terça-feira, 8 de novembro de 2011

"Miedo o amor"

   Ya sé que he andado medio desaparecida estos últimos días, pero es porque las cosas andan medio complicadas por aquí, entonces es un poco difícil conseguir tiempo y dejar que la inspiración fluya. Pero como hoy día es el aniversario de Ibiporã y tengo algunas horas libres antes del maldito desfile  de todos los años (que esta vez será, no temprano en la mañana, sino a las 19:00h... No me pregunten de quién fué la idéa, pero como el desfile es siempre una lata absoluta, en realidad dá lo mismo a la hora que séa) créo que voy a dar cuenta de postear las dos crónicas, la del blog y la del diário, y hasta voy a tener tiempo de dar una dormidita después de almuerzo porque ayer en la noche, entre mi vecino que pone el despertador a las 3 de la mañana (créo que tiene que levantarse tan temprano para ir a la chacra) y algún gato desgraciado que inventó pasearse por mi patio y dejó a las perras locas corriendo y ladrando, amanecí completamente para la cagada. Entonces, si pretendo no tener un faniquito bien en medio del desfie, es mejor que trate de descansar un poco antes de ir para la fundación... Es divertido cómo ese tipo de cosa, más algunas otras que están demorando mucho para definirse, lo afectan a uno para desempeñar cualquier actividad. Yo, sin dormir, soy como el Titanic hundiéndose en el mar, y no existe rezo que me haga flotar de nuevo!... Debe ser la edad llegando, no? Los viejos parece que están siempre buscando algún rincón para tirarse una siestecita. Bueno, también puede ser el cansancio normal de fin de año, o entonces el stress de esta otra situación que no se resolve luego (calma, ya van a saberlo todo!) pero últimamente ando cayéndome sola de tanto sueño y falta de energía.
    Entonces, antes de sucumbir a esa sensación de arena cerrandome los ojos, aquí vá la crónica de la semana.

    Nuestros disfraces son numerosos, uno para cada ocasión, simples o elaborados, permanentes o esporádicos, pero siempre a la mano, como una carta escondida en la manga... Y por qué los usamos? Para defendernos, para esconder debilidades, humillaciones, fracasos, para crear ilusiones de éxito y poder, para seducir, para manipular. Pero en realidad, todas las razones se remiten a una sola: miedo. Quien se disfraza lo hace porque recela mostrar su verdadera faz, porque no quiere correr el riesgo de dejar el corazón expuesto, sin saber que éste es fuerte y determinado y que soportará todas las probaciones que le séan impuestas. No confiamos en él porque no confiamos en nosotros mismos ni en los demás, entonces preferimos engañar y ser engañados para vivir en una paz fictícia... Pero Dios sabe cuál es nuestra verdadera cara y, no importa de que laya nos la pintemos, El  siempre nos reconocerá y nos llamará por nuestro nombre. Inventamos mil motivos, disculpas e historias, pero El sabe cuál es el verdadero motivo de nuestro dolor y de nuestra felicidad. Creamos opciones, salidas y soluciones que nunca duran lo bastante, sabiendo que solamente existe un camino. Somos porfiados, vanidosos, orgullosos y queremos las cosas a nuestra manera, dentro de nuestros plazos y condiciones... Pero lo que nos atormenta es tan simple, tan básico, tan óbvio! No necesitaríamos salir por ahí contando cuentos, representando personajes, construyendo status!... Todo lo que nos aflige, nos hiere, nos aisla y nos castiga es, meramente, la falta de amor, y por eso somos víctimas de las infiitas expresiones de este mal, de todos los pecados que esta falta nos hace cometer. Podríamos describirlo de tantas formas, darle tantas caras y voces! Podríamos hacer una lista interminable de sus síntomas y efectos colaterales y afirmar que, sin duda, se no nos curamos, esta falta de amor podrá volverse una enfermedad mortal.
    Es increíble, pero todo en nuestra existencia se reduce a esta palabra: amor. Su presencia ou ausencia hace realmente toda la diferencia en la vida de alguien, porque con él puede tenerse todo o no tenerse nada, puede erguirnos o destruirnos. Todo viene del amor, vivimos por él y por él morimos, todas nuestras acciones son comandadas por el amor. Lo buscamos sin descanso a lo largo de toda nuestra vida, durante cada segundo, en cada acción y pensamiento, en cada encuentro; lo practicamos -bien o mal- lo enseñamos, lo mendigamos, somos sus dueños y sus esclavos. Todo es generado por él, mismo distorcido o extraviado. Nada hay en nosotros que no séa movido por este ideal. Podemos conocer tan sólo una parte de él o conocerlo por entero, pero nunca nos sentiremos saciados de su dulzura, de su paz, de sus milagros. Nos entregamos a él sin reservas, porque confiamos en su sabiduría y poder; o lo rechazamos porque nos hace sufrir y nos exige demasiado, pero nunca podremos olvidarnos de que él existe y espera por nosotros... El amor es el gran movimiento, el movimiento total y perfecto, pues contiene todas las acciones, todos los pensamientos, las intenciones, los esfuerzos y sueños del ser humano, de un modo o de otro. Es de donde vinimos y adonde retornaremos al final de nuestra jornada; es nuestra raíz, nuestro alimento, nuestro puerto. Cómo podríamos entonces existir sin él, sentirnos humanos, civilizados, completos, si no lo practicásemos de alguna forma?... Buscar, encontrar y vivenciar el amor es la gran misión del hombre, lo que lo torna humano y divino; es su deber y su recompensa, su filiación. Es lo que lo mantiene vivo y le confiere esa chispa divina que lo vuelve hijo de Dios.

sábado, 29 de outubro de 2011

"Edifícios y esclavos"

Puchas, ya hace tanto tiempo que no me siento a escribir aquí que casi se me está olvidando cómo es la página inicial de mi propio blog!... Pero es que he andado tan ocupada con tantas cosas -desde el festival de teatro a un departamento en el centro de Santiago- que realmente no he tenido tiempo ni cabeza para escribir mucha cosa. Todo en mi vida está a punto de dar una vuelta tan grande que mal consigo dormir, trabajar, comer, qué dirá escribir!... Pero no se preocupen, porque en cualquier lugar donde vaya a parar pretendo continuar manteniendo este blog y compartiendo con ustedes mis experiencias, reflexiones, lecciones y conclusiones, las historias y las enseñanzas. Esto es algo que está en mi  sangre, como ustedes saben, es una rutina que forma parte de mi vida, entonces, no importa lo complicadas que se pongan las cosas, voy a continuar escribiendo... Bueno, debo estarles pareciendo tremendamente misteriosa, pero por el momento no puedo decir mucha cosa, por lo menos no hasta que ciertos asuntos no estén completamente resueltos. Entonces, van a tener que contentarse solamente con las crónicas, porque la historia de mi propia vida está momentáneamente tomada por un delicioso status quo... Pero como ya saben que yo no consigo guardar algo en secreto por mucho tiempo, no van a tener que esperar mucho para saber las novedades. Por el momento sólo puedo decir que ellas son interminables, sorprendentes, emocionantes, medio asustadoras, pero al mismo tiempo sensacionales. La aventura y la renovación está en mi puerta y yo pretendo dejarlas entrar y abrazarlas como a dos viejas amigas largamente aguardadas... Tal vez debería haber hecho esto hace tiempo, pero uno no hace las cosas en cuanto no está preparada. Ya aprendí que no sacamos nada colocando la carreta al frente de los bueyes, porque invariablemente alguien sale herido. No se puede empujar al río, porque él corre solo, hay que tratar de entenderlo y acompañar su curso con serenidad y atención, pois solamente así sabremos cuándo actuar, cuáles son las respuestas, dónde están las puertas y los caminos que tenemos que abrir y recorrer para encontrar la felicidad... Y es exactamente esto lo que estoy haciendo. Y parece que el universo entero está conspirando a mi favor! Qué más puedo pedir?...
    Y ahora, aquí vá la crónica de la semana.


    Hacía mi caminada usual temprano en la mañana cuando, casi llegando a una esquina con menos movimiento, tuve que detenerme abruptamente porque aquella moto barullenta subió sin ningún aviso a la vereda y estacionó bien delante de mí, sin la menor ceremonia. Yo me quedé parada ahí, mirádola con expresión incrédula, y esperé para ver lo que sucedería. Del vehículo decendieron dos muchachos, que se sacarorn los cascos zurrados y se arreglaron la ropa con ademanes desanimados. No dijeron nada ni parecieron darse cuenta de que yo continuaba allí con mi cara de reprobación... Uno de ellos se acercó entonces a un anorme portón de metal compacto, pintado de un amarillo mostaza y lleno de abolladuras y descascarado, sacó un manojo de llaves del bolsilo del pantalón, llevó algunos segundos para encontrar la que necesitaba y finalmente la introdujo en el candado. Cuando la hizo girar, la cerradura soltó un sonido profundo, que casi parecía un lamento, y el muchacho abrió el candado bruscamente, como para hacerlo callar. Su amigo esperaba atrás de él con aire cansado y apático, el cuerpo pesadamente apoyado en la moto. El joven se guardó la llave en el bolsillo y, agarrando la manija, tomó aliento y empezó a empujar el portón con visible esfuerzo. Este corrió por el riel oxidado haciendo un ruido de trizar los dientes. Dentro apareció una pequeña área de cemento con una construcción de dos pisos al fondo, la parte de abajo transformada en un garage obscuro y abarrotado. En el piso de arriba, una grande ventana de vidrios estriados y opacos cubierto por una cortina blanca y amontonada, llena de manchas y agujeros. En los espacios en que estaba más arrugada se podía ver las siluetas de algo que parecían muebles -escritorios, armários, estantes, kardex- sepultados bajo montañas de papel que amenazaban venirse abajo a cualquier momento... El otro muchacho empujó lentamente la moto hasta el garage y la estacionó junto a algunas bicicletas y  a un coche viejo, que dividían el espacio con cajones, escritorios y sillas quebradas, esqueletos de computadores y hasta unas jaulas oxidadas... En seguida, regresó a la calle y esperó otro poco, sin perder ese aire de triste desagrado, hasta que el amigo cerró y trancó el portón de nuevo. Entonces, ambos se dirigieron hacia una puerta, vecina al portón, también de metal medio abollado y rejas protegiendo el vidrio estriado en la parte superior, estrecha y sucia, mostrando unas dos o tres manos de pintura de diferentes colores, todas descascarándose, sosteniendose medio chueca en los goznes sobre un peldaño que un dia había sido rojo, pero que hoy aparecía gastado e inmundo, el dibujo de la baldosa casi borrado por el ir y venir de los zapatos. Sacando otra llave del bolsillo, él la abrió y yo pude ver que daba para una estrecha escalera flanqueada por una pared de color  indefinido, techo alto de tablas carcomidas y una luz mezquina en el fondo. Mirando hacia arriba se veía solamente una pared clara llena de manchas de humedad, como si después de la escalera no hubiera nada más... Los muchachos se miraron entre sí, como juntando coraje, y entraron con andar pesado. Cuando el último se volvía para cerrar, de repente apareció corriendo una muchacha, gorda y pálida, de largos cabellos rubios prendidos con un cintillo de plástico. Vestía la típica falda de los protestantes, cara lavada, anteojos viejos, zapatillas de plástico, y llevaba una bolsita amarilla de vinil en bandolera. Les hizo señas a los muchachos y los llamó, jadeante, pidiendoles que la esperaran. Los chicos se detuvieron y permanecieron al pié de la escalera hasta que ella llegó, mostrando en la cara la misma expresión de resignación y secreta rabia al enfrentar la escala de baldosas rojas. El cuadro desapareció de mi vista cuando el último joven cerró la puerta, no sin antes dar una larga e indefinible mirada hacia la calle, como si estuviera despidiendose de ese mundo... El ruido seco de la cerradura pareció algún tipo de destino aciago siendo cumplido por aquellos que entraron en el edificio féo y descascarado, con esas manchas negras de lluvia descendiendo por las paredes como garras o colmillos de un monstruo, las ventanas de vidrios sucios y cuartos obscuros e indefinidos atrás de ellos... Virando la esquina, sin embargo, y destacandose como una ironía o un insulto, me encontré con un pequeño conjunto de casitas modestas, pero con muros de colores claros, jardines verdes y llenos de flores, porches con sillas y maceteros, perros echados al sol, ventanas abiertas y olor a café y a porotos en el aire... Mirando hacia el edificio lúgubre y callado, me pregunté si los que trabajaban ahí no se asomarían de vez en cuando para espiar la vida de estos vecinos y huír de esa tumba en la cual eran obligados a pasar buena parte del día. Me pregunté si no abririan algunos centímetros las ventanas y pondrían la nariz para respirar aire puro, para sentirse vivos, para crear coraje y continuar trabajando en aquel mausoléo decrépito. Me pregunté si la chica habría traído algún macetero con violetas o cardenales, o por lo menos una de esas plantas que, por superstición, las personas colocan en la puerta; o si alguno de los muchachos habria traído una foto, un afiche, algún adorno, si habría traído una radio o alguna otra cosa que le recordase que existía vida fuera de allí... Pero, podrían estos detalles sobrepujar a oscuridad y el moho, el silencio opresivo? El sonido tímido de una radio o los colores de una violeta  encima del escritorio conseguirína alegrar y barrer el olor a papel parado, a rutina, a tiempo parado?...
    Me quedé algunos minutos más parada allí, delante del edificio, donde se leía en una placa desteñida, en letras negras e incompletas, medio chuecas: "Oficina de contabilidad", y me pregunté qué jefe  obliga a sus funcionarios a trabajar -exigiendo eficencia, rapidez, clareza y compromiso- en un lugar así, cómo es capaz de trancarlos allí dentro, con certeza aprovechandose de su necesidad de trabajar, y abandonarlos así, sepultados en medio de papeles, calculadoras, computadores viejos y ventiladores barullentos, baños minúsculos y hediondos, y salir por ahí en su coche último modelo, con aire acondicionado y asientos suaves... Será que le pasa por la cabeza la imagen de sus empleados almorzando marmita recalentada -o fría- en un cuarto que es una mezcla asquerosa de baño y cocina? Será que se acuerda de ellos en el invierno, cuando tienen que trabajar con guantes, bufandas y gorros porque el edificio no tiene calefacción? Piensa en sus ojos cansados mientras cambia la única ampolleta amarilla que cuelga de un alambre pelado?... Peór aún, será que realmente sabe quiénes son estos infelices para los cuales firma un miserable cheque todo fin de mes?...
    Dí un suspiro profundo, mezcla de desagrado y tristeza, y continué mi camino, concluyendo que, definitivamente, hay edificios que son la cara de sus dueños y que, desgraciadamente, hay dueños que todavía practican la esclavitud dento de ellos y que nadie se entera porque éstos usan el edificio féo y deprimente como si fuera un perro guardián que no deja que nadie entre para descubrir la verdad.

sábado, 8 de outubro de 2011

"El libro de la vida"

Bueno, tengo que aprovechar bien mi último fin de semana libre antes de nuestro festival de teatro estudiantil, que empieza el próximo sábado. Van a ser diez días de correría y stress -a pesar de que todo indica que las cosas está bajo control y que no me olvidé de ninguno de esos detalles antipáticos de logística. Pero de cualquier manera sé que mi jefe vá a encontrar alguna cosa para atormentarme, entonces ya estoy medio conformada con llevar una reprimenda...- y espero que sin incidentes fuera los pequeños contratiempos normales de trabajar con aficionados. Este año el número de escuelas y grupos interesados en participar disminuyó dramáticamente, por eso, en vez te durar dos semanas o más, este año el evento tendrá sólo diez días, incluyendo los espectáculos de abertura, cierre y la noche de entrega de los premios, días en que no hay competición. Por un lado, todos damos gracias a Dios porque estamos extremadamente sobrecargados y exhaustos, pero por otro, es triste percibir la falta de interés de las escuelas y grupos. Créo que el próximo año vamos a tener que sentarnos y discutir seriamente sobre este evento, porque todo indica que la fórmula cansó y dejó de ser atrayente para el público.
Fuera eso, todos los otros eventos hasta el fin de año están civilizadamente programados y parece que vamos a conseguir llevarlos a cabo con una relativa calma, inclusive los 20 días de espectáculo al aire libre en la navidad (de ese yo estoy encargada). Sólo espero que no nos aparezca nadie con alguna sorpresita de aquellas a las cuales no se les puede decir que no porque si no, algunas cabezas pueden caer... Ya saben, cuando la orca manda, las sardinas se ponen en filita y obedecen sin soltar ni una burbuja...
De cualquier forma, voy a ver si consigo algún tiempecito para postear la crónica, pero créo que vá a ser bien difícil porque no puedo hacerlo en los computadores de la fundación porque ellos no tienen acceso a blogs. Entonces, si no consigo cumplir con este compromiso la próxima semana, ustedes van a saber el por qué.
Y pasando a cosas más agradables e importantes que decirle "sí, señor" al jefe, aquí vá la de esta semana.

    Llego a la conclusión, después de tanto tempo y altos y bajos de todo tipo, de que es imprescindible que pasemos por la experiencia, que vivenciemos todo lo que nos toca, no importa lo que séa, pues es el únco medio de aprender y crecer, de conocernos y conocer a los demás y así volvernos seres humanos mejores. No podemos negarnos a vivirla, no podemos detenerla, impedirla o manipularla según nuestras conveniencias, debilidades o planes. Toda y cualquier experiencia forma parte de nuestro crecimiento, de nuestro destino, pues la vida no es más que una sucesión de ellas -pequeñas o grandes, felices o infelices- que a veces ocurren primero en el cuerpo para después alcanzar la mente, o vice versa. Todo acontecimiento, todo encuentro, éxito o pérdida contiene una lección, tiene un objetivo y sirve para que lleguemos a conclusiones que podremos utilizar más adelante. El cuerpo es semejante a un libro en el cual registramos -conciente o inconcientemente- todas las experiencias por las que pasamos, y no tan sólo las nuestras, las actuales, sino también las ancestrais, las históricas. Cada experiencia abre una nueva puerta, desencadena un nuevo ciclo -o lo termina- nos tráe nuevas oportunidades, otras opciones, a veces sorprendentes, nos revela algún camino que nos ayuda a dar el paso siguiente, justamente porque él engloba la pregunta que nos inquieta y su respueta. Entonces, cómo podemos perfeccionarnos en el arte y en la vida si no vivenciamos las experiencias?... Tenemos que preguntar, trabajar para encontrar las respuestas, y para que esto suceda, debemos correr el riesgo de vivir, de ser y estar donde el plan divino nos coloque; debemos tener nuestos encuentros y despedidas, nuestras dudas, nuestras noches oscuras y nuestros instantes de iluminación. Trancados en algún rincón lejano, escondidos y acobardados delante de la vida y sus desafíos, moriremos, seremos inútiles, habremos perdido nuestra oportunidad de participar de la aventura que es la historia de esta humanidad y, peór, nuestra parte -única e intransferible- quedará faltando en la trama de ella y nunca sabremos su importancia. Nos preguntaremos si habríamos hecho alguna diferencia, pero jamás sabremos la respuesta.

sexta-feira, 30 de setembro de 2011

"Derrotados o arrepentidos?"

Bueno, después de haber pasado la mañana entera recorriendo todas (las cuatro) zapaterías de esta ciudad atrás de un par de sandalias -que necesito con urgencia, porque andar todo el tiempo de salto alto está acabando con mis piés-  de casi enloquecer a las vendedoras llevando y trayendo cajas y más cajas sin que nada me convenciera o me quedara bien y de por poco no morir derretida bajo este sol calcinante, aqui estoy, finalmente en mi casa, más repuesta después de un almuerzo leve en el restaurante del mall (es verdad, en este agujero también tenemos un shopping!  Hasta tiene dos pisos!) y de una breve siesta, ya me siento un poco más inspirada y animada para cumplir con mi ritual semanal. Las dos perritas están desparramadas sobre mi cama todavía, disfrutando el aire más o menos fresco del ventilador en el techo... Puchas, si estamos soportando un calor de 37 grados en el início de la primavera, qué nos espera en el verano? Tiemblo sólo de pensar que voy a tener que salir a trabajar en Diciembre o Febrero!... Claro que podríamos pasarnos los meses de calor encerradas en la casa con el aire acondicionado prendido, pero créo que no sería muy práctico... Si de Chile detesto los temblores, de Brasil odio, entre otras cosas pero más que nada, el calor, que no me afecta tan solamente a mí que soy extranjera, sino también a los brasileros. Simplemente, nadie lo aguanta!... Bueno, esto prueba que nada es absolutamente perfecto en esta vida, no es verdad?... A no ser nuestro viaje a Chile, claro. Eso sí fué perfectamente perfecto! rsrsrsrsrs
    Bueno, y antes de que termine de derretirme o que mi inspiración perezca ahogada en mi propio sudor, aqui vá la crónica:

    "Es preferible vivir derrotado que arrepentido": sábia frase dicha por el patético protagonista de una serie que ni es una de mis preferidas, pero que en aquella tarde perezosa me pescó desprevenida. El tipo -un fracasado congénito, según sus amigos, pero siempre lleno de optimismo- es de esos que siempre están tratando de hacer las cosas más bizarras de las maneras más absurdas, lo que significa que nunca le resultan, fato que ni por un segundo lo hace pensar en desistir de sus planes. Todos se ríen de él y lo hacen pasar todo tipo de embarazos por cuenta de su ingenuidad, pero él no se amedrenta y persiste en sus proyectos, mismo contra todas las señales de fiasco que parpadéan bien delante de su nariz... El resultado de todas estas confusiones y desencuentros son lecciones extremadamente originales y positivas, mostrando que, a veces -o muchas de ellas- las derrotas no son tales, sino pequeñas y poco ortodoxas victorias capaces de transformar la vida. Porque, realmente, es mejor arrepentirse por haberlo intentado -mismo fracasando- que quedarse con la duda paralisadora sobre lo que habría sucedido si no hubiésemos desistido... Hay que arriesgarse, a pesar del miedo, de las dudas, mismo contra los pesimistas y todas las dificultades que créan, porque nada es fácil así, todo tiene su precio, sin embargo, depende de nuestra actitud y nuestra persistencia si vamos a pagar más caro o más barato por el éxito. Hay que luchar, lanzarse, creér, buscar salidas, abrir puertas, cuestionar; hay que tener coraje para cambiar si es necesario, para reinventarse, para quebrar y reconstruir los  moldes viejos y viciados. Hay que tener la visión, la fuerza, la creatividad, la fuerza de voluntad para embreñarse por los nuevos caminos y tratar de vencer a los enemigos (empezando por nosotros mismos) porque es preferible ser derrotado en batalla que perder sin haber movido un dedo para ganar. De este tipo de fracaso siempre podremos sacar una lección, pues nos envolvimos, creímos de corazón, hicimos al universo caminar a nuestro lado y mover sus fuerzas a nuestro favor, entonces, nada de amargo o triste tendrá la derrota, porque tendremos medido lealmente nuestras fuerzas, nuestro valor, nuestra fé...
    Podremos ser derrotados una, diez, cien, mil veces a lo largo de nuestra existencia, sin embargo, nuestro consuelo será saber que no tenemos de qué arrepentirnos porque hicimos todo lo que podíamos y aprendimos la lección. Las derrotas pueden, muchas veces, traernos no tristeza o frustración, sino sabiduría, madurez, sagacidad, iluminación.

sexta-feira, 23 de setembro de 2011

"Animales"

Este vá a ser uno de esos finales de semana de los cuales voy a sentir nostalgia, ciertamente... Y por qué? Pues porque en vez de tener mis tres días habituales de descanso, voy a tener cuatro días y medio, lo que vá a ser una bendición para mis escritos... En realidad, hoy tenía agendada una presentación de mis alumnos como parte del Festival Estudiantil, un evento que al alcalde se le ocurrió inventar de última hora no sé por qué motivo y que nos dejó a todos con los pelos de punta, pero como no le puedes decir que no al alcalde que te paga el sueldo... Menos mal que cancelaron nuestra presentación y será la escuela de danza quien hará las honras para esta chiquillada mal educada. Ahora, estos cuatro goriosos días no se deben a ninguna regalía, sino a mi checkup anual, entonces el lunes tengo consulta y el martes en la mañana me haré algunos exámenes. Sólo apareceré en la fundación el martes en la tarde, pero no estoy preocupada porque Leander estará tomando cuenta de todo hasta que yo vuelva. Ya les comenté que este joven es mi ángel de la guardia, no? Aaah, si lo conocieran, con certeza sentirían envídia de mi suerte, porque tener a alguien así en un equipo de trabajo hace que todo funcione perfectamente. Fuera eso, créo que me merezco estos días de descanso anticipados considerando el despelote que me aguarda la última quincena de octubre, cuando tendremos nuestro festival de teatro, lo que vá a significar que voy a pasármelo el día entero en la fundación corriendo atrás de directores, actores, tarjetas, diplomas, ensayos, etc, etc... Menos mal que hasta mi jefe está cooperando, sino no conseguiría hacer todo!... Otra cosa buena de estos días libres es que voy a aprovechar para hacerme una "desintoxicacón de porquerías" y organizar mi agenda para poder ir a la academia en las mañanas, porque aparecer por allá a las 6 y media de la tarde cargando bolsas y carteras, de zapatos de taco alto y aritos, no está funcionando. A esa hora ya estoy irritada, cansada y el local está lleno, ruidoso, caluroso y los aparatos están todos ocupados. Sinceramente, no tengo cuero para este tipo de sacrificio. Prefiero levantarme un poco más temprano e ir en la mañana, que está más fresco, vacío e menos ruidoso. Tengo que retomar en serio mis rutinas saludables porque mi glicemia está un escándalo y si quiero llevar adelante mis proyectos tengo que estar saludable, no es verdad?
Y con esta nota optimista y decidida, madura y leve, empiezo mi nuevo esquema saludable y productivo, claro, con una crónica.


    Me quedo mirando a mis perritas jugando en la sala con la pelota verde de goma o beatíficamente tendidas en la alfombra,  a los gatos que se desperezam majestuosamente encima de los muros; a los gorriones y zorzales que saltan de rama en rama y bajan a comer las migajas que coloco para ellos o a tomar un rápido baño en el bebedero de la pared y, a no ser que suceda algo muy fuera de lo normal, percibo en ellos aquella expresión de felicidad, de paz, de satisfacción que se encuentra en las estatuas de Budah. Véo en sus ojillos aquella centella de conciencia del presente (si es que se puede decir esto de un animal) aquella falta de vanidad, de maldad, de ambición que tantas veces toma cuenta de los corazones humanos y los transforma en verdaderos campos de batalla. Parece que los animales no tienen un pasado que lamentar ni un futuro con el cual preocuparse, no tienen metas financieras o profesionales que alcanzar, cuentas que pagar, explicaciones que dar. No, ellos viven, simplemente, el presente, y se contentan con lo que les aparece, lo disfrutan hasta donde es posible y  en seguida lo dejan, listos para encarar la próxima aventura que la vida les depara. Se mojan en la lluvia, se calientan al sol, cazan o revuelven los basureros cuando sienten hambre, duermen bajo la sombra de los árboles en el verano, o debajo de los coches en el invierno, recorren las calles sin prisa, descubriendo con calma y placer los olores, los sonidos y los paisajes, la bondad y la maldad de los seres humanos. No tiene compromisos sociales ni de negocios, no marcan consultas, no hacen fila, no reclaman, no pican tarjeta... Envejecen y mueren cuando es llegada su hora y tengo certeza de que no sufren de este mal tan humano llamado ""arrepentimiento", porque siempre son verdaderos y leales. Vienen, van, viven, se divierten, procrean, pasan sin quejarse por su cuota de dolores y dificulades y, cuando miembros de una familia o compañeros de algún solitario, dejan solamente buenos recuerdos cuando se van. Son únicos y, mismo así, luego substituídos, y no con culpa sino con el deséo de continuar disfrutando de su cariño, su lealtad y su complicidad... Qué más se podría deseár?.
    Definitivamente, me gusta mirar a los animales y aprender con ellos.

sábado, 17 de setembro de 2011

Fotos antiguas

Créo que, a pesar de todos los cambios y los constantes y a veces casi intransponibles desafíos que implican trabajar en un lugar como la Fundación Cultural, que está siempre llena de sorpresas -agradables y desagradables- mi vida está empezando a entrar en los ejes de nuevo, inclusive en los disgustos, que son aquellos viejos conocidos con los cuales, por un momento, olvidé cómo lidiar (demasiada felicidad tiene este efecto colateral)... Pero qué es la vida sin uno o dos contratiempos, sin las personas antipáticas que ponen a prueba nuestra paciencia y sólo nos hacen las cosas difíciles? Créo que sin la presencia de sus "maldades" lo pasaríamos bien aburridos y terminaríamos estacionados por falta de desafíos y aventuras, no es verdad?... Entonces, un modesto "bravo!" para los hinchadores, los tiranos, las chismosas, los chupamedias y los miedosos, para los brutos e insensibles, porque, a final de cuentas, no sabríamos apreciar las cosas buenas de la vida si no nos encontráramos de vez en cuando con estas criaturas.
Entonces, antes de que me aparezca alguno (porque ayer, cuando fuimos al shopping mi hija y yo, parece que estaban haciendo fila esperándonos!) aquí vá la crónica de la semana.


    A veces, tomar un viejo álbum de fotos, de esos que se llenan de polvo en la parte más alta - o más baja- del estante de la sala o en el fondo de algún armário, acomodarse confortablemente en un sofá con una taza de té y algunas tostadas en la mesita al lado, y abrirlo para dar una ojeada en aquellas fotografías de nuestra infancia o juventud puede resultar una estupenda forma de terapia e reevaluación, pues esta simple actividad puede ayudarnos enormemente a entender o interpretar de nuevas formas los hechos y a las personas que estuvieron envueltas en ellos (y que a veces dejaron tanto resentimiento y tristeza, tantas preguntas sin respuestas  y arrepentimientos) porque la madurez que la vida nos vá proporcionando puede, con certeza,cambiar hasta radicalmente la visión que teníamos de los acontecimientos y las acciones de los otros, inclusive de las nuestras. Rever y reformular los eventos es como entender las raíces de un árbol y acompañar su desarrollo bajo la tierra, pues solamente entonces sabremos cómo creció y por qué tomó aquella dirección y no esta otra, cómo se volvió el árbol que vemos hoy, cuán fuerte es y por qué dá los frutos que dá. Comprendemos la forma de sus ramas, la frescura de su sombra, el sabor de sus frutas, el color de su follaje, y le perdonamos las ramas sueltas, la suciedad del otoño y la desnudez en el invierno... Ver fotos antiguas nos hace reflexionar, reconsiderar, sentirnos contritos o iluminados, nostálgicos y llenos de ternura... Algunos fantasmas se desvanecen, o por lo menos,  se vuelven menos amedrentadores y poderosos, y así podemos tener la oportunidad de enfrentarlos y exorcizarlos para que borren todos los espejismos que crearon para controlarnos y mantenernos en su pasado morboso.
    Recorro las páginas adornadas del álbum y véo a mi madre, mi padre, mis primos y primas, tíos y abuelos en paisajes rurales, en calles cuesta arriba o flanqueadas de tilos verde claro, en pátios soleados, bajo parreras y árboles centenarios, en salones de fiesta o alrededor de mesas de navidad o cumpleaños, en playas y parques, y sé que estoy delante de mis raíces, que soy una de las ramas de este árbol inmenso que es una familia, y que de mí están naciendo nuevas ramas, hojas y frutos, todos alimentados por una única raíz... Pero ahora cierro suavemente el álbum y una pregunta me asalta: cuáles son nuestras verdaderas raíces? Dónde están enterradas? Son físicas o espirituales, divinas o humanas? Será que podríamos zambullirnos y alcanzar el inicio, la semilla, el milagro primero de la existencia para comprobar que, efectivamente, somos todos hechos de la misma materia, hijos de un mismo corazón, venidos del mismo útero, hermanos y herederos de la eternidad, hojas del árbol inmortal que es Dios?...

sábado, 10 de setembro de 2011

Madre, patria

Ustedes deben estar pensando que desistí, que perdí la inspiración, sufrí algún tipo de accidente que me dejó incapacitada o fuí abducida por un ovni y por eso ya hacen dos semanas que no póstéo nada, pero la verdad es bien diferente. Antes que nada, voy a afirmar que en ningún momento me pasó por la cabeza la idéa de parar de escribir -eso sería la muerte para mí!- a pesar de todo lo que ha sucedido. Acontece que este último tiempo ha sido muy difícil, lleno de pérdidas y cambios fenomenales en mi vida, a los cuales estoy tratando de adaptarme y, como soy una persona de rutinas y rituales bastante arraigados, no está siendo nada fácil... El dia 24 de Agosto perdí a mi madre y luego en seguida hubo un cambio radical en mis horarios de trabajo -lo que botó por tierra todos mis esquemas- y uno de mis grupos de teatro fué arbitrariamente disuelto, por motivos muy excusos, mas inapelables (ya saben, cuando el jefe manda..) Ahora trabajo todos los dias -de lunes a jueves- en la mañana y en la tarde, entonces se acabaron mis inspiradoras caminadas matinales y las sesiones de escritura, la academia pasó para el final de la tarde, a las 6 y media, cuando salgo de la fundación, lo que es un pésimo horario para mim, porque a esa altura del día ya no tengo más energía para nada. También voy a tener que almorzar, o en el restaurante, o llevar una marmita y recalentarla en el microondas de la fundación, lo que no es muy saludable que digamos... A pesar de estos inconvenientes, tengo que admitir que la nueva situación también tiene sus ventajas, como el hecho de que no voy a trabajar más hasta tan tarde, voy a llegar en casa más temprano y voy a cenar a una hora decente, lo que será estupendo para mi glicemia, que actualmente, y con toda esta revolución, está una mierda. Tampoco voy a trabajar más los fines de semana, a no ser que haya algún evento que requiera mi presencia, cosa que, créo yo, ahora no vá a ser tan frecuente porque hay otra persona que hará esto en mi lugar( gracias a Dios!)... La otra cosa positiva es que, a pesar de todos nuestros choques y desacuerdos, mi jefe tuvo la dignidad de mantener las horas extras que habíamos combinado al comienzo del año, cuando era sólo yo con todo el trabajo del área de teatro, entonces mi salario no va a sufrir cortes con este cambio de horario, lo que sería na verdadera catástrofe para mi presupuesto... Bueno, en realidad no se trata exactamente de un favor, porque no voy a ganarlas sin hacer nada, voy a tener que trabajarlas, y mucho!. Menos mal que estamos con una cantidad de proyectos suficientes como para que no me quede ociosa. La otra cosa positiva -y haya positiva en eso!- es que, finalmente, voy a poder trabajar en equipo con Leander, mi alumno más antiguo -y actual director del musical- que es un tipo más que sensacional, creativo, bien humorado, eficiente, sensible y totalmente de acuerdo con mi línea de trabajo... Resumiendo, es casi mi ángel de la guardia, por eso créo que el pobre va a terminar sirviendo de mediador entre mi jefe y yo, que somos como el água y  el vino respecto a cómo desenvolver montajes teatrales: él es todo visual, com poco contenido y calidad. Ya yo, sou enjuta y con total foco en el actor y no en escenarios y ropas... Imaginen entonces cómo es la cosa cada vez que nos sentamos para discutir alguna pieza!...
Otro punto positivo es que, también finalmente, tendré a mi disposición uno de los computadores de la fundación -desgraciadamente no será en mi sala, pero uno es mejor que ninguno, verdad?- con una seña personal y todo, entonces voy a poder ocupar mi tiempo vago  -que créo no será mucho- escribiendo textos, planes de aula y todo tipo de trabajos que antes era obligada a digitar e imprimir aqui en mi casa (Voy a tener que comprar mi propio papel porque la fundación no tiene plata ni para eso, pero no me importa, será para mí misma)
En fin, como ven, la cosa quedó entre féa y bonita, y ahora me resta encotrar el equilibrio para continuar trabajando, creando, creciendo y aprendiendo, entrenando la paciencia con estos furúnculos que la vida nos pone en el camino... Uno siempre reclama, pero en el fondo, sabe que es para nuestro bien. Como siempre, tenemos que pensar que las dificultades pueden parecer algún tipo de castigo al principio, pero en realidad son lecciones, y si sabemos esperar y ver, al final nos daremos cuenta de que todo valió la pena.
Y ahora, basta de demoras, que ya pasé demasiado tiempo lejos de este teclado! Vamos a lo que interesa. Aquí está la crónica de esta semana, aliñada con el sabor delicioso del regreso a las viejas y libertadoras rutinas.

    Es muy extraño perder a la madre... Mismo estando lejos, mismo peleada, enferma a punto de no reconocernos, mismo sin noticias o aparentemente dejada en segundo plano por las preocupaciones y afanes de nuestra vida adulta, a pesar de estar conscientes de que su hora se aproxima y que no podremos hacer nada para impedir su partida, mismo convencidos de que esto es lo más piadoso y justo para ella, para que no sufra más, quando la voz al otro lado de la línea dice, en un tono bajo y contenido:
    -Estoy llamándote para avisarte que la mamá falleció.
    Alguna cosa para, se queda helada y muda en el fondo del pecho, y una ola de extrañeza y torpeza recorre cada rincón del cuerpo. Queda aquel silencio en la línea, como si mi hermana y yo estuviéramos mirándonos durante una eternidad, tratando de creér, de asimilar... Instantáneamente, un alud de imágenes, sonidos y episódios vienen a mi cabeza, sobre todo las de aquel único viaje que hicimos las tres, ella, mi hija pequeña y yo, durante el cual descubri quién era realmente mi madre: una mujer a la que le gustaba divertirse con las cosas simples, compartir sus experiencias, reírse y descubrir los pequeños milagros a nuestro alrededor... Del lado opuesto a estas visiones y sensaciones, no consigo dejar de imaginar su coazón ahora parado, su cuerpo menudo y tan debilitado quieto y frío, sus ojos chispeantes cerrados, la quietud de la muerte invadiendolo todo sin despedidas, y aquel sentimiento de vacío se agiganta de un soplo monstruoso. La carne, los huesos y la sangre de los cuales fuí generada dejaron de existir, la corriente se rompió y yo me quedé ahí, estupefacta huérfana, más todavía que cuando mi padre murió, porque en aquella ocasião tuve una espécie de aviso, de presentimiento, algo como su voz cuchicheando en mi oído: "Ya llegué, no se preocupe, estoy bien", y ese sueño en el que alguien se me aparecía para avisarme que él había fallecido... Sin embargo, en el momento en que mi madre partió, yo estaba trabajando, en la calle, haciendo mi juego de lotería, preocupada con la presentación del fin de semana, participando de otra reunión frustrante y aburrida... Con todo, curiosamente, todo en ese miércoles resultó bien, como si manos invisibles clareasen los caminos para que mis planes corrieran sin tropiezos. Ningún presentimiento sombrió empañó mi día, ningún aviso, ninguna repentina sensación de pérdida, a pesar de saber de lo delicadp de su situación (casi murió mientras estábamos en Chile, pero superó la crisis y continuó resistiendo) No, al contrario, fué un día próspero y optimista, sereno, lleno de buenos presagios, como ella misma... Ahora estoy convencida de que era mi madre despidiendose, enseñandome su última lección: "Tenga fé, porque todo tiene su tiempo. No hay mal que por bien no venga"... Y fué así que me sentí a lo largo de esa jornada: llena de disposición e inspiración, de optimismo... Inclusive ahora, después de haber escuchado las palabras de mi hermana y ser lentamente tomada por la extrañeza y el negro vacío de la horfandad, una chispa, en algún lugar, todavía se mantiene encendida y cálida, mismo amenazada por el viento de mi desconsuelo... Ven un nada, una apatía, un actuar automático, lento, contenido. Los ojos se llenan de lágrimas y siento el abrazo firme y emocionado de mi hija sosteniendome Alguna cosa inmensa y dolorosa, asustadora, se enrosca en mi garganta, casi ahogandome. Parece que una parte de mi cuerpo fué arrancada, algo en las entrañas, allá en el fondo, en lo primordial, lo instintivo, y aquel agujero crece, crece y me devora... El mundo a mi alrededor se aleja, se vuelve opaco. Ahora no me falta tan solamente la patria, sino tambiém mi madre... Y cómo elas significan lo mismo, percibo en este momento! En Santiago me sentía como si estuviera en los brazos de mi madre, siendo acariciada por ella, escuchando su voz, sintiendo su perfume, aspirando sus aires, compartiendo sus recuerdos... La madre patria, la tierra que me vió nacer y crecer, que me amparó y me enseñó, que jamás me abandonó, que estuvo siempre cerca, acojedora y comprensiva, real, fuerte, imperturbable a pesar de terremotos y enfermedades, que continuaba entera e íntegra a pesar del tiempo y de la distancia, que me recibió como si yo nunca la hubiera dejado. Tierra y madre que traigo dentro de mí como una marca indeleble, que encierra todo lo que soy de más verdadero y eterno... Regresar a Santiago -no sólo a la ciudad, a mi calle o a mi casa, mas al país y todo lo que él es material y espiritualmente- fué como regresar a los brazos de mi madre, por eso todo lo que había de malo en mí desapareció como por encanto y nada consiguió perturbarme. Por eso mi paz y felicidad eran perfectas. Estaba, finalmente, de nuevo, como un guerrero que retorna de la batalla, el el regazo conocido y regenerador de mi madre.
    Ahora sólo me resta la madre pátria, y ella habrá de llenar el vacío que la otra madre acabó de dejar.
    Créo que fué por eso que ella no se manifestó de otras formas al morir. Ya lo había hecho a través de la tierra, del aire, de los días de sol, de los paisajes y sonidos, de los sabores y reencuentros que me envolvieron a lo largo de los doce días que pasamos en Santiago... Qué regalo precioso! Cuánta delicadeza de su parte! Cómo antes de partir me dejó en los brazos de mi madre pátria!... No podría haber escogido una despedida mejor, más llena de significado!... "Gracias mamachita!"