Aleluya!!!!!...
Pero no se asusten, que esta exclamación no se debe a ningún tipo de éxtasis, revelación o conversión mística. Se trata simplemente de una expresión normal de la más pura felicidad de una pobre mortal que, después de una semana de agonía y dudas angustiantes, consigue entrar en la internet... Me lo pasé la semana pasada entera tratando de descubrir por qué no conseguia conectarme a pesar de haber revisado un millón de veces cada enchufe, cabo, interruptor y botón que tuviera algo que ver con el computador. Llamé a medio mundo pidiendo ayuda, inclusive al técnico de la tienda donde compré este computador, a pesar de estar cierta de que el problema no era él, y nada... Entonces, justo cuando ya estaba empezando a entrar en profunda crisis existencial, fuí a telefonear al local que mantiene la torre de recepción más cercana, como última y remota posibilidad de solucionar aquella novela mejicana, y al levantar el fono de la extensión que está en mi cuarto, me dí cuenta de que estaba con una estática terrible. Poco después, comenzó a hacer eco y todo tipo de ruiditos misterioros e inexplicables. Pensé que era debido a las últimas lluvias, pues los cabos podrían estar mojados o algo así, entonces llamé al electricista, que vino al día siguiente, sudando a mares, y casi me dejó la casa patas arriba buscando el defecto. No estábamos llegando a nada cuando, de repente, tuvo la inspiración divina de salir al patio para revisar el cabo que traía la electricidad del teléfono principal que está en la sala hasta mi pieza, y que viene junto a la pared externa. Y fué entonces que el milagro sucedió, porque el buen maestro se dió cuenta de que aquel cabo -que él mismo había colocado hacía menos de un año- y que me juró que era ultra-mega-putz de resistente, no era, a final de cuentas, taaaan ultra-mega-putz resistente así, porque estaba todo oxidado y quebrado en varias partes por causa de la lluvia y el sol contínuos... Y claro, sin electricidad llegando a la extensón de mi cuarto, nada de internet!... Pidiendome todo tipo de disculpas y sudando más todavía, corrió a la tienda y compró más cabo y algunos metros de canaletas para protegerlo de la intempérie y en poco menos de una hora instaló todo y... voilá! Aquí estoy, resurgida de entre los muertos, con mi internet funcionando rápida y eficientemente, devolviendome la comunicación con el mundo... Ufa, mas qué drama! Ahora ya sé que cuando el teléfono empiece a chirriar es hora de cambiar el cabo porque está oxidado o quebrado, entonces, la próxima vez no voy a sufrir todo esto.
Y yendo a lo que nos interesa, aquí vá la crónica de esta semana:
Es una cosa que siempre me llamó la atención y que no me canso de observar: las nubes cambian de forma y lugar encima de nuestras cabezas todo el tiempo y nosotros no nos damos cuenta y perdemos este espectáculo simplemente porque no miramos hacia el cielo. No solamente nuestros piés están presos en el suelo, sino también nuestros ojos y pensamientos. Si prestáramos atención, veríamos por cuántas trasformaciones sutiles o dramáticas pasan y cómo son bellas, efímeras y juguetonas! Se ponen grises o plateadas antes del amanecer, anaranjadas o rojas cuando reflejan los rayos del sol, enceguecedoras cuando acogen a la luna, negras y densas cuando están preñadas de tormentas. Se juntan y se deshacen en algunos minutos, dóciles, según la voluntad del viento, su gran compañero, creando mil formas fantásticas e instigantes, aparecen en algún lugar, tal vez durante la noche, y se desvanecem tan discretamente como llegaron, se vuelven hilachas de algodón, vapor, espejismo sobre los campos y las ciudades. Amenizan el calor, anuncian la lluvia, esconden los picos más altos y pasean por los valles más profundos salvajes. Parecen sólidas esculturas y, a pesar de ello, no poséen consistencia alguna; son como espejismos, poderosas y frágiles al mismo tiempo. Nada dicen, pero traen infinitos mensajes para el hombre que sabe interpretarlas. A veces parecen tan cercanas que tenemos la sensación de que si damos un salto podríamos tocarlas, mas, a pesar de todos nuestros esfuerzos y fantasías, no conseguimos atraparlas y llevarlas para casa para hacer una fiesta de algodón y esconde-esconde... Pero no hay problema, a ellas no les importa, pues son democráticas y no tienen dueño -ni deséan tenerlo-entonces todo el mundo puede verlas y quedarse un tiempo elucubrando sobre sus formas y su destino o su punto de origen.
Y yo reflexiono, mientras las contemplo sentada en un banco de la plaza: No es nuestra existência, con sus glorias y miserias, sus monstruos y ángeles, sus desafios, angustias, milagros, revelaciones y misterios, con sus cambios, interrogantes y brevedad semejante a las nubes? No son ellas, en su volubilidad, parecidas a nuestro corazón, que un día están enamorados y otro día son tomados por el odio? No son estas figuras blancas como nuestros sueños, que de repente se desvanecen; como nuestra tristeza, que el viento de la fé puede soplar lejos? No tienen ellas ese aire majestuoso cuando se abren y revelan el sol, así como cuando nosotros amamos revelamos lo mejor de nosotros mismos?... Sin embargo, para verlas es necesario que miremos al cielo. Y para vernos a nosotros mismos y a los otros, tenemos que mirar el cielo dentro de nosotros, pues es allí que yace la verdadera forma de las nubes.
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sábado, 2 de abril de 2011
segunda-feira, 1 de fevereiro de 2010
Ballenas azules
Bueno, dicen por ahí que todo lo que es bueno, termina -menos mal que hay siempre más, verdad?- y sólo para confirmar este dicho infeliz, mis vacaciones acaban este jueves. Bueno, en realidad parece un chiste retornar al trabajo un viernes y, una semana después, parar de nuevo por causa del feriado de Carnaval (siempre me pregunto por qué este país no toma una actitud razonable y empieza el año escolar, comercial, político y cultural después del carnaval ya que, de todos modos, todo para durante esos días) pero como la burocracia impera orgullosa e irreductible en todo órgano público que se precie, acá estoy yo, volviendo a la fundación -y sin conocer mi destino todavía porque con los cortes en el presupuesto todos los proyectos dejaron de existir- en pleno viernes para decir: "Hola!", y tratar de encontrar un rincón para pasar la tarde sin hacer nada... Bueno, puede ser que mi jefe ya haya pensado alguna cosa para mí y me llame para ponerme a trabajar de inmediato, pero como ese momento no llegó, no voy a desperdiciar mi tiempo y mi creatividad, mi tranquilidad y mis últimos días de relajamiento y glicemia baja, preocupandome con este asunto... Es divertido, pero en los últimos días de vacaciones uno empieza a volverse loquito de ganas de volver a trabajar porque no aguanta más quedarse en la casa sin hacer nada, pero como estas vacaciones han sido muy productivas y relajantes para mí, no tengo ni un poco de ganas de regresar, a pesar de adorar mi trabajo... que espero poder realizar a contento este año, porque otro como el que pasó, ni muerta!...
El otro día abrí los blogs de cuentos y me encontré con tres visitas (calma, mi hijo puso la misma cara, pero recuerden que los abrí solamente hace dos semanas!) lo que me dejó totalmente animada, entonces hoy voy a postear el primer capítulo del segundo cuento. Hoy no los abrí aún, lo que significa que puedo tener otra sorpresa agradable. Al final, la esperança es la última que muere, no es verdad?.
Como inmensas ballenas azules, las nubes surcan pesadamente el cielo gris sobre nuestras cabezas y algunas gruesas gotas de lluvia ya chocan contra el vidrio da la ventana entreabierta... Las contemplo desde el suelo, donde estoy tendida sobre un colchoncillo, y su vista me trae sensaciones y recuerdos de algo indefinido... De mi infancia, tal vez; el cielo infinito e inmaculadamente limpio sobre el desierto y los solitarios rieles del tren de los mineros. La ventanía indomable de Quinteros. Los bosques de pinos susurrando y embalsamendo el aire con su perfume picante y salvaje. Las calles de Santiago y sus mil alambres y vitrinas, los buses y las personas arrebujadas en sus abrigos. El mar azul, verde, gris, anaranjado, en eterno movimiento, empujando su sal y su olor hacia las playas de arenas amarillas... Pienso en todo esto, y en las formas que la vida toma para comunicarse con nosotros, para enseñarnos e interactuar con nuestra historia. Y pienso en las formas que mi vida vá asumiendo, conforme los acontecimientos. Formas lentas, completas, de movimientos grandes y suaves, llenas de mudanzas sutiles, pero definitivas, tal cual as ballenas en el cielo o la entrada del otoño, cuando el escenario se transforma y pinta nuevos paisajes, trae otras temperaturas, días de viento y sol, de lluvias repentinas, de hojas amarillas e rojas, tazas de té y veladas junto al fuego... El pasaje del verano para el invierno. El tránsito que es el vehículo para las definiciones. El eterno movimiento que transforma, irreversiblemente, todo lo que vive. Todo lo que se mueve cambia, no vuelve atrás, siempre renace, construye, crece...
Estoy sola en la sala, tendida en el suelo, esperando a mi próxima alumna -que, por lo visto, no vendrá, ciertamente por causa de las ballenas azules que toman cuenta del cielo- El edificio está en absoluto silencio. Mi corazón latiendo parece ser la única cosa viva allí, que se mueve y procura algo en las sombras calladas. Tal vez el próximo capítulo de mi historia? Pero, eso es posible? Hay cómo saber lo que viene después, o es todo como aquellas nubes que ahora son ballenas, ahora pájaros, árboles o borboletas, caballos o ángeles? Cada foma depende de la velocidad y la dirección en que el viento sopla, así como nuestro futuro depende de lo que hacemos en el presente, de cómo y por qué lo hacemos, de lo que pretendemos. Las nubes se rinden al viento. Nosotros nos rendimos a los planos de Dios...
De repente, una bandada de golondrinas invade el cielo gris. Las ballenas se deshacen perezozamente, y van a nadar sobre otros lugares... Mi vida camina, serena, en permanente transformación, a veces silenciosa, a veces ruidosa, veloz o lenta, brillante o poblada de sombras. Siento que las cosas se aproximan y créo que estoy preparada para recibirlas, no importa cuáles séan pues, como las ballenas azules en el firmamento, soy capaz de transformarme, de moldearme, de construirme o desconstruirme sin perder nunca mi escencia.
El otro día abrí los blogs de cuentos y me encontré con tres visitas (calma, mi hijo puso la misma cara, pero recuerden que los abrí solamente hace dos semanas!) lo que me dejó totalmente animada, entonces hoy voy a postear el primer capítulo del segundo cuento. Hoy no los abrí aún, lo que significa que puedo tener otra sorpresa agradable. Al final, la esperança es la última que muere, no es verdad?.
Como inmensas ballenas azules, las nubes surcan pesadamente el cielo gris sobre nuestras cabezas y algunas gruesas gotas de lluvia ya chocan contra el vidrio da la ventana entreabierta... Las contemplo desde el suelo, donde estoy tendida sobre un colchoncillo, y su vista me trae sensaciones y recuerdos de algo indefinido... De mi infancia, tal vez; el cielo infinito e inmaculadamente limpio sobre el desierto y los solitarios rieles del tren de los mineros. La ventanía indomable de Quinteros. Los bosques de pinos susurrando y embalsamendo el aire con su perfume picante y salvaje. Las calles de Santiago y sus mil alambres y vitrinas, los buses y las personas arrebujadas en sus abrigos. El mar azul, verde, gris, anaranjado, en eterno movimiento, empujando su sal y su olor hacia las playas de arenas amarillas... Pienso en todo esto, y en las formas que la vida toma para comunicarse con nosotros, para enseñarnos e interactuar con nuestra historia. Y pienso en las formas que mi vida vá asumiendo, conforme los acontecimientos. Formas lentas, completas, de movimientos grandes y suaves, llenas de mudanzas sutiles, pero definitivas, tal cual as ballenas en el cielo o la entrada del otoño, cuando el escenario se transforma y pinta nuevos paisajes, trae otras temperaturas, días de viento y sol, de lluvias repentinas, de hojas amarillas e rojas, tazas de té y veladas junto al fuego... El pasaje del verano para el invierno. El tránsito que es el vehículo para las definiciones. El eterno movimiento que transforma, irreversiblemente, todo lo que vive. Todo lo que se mueve cambia, no vuelve atrás, siempre renace, construye, crece...
Estoy sola en la sala, tendida en el suelo, esperando a mi próxima alumna -que, por lo visto, no vendrá, ciertamente por causa de las ballenas azules que toman cuenta del cielo- El edificio está en absoluto silencio. Mi corazón latiendo parece ser la única cosa viva allí, que se mueve y procura algo en las sombras calladas. Tal vez el próximo capítulo de mi historia? Pero, eso es posible? Hay cómo saber lo que viene después, o es todo como aquellas nubes que ahora son ballenas, ahora pájaros, árboles o borboletas, caballos o ángeles? Cada foma depende de la velocidad y la dirección en que el viento sopla, así como nuestro futuro depende de lo que hacemos en el presente, de cómo y por qué lo hacemos, de lo que pretendemos. Las nubes se rinden al viento. Nosotros nos rendimos a los planos de Dios...
De repente, una bandada de golondrinas invade el cielo gris. Las ballenas se deshacen perezozamente, y van a nadar sobre otros lugares... Mi vida camina, serena, en permanente transformación, a veces silenciosa, a veces ruidosa, veloz o lenta, brillante o poblada de sombras. Siento que las cosas se aproximan y créo que estoy preparada para recibirlas, no importa cuáles séan pues, como las ballenas azules en el firmamento, soy capaz de transformarme, de moldearme, de construirme o desconstruirme sin perder nunca mi escencia.
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