sábado, 15 de agosto de 2015

"Asuntos pendientes"

    Y después de un breve intervalo por causa de la cirugía de mi hija -a quien hora estoy dedicada a regalonear, por lo menos hasta el mañana- estoy de vuelta, inclusive con cuentos nuevos mañana. Gracias a Dios todo salió bien y ella está empezando a sentirse mejor y eso es lo que realmente importa... ¿Caro? ¿Barato?... ¿Qué es eso para una madre que sólo desea el bien de sus hijos?... Estoy feliz y aliviada, porque no hay nada peor para uno que sentirse impotente frente al dolor de un hijo. Y con esto, la inspiración ha regresado, entonces, ¡aquí voy!...



    Veía el otro día una película sobre la historia de cinco mujeres con cáncer y la manera en que cada una lo enfrentaba. Unas sobrevivieron, otras no. Pero lo que todas tenían en común era el deseo de estar bien con aquellos que los rodeaban: familia, padres, amigos, hermanos. Lo más importante, en un cierto punto, no era lo que poseían, lo que habían hecho o podrían hacer o lograr en el tiempo que les quedaba, sino las relaciones, el cariño, la sinceridad, la compañía y el consuelo y apoyo de los demás.
    No ha sido la primera vez que he visto historias así, y todas coinciden en el mismo punto: la importancia del amor cuando se llega al fin, sea por una enfermedad o por el proceso natural de la vejez. En esos momentos, todo lo demás pierde importancia. Concertar los asuntos del corazón y del espíritu y rodearse de personas que se ama parece ser vital. Es decir, si ellas ya son importantes cuando estamos sanos y somos jóvenes, qué decir si somos afectados por una enfermedad terminal o llegamos a la edad en que empezamos a depender de los otros.
   Es hasta divertido ver cuánto luchamos a lo largo de nuestra vida para tener cosas, para realizar acciones importantes que, al final, pueden no significar nada si estamos solos o tenemos asuntos pendientes con alguien. Hacer y poseer es bueno, desde que tengamos con quien compartirlo, sobre todo al final de nuestra vida.

domingo, 2 de agosto de 2015

"Fachadas"

    Aprovechando este día lluvioso al lado de la estufa, voy a sentarme a escribir porque ya tengo algunos otros cuentos en la cabeza. Hoy habrán otros tres para que ustedes también se sienten al lado de la estufa a leer, con una tacita de té y unas tostadas. ¡Vayan a pazaldunate-historias.blogspot.com y pásenlo bien!
    Y por ahora, aquí va la crónica de la semana, un poco más larga que lo habitual. Debe ser el frío y la lluvia que me inspiran...


    Y al final, era pura fachada... Pero cuando yo pasaba, dos o tres cuadras más abajo, y  miraba, e veía realmente impresionante con sus dos torres coloniales y su campanario coronado por la bella cruz de metal trabajado. Debía ser una cosa linda por dentro, llena de reliquias, conservada como patrimonio histórico de la ciudad, con baldosas, pilares, altares y estatuas originales. Al vez hasta tuviera un púlpito de esos de madera labrada y el techo pintado a mano con imágenes de santos y ángeles... Todas las veces que pasaba por la esquina y distinguía sus torres al fondo, gallardas  e imponentes entre los edificios modernos y el tráfico ensordecedor, me decía que planearía una visita especial, con tiempo suficiente para disfrutar cada rincón y hasta sacar algunas fotos para postear en mi face y mostrarle a mis amigos las bellezas bien conservadas de Santiago.
    Demoré, pero finalmente me organicé, hice la siesta más corta y fui a conocer la iglesia de Santa Ana. ¡Debía ser importante, ya que hasta una estación del metro habían construido, con salida a la puerta del atrio de la iglesia!... Cuando llegué, me encontré con una simpática y florida plazoleta junto al patio de la parroquia, cercado por una reja verde. Viéndola así, más de cerca, parecía bastante maltratada, con la pintura descascarada y las paredes enmohecidas. La puerta por la que entré estaba opaca y arañada, un poco chueca. Tal vez estaba medio descuidada porque era una puerta lateral, pensé, mientras adentraba, finalmente, en aquel baúl de tesoros.
    ¡Pero qué decepción me llevé!... Por dentro daba la impresión de que uno había entrado al lugar equivocado... No había nada: ni santos, ni altares, ni pinturas o candelabros, no había púlpito, obras de arte en el techo, columnas labradas, baldosas originales... Apenas bancos de madera burda, altares vacíos, quebrados, parches de yeso blanco en las paredes, cables eléctricos cruzando la nave entras, unas luces hechizas que le daban un aire tétrico al recinto. No había un altar mayor con una cruz o alguna imagen sagrada, apenas un mesón tosco cubierto con un paño blanco ordinario, sin bordados, sin flores, y al fondo una pared de madera beige que no llegaba al techo -donde estaba pegado un afiche sobre las misiones y las vacaciones. Atrás, aparecía una red negra cubriendo el espacio entre la pared de compensado y la bóveda. Más atrás, las siluetas de algunos andamios... Yo estaba desolada, pero al ver los andamios y las armazones de metal, me di cuenta de que estaban arreglando la iglesia, entonces tal vez todo aquel vacío, aquel desorden y precariedad se debiesen a eso. No era el momento de visitarla, de querer encontrar belleza, historia, arte. Tendría que esperar un poco y, a pesar de la decepción, salí de allí pensando que, con certeza, valdría la pena y toda esta fealdad sería olvidada cuando el trabajo estuviera terminado.
    Pero también salí reflexionando sobre otras cosas. ¿No hay a veces personas que se parecen a esta iglesia?... Una fachada imponente, pero con el interior vacío y remendado, lúgubre, sin nada a ofrecer a no ser lo básico. ¡Qué decepción nos llevamos entonces! Damos media vuelta y abandonamos a esa persona sin pensar que -como la iglesia de Santa Ana-  ella podría estar en reforma, podría tener arreglo, podría quedar bella y acogedora. Todo esto si alguien decidiera invertir en esta remodelación. Las personas a veces pasan por procesos que desconocemos y para los cuales no tenemos la paciencia o la compasión para descubrir y participar. Nadie diría -por la fachada- que la parroquia estaba con tantos problemas. Sólo entrando para darse cuenta y, en vez de retirarse, permanecer para ayudar, como aquellos feligreses que participaban de la misa ese domingo en que yo fui.
    Sí, hay que entrar, hay que asustarse, conmoverse, decepcionarse, pero luego hay que respirar hondo y disponerse a ayudar, pues sólo así la construcción no se derrumbará.

domingo, 26 de julho de 2015

"Las historias por detrás"

    Un poquitín atrasada, pero aquí estoy, cumpliendo con mi ritual de la semana. Es que anduve medio ocupada y entre ayer y hoy tuve un verdadero ataque de inspiración, entonces me dediqué a escribir todos los cuentos que se me ocurrieron -¡y siguen ocurriéndoseme!- antes de que se me olvidaran, porque no hay nada peor que tener una idea y, por no trabajar en ella luego, se te olvide... Eso es la muerte. Inclusive, conseguí acordarme de una que había anotado y no conseguía recordar porque dejé el apunte que hice demasiado tiempo en remojo... Pero hoy estoy feliz, porque quebré mi propio record: ¡11 cuentos cortos en dos días!... Tengo material para dos o tres semanas, porque tampoco quiero atiborrarlos con tanta historia de una vez, verdad?... Entonces, vean si se dan un tiempito y van a pazaldunate-historias.blogspot.com y las leen.
    Por el momento, aquí va la crónica de la semana. Espero que la disfruten!


    Siempre me han fascinado las historias por detrás delas personas y sus actitudes y opciones, porque es en ellas donde podemos descubrir quiénes son y por qué hacen lo que hacen y están donde están... No recuerdo si en Brasil había tanta divulgación de este tipo de cosa, pero sé que aquí en Chile aparecen a cada rato programas de televisión, revistas y periódicos, y todas ellas logran tocarme y conmoverme profundamente porque tienen algo de heroico, de ingenuo, de esperanza y fe que parece mover a sus protagonistas y que los vuelve dignos de admiración.
    El otro día estaba viendo un programa de talentos en el cual se contaba la historia de los participantes y cómo llegaron hasta el escenario. Yo estaba un poco impaciente porque la calidad de los supuestos artistas no era nada buena. Eran personas pobres, ignorantes, feas, mal vestidas, que venían de lugares distantes, de poblaciones, de villas o áreas de la periferia donde vivían al tres y al cuatro con la delincuencia, la falta de estructura y los desastres familiares y municipales. En las filmaciones, los escenarios parecían todos iguales: pasajes con plazas sucias y agonizantes, casas diminutas y atiborradas, con paredes rojas y verde limón, patios desordenados y llenos de cachivaches, veredas quebradas, mercaditos en garages... Pero de repente, no sé por qué, todo esto empezó a cautivarme, a conmoverme, a hacer sentido. Los testimonios, los rostros, las habitaciones, las calles... Y poco a poco me fui envolviendo, empatizando, consiguiendo ponerme en el lugar de estas personas y empezando a entender sus sueños, sus intenciones, sus ansias, sus pequeños e invaluables éxitos... Y de pronto me di cuenta de cuál era la verdadera intención de aquel programa de talentos. Pues justamente lo que yo veía y sentía en ese momento: darle aliento a un sueño -aunque éste no estuviese acompañado de un gran talento- cambiarle la vida y las perspectivas  esta gente, brindarles su pequeño instante de gloria y brillo para que pudieran seguir adelante, para que continuaran creyendo en ellos mismos. Había que tener una cierta capacidad, un nivel mínimo para subirse al escenario, sin embargo, percibí que aquello no era realmente lo primordial para participar. Era más bien una "fachada", la disculpa para entrar en la vida de esta gente y cambiarles un poco su existencia dura y sacrificada, con tan pocos placeres y recompensas. Y lo más genial era que la mayoría de los participantes eran personas así, necesitadas, luchadoras, a su manera idealistas, valientes y optimistas. Entonces, el programa funcionaba como miel para las abejas... ¡Y cómo hay de estas abejas en el mundo!.
    A partir de ese momento, toda mi perspectiva sobre el programa cambió radicalmente. Ya no me fijaba en lo desafinado que cantaban o lo mal vestidos que estaban, sino en la historia de coraje, fe y persistencia de cada uno. Definitivamente, tenía mucho que aprender de ellos.
   

domingo, 19 de julho de 2015

"El bien de los otros"

    Preguntas, muchas preguntas, algunas de ellas con respuestas, otras no, por lo que la incertidumbre y las contradicciones sobre algunos temas continúa, entonces supongo que es momento de practicar la paciencia y la fe, esperar señales, personas, encuentros, revelaciones... Esto nos pasa  a todos, es parte de nuestra condición humana y pasar por estas pruebas sólo nos fortalece y nos vuelve más sabios y compasivos, sobre todo con nosotros mismos. Así, hay que continuar viviendo cada día, uno a uno, con todo lo que él nos trae de positivo y negativo, hay que encontrar salidas, usar la creatividad, el equilibrio, el buen humor y el optimismo, porque no hay mal que dure cien años, ¿verdad?....
    Y con esta chispa de esperanza en una luz al final de este túnel, aquí va la de la semana. No hay desesperación, sólo inquietud, curiosidad, expectativa y a veces, lo admito, algo de impaciencia, pero supongo que es normal. Y para combatirla, esta semana me voy a dedicar a escribir más cuentos cortos, ¡entonces prepárense para el fin de semana que viene, porque habrá novedades!


    ¿Quiero mejorar mi día? ¿Levantarme el ánimo? ¿Mirar la cosas bajo un nuevo angulo? ¿Sentirme optimista, contenta, leve, conectada con todo y todos, en paz?... Pues es muy fácil: basta hacer una buena acción. Puede ser cualquiera, no tiene que ser algo grandioso, que llame la atención, transforme el mundo o nos haga famosos. Es suficiente con que le facilitemos la vida a alguien, ni que sea en algo tan banal como desearle buen día o sujetar la puerta del ascensor... ¡Es tan fácil y nos deja con una sensación tan agradable! Cambia por completo nuestra energía, nuestra disposición, nuestro humor. Nada mejor que salir un poco de nuestro mundo y nuestros problemas para darnos cuenta de la suerte que tenemos, de nuestra capacidad y nuestra compasión para ayudar, de que somos necesarios y útiles, de que tenemos un grano de responsabilidad en la felicidad de los demás, conocidos o desconocidos. Es un momento, un gesto, una palabra, a veces basta una mirada o una sonrisa y ya habremos hecho nuestra parte sin que nos cueste nada. Lo único que necesitamos es estar en esta disposición constante, atentos y accesibles.
    Tenemos que aprender y practicar que el bien de los otros curiosamente, es nuestro propio bien, pues cuando éste se propaga el mundo se vuelve un lugar mejor para todos.

domingo, 12 de julho de 2015

"Sombras invisibles"

    Y después de un pequeño problema con la internet, ya resuelto, aquí estoy de vuelta, en un día obscuro, frío y finalmente lluvioso. Vamos a ver si con esta tormenta (¡50 milímetros en un solo día!) la calidad del aire mejora y dejamos de estornudar, lagrimear y toser. Y también, por fin, nuestra bella cordillera se cubre de blanco y nos brinda ese espectáculo majestuoso y único...


    Es increíble cómo no sacamos nada con engañarnos. Mismo sintiéndonos completamente convencidos de que estamos siendo sinceros y leales, si esto no es realmente verdad, el nudo que nos aprieta no se deshará. A veces creemos que resolvimos todos los puntos de un problema y no entendemos por qué las cosas no funcionan, por qué no nos sentimos mejor, por qué continuamos estancados, sin que se nos ocurra que, si esto está sucediendo, con certeza es porque se nos quedó algo atrás, tal vez tan profundamente escondido o disfrazado que no nos dimos cuenta... Entonces, es momento de parar y reflexionar, observar, viajar más hondo dentro de nosotros mismos y tratar de desentrañar esta parte que está faltando y que impide la solución de nuestro problema. Y para hacer esto con éxito, el secreto es que seamos absolutamente honestos, que no tengamos miedo y que enfrentemos lo que encontremos con valor y voluntad de resolverlo, conscientes de que es la única manera de seguir adelante. A veces son estas sombras invisibles del pasado, esos secretos que preferimos ignorar, la puerta trancada que tenemos que abrir para que nuestro presente y nuestro futuro acontezcan en paz y felicidad.

domingo, 28 de junho de 2015

"Una persona feliz"

    Bueno, este resfriado está bien porfiado y no quiere irse, me tiene medio lacia y con una caja de pañuelos desechables al lado. Más encima, la calidad del aire tampoco mejora, entonces no ayuda en nada. Lo peor es que sólo esperamos lluvia en Julio, entonces, vamos a tener que seguir con los pañuelos, los antialérgicos y las gotas para los ojos y la nariz. Este está siendo el mes más seco de todos los tiempos y la contaminación está realmente dramática. Una nube amarillenta y amenazante se cierne sobre esta linda ciudad y nos tiene a todos tosiendo y lagrimeando, encerrados en casa, mirando por la ventana y con nostalgia de la nieve en la cordillera, que está completamente limpia... Bueno, paciencia. Por lo menos mi inspiración no está resfriada ni contaminada, entonces, aquí va la crónica de esta semana.


   Cada vez más me he ido dando cuenta -aunque supongo que a esta altura ya debería saberlo con certeza- de que las probaciones vienen para que aprendamos, para que crezcamos y nos demos cuenta de lo que somos capaces y de que, en cuanto esto no suceda, ellas continuarán allí perturbándonos, encorralándonos, llevándonos no pocas veces al límite. Sólo cuando hayamos aprendido y superado la prueba, ésta desaparecerá. Es un proceso, como una especie de esquema que veo y entiendo cada día más claramente. Sin embargo, el percibir esta dinámica no quiere decir que puedo hacer  trampa, pues la comprensión y el aprendizaje tienen que ser verdaderos y honestos. No sacamos nada con decirnos a nosotros mismos -y a la prueba- que ya entendimos, que encontramos la salida o que somos capaces de sobrellevarla para aprender y crecer si esto, de hecho, no está ocurriendo.
    Todos estos procesos, en realidad, podrían demorar mucho menos si nosotros no les opusiéramos tanta resistencia, si no les tuviéramos miedo, si aceptáramos con calma, fe y creatividad que la vida está llena de dificultades, tropiezos, decepciones y desafíos que a veces parecen sobrepasarnos. Esto no quiere decir que ella es una porquería o que Dios desea nuestro sufrimiento, sino que es necesario que pasemos por experiencias que nos enriquezcan, nos vuelvan fuertes y creativos, equilibrados y sabios. Hay quien no demora tanto en entender esto y pasar por las pruebas. Hay otros que se quedan atascados y por eso no consiguen que sus vidas avancen, mejoren, alcancen la plenitud y la felicidad. 
    Porque una persona feliz no es aquella que nunca sufrió, sino aquella que pasó por todas las pruebas -grandes y pequeñas- que la vida colocó en su camino y consiguió salir victoriosa.

domingo, 21 de junho de 2015

"¡Gracias!"

    Bueno, esta semana también hay cuentos, a pesar del tremendo resfriado que me pesqué -de mi hija, que anda por ahí arrastrándose- y de la pésima calidad el aire en Santiago, que no se resuelve con ninguna medida, por extrema que sea. No hay caso, si no llueve o hace algo de viento, vamos a seguir estornudando, lagrimeando y tosiendo. Yo creo que mañana me voy a comprar una mascarilla en la farmacia, porque la cosa está realmente seria. Se sale a la calle sólo en caso de necesidad, porque se vuelve de ella con la garganta y la nariz irritada y, los ojos picando, entonces, hoy me voy a quedar aquí adentro -excepto cuando salga con mis perritas- escribiendo mucho, lo que va a ser muy bueno pues así habrán más cuentos el fin de semana que viene. No se olviden: pazaldunate-historias.blogspot.com
    Y ahora, a la crónica de la semana, entre estornudos y toses:



   Los miramos a huevo, les hacemos el quite cuando pasan, les ponemos cara fea al escucharlos hablar. Están mal vestidos, o con uniformes viejos, zurrados y sucios, en general demasiado grandes. Tienen la piel curtida, las manos llenas de callos o zabañones, uñas sucias, carcomidas. Se mueven en lugares donde nosotros no tendríamos coraje de ir, manipulan materiales que nos asquean, nos  asustan, casi nos ofenden. En general -y por eso mismo- no huelen bien y, buena parte de ellos son groseros, toscos, resentidos, callados, andan medio cabizbajos. Otros son escandalosos, risueños, bromistas, como escudándose en esto para soportar su trabajo y ser notados y considerados. No sé si tienen más vergüenza que nosotros, pero la cosa es que necesitan poner comida en la mesa y, como apenas saben leer y escribir, no pudieron conseguir nada mejor... Sin embargo, en un mundo ideal, mismo que nadie fuera iletrado, pobre o ignorante, alguien tendría que hacer su trabajo, sin importar si estudió en Oxford, porque sin él la ciudad se transformaría en un basural, o entonces, las mercaderías no llegarían a las tiendas y ferias, los baños públicos y hospitales serían antros de hedor e infecciones, las plazas y parques se transformarían en selvas, no se levantarían más edificios, no se enterrarían más difuntos, las escuelas y restaurantes no servirían más comida porque no tendrían más platos y ollas limpios. El pescado quedaría en el mar, las vacas en el campo...
    Entonces, la próxima vez que nos encontremos con una de estas personas que hacen esos trabajos que ninguno de nosotros haría, saquémonos el sombrero, hagamos una reverencia y digámosle: "¡Gracias!"