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domingo, 21 de junho de 2015

"¡Gracias!"

    Bueno, esta semana también hay cuentos, a pesar del tremendo resfriado que me pesqué -de mi hija, que anda por ahí arrastrándose- y de la pésima calidad el aire en Santiago, que no se resuelve con ninguna medida, por extrema que sea. No hay caso, si no llueve o hace algo de viento, vamos a seguir estornudando, lagrimeando y tosiendo. Yo creo que mañana me voy a comprar una mascarilla en la farmacia, porque la cosa está realmente seria. Se sale a la calle sólo en caso de necesidad, porque se vuelve de ella con la garganta y la nariz irritada y, los ojos picando, entonces, hoy me voy a quedar aquí adentro -excepto cuando salga con mis perritas- escribiendo mucho, lo que va a ser muy bueno pues así habrán más cuentos el fin de semana que viene. No se olviden: pazaldunate-historias.blogspot.com
    Y ahora, a la crónica de la semana, entre estornudos y toses:



   Los miramos a huevo, les hacemos el quite cuando pasan, les ponemos cara fea al escucharlos hablar. Están mal vestidos, o con uniformes viejos, zurrados y sucios, en general demasiado grandes. Tienen la piel curtida, las manos llenas de callos o zabañones, uñas sucias, carcomidas. Se mueven en lugares donde nosotros no tendríamos coraje de ir, manipulan materiales que nos asquean, nos  asustan, casi nos ofenden. En general -y por eso mismo- no huelen bien y, buena parte de ellos son groseros, toscos, resentidos, callados, andan medio cabizbajos. Otros son escandalosos, risueños, bromistas, como escudándose en esto para soportar su trabajo y ser notados y considerados. No sé si tienen más vergüenza que nosotros, pero la cosa es que necesitan poner comida en la mesa y, como apenas saben leer y escribir, no pudieron conseguir nada mejor... Sin embargo, en un mundo ideal, mismo que nadie fuera iletrado, pobre o ignorante, alguien tendría que hacer su trabajo, sin importar si estudió en Oxford, porque sin él la ciudad se transformaría en un basural, o entonces, las mercaderías no llegarían a las tiendas y ferias, los baños públicos y hospitales serían antros de hedor e infecciones, las plazas y parques se transformarían en selvas, no se levantarían más edificios, no se enterrarían más difuntos, las escuelas y restaurantes no servirían más comida porque no tendrían más platos y ollas limpios. El pescado quedaría en el mar, las vacas en el campo...
    Entonces, la próxima vez que nos encontremos con una de estas personas que hacen esos trabajos que ninguno de nosotros haría, saquémonos el sombrero, hagamos una reverencia y digámosle: "¡Gracias!"

sábado, 11 de abril de 2015

"Estar y ser"

    Cosas buenas siempre suceden, sobre todo si uno tiene fe. No digo ese optimismo falso, sino la verdadera confianza en Dios y sus planes. ¿Alguna cosa no nos resultó?... Paciencia, debe haber una razón. Podemos reclamar un poco y chorearnos, a final de cuentas somos humanos e imperfectos, pero nunca perder la fe, por más que en ese momento no nos demos cuenta del motivo de ese traspié que parece ir contra nuestros planes o deseos... Hay que continuar viviendo y esperar, porque con certeza luego descubriremos por qué las cosas no nos resultaron... Y normalmente, es por un excelente motivo. Y yo lo he comprobado más que una, o dos, o tres veces. Hay que saber esperar y estar con la mente y el corazón abiertos, sólo eso.
    Y cambiando de gato para maleta, como se dice en Brasil ( y que significa cambiar de tema repentinamente) creo que esta semana que viene voy a escribir otra serie de cuentos cortos y voy a publicar. ¡Les aviso!... Ah, y los que mandé para el concurso... ¡No pasó nada! Pero eso no me va a impedir seguir intentándolo.
    Y ahora, a la crónica de esta semana:


    A veces me aterra darme cuenta de la fragilidad y brevedad de nuestra vida. ¡Cómo somos delicados! ¡Cómo estamos a todo momento expuestos a todo tipo de situaciones y peligros de toda clase que pueden lastimarnos, hacernos enfermar y hasta matarnos!... Sinceramente, no sé cómo duramos tanto vivos. Creo que debe ser porque lo deseamos mucho, porque le tenemos pavor a la muerte, o porque creemos que estamos aquí por alguna razón especial, una misión que tenemos que concluir... ¡Pero somos tan efímeros! Necesitamos ser muy fuertes para conseguir realizar algo, dejar un legado, por más pequeño que sea. Tenemos que luchar contra tantas cosas -la mayoría creada por nosotros mismos- para progresar, para construir, para mantenernos sanos y salvos. Parece que nacemos y morimos como si nada, que siempre va a haber más de nosotros, que somos tristemente substituibles, que no valemos tanto así... Y a pesar de eso, aquí estamos, batallando, conquistando, prosperando, inventando, aprendiendo, soñando ser mejores, vivir más y mejor, multiplicándonos. Nuestra tenacidad desafía a todas las dificultades porque  -al parecer- nuestra consciencia de "estar" y "ser" es tan poderosa que nos hace (o nos enseña) esquivar exitosamente a la muerte cada día. Y durante algún tiempo salimos victoriosos.
    Realmente, encuentro curioso y hasta paradójico que seres como nosotros, que deseamos tan ardientemente vivir en este mundo, tengamos como destino físico la muerte.

domingo, 11 de janeiro de 2015

"¡Oiga, si no la voy a asaltar!"

    Mi hijo ya volvió a Brasil, pero no se llevó el sol, a no ser el de mi corazón, que se quedó medio nublado y con un vientecillo helado paseandose por ahí... Hace un calor de matar y ni todas las puertas y ventanas abiertas del departamento lo asustan. La cosa es escaparse a la piscina -antes de que los niños aparezcan, porque ahí vira un despelote- y remojar un poco las presas para no derretirse. Menos mal que en las tardes refresca y en la noche se puede dormir decentemente. Los santiaguinos están sufriendo, pero para mí, que aguantaba 32 grados en la noche y 38 en el día, ¡esto es el paraiso!...
    Y aprovechando que el sol ya salió de mi living me voy a sentar a postear la crónica de esta semana. Casi pensé que no lo haría porque estaba medio bajoneada y para nada inspirada con la partida de mi hijo y porque mi computador está con un problema y no se puede usar hasta que venga un amigo de mi hija a verlo mañana. Pero como ella deja su note book aquí cuando va a trabajar, entonces voy a hacer un esfuerzo, voy a sobreponerme a mi tristeza y voy a usarlo para publicar la crónica.
    Entonces, un poco nublada, pero empezando una nueva cuenta regresiva para mi próximo encuentro con mi hijo, aquí va la de la semana:


    La veía pasar algunos días por el paseo: ropas masculinas, expresión seria en el rostro anguloso, fonos en los oídos, zapatos bajos, a veces de anteojos obscuros, una cartera grande, sin gracia, como ella misma. No tenía nada de especial, esa era la verdad... a no ser su corte de pelo. Contrastando radicalmente con su aspecto rudo y ahombrado, sin maquillaje ni joyas, el corte era moderno, leve, original, extraordinariamente bien ejecutado. Cuando la encontré la primera vez, inmediatamente me pregunté dónde se lo haría, pues era exactamente el corte que mi hija andaba buscando. Su peluquero en Brasil se lo había hecho y hasta ahora no había conseguido que ninguno de aquí -inclusive los más renombrados y caros- lo reprodujera. ¡Entonces yo tenía que saber a qué salón de belleza iba esta chica!.
    Sin embargo, me topé con un problema inesperado para conseguir mi objetivo. Algo innegablemente intimidante en la actitud de esta muchacha, como una aura de distancia y silencio, me impidió acercarme y preguntarle así, de  buenas a primera, el dato de su peluquero. Y aquellos audífonos eran un letrero clarísimo de :"No estoy dispuesta a conversar", aviso, dicho sea de paso, que mucha gente usa para mantener a los otros alejados... Bueno, la dejé pasar pensando que, como ella trabajaba en uno de los edificios del paseo, volveríamos a encontrarnos y tal vez entonces no estaría escuchando música... Pero estaba equivocada: o ella no venía todos los días a trabajar, o tenía horarios alternativos, o ingresaba al edificio por otra puerta. La cosa es que era raro encontrarla, y más todavía sin los malditos audífonos... Pero yo no soy de las que desisten fácilmente. ¡Mi hija tenía que sentarse en el sillón de ese peluquero extraordinario!... Entonces, una mañana crié coraje y me aproximé, le rocé un hombro y la saludé con mi mejor sonrisa... Bueno, no sé si en su prisa no sintió mi toque, si no me escuchó o si, lisa y llanamente, se hizo la lesa, la cosa es que siguió su camino como si yo no existiera. Su actitud me dejó súper amoscada, pero aún así no me di por vencido. La próxima vez sería más insistente, más firme.
    Y esa vez llegó. Me acerqué, decidida, y la toqué en el hombro de una forma que no pudiera ignorarme. 
    -¡Buenos días!, ¿te puedo preguntar una cosa, por favor?- exclamé, sonriendo, segura de que, a pesar de su maldito audífono, podría escucharme.
    Y cuál no sería mi sorpresa al verla dar un salto, aterrada, aferrar su cartera contra el pecho y, rechazándome con una mano, tartamudear, palideciendo:
    -No... No... Déjeme...- y alguna otra cosa ininteligible. En seguida, se alejó de mí casi corriendo, sin siquiera mirarme.
   Yo me quedé parada ahí, estupefacta, y lo único que atiné a decir fué:
    -¡Oiga, si no la voy a asaltar!  ¡Lo único que quería era preguntarle dónde se corta el pelo!...- y mascullé para mí misma, desconcertada: -¡Pero qué neura! ¿Me encontró cara de bandido acaso?...
    Pero ella continuó su camino y desapareció velozmente por la puerta del edificio.
   ¿Qué era aquello?, me pregunté, pasmada, incrédula. ¿Cómo se puede tener tanto miedo de los otros? Eran las 9 y media de la mañana y el paseo estaba lleno de gente, ¿qué se supone que esta chica pensó que iba a hacerle, por Dios?... En general, las personas califican mi aspepcto de jovial y confiable, ¡pero parecía que la joven había visto un monstruo!... ¿Por qué se había asustado tanto?... Entonces, mi primer desconcierto e irritación con lo exagerado de su actitud cedieron paso a una pregunta casi trágica: ¡Dios mío!, ¿qué será que le sucedió para que le tenga tanto pavor a las personas/desconocidos, mismo a plena luz del día?... Entonces, su reacción no me pareció más exagerada e irritante, sino triste, muy triste. ¿Cómo es posible que se viva con tanto miedo? ¿Cómo se levanta y se sale a la calle, se enfrenta micro, metro, colegas de trabajo, calles atestadas y jefes, llevando ese terror en el alma? Esta muchacha tenía amigos, se divertía, paseaba? ¿Vivía sola o con la familia? ¿Dormía en paz? ¿Salía de compras, almorzaba fuera, sola en una mesa, siempre con sus fieles audífonos sirviéndole de escudo?... En ese momento, el maravilloso corte de pelo perdió toda importancia, pues me di cuenta de que -a pesar de su buen gusto al respecto- no debía ni disfrutarlo.
    Necesitamos a los demás para compartir, para crecer, para formar familias, empresas, sociedades, para apoyarnos y consolarnos. Probablemente había alguien que necesitaba a esta chica, pero ella estaba tan aterrorizada que ni siquiera se daba cuenta. Ella no necesitaba a nadie, no quería a nadie, no confiaba en nadie. Era totalmente independiente y auto suficiente en su pequeño universo atrás de los audífonos.
    Aquella mañana volví a casa andando despacio, con el corazón pesado, con una extraña mezcla de pena, incredulidad y rabia revolviéndose en mi pecho... Todavía había una larga lista de peluqueros que mi hija podía recorrer, pero sólo una muchacha con un miedo tal, que me dejó pensando sobre lo que este mundo -si no tenemos más cuidado- puede hacerle a alguien .

domingo, 8 de setembro de 2013

"Dar vuelta la página"

    El mundo se mueve, los acontecimientos se suceden, personas nacen y mueren, edificios son construidos y destruidos, campos son sembrados y cosechados, las estaciones vienen y van, nada detiene el tiempo. Esta es una verdad inamovible... Por eso llego a la conclusión de que si nosotros tratamos de hacerlo, de parar el tiempo para conservar algo o a alguien que completó su ciclo y necesita ser liberado, nosotros mismos nos paralizamos. En general, el ser humano tiene poco desarrollado el sentido del desprendimiento, la firmeza de dar vuelta la página cuando lo que había para leer en ella se ha terminado. No, uno se aferra, insiste, porfía para que nada cambie, para no pasar por ninguna pérdida, para que lo muerto continúe vivo, sin darnos cuenta de que, si murió, es porque algo nuevo, vivo, tiene que tomar su lugar para que nuestra existencia continúe y sea útil. Todo lo  que acaba se detiene, se deteriora, se momifica, entonces tenemos que darnos cuenta cuando esto sucede para que no nos detengamos nosotros también y terminemos momificándonos en un tiempo y un espacio que no existen más.
    Dejarlo ir, desprenderse, no es sinónimo de desconsideración o falta de amor, sino de conciencia y supervivencia. Tenemos que saber y entender que por cada pérdida, por cada adiós, vendrá un gano, un encuentro; nuestra vida se irá renovando, avanzando, ganando experiencia y madurez. Dejemos ir, entonces, la casa, el padre, al amado, el hijo o el hermano cuando llegue el momento, el empleo, las ropas y objetos que nos enredan en sus telarañas de miedo o culpa. Guardemos tan sólo lo que cabe en nuestro corazón y así nuestro equipaje será liviano para el camino que todavía tenemos que recorrer. Porque cuando uno se desprende de las cosas es cuando realmente gana algo mejor.

sábado, 26 de fevereiro de 2011

360 grados

Y por fin se acabó la novela de misterio sobre mis achaques!... Ayer fuí al médico llevando la pila de exámenes que me pidió (este no es ninguno de los anteriores) y descubrimos que mi problema es una gran falta de calcio, lo que provoca fatiga muscular y todos esos síntomas antipáticos que estaban atacandome y dejándome tan preocupada... Menos mal que no se trata de nada muy grave y que tiene un tratamiento simple -que ya empecé- que en poco tiempo me vá a dejar nuevamente llena de energía y disposición. Realmente, estaba bastante preocupada con esto por causa del inicio de las clases, ahora en marzo, porque, ya se imaginan la situación? De repente paro el aula y les digo a los alumnos, mientras arrastro un colchoncillo hacia un rincón de la sala: "Bueno, ahora vamos a tener que parar un poquito porque tengo que dormir una media hora, ok?"... Al día siguiente estoy despedida!... Este año no voy a tener solamente un grupo de alumnos, sino  cuatro, más las presentaciones del musical y otras montajes y eventos que aparezcan, entonces voy a necesitar toda la salud, la inspiración y el ánimo para que todo funcione con éxito. Todo este trabajo vá a significar un aumento en mi jornada de trabajo-y un aumento de salário también; cómo piensan que voy a pagar este computador nuevo????- y quiero ser capaz de cumplir lo que se espera de mí porque adoro este trabajo, pero también porque me gustaría continuar así el año que viene... Ahora, realmente tengo que admitir que sin salud ni el mejor salario vale la pena. Afirmo esto porque ahora que voy a recobrar la mía para poder hacer o que más me gusta, estoy absolutamente feliz, más que si recibiera un aumento! (espero que mi jefe no léa esto) El médico hasta me liberó para volver a hacer ejercicio así que el tratamiento empiece a funcionar, entonces estoy más feliz todavía. Puchas, cómo echaba de menos mis caminadas matinales! Son tan inspiradoras y revigoradoras!... Créo que a partir de ahora las cosas van a empezar a mejorar de verdad respecto a mi salud.
Y ahora vamos a la crónica, porque esta semana he tratado de sentarme aqui para escribir, pero no lo he conseguido porque llego demasiado cansada del trabajo -por cuenta del problema con el calcio- y con estos calores infernales que andan haciendo, es difícil inspirarse mientras uno suda a mares. Entonces, antes de que la temperatura suba más o caiga una tempestad y se acabe la luz, aquí vá:


    En qué mundo vivimos? Será que realmente tenemos una conciencia real o, por lo menos, una percepción siquiera elemental de lo que nos rodéa?... Porque hay una cantidad incontable de pequeños acontecimientos ocurriendo junto a cualquier evento mayor -y que le dan soporte- que son igualmente importantes y llenos de significados, y que nosotros parecemos ni notar, siendo que éstos son como las moléculas del cuerpo del hecho principal. El se sostiene en ellos y es a través de su presencia que completa y consigue su expresión plena. Si observamos con atención a nuestro alrededor, veremos que existe todo un universo en constante movimiento y transformación; todo está vivo y nos afecta de algún modo, así como nosotros afectamos el ambiente y las personas que nos rodean de las formas más diversas, mismo que no nos demos cuenta. A medida que nuestra percepción de estos pequeños acontecimientos aumente, nos sentiremos íntimamente conectados y en comunicación con la creación y todas sus manifestaciones. Nosotros nos encontramos siempre en un cuadro compuesto por mil detalles, dependientes o independientes de nosotros y de lo que hacemos, y al mismo tiempo formamos parte de un cuadro mayor, en el cual nosotros somos uno de estos "pequeños acontecimientos". Entonces, cómo osamos decir que no somos importantes? Cómo podemos afirmar que detalles no cuentan? Que ser pequeño es algo sin valor?... Percibir en 360 grados, interior y exteriormente, entrar en contacto con la realidad total es un ejercício que puede llevarnos a darle el debido peso a estas pequeñezas; y si así lo hacemos, yo me pregunto: qué visión tendrems entonces? Será que vamos a percibir nuestro verdadero lugar en el tiempo y el espacio, nuestra importancia, el tamaño y la definición de nuestro papel en la historia? La noción que ahora tenemos de la vida, vá a cambiar? Y las nocioes de tiempo, de lugar, de realidad, de percepción de las leyes universales, vá a cambiar? Será que nuestro movimiento finalmente se integrará al movimiento de la creación en una perfecta y fluida interacción y, quién sabe, seremos capaces de realizar milagros?... Créo que si esto sucede, los términos "venir", "pasar" e "ir" serán fases completamente naturales y serenas, que no más nos amedrentarán o nos darán falsas expectativas, pues estaremos en el mismo ritmo de la vida, en la cual los ciclos son todo y nada escapa a ellos. Entenderermos que hacemos parte de un ciclo que tiene un comienzo, un apogéo y un final, y que no para cuando desaparecemos, porque es este movimiento lo que mantiene el mundo vivo y en permanente renovación.

sábado, 29 de janeiro de 2011

Bueno, y finalmente lo que era dulce se acabó!... El miércoles volví al trabajo y, como esperaba, no vá a ser fácil porque con la falta de profesores, toda el área de teatro quedó en mis manos: aulas, ensayos, montajes, eventos y el musical, fuera otras cositas muy antipáticas llamadas "burocracia" para las cuales, espero, mi jefe contrate a alguien porque yo, francamente, no tengo el menor talento para ese tipo de desgracia. Fuera que, con todo el trabajo que me espera -para el cual ni sé si mismo con mi horario aumentado (31 horas semanales en vez de las antiguas 20) voy a conseguir dar cuenta- créo que no me vá a sobrar mucho tiempo para correr atrás de otras cosas que no séan aulas, ensayos o montajes, eventos y presentaciones, entonces... Un ayudante no me caería mal, jefecito!.
Entonces, como pueden percibir, realmente voy a tener que organizarme e llevar muy en serio esa cuestión de mi salud, sobre todo si pretendo llegar hasta el final del año viva, entera y lista para otra. Así, me digo a mí misma de nuevo, poniendo una cara bien fea: "Se acabó la fiesta!", y es mejor que me dé oídos ahora porque más tarde no voy a tener tiempo de reclamar o lamentarme.
Y yendo a lo que nos interesa, aquí vá la crónica de la semana (al día)... Y antes de que se me olvide, hasta mañana voy a terminar de postear el final de la historia de "Silvestre", entonces, pueden pasar por el blog para conferir el descenlace. Y les juro que de ahora en adelante no voy más a demorarme tanto tiempo para publicar las próximas historias.


    Será que todo es realmente una cuestión de fé? De aquella fé que derriba las apariencias y nos salva en el último instante, cuando estamos casi despeñandonos en el abismo aterrorizante y sin fondo?... Será que se trata, simplemente, de perseverar a través de las tentaciones, probaciones y tropiezos, de las caídas, las dudas e ilusiones? Será que entregarse dócil y confiante a los planes de Dios -mismo que no los conozcamos- es suficiente? El siempre nos socorrerá (a veces de las fomas más inusitadas) no importa cuán apavoradora pueda parecer la situación? Mas, hasta cuándo debemos esperar? Hasta dónde tenemos que ir? Qué es lo que nuestra fé nos ayudaría a enfrentar? Y la serenidad y el valor para ir adelante residen solamente en esta fé? Ellos se equiparan en el instante de la decisión, de la acción? De dónde viene nuestro miedo? Por qué estamos siempre recelando hundirnos, como el apóstol Pedro en las águas revueltas del mar, cuando Jesús le ordena que se aproxime caminando sobre ellas?... Y de dónde viene la calma, de dónde el coraje, el optimismo para volvernos dueños de la situación, para decidir lo que es correcto, para actuar con justicia y rectitud?... Todavía más: de dónde proviene la fé? Nace de un acto voluntario, conciente, como si abriésemos algún tipo de puerta o apretáramos un botón que la hace funcionar y después de este primer impulso ella crea alas propias y crece por sí sola? Es una parte de nuestro instinto de sobrevivencia? Un milagro? Una ley del universo?...
    Mantener la consciencia constantemente en la presencia de Dios y estar atento a sus mensajes es una de las "puertas", de los "botones" que la hacen surgir; es una práctica nada fácil, sin embargo el esfuerzo y la persistencia siempre son recompensados. Es un acto de voluntad, de porfía, de disponibilidad, que casi siempre choca de frente con las apariencias y reglas de este mundo actual, volviendo todo mucho más difícil. No digo que en un convento de claustro se esté protegido de las debilidades, desafíos, errores, dudas o tropiezos de cada día, pues en él viven os mismos seres humanos que corren y sufren aquí afuera; la ventaja es que todos allí tienen un mismo objetivo y hay aquellos que aconsejan, apoyan y comparten las experiencias, cosa que raramene sucede en el mundo exterior, donde la regla que impera es : "cada uno por sí".
    Mantener encendida la llama de la fé es, a veces, una lucha muy solitaria y sembrada de decepciones,  trampas, caminos sin salida y apariencias asustadoras. Sin embargo, es alentador saber que no somos los únicos en este barco y que nuestro ejemplo puede hacer que más gente embarque en esta aventura!.

quinta-feira, 21 de maio de 2009

Casas

Acabé de escribirle a la editora de la Folha de Londrina que cuando me despierto inspirada soy peligrosa. Bueno, dicho y hecho: créo que, por fin, voy a poner al día las crónicas que salieron publicadas en el diario, entonces prepárense!... Vá a ser bueno para mí y bueno para ustedes porque van a tener lectura para todo el fin de semana. Yo me divierto escribiendo y ustedes se divierten leyendo, así la balanza queda equilibrada. Entonces, allá vamos!.

Las casas, así como nosotros, también van adquiriendo cicatrices a lo largo del tiempo. Se llenan de moho, hendiduras, manchas, descascados y remiendos; el corredor lateral o el pátio trasero van siendo tomados por cajas, muebles viejos, maceteros vacíos o trizados, soportes de metal, restos de material de reforma, herramientas y un montón de cachivaches que no sé por qué uno tiene pena de botar.
La construcción nueva y bien definida en la cual fuimos a vivir hace diez años fué transformandose, adquiriendo nuevos contornos, colores y olores por causa de nuestra permanencia en ella. Surgieron manchas, rincones, estantes, cuartitos, rejas, áreas, canteros y peldaños que poco a poco fueron cambiando su fisonomía original. Un plácido y condescendiente desorden se extendió por los cuartos, pues cada habitante fué arreglando sus cosas de acuerdo con sus necesidades o estados de espíritu (yo ya pinté la ventana de mi pieza con pintura acrílica para que pareciera un vitral!) Así, parece que cada parte de la casa tiene un pedazo de la personalidad de sus moradores, lo que le confiere un aire bien eclético y medio caótico que es tremendamente íntimo y lleno de significado.
La rutina doméstica impone rituales que van ocupando implacable y definitivamente los espacios, volviendolos por eso muy especiales y amados, como puertos seguros en medio de las mudanzas y correrías del mundo allá afuera. Todos los defectos y marcas que nuestra casa fué juntando con el tiempo -secuelas de nuestra existencia en ella- cuentan nuestra historia y muestran nuestra personalidad, uniendonos a ella con lazos de una fuerza que jamás imaginaríamos. Ni siempre son transformaciones planeadas o ocurridas de manera agradable, pero son, ciertamente, inevitables, pues nuestra casa -la construcción de cemento, fierro, madera y vidrio- no es insensible a nuestro existir. Si siempre dejamos nuestra marca por donde pasamos, imaginen cómo será entonces en el lugar en el cual vivimos por años y años!...
Me gustan las casas nuevas que huelen a pintura y argamasa, con sus jardines planeados y cada mueble y adorno en su lugar, pero, definitivamente, prefiero aquellas que tienen una historia que contar, que se enorgullecen -o no- de mostrar sus cicatrices, manchas y remiendos, sus hendiduras y cachivaches, sus puertas que crujen, sus terrazas desordenadas, sus cuartos llenos de personalidad y significado, de objetos queridos.
Hoy, cuando camino por mi casa, siento como si estuviera haciéndolo dentro de mí misma. Es mi territorio, mi refugio, parte de mi identidad, y me enorgullezco de cada marca que en ella dejé y aún voy a dejar, pues se trata de mi vida, de mi historia, que está transcurriendo entre estas paredes, transformándolas en un fiel reflexo de lo que soy. Casas nuevas están muertas hasta que su dueño les imprime su vivencia. Casas viejas están vivas porque ya existieron junto con el dueño y saben todo sobre él, volviendose el espejo de su alma.