domingo, 1 de setembro de 2013

"Caminos que se cruzan"

    Los buenos días se aproximan, no sólo porque la primavera empieza el día 21 de este mes, sino porque los nudos que parecían estar amarrando nuestra vida continúan desatándose uno a uno. Las energías negativas, ahora lejos, no nos acechan más y creo que esta libertad está permitiendo que consigamos mover la energía del universo a nuestro favor sin interferencia... ¡Y da para notarlo!.
    Esta conversa debe estar pareciendo algo de la onda Nueva Era, pero en realidad no tiene nada que ver. Es que en realidad yo creo en las energías que andan sueltas por ahí y en aquellas que se desprenden de las personas y los lugares. Es claro que depende de nosotros que éstas no interfieran en nuestras  vidas, pero a veces nos pillan volando bajo y somos sorprendidas por sus efectos desestructurantes. Lo bueno es que, cuando nos damos cuenta de esto, podemos ponerle atajo inmediatamente. Puede darnos un poco de trabajo, pero este tipo de situación siempre se puede revertir para que nuestra vida y nuestros planes regresen al camino cierto. Ni otros ni nosotros tenemos el derecho de interferir negativamente -conscientemente o no- en cualquier proyecto ajeno, sea que lo aprobemos o no, a no ser que él vaya a ser dañino para los demás. Y mismo así, la última palabra no será la nuestra, sino la del que pretende llevar sus ideas adelante.
    Y como hoy está un día nublado y lleno de esa energía perezosa, y mi hija está dormitando en el sofá, aprovecho para sentarme aquí y postear la crónica de la semana.
 
 
 
    Sentada en el centro de la plaza abarrotada me dedico a observar a una pareja joven que está frente a mí, acompañada de una señora más vieja, que debe ser la madre de uno de ellos. Están enfrascados en una animada conversación en cuanto disfrutan de un helado... Y poco a poco, como si se descorriera una cortina delante de mí, mis ojos empiezan a abarcar a todas las otras personas que están o pasan por la plaza -parejas, padres, madres e hijos  ancianos, solteros...- y empiezo a percibir cómo es que se forman las familias, cómo las personas se encuentran y se unen por gustos, profesiones, lugares, proyectos, empatías físicas o sicológicas... Es fantástico darse cuenta como sus caminos se cruzan en un cierto punto -afortunada o desafortunadamente, porque no se puede predecir el éxito o el fracaso de una relación- y esto los hace tomar la decisión, en un momento dado, de unirse para formar un clan, un conjunto único, con procesos y dinámicas totalmente propios originales  que los identifica, los une y los perpetúa. Miles de factores, externos e internos, nos aproximan y nos llevan a constituir una familia y, a partir de ese momento, todos juntos nos empeñamos en su sobrevivencia y crecimiento, cooperando y aportando en su edificación. Este es siempre un universo nuevo, lleno de posibilidades y descubrimientos, de experiencias nuevas e a veces desafiadoras que tendremos que encarar y resolver y, poco a poco -y tal vez por eso mismo- va incluyendo más personas, conocidos o extraños, e interactuando con ellos, hasta erigir este nuevo pequeño y sólido núcleo social dentro de la gran sociedad humana. Unos se transforman en padres, otros en tíos, padrinos, abuelos, cuñados, primos... Es como lanzar una piedra a un lago. su caída crea infinitos círculos, cada uno singular, pero todos parte del movimiento total.
    El ser humanos indudablemente necesita compañía, necesita descendencia, ideales comunes, trabajo en conjunto, historias e intereses para compartir, para pasar a las próximas generaciones. Necesita tradición, legado. Es un ser único e inimitable, insubstituible, pero no fue hecho para la soledad, a pesar del dicho que reza que "el hombre nace solo y muere solo". Entonces, su desafío más grande consiste en aprender a convivir con todas las diferencias y hacerlas funcionar en pro de su crecimiento en todos los campos. Indudablemente es una criatura que lleva dentro de sí la chispa divina, entonces todo lo que le hace florecer el corazón lo vuelve mejor, lo equilibra, le da esa sensación de eternidad, de legado que tanto necesita para saber que su vida vale la pena, que es útil y tiene algo que decir.
    La familia es una cadena sin fin, hecha de eslabones firmemente unidos al pasado y al futuro que nada debe destruir ni interrumpir. Sin embargo, si esto llega a suceder, tarde o temprano las personas que se alejaron vuelven a reencontrarse y a reatar estos lazos porque es solamente así que se sienten vivos, importantes, parte de una historia que les pertenece. La orfandad y la falta de raíces, son unos de los peores sentimientos que pueden atormentarnos.
    Sin embargo, no sé si podemos decir si nuestros hijos van a formar una nueva familia cuando se casen o si van a aumentar aquella a la cual ya pertenecen. Esto es semejante a una avalancha que sólo crece... Entonces me pregunto: ¿Será que algún día todos nosotros vamos a unirnos en una única y gran familia?.

domingo, 25 de agosto de 2013

"Un término medio"

Sí, ya sé, he estado vergonzosamente floja este último mes, pero han sucedido tantas cosas -inclusive un taller con la fundadora del Butoh en Chile- que realmente ha sido difícil sentarme aquí a teclear. Entre que anduvimos corriendo para, finalmente, comprar nuestro departamento (después de haber desistido del otro por problemas en la fecha de entrega) conociendo el nuevo barrio, haciendo todo tipo de cálculos financieros y entregando currículos en un millón de lugares, no me sobró mucho ánimo para escribir. Fuera eso, como que estoy llegando a mi límite respecto a vivir tan amontonada aquí, porque siento que está todo trabado, parado, en suspenso, inclusive mi propia energía, entonces me falta ánimo e inspiración para producir cualquier cosa... Pero como faltan sólo dos meses para mudarnos y yo soy una persona esencialmente metódica y de rutinas establecidas que mantienen mi existencia en orden y armonía, aquí estoy de nuevo, retomando mis actividades, imaginando cómo va a ser delicioso cuando me siente a escribir en mi propio cuarto, en mi escritorio, en mi departamento, en mi nuevo barrio... ¡El paraíso!
    Pero mientras esto no sucede, no puedo parar, tengo que aguantar un poco más porque tendré mi recompensa, con certeza. Y, retomando, aquí va la de la semana.


    Estoy empezando a darme cuenta de que quizás tenga que ponerme a repensar mis estilos, tanto en el dibujo como en la escritura, porque leyendo y viendo lo que se hace hoy, aquí, en estas áreas, empiezo a tener el presentimiento de que estoy quedándome medio obsoleta. Percibo que necesito aprender a editar, a simplificar, a ser más directa y menos descriptiva, pero sin perder la poesía, la sinceridad y la profundidad que me caracterizan. Tengo que encontrar un término medio, un equilibrio que me haga interesante y entretenida para los lectores de hoy, que, con certeza, no son los de mi época, que tienen tan poco tiempo y disposición para leer, que parecen no necesitar tantas descripciones porque su poder de imaginación está medio atrofiado, que esperan principio, medio y fin en pocas líneas y menos hojas todavía. Estos no se pierden en ensueños, no se cuestionan mucho, prefieren buscar en el Google. Quieren la respuesta luego, no se sienten seducidos o emocionados por rodeos o suspensos. No tienen tiempo ni "paciencia cultural"... Es bastante triste, pero es la realidad. Hoy se escribe todo abreviado, sin muchas explicaciones, sin pausas para respirar o reflexionar. ¡Hasta se ha inventado un nuevo idioma para facilitar la velocidad de la comunicación!... Lo que más paran para leer hoy es el diario o las revistas de chismes. Otro tipo de texto suena a pérdida de tiempo.
    Entonces, los escritores como yo tienen que ponerse las pilas y tratar de adaptarse a esta brevedad literaria y empezar a resumir las historias, reflexiones y experiencias a pocas líneas, más directas y con menos "adornos". Nada de viajar, porque estos lectores no nos van a acompañar. Al contrario, somos nosotros los que tendremos que ir a su ritmo, sino los perderemos, y con certeza esto no nos dejaría felices.
    Pero, como siempre, pienso que esta será una experiencia importante, valiosa, de la cual sacaré muchos frutos. Todo cambio debe ser bien recibido porque significa movimiento, crecimiento, madurez. Si no nos movemos nos anquilosamos, nos pudrimos. Y no hay nada mejor que descubrir -sobre todo cuando uno se va poniendo más viejo- que todavía existen desafíos y cosas que aprender. Esto es lo que le da verdadero sabor a nuestra existencia y hace que valga la pena.

domingo, 21 de julho de 2013

"Pasado"

    Día medio nublado, medio soleado, frío, muy frío, perezoso, bueno para quedarse dentro de casa y escribir, leer, escuchar música, ver un poco de tele. Estoy estrenando anteojos nuevos  y me está resultando medio difícil digitar, porque tienen una distribución de los campos visuales distinta de mis anteojos anteriores. Tengo que estar moviendo la cabeza para arriba y para abajo  para tratar de acertar el campo adecuado y ya me estoy mareando... También estos últimos días me he acostumbrado a escribir a mano, entonces perdí un poco la familiaridad del brillo de la pantalla en los ojos.... ¡No pensé que iba a desacostumbrarme tan rápido!... En todo caso, puedo decirles que hacía mucho, pero mucho tiempo que no escribía tanto, sobre cosas tan interesantes y personales (porque escribiendo a mano parece que me preocupo mucho menos de si los textos serían publicables o no por tratar de temas demasiado íntimos, no sé por qué) Me acuerdo de la época en que me sentaba en la hamaca, en el garage de nuestra casa en Brasil, y escribía páginas y más páginas, libre y espontáneamente, sin preocuparme de nada. Creo que a lo mejor era esto lo que me estaba haciendo falta para renovar mis textos, los temas, y hasta el estilo... Bueno, vamos a ver cómo continúa. Tal vez se encuentren con cosas un poco diferentes, pero igualmente interesantes, espero.
    Y aprovechando la pereza del día y entrenando con los nuevos lentes, aquí va la de la semana.



    Es curioso cómo, cuando después de muchos años volvemos a encontrarnos con lugares o personas de nuestro pasado, tenemos la real sensación de que regresamos a nuestra niñez o adolescencia, de que el tiempo no transcurrió y de que, de alguna forma vamos a retomar o revivir ahora todas las historias de las que nos acordamos, esas que ya contamos un millón de veces a nuestros hijos y amigos. Parece que rever personas y escenarios donde vivenciamos experiencias cuando éramos jóvenes nos da la certeza de que todo aquello realmente ocurrió, de que nuestro pasado existe tal como lo recordamos y de que tenemos nuestro lugar en la historia garantizado. Hay algo de herencia en recordar, en compartir las memorias que es vital para nosotros. Pueden ser cosas alegres o tristes, muy claras o algo nebulosas por el paso del tiempo, pero sin duda tienen el poder de llevarnos de vuelta a lo que fuimos, a lo que un día soñamos, a lo que fuimos aprendiendo, nos enfrenta a los éxitos y fracasos, a la nostalgia, a las pérdidas, despedidas y cambios inevitables del crecimiento y la maduración... Delante de la vieja casa familiar, ahora casi en ruinas, del portón de la escuela primaria, de la calle sombreada de tilos y de la panadería que hoy es una tienda de computadores, de la iglesia donde hicimos la primera comunión, de la plaza a la que llevábamos a jugar a nuestros hijos y en la que nosotros mismos jugábamos antes que ellos o del restaurante chino con sus pagodas rojas que todavía continúa de pie, pomposo  y decadente entre el tráfico enloquecido del progreso, retornamos a un pasado al mismo tiempo remoto y cercano, que nos entibia el corazón y cimienta nuestro presente de alguna forma porque vuelve a mostrarnos nuestro propio recorrido y las opciones que hicimos, que fueron las que edificaron las bases sobre las cuales nos apoyamos hoy. Imágenes y sentimientos de una claridad extraordinaria nos invaden delante de este pasado que trae a nuestro presente las experiencias, las sensaciones y sentimientos y nos devuelven la inocencia y la fuerza de aquella época, renovando nuestro coraje y nuestra esperanza.
    No debemos tener miedo de enfrentarnos al pasado, pues mirándolo a la cara podremos  entender lo que somos hoy, por qué tenemos los sueños que tenemos y por qué debemos luchar por ellos. Y será de ese pasado que sacaremos la fe, la creatividad y el valor  que necesitamos para lograrlo y recorrer el resto del camino sin desfallecer.

sábado, 13 de julho de 2013

"Pescado podrido"

    Estoy redescubriendo el placer, la satisfacción y la felicidad de poder escribir a cualquier hora y en cualquier lugar, y les aseguro que es algo que no tiene precio... ¿Y cómo estoy consiguiendo esto? Pues simplemente volviendo a los viejos y leales cuaderno y lapicera, que se pueden llevar a todas partes, para no perder ninguna inspiración. Me cansé de tener esa montaña de anotaciones para desarrollar en el computador -lo que sólo puede ser hecho en casa- que después de un tiempo van perdiendo el significado y al final terminan tiradas en la basura. Creo que inspiración es algo que no podemos despreciar o dejar para más tarde. No, es un regalo que precisa ser inmediatamente aprovechado, porque no volverá... Y así, como mi hija estaba constantemente usando el laptop en busca de empleo y otras cosas, y cuando lo desocupaba yo ya estaba demasiado cansada, aburrida o simplemente el momento de escribir había pasado (porque él pasa, así como cuando se tiene tanta hambre que se pierden las ganas de comer) generalmente me quedaba totalmente frustrada mirando el montón de anotaciones que había hecho para trabajar en ellas. Ahí, la semana pasada estaba dándole una ordenada a nuestro pequeño ciber espacio y me encontré con el cuaderno que estaba usando cuando llegamos y aún no teníamos computador. Y de repente me pregunté: ¿Por qué no volver a usarlo? ¿Por qué todo tiene que ser en el computador? ¿Por qué no retomar este hábito que podría dejarme al día con las anotaciones?... Y cuando terminé de arreglar (cosa que me tomó tan sólo algunos minutos porque el lugar es realmente minúsculo) pesqué el cuaderno, busqué una lapicera de gel y me fui a acomodar encima de mi cama, como antiguamente, junté la puerta para que la televisión no me distrajera y... ¡voilá! En cinco minutos estaba a mil por hora, en vivo y en directo, escribiendo todo lo que me venía a la cabeza... Y desde entonces ando con mi cuadernito y mi lapicera para arriba y para abajo, con menos dolor en los ojos y siempre al día con mis inspiraciones.
    ¿Quién dijo que las cosas antiguas no tienen más valor?
    Pero como no puedo postear las crónicas en mi cuaderno, tengo que sentarme aquí hoy para hacerlo, a pesar de las ganas que tengo de ir a pasearme al Bulnes o a la plaza de Armas porque el día está ma-ra-vi-llo-so... Y llevando mi cuaderno y mi lapicera, claro... 
    Y aún nada de comentarios, ¿hey?... ¡Vamos, no sean tímidos!...
 
 
    Encuentro increíble que, así como existen personas que parecen verdaderos ángeles e iluminan cualquier lugar donde entran, haciendo que todos se sientan bien cerca suyo, también existan personas completamente negativas, de aquellas que parecen obscurecer y tornar denso el ambiente y que después de una visita dejan a todos cansados, medio enfermos, con el espíritu agobiado. No sé cuál sería la denominación correcta para ellas (algunos afirman que son una especie de "vampiros psíquicos") y no sé cómo lo hacen para provocar este tipo de reacción; tampoco puedo asegurar que tengan plena consciencia de lo que ocurre por causa de su comportamiento, pero me he topado con algunas y, realmente, el contacto con ellas es sumamente poco saludable. Es gente que sólo habla de desgracias -principalmente de las propias- que no encuentra cualidades en nadie, que no tiene ningún recuerdo agradable, que usa siempre un lenguaje despreciativo y dice tres palabras y siete garabatos. Parece vivir presa en una dimensión negra y depresiva de la cual no consigue escapar por más que todos le muestren salidas. Son personas que se acostumbraron al stress, a la negatividad, a la angustia, a la depresión que las mantiene paralizadas y reclamando constantemente de su suerte. Toda su conversación gira alrededor de temas negativos o situaciones desesperadoras de las cuales casi siempre ellas son las protagonistas y víctimas. Lloran y piden consejo, se lamentan y contagian a todos con su desánimo, pero al mismo tiempo no aceptan ayuda, pues tienen siempre a flor de labios una justificativa que imposibilita llevar a cabo cualquier solución que se le ofrezca. Están siempre con miedo, trabadas, estresadas, agotadas, presas de sufrimientos inenarrables -que insisten en relatar con lujo de detalles- y hacen de todo para ser siempre el centro de las atenciones, ni que para eso tengan que provocar malestar en todos los presentes.
    Y cuando consiguen cambiar un poco de tema y salir de sus tormentos personales, no sé por qué, se dedican a hablar mal de los otros y cuando tratan de acercarse a alguien tienen una forma misteriosa y certera de invadir y arrancar al exterior todos los sentimientos negativos, tristes o conflictivos que a estas personas les gustaría olvidar o, por lo menos, guardar para sí mismas...
    Otra de las características que estos "vampiros" poseen es la de ser muy agresivos y dominantes. También les encanta ponerle leña a la hoguera para después sentarse a contemplar lo que sucede. Parece que les divierte causar el caos para, en seguida, observar a sus víctimas luchando para escapar de él. Son controladores sutiles, que nos engañan de mil maneras geniales, y cuando las personas se cansan y terminan por alejarlas de sí o entonces encararlas para reprocharles su comportamiento tan negativo, éstas reaccionan sintiéndose mortalmente ofendidas, se dicen "decepcionadas" de los demás, incomprendidas y más víctimas todavía de un mundo que no quiere darles un lugar... Pero, francamente, ¿quién va a querer convivir con una persona así? Bastan todas las situaciones desagradables que somos obligados a tolerar cada día; ¡no vamos a escoger de mutuo propio más disgustos! Nadie está dispuesto a escuchar solamente quejas, palabrotas y desgracias ajenas ni a soportar indefinidamente una actitud de porfía y obsesión de alguien que sólo parece desear sufrir y no acepta consejos, rechazando cualquier solución, disfrutando morbosamente llamar la atención con su negatividad.... Y yo me pregunto: ¿será que no se dan cuenta de lo que hacen? ¿O es esa misma su intención, al darse cuenta de que no consiguen encajarse siendo como son? ¿No quieren realmente cambiar, ser felices, tener un alivio, disfrutar las cosas? ¿Cómo se combate a una persona que está cavando hacia a bajo y, de alguna forma enfermiza, trata de llevarte con ella? ¿Está tan acostumbrada a la desgracia, al rencor, a la depresión, a la falta de opciones que prefiere vivir así a intentar algo nuevo, mejor, aunque "desconocido"?... Y reflexiono, espantada: ¿Las personas pueden habituarse tanto así al sufrimiento?...
    Pena que pocas veces ellos admiten que necesitan ayuda profesional y que le hacen mal a los otros - están convencidas de que no tienen nada que ver con eso y que los demás son neuróticos, intolerantes o idiotas, y no vacilan en expresarlo, ocasionando más malestar todavía- que podrían y tienen derecho a una vida mejor, a la felicidad, a relaciones saludables, que tienen otras opciones, un futuro, una salida. Están atrapadas en esta especie de laberinto morboso, dándose vueltas y vueltas en el mismo lugar, viciadas en un dolor que, al parecer, es lo único que las hace sentirse vivas e importantes. Es lo que conocen, lo que aprendieron a apreciar y a manejar. Descubrieron que, a través de esto, son capaces de mantener algún tipo de control en sus vidas -sobre todo sobre los demás- y de mantener a todos constantemente a su alrededor, pendientes de sus necesidades nunca satisfechas, manipulando su buena voluntad, gastando su tiempo y su energía inútilmente y sin ninguna retribución... Pero como sabiamente decía mi papá: "el pescado se pone podrido al tercer día", lo que significa que la gente no tarda en cansarse de todo este juego y acaban por abandonar a esta persona porque, ¡caramba!, todos quieren ser felices, encontrar paz y equilibrio, tener éxito, amar, ser amados, progresar, relacionarse, producir, ser saludables y, desgraciadamente, estos "pescados podridos" no promueven ni buscan nada de esto. Muy al contrario...
    ¿Será que usted tiene a alguien así cerca?

sábado, 29 de junho de 2013

"Rutina"

    Ayer estaba dándole una mirada a esa parte del blog donde salen las estadísticas de visitas, países, crónicas más leídas y todo eso y me dí cuenta -en realidad lo confirmé- de que ustedes, mis lectores, nunca postean comentarios acerca de las crónicas y me quedé curiosa y un poco frustrada. Porque si no me dicen nada, ¿cómo voy a saber si les está gustando, si debería cambiar alguna cosa como los temas, la frecuencia de posteo o cualquier otro ítem que volvería los textos más interesantes para ustedes? Mi intención al escribir y publicar mis textos no es sólo pasarlo bien, decir lo que pienso o hacerme popular, sino también -y principalmente- llegar a ustedes, contribuir con mis palabras para que algo positivo suceda en sus vidas o para que reflexionen sobre algunas cosas, para que miren a su alrededor y se den cuenta de lo que sucede, para que vean a los demás y, si pueden, hagan algo por ellos. Me gustaría que percibieran todas las pequeñas cosas maravillosas y los personajes únicos que existen  en sus vidas y que esto los ayudara a ser más felices... Bueno, como ven tengo un montón de buenas intenciones al postear estas crónicas, pero hasta ahora no he tenido casi ningún feed back de parte de ustedes, entonces de repente me siento un poco perdida. Sé que ya tengo un cierto estilo y que prefiero unos temas a otros, pero a lo mejor se me está pasando alguna cosa sobre la cual a ustedes de gustaría leer o que tal vez me traería más seguidores, pues mi intención es alcanzar a la mayor cantidad de personas posible, dentro de mi modesto aporte, claro... Entonces, hoy día, en vez de hablar de cómo van las cosas en mi vida, preferí ocupar el espacio para pedirles que, por lo menos de vez en cuando, postéen algún comentario que me dé luces sobre mi desempeño... De repente uno piensa que lo está haciendo el descueve y la está puro cagando, ¿no es cierto?... Entonces, denme una ayudita a ese respecto, ¿ok?... ¡Se los voy a agradecer inmensamente!
    Y ahora sí, la crónica de la semana. ¡Vamos a ver si se animan y ponen algunos comentarios!...


    La pequeña y tradicional feria de libros de la plaza en la esquina de la inmensa iglesia tuvo que salir de allí porque, finalmente, van a remodelar todo el lugar y construir locales apropiados e iguales para los comerciantes, hacer jardines, baños y hasta poner una fuente. Entonces, por el momento, están acomodados en unos contenedores en otra plaza al frente de la suya. Deben ser unos diez o quince, con tres cubículos cada uno, donde ellos guardan sus libros y en cuya frente ponen sus mesas y estanterías bajo unas carpas para exponerlos cada día. Lo malo es que no pasa mucha gente por esa parte de la plaza -fuera que el suelo de arenilla está casi siempre mojado por el riego matutino del pasto- por lo que las ventas no deben estar muy buenas, pero todos se están aguantando porque saben que no será por mucho tiempo y así continúan trabajando con ánimo y firmeza, bien dispuestos  y parlanchines. Yo cruzo con ellos todos los días, cuando están acomodando su mercadería en las mesas y estanterías, armando sus tiendas, y no deja de admirarme cómo son capaces de repetir esto cada día de la semana, y la siguiente y la otra. Creo que, junto con algunos otros con quienes me cruzo a diario, son los reyes de la rutina...
    Ah, la rutina, esa cosa maligna a la que todos le tenemos tanto miedo y de la cual somos capaces de hacer cualquier tontería para escapar... Pero pensándolo bien, sin prejuicios, la rutina no es esa villana que pintan por ahí. Veo eso todos los días, cuando doy mi caminata por el parque: los barredores empiezan toda mañana en una punta y terminan la opuesta, para hacer todo de nuevo al día siguiente. Y cada mañana  empiezan con el mismo ánimo y hacen su servicio muy bien hecho. Y así también los jardineros, los empleados de los restaurantes que cada día ponen y retiran las mesitas y los guardasoles de la vereda, los que transportan sus carritos con naranjas para vender jugo, los que entregan pan, verduras, mercaderías a las tiendas y cafés... Algunos parecen aburridos, malhumorados y cansados, claro, sin embargo una buena parte de ellos se muestra animado y alegre porque con certeza perciben que esa rutina los llevará a algún lugar, les proporciona estabilidad, equilibrio, confianza. Pone orden en sus vidas y les revela pequeños milagros que los ayudan a seguir adelante, les enseña valiosas lecciones, les regala encuentros importantes, agradables... Si lo pensamos bien, un poco de rutina en nuestra existencia es imprescindible, pues es inmersos en ella que existimos: respirar es una rutina, dormir, despertar, comer, caminar, hablar, pensar; pero nos corresponde a nosotros transformarla en algo productivo, creativo, positivo para nosotros mismos y para los  demás. Lo que realizamos cada día puede ser sagrado, precioso, puede transformarse en una revelación sobre nosotros mismos y nuestra relación con los otros. Basta que no lo encaremos como una maldición sino como una oportunidad, única y peculiar a  cada día, de mejorar lo que ayer no conseguimos hacer tan bien, ya que hoy tenemos la chance de repetirlo.
    Existe en el Butoh (danza teatro japonesa) un ejercicio -el kata- que consiste en repetir una pequeña secuencia de movimientos exhaustivamente, con serenidad y precisión, con la máxima perfección, hasta que, en un determinado momento nuestro cuerpo, espontáneamente, crea un nuevo movimiento que se agrega al que iniciamos, y, siguiendo así, terminamos por crear y ejecutar una coreografía completa, mental y físicamente, nacida de la repetición de algunos movimientos simples.
    El otro día vi  en la televisión una propaganda que resume perfectamente el concepto: "Son esas cosas que hacemos todos los días las que hacen que lo extraordinario acontezca".

sexta-feira, 21 de junho de 2013

"La nueva diversión"

    Semana de conflictos y decisiones difíciles, algo de desánimo y menos inspiración.. Es duro cuando tienes demasiadas cosas en la cabeza... ¿Por qué los conflictos de familia tienen que ser tan difíciles?... Tal vez porque estamos demasiado involucrados con todas las partes, entonces el stress, el equilibrio y cualquier decisión se vuelven algo confusos, porque siempre se tiene miedo de errar y de lastimar a alguien mismo sin querer... Pero supongo que no se puede huir eternamente de los enfrentamientos necesarios para conquistar la libertad, la tranquilidad y la felicidad... ¡Coraje, entonces!...
    Y para olvidar un poco todo este embrollo, aquí va la de esta semana.
    "Es increíble cómo nos acostumbramos a vivir en espacios cada vez más pequeños. Fuimos reduciendo salas, terrazas, cuartos, baños y cocinas en pro de una mayor cantidad de personas viviendo en un mismo lugar. Y es curioso porque, en oposición a esto, las calles se hicieron más anchas y se multiplicaron, el número de barrios aumentó, la locomoción, las tiendas y mercados, las villas suburbanas. El espacio para que transitemos es mayor, sin embargo, aquel en el cual vivimos es minúsculo (tal vez porque pasamos más tiempo fuera que dentro de él, lo que lo hace parecer menos importante) estamos topándonos a cada momento, escuchamos la música, las discusiones y los telefonemas de nuestros vecinos. Nos enteramos de sus desacuerdos y de sus fiestas, sentimos el olor de lo que cocinan y escuchamos el tintineo de platos ollas y cubiertos. Estamos tan próximos que sabemos a qué horas despiertan y cuándo llegan a casa, cuáles son sus programas de televisión favoritos, su equipo de fútbol, su tipo de música, si están resfriados, si fueron al baño y tiraron la cadena... Las paredes son como papel, como la cáscara  de un huevo que tiene un par de ventanas y a veces una terraza minúscula que normalmente es usada para colgar ropa o amontonar cajas y plantas secas. ¡Claro!, ¿quién va a querer salir al balcón para disfrutar del aire fresco o del paisaje y en vez de eso encontrarse con el vecino del frente a diez o quince metros regando unos helechos medio secos, fumando o discutiendo al celular? Si se descorre la cortina puede verse todo el interior de la vivienda: sus tesoros, su desorden, sus actividades, al resto de la familia en una incómoda intimidad... No hay más privacidad, definitivamente, y yo creo que es justamente por eso que estamos volviéndonos tan desconfiados y hostiles, que vivimos tratando de alejarnos unos de los otros. Ya existe demasiada cercanía, demasiada invasión en nuestras propias moradas, cualquiera puede espiarnos y saber quiénes somos, lo que hacemos, a qué horas lo hacemos y cómo lo hacemos, lo que tenemos. No hay más jardines con  prados y terrazas con guardasoles, no hay ventanales hacia el cielo, no hay más silencio y tranquilidad de hogar, de reino conquistado. No, no somos más los señores de nuestros castillos, pues éstos fueron demolidos y reemplazados por habitaciones con paredes de vulcanita y puertas de compensado. Nuestros jardines son mezquinas terrazas desde las cuales soñamos volar y debemos ser siempre cuidadosos con lo que hacemos y decimos porque puede haber alguien más  observando o escuchando.
    Entonces, ¿cómo podemos vivir tranquilos y sentirnos cómodos si tenemos a todo instante esta sensación de pequeñez, de aprieto, de estar siendo espiados y juzgados por un montón de desconocidos? ¿Y cómo podemos evitar hacer lo mismo con ellos?... Pues parece que este es el hobby de moda en las grandes ciudades donde las personas se amontonan y se mezclan de esta manera. La televisión no basta con su estupidez. Ahora tenemos la vida de nuestros vecinos para ver y apostar.

sábado, 1 de junho de 2013

"Contagioso"

    Bueno, supongo que también saben lo que pasa cuando uno sale de vacaciones, mismo que sea por cuatro días... Uno hace la maleta y pone adentro el cuaderno de apuntes y la lapicera y el laptop y se sube al auto totalmente convencida de que tendrá un tiempito para sentarse a escribir en alguno de los acogedores rincones del hotel porque, a final de cuentas, Valparaíso es una ciudad llena de encantos y vericuetos inspiradores, entonces... Pero así que llega y bota las maletas encima de la cama y se reúne con el resto del grupo para empezar a discutir sobre las visitas, los restaurantes, los ascensores, playas y lugares que no se puede dejar de visitar, a uno le empiezan a bajar unas dudas tremendas sobre la real posibilidad de llegar a escribir una palabra que sea... Y efectivamente, después de días llenos de visitas, subidas y bajadas de dar vértigo, miles de fotos y recorridos fascinantes por lugares maravillosos -como la casa de Pablo Neruda y sus cinco pisos delirantes- lo único que uno hace cuando llega a cualquiera de los acogedores rincones del hotel es tirarse en el sofá más cercano y quedarse en estado de choque de tan cansada. Y no es que no le vengan ideas a la cabeza, pero se está tan cansada y repleta de información que necesitaría algunos días para procesarla y transformarla en algo literario... No digo que no conseguí tomar algunas notas, pero sentarme a postearlas me pareció un crimen, sobre todo considerando que teníamos tan pocos días para disfrutar de Valpo y sus peculiaridades, históricas y prosaicas... Menos mal que nos volvimos a Santiago justo antes de que se desatara el segundo diluvio universal, entonces aproveché los días de lluvia para poner todo al día y así no sentirme tan culpable por haberlo pasado tan bien, olvidándome de mis deberes literarios.
    Y ya de vuelta a las deliciosas rutinas que hacen de la vida un encanto cuando no te destruyen, aquí va la de la semana:


    Allá viene él, arrastrando su cuerpo gordo y desaliñado como si fuera un fardo insoportable, con sus zurradas sandalias café y las medias de algodón blanco, anteojos empañados de grasa, cabellos aceitosos y en desorden, ojos de total desinterés, la espalda curvada por un peso invisible e insoportable. Camina sin un rumbo muy determinado, llevando a dos poodles blancos amarrados en unas correas que cuelgan como dos huiros secos de sus manos morenas. No habla con nadie -pues a pesar de que pasea casi todos los días por este lugar, parece no haber hecho amistad con las personas que están siempre por aquí- y está todo el tiempo con esa expresión de aburrimiento y total desinterés. Traer a los perros a caminar en la mañana, no muy temprano, parece ser algún tipo de doloroso castigo impuesto por una mujer tirana o unos hijos dominantes, al que él se muestra tristemente dócil y resignado... Francamente, no me lo imagino discutiendo con alguien para defender alguna opinión. No, este tipo parece alguien a quien ya no le importa nada, que pasa los días  echado en una poltrona viendo televisión y sólo se levanta para comer, ir al baño o dormir. Más rezonga que responde cuando le preguntan algo, pero en general su opinión no debe ser muy requerida, entonces se lo pasa en silencio, con la mente vacía, el cuerpo lacio, sin ganas de nada... Sin embargo, lo que realmente me da pena cuando me cruzo con él son esos dos poodles. ¡Los pobres tienen una expresión tan aburrida y andan con tanto desgano! Ni siquiera tiran de la correa para dar unas alegres corriditas atrás de las palomas o cabriolar por el pasto. No, en  vez de eso van por ahí soltando unos suspiros lastimosos, suben apáticamente a los canteros para hacer sus necesidades y en seguida regresan junto a su dueño con pasitos tímidos y apocados, como si tuvieran vergüenza y lástima del humano al que son obligados a acompañar. Pero  en el fondo lo que deben tenerle es un tremendo resentimiento, porque es su comportamiento aburrido el que determina el ritmo del paseo y, aunque estén disgustados, no pueden evitar asemejarse a él. Creo que ya están hasta resignados, entonces van por ahí, de cabezas gachas y colas caídas, orejas mustias, ojos húmedos de secreta ansiedad, andando desganadamente entre el mar de gente que circula por el paseo, imitando con secreto rencor a este dueño aburrido y desengañado de la vida.
    Yo los veo pasar y me admiro al comprobar cómo el ser humano tiene la capacidad asombrosa de contagiar a todo lo que lo rodea con su propio carisma. Cuartos, locales de trabajo, animales, novios, hijos, autos, jardines, todo refleja su estado de espíritu, sus creencias, sus sueños, sus decepciones y frustraciones, su rabia, su felicidad. Si nuestro espíritu está en caos, todo a nuestro alrededor será un desorden total. Si estamos felices nuestra casa se verá iluminada y armoniosa. Si tenemos buen humor nuestras mascotas usarán collares o pañuelos de colores y con estampas divertidas. Si estamos enamorados colocaremos flores en la ventana... Así, nuestro carácter es, efectivamente, contagioso porque, queramos o no, tiñe el mundo en que vivimos y a las personas con quienes nos encontramos, afecta todo y a todos. Mucho  -o quizás todo- puede ser dicho sobre nosotros observando nuestro escenario, por eso hay que trabajar  y esforzarse para estar bien, para que acontecimientos y personas positivas hagan parte de nuestra vida, para cultivar la compasión, la generosidad, la responsabilidad, la gentileza y la buena voluntad, pues así todo lo que se relacione con nosotros será un regalo para el mundo y contribuirá para su ppaz y su felicidad.