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sábado, 6 de junho de 2015

"Así se hace un vencedor"

    Bueno, continúo súper inspirada y ya estoy preparando otros cuentos para la semana que viene. Este negocio está resultándome muy parecido a escribir en mi diario porque, a final de cuentas, se trata de historias sobre situaciones que veo, personas que encuentro, lugares a los que voy, entonces son experiencias auténticas, de las cuales aprendo mucho y que me acercan cada vez más a las personas y sus vidas. Claro que están "disfrazadas" en forma de cuentos, pero son todas basadas en la realidad... En cada esquina encuentro un personaje, en cada lugar imagino una historia, en todas las situaciones con que me deparo surge un texto para desarrollar y contarles a ustedes... ¡Y menos mal que parece que les están gustando!...
    Y ahora, la crónica de la semana.


    "El éxito se mide no sólo por los aciertos, sino también por cómo enfrentamos los fracasos. Cada día nos levantamos y hacemos lo mejor que podemos"... Sabias palabras, que reflejan una saludable modestia respecto a las expectativas, porque tan importante como vencer, es levantarse después de una caída. Eso también es una conquista, tal vez hasta más grande y más valiosa e importante que una victoria, pues  ponerse de pie nuevamente requiere más fuerza, fe y perseverancia que sólo caminar hacia el triunfo sin obstáculos ni errores.
    Los fracasos y derrotas no son para humillarnos, castigarnos o derribarnos, sino para enseñarnos. Siempre es más fácil dejarse caer y quedarse lamentándose, culpando al mundo, al destino, a los dioses, a los demás, pero con certeza esa no es la idea. La intención, me parece, es hacernos parar, analizar, mirar de nuevo nuestras acciones y propósitos, nuestras dinámicas, descubrir los errores para corregirlos, ver nuevos caminos para continuar o revisar nuestros objetivos. Tropezar y caer son señales, pistas de que estamos equivocándonos en algo, entonces, en vez de echarse a morir y desistir, hay que sentarse y recapacitar, estudiar nuevamente, reestructurarse y, si es necesario, recomenzar. Mente abierta, espíritu fuerte, corazón guerrero, fe bien dispuesta, expectativas realistas, compasión y perdón con nosotros mismos y nuestros errores.
   Así se hace un vencedor.

sábado, 11 de abril de 2015

"Estar y ser"

    Cosas buenas siempre suceden, sobre todo si uno tiene fe. No digo ese optimismo falso, sino la verdadera confianza en Dios y sus planes. ¿Alguna cosa no nos resultó?... Paciencia, debe haber una razón. Podemos reclamar un poco y chorearnos, a final de cuentas somos humanos e imperfectos, pero nunca perder la fe, por más que en ese momento no nos demos cuenta del motivo de ese traspié que parece ir contra nuestros planes o deseos... Hay que continuar viviendo y esperar, porque con certeza luego descubriremos por qué las cosas no nos resultaron... Y normalmente, es por un excelente motivo. Y yo lo he comprobado más que una, o dos, o tres veces. Hay que saber esperar y estar con la mente y el corazón abiertos, sólo eso.
    Y cambiando de gato para maleta, como se dice en Brasil ( y que significa cambiar de tema repentinamente) creo que esta semana que viene voy a escribir otra serie de cuentos cortos y voy a publicar. ¡Les aviso!... Ah, y los que mandé para el concurso... ¡No pasó nada! Pero eso no me va a impedir seguir intentándolo.
    Y ahora, a la crónica de esta semana:


    A veces me aterra darme cuenta de la fragilidad y brevedad de nuestra vida. ¡Cómo somos delicados! ¡Cómo estamos a todo momento expuestos a todo tipo de situaciones y peligros de toda clase que pueden lastimarnos, hacernos enfermar y hasta matarnos!... Sinceramente, no sé cómo duramos tanto vivos. Creo que debe ser porque lo deseamos mucho, porque le tenemos pavor a la muerte, o porque creemos que estamos aquí por alguna razón especial, una misión que tenemos que concluir... ¡Pero somos tan efímeros! Necesitamos ser muy fuertes para conseguir realizar algo, dejar un legado, por más pequeño que sea. Tenemos que luchar contra tantas cosas -la mayoría creada por nosotros mismos- para progresar, para construir, para mantenernos sanos y salvos. Parece que nacemos y morimos como si nada, que siempre va a haber más de nosotros, que somos tristemente substituibles, que no valemos tanto así... Y a pesar de eso, aquí estamos, batallando, conquistando, prosperando, inventando, aprendiendo, soñando ser mejores, vivir más y mejor, multiplicándonos. Nuestra tenacidad desafía a todas las dificultades porque  -al parecer- nuestra consciencia de "estar" y "ser" es tan poderosa que nos hace (o nos enseña) esquivar exitosamente a la muerte cada día. Y durante algún tiempo salimos victoriosos.
    Realmente, encuentro curioso y hasta paradójico que seres como nosotros, que deseamos tan ardientemente vivir en este mundo, tengamos como destino físico la muerte.

sábado, 25 de outubro de 2014

"Una del montón"

    Días de sol, de calor y esperanza, de suspenso con la salud de mi hija... Pero yo sé que todo tiene solución, la cosa es no desistir. Los milagros suceden cuando parece que está todo perdido, cuando estamos al borde del precipicio, cuando pensamos que todos los puentes se quemaron y no tenemos cómo proseguir. Ese es el momento, la prueba final de fe... Porque los milagros ocurren, sí, pero no siempre como lo esperamos, entonces tenemos que mantener la mirada atenta para no perdérnoslos y agradecerlos siempre. El milagro más grande es la propia vida y todo lo que en ella acontece. Vivámosla, pues, cada día, cada hora, cada instante, porque dentro de este milagro mayor hay infinitos otros, pequeños, grandes, banales, preciosos, lecciones que tenemos que vivir y aprender para crecer y ser mejores.
    Y huyendo un poco del calor en este rincón del departamento, donde se forma una agradable corriente de aire de todas las ventanas abiertas, aquí va la crónica de la semana.


    Estoy casi convencida de que los pequeños éxitos son más valiosos, nos enseñan más y son mucho más fáciles de administrar y disfrutar que los grandes. Cuántas personas se ven por ahí, arruinadas por un éxito con el que no consiguen lidiar, devoradas, desestructuradas por él. Yo siempre pensé que deseaba un gran éxito, con la fama, el dinero, la influencia y todas las ventajas y el prestigio que aparentemente trae, pero con el tiempo he terminado por darme cuenta de que, en realidad, no habría tenido el equilibrio, la serenidad, la madurez y el aliento para lidiar con algo así. No digo que no sea tentador y que no parezca sumamente agradable, pero también tengo que admitir que trae consecuencias y responsabilidades que pocos tienen la estructura física, psicológica y espiritual para sobrellevar.
    Por eso el otro día, cuando estaba viendo en la televisión las historias conmovedoras y casi heroicas de algunas personas y sus modestos pero valiosos éxitos, me puse a analizar los míos y, a pesar de que en un primer momento me sentí un poco triste y frustrada por no haber ido más lejos, por haber tenido siempre logros breves y modestos, al fin llegué a la conclusión de que, en primer lugar, me fue bien en todo lo que emprendí, en segundo lugar, senté algún precedente, dejé una marca, influencié a personas, las cambié para mejor -ni que fuera un poquito- y todos los proyectos que empecé, los terminé. Y en tercer lugar, como ya dije, creo que si me hubiera vuelto excesivamente famosa o influyente  a causa de este éxito, no habría aguantado el tranco. Tal vez esta fama hubiese sacado lo peor de mí, tal vez me habría desequilibrado y me habría hecho perder de vista la pureza y el desinterés de los objetivos. A lo mejor hubiese sacrificado lo que era importante por las apariencias, los favores, las exigencias, los compromisos... No, creo que yo -siendo tan arrogante y vanidosa como soy- no estoy hecha para este tipo de éxito, sino para aquel más modesto, más escondido, más cercano. Pero igualmente efectivo, porque es más "limpio", más sincero y desinteresado. Estoy contenta con mis blogs, con mis crónicas, con las piezas que escribí y dirigí, con las clases que dí, con este pseudo-anonimato, pues gracias a él soy capaz de mantener una mirada limpia,atenta, clara y maravillada sobre el mundo, sus personajes y acontecimientos. Soy una del montón, no miro a nadie desde otro planeta. Mi anonimato me hace capaz de ponerme en el lugar de los otros, me permite mezclarme, conocer y descubrir la riqueza y diversidad fantásticas que existen en el mundo y poder aprovecharlas y mostrarlas a los demás.
    Estoy convencida de que estoy aportando, estoy dejando mi marca, trasformando vidas (nada dramático, sólo lo suficiente) despertando corazones, abriendo ojos... Y ahora sé que para conseguir esto basta sonreír, ayudar en las cosas simples, escuchar, tener compasión, propagar el bien en los acontecimientos de cada día, no ser perezosa ni dejar pasar las oportunidades de actuar correctamente, compartir los pequeños y valiosos milagros y lecciones que recibimos. Y para hacer todo esto no es necesario que seamos famosos, ricos o influyentes. El héroe anónimo hace su parte en el momento presente y continúa su camino, atento a la próxima oportunidad porque sabe que éstas no deben ser desperdiciadas o ignoradas, pues está consciente de que su éxito en esta empresa será bueno no sólo par él, sino para todos.