Créo que, a pesar de todos los cambios y los constantes y a veces casi intransponibles desafíos que implican trabajar en un lugar como la Fundación Cultural, que está siempre llena de sorpresas -agradables y desagradables- mi vida está empezando a entrar en los ejes de nuevo, inclusive en los disgustos, que son aquellos viejos conocidos con los cuales, por un momento, olvidé cómo lidiar (demasiada felicidad tiene este efecto colateral)... Pero qué es la vida sin uno o dos contratiempos, sin las personas antipáticas que ponen a prueba nuestra paciencia y sólo nos hacen las cosas difíciles? Créo que sin la presencia de sus "maldades" lo pasaríamos bien aburridos y terminaríamos estacionados por falta de desafíos y aventuras, no es verdad?... Entonces, un modesto "bravo!" para los hinchadores, los tiranos, las chismosas, los chupamedias y los miedosos, para los brutos e insensibles, porque, a final de cuentas, no sabríamos apreciar las cosas buenas de la vida si no nos encontráramos de vez en cuando con estas criaturas.
Entonces, antes de que me aparezca alguno (porque ayer, cuando fuimos al shopping mi hija y yo, parece que estaban haciendo fila esperándonos!) aquí vá la crónica de la semana.
A veces, tomar un viejo álbum de fotos, de esos que se llenan de polvo en la parte más alta - o más baja- del estante de la sala o en el fondo de algún armário, acomodarse confortablemente en un sofá con una taza de té y algunas tostadas en la mesita al lado, y abrirlo para dar una ojeada en aquellas fotografías de nuestra infancia o juventud puede resultar una estupenda forma de terapia e reevaluación, pues esta simple actividad puede ayudarnos enormemente a entender o interpretar de nuevas formas los hechos y a las personas que estuvieron envueltas en ellos (y que a veces dejaron tanto resentimiento y tristeza, tantas preguntas sin respuestas y arrepentimientos) porque la madurez que la vida nos vá proporcionando puede, con certeza,cambiar hasta radicalmente la visión que teníamos de los acontecimientos y las acciones de los otros, inclusive de las nuestras. Rever y reformular los eventos es como entender las raíces de un árbol y acompañar su desarrollo bajo la tierra, pues solamente entonces sabremos cómo creció y por qué tomó aquella dirección y no esta otra, cómo se volvió el árbol que vemos hoy, cuán fuerte es y por qué dá los frutos que dá. Comprendemos la forma de sus ramas, la frescura de su sombra, el sabor de sus frutas, el color de su follaje, y le perdonamos las ramas sueltas, la suciedad del otoño y la desnudez en el invierno... Ver fotos antiguas nos hace reflexionar, reconsiderar, sentirnos contritos o iluminados, nostálgicos y llenos de ternura... Algunos fantasmas se desvanecen, o por lo menos, se vuelven menos amedrentadores y poderosos, y así podemos tener la oportunidad de enfrentarlos y exorcizarlos para que borren todos los espejismos que crearon para controlarnos y mantenernos en su pasado morboso.
Recorro las páginas adornadas del álbum y véo a mi madre, mi padre, mis primos y primas, tíos y abuelos en paisajes rurales, en calles cuesta arriba o flanqueadas de tilos verde claro, en pátios soleados, bajo parreras y árboles centenarios, en salones de fiesta o alrededor de mesas de navidad o cumpleaños, en playas y parques, y sé que estoy delante de mis raíces, que soy una de las ramas de este árbol inmenso que es una familia, y que de mí están naciendo nuevas ramas, hojas y frutos, todos alimentados por una única raíz... Pero ahora cierro suavemente el álbum y una pregunta me asalta: cuáles son nuestras verdaderas raíces? Dónde están enterradas? Son físicas o espirituales, divinas o humanas? Será que podríamos zambullirnos y alcanzar el inicio, la semilla, el milagro primero de la existencia para comprobar que, efectivamente, somos todos hechos de la misma materia, hijos de un mismo corazón, venidos del mismo útero, hermanos y herederos de la eternidad, hojas del árbol inmortal que es Dios?...
sábado, 17 de setembro de 2011
sábado, 10 de setembro de 2011
Madre, patria
Ustedes deben estar pensando que desistí, que perdí la inspiración, sufrí algún tipo de accidente que me dejó incapacitada o fuí abducida por un ovni y por eso ya hacen dos semanas que no póstéo nada, pero la verdad es bien diferente. Antes que nada, voy a afirmar que en ningún momento me pasó por la cabeza la idéa de parar de escribir -eso sería la muerte para mí!- a pesar de todo lo que ha sucedido. Acontece que este último tiempo ha sido muy difícil, lleno de pérdidas y cambios fenomenales en mi vida, a los cuales estoy tratando de adaptarme y, como soy una persona de rutinas y rituales bastante arraigados, no está siendo nada fácil... El dia 24 de Agosto perdí a mi madre y luego en seguida hubo un cambio radical en mis horarios de trabajo -lo que botó por tierra todos mis esquemas- y uno de mis grupos de teatro fué arbitrariamente disuelto, por motivos muy excusos, mas inapelables (ya saben, cuando el jefe manda..) Ahora trabajo todos los dias -de lunes a jueves- en la mañana y en la tarde, entonces se acabaron mis inspiradoras caminadas matinales y las sesiones de escritura, la academia pasó para el final de la tarde, a las 6 y media, cuando salgo de la fundación, lo que es un pésimo horario para mim, porque a esa altura del día ya no tengo más energía para nada. También voy a tener que almorzar, o en el restaurante, o llevar una marmita y recalentarla en el microondas de la fundación, lo que no es muy saludable que digamos... A pesar de estos inconvenientes, tengo que admitir que la nueva situación también tiene sus ventajas, como el hecho de que no voy a trabajar más hasta tan tarde, voy a llegar en casa más temprano y voy a cenar a una hora decente, lo que será estupendo para mi glicemia, que actualmente, y con toda esta revolución, está una mierda. Tampoco voy a trabajar más los fines de semana, a no ser que haya algún evento que requiera mi presencia, cosa que, créo yo, ahora no vá a ser tan frecuente porque hay otra persona que hará esto en mi lugar( gracias a Dios!)... La otra cosa positiva es que, a pesar de todos nuestros choques y desacuerdos, mi jefe tuvo la dignidad de mantener las horas extras que habíamos combinado al comienzo del año, cuando era sólo yo con todo el trabajo del área de teatro, entonces mi salario no va a sufrir cortes con este cambio de horario, lo que sería na verdadera catástrofe para mi presupuesto... Bueno, en realidad no se trata exactamente de un favor, porque no voy a ganarlas sin hacer nada, voy a tener que trabajarlas, y mucho!. Menos mal que estamos con una cantidad de proyectos suficientes como para que no me quede ociosa. La otra cosa positiva -y haya positiva en eso!- es que, finalmente, voy a poder trabajar en equipo con Leander, mi alumno más antiguo -y actual director del musical- que es un tipo más que sensacional, creativo, bien humorado, eficiente, sensible y totalmente de acuerdo con mi línea de trabajo... Resumiendo, es casi mi ángel de la guardia, por eso créo que el pobre va a terminar sirviendo de mediador entre mi jefe y yo, que somos como el água y el vino respecto a cómo desenvolver montajes teatrales: él es todo visual, com poco contenido y calidad. Ya yo, sou enjuta y con total foco en el actor y no en escenarios y ropas... Imaginen entonces cómo es la cosa cada vez que nos sentamos para discutir alguna pieza!...
Otro punto positivo es que, también finalmente, tendré a mi disposición uno de los computadores de la fundación -desgraciadamente no será en mi sala, pero uno es mejor que ninguno, verdad?- con una seña personal y todo, entonces voy a poder ocupar mi tiempo vago -que créo no será mucho- escribiendo textos, planes de aula y todo tipo de trabajos que antes era obligada a digitar e imprimir aqui en mi casa (Voy a tener que comprar mi propio papel porque la fundación no tiene plata ni para eso, pero no me importa, será para mí misma)
En fin, como ven, la cosa quedó entre féa y bonita, y ahora me resta encotrar el equilibrio para continuar trabajando, creando, creciendo y aprendiendo, entrenando la paciencia con estos furúnculos que la vida nos pone en el camino... Uno siempre reclama, pero en el fondo, sabe que es para nuestro bien. Como siempre, tenemos que pensar que las dificultades pueden parecer algún tipo de castigo al principio, pero en realidad son lecciones, y si sabemos esperar y ver, al final nos daremos cuenta de que todo valió la pena.
Y ahora, basta de demoras, que ya pasé demasiado tiempo lejos de este teclado! Vamos a lo que interesa. Aquí está la crónica de esta semana, aliñada con el sabor delicioso del regreso a las viejas y libertadoras rutinas.
Es muy extraño perder a la madre... Mismo estando lejos, mismo peleada, enferma a punto de no reconocernos, mismo sin noticias o aparentemente dejada en segundo plano por las preocupaciones y afanes de nuestra vida adulta, a pesar de estar conscientes de que su hora se aproxima y que no podremos hacer nada para impedir su partida, mismo convencidos de que esto es lo más piadoso y justo para ella, para que no sufra más, quando la voz al otro lado de la línea dice, en un tono bajo y contenido:
-Estoy llamándote para avisarte que la mamá falleció.
Alguna cosa para, se queda helada y muda en el fondo del pecho, y una ola de extrañeza y torpeza recorre cada rincón del cuerpo. Queda aquel silencio en la línea, como si mi hermana y yo estuviéramos mirándonos durante una eternidad, tratando de creér, de asimilar... Instantáneamente, un alud de imágenes, sonidos y episódios vienen a mi cabeza, sobre todo las de aquel único viaje que hicimos las tres, ella, mi hija pequeña y yo, durante el cual descubri quién era realmente mi madre: una mujer a la que le gustaba divertirse con las cosas simples, compartir sus experiencias, reírse y descubrir los pequeños milagros a nuestro alrededor... Del lado opuesto a estas visiones y sensaciones, no consigo dejar de imaginar su coazón ahora parado, su cuerpo menudo y tan debilitado quieto y frío, sus ojos chispeantes cerrados, la quietud de la muerte invadiendolo todo sin despedidas, y aquel sentimiento de vacío se agiganta de un soplo monstruoso. La carne, los huesos y la sangre de los cuales fuí generada dejaron de existir, la corriente se rompió y yo me quedé ahí, estupefacta huérfana, más todavía que cuando mi padre murió, porque en aquella ocasião tuve una espécie de aviso, de presentimiento, algo como su voz cuchicheando en mi oído: "Ya llegué, no se preocupe, estoy bien", y ese sueño en el que alguien se me aparecía para avisarme que él había fallecido... Sin embargo, en el momento en que mi madre partió, yo estaba trabajando, en la calle, haciendo mi juego de lotería, preocupada con la presentación del fin de semana, participando de otra reunión frustrante y aburrida... Con todo, curiosamente, todo en ese miércoles resultó bien, como si manos invisibles clareasen los caminos para que mis planes corrieran sin tropiezos. Ningún presentimiento sombrió empañó mi día, ningún aviso, ninguna repentina sensación de pérdida, a pesar de saber de lo delicadp de su situación (casi murió mientras estábamos en Chile, pero superó la crisis y continuó resistiendo) No, al contrario, fué un día próspero y optimista, sereno, lleno de buenos presagios, como ella misma... Ahora estoy convencida de que era mi madre despidiendose, enseñandome su última lección: "Tenga fé, porque todo tiene su tiempo. No hay mal que por bien no venga"... Y fué así que me sentí a lo largo de esa jornada: llena de disposición e inspiración, de optimismo... Inclusive ahora, después de haber escuchado las palabras de mi hermana y ser lentamente tomada por la extrañeza y el negro vacío de la horfandad, una chispa, en algún lugar, todavía se mantiene encendida y cálida, mismo amenazada por el viento de mi desconsuelo... Ven un nada, una apatía, un actuar automático, lento, contenido. Los ojos se llenan de lágrimas y siento el abrazo firme y emocionado de mi hija sosteniendome Alguna cosa inmensa y dolorosa, asustadora, se enrosca en mi garganta, casi ahogandome. Parece que una parte de mi cuerpo fué arrancada, algo en las entrañas, allá en el fondo, en lo primordial, lo instintivo, y aquel agujero crece, crece y me devora... El mundo a mi alrededor se aleja, se vuelve opaco. Ahora no me falta tan solamente la patria, sino tambiém mi madre... Y cómo elas significan lo mismo, percibo en este momento! En Santiago me sentía como si estuviera en los brazos de mi madre, siendo acariciada por ella, escuchando su voz, sintiendo su perfume, aspirando sus aires, compartiendo sus recuerdos... La madre patria, la tierra que me vió nacer y crecer, que me amparó y me enseñó, que jamás me abandonó, que estuvo siempre cerca, acojedora y comprensiva, real, fuerte, imperturbable a pesar de terremotos y enfermedades, que continuaba entera e íntegra a pesar del tiempo y de la distancia, que me recibió como si yo nunca la hubiera dejado. Tierra y madre que traigo dentro de mí como una marca indeleble, que encierra todo lo que soy de más verdadero y eterno... Regresar a Santiago -no sólo a la ciudad, a mi calle o a mi casa, mas al país y todo lo que él es material y espiritualmente- fué como regresar a los brazos de mi madre, por eso todo lo que había de malo en mí desapareció como por encanto y nada consiguió perturbarme. Por eso mi paz y felicidad eran perfectas. Estaba, finalmente, de nuevo, como un guerrero que retorna de la batalla, el el regazo conocido y regenerador de mi madre.
Ahora sólo me resta la madre pátria, y ella habrá de llenar el vacío que la otra madre acabó de dejar.
Créo que fué por eso que ella no se manifestó de otras formas al morir. Ya lo había hecho a través de la tierra, del aire, de los días de sol, de los paisajes y sonidos, de los sabores y reencuentros que me envolvieron a lo largo de los doce días que pasamos en Santiago... Qué regalo precioso! Cuánta delicadeza de su parte! Cómo antes de partir me dejó en los brazos de mi madre pátria!... No podría haber escogido una despedida mejor, más llena de significado!... "Gracias mamachita!"
Otro punto positivo es que, también finalmente, tendré a mi disposición uno de los computadores de la fundación -desgraciadamente no será en mi sala, pero uno es mejor que ninguno, verdad?- con una seña personal y todo, entonces voy a poder ocupar mi tiempo vago -que créo no será mucho- escribiendo textos, planes de aula y todo tipo de trabajos que antes era obligada a digitar e imprimir aqui en mi casa (Voy a tener que comprar mi propio papel porque la fundación no tiene plata ni para eso, pero no me importa, será para mí misma)
En fin, como ven, la cosa quedó entre féa y bonita, y ahora me resta encotrar el equilibrio para continuar trabajando, creando, creciendo y aprendiendo, entrenando la paciencia con estos furúnculos que la vida nos pone en el camino... Uno siempre reclama, pero en el fondo, sabe que es para nuestro bien. Como siempre, tenemos que pensar que las dificultades pueden parecer algún tipo de castigo al principio, pero en realidad son lecciones, y si sabemos esperar y ver, al final nos daremos cuenta de que todo valió la pena.
Y ahora, basta de demoras, que ya pasé demasiado tiempo lejos de este teclado! Vamos a lo que interesa. Aquí está la crónica de esta semana, aliñada con el sabor delicioso del regreso a las viejas y libertadoras rutinas.
Es muy extraño perder a la madre... Mismo estando lejos, mismo peleada, enferma a punto de no reconocernos, mismo sin noticias o aparentemente dejada en segundo plano por las preocupaciones y afanes de nuestra vida adulta, a pesar de estar conscientes de que su hora se aproxima y que no podremos hacer nada para impedir su partida, mismo convencidos de que esto es lo más piadoso y justo para ella, para que no sufra más, quando la voz al otro lado de la línea dice, en un tono bajo y contenido:
-Estoy llamándote para avisarte que la mamá falleció.
Alguna cosa para, se queda helada y muda en el fondo del pecho, y una ola de extrañeza y torpeza recorre cada rincón del cuerpo. Queda aquel silencio en la línea, como si mi hermana y yo estuviéramos mirándonos durante una eternidad, tratando de creér, de asimilar... Instantáneamente, un alud de imágenes, sonidos y episódios vienen a mi cabeza, sobre todo las de aquel único viaje que hicimos las tres, ella, mi hija pequeña y yo, durante el cual descubri quién era realmente mi madre: una mujer a la que le gustaba divertirse con las cosas simples, compartir sus experiencias, reírse y descubrir los pequeños milagros a nuestro alrededor... Del lado opuesto a estas visiones y sensaciones, no consigo dejar de imaginar su coazón ahora parado, su cuerpo menudo y tan debilitado quieto y frío, sus ojos chispeantes cerrados, la quietud de la muerte invadiendolo todo sin despedidas, y aquel sentimiento de vacío se agiganta de un soplo monstruoso. La carne, los huesos y la sangre de los cuales fuí generada dejaron de existir, la corriente se rompió y yo me quedé ahí, estupefacta huérfana, más todavía que cuando mi padre murió, porque en aquella ocasião tuve una espécie de aviso, de presentimiento, algo como su voz cuchicheando en mi oído: "Ya llegué, no se preocupe, estoy bien", y ese sueño en el que alguien se me aparecía para avisarme que él había fallecido... Sin embargo, en el momento en que mi madre partió, yo estaba trabajando, en la calle, haciendo mi juego de lotería, preocupada con la presentación del fin de semana, participando de otra reunión frustrante y aburrida... Con todo, curiosamente, todo en ese miércoles resultó bien, como si manos invisibles clareasen los caminos para que mis planes corrieran sin tropiezos. Ningún presentimiento sombrió empañó mi día, ningún aviso, ninguna repentina sensación de pérdida, a pesar de saber de lo delicadp de su situación (casi murió mientras estábamos en Chile, pero superó la crisis y continuó resistiendo) No, al contrario, fué un día próspero y optimista, sereno, lleno de buenos presagios, como ella misma... Ahora estoy convencida de que era mi madre despidiendose, enseñandome su última lección: "Tenga fé, porque todo tiene su tiempo. No hay mal que por bien no venga"... Y fué así que me sentí a lo largo de esa jornada: llena de disposición e inspiración, de optimismo... Inclusive ahora, después de haber escuchado las palabras de mi hermana y ser lentamente tomada por la extrañeza y el negro vacío de la horfandad, una chispa, en algún lugar, todavía se mantiene encendida y cálida, mismo amenazada por el viento de mi desconsuelo... Ven un nada, una apatía, un actuar automático, lento, contenido. Los ojos se llenan de lágrimas y siento el abrazo firme y emocionado de mi hija sosteniendome Alguna cosa inmensa y dolorosa, asustadora, se enrosca en mi garganta, casi ahogandome. Parece que una parte de mi cuerpo fué arrancada, algo en las entrañas, allá en el fondo, en lo primordial, lo instintivo, y aquel agujero crece, crece y me devora... El mundo a mi alrededor se aleja, se vuelve opaco. Ahora no me falta tan solamente la patria, sino tambiém mi madre... Y cómo elas significan lo mismo, percibo en este momento! En Santiago me sentía como si estuviera en los brazos de mi madre, siendo acariciada por ella, escuchando su voz, sintiendo su perfume, aspirando sus aires, compartiendo sus recuerdos... La madre patria, la tierra que me vió nacer y crecer, que me amparó y me enseñó, que jamás me abandonó, que estuvo siempre cerca, acojedora y comprensiva, real, fuerte, imperturbable a pesar de terremotos y enfermedades, que continuaba entera e íntegra a pesar del tiempo y de la distancia, que me recibió como si yo nunca la hubiera dejado. Tierra y madre que traigo dentro de mí como una marca indeleble, que encierra todo lo que soy de más verdadero y eterno... Regresar a Santiago -no sólo a la ciudad, a mi calle o a mi casa, mas al país y todo lo que él es material y espiritualmente- fué como regresar a los brazos de mi madre, por eso todo lo que había de malo en mí desapareció como por encanto y nada consiguió perturbarme. Por eso mi paz y felicidad eran perfectas. Estaba, finalmente, de nuevo, como un guerrero que retorna de la batalla, el el regazo conocido y regenerador de mi madre.
Ahora sólo me resta la madre pátria, y ella habrá de llenar el vacío que la otra madre acabó de dejar.
Créo que fué por eso que ella no se manifestó de otras formas al morir. Ya lo había hecho a través de la tierra, del aire, de los días de sol, de los paisajes y sonidos, de los sabores y reencuentros que me envolvieron a lo largo de los doce días que pasamos en Santiago... Qué regalo precioso! Cuánta delicadeza de su parte! Cómo antes de partir me dejó en los brazos de mi madre pátria!... No podría haber escogido una despedida mejor, más llena de significado!... "Gracias mamachita!"
sábado, 20 de agosto de 2011
"Éxtasis y vacíos"
Tengo que confesar que todavía se me hace bien difícil acostumbrarme con las cosas aquí después que volví, lo que me tiene bien desinspirada, medio lenta, medio desubicada... Juro que no pensé que la ida a Chile iba a tener tantos efectos colaterales!... Yo no sé lo que está sucediendo -y es lo mismo con mi hija- pero tengo que ponerme las pilas luego y desenterrar de un agujero bien hondo mi ánimo, mi inspiración (tengo que escribir una pieza para el encerramiento de la oficina de teatro de la fundación este fin de semana!!!!) las ganas y el envolvimiento con mi trabajo, tengo que reencontrar aquella sensación deliciosa de felicidad y realización que me movía al escribir y montar mis piezas, y aún el coraje para encarar los desafíos que me aguardan hasta el fin de año... Mas lo que en verdad deséo es salir de vacaciones permanentemente, mandarme mudar para Chile y no volver nunca más... Sin embargo preciso luchar contra esto, porque a final de cuentas tengo deudas para pagar, toda una vida familiar y profesional aquí y no puedo, simplemente, largar todo así, de repente. Cada acontecimiento tiene su lugar exacto en nuestras vidas y tenemos que respetar esta línea de tiempo para no cagarnos la existencia por actuar precipitadamente. Ya hice mucho esto y parece que todo el arrepentimiento del mundo nunca es bastante, créanme...
Ayer en la noche fué el reestreno del musical con el nuevo elenco bajo la dirección de mi alumno y, a pesar de todas mis dudas y recelos (y todas aquellas peloteras gratis), la cosa hasta que fué muy bien. Al público le encantó -sobre todo porque ahora los actores son niños y no adultos, lo que le confiere una gracia toda especial- y los chicos fueron muy eficientes a pesar de haber tenido no más que ocho o diez ensayos. Hay muchas cosas que tienen que ser trabajadas para que mejore y adquiera una calidad más profesional, pero créo que el objetivo fué alcanzado y me siento realmente felz por ello. Sin embargo, todo este trabalho de perfeccionamiento no estará más en mis manos. En realidad, estoy metida en un montón de otros proyectos, inclusive las presentaciones de mis propios alumnos en los próximos dos fines de semana, el encerramiento de la oficina de circo, los espectáculos de fin de año de la danza y la música y todavía nuestro festival de teatro estudiantil, entonces, trabajo no me vá a faltar... Pero es que es tan tremendamente extraña esta súbita certeza de que uno es substituible, de que hizo un trabajo tan eficiente con los alumnos (especialmente con el que tomó mi lugar en la dirección del espectáculo) que nuestra intervención no es más necesaria para que la cosa funcione!... Cuendo pienso en esto soy tomada por todo tipo de sentimientos encontrados: alivio por un lado, porque estaba realmente muy cansada con toda la correría que el musical implica, pero también preocupación porque tal vez mi tiempo esté pasando y me estoy volviendo obsoleta; una cierta y honda tristeza, una sensación de despedida y al mismo tiempo, el sentimiento de haber recuperado mi libertad creativa... Ustedes entienden?... Bueno, créo que todavía me vá a llevar un tiempo asimilar este descubrimiento y aprender a lidiar sin angustias con este proceso de substitución (que, por lo demás, es lógico y natural... hasta que le acontece a uno mismo, claro) Porque la vida continúa y hay muchas cosas esperándonos más adelante, no es verdad? Entonces, no podemos parar cada vez que acontece un cambio, porque ellos ocurren, justamente, para hacernos crecer y avanzar, y no para detenernos o dejarnos deprimidos. Pero ya sé que aprender esto vá a demorar un tiempito bien sufrido, desgraciadamente. De cualquier forma, estoy convencida de que será para el bien de todos, entonces, voy a respirar hondo, virar la página y lanzarme a la próxima aventura!.
Entonces, aquí vá la de esta semana que, escogida al azar, parece que fué escrita para mí -por mí misma- para aliviar la situación por la que estoy pasando. Es divertido, mas parece que a veces sabemos o que vá a sucedernos en el futuro, no es verdad?
Plenitud o vacío? Luz o obscuridad? Acción o inmovilidad? Ruido o silencio?... Créo que ambos, siempre, pues no conoceríamos ni sabríamos apreciar uno sin la existencia del otro. El vacío puede haber sido el origen de la creación que conocemos y la plenitud podría ser el sentimento que precede a la muerte, por qué no?... No existen reglas sobre los opuestos, que pueden manifestarse en cualquier ocasión. El vacío tiene su fin cuando comenzamos a crear nuevamente, y la plenitud, por su vez, tiene su ocaso cuando e ciclo que vivenciamos se completa y nos damos cuenta de que tenemos que "partir para otra". Entonces, precisamos darle un final; y es inevitable, casi instintivo, que nos desestructuremos después del clímax, que nos sintamos perdidos y asustados... Sin embargo, nadie permanece en el vacío para siempre -a no ser que no séa dueño de sí mismo física o mentalmente- y nadie créa sin cesar, esta es una ley, el proceso del péndulo que nos mantiene en equilibrio, es por eso que en nuestra vida existen estos períodos de descanso, de "limbo", de muerte y aparente vacío. Ellos son imprescindibles para que nos reevaluemos y podamos reformularnos cuando séa necesario, ya que reciclandonos y abriendo nuevas puertas podremos dar un paso más en nuestro desarrollo, pues tendremos un nuevo impulso, una nueva perspectiva, una claridad que no alcanzaríamos sin esta parada... No es en vano que el ser humano carga vida y muerte dentro de él y está siempre manifestando estos dos extremos en todos los ámbitos de su vida... Sostener indefinidamente el vacío o la plenitud, la luz o la obscuridad, la felicidad o el dolor acaba por dejarnos exhaustos y estacionados, nos pudre, nos descompone por la rutina y la acomodación, pues no hay renovación, no tenemos nuevas opciones ni actitudes, no existen desafíos ni descubrimientos porque nos acostumbramos con aquello que conocemos y aprendimos a manipular con seguridad. Le tenemos miedo a los cambios, a la novedad, al desafío, a la conquista de nuevos caminos, al encuentro con personajes desconocidos y a la relación que estableceremos con ellos. Pero es justamente el fin de cada experiencia lo que nos lleva automáticamente al início de la siguiente, lo que siempre significará crecimiento y sabiduría. No podemos viciarnos en clímax o vacíos, en dolor o felicidad, pues con el tiempo fatalmente van a perder su significado y detendrán nuestra evolución. Tenemos que recordar que todo está en constante movimiento, siempre cambiando, expandiendose, pidiendonos idénticas transformaciones y acciones. Así, el éxtasis y el vacío no son estáticos -mismo que tratemos de sujetarlos, robandoles su real significado y objetivo- e invariablemente darán lugar a nuevas experiencias... Y es de ésto que la vida está hecha: de novedad, de expectativa, de cambios, desafíos, fé y, principalmente, de lucha.
Ayer en la noche fué el reestreno del musical con el nuevo elenco bajo la dirección de mi alumno y, a pesar de todas mis dudas y recelos (y todas aquellas peloteras gratis), la cosa hasta que fué muy bien. Al público le encantó -sobre todo porque ahora los actores son niños y no adultos, lo que le confiere una gracia toda especial- y los chicos fueron muy eficientes a pesar de haber tenido no más que ocho o diez ensayos. Hay muchas cosas que tienen que ser trabajadas para que mejore y adquiera una calidad más profesional, pero créo que el objetivo fué alcanzado y me siento realmente felz por ello. Sin embargo, todo este trabalho de perfeccionamiento no estará más en mis manos. En realidad, estoy metida en un montón de otros proyectos, inclusive las presentaciones de mis propios alumnos en los próximos dos fines de semana, el encerramiento de la oficina de circo, los espectáculos de fin de año de la danza y la música y todavía nuestro festival de teatro estudiantil, entonces, trabajo no me vá a faltar... Pero es que es tan tremendamente extraña esta súbita certeza de que uno es substituible, de que hizo un trabajo tan eficiente con los alumnos (especialmente con el que tomó mi lugar en la dirección del espectáculo) que nuestra intervención no es más necesaria para que la cosa funcione!... Cuendo pienso en esto soy tomada por todo tipo de sentimientos encontrados: alivio por un lado, porque estaba realmente muy cansada con toda la correría que el musical implica, pero también preocupación porque tal vez mi tiempo esté pasando y me estoy volviendo obsoleta; una cierta y honda tristeza, una sensación de despedida y al mismo tiempo, el sentimiento de haber recuperado mi libertad creativa... Ustedes entienden?... Bueno, créo que todavía me vá a llevar un tiempo asimilar este descubrimiento y aprender a lidiar sin angustias con este proceso de substitución (que, por lo demás, es lógico y natural... hasta que le acontece a uno mismo, claro) Porque la vida continúa y hay muchas cosas esperándonos más adelante, no es verdad? Entonces, no podemos parar cada vez que acontece un cambio, porque ellos ocurren, justamente, para hacernos crecer y avanzar, y no para detenernos o dejarnos deprimidos. Pero ya sé que aprender esto vá a demorar un tiempito bien sufrido, desgraciadamente. De cualquier forma, estoy convencida de que será para el bien de todos, entonces, voy a respirar hondo, virar la página y lanzarme a la próxima aventura!.
Entonces, aquí vá la de esta semana que, escogida al azar, parece que fué escrita para mí -por mí misma- para aliviar la situación por la que estoy pasando. Es divertido, mas parece que a veces sabemos o que vá a sucedernos en el futuro, no es verdad?
Plenitud o vacío? Luz o obscuridad? Acción o inmovilidad? Ruido o silencio?... Créo que ambos, siempre, pues no conoceríamos ni sabríamos apreciar uno sin la existencia del otro. El vacío puede haber sido el origen de la creación que conocemos y la plenitud podría ser el sentimento que precede a la muerte, por qué no?... No existen reglas sobre los opuestos, que pueden manifestarse en cualquier ocasión. El vacío tiene su fin cuando comenzamos a crear nuevamente, y la plenitud, por su vez, tiene su ocaso cuando e ciclo que vivenciamos se completa y nos damos cuenta de que tenemos que "partir para otra". Entonces, precisamos darle un final; y es inevitable, casi instintivo, que nos desestructuremos después del clímax, que nos sintamos perdidos y asustados... Sin embargo, nadie permanece en el vacío para siempre -a no ser que no séa dueño de sí mismo física o mentalmente- y nadie créa sin cesar, esta es una ley, el proceso del péndulo que nos mantiene en equilibrio, es por eso que en nuestra vida existen estos períodos de descanso, de "limbo", de muerte y aparente vacío. Ellos son imprescindibles para que nos reevaluemos y podamos reformularnos cuando séa necesario, ya que reciclandonos y abriendo nuevas puertas podremos dar un paso más en nuestro desarrollo, pues tendremos un nuevo impulso, una nueva perspectiva, una claridad que no alcanzaríamos sin esta parada... No es en vano que el ser humano carga vida y muerte dentro de él y está siempre manifestando estos dos extremos en todos los ámbitos de su vida... Sostener indefinidamente el vacío o la plenitud, la luz o la obscuridad, la felicidad o el dolor acaba por dejarnos exhaustos y estacionados, nos pudre, nos descompone por la rutina y la acomodación, pues no hay renovación, no tenemos nuevas opciones ni actitudes, no existen desafíos ni descubrimientos porque nos acostumbramos con aquello que conocemos y aprendimos a manipular con seguridad. Le tenemos miedo a los cambios, a la novedad, al desafío, a la conquista de nuevos caminos, al encuentro con personajes desconocidos y a la relación que estableceremos con ellos. Pero es justamente el fin de cada experiencia lo que nos lleva automáticamente al início de la siguiente, lo que siempre significará crecimiento y sabiduría. No podemos viciarnos en clímax o vacíos, en dolor o felicidad, pues con el tiempo fatalmente van a perder su significado y detendrán nuestra evolución. Tenemos que recordar que todo está en constante movimiento, siempre cambiando, expandiendose, pidiendonos idénticas transformaciones y acciones. Así, el éxtasis y el vacío no son estáticos -mismo que tratemos de sujetarlos, robandoles su real significado y objetivo- e invariablemente darán lugar a nuevas experiencias... Y es de ésto que la vida está hecha: de novedad, de expectativa, de cambios, desafíos, fé y, principalmente, de lucha.
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sábado, 13 de agosto de 2011
"Extremos"
Bueno, si estaba pensando que tendría menos trabajo ahora que no estoy más dirigiendo el musical, tengo que admitir que estaba totalmente engañada, porque parece que, de repente, en vez de disminuir, las montajes e proyectos están multiplicándose! Esto incluyendo aquellas del tipo:"Necesito una interferencia para mañana!" (esto dicho a las 8 y media de la noche del día anterior!)... La lata es que siempre conseguimos dar cuenta de este tipo de locura de una manera satisfactoria, entonces la tendencia es estar siempre recibiendo estos pedidos lo que, tengo que confesar, es un desafío delicioso, sobre todo cuando resultan un éxito y somos elogiados, haciendo que toda la correría y la creatividad valgan la pena; pero también debo decir que significan mucho stress y horas extras inesperadas. Por ejemplo, ayer en la noche fué la abertura de la exposición sobre el Taró de Henrique Aragão, para la cual tuvimos que montar una interferencia de última hora -que por suerte salió linda y enriqueció el evento- y yo, que ya estaba creyendo que finalmente volvería a disfrutar de mis tres días libres, acabé teniendo que quedarme y llegué a mi casa a las 11 y media de la noche, sin haber podido tomarme mis remedios, con un tremendo dolor de piés y una seria amenaza de indigestión por cuenta de los comes y bebes que sirvieron y tuve que comer porque, como no sabía que iba a tener que quedarme hasta tan tarde, no llevé nada civilizado para cenar... Entonces, imagínense cómo estoy hoy día! Totalmente podrida!... Créo que ya no tengo aliento para este tipo de correría, a final de cuentas, acabé de cumplir 55!... Lo que me consuela es que voy a poder dormir hasta que me dé puntada después de almuerzo y que en la reunión administrativa del lunes tal vez reciba un elogio de mi jefe.
Sin embargo, como no existe casi nada que me impida cumplir con mis obligaciobes literarias, aquí vá la crónica de esta semana, mismo en medio de bostezos e con los ojos medio empañados.
A veces me espanto al comprobar cómo es mezquina nuestra visión de los acontecimientos y de las personas!... A pesar de saber que todo sucede para un bien mayor, no importa lo malas que séan las apariencias, si no conseguimos ver o experimentar este bien en el momento de nuestra probación, inmediatamente nos abandonan la fé y el ánimo, la inspiración y el optimismo, y nos sentimos injusticiados, castigados por un capricho arbitrario de Dios, olvidados y despreciados por su amor. En vez de que las dificultades o derrotas sirvan para inyectarnos coraje y persistencia, para hacernos luchar y continuar creyendo en nuestros sueños y objetivos, en un segundo nos derrumbamos y nos quedamos tirados allí, lamentandonos y tratando de despertar la compasión del mundo para que ellos hagan lo que es nuestra parte para que las cosas funcionen... Bien que podríamos ser como los santos y usar los ojos de nuestra alma, que siempre ven la verdad!... Pero, en vez de eso, nos dejamos llevar por la ilusión de fracaso que nosotros mismos creamos, y le damos el poder de destruirnos, de desviarnos de nuestro destino, de hacernos desistir. No nos damos cuenta de que la dificultad no es un castigo, sino una lección, una forma de entrenamiento para que aprendamos a ser fieles, justos y compasivos, pacientes y persistentes, creativos, solidarios, para que nos unamos en las dificultades y en la superación... Porque la muerte no es realmente el fin, los acontecimientos negativos y las pérdidas no son castigos, sino oportunidades, desafíos, puertas hacia transformaciones, cambios y renovación. Créo que Dios permite la existencia de aquello que llamamos de "mal"-o de este mal dentro de nosotros- simplemente como un medio para que aprendamos y crezcamos. Sin embargo, tenemos que saber que no es solamente a través de estos capítulos obscuros y amargos que maduramos, sino también a través de la experiencia de la felicidad, del éxito, de los días de serenidad, de la belleza del amor y la unidad. La existencia necesita de los extremos, pues uno le dá valor y sentido al otro, poniendo a prueba y sosteniendo nuestro equilibrio. Estos son indivisibles, necesarios, parte de la conciencia y la realidad de ser humanos...
Dios es felicidad y amor, pero también puede ser dolor e ira cuando es necesario, en la forma de las consecuencias de nuestros actos.
Sin embargo, como no existe casi nada que me impida cumplir con mis obligaciobes literarias, aquí vá la crónica de esta semana, mismo en medio de bostezos e con los ojos medio empañados.
A veces me espanto al comprobar cómo es mezquina nuestra visión de los acontecimientos y de las personas!... A pesar de saber que todo sucede para un bien mayor, no importa lo malas que séan las apariencias, si no conseguimos ver o experimentar este bien en el momento de nuestra probación, inmediatamente nos abandonan la fé y el ánimo, la inspiración y el optimismo, y nos sentimos injusticiados, castigados por un capricho arbitrario de Dios, olvidados y despreciados por su amor. En vez de que las dificultades o derrotas sirvan para inyectarnos coraje y persistencia, para hacernos luchar y continuar creyendo en nuestros sueños y objetivos, en un segundo nos derrumbamos y nos quedamos tirados allí, lamentandonos y tratando de despertar la compasión del mundo para que ellos hagan lo que es nuestra parte para que las cosas funcionen... Bien que podríamos ser como los santos y usar los ojos de nuestra alma, que siempre ven la verdad!... Pero, en vez de eso, nos dejamos llevar por la ilusión de fracaso que nosotros mismos creamos, y le damos el poder de destruirnos, de desviarnos de nuestro destino, de hacernos desistir. No nos damos cuenta de que la dificultad no es un castigo, sino una lección, una forma de entrenamiento para que aprendamos a ser fieles, justos y compasivos, pacientes y persistentes, creativos, solidarios, para que nos unamos en las dificultades y en la superación... Porque la muerte no es realmente el fin, los acontecimientos negativos y las pérdidas no son castigos, sino oportunidades, desafíos, puertas hacia transformaciones, cambios y renovación. Créo que Dios permite la existencia de aquello que llamamos de "mal"-o de este mal dentro de nosotros- simplemente como un medio para que aprendamos y crezcamos. Sin embargo, tenemos que saber que no es solamente a través de estos capítulos obscuros y amargos que maduramos, sino también a través de la experiencia de la felicidad, del éxito, de los días de serenidad, de la belleza del amor y la unidad. La existencia necesita de los extremos, pues uno le dá valor y sentido al otro, poniendo a prueba y sosteniendo nuestro equilibrio. Estos son indivisibles, necesarios, parte de la conciencia y la realidad de ser humanos...
Dios es felicidad y amor, pero también puede ser dolor e ira cuando es necesario, en la forma de las consecuencias de nuestros actos.
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sábado, 6 de agosto de 2011
"Viento"
Cómo empezar a describir lo que fué este viaje?... Todavía no acabé de asimilar los milagros,los paisajes, los sabores y sonidos con los que fuí regalada durante aquellos diez días en Santiago. Encuentros, novedades, recuerdos, reencuentros, rituales, renovación, raíces... Para que tengan una idéa, todavía ni empecé a desenvolver los pocos apuntes que conseguí escribir, porque son tantas las cosas que me vienen a la cabeza cuando me siento a digitar, que el trabajo de relatar esta verdadera jornada espiritual, sicológica e histórica me vá a llevar algún tiempo todavía, pero ciertamente ustedes van a saber todo, porque créo que algunas de las experiencias que pasé valen la pena ser compartidas, pues van más allá de visitar la tierra natal, reencontrar parientes o comer comida típica... Y como ahora no estoy más al frente del musical (otro de los pequeños milagros que recibí a la vuelta), voy a volver a tener mis tres días libres para reflexionar sobre todo lo que sucedió y poder escribirlo como es debido.
No digamos que este hecho me pescó muy de sorpresa, porque después de todas las peloteras y desacuerdos con mi jefe, esperaba algo así de su parte. Sin embargo, al contrario de lo que podría esperar, su decisión no me dejó triste o resentida, sino al contrario, extremadamente feliz y aliviada, porque ahora puedo dedicarme a otros proyectos, cosa que ya estaba dejándome angustiada porque no consigo quedarme presa a una sola actividad y este espectáculo ya había dado lo que tenía que dar, por lo menos para mí -y por lo que parece también para el primer elenco, ya que decidieron abandonarlo, dejando a todo el mundo con los pelos de punta- y yo siempre digo que cuando alguna actividad (A no ser que se trate de sobrevivencia) deja de ser placentera, divertida y desafiante, y empiezas a tener puros disgustos, a sufrir demasiada presion, a estresarte y a pelearte con todo el mundo, significa que llegó la hora de cambiar el rumbo de las cosas o, simplemente, partir para otra, como se dice acá. Y como m jefe no estaba en absoluto dispuesto a cambiar el rumbo de nada, optó por sacarme de la dirección y poner a un alumno mío, cosa que encontré estupenda porque este es mi mejor alumno y merece totalmente este privilegio y así, mismo que continúe ayudándolo en lo que pueda, ahora estoy libre para dedicarme a otras cosas que me dejen realmente feliz y realizada. Para que véan cómo estaba la cosa de féa, lo único que me dejaba angustiada cuando estaba en Chile era pensar que, al regresar, tendría que encarar este musical, lo que significaba volver a las peléas, las humillaciones y a la presión absurda que venía sufriendo antes del viaje, pero cuando mi jefe me telefoneó el sábado para decirme que no precisaba comparecer al ensayo el domingo porque ya había colocado a otra persona en mi lugar, juro que fué lo mismo que sacarme un tanque de encima de los hombros. Me sentí leve, feliz, orgullosa de mi alumno que, con certeza vá a dar cuenta de la taréa, y lista para seguir adelante, lanzarme en nuevos desafíos y volver a crear y a producir como antes. Hay que seguir en frente, hay que moverse, hay que renovarse, reciclarse, porque quedarnos parados no nos llevará a ninguna parte y era esto lo que estaba sucediendo conmigo.
Entonces, retomando viejos y deliciosos hábitos, libre, leve y suelta nuevamente, aquí vá la crónica de la semana:
El viento, caprichoso y temperamental, juguetón o destructor, misterioso movimiento que no vemos pero que, mismo así, nos toca, nos habla, afecta el universo, dirige água y fuego, nubes, arenas, montañas y valles. No sabemos de dónde viene ni hacia dónde se dirige, pero esto, en verdad, o importa. Lo que importa es que él se manifiesta, interactúa con la creación, genera y destruye, se mueve incesantemente, como si buscase un puerto, un final, un descanso que no encuentra. Su danza es ancestral, viene del espacio, de las estrellas y constelaciones, del pesamiento de Dios, y no conoce el tiempo ni el espacio. Es una energía invisible mas real, como tanta cosa en nuestra vida y, mismo sin poder verla, creémos en ella más de lo que creémos en las manifestacioes divinas que acontecen a cada instante bien delante de nuestras narices. Nada es insensible al paso del viento... Podemos sostenerlo en la mano? Podemos guardarlo en una caja, en una bolsa, en una redoma? Podemos darle órdenes, direccionarlo, detenerlo?... Cómo, si no tiene cuerpo, a pesar de que su toque es tan sólido y absoluto? Al contrario de nosotros, el viento es realmente libre, no está contenido en forma alguna, no hay cómo describirlo; sólo podemos sentirlo. A veces hasta nos parece que es medio humano, que posée una personalidad, intenciones, inteligencia, voluntad, porque puede ser bondadoso y juguetón, ayudar en los días de calor, secar nuestra ropa y transportar semillas, puede amansar las olas y hacer danzar a los trigales. Pero también puede ser cruel y vengativo, destructor, inmisericorde, derribar árboles y destejar casas, congelar el aire, huír de los pulmones, apagar el fuego que nos calienta... Todos nosotros, alguna vez, ya tratamos de comprenderlo, de volvernos sus amigos, sus cómplices, de clasificarlo, traducir su lenguaje, adivinar sus intenciones, que siempre vienen acompanadas de señales visibles. Creémos que conversa con nosotros porque eleva nuestros volantines al cielo, empuja a las nubes delante del sol abrasador, inventa coreografías con las sábanas en la cuerda, hace cantar a las campanas, juega con las hojas secas y las bolsas de plástico vacías, desparrama los aromas de la vida y de las estaciones, aviva el fuego, esculpe las rocas, mueve desiertos, y en todas estas manifestaciones pensamos encontrar un intento de comunicación, de interacción, de complicidad de su parte que nos transforma em compañeros. Es poderoso, fuerte e invisible, pero mismo así, creémos en él y lo transformamos en parte de nuestra existencia, tal vez porque nos recuerda que algún día, por un milagro portentoso, nosotros también podemos ser libres como él.
Y ahora me pregunto: cómo danzamos el viento? Tal vez aceptando su misterio y sus mil disfraces? Tal vez creando alas y siguiéndolo? Tal vez curvandonos a su voluntad?... Nada es él y él es todos. Así como nosotros, que no somos nada en nuestra brevedad y fragilidad y, al mismo tiempo, somos todo porque contenemos el milagro de la existencia dentro de nosotros. Aceptamos las peculiaridades porque somos nosotros mismos quienes las creamos y cultivamos, porque necesitamos ser diferentes unos de los otros, porque la diversidad es lo que enriquece la experiencia de vivir y nos lleva a crecer . Somos vanidosos y demasiado densos, escépticos, ambiciosos, presuntuosos, mezquinos y egoístas, pero llevamos en nuestro interior la chispa divina que es capaz de apagar todo esto y transformarnos no en un huracán arrasador -eso ya somos de sobra, en realidad!- sino en una brisa benéfica y constante, que puede llevar armonía, sabiduría, paz y compasión a los cuatro cantos del mundo. Somos tremenda, absurdamente individualistas, pero pienso que, en el fondo, sabemos que no somos uno, éste, aquel, sino todos, en todo momento; partes de un cuerpo infinito, en constante expansión. Pasamos por las diferentes partes de este cuerpo ejerciendo diferentes funciones, vivenciando experiencias que nos conducirán hasta su centro. Nos movemos sin nunca salir de él, pero cada experiencia -o lugar de él- nos dá una nova visión, otro ángulo, una comprensión un poco mayor de cómo funciona este cuerpo. Vamos viéndolo en su totalidad hasta confundirnos, fundirnos con él. Entonces adquirimos la comprensión total. El centro, descubrimos, es el todo, no se encuentra en un solo lugar, lejano y aprisionado, sino en todo, siempre. Estando en él, estamos conectados a todo, entonces. No necesitamos más hablar, movernos, pensar. Simplemente somos.
No digamos que este hecho me pescó muy de sorpresa, porque después de todas las peloteras y desacuerdos con mi jefe, esperaba algo así de su parte. Sin embargo, al contrario de lo que podría esperar, su decisión no me dejó triste o resentida, sino al contrario, extremadamente feliz y aliviada, porque ahora puedo dedicarme a otros proyectos, cosa que ya estaba dejándome angustiada porque no consigo quedarme presa a una sola actividad y este espectáculo ya había dado lo que tenía que dar, por lo menos para mí -y por lo que parece también para el primer elenco, ya que decidieron abandonarlo, dejando a todo el mundo con los pelos de punta- y yo siempre digo que cuando alguna actividad (A no ser que se trate de sobrevivencia) deja de ser placentera, divertida y desafiante, y empiezas a tener puros disgustos, a sufrir demasiada presion, a estresarte y a pelearte con todo el mundo, significa que llegó la hora de cambiar el rumbo de las cosas o, simplemente, partir para otra, como se dice acá. Y como m jefe no estaba en absoluto dispuesto a cambiar el rumbo de nada, optó por sacarme de la dirección y poner a un alumno mío, cosa que encontré estupenda porque este es mi mejor alumno y merece totalmente este privilegio y así, mismo que continúe ayudándolo en lo que pueda, ahora estoy libre para dedicarme a otras cosas que me dejen realmente feliz y realizada. Para que véan cómo estaba la cosa de féa, lo único que me dejaba angustiada cuando estaba en Chile era pensar que, al regresar, tendría que encarar este musical, lo que significaba volver a las peléas, las humillaciones y a la presión absurda que venía sufriendo antes del viaje, pero cuando mi jefe me telefoneó el sábado para decirme que no precisaba comparecer al ensayo el domingo porque ya había colocado a otra persona en mi lugar, juro que fué lo mismo que sacarme un tanque de encima de los hombros. Me sentí leve, feliz, orgullosa de mi alumno que, con certeza vá a dar cuenta de la taréa, y lista para seguir adelante, lanzarme en nuevos desafíos y volver a crear y a producir como antes. Hay que seguir en frente, hay que moverse, hay que renovarse, reciclarse, porque quedarnos parados no nos llevará a ninguna parte y era esto lo que estaba sucediendo conmigo.
Entonces, retomando viejos y deliciosos hábitos, libre, leve y suelta nuevamente, aquí vá la crónica de la semana:
El viento, caprichoso y temperamental, juguetón o destructor, misterioso movimiento que no vemos pero que, mismo así, nos toca, nos habla, afecta el universo, dirige água y fuego, nubes, arenas, montañas y valles. No sabemos de dónde viene ni hacia dónde se dirige, pero esto, en verdad, o importa. Lo que importa es que él se manifiesta, interactúa con la creación, genera y destruye, se mueve incesantemente, como si buscase un puerto, un final, un descanso que no encuentra. Su danza es ancestral, viene del espacio, de las estrellas y constelaciones, del pesamiento de Dios, y no conoce el tiempo ni el espacio. Es una energía invisible mas real, como tanta cosa en nuestra vida y, mismo sin poder verla, creémos en ella más de lo que creémos en las manifestacioes divinas que acontecen a cada instante bien delante de nuestras narices. Nada es insensible al paso del viento... Podemos sostenerlo en la mano? Podemos guardarlo en una caja, en una bolsa, en una redoma? Podemos darle órdenes, direccionarlo, detenerlo?... Cómo, si no tiene cuerpo, a pesar de que su toque es tan sólido y absoluto? Al contrario de nosotros, el viento es realmente libre, no está contenido en forma alguna, no hay cómo describirlo; sólo podemos sentirlo. A veces hasta nos parece que es medio humano, que posée una personalidad, intenciones, inteligencia, voluntad, porque puede ser bondadoso y juguetón, ayudar en los días de calor, secar nuestra ropa y transportar semillas, puede amansar las olas y hacer danzar a los trigales. Pero también puede ser cruel y vengativo, destructor, inmisericorde, derribar árboles y destejar casas, congelar el aire, huír de los pulmones, apagar el fuego que nos calienta... Todos nosotros, alguna vez, ya tratamos de comprenderlo, de volvernos sus amigos, sus cómplices, de clasificarlo, traducir su lenguaje, adivinar sus intenciones, que siempre vienen acompanadas de señales visibles. Creémos que conversa con nosotros porque eleva nuestros volantines al cielo, empuja a las nubes delante del sol abrasador, inventa coreografías con las sábanas en la cuerda, hace cantar a las campanas, juega con las hojas secas y las bolsas de plástico vacías, desparrama los aromas de la vida y de las estaciones, aviva el fuego, esculpe las rocas, mueve desiertos, y en todas estas manifestaciones pensamos encontrar un intento de comunicación, de interacción, de complicidad de su parte que nos transforma em compañeros. Es poderoso, fuerte e invisible, pero mismo así, creémos en él y lo transformamos en parte de nuestra existencia, tal vez porque nos recuerda que algún día, por un milagro portentoso, nosotros también podemos ser libres como él.
Y ahora me pregunto: cómo danzamos el viento? Tal vez aceptando su misterio y sus mil disfraces? Tal vez creando alas y siguiéndolo? Tal vez curvandonos a su voluntad?... Nada es él y él es todos. Así como nosotros, que no somos nada en nuestra brevedad y fragilidad y, al mismo tiempo, somos todo porque contenemos el milagro de la existencia dentro de nosotros. Aceptamos las peculiaridades porque somos nosotros mismos quienes las creamos y cultivamos, porque necesitamos ser diferentes unos de los otros, porque la diversidad es lo que enriquece la experiencia de vivir y nos lleva a crecer . Somos vanidosos y demasiado densos, escépticos, ambiciosos, presuntuosos, mezquinos y egoístas, pero llevamos en nuestro interior la chispa divina que es capaz de apagar todo esto y transformarnos no en un huracán arrasador -eso ya somos de sobra, en realidad!- sino en una brisa benéfica y constante, que puede llevar armonía, sabiduría, paz y compasión a los cuatro cantos del mundo. Somos tremenda, absurdamente individualistas, pero pienso que, en el fondo, sabemos que no somos uno, éste, aquel, sino todos, en todo momento; partes de un cuerpo infinito, en constante expansión. Pasamos por las diferentes partes de este cuerpo ejerciendo diferentes funciones, vivenciando experiencias que nos conducirán hasta su centro. Nos movemos sin nunca salir de él, pero cada experiencia -o lugar de él- nos dá una nova visión, otro ángulo, una comprensión un poco mayor de cómo funciona este cuerpo. Vamos viéndolo en su totalidad hasta confundirnos, fundirnos con él. Entonces adquirimos la comprensión total. El centro, descubrimos, es el todo, no se encuentra en un solo lugar, lejano y aprisionado, sino en todo, siempre. Estando en él, estamos conectados a todo, entonces. No necesitamos más hablar, movernos, pensar. Simplemente somos.
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sábado, 9 de julho de 2011
Nuestro padre
Bueno, esta será la última crónica que voy a postear antes de mi viaje (parto el viernes 15 al mediodía) pero si puedo, voy a tratar de publicar una desde allá la semana que viene. No sé si voy a conseguirlo, pero no será por falta de un computador (dónde NO hay un computador?) sino por cuenta de las emociones por las que estaré pasando y que, tal vez, me roben un poco de concentración e inspiración... Bueno, eso es lo que sucede cuando uno se acostumbra a vivir y hacer todo en una ciudad pequeña: el día que aparece un viaje importante uno se despelota toda, le sube la glicemia, a presión y la ansiedad, y la gastritis ataca a traición hasta cuando tomamos un vaso de água. Puchas, me acuerdo de que cuando vivía en Santiago me las arreglaba para andar por la ciudad para arriba y para abajo sin ningún problema! Será que es la edad, que la deja a uno más frágil e insegura? O será que me transformé mismo en una palurda que crée que el avión se la vá a comer?... "Mi, Tarzán. Tú, Jane"... Estoy sintiendome más o menos así!... Pero créo que voy a conseguir hacer todo lo necesario sin mucho pánico porque no es en vano que soy extremadamente organizada y vá a haber otras personas conmigo, entonces... Quien boca tiene a Roma llega, no es verdad?.
Y antes de que empiece a divagar de nuevo sobre el viaje, aquí vá mi última crónica desde acá:
"El reino de Dios está dentro de tí, a tu alrededor, en cada manifestación de vida, en todo tiempo y espacio, y no solamente en edificios, rituales o imágenes. Arranca una astilla de madera y Me encotrarás. Levanta una piedra y Yo estaré allí. Mira a tu izquierda, mira a tu derecha: Yo estoy allí. Escucha de lejos, escucha de cerca: es Mi voz que resuena en todos los lugares..."
Así estaba escrito en el viejo pergamino que el conocido pesquisador sostenía en sus manos temblorosas, después de haberlo desenterrado de entre las piedras de un tempo en ruínas, y sus ojos, acostumbrados a las maravillas y sorpresas que sus descubrimientos le traían, se abrían, brillantes de emoción, mientras su mente y su corazón asimilaban las palabras delante suyo, tan claras y simples, tan lógicas, pues si era realmente Dios quien había creado todo lo que existía, entonces era obvio que El estaba en cada criatura, en cada proceso, en todos los acontecimientos y manifesaciones... Cómo podía ser que ya en aquella época hubiese alguien que había comprendido esta magnífica verdad y escrito sobre ella y, a pesar de ello, hoy día las personas se encontrasen tan lejos de Dios?, se preguntó, admirado. Por qué ese pergamino había sido enterrado en vez de revelado? Por qué los hombres continuaban con tanto miedo de la cercanía de Dios?...
Las verdades eternas están allí, delante de nosotros, a cada paso, en cada acontecimiento. Las respuestas para nuestras preguntas y dilemas flotan a nuestro alrededor como mariposas en torno de la luz, y podríamos pescarlas a cualquier instante, bastaría sólo un gesto: abrir los ojos y el corazón para percibirlas, para escucharlas, y la fé para aceptarlas. Son nuestras y están ahí para que las usemos a fin de mejorar nuestra vida. Están en los encuentros que tenemos, en las músicas que escuchamos, en el arte de cuadros y esculturas, en las películas y séries que acompañamos, en los diarios y libros que leemos, en la propaganta a veces tan tediosa, en el sermón en la iglesia, en la boca del mendigo, del niño, del campesino; están en las personas, en las estaciones, aeropuertos y esquinas, en los animales, en cada detalle que rellena nuestra rutina diaria... Sin embargo, continuamos buscando, clamando, desesperandonos, reclamando y cobrándole a Dios una intervención, un milagro, una señal, sin darnos cuenta de que El ya hace todo eso y que nosotros no nos damos cuenta simplemente porque, en el fondo, no creémos que pueda estar tan cerca y mostrarse tan simple -hasta banal!- tan constante y original, tan accesible, diverso e ingenioso. Pero si dejamos de lado preconceptos, falsas humildades, culpas y la tan famosa "seriedad adulta", vamos a descubrir que, por más fantástico e ingenuo que pueda parecer, El está realmene a nuestro lado en todo momento, hablandonos, escuchandonos e interactuando con nosotros de las formas más inesperadas, y que para cada uno tiene un plan y un método, una manera toda especial de hacernos entender que es nuestro padre y se preocupa por nosotros porque nos ama... Y que siempre encuentra medios originales y tiernos a través de aquello que conocemos y con que convivimos a cada día para demostrarlo.
Y antes de que empiece a divagar de nuevo sobre el viaje, aquí vá mi última crónica desde acá:
"El reino de Dios está dentro de tí, a tu alrededor, en cada manifestación de vida, en todo tiempo y espacio, y no solamente en edificios, rituales o imágenes. Arranca una astilla de madera y Me encotrarás. Levanta una piedra y Yo estaré allí. Mira a tu izquierda, mira a tu derecha: Yo estoy allí. Escucha de lejos, escucha de cerca: es Mi voz que resuena en todos los lugares..."
Así estaba escrito en el viejo pergamino que el conocido pesquisador sostenía en sus manos temblorosas, después de haberlo desenterrado de entre las piedras de un tempo en ruínas, y sus ojos, acostumbrados a las maravillas y sorpresas que sus descubrimientos le traían, se abrían, brillantes de emoción, mientras su mente y su corazón asimilaban las palabras delante suyo, tan claras y simples, tan lógicas, pues si era realmente Dios quien había creado todo lo que existía, entonces era obvio que El estaba en cada criatura, en cada proceso, en todos los acontecimientos y manifesaciones... Cómo podía ser que ya en aquella época hubiese alguien que había comprendido esta magnífica verdad y escrito sobre ella y, a pesar de ello, hoy día las personas se encontrasen tan lejos de Dios?, se preguntó, admirado. Por qué ese pergamino había sido enterrado en vez de revelado? Por qué los hombres continuaban con tanto miedo de la cercanía de Dios?...
Las verdades eternas están allí, delante de nosotros, a cada paso, en cada acontecimiento. Las respuestas para nuestras preguntas y dilemas flotan a nuestro alrededor como mariposas en torno de la luz, y podríamos pescarlas a cualquier instante, bastaría sólo un gesto: abrir los ojos y el corazón para percibirlas, para escucharlas, y la fé para aceptarlas. Son nuestras y están ahí para que las usemos a fin de mejorar nuestra vida. Están en los encuentros que tenemos, en las músicas que escuchamos, en el arte de cuadros y esculturas, en las películas y séries que acompañamos, en los diarios y libros que leemos, en la propaganta a veces tan tediosa, en el sermón en la iglesia, en la boca del mendigo, del niño, del campesino; están en las personas, en las estaciones, aeropuertos y esquinas, en los animales, en cada detalle que rellena nuestra rutina diaria... Sin embargo, continuamos buscando, clamando, desesperandonos, reclamando y cobrándole a Dios una intervención, un milagro, una señal, sin darnos cuenta de que El ya hace todo eso y que nosotros no nos damos cuenta simplemente porque, en el fondo, no creémos que pueda estar tan cerca y mostrarse tan simple -hasta banal!- tan constante y original, tan accesible, diverso e ingenioso. Pero si dejamos de lado preconceptos, falsas humildades, culpas y la tan famosa "seriedad adulta", vamos a descubrir que, por más fantástico e ingenuo que pueda parecer, El está realmene a nuestro lado en todo momento, hablandonos, escuchandonos e interactuando con nosotros de las formas más inesperadas, y que para cada uno tiene un plan y un método, una manera toda especial de hacernos entender que es nuestro padre y se preocupa por nosotros porque nos ama... Y que siempre encuentra medios originales y tiernos a través de aquello que conocemos y con que convivimos a cada día para demostrarlo.
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sexta-feira, 1 de julho de 2011
El espejismo del dolor
Releyendo mi última publicación me dí cuenta de que hablo de una maleta, pero no explico el por qué... Bueno, es que ando tan traumatizada con este negocio de la presentación del musical -que ciertamente vá a ser el fiasco del año porque nadie quiso darme oídos- que ni me acordé de contar que durante as vacaciones de los alumnos de la fundación voy a viajar... En realidad, desde que lo supe, parece que sólo pienso en esto y que todo lo demás perdió la importancia: las clases, los ensayos, la catástrofe inminente del espectáculo, los problemas con mi jefe... Mi hija decidió darme este regalo maravilloso para conmemorar mi cumpleaños, entonces ya me estoy preparando para las emociones y el frío, que debe estar de matar donde estamos yendo. Pero anduve comprando unas parcas y unas ropas pesadas, medias de lana, gorros, bufandas y guantes y una maleta extragrande para guardar las ropas gruesas y las botas, entonces el clima no me vá a pescar tan desprevenida... Puchas, ahora me doy cuenta de cómo me desacostumbré con el frío de verdad, ese que hacía en Santiago! Ahora, cualquier vientecito helado y ya estoy con el trasero y la nariz congelados!...Menos mal que estos últimos días han sido como una previa de lo que me aguarda allá, entonces no ando reclamando mucho del frío porque, con certeza, voy a enfrentar algo bien peor allá.... El único problema es que con todas estas compritas de última hora mis cuentas aumentaron un poquitín y más encima, como ya usé mis días de vacaciones, el sueldo de agosto vá a venir bien disminuido porque van a descontarme los días -menos mal que el abono de julio vá a compensar un poco mi desfalco!- entonces me voy a quedar bastante arruinada un par de meses, cosa que anda robándome el sueño, pero si comparo este viaje todo lo que él significa con el montón de carnets dentro de la bolsa de nylon en el cajón de mi escritorio, créo que consigo encarar a mis acreedores con más tranquilidad -y cara dura- Hasta porque ellos saben que no soy una sinvergüenza y que este "imprevisto" fué algo absolutamente irrecusable. O hacíamos este viaje ahora, aprovechando las vacaciones de mi hija y las de los alumnos de la fundación, o no sé cuándo podríamos volver a tener la oportunidad.... Y otra cosa buena: hoy en la mañana mi empleada encontró el diario en el garage (que es el que publica mis crónicas) lo que significa que tal vez mi esposo renovó el contrato -estoy rezando por ello- y no voy a tener que ir más a la farmacia todos los miércoles para dar una ojeada en el cuaderno dos, cosa que ya estaba dejándome muy embarazada!...
Sé que existen numerosos espejismos e ilusiones en nuestras vidas -la mayor parte creados por nosotros mismo por las más diversas razones- y que a veces nos dejamos envolver completamente por ellos, lo que nos hace pasar por momentos extremadamente difíciles que, con certeza, no lo serían tanto si percibiésemos que se trata solamente de eso: una ilusión, un espejismo que sólo empeora la situación porque creémos en él. Por ejemplo: todas las veces en que nos encontramos sumergidos en el dolor, séa físico o espiritual, tenemos la aplastante y terrible impresión de que nunca más vamos a conseguir salir de él, de que continuaremos hundiéndonos en el abismo del abandono y el pesimismo y nada bueno volverá a sucedernos. A veces, las heridas que cargamos o recibimos son tan profundas y nos provocan angustias tan grandes que morir desangrados nos parece el único fin lógico e inevitable. Nada nos consuela, ni una luz ilumina nuestra obscuridad, ni una mano nos sostiene para que no caigamos en el abismo... Es entonces que aprendemos que e dolor y la desesperación desaparecen solamente cuando su ciclo se completa, y sólo entonces. Aprendemos que es necesario pasar por él y llegar al fondo de la experiencia para aprender la lección en ella contenida, para solamente despues libertarnos de las sombras y retornar lentamente a la luz, a la vida, a lo que todavía nos aguarda... Regresamos entonces, porque el instinto de supervivencia es el más poderoso que poseémos y, recogiendo los pedazos destrozados y en carne viva, retorcidos e exhaustos, vacíos, que sobraron de nuestra batalla, los vestimos heróica y porfiadamente e retomamos nuestro camino, continuamos con nuestros planes, amamos, reímos, comemos, conversamos, nos acostamos y nos levantamos con algunas nuevas cicactrices, es verdad, sin embargo concientes de lo que ellas nos enseñaron; seguimos adelante más fuertes y sábios, más valientes y compasivos, habiendo comprendido que el espejismo del dolor no pasa de esto: una ilusión de la cual siempre seremos capaces de resurgir. Y este es otro de los milagros que nos es dado realizar en esta vida.
Sé que existen numerosos espejismos e ilusiones en nuestras vidas -la mayor parte creados por nosotros mismo por las más diversas razones- y que a veces nos dejamos envolver completamente por ellos, lo que nos hace pasar por momentos extremadamente difíciles que, con certeza, no lo serían tanto si percibiésemos que se trata solamente de eso: una ilusión, un espejismo que sólo empeora la situación porque creémos en él. Por ejemplo: todas las veces en que nos encontramos sumergidos en el dolor, séa físico o espiritual, tenemos la aplastante y terrible impresión de que nunca más vamos a conseguir salir de él, de que continuaremos hundiéndonos en el abismo del abandono y el pesimismo y nada bueno volverá a sucedernos. A veces, las heridas que cargamos o recibimos son tan profundas y nos provocan angustias tan grandes que morir desangrados nos parece el único fin lógico e inevitable. Nada nos consuela, ni una luz ilumina nuestra obscuridad, ni una mano nos sostiene para que no caigamos en el abismo... Es entonces que aprendemos que e dolor y la desesperación desaparecen solamente cuando su ciclo se completa, y sólo entonces. Aprendemos que es necesario pasar por él y llegar al fondo de la experiencia para aprender la lección en ella contenida, para solamente despues libertarnos de las sombras y retornar lentamente a la luz, a la vida, a lo que todavía nos aguarda... Regresamos entonces, porque el instinto de supervivencia es el más poderoso que poseémos y, recogiendo los pedazos destrozados y en carne viva, retorcidos e exhaustos, vacíos, que sobraron de nuestra batalla, los vestimos heróica y porfiadamente e retomamos nuestro camino, continuamos con nuestros planes, amamos, reímos, comemos, conversamos, nos acostamos y nos levantamos con algunas nuevas cicactrices, es verdad, sin embargo concientes de lo que ellas nos enseñaron; seguimos adelante más fuertes y sábios, más valientes y compasivos, habiendo comprendido que el espejismo del dolor no pasa de esto: una ilusión de la cual siempre seremos capaces de resurgir. Y este es otro de los milagros que nos es dado realizar en esta vida.
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