quarta-feira, 9 de maio de 2012

"El coro"

Como deben imaginar, no está siendo fácil sentarme aquí para postear una crónica. Primero, porque ya estoy con la cabeza y el corazón viajando, soñando, impaciente y casi estallando de felicidad; y después, porque, caramba, cómo hay que hacer cosas cuando uno se cambia de país!... Son documentos, cuentas de banco, compras, exámenes, reuniones con el corredor, llamadas telefónicas que no acaban más, despedidas, horas en la internet buscando informaciones, direcciones y noticias; otro poco de compras de última hora (porque a uno se le olvidan hasta los calzones con tanta emoción!) otro poco de documentos y emoción, demasiada emoción... Sinceramente, no sé si voy a conseguir postear otra crónica antes de partir (salimos el día 29 a las 6:00 de la mañana del aeropuerto de Londrina) o luego que lleguemos, pero en todo caso, si no lo consigo van a saber por qué, no es verdad?... De cualquier forma, tengo certeza de que toda esta experiencia vá a traducirse en muchas y muchas crónicas, entonces, mismo que me quede sin contarles nada por un tiempo, no se preocupen porque después vendrá un río de textos!.
    Y aprovechando que el día está luminoso y fresco, y que ya preparé el almuerzo, aquí vá otra, y para que no se queden con mucha nostalgia, vá a ser una de esas bieeeeeen largas!.



    Nuestra presentación estaba terminando y yo podía ver en los rostros de las personas que nos veían la estupenda recepción que el espectáculo estaba teniendo. Mi jefe andaba de acá para allá sacando fotos de todo, todo sonriente e inflado como un gallito enamorado, recibiendo felicitaciones de todo el mundo y yo, viendo esa expresión de absoluta satisfacción, ya preveía que, por lo menos esta vez, no recibiría ninguna bronca en la reunión del lunes, sino tal vez una palmadita en la espalda y algunas palabras de elogio... Y ahora estaba mereciéndomelas de verdad, porque encaré sin grillos -tal como lo había prometido- el desafío de montar la pieza en tiempo record y con calidad y eficiencia, cosa que, por lo que parecía, había conseguido; los alumnos estaban haciendo un trabajo estupendo y cada día venía más gente a verlos. Entonces, mi jefe tenía nada que reclamar, un hecho absolutamente extraordinario tratandose de él!...
    Los actores, sonrientes y satisfechos, formaron una fila y agradecieron los aplausos, saliendo en seguida del escenario para dar lugar a los micrófoos que serían utilizados en la próxima presentación: el Coro Adulto de la Primera Iglesia Bautista de Londrina, que habíamos invitado para cantar como parte de nuestra programación de páscua. Yo estaba recogiendo el banquillo que usábamos en nuestro escenário y lista para subir a la sala, arreglar mis cosas e irme a mi casa, cuando ví, de soslayo, el  grupo de personas acercandose, sonriente y animado, como si estuvieran a punto de subir al escenario más importante del mundo. Curiosa -como siempre- con esta actitud (porque normalmente nadie le dá mucha importancia a estos eventos al aire libre) decidí quedarme un poco más para verlos. Entonces pesqué el banquillo y me acomodé en él, cerca del escenario, mientras el coro subía y se organizaba en un semicírculo. Sorprendida, descubrí que la pianista que los acompañaría era mi colega de trabajo, la Janne, pues pertenecía a la misma iglesia. La saludé con la mano y le sonreí, imaginando cómo estaría nerviosa... Cuando todos estuvieron alineados y el público atento, el más viejo entre ellos sacó una hojita de papel del bolsillo de la camisa, la desdobló y se acercó a uno de los micrófonos. Sus manos temblaban levemente y tragó algunas veces antes de conseguir soltar la voz. Yo, al verlo prepararse para hablar, casi me arrepentí de haberme quedado, porque sé cómo los adventistas, bautistas y miembros de otras congregaciones no católicas son adeptos a hacer discursos - sermones, más bien-  en cualquier ocasión y de la poca noción que tienen respecto a la duración de los mismos, pero cuando percibí la expresión en el rostro de los integrantes del coro atrás de él -algo como una pura y celestial felicidad- cambié de idea y decidí quedarme, pues me llamó la atención la alegría casi infantil que ellos exhalaban y lo ansiosos que parecían para cantar. Nuestros otros convidados subían al escenario nerviosos, es verdad, pero con un qué de indiferencia, de superioridad y descuido que inmediatamente los alejaba del público que, por su vez, como reacción, no permanecía hasta el final de la actuación. Pero estos aquí tenían algo diferente, parecían tomados por algún tipo de emoción nueva y vibrante, contagiante...
    -Buenas noches a todos...- empezó el pastor, sonriendo, con una vocecita menuda y dócil, y paseó por la platéa su mirada luminosa y modesta. Yo estaba empezando a sentirme absolutamemnte encantada -Antes que nada, queremos agradecer la invitación, porque es una forma excelente de compartir esta páscua con todos ustedes. No vinimos a hablar de religión ni a darles un sermón sobre nuestras diferencias, y mucho menos a tratar de convencerlos de nada. Vinimos a cantar y celebrar este evento tan especial para todos nosotros... Por eso estamos felices y agradecidos y queremos, esta noche, ofrecer lo mejor de nosotros, no solamente para ustedes, sino también para el Rey de los Reyes, nuestro Padre Celestial, nuestra roca y nuestro consuelo, nuestro defensor y nuestro guía: Jesús. Porque es en El que reposa toda la fuerza y todas las bendiciones, todo el perdón, el amor y toda nuestra esperanza. Y es, llenos de esta esperanza en la resurrección, que les cantamos esta noche... Espero que les guste y se sientan inspirados y conmovidos por el Espíritu Santo escuchando estas canciones... Gracias.- concluyó, bajando la cabeza como si agradeciera silenciosamente la inspiración y el coraje recibidos. Enseguida, dobló y se guardó el papel en el bolsillo de la camisa inmaculadamente blanca y volvió a su lugar.
    La pianista dió el tono e empezó la introducción de la primera música... Y lo que siguió fué algo tan especial, al menos para mí, tan encantador e inspirador, tan lleno de luz y fé, que tenía una pincelada de divino, que sólo pude congratularme por haber decidido quedarme. Las voces eran maduras, no muy afinadas o sincronizadas, pero las expresiones de sus rostros nos decían que no estaban cantando en esta dimensión, solamente para nosotros, sino para algo mayor, para la promesa, para la historia, para la unión y la comprensión, para la compasión y el amor dentro de cada uno. Esto era absolutamente claro para mí, y a cada nota sentía mi corazón crecer y amenazar salir volando de mi pecho... Miré disimuladamente a mi alrededor para ver si alguien más estaba en el mismo transe que yo y, a pesar de los chiquillos corriendo y gritando y peleandose para sacarse una foto con el Conejo de la pascua en su casita de chocolate, ahí al lado, a pesar de los sartenes chirriando y los autos y buses traficando en la calle atrás del escenario, había, sí, algunas caras con ese aire elevado, con esa mirada de reflexión y revelación que la vibración proveniente del escenario derramaba sobre nosotros. Yo no había sido la única que había sido tocada por el sencillo mensaje del pastor, otros también parecían haber comprendido sus palabras y estaban allí, simplemente, delante de Dios, llevados por la música.
    Cuando la presentación terminó, agradecieron nuevamente y leyeron otros textos cortos sobre la Páscua y su significado, elogiando nuestro grupo de teatro por haber explicado tan bien este evento en su pieza y, tal como vinieron, se retiraron, sonrientes y humildes, satisfechos por haber pasado su amor y su alegría para todos nosotros... Y yo, mientras guardaba mi banquillo y subía lentamente la interminable escalera hasta mi sala, pensaba, sintiendome sobrenaturalmente feliz y serena: " De nada valen los sermones, aplausos, palabras bonitas o elogios si no hacemos las cosas por amor, con amor uy para el amor. Podemos no ser los mejores, sin embargo, si nuestras acciones están regidas y dirigidas para el amor, impregnadas por él, con la intención sincera de hacer el bien, de tocar no importa a quién, ahí, todo lo que hagamos valdrá la pena. Porque los aplausos y los elogios se desvanecen, mas el amor permanece, crece, se extiende. Somos nosotros sus sembradores y es solamente a través de nuestras acciones y palabras que nuestros campos florecerán. No importa dónde, ni cómo, ni cuándo -todo el tiempo, en realidad- ni a cuántas personas alcancemos, nuestro deber es amar, hacer todo por amor y nunca tener miedo de revelar los cimientos divinos que sostienen lo que somos y lo que deseamos.
 

segunda-feira, 23 de abril de 2012

"Objetivo"

Bueno, las cosas acontecen, el tiempo corre, nada lo detiene y por eso aquí estoy, a un mes y poco de concretar mi sueño -ese que no les podía contar todavía- entre la felicidad, la angustia y la incredulidad: estoy volviendo a mi patria, Chile. Mi hija y yo partimos para allá el día 29 de mayo (si nada imprevisto ocurre) con camas y petacas (en realidad, sólo con las maletas con ropa y zapatos) y nos preparamos para empezar una nueva vida... Qué tal la sorpresa?... Bueno, apuesto que algunos ya se lo estaban imaginando, pero no podía contar nada hasta que toda la parte legal de mi divorcio estuviera concluída, para así no correr el riesgo de tener sorpresas desagradables. Gracias a Dios, todo corrió tranquilamente - sólo con los sobresaltos esperados, claro-  y ahora la noticia ya es de dominio público: estamos volviendo a Chile, dejando todo para atrás, virando la página, saltando al abismo atrás de nuestra felicidad. Parece una locura, pero estoy totalmente convencida de que vá a valer la pena. Créo que, en el fondo, yo deseaba esto hace mucho, mucho tiempo, y este vacío enorme que no conseguía llenar con nada finalmente vá a desaparecer... No digo que no fué positivo vivir aquí en Brasil, que no aprendí, no crecí, no maduré; no voy a negar que encontré personas fantásticas, que tuve experiencias divinas, inolvidables, que me desenvolví profesional y humanamente de una forma que tal vez no habría conseguido en Chile, pero créo que mi tiempo aquí ya se cumplió; lo que tenía que aprender y realizar aquí ya está completo. Ahora empieza otra etapa, tal vez la final, y tengo que seguir adelante.
    Pero no piensen que me voy a olvidar de ustedes! Este blog continúa, ahora con sede en Santiago, así como el blog en portugués. A lo mejor hasta retomo aquellos blogs de historias! Voy a tener tiempo, inspiración, serenidad y, sobre todo, felicidad para producir incansablemente, hasta mi último aliento, entonces no se preocupen, que todavía vá a llevar un tiempo para que se véan libres se mí!... En realidad, como falta un mes y algunos días para partir, estoy con la cabeza medio enrollada, sin mucha inspiración o disposición, porque tenemos mucha cosa que hacer, inclusive vender los terrenos para tener plata, conversar con corredores y abogados, dejar algunos poderes y encontrarles un nuevo hogar a las perritas (cosa que me está matando de angustia) porque mi amigo que se iba a quedar con ellas tuvo un problema y no puede hacerlo más, entonces... Ya me encomendé a san Francisco para que me ayude en esta búsqueda y confío que no habrá de fallarme, así como santa Rita -de la cual mi madre era muy devota- con el asunto de los terrenos... Tenemos un mes y poco, no es un gran plazo, pero confío en la providencia divina, que hasta ahora no nos ha abandonado... A final, qué es uno sin la fé?.
    Entonces, y todavía desde Brasil, aquí vá la crónica de la semana:

    Cuando salto de la cama temprano, a pesar del sueño que todavía me pesa en los ojos, tengo un objetivo: salir para dar una caminada de por lo menos una hora -mientras aún está fresco- pues el ejercicio es vital para mantener mi artrosis y mi glicemia bajo control. Cuando me pongo el delantal y separo las verduras y el pollo también tengo un objetivo: preparar mi salpicón de pollo desmenuzado o en filés para el almuerzo. Cuando hago anotaciones el objetivo es desenvolverlas, o entonces -si se refieren a asuntos de trabajo- para resolver problemas, dudas o aclarar planes de aula o actividades. Aceptar desafíos como escribir, ensayar y presentar piezas tiene como objetivo el desenvolvimiento de mis aptitudes, de mi creatividad o perfeccionamiento personal... Y es así en todo en la vida: si prendemos la televisión tenemos como objetivo ver algo que nos gusta, si vamos a la playa queremos descansar, tomar sol y jugar en las olas. Si no, por qué otro motivo hacemos las cosas?... Tener un objetivo es vital para existir, para actuar, envolverse, aprender, compartir. Yo me quedo horrorizada todas las veces que estoy conversando con alguien, especialmente alumnos o colegas de trabajo, y de repente escucho un:"Ah, a mí me importa un pito la fundación. Hago lo que me mandan y al fin de mes voy a buscar mi cheque. Y nada más." O entonces: "No sé por qué quise hacer teatro... Es que no tengo nada que hacer en la tarde... No sé, créo que es por eso..." En ese segundo soy tomada por una ganas casi irrestibles de apuntarle la puerta a esta persona y mandarla de vuelta a su casa para que continúe "haciendo nada" por allá...
    Quando me encuentro con gente así -y cómo hay de esas, Dios mío!- me pregunto cuál es la razón que las mantiene vivas, moviéndose, hablando, pensando; qué es lo que las hace salir de la cama todas las mañanas y encarar el mundo... Pero ahí me pregunto: "Será que estas personas enfrentan realmente el mundo, o hacen de cuenta que no existe, que están aquí por accidente, que dá lo mismo, que la vida es así mismo y que solamente basta ir llevando las cosas como dé?"... Bueno, esa me parece una actitud monstruosa, suicida, peligrosamente contagiosa, que nos aleja de la conciencia, de la realidad, de nuestro compromiso con la histotria -la nuestra y la de los otros que están en contacto con nosotros- y con el crecimiento de la humanidad. Tenemos objetivos materiales, físicos y espirituales que no podemos  despreciar si pretendemos continuar siendo llamados de humanos. El hombre necesita un propósito para existir racionalmente, necesita trazar metas para él mismo, profesionales, afectivas, colectivas, individuales. Cualquier persona tiene que desenvolver y vivenciar esas ganas de superarse, de mejorar, de progresar en todas las áreas para que su pasaje por este planeta, por esta vida, valga la pena y deje algun legado, no importa si grande o pequeño... Puede ser que a veces no concordemos con algunos objetivos, con algunas filosofías o métodos, pero por lo menos vemos que estas personas tienen algún tipo de inspiración, de camino a recorrer, hicieron una opción y son fieles a ella a pesar de todo y de todos.
    Tener un objetivo requiere una buena dosis de coraje y mucha persistencia, pues en el momento en que uno lo define, automáticamemnte se compromete a llevarlo a cabo, y de la mejor forma posible, porque sabe que esto significa realización, mismo que cueste algunos sacrificios y mucho tiempo, tal vez una vida entera. Sin embargo, también tiene conciencia de que valdrá la pena y de que la sensación de deber cumplido será una recompensa que sobrepujará cualquier gano material... Y sabiendo esto, ahora yo me pregunto: Y esa gente que vive así, ni chicha ni limonada, sin leyes, sin expectativas, sin planes por los cuales luchar, sin un lugar donde llegar y sentirse victorioso? Será que se preguntan por qué existen? Y la respuesta que deben recibir de ellos mismos, cuando lo hacen, no es el resumen trágico del concepto "fracaso"? Por qué el vacío que alarga desesperadoramente sus días y noches no los hace reaccionar? O ya están tan hundidos en esta nada que ni siquiera se incomodan, o peor, ni siquiera se dan cuenta de la situación?... Sé que "objetivo" parece palabra  de reunión administrativa, de jefe, de pai, de profesor, pero créo que tener una noción de ella y practicarla no es solamente acatar una orden hierárquica, sino el llamado de sobrevivencia física y espiritual que todos recibimos en algún momento de nuestras vidas.

sábado, 7 de abril de 2012

"Granos buenos, granos malos"

Y ahora todos los días parecen feriado!... Esto es de veras fabuloso, pero por eso mismo estoy teniendo que reorganizar mi vida, porque después de 25 años seguidos trabajando en la Fundación no es tan fácil así quedarse en la casa el día entero sin nada específico que hacer. Créo que voy a tener que cuidarme para no ponerme floja, comilona  ni descuidada con la apariencia!... Es bien raro -y delicioso también-  quedarme en la casa por las tardes y poder organizar mi día como se me antoje, disponiendo de todo mi tiempo para escribir, escuchar música, pasear, meditar... Es un tremendo cambio, es verdad, y espero ajustarme bien a él, pero como las etapas tienen que cumplirse para que mi vida continúe, recomience y se renueve, la cosa es esa. Hay que seguir adelante, trazando nuevos planes. Ya fueron dos: primero el marido, después el trabajo,en seguida será la casa, el país; los amigos, calles, estaciones, descubrimientos, reencuentros... Lo que más me admira es el coraje que estoy teniendo para realizar este sueño. Nunca me concentré tanto en un objetivo, nunca tuve tanta fé, tanto optimismo, tanta perseverancia, tanta paciencia y disposición; nunca estuve tan convencida de que una actitud radical a este extremo valdría la pena. Y sé que la valdrá.
    Falta la última parte del plan, pero desgraciadamente, ésta no está solamente en mis manos, entonces sólo me resta rezar, hacer barra, mucha barra, y mantenerme activa, productiva, interesada. No pretendo ponerme como todas esas personas que empiezan a sentirse inútiles y vacías después que paran de trabajar! No, por el contrario, ahora es el momento de reunir fuerzas, optimismo, creatividad y salud física, espiritual y financiera para dar este último salto hacia la felicidad!.

    Siempre me fascinó la destreza y velocidad con que las dueñas de casa o las empleadas consiguen escoger los porotos o el arroz, separando con firmeza y sin equivocarse los granos obscuros, secos, quebrados o manchados de los enteros y saludables encima de una mesa limpia. Los ojos ni siempre están fijos en la taréa, pues parece que ellas consiguen sentir en la punta de los dedos el grano defectuoso, entonces se dan al lujo de conversar, vigilar a los niños o la tetera en la cocina, escuchar la máquina de lavar allá afuera o el camión de la  basura que se acerca por la calle sin perder la eficiencia ni la rapidez. Los dedos se mueven, con experiencia y levedad y el montón de porotos limpios y suculentos vá creciendo mientras otro menor vá siendo tirado a la basura sin el menor remordimiento, porque ellas saben que un grano malo no sirve y que es solamente con los buenos que prepararán un plato delicioso para el almuerzo de la familia...
     Y hoy en la mañana, fuí yo quien se sentó en la mesa de mi cocina, toda blanca y recién limpiada, para realizar esta taréa que, no sé por qué, tiene un qué de terapia relajante, de serenidad, concentración y simplicidad que parece alejar todas las preocupaciones de nuestra mente, que sólo se concentra en la inspección y separación de los granos estragados para que los buenos vayan a la olla... Entonces, en medio de aquella taréa y percibiendo cómo es fácil distinguir los granos damnificados de los que sirven, empezó a ocurrírseme que nosotros, en realidad, tenemos la misma percepción y eficiencia para ver y dejar de lado las cosas erradas en esta vida, nuestras propias faltas, nuestra cobardía, nuestros miedos y actitudes egoístas y mezquinas. Pues no son éstas como granos que no sirven para hacer un plato de comida? Y así como podemos escoger y botar aquellos y quedarnos solamente con los buenos, que nos alimentarán y nos darán fuerza, ayudandonos a crecer y desenvolvernos física y mentalmente, créo que también podemos aprender a distinguir y separar lo que nos faz mal, lo que nos aparta del buen camino, de la compasión, de la comprensión, de la unión. Y lo mejor es que de esta forma no alimentaremos tan sólo nuestro propio corazón con buena comida, sino que también alimentaremos el de los otros que, con certeza, van a querer repetir el plato y hasta aprender la receta!

segunda-feira, 19 de março de 2012

"Si el arrepentimiento matase..."

Bueno, fueron tres semanas de silencio, yo sé, pero les aseguro que valieron la pena. Hoy día retomo el blog como una mujer divorciada, aliviada,  llena de planes y en paz. Fueron meses de dudas, de paciencia, de ansiedad, gastos, correrías, llamadas telefónicas, reuniones y situaciones bien poco agradables, sin embargo todo corrió de forma razonablemente tranquila y justa, y ninguna de las catástrofes que yo preveía acontecierion, porque mi ex-marido se portó de forma muy leal y considerada (bueno, en ese sentido no puedo reclamar de él: siempre fué justo y honesto en los asunto de la ley) sobre todo llevando en cuenta el tremendo choque que debe haberse llevado cuando me senté frente a él en esa tarde de domingo y le pedí el divorcio... Créo que nunca se le pasó por la cabeza que yo sería capaz de tomar una decisión de esas y, todavía más, sostenerla hasta el fin. Pero todo el mundo puede sorprendernos de vez en cuando, no es verdad? Hasta yo misma estoy espantada con mi valor y mi determinación!... Pero ahora todo eso es una página virada y de aquí en adelante la cosa es ser feliz, trazar nuevos caminos y metas, entrar en otros procesos, vivir en paz y equilibrio (sobre todo con mi diabetes, que espero que después de esta odiséa -y lo que nos falta todavía- vuelva a tener medidas decentes) junto con mi hija, en nuevos paisajes. Nos espera una larga jornada, pero estamos dispuestas y animadas, optimistas y llenas de proyectos, contentas y con esta sensación delciosa de libertad llenando nuestro espíritu y dándole alas a nuestro corazón. Realmente, el peso de una relación desgastada, llena de resentimientos y malos entendidos, tensa y distante puede volverse insoportable y robarnos toda la energía. Separarse no es fácil, eso es verdad, pero yo prefiero enfrentar este desafío a continuar agonizando al lado de alguien con el que no tengo nada más en común. No niego que es bien asustador verse sola así, de repente, dependiendo solamente de uno misma, pero cuando se tiene el apoyo de otros (como el que tengo de mi hija) las cosas son bastante más fáciles, todo se nos antoja posible, pues se tiene una energía extra que nos apoya y nos empuja para que corramos atrás de nuestro sueño. Y con certeza será esto lo que sucederá!


    "Si el arrepentimiento matase", reza el dicho, y es la más pura verdad. Cuántas veces nos pillamos tomados por el remordimiento, la indignación o el resentimiento porque no tomamos una actitud justa, honesta, caritativa; porque no enfrentamos una situación, una persona, porque nos quedamos callados y quietos, porque preferimos preservar nuestra tranquilidad y nuestra conveniencia en vez de levantarnos y hacer algo para ayudar o aclarar, para poyar, consolar o dar valor, para defender nuestro punto de vista... En cuántas ocasiones hemos sido testigos o víctimas de injusticias, crueldades o desencuentros porque alguien prefirió ignorar la compasión, la justicia, el coraje que podría haberle dado un descenlace feliz a alguna historia! El cine y los libros están llenos de estos ejemplos, pero en la vida real ellos tienen resultados mucho más desastrosos y traumatizantes para sus protagonistas, pues su desgracia no acaba cuando viramos la última página o se encienden las luces del teatro, cuando guardamos silencio y nos tapamos los oídos, cuando cerramos los ojos y desviamos nuestros pasos para no cruzarnos con aquel a quien decidimos abandonar. Será que no se nos ocurre que, así como hoy le negamos una actitud salvadora a alguien, otros podrán hacer lo mismo con nosotros? Una acción siempre provoca una reacción, mismo que no la esperemos ni la deseémos, y una actitud no tomada puede significar no solamente la perdición de otro, sino la de nosotros mismos, de esa chispa de justicia y bondad, de santidad que traemos con nosotros y que está siempre lista para actuar. Si insistimos en negarle en cada ocasión la oportunidad de manifestarse y hacer su trabajo -y no sólo por los otros, sino también por nosotros mismos- vamos a terminar por sofocarla hasta que nada de ella brille en  nosotros.
    Actitudes son capítulos dentro de los capítulos de la historia; son sus cimientos, generadores de cambios, de milagros, de crecimiento, de envolvimiento y compasión con la humanidad. Tomarlas o no depende de nosotros y de nuestra conciencia, así como las consecuencias que deberemos enfrentar dependiendo de la opción que hagamos.

terça-feira, 28 de fevereiro de 2012

"Angeles"

    Los nudos se van deshaciendo, los caminos clareando, las puertas abriéndose y Dios está siempre allí, en el umbral, velando para que todo salga de la mejor forma posible. Bueno, yo no tengo de qué reclamar porque las etapas de mi propia historia están yendo de viento en popa, con momentos difíciles, claro, porque las pérdidas y los cambios nunca son fáciles -como la salida definitiva de mi esposo de la casa-  pero si no pasamos por ellas nos quedaremos estacionados y moriremos. Hay una cuota de sufrimiento en todo proceso, pero ésta no tiene que ser insoportable, interminable ni insuperable, sobre todo si lo encaramos con optimismo y fé, como una nueva oportunidad de crecer y encontrar la felicidad. Por lo menos, yo estoy llevando las cosas así y me gustaría que mi esposo hiciera lo mismo, pero, por el momento, no parece estar lidiando muy bien con los acontecimientos. Créo que todavía está en choque... Está portandose como un caballero, eso es verdad, lo que me deja muy contenta, pero nada le saca la angustia y la incredulidad de la cara... De cualquier modo, espero que el hecho de firmar los últimos y definitivos papeles del divorcio -esta semana, ojalá- lo traiga a la realidad y lo haga reaccionar para que empiece a buscar nuevos horizontes y vaya atrás de su felicidad.
    La casa está medio vacía y quieta, pero  tranquila, sin tensión ni resentimiento. El aire parece más claro y leve, no hay nada que esconder, que cuchichear, que disputar. Todo está claro y definido. Avanzamos otro paso rumbo a la nueva vida.
    Entonces, aprovechando esta mañana libre y serena, aquí vá la crónica de esta semana -o de la pasada, porque el fin de semana voló y ni tuve tiempo de sentarme aquí a escribir.


    A través de los años y de las experiencias he aprendido -no sin cierta sorpresa- que los mensajes divinos ni siempre vienen envueltos en lindos colores, con música, ángeles y luces, o arrobos espirituales. Para ser sincera, son pocas las ocasiones en que ellos nos llegan en momentos que podríamos llamar "adecuados" (meditando, rezando, contemplando una puesta de sol...) y a veces son tan desconcertantes que nos demoramos algún tiempo para darnos cuenta de que efectivamente se trata de un mensaje divino directo para nosotros y que tenemos que comprenderlo y ponerlo en práctica... No, a veces, y para que no nos olvidemos de que el mal y la desgracia caminan lado a lado con el bien y la felicidad, y que todos podemos ser víctimas de ellos, los recados de Dios interceptan nuestro camino mostrandonos el dolor, la soledad, la pobreza, el hambre, la muerte, pero no para asustarnos o amenazarnos, sino para que sepamos ser compasivos, pacientes, humildes y generosos con aquellos que pasan por estas dificultades, venciendo las aperiencias, pues lo que los otros necesitan de nosotros hoy, también podremos necesitarlo de ellos un día.
    Definitivamente, los ángeles no son todos criaturas celetiales a salvo de todo mal o contrariedad; por el contrario, créo que les gusta asumir nuestra forma humana, falible y débil, sujeta a los errores y la maldad, para acercarse sin asustarnos y así darnos los recados de Dios de una forma más próxima y comprensible, pues de esta forma recibimos as palabras divinas de alguien como nosotros en vez de una criatura perfecta e inalcanzable, lo que podría hacernos desconfiar o desanimarnos... Entonces, vamos a prestar más atención a nuestro alrededor, porque quién sabe no hay un ángel justamente a nuestro lado ahora? Quién puede decir si el empleado que nos atendió ayer no era uno? Con cuántos de ellos cruzamos todos los días, en medio de nuestros quehaceres, distraidos o preocupados, y los dejamos pasar en blanco? ... Quién sabe, Dios mío, yo misma no soy un ángel escondido dentro de esta persona tan imperfecta, a pesar de llena de buenas intenciones? Será que las buenas intenciones son un síntoma, una pista?... Entonces, como tal vez yo le traiga un mensaje a alguien, voy a tener mucho cuidado con mis palabras y acciones, porque ellas  pueden volverse ejemplo o inspiración para los demás, tal vez hasta la llave de la libertación de alguien...
    Y es así que empiezan las verdaderas "corrientes del bien" que pueden, un día, transformar este mundo y esta vida en algo muy parecido al paraiso.
   

quarta-feira, 22 de fevereiro de 2012

"Tendría el coraje?"

    Y después de la fiesta, el regreso a la realidad, desgraciadamente... No es que yo haya disfrutado el carnaval propiamente dicho, sino los cuatro maravillosos días de descanso, que realmente estaba necesitando, entonces para mí también es una lata tener que regresar a trabajo, sobre todo encontrándome en esta situación de "casi-saliendo", lo que significa que no tendré nada muy específico que hacer. Menos mal que mi jefe me consiguió esta substitución en la tienda de artesanía porque la señora que trabaja allá vá a salir de vacaciones, si no me lo iba a pasar estos dos últimos meses hibernando en mi sala vacía. Y esto solamente hasta que empezaran las clases de teatro, y como no tengo la menor intención de quedarme viendo las aulas de los nuevos profesores, me iba a quedar sin un lugar para pasar el tiempo... Bueno, pero como todo es para un bien mayor, me lo estoy tomando com mucha calma y buen humor, optimismo y paciencia. Sólo espero que después de toda esta fiesta los papeles de mi divorcio vuelvan a correr y resolvamos de una vez por todas este asunto... No es que esté desesperada -ya pasé esa etapa- pero estamos con esta historia hace algunos meses, y cuanto más tiempo pasa, más caro sale y, sinceramente, no estoy con ganas de gastar más de lo necesario porque voy a necesitar todo el dinero que pueda reunir para poder empezar mi nueva vida. Paciencia no me falta, ni fé o persistencia, y quiero que todo se solucione de la mejor forma para todos, entonces no me angustio más con las demoras... Pero que preferiría que todo se resolviera luego, bueno, eso es verdad...
    Entonces, aprovechando esta última mañana libre, aquí vá la crónica, medio atrasada, pero... Cosas del carnaval!.


    De lejos reconozco su silueta delgada, de andar resoluto y zigzagueante, las abas del chaleco flotando al lado del cuerpo como dos alas quebradas (y usado tanto en el frío inclemente del invierno cuanto en el calor insoportable del verano) cabellos largos y erizados como una esponja de acero zurrada e barbudo, rostro cavado y quemado por la intemperie, espaldas curvadas hacia el suelo, acompañando los ojos obscuros y medio alienados que recorren con obcecada porfía cada centímetro de la vereda en busca de colillas que, sin la menor ceremonia y con una vaga expresión de deleite, va recogiendo, limpiando cuidadosamente y guardando en el bolsillo de la camisa. Pasa por los transeúntes medio que esquivándolos, siempre apresurado, con gestos pesados, como queriendo avisar para que nadie lo perturbe o lo interrumpa en su misión. Como un can de caza  experimentado, parece olfatear la nicotina a distancia, ya séa al pié de un árbol, en medio del pasto, en la salida del bar, debajo de las mesitas de la fuente de soda, junto al banco en el paradero del bus... No es la primera vez que cruzo con él durante mis caminatas, y siempre trato de no establecer contacto visual, pues la primera vez que lo hice pareció sentirse profundamente insultado y agredido y me devolvió una mirada al mismo tiempo tan furiosa y avergonzada, que a partir de entonces decidí desviar los ojos todas las veces que me aproximase... Sin embargo, a pesar de esto, no consigo ignorarlo, tan fuerte es la impresión que me causa.
    Un poco antes de cruzar conmigo, pasa frente a una panadería y, de repente, se detiene delante de la lata de basura colocada en la calle y, agachándose bruscamente, no pesca una colilla, sino un pote de yoghurt descartado que, con un gesto intempestivo, casi automático, se lleva a la boca, bebiendo de un trago lo que sobró en él. En seguida, lo arroja de vuelta  a la lata y continúa su camino, dando una furtiva mirada a su alrededor como para verificar si nadie estaba observándolo.
   Al ver esto casi me quedo paralizada, porque hasta ahora lo había visto recoger puchos, nunca comida, lo que significa que no sólo le encanta fumar y no tiene plata para comprar cigarros, sino que también pasa hambre... No consigo evitar que el corazón se me encoja cuando pasa a mi lado dejando ese rastro que huele a miseria y desencanto, a obscuro resentimiento e indiferencia contra todo y todos y que penetra por mi nariz hasta mi cerebro y dibuja imágenes sombrías y sin esperanza. Porque a pesar de su expresión de orgulloso disgusto puedo adivinar la locura sin destino que lo rodéa y un extraño sentimiento de culpabilidad me invade, porque en ese instante recuerdo mi mesa llena, mi armario bien surtido, el techo que me abriga, la cama que cada noche me acoge... Y de repente me pregunto qué es lo que este hombre pensaría si yo lo llevase hasta mi casa y le mostrara mis posesiones, si le ofreciera  una parte de ellas. Será que me creería? Será que aceptaría? Será que conseguiría adaptarse?... Pero hay otra pregunta más importante todavía: Será que yo tendría realmente el coraje de llevarlo allá y abrirle las puertas? Y las puertas de mi corazón?...
    Entonces bajo la cabeza, avergonzada.

domingo, 12 de fevereiro de 2012

"Ataques de felicidad"

    Bueno, tengo que admitir que el regreso al trabajo no fué tan traumatizante así, principalmente porque, como no me voy a quedar por mucho tiempo, no seré incluída en ninguno de los proyectos de la Fundación, lo que me salva de reuniones interminables y discusiones donde siempre el que gana es mi jefe, plazos, fechas, cobranzas desmedidas y todo ese tipo de burocracia y correría que implica entrar en estos proyectos. De lo único que creé que no voy a conseguir escaparme vá a ser del maldito carnaval -una fiesta brasilera que nunca conseguí entender- que es esa semana en la cual todos empiezan a enloquecer y a querer hacer desfiles, montar bloques de payasos, bailarinas, picaflores y cosas por el estilo para salir haciendo escándalo por las calles, a coser disfraces esdrújulos, comprar cajas de cerveza y serpentina, pasajes para Rio de Janeiro o Salvador, a planear matinés en la plaza para ese bando de niñitos enloquecidos que lo único que quieren es hincharle las pelotas a todo el mundo, y así por delante... Y, claro, la Fundación no vá a escapar de esta tradición, entonces ya estamos preparándonos para un fin de semana infernal (el próximo) entre desfiles, barracas, foliones, bandas ensordecedoras tocando hasta la madrugada, borrachos queriendo pelear con cualquiera y un montón de gente con ganas de irse a la casa (estos somos nosotos, los funcionarios de la fundación) Pero es la tradición y tenemos que respetarla y entrar en el juego, por más que nos cargue, no es verdad?
    Bueno, y antes de que se imponga la locura  en esta ciudad, aquí vá la crónica de esta semana, posteada el domingo y no el lunes, porque no sé qué será de mi vida la semana que viene.  Están a punto de suceder cosas importantes, vitales para el comienzo de mi nueva vida, cosa que espero hace tanto tiempo que ni me había dado cuenta. Está  todo en las manos de Dios y tengo certeza de que, como siempre, El no me abandonará. Estará conmigo y con todos los envueltos a cada momento, cuidando para que todo salga de la mejor forma para todos en este capítulo tan importante de nuestras vidas... Y no se preocupen, que ustedes van a saberlo todo brevemente, ok?.

    Pueden ocurrir en los momentos más inesperados, casi siempre banales, cuando estoy totalmente desprevenida (y parece que mientras más desprevenida mejor!) y duran apenas algunos segundos, pero me dejan una sensación tan buena, mi alma y mi corazón se llenan de tal alegría, leveza y gratitud, de un optimismo tan brillante que parecen limpiar por completo todo lo que pueda haber de malo dentro de mí. De hecho, cuando se desvanecen parece que me vuelvo capaz de ver el mundo, a las personas y las situaciones -inclusive las más problemáticas- con nuevos ojos, frescos y claros. Parece que una ráfaga de aire perfumado y poderoso barriese todas mis angustias, todas mis ansiedades y pesimismos y yo me quedara libre, desnuda e iluminada delante de mi propia existencia, tomada por la más absoluta gratitud. De repente, cuando esta  sensación de invade, consigo percibir la simplicidad y la maravilla de la vida, los detalles preciosos, los milagros que me rodean, la suerte que tengo, los éxitos que alcancé, el futuro feliz que puedo constuir si me mantengo en este estado de espíritu positivo y confiante, sin complicaciones innecesarias; me doy cuenta y agradezco por mis talentos, por las experiencias por las cuales pasé y estoy pasando, por reconocer claramente las lecciones que cada una de ellas contiene y me siento feliz por conseguir  absorver la mayoría de ellas -mismo que a veces demore un poco-por aprovecharlas y pasarlas adelante a través de mis textos o de las aulas que ministro. Estos son instantes de claridad y seguridad absolutas, de una certeza sobrenatutral sobre las verdades que deben guiar mi vida, de una felicidad tan intensa, profunda y real, gratuita, que sólo puedo creér que vienen de Dios, o de mi ángel de la guardia, o entonces del propio corazón de la creación que en ese segundo escoge conectarse conmigo y revelarme sus secretos... Sé que parece bien ingenuo, pero piensen un poco: Por qué no? No somos por acaso parte de una misma manifestación? No poseémos unos las cualidades físicas y espirituales de los otros? No existe un lenguaje que hace posible nuestra comunicación e interacción?... Por qué, entonces, sería algo tan improbable?...
    Estos son lo que yo llamo de mis "ataques de felicidad", pero créo que no debo ser la única que los sufre, pues todos tenemos la oportunidad de abrirnos, de entregarnos, de optar sentirlos y disfrutarlos para después guardar en nuestros corazones y mentes esa sensación magnífica de dicha y claridad, de optimismo, de gratitud plena, que nos servirán de soporte y consuelo cuando vengan días difíciles. Basta alejarse por algunos momentos de nuestros problemas, dudas y recelos y permitir que el viento nos acaricie, el sol nos caliente, los pájaros canten para nosotros, el água sacie nuestra sed, el cielo se abra o la lluvia nos arrulle a la hora de dormir... La felicidad está aquí, a nuestro lado, rodeándonos, hablándonos constantemente, en la simplicidad de nuestra rutina diaria, de nuestros quehaceres cotidianos, en los encuentros que tenemos, en los actos, miradas y palabras positivas que distribuimos o recibimos a lo largo de cada jornada. Todas estas buenas acciones, de las cuales tenemos tan poca conciencia, son recompensadas, pero tenemos que prestar atención para no perderlas, porque casi siempre están escondidas en aquellos detalles que solemos dejar pasar, pensando que sólo podremos encontrar nuestra cuota de alegría en la grandiosidad, en el exceso, en la notoriedad, en las grandes empresas y éxitos. Algunos tienen realmente esta misión y es así que se realizan, pero, y nosotros, simples mortales que llevamos nuestra vidita modesta y anónima? Será que no tenemos esta oportunidad?... Pues yo estoy convencida de que nosotros, más que aquellos que tienen tanta responsabilidad y sufren tantos ataques justamente por ser demasiado conocidos, tenemos muchas más oportunidades de encontrar y disfrutar la felicidad, de ser asaltados por ella a cualquier hora, en cualquier lugar, por los motivos más simples... La felicidad es semejante a un cimiento que sostiene nuestro vivir todo el tiempo, basta que, de vez en cuando, la dejemos aflorar y tomar cuenta para que podamos renovarnos, reciclarnos y aprender a ver el mundo con más compasión, paciencia, optimismo y confianza. Porque esto es lo que el mundo necesita.