros, entonces lo que nos resta es escoger cuáles sembrar, cuáles cultivar y cuáles arrancar, pero, antes que nada, tenemos que aprender a reconocerlas.
El ser humano es un enmarañado -a veces muy enredado- de opciones positivas y negativas, y tiene la oportunidad única de tomar sus decisiones personales, que llevará a cabo a través de sus actos, que tanto puedem construir como destruir a ele mismo o a otros. Sin embargo, y a pesar de lo que pueda parecer, todas las opciones son, de una forma o de otra, útiles. Todos tenemos días de ángel y días de demonio, pero esto no debe amedrentarnos o desanimarnos, sino fortalecernos y transformarnos en verdaderos e incansables luchadores. Es imprescindible conocer y travar intimidad con la vastitud del ser humano para lidiar con él con justicia y no condenarlo, porque nosotros somos ese ser humano también.
Para madurar es vital que aprendamos a ser compasivos y comprensivos, que desenvolvamos la virtud de la paciencia, que tengamos coraje y conozcamos nuestras propias debilidades antes de juzgar y condenar las de los otros. La fealdad, la maldad, la cobardía, el comodismo, la envídia, la ambición, la vanidad, la inseguridad.... Todas estas cosas forman parte de nuestra humanidad y tenemos primero que reconocerlas y aceptarlas en nosotros mismos, tenemos que aprender a lidiar con ellas si no podemos derrotarlas, controlarlas y transformarlas en material para lecciones positivas, para así poder usar la comprensión, la sabiduría y la compasión con los demás cuando estén siendo víctimas de sus propios errores. Sólo teniendo esta consciencia y pasando nosotros mismos por la experiencia estaremos realmente completos, pues el todo que somos está formado por el bien el mal, por la luz y las sombras, este es un hecho que no podemos ignorar, ya que es inherente a nuestra condición humana y falible. Los defectos, en realidad, deben ser utilizados como experiencias que en determinados momento se transforman en grandes lecciones, y no en castigos, como estamos acostumbrados a creér... Para entender y perdonar a los otros primero tenemos que entender y perdonarnos a nosotros mismos y comprender que, si fuimos hechos de contradicciones no fué por um mero capricho, sino porque uno de los opuestos le dá sentido al otro, le dá propósito, pues si no conocemos la fealdad, cómo sabremos lo que es la belleza? Si no vivenciamos el egoísmo y la maldad, cómo sabremos distinguir el altruísmo y la bondad? Si no encaramos nuestras sombras, cómo podremos ser capaces de reconocer la luz que puede salvarnos?... Las semillas de todos los vícios y de todas las virtudes ya están dentro de nosotros, entonces lo que nos resta es escoger cuáles sembrar, cuáles cultivar y cuáles arrancar, pero, antes que nada, tenemos que aprender a reconocerlas.
El ser humano es un enmarañado -a veces muy enredado- de opciones positivas y negativas, y tiene la oportunidad única de tomar sus decisiones personales, que llevará a cabo a través de sus actos, que tanto puedem construir como destruir a ele mismo o a otros. Sin embargo, y a pesar de lo que pueda parecer, todas las opciones son, de una forma o de otra, útiles. Todos tenemos días de ángel y días de demonio, pero esto no debe amedrentarnos o desanimarnos, sino fortalecernos y transformarnos en verdaderos e incansables luchadores. Es imprescindible conocer y travar intimidad con la vastitud del ser humano para lidiar con él con justicia y no condenarlo, porque nosotros somos ese ser humano también.
terça-feira, 8 de março de 2011
Espejismos, disculpas y mitos
Con este negocio del carnaval -que, como extranjera que se precia, no consigo entender todavía. Cómo es posible que un desfile de escuelas de samba pare un país durante cuatro días y medio?- y con la presentación del musical este fin de semana, para variar, la publicación de las crónicas se quedó de lado. Pero como toda esta fiesta loca nos dá dos días y medio de descanso -descontando el sábado y el domingo en que tuve que trabajar- voy a aprovechar este martes para postar la crónica de la semana. Me queda sólo más un fin de semana libre, porque las clases en la fundación empiezan el dia 14, lo que significa que mis domingos de descanso se van a acabar. Pero no estoy disgustada por eso, porque me encanta mi trabajo. Me siento completamente feliz y realizada dando aulas, escribiendo y montando piezas, ensayando y presentando. Estoy aburrida, eso sí, de permanecer en mi sala sin hacer nada, sólo para cumplir mi horario, llenando algunas fichas de matrícula que, a propósito, están bien disminuidas, supongo que debido a los rumores idiotas de que, por causa de la dimisión de los profesores en el fin del año pasado, la fundación iría a cerrar y no ofrecería más clases de nada, y la cosa vá por ahí... Por favor, no?... Y lo peor fué que hubo mucha gente que se lo creyó y no apareció para matricularse, inclusive quienes ya hacían algún curso aquí. Mas confío que cuando las actividades empiecen y todos véan que las cosas continúan funcionando como siempre, mismo un poco atrasadas por cuenta de las pruebas selectivas para la contratación de nuevos prodesores, decidan aparecer para matricularse. Este año quiero tener muchos alumnos nuevos, descubrir talentos, escribir y montar piezas de calidad y también, quién sabe, transformar la vida de algunos... Sólo espero tener alguien que me ayude con esas cosas de burocracia y logística con las cuales yo lido tan penosamente!... Ahí, todo estaría perfecto!.
Realmente quería que lloviera, porque o calor está insoportable, pero no estas gotas tímidas que apenas refrescan el aire para después tornarlo más sofocante y húmedo al evaporarse bajo los inclementes rayos del sol. Quería que el água cayera a los torrentes y lavara las calzadas y los muros, los tejados, los árboles, las calles y plantaciones, los pecados y las angustias del mundo... Sentada aquí en el garage, meciendome bien levemente en la hamaca, observo la llovizna que desaparece en las baldosas hirvientes y me pregunto hasta cuándo una planta crece sin ser regada, hasta dónde podemos sostenernos sin la bendición del amor, si su presencia puede realmente reerguernos y colocarnos de vuelta en el camino; me pregunto hasta dónde podemos luchar solos.... Sin embrago, el rumor casi imperceptible de esta lluvia tan tímida me recuerda de alguna forma la presencia constante de Dios que, mismo sin ser notada, actúa y nos vigila amorosamente, nos reconforta, nos ilumina y nos sostiene. Por eso nunca estamos verdaderamente solos, a pesar de tener con tanta frecuencia esta terrible sensación delante de algunos desafios y probaciones. Hasta dónde ir? Cómo actuar? Cuál es la opción, el momento cierto? Qué sucederá después? Cuánto de nosotros podemos exponer sin herirnos o causar resentimiento en los otros? Existen realmente riesgos o es todo una ilusión pintada por nuestra falta de fé? Son tan sólo espejismos, disculpas y mitos lo que nos detiene en nuestra caminada? Nada nos impediría si realmente creyésemos? O nos faltaría el sentido común y acabaríamos equivocandonos por exceso de confianza y vanidad? Pienso que creér no quiere decir ser pretensioso o fuera de la realidad. Hay que creér, sí, pero con los piés en la tierra para que más tarde no culpemos a los demás por nuestros fracasos (que habrían sido tan fácilmente detectados si hubiéramos tenido un poquito de sentido común!) Dios siempre vé y susurra en nuestros oídos cuando el peligro está adelante, es un hecho que no podemos negar, pero nosotros tendemos a pensar que retroceder o cambiar de idéa, desistir o tomar otro rumbo son síntomas de cobardía, de debilidad, de inmadurez, de falta de ambición y garra... Pero no sería justamente lo contrario, una muestra de madurez y lealtad para con nosotros mismos?...
Escucho los truenos, diviso las explosiones de luz entre las nubes cargadas... La tempestad, finalmente, se aproxima... Créo que vá a caer realmente un diluvio, entonces es mejor entrar y ver el espectáculo desde la ventana de la sala... Siempre digo que las gotas de lluvia son como besos de Dios sobre esta tierra resecada en que el corazón de los hombres está transformandose, pero viendo el tamaño del aguacero que se avecina, diría que más parece un abrazo de oso.
Realmente quería que lloviera, porque o calor está insoportable, pero no estas gotas tímidas que apenas refrescan el aire para después tornarlo más sofocante y húmedo al evaporarse bajo los inclementes rayos del sol. Quería que el água cayera a los torrentes y lavara las calzadas y los muros, los tejados, los árboles, las calles y plantaciones, los pecados y las angustias del mundo... Sentada aquí en el garage, meciendome bien levemente en la hamaca, observo la llovizna que desaparece en las baldosas hirvientes y me pregunto hasta cuándo una planta crece sin ser regada, hasta dónde podemos sostenernos sin la bendición del amor, si su presencia puede realmente reerguernos y colocarnos de vuelta en el camino; me pregunto hasta dónde podemos luchar solos.... Sin embrago, el rumor casi imperceptible de esta lluvia tan tímida me recuerda de alguna forma la presencia constante de Dios que, mismo sin ser notada, actúa y nos vigila amorosamente, nos reconforta, nos ilumina y nos sostiene. Por eso nunca estamos verdaderamente solos, a pesar de tener con tanta frecuencia esta terrible sensación delante de algunos desafios y probaciones. Hasta dónde ir? Cómo actuar? Cuál es la opción, el momento cierto? Qué sucederá después? Cuánto de nosotros podemos exponer sin herirnos o causar resentimiento en los otros? Existen realmente riesgos o es todo una ilusión pintada por nuestra falta de fé? Son tan sólo espejismos, disculpas y mitos lo que nos detiene en nuestra caminada? Nada nos impediría si realmente creyésemos? O nos faltaría el sentido común y acabaríamos equivocandonos por exceso de confianza y vanidad? Pienso que creér no quiere decir ser pretensioso o fuera de la realidad. Hay que creér, sí, pero con los piés en la tierra para que más tarde no culpemos a los demás por nuestros fracasos (que habrían sido tan fácilmente detectados si hubiéramos tenido un poquito de sentido común!) Dios siempre vé y susurra en nuestros oídos cuando el peligro está adelante, es un hecho que no podemos negar, pero nosotros tendemos a pensar que retroceder o cambiar de idéa, desistir o tomar otro rumbo son síntomas de cobardía, de debilidad, de inmadurez, de falta de ambición y garra... Pero no sería justamente lo contrario, una muestra de madurez y lealtad para con nosotros mismos?...
Escucho los truenos, diviso las explosiones de luz entre las nubes cargadas... La tempestad, finalmente, se aproxima... Créo que vá a caer realmente un diluvio, entonces es mejor entrar y ver el espectáculo desde la ventana de la sala... Siempre digo que las gotas de lluvia son como besos de Dios sobre esta tierra resecada en que el corazón de los hombres está transformandose, pero viendo el tamaño del aguacero que se avecina, diría que más parece un abrazo de oso.
Assinar:
Postagens (Atom)