Tengo que confesar que todavía se me hace bien difícil acostumbrarme con las cosas aquí después que volví, lo que me tiene bien desinspirada, medio lenta, medio desubicada... Juro que no pensé que la ida a Chile iba a tener tantos efectos colaterales!... Yo no sé lo que está sucediendo -y es lo mismo con mi hija- pero tengo que ponerme las pilas luego y desenterrar de un agujero bien hondo mi ánimo, mi inspiración (tengo que escribir una pieza para el encerramiento de la oficina de teatro de la fundación este fin de semana!!!!) las ganas y el envolvimiento con mi trabajo, tengo que reencontrar aquella sensación deliciosa de felicidad y realización que me movía al escribir y montar mis piezas, y aún el coraje para encarar los desafíos que me aguardan hasta el fin de año... Mas lo que en verdad deséo es salir de vacaciones permanentemente, mandarme mudar para Chile y no volver nunca más... Sin embargo preciso luchar contra esto, porque a final de cuentas tengo deudas para pagar, toda una vida familiar y profesional aquí y no puedo, simplemente, largar todo así, de repente. Cada acontecimiento tiene su lugar exacto en nuestras vidas y tenemos que respetar esta línea de tiempo para no cagarnos la existencia por actuar precipitadamente. Ya hice mucho esto y parece que todo el arrepentimiento del mundo nunca es bastante, créanme...
Ayer en la noche fué el reestreno del musical con el nuevo elenco bajo la dirección de mi alumno y, a pesar de todas mis dudas y recelos (y todas aquellas peloteras gratis), la cosa hasta que fué muy bien. Al público le encantó -sobre todo porque ahora los actores son niños y no adultos, lo que le confiere una gracia toda especial- y los chicos fueron muy eficientes a pesar de haber tenido no más que ocho o diez ensayos. Hay muchas cosas que tienen que ser trabajadas para que mejore y adquiera una calidad más profesional, pero créo que el objetivo fué alcanzado y me siento realmente felz por ello. Sin embargo, todo este trabalho de perfeccionamiento no estará más en mis manos. En realidad, estoy metida en un montón de otros proyectos, inclusive las presentaciones de mis propios alumnos en los próximos dos fines de semana, el encerramiento de la oficina de circo, los espectáculos de fin de año de la danza y la música y todavía nuestro festival de teatro estudiantil, entonces, trabajo no me vá a faltar... Pero es que es tan tremendamente extraña esta súbita certeza de que uno es substituible, de que hizo un trabajo tan eficiente con los alumnos (especialmente con el que tomó mi lugar en la dirección del espectáculo) que nuestra intervención no es más necesaria para que la cosa funcione!... Cuendo pienso en esto soy tomada por todo tipo de sentimientos encontrados: alivio por un lado, porque estaba realmente muy cansada con toda la correría que el musical implica, pero también preocupación porque tal vez mi tiempo esté pasando y me estoy volviendo obsoleta; una cierta y honda tristeza, una sensación de despedida y al mismo tiempo, el sentimiento de haber recuperado mi libertad creativa... Ustedes entienden?... Bueno, créo que todavía me vá a llevar un tiempo asimilar este descubrimiento y aprender a lidiar sin angustias con este proceso de substitución (que, por lo demás, es lógico y natural... hasta que le acontece a uno mismo, claro) Porque la vida continúa y hay muchas cosas esperándonos más adelante, no es verdad? Entonces, no podemos parar cada vez que acontece un cambio, porque ellos ocurren, justamente, para hacernos crecer y avanzar, y no para detenernos o dejarnos deprimidos. Pero ya sé que aprender esto vá a demorar un tiempito bien sufrido, desgraciadamente. De cualquier forma, estoy convencida de que será para el bien de todos, entonces, voy a respirar hondo, virar la página y lanzarme a la próxima aventura!.
Entonces, aquí vá la de esta semana que, escogida al azar, parece que fué escrita para mí -por mí misma- para aliviar la situación por la que estoy pasando. Es divertido, mas parece que a veces sabemos o que vá a sucedernos en el futuro, no es verdad?
Plenitud o vacío? Luz o obscuridad? Acción o inmovilidad? Ruido o silencio?... Créo que ambos, siempre, pues no conoceríamos ni sabríamos apreciar uno sin la existencia del otro. El vacío puede haber sido el origen de la creación que conocemos y la plenitud podría ser el sentimento que precede a la muerte, por qué no?... No existen reglas sobre los opuestos, que pueden manifestarse en cualquier ocasión. El vacío tiene su fin cuando comenzamos a crear nuevamente, y la plenitud, por su vez, tiene su ocaso cuando e ciclo que vivenciamos se completa y nos damos cuenta de que tenemos que "partir para otra". Entonces, precisamos darle un final; y es inevitable, casi instintivo, que nos desestructuremos después del clímax, que nos sintamos perdidos y asustados... Sin embargo, nadie permanece en el vacío para siempre -a no ser que no séa dueño de sí mismo física o mentalmente- y nadie créa sin cesar, esta es una ley, el proceso del péndulo que nos mantiene en equilibrio, es por eso que en nuestra vida existen estos períodos de descanso, de "limbo", de muerte y aparente vacío. Ellos son imprescindibles para que nos reevaluemos y podamos reformularnos cuando séa necesario, ya que reciclandonos y abriendo nuevas puertas podremos dar un paso más en nuestro desarrollo, pues tendremos un nuevo impulso, una nueva perspectiva, una claridad que no alcanzaríamos sin esta parada... No es en vano que el ser humano carga vida y muerte dentro de él y está siempre manifestando estos dos extremos en todos los ámbitos de su vida... Sostener indefinidamente el vacío o la plenitud, la luz o la obscuridad, la felicidad o el dolor acaba por dejarnos exhaustos y estacionados, nos pudre, nos descompone por la rutina y la acomodación, pues no hay renovación, no tenemos nuevas opciones ni actitudes, no existen desafíos ni descubrimientos porque nos acostumbramos con aquello que conocemos y aprendimos a manipular con seguridad. Le tenemos miedo a los cambios, a la novedad, al desafío, a la conquista de nuevos caminos, al encuentro con personajes desconocidos y a la relación que estableceremos con ellos. Pero es justamente el fin de cada experiencia lo que nos lleva automáticamente al início de la siguiente, lo que siempre significará crecimiento y sabiduría. No podemos viciarnos en clímax o vacíos, en dolor o felicidad, pues con el tiempo fatalmente van a perder su significado y detendrán nuestra evolución. Tenemos que recordar que todo está en constante movimiento, siempre cambiando, expandiendose, pidiendonos idénticas transformaciones y acciones. Así, el éxtasis y el vacío no son estáticos -mismo que tratemos de sujetarlos, robandoles su real significado y objetivo- e invariablemente darán lugar a nuevas experiencias... Y es de ésto que la vida está hecha: de novedad, de expectativa, de cambios, desafíos, fé y, principalmente, de lucha.
sábado, 20 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
"Extremos"
Bueno, si estaba pensando que tendría menos trabajo ahora que no estoy más dirigiendo el musical, tengo que admitir que estaba totalmente engañada, porque parece que, de repente, en vez de disminuir, las montajes e proyectos están multiplicándose! Esto incluyendo aquellas del tipo:"Necesito una interferencia para mañana!" (esto dicho a las 8 y media de la noche del día anterior!)... La lata es que siempre conseguimos dar cuenta de este tipo de locura de una manera satisfactoria, entonces la tendencia es estar siempre recibiendo estos pedidos lo que, tengo que confesar, es un desafío delicioso, sobre todo cuando resultan un éxito y somos elogiados, haciendo que toda la correría y la creatividad valgan la pena; pero también debo decir que significan mucho stress y horas extras inesperadas. Por ejemplo, ayer en la noche fué la abertura de la exposición sobre el Taró de Henrique Aragão, para la cual tuvimos que montar una interferencia de última hora -que por suerte salió linda y enriqueció el evento- y yo, que ya estaba creyendo que finalmente volvería a disfrutar de mis tres días libres, acabé teniendo que quedarme y llegué a mi casa a las 11 y media de la noche, sin haber podido tomarme mis remedios, con un tremendo dolor de piés y una seria amenaza de indigestión por cuenta de los comes y bebes que sirvieron y tuve que comer porque, como no sabía que iba a tener que quedarme hasta tan tarde, no llevé nada civilizado para cenar... Entonces, imagínense cómo estoy hoy día! Totalmente podrida!... Créo que ya no tengo aliento para este tipo de correría, a final de cuentas, acabé de cumplir 55!... Lo que me consuela es que voy a poder dormir hasta que me dé puntada después de almuerzo y que en la reunión administrativa del lunes tal vez reciba un elogio de mi jefe.
Sin embargo, como no existe casi nada que me impida cumplir con mis obligaciobes literarias, aquí vá la crónica de esta semana, mismo en medio de bostezos e con los ojos medio empañados.
A veces me espanto al comprobar cómo es mezquina nuestra visión de los acontecimientos y de las personas!... A pesar de saber que todo sucede para un bien mayor, no importa lo malas que séan las apariencias, si no conseguimos ver o experimentar este bien en el momento de nuestra probación, inmediatamente nos abandonan la fé y el ánimo, la inspiración y el optimismo, y nos sentimos injusticiados, castigados por un capricho arbitrario de Dios, olvidados y despreciados por su amor. En vez de que las dificultades o derrotas sirvan para inyectarnos coraje y persistencia, para hacernos luchar y continuar creyendo en nuestros sueños y objetivos, en un segundo nos derrumbamos y nos quedamos tirados allí, lamentandonos y tratando de despertar la compasión del mundo para que ellos hagan lo que es nuestra parte para que las cosas funcionen... Bien que podríamos ser como los santos y usar los ojos de nuestra alma, que siempre ven la verdad!... Pero, en vez de eso, nos dejamos llevar por la ilusión de fracaso que nosotros mismos creamos, y le damos el poder de destruirnos, de desviarnos de nuestro destino, de hacernos desistir. No nos damos cuenta de que la dificultad no es un castigo, sino una lección, una forma de entrenamiento para que aprendamos a ser fieles, justos y compasivos, pacientes y persistentes, creativos, solidarios, para que nos unamos en las dificultades y en la superación... Porque la muerte no es realmente el fin, los acontecimientos negativos y las pérdidas no son castigos, sino oportunidades, desafíos, puertas hacia transformaciones, cambios y renovación. Créo que Dios permite la existencia de aquello que llamamos de "mal"-o de este mal dentro de nosotros- simplemente como un medio para que aprendamos y crezcamos. Sin embargo, tenemos que saber que no es solamente a través de estos capítulos obscuros y amargos que maduramos, sino también a través de la experiencia de la felicidad, del éxito, de los días de serenidad, de la belleza del amor y la unidad. La existencia necesita de los extremos, pues uno le dá valor y sentido al otro, poniendo a prueba y sosteniendo nuestro equilibrio. Estos son indivisibles, necesarios, parte de la conciencia y la realidad de ser humanos...
Dios es felicidad y amor, pero también puede ser dolor e ira cuando es necesario, en la forma de las consecuencias de nuestros actos.
Sin embargo, como no existe casi nada que me impida cumplir con mis obligaciobes literarias, aquí vá la crónica de esta semana, mismo en medio de bostezos e con los ojos medio empañados.
A veces me espanto al comprobar cómo es mezquina nuestra visión de los acontecimientos y de las personas!... A pesar de saber que todo sucede para un bien mayor, no importa lo malas que séan las apariencias, si no conseguimos ver o experimentar este bien en el momento de nuestra probación, inmediatamente nos abandonan la fé y el ánimo, la inspiración y el optimismo, y nos sentimos injusticiados, castigados por un capricho arbitrario de Dios, olvidados y despreciados por su amor. En vez de que las dificultades o derrotas sirvan para inyectarnos coraje y persistencia, para hacernos luchar y continuar creyendo en nuestros sueños y objetivos, en un segundo nos derrumbamos y nos quedamos tirados allí, lamentandonos y tratando de despertar la compasión del mundo para que ellos hagan lo que es nuestra parte para que las cosas funcionen... Bien que podríamos ser como los santos y usar los ojos de nuestra alma, que siempre ven la verdad!... Pero, en vez de eso, nos dejamos llevar por la ilusión de fracaso que nosotros mismos creamos, y le damos el poder de destruirnos, de desviarnos de nuestro destino, de hacernos desistir. No nos damos cuenta de que la dificultad no es un castigo, sino una lección, una forma de entrenamiento para que aprendamos a ser fieles, justos y compasivos, pacientes y persistentes, creativos, solidarios, para que nos unamos en las dificultades y en la superación... Porque la muerte no es realmente el fin, los acontecimientos negativos y las pérdidas no son castigos, sino oportunidades, desafíos, puertas hacia transformaciones, cambios y renovación. Créo que Dios permite la existencia de aquello que llamamos de "mal"-o de este mal dentro de nosotros- simplemente como un medio para que aprendamos y crezcamos. Sin embargo, tenemos que saber que no es solamente a través de estos capítulos obscuros y amargos que maduramos, sino también a través de la experiencia de la felicidad, del éxito, de los días de serenidad, de la belleza del amor y la unidad. La existencia necesita de los extremos, pues uno le dá valor y sentido al otro, poniendo a prueba y sosteniendo nuestro equilibrio. Estos son indivisibles, necesarios, parte de la conciencia y la realidad de ser humanos...
Dios es felicidad y amor, pero también puede ser dolor e ira cuando es necesario, en la forma de las consecuencias de nuestros actos.
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sábado, 6 de agosto de 2011
"Viento"
Cómo empezar a describir lo que fué este viaje?... Todavía no acabé de asimilar los milagros,los paisajes, los sabores y sonidos con los que fuí regalada durante aquellos diez días en Santiago. Encuentros, novedades, recuerdos, reencuentros, rituales, renovación, raíces... Para que tengan una idéa, todavía ni empecé a desenvolver los pocos apuntes que conseguí escribir, porque son tantas las cosas que me vienen a la cabeza cuando me siento a digitar, que el trabajo de relatar esta verdadera jornada espiritual, sicológica e histórica me vá a llevar algún tiempo todavía, pero ciertamente ustedes van a saber todo, porque créo que algunas de las experiencias que pasé valen la pena ser compartidas, pues van más allá de visitar la tierra natal, reencontrar parientes o comer comida típica... Y como ahora no estoy más al frente del musical (otro de los pequeños milagros que recibí a la vuelta), voy a volver a tener mis tres días libres para reflexionar sobre todo lo que sucedió y poder escribirlo como es debido.
No digamos que este hecho me pescó muy de sorpresa, porque después de todas las peloteras y desacuerdos con mi jefe, esperaba algo así de su parte. Sin embargo, al contrario de lo que podría esperar, su decisión no me dejó triste o resentida, sino al contrario, extremadamente feliz y aliviada, porque ahora puedo dedicarme a otros proyectos, cosa que ya estaba dejándome angustiada porque no consigo quedarme presa a una sola actividad y este espectáculo ya había dado lo que tenía que dar, por lo menos para mí -y por lo que parece también para el primer elenco, ya que decidieron abandonarlo, dejando a todo el mundo con los pelos de punta- y yo siempre digo que cuando alguna actividad (A no ser que se trate de sobrevivencia) deja de ser placentera, divertida y desafiante, y empiezas a tener puros disgustos, a sufrir demasiada presion, a estresarte y a pelearte con todo el mundo, significa que llegó la hora de cambiar el rumbo de las cosas o, simplemente, partir para otra, como se dice acá. Y como m jefe no estaba en absoluto dispuesto a cambiar el rumbo de nada, optó por sacarme de la dirección y poner a un alumno mío, cosa que encontré estupenda porque este es mi mejor alumno y merece totalmente este privilegio y así, mismo que continúe ayudándolo en lo que pueda, ahora estoy libre para dedicarme a otras cosas que me dejen realmente feliz y realizada. Para que véan cómo estaba la cosa de féa, lo único que me dejaba angustiada cuando estaba en Chile era pensar que, al regresar, tendría que encarar este musical, lo que significaba volver a las peléas, las humillaciones y a la presión absurda que venía sufriendo antes del viaje, pero cuando mi jefe me telefoneó el sábado para decirme que no precisaba comparecer al ensayo el domingo porque ya había colocado a otra persona en mi lugar, juro que fué lo mismo que sacarme un tanque de encima de los hombros. Me sentí leve, feliz, orgullosa de mi alumno que, con certeza vá a dar cuenta de la taréa, y lista para seguir adelante, lanzarme en nuevos desafíos y volver a crear y a producir como antes. Hay que seguir en frente, hay que moverse, hay que renovarse, reciclarse, porque quedarnos parados no nos llevará a ninguna parte y era esto lo que estaba sucediendo conmigo.
Entonces, retomando viejos y deliciosos hábitos, libre, leve y suelta nuevamente, aquí vá la crónica de la semana:
El viento, caprichoso y temperamental, juguetón o destructor, misterioso movimiento que no vemos pero que, mismo así, nos toca, nos habla, afecta el universo, dirige água y fuego, nubes, arenas, montañas y valles. No sabemos de dónde viene ni hacia dónde se dirige, pero esto, en verdad, o importa. Lo que importa es que él se manifiesta, interactúa con la creación, genera y destruye, se mueve incesantemente, como si buscase un puerto, un final, un descanso que no encuentra. Su danza es ancestral, viene del espacio, de las estrellas y constelaciones, del pesamiento de Dios, y no conoce el tiempo ni el espacio. Es una energía invisible mas real, como tanta cosa en nuestra vida y, mismo sin poder verla, creémos en ella más de lo que creémos en las manifestacioes divinas que acontecen a cada instante bien delante de nuestras narices. Nada es insensible al paso del viento... Podemos sostenerlo en la mano? Podemos guardarlo en una caja, en una bolsa, en una redoma? Podemos darle órdenes, direccionarlo, detenerlo?... Cómo, si no tiene cuerpo, a pesar de que su toque es tan sólido y absoluto? Al contrario de nosotros, el viento es realmente libre, no está contenido en forma alguna, no hay cómo describirlo; sólo podemos sentirlo. A veces hasta nos parece que es medio humano, que posée una personalidad, intenciones, inteligencia, voluntad, porque puede ser bondadoso y juguetón, ayudar en los días de calor, secar nuestra ropa y transportar semillas, puede amansar las olas y hacer danzar a los trigales. Pero también puede ser cruel y vengativo, destructor, inmisericorde, derribar árboles y destejar casas, congelar el aire, huír de los pulmones, apagar el fuego que nos calienta... Todos nosotros, alguna vez, ya tratamos de comprenderlo, de volvernos sus amigos, sus cómplices, de clasificarlo, traducir su lenguaje, adivinar sus intenciones, que siempre vienen acompanadas de señales visibles. Creémos que conversa con nosotros porque eleva nuestros volantines al cielo, empuja a las nubes delante del sol abrasador, inventa coreografías con las sábanas en la cuerda, hace cantar a las campanas, juega con las hojas secas y las bolsas de plástico vacías, desparrama los aromas de la vida y de las estaciones, aviva el fuego, esculpe las rocas, mueve desiertos, y en todas estas manifestaciones pensamos encontrar un intento de comunicación, de interacción, de complicidad de su parte que nos transforma em compañeros. Es poderoso, fuerte e invisible, pero mismo así, creémos en él y lo transformamos en parte de nuestra existencia, tal vez porque nos recuerda que algún día, por un milagro portentoso, nosotros también podemos ser libres como él.
Y ahora me pregunto: cómo danzamos el viento? Tal vez aceptando su misterio y sus mil disfraces? Tal vez creando alas y siguiéndolo? Tal vez curvandonos a su voluntad?... Nada es él y él es todos. Así como nosotros, que no somos nada en nuestra brevedad y fragilidad y, al mismo tiempo, somos todo porque contenemos el milagro de la existencia dentro de nosotros. Aceptamos las peculiaridades porque somos nosotros mismos quienes las creamos y cultivamos, porque necesitamos ser diferentes unos de los otros, porque la diversidad es lo que enriquece la experiencia de vivir y nos lleva a crecer . Somos vanidosos y demasiado densos, escépticos, ambiciosos, presuntuosos, mezquinos y egoístas, pero llevamos en nuestro interior la chispa divina que es capaz de apagar todo esto y transformarnos no en un huracán arrasador -eso ya somos de sobra, en realidad!- sino en una brisa benéfica y constante, que puede llevar armonía, sabiduría, paz y compasión a los cuatro cantos del mundo. Somos tremenda, absurdamente individualistas, pero pienso que, en el fondo, sabemos que no somos uno, éste, aquel, sino todos, en todo momento; partes de un cuerpo infinito, en constante expansión. Pasamos por las diferentes partes de este cuerpo ejerciendo diferentes funciones, vivenciando experiencias que nos conducirán hasta su centro. Nos movemos sin nunca salir de él, pero cada experiencia -o lugar de él- nos dá una nova visión, otro ángulo, una comprensión un poco mayor de cómo funciona este cuerpo. Vamos viéndolo en su totalidad hasta confundirnos, fundirnos con él. Entonces adquirimos la comprensión total. El centro, descubrimos, es el todo, no se encuentra en un solo lugar, lejano y aprisionado, sino en todo, siempre. Estando en él, estamos conectados a todo, entonces. No necesitamos más hablar, movernos, pensar. Simplemente somos.
No digamos que este hecho me pescó muy de sorpresa, porque después de todas las peloteras y desacuerdos con mi jefe, esperaba algo así de su parte. Sin embargo, al contrario de lo que podría esperar, su decisión no me dejó triste o resentida, sino al contrario, extremadamente feliz y aliviada, porque ahora puedo dedicarme a otros proyectos, cosa que ya estaba dejándome angustiada porque no consigo quedarme presa a una sola actividad y este espectáculo ya había dado lo que tenía que dar, por lo menos para mí -y por lo que parece también para el primer elenco, ya que decidieron abandonarlo, dejando a todo el mundo con los pelos de punta- y yo siempre digo que cuando alguna actividad (A no ser que se trate de sobrevivencia) deja de ser placentera, divertida y desafiante, y empiezas a tener puros disgustos, a sufrir demasiada presion, a estresarte y a pelearte con todo el mundo, significa que llegó la hora de cambiar el rumbo de las cosas o, simplemente, partir para otra, como se dice acá. Y como m jefe no estaba en absoluto dispuesto a cambiar el rumbo de nada, optó por sacarme de la dirección y poner a un alumno mío, cosa que encontré estupenda porque este es mi mejor alumno y merece totalmente este privilegio y así, mismo que continúe ayudándolo en lo que pueda, ahora estoy libre para dedicarme a otras cosas que me dejen realmente feliz y realizada. Para que véan cómo estaba la cosa de féa, lo único que me dejaba angustiada cuando estaba en Chile era pensar que, al regresar, tendría que encarar este musical, lo que significaba volver a las peléas, las humillaciones y a la presión absurda que venía sufriendo antes del viaje, pero cuando mi jefe me telefoneó el sábado para decirme que no precisaba comparecer al ensayo el domingo porque ya había colocado a otra persona en mi lugar, juro que fué lo mismo que sacarme un tanque de encima de los hombros. Me sentí leve, feliz, orgullosa de mi alumno que, con certeza vá a dar cuenta de la taréa, y lista para seguir adelante, lanzarme en nuevos desafíos y volver a crear y a producir como antes. Hay que seguir en frente, hay que moverse, hay que renovarse, reciclarse, porque quedarnos parados no nos llevará a ninguna parte y era esto lo que estaba sucediendo conmigo.
Entonces, retomando viejos y deliciosos hábitos, libre, leve y suelta nuevamente, aquí vá la crónica de la semana:
El viento, caprichoso y temperamental, juguetón o destructor, misterioso movimiento que no vemos pero que, mismo así, nos toca, nos habla, afecta el universo, dirige água y fuego, nubes, arenas, montañas y valles. No sabemos de dónde viene ni hacia dónde se dirige, pero esto, en verdad, o importa. Lo que importa es que él se manifiesta, interactúa con la creación, genera y destruye, se mueve incesantemente, como si buscase un puerto, un final, un descanso que no encuentra. Su danza es ancestral, viene del espacio, de las estrellas y constelaciones, del pesamiento de Dios, y no conoce el tiempo ni el espacio. Es una energía invisible mas real, como tanta cosa en nuestra vida y, mismo sin poder verla, creémos en ella más de lo que creémos en las manifestacioes divinas que acontecen a cada instante bien delante de nuestras narices. Nada es insensible al paso del viento... Podemos sostenerlo en la mano? Podemos guardarlo en una caja, en una bolsa, en una redoma? Podemos darle órdenes, direccionarlo, detenerlo?... Cómo, si no tiene cuerpo, a pesar de que su toque es tan sólido y absoluto? Al contrario de nosotros, el viento es realmente libre, no está contenido en forma alguna, no hay cómo describirlo; sólo podemos sentirlo. A veces hasta nos parece que es medio humano, que posée una personalidad, intenciones, inteligencia, voluntad, porque puede ser bondadoso y juguetón, ayudar en los días de calor, secar nuestra ropa y transportar semillas, puede amansar las olas y hacer danzar a los trigales. Pero también puede ser cruel y vengativo, destructor, inmisericorde, derribar árboles y destejar casas, congelar el aire, huír de los pulmones, apagar el fuego que nos calienta... Todos nosotros, alguna vez, ya tratamos de comprenderlo, de volvernos sus amigos, sus cómplices, de clasificarlo, traducir su lenguaje, adivinar sus intenciones, que siempre vienen acompanadas de señales visibles. Creémos que conversa con nosotros porque eleva nuestros volantines al cielo, empuja a las nubes delante del sol abrasador, inventa coreografías con las sábanas en la cuerda, hace cantar a las campanas, juega con las hojas secas y las bolsas de plástico vacías, desparrama los aromas de la vida y de las estaciones, aviva el fuego, esculpe las rocas, mueve desiertos, y en todas estas manifestaciones pensamos encontrar un intento de comunicación, de interacción, de complicidad de su parte que nos transforma em compañeros. Es poderoso, fuerte e invisible, pero mismo así, creémos en él y lo transformamos en parte de nuestra existencia, tal vez porque nos recuerda que algún día, por un milagro portentoso, nosotros también podemos ser libres como él.
Y ahora me pregunto: cómo danzamos el viento? Tal vez aceptando su misterio y sus mil disfraces? Tal vez creando alas y siguiéndolo? Tal vez curvandonos a su voluntad?... Nada es él y él es todos. Así como nosotros, que no somos nada en nuestra brevedad y fragilidad y, al mismo tiempo, somos todo porque contenemos el milagro de la existencia dentro de nosotros. Aceptamos las peculiaridades porque somos nosotros mismos quienes las creamos y cultivamos, porque necesitamos ser diferentes unos de los otros, porque la diversidad es lo que enriquece la experiencia de vivir y nos lleva a crecer . Somos vanidosos y demasiado densos, escépticos, ambiciosos, presuntuosos, mezquinos y egoístas, pero llevamos en nuestro interior la chispa divina que es capaz de apagar todo esto y transformarnos no en un huracán arrasador -eso ya somos de sobra, en realidad!- sino en una brisa benéfica y constante, que puede llevar armonía, sabiduría, paz y compasión a los cuatro cantos del mundo. Somos tremenda, absurdamente individualistas, pero pienso que, en el fondo, sabemos que no somos uno, éste, aquel, sino todos, en todo momento; partes de un cuerpo infinito, en constante expansión. Pasamos por las diferentes partes de este cuerpo ejerciendo diferentes funciones, vivenciando experiencias que nos conducirán hasta su centro. Nos movemos sin nunca salir de él, pero cada experiencia -o lugar de él- nos dá una nova visión, otro ángulo, una comprensión un poco mayor de cómo funciona este cuerpo. Vamos viéndolo en su totalidad hasta confundirnos, fundirnos con él. Entonces adquirimos la comprensión total. El centro, descubrimos, es el todo, no se encuentra en un solo lugar, lejano y aprisionado, sino en todo, siempre. Estando en él, estamos conectados a todo, entonces. No necesitamos más hablar, movernos, pensar. Simplemente somos.
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sábado, 9 de julho de 2011
Nuestro padre
Bueno, esta será la última crónica que voy a postear antes de mi viaje (parto el viernes 15 al mediodía) pero si puedo, voy a tratar de publicar una desde allá la semana que viene. No sé si voy a conseguirlo, pero no será por falta de un computador (dónde NO hay un computador?) sino por cuenta de las emociones por las que estaré pasando y que, tal vez, me roben un poco de concentración e inspiración... Bueno, eso es lo que sucede cuando uno se acostumbra a vivir y hacer todo en una ciudad pequeña: el día que aparece un viaje importante uno se despelota toda, le sube la glicemia, a presión y la ansiedad, y la gastritis ataca a traición hasta cuando tomamos un vaso de água. Puchas, me acuerdo de que cuando vivía en Santiago me las arreglaba para andar por la ciudad para arriba y para abajo sin ningún problema! Será que es la edad, que la deja a uno más frágil e insegura? O será que me transformé mismo en una palurda que crée que el avión se la vá a comer?... "Mi, Tarzán. Tú, Jane"... Estoy sintiendome más o menos así!... Pero créo que voy a conseguir hacer todo lo necesario sin mucho pánico porque no es en vano que soy extremadamente organizada y vá a haber otras personas conmigo, entonces... Quien boca tiene a Roma llega, no es verdad?.
Y antes de que empiece a divagar de nuevo sobre el viaje, aquí vá mi última crónica desde acá:
"El reino de Dios está dentro de tí, a tu alrededor, en cada manifestación de vida, en todo tiempo y espacio, y no solamente en edificios, rituales o imágenes. Arranca una astilla de madera y Me encotrarás. Levanta una piedra y Yo estaré allí. Mira a tu izquierda, mira a tu derecha: Yo estoy allí. Escucha de lejos, escucha de cerca: es Mi voz que resuena en todos los lugares..."
Así estaba escrito en el viejo pergamino que el conocido pesquisador sostenía en sus manos temblorosas, después de haberlo desenterrado de entre las piedras de un tempo en ruínas, y sus ojos, acostumbrados a las maravillas y sorpresas que sus descubrimientos le traían, se abrían, brillantes de emoción, mientras su mente y su corazón asimilaban las palabras delante suyo, tan claras y simples, tan lógicas, pues si era realmente Dios quien había creado todo lo que existía, entonces era obvio que El estaba en cada criatura, en cada proceso, en todos los acontecimientos y manifesaciones... Cómo podía ser que ya en aquella época hubiese alguien que había comprendido esta magnífica verdad y escrito sobre ella y, a pesar de ello, hoy día las personas se encontrasen tan lejos de Dios?, se preguntó, admirado. Por qué ese pergamino había sido enterrado en vez de revelado? Por qué los hombres continuaban con tanto miedo de la cercanía de Dios?...
Las verdades eternas están allí, delante de nosotros, a cada paso, en cada acontecimiento. Las respuestas para nuestras preguntas y dilemas flotan a nuestro alrededor como mariposas en torno de la luz, y podríamos pescarlas a cualquier instante, bastaría sólo un gesto: abrir los ojos y el corazón para percibirlas, para escucharlas, y la fé para aceptarlas. Son nuestras y están ahí para que las usemos a fin de mejorar nuestra vida. Están en los encuentros que tenemos, en las músicas que escuchamos, en el arte de cuadros y esculturas, en las películas y séries que acompañamos, en los diarios y libros que leemos, en la propaganta a veces tan tediosa, en el sermón en la iglesia, en la boca del mendigo, del niño, del campesino; están en las personas, en las estaciones, aeropuertos y esquinas, en los animales, en cada detalle que rellena nuestra rutina diaria... Sin embargo, continuamos buscando, clamando, desesperandonos, reclamando y cobrándole a Dios una intervención, un milagro, una señal, sin darnos cuenta de que El ya hace todo eso y que nosotros no nos damos cuenta simplemente porque, en el fondo, no creémos que pueda estar tan cerca y mostrarse tan simple -hasta banal!- tan constante y original, tan accesible, diverso e ingenioso. Pero si dejamos de lado preconceptos, falsas humildades, culpas y la tan famosa "seriedad adulta", vamos a descubrir que, por más fantástico e ingenuo que pueda parecer, El está realmene a nuestro lado en todo momento, hablandonos, escuchandonos e interactuando con nosotros de las formas más inesperadas, y que para cada uno tiene un plan y un método, una manera toda especial de hacernos entender que es nuestro padre y se preocupa por nosotros porque nos ama... Y que siempre encuentra medios originales y tiernos a través de aquello que conocemos y con que convivimos a cada día para demostrarlo.
Y antes de que empiece a divagar de nuevo sobre el viaje, aquí vá mi última crónica desde acá:
"El reino de Dios está dentro de tí, a tu alrededor, en cada manifestación de vida, en todo tiempo y espacio, y no solamente en edificios, rituales o imágenes. Arranca una astilla de madera y Me encotrarás. Levanta una piedra y Yo estaré allí. Mira a tu izquierda, mira a tu derecha: Yo estoy allí. Escucha de lejos, escucha de cerca: es Mi voz que resuena en todos los lugares..."
Así estaba escrito en el viejo pergamino que el conocido pesquisador sostenía en sus manos temblorosas, después de haberlo desenterrado de entre las piedras de un tempo en ruínas, y sus ojos, acostumbrados a las maravillas y sorpresas que sus descubrimientos le traían, se abrían, brillantes de emoción, mientras su mente y su corazón asimilaban las palabras delante suyo, tan claras y simples, tan lógicas, pues si era realmente Dios quien había creado todo lo que existía, entonces era obvio que El estaba en cada criatura, en cada proceso, en todos los acontecimientos y manifesaciones... Cómo podía ser que ya en aquella época hubiese alguien que había comprendido esta magnífica verdad y escrito sobre ella y, a pesar de ello, hoy día las personas se encontrasen tan lejos de Dios?, se preguntó, admirado. Por qué ese pergamino había sido enterrado en vez de revelado? Por qué los hombres continuaban con tanto miedo de la cercanía de Dios?...
Las verdades eternas están allí, delante de nosotros, a cada paso, en cada acontecimiento. Las respuestas para nuestras preguntas y dilemas flotan a nuestro alrededor como mariposas en torno de la luz, y podríamos pescarlas a cualquier instante, bastaría sólo un gesto: abrir los ojos y el corazón para percibirlas, para escucharlas, y la fé para aceptarlas. Son nuestras y están ahí para que las usemos a fin de mejorar nuestra vida. Están en los encuentros que tenemos, en las músicas que escuchamos, en el arte de cuadros y esculturas, en las películas y séries que acompañamos, en los diarios y libros que leemos, en la propaganta a veces tan tediosa, en el sermón en la iglesia, en la boca del mendigo, del niño, del campesino; están en las personas, en las estaciones, aeropuertos y esquinas, en los animales, en cada detalle que rellena nuestra rutina diaria... Sin embargo, continuamos buscando, clamando, desesperandonos, reclamando y cobrándole a Dios una intervención, un milagro, una señal, sin darnos cuenta de que El ya hace todo eso y que nosotros no nos damos cuenta simplemente porque, en el fondo, no creémos que pueda estar tan cerca y mostrarse tan simple -hasta banal!- tan constante y original, tan accesible, diverso e ingenioso. Pero si dejamos de lado preconceptos, falsas humildades, culpas y la tan famosa "seriedad adulta", vamos a descubrir que, por más fantástico e ingenuo que pueda parecer, El está realmene a nuestro lado en todo momento, hablandonos, escuchandonos e interactuando con nosotros de las formas más inesperadas, y que para cada uno tiene un plan y un método, una manera toda especial de hacernos entender que es nuestro padre y se preocupa por nosotros porque nos ama... Y que siempre encuentra medios originales y tiernos a través de aquello que conocemos y con que convivimos a cada día para demostrarlo.
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sexta-feira, 1 de julho de 2011
El espejismo del dolor
Releyendo mi última publicación me dí cuenta de que hablo de una maleta, pero no explico el por qué... Bueno, es que ando tan traumatizada con este negocio de la presentación del musical -que ciertamente vá a ser el fiasco del año porque nadie quiso darme oídos- que ni me acordé de contar que durante as vacaciones de los alumnos de la fundación voy a viajar... En realidad, desde que lo supe, parece que sólo pienso en esto y que todo lo demás perdió la importancia: las clases, los ensayos, la catástrofe inminente del espectáculo, los problemas con mi jefe... Mi hija decidió darme este regalo maravilloso para conmemorar mi cumpleaños, entonces ya me estoy preparando para las emociones y el frío, que debe estar de matar donde estamos yendo. Pero anduve comprando unas parcas y unas ropas pesadas, medias de lana, gorros, bufandas y guantes y una maleta extragrande para guardar las ropas gruesas y las botas, entonces el clima no me vá a pescar tan desprevenida... Puchas, ahora me doy cuenta de cómo me desacostumbré con el frío de verdad, ese que hacía en Santiago! Ahora, cualquier vientecito helado y ya estoy con el trasero y la nariz congelados!...Menos mal que estos últimos días han sido como una previa de lo que me aguarda allá, entonces no ando reclamando mucho del frío porque, con certeza, voy a enfrentar algo bien peor allá.... El único problema es que con todas estas compritas de última hora mis cuentas aumentaron un poquitín y más encima, como ya usé mis días de vacaciones, el sueldo de agosto vá a venir bien disminuido porque van a descontarme los días -menos mal que el abono de julio vá a compensar un poco mi desfalco!- entonces me voy a quedar bastante arruinada un par de meses, cosa que anda robándome el sueño, pero si comparo este viaje todo lo que él significa con el montón de carnets dentro de la bolsa de nylon en el cajón de mi escritorio, créo que consigo encarar a mis acreedores con más tranquilidad -y cara dura- Hasta porque ellos saben que no soy una sinvergüenza y que este "imprevisto" fué algo absolutamente irrecusable. O hacíamos este viaje ahora, aprovechando las vacaciones de mi hija y las de los alumnos de la fundación, o no sé cuándo podríamos volver a tener la oportunidad.... Y otra cosa buena: hoy en la mañana mi empleada encontró el diario en el garage (que es el que publica mis crónicas) lo que significa que tal vez mi esposo renovó el contrato -estoy rezando por ello- y no voy a tener que ir más a la farmacia todos los miércoles para dar una ojeada en el cuaderno dos, cosa que ya estaba dejándome muy embarazada!...
Sé que existen numerosos espejismos e ilusiones en nuestras vidas -la mayor parte creados por nosotros mismo por las más diversas razones- y que a veces nos dejamos envolver completamente por ellos, lo que nos hace pasar por momentos extremadamente difíciles que, con certeza, no lo serían tanto si percibiésemos que se trata solamente de eso: una ilusión, un espejismo que sólo empeora la situación porque creémos en él. Por ejemplo: todas las veces en que nos encontramos sumergidos en el dolor, séa físico o espiritual, tenemos la aplastante y terrible impresión de que nunca más vamos a conseguir salir de él, de que continuaremos hundiéndonos en el abismo del abandono y el pesimismo y nada bueno volverá a sucedernos. A veces, las heridas que cargamos o recibimos son tan profundas y nos provocan angustias tan grandes que morir desangrados nos parece el único fin lógico e inevitable. Nada nos consuela, ni una luz ilumina nuestra obscuridad, ni una mano nos sostiene para que no caigamos en el abismo... Es entonces que aprendemos que e dolor y la desesperación desaparecen solamente cuando su ciclo se completa, y sólo entonces. Aprendemos que es necesario pasar por él y llegar al fondo de la experiencia para aprender la lección en ella contenida, para solamente despues libertarnos de las sombras y retornar lentamente a la luz, a la vida, a lo que todavía nos aguarda... Regresamos entonces, porque el instinto de supervivencia es el más poderoso que poseémos y, recogiendo los pedazos destrozados y en carne viva, retorcidos e exhaustos, vacíos, que sobraron de nuestra batalla, los vestimos heróica y porfiadamente e retomamos nuestro camino, continuamos con nuestros planes, amamos, reímos, comemos, conversamos, nos acostamos y nos levantamos con algunas nuevas cicactrices, es verdad, sin embargo concientes de lo que ellas nos enseñaron; seguimos adelante más fuertes y sábios, más valientes y compasivos, habiendo comprendido que el espejismo del dolor no pasa de esto: una ilusión de la cual siempre seremos capaces de resurgir. Y este es otro de los milagros que nos es dado realizar en esta vida.
Sé que existen numerosos espejismos e ilusiones en nuestras vidas -la mayor parte creados por nosotros mismo por las más diversas razones- y que a veces nos dejamos envolver completamente por ellos, lo que nos hace pasar por momentos extremadamente difíciles que, con certeza, no lo serían tanto si percibiésemos que se trata solamente de eso: una ilusión, un espejismo que sólo empeora la situación porque creémos en él. Por ejemplo: todas las veces en que nos encontramos sumergidos en el dolor, séa físico o espiritual, tenemos la aplastante y terrible impresión de que nunca más vamos a conseguir salir de él, de que continuaremos hundiéndonos en el abismo del abandono y el pesimismo y nada bueno volverá a sucedernos. A veces, las heridas que cargamos o recibimos son tan profundas y nos provocan angustias tan grandes que morir desangrados nos parece el único fin lógico e inevitable. Nada nos consuela, ni una luz ilumina nuestra obscuridad, ni una mano nos sostiene para que no caigamos en el abismo... Es entonces que aprendemos que e dolor y la desesperación desaparecen solamente cuando su ciclo se completa, y sólo entonces. Aprendemos que es necesario pasar por él y llegar al fondo de la experiencia para aprender la lección en ella contenida, para solamente despues libertarnos de las sombras y retornar lentamente a la luz, a la vida, a lo que todavía nos aguarda... Regresamos entonces, porque el instinto de supervivencia es el más poderoso que poseémos y, recogiendo los pedazos destrozados y en carne viva, retorcidos e exhaustos, vacíos, que sobraron de nuestra batalla, los vestimos heróica y porfiadamente e retomamos nuestro camino, continuamos con nuestros planes, amamos, reímos, comemos, conversamos, nos acostamos y nos levantamos con algunas nuevas cicactrices, es verdad, sin embargo concientes de lo que ellas nos enseñaron; seguimos adelante más fuertes y sábios, más valientes y compasivos, habiendo comprendido que el espejismo del dolor no pasa de esto: una ilusión de la cual siempre seremos capaces de resurgir. Y este es otro de los milagros que nos es dado realizar en esta vida.
sábado, 25 de junho de 2011
Cometiendo los mismos errores
Y como todavía tengo hoy día y mañana libres antes de volver al trabajo y encarar a mi jefe para darle la feliz noticia de que -si las cosas no cambian- estoy abandonando la dirección del musical, voy a aprovechar para sentarme aquí y postear la crónica de esta semana. Está excepcionalmente tranquilo por aquí esta tarde, lo que es sumamente inspirador e tal vez me haga quedarme más tiempo escribiendo... No es que me vayan a despedir por ser sincera o osada en este negocio del musical, pero ciertamente las cosas no van a quedarse más fáciles para mí después de esta bomba... Menos mal que conseguí conversar con la creadora del proyecto y ella concordó plenamente con mis argumentos y me prometió encontrarle una salida a este embrollo. Pero hasta ese momento...Glicemia y gastritis a mil por hora!.
Bueno, pero no voy a desperdiciar mis dos últimos días de descanso pensando en ese tipo de cosa -mismo si es bien difícil no hacerlo, porque conozco demasiado bien a mi jefe- entonces, voy a respirar profundo y me voy a concentrar en las palabras, que son mi mejor remedio. De cualquier forma, y no importa lo que suceda, mi decisión ya está tomada, entonces... Créo que la cosa vá a ser aguantar las consecuencias, que pueden no ser nada agradables. Pero prefiero eso a sacrificar el musical, mi salud y mi reputación. No es lo más sensato?.
Y aquí vá la de esta semana!... A propósito, estaba viendo que voy a tener que organizarme, disciplinarme y aprovechar muy bien el tiempo para escribir material nuevo, porque los textos antiguos ya se me están acabando, pero créo que el viaje que viene ahí vá a ser extremadamente inspirador y, claro, no van a faltar un cuaderno y una lapicera en mi maleta! Quién sabe no consigo postear una o dos crónicas desde allá!.
Sinceramente, queria que entendiéramos -o que aprendiéramos a entender- mejor los mensajes de Dios, porque a veces el hecho de no conseguir interpretarlos o de traducirlos erradamente nos causa unos dolores de cabeza y unas confusiones tremendas. Quería que tuviéramos la calma y la sabiduría suficientes para decifrarlos correctamente y así dejar de meter las patas con tanta frecuencia; quería que guiásemos confiadamente nuestras acciones según su voluntad, quería que no maldiciéramos tanto en las probaciones y no nos envaneciéramos en las victorias. Quería que fuéramos más fieles, más atentos, más seguros. Quería que estuviéramos menos preocupados con nosotros mismos, menos poluídos por el preconcepto y la vanidad, por la envidia y la ambición. Quería mucho apagar esos resentimientos y ese miedo que empañam nuestra visión y endurecen nuestro corazón y cambiarlas por la compasión, la paciencia y a tolerancia. Quería que barriésemos de nuestra alma el pesimismo, y la cobardía, la autocompasión y la pereza, porque a veces éstas pesan tanto que no conseguimos movernos y podemos terminar quedándonos estacionados y volvernos inútiles, frustrados, fracasados... A veces actuamos pensando que entendimos el mensaje. El esfuerzo -muchas veces contra todas las apariencias y posibilidades- es desgastante, pero al final todo resulta bien... por un tiempo. Ahí, de repente, la tierra desaparece bajo nuestros piés y nos encontramos nuevamente en cero, preguntandonos qué fué lo que hicimos errado... Será que todavía no aprendimos a ser pacientes ni a confiar en el amor de Dios? Será que siempre vamos a tratar de maquillar nuestra propia voluntad con sus mensajes? Será que vamos a continuar así porfiados por mucho tiempo aún? Será que nuestra vanidad continuará comandando nuestras acciones, murmurando en nuestros oídos que nuestras intenciones son nobles y que vienen del amor?.... Será que no nos vamos a cansar jamás de esta montaña rusa de éxitos efímeros y caídas abismales debidas a nuestra falta de humildad y paciencia?... Un día pensamos que todo está yendo a las mil maravillas, de la forma en que lo planeamos y ahí, de repente, sin un aviso, todo se desmorona delante de nosotros, pues estábamos completamente engañados -y créo que, en el fondo, lo sabíamos- y nos quedamos vacíos, perdidos, furiosos y frustrados, sabiendo que ahora viene aquella parte que tanto detestamos y tememos: el tiempo de la agonía y el desencanto, de la muerte, de la decepción, de las cobranzas, del recomienzo. El encanto por el espejismo fué, una vez más, mayor que el sentido comun y acabamos abrazando el aire, construyendo castillos y expectativas encima de nada y, lo peór, creyendo en ellos!.
Mas cuándo será que vamos a parar de cometer los mismos errores? Sé que aprender no es fácil, pero no tenemos que dar con la cara en la pared el tiempo entero!...
Bueno, pero no voy a desperdiciar mis dos últimos días de descanso pensando en ese tipo de cosa -mismo si es bien difícil no hacerlo, porque conozco demasiado bien a mi jefe- entonces, voy a respirar profundo y me voy a concentrar en las palabras, que son mi mejor remedio. De cualquier forma, y no importa lo que suceda, mi decisión ya está tomada, entonces... Créo que la cosa vá a ser aguantar las consecuencias, que pueden no ser nada agradables. Pero prefiero eso a sacrificar el musical, mi salud y mi reputación. No es lo más sensato?.
Y aquí vá la de esta semana!... A propósito, estaba viendo que voy a tener que organizarme, disciplinarme y aprovechar muy bien el tiempo para escribir material nuevo, porque los textos antiguos ya se me están acabando, pero créo que el viaje que viene ahí vá a ser extremadamente inspirador y, claro, no van a faltar un cuaderno y una lapicera en mi maleta! Quién sabe no consigo postear una o dos crónicas desde allá!.
Sinceramente, queria que entendiéramos -o que aprendiéramos a entender- mejor los mensajes de Dios, porque a veces el hecho de no conseguir interpretarlos o de traducirlos erradamente nos causa unos dolores de cabeza y unas confusiones tremendas. Quería que tuviéramos la calma y la sabiduría suficientes para decifrarlos correctamente y así dejar de meter las patas con tanta frecuencia; quería que guiásemos confiadamente nuestras acciones según su voluntad, quería que no maldiciéramos tanto en las probaciones y no nos envaneciéramos en las victorias. Quería que fuéramos más fieles, más atentos, más seguros. Quería que estuviéramos menos preocupados con nosotros mismos, menos poluídos por el preconcepto y la vanidad, por la envidia y la ambición. Quería mucho apagar esos resentimientos y ese miedo que empañam nuestra visión y endurecen nuestro corazón y cambiarlas por la compasión, la paciencia y a tolerancia. Quería que barriésemos de nuestra alma el pesimismo, y la cobardía, la autocompasión y la pereza, porque a veces éstas pesan tanto que no conseguimos movernos y podemos terminar quedándonos estacionados y volvernos inútiles, frustrados, fracasados... A veces actuamos pensando que entendimos el mensaje. El esfuerzo -muchas veces contra todas las apariencias y posibilidades- es desgastante, pero al final todo resulta bien... por un tiempo. Ahí, de repente, la tierra desaparece bajo nuestros piés y nos encontramos nuevamente en cero, preguntandonos qué fué lo que hicimos errado... Será que todavía no aprendimos a ser pacientes ni a confiar en el amor de Dios? Será que siempre vamos a tratar de maquillar nuestra propia voluntad con sus mensajes? Será que vamos a continuar así porfiados por mucho tiempo aún? Será que nuestra vanidad continuará comandando nuestras acciones, murmurando en nuestros oídos que nuestras intenciones son nobles y que vienen del amor?.... Será que no nos vamos a cansar jamás de esta montaña rusa de éxitos efímeros y caídas abismales debidas a nuestra falta de humildad y paciencia?... Un día pensamos que todo está yendo a las mil maravillas, de la forma en que lo planeamos y ahí, de repente, sin un aviso, todo se desmorona delante de nosotros, pues estábamos completamente engañados -y créo que, en el fondo, lo sabíamos- y nos quedamos vacíos, perdidos, furiosos y frustrados, sabiendo que ahora viene aquella parte que tanto detestamos y tememos: el tiempo de la agonía y el desencanto, de la muerte, de la decepción, de las cobranzas, del recomienzo. El encanto por el espejismo fué, una vez más, mayor que el sentido comun y acabamos abrazando el aire, construyendo castillos y expectativas encima de nada y, lo peór, creyendo en ellos!.
Mas cuándo será que vamos a parar de cometer los mismos errores? Sé que aprender no es fácil, pero no tenemos que dar con la cara en la pared el tiempo entero!...
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quarta-feira, 22 de junho de 2011
Nuestro lugar y nuestro tiempo
Atrasadísima por culpa de mi trabajo y sus horarios locos, pero aliviada porque conseguí resolver este último enredo del musical sin muchos arañazos o dolores de estómago, lo que significa que voy a poder actuar de acuerdo con lo que pienso sin que esto tenga algún tipo de consecuencia catastrófica -eso espero- para mi parte profesional. No se trata de ser porfiado, sin respeto o de desafiar a la autoridad por pura comodidad o deslealtad, sino de ser realista y sincero con respecto a algunas cosas que sabemos que no van a funcionar de la manera en que nos están siendo pedidas, pues nuestra experiencia de 25 años está con la alarma disparada y es imposible ignorarla. Nunca me negué a realizar nada de lo que me fué pedido porque tenía certeza de que era capaz de dar cuenta de la taréa, sin embargo, en este caso, estoy más que segura de que no será así, entonces, para qué arriesgar el resultado final, mi salud y mi reputación en un proyecto destinado al fracaso?... Siempre estoy bien dispuesta a encarar todos los desafíos de mi profesión -y que no son pocos- pero encuentro una estupidez lanzarse a un fiasco sólo por mantener este comportamiento o por agradar a los superiores. Y créo que todo este lío que ocurrió con el espectáculo sirvió para que me diera cuenta de esto y para que aprendiera a actuar de acuerdo con mi intuición profesional sin miedo, porque no la tengo por nada, no es verdad?... Ella me dá derechos indiscutibles y un poder de decisión y opción que se basan no en algún tipo de conveniencia personal, mas en una búsqueda constante de una mejor calidad de la producción. Y esto no puede ser irrespetado ni ignorado.
Y ahora, vamos a parar con esta conversa profesional, que ya me tiene hasta la coronilla, y vamos a pasar a algo mucho más agradable, que es esta crónica y los cuatro maravillosos días de descanso que me esperan... Podría pedir algo mejor?
Será que puedo afirmar que sé bien dónde estoy? Que estoy yendo en la dirección cierta? Que estoy haciendo lo correcto con los dones que me fueron dados? Que estoy siendo capaz de entender todo lo que me está siendo enseñado?... Qué es esta inmensidad que siento tomando cuenta de mí?... A veces tengo esta impresión de ser todas las sensaciones, percepciones, ligaciones, procesos de comprensión y asimilación; parezco estar en un constante y profundo aprendizaje que me lleva a escenários, encuentros y descubrimientos, a opciones que jamás pensé tener delante de mí, pero que son, como todo lo indica, justamente lo que necesito para crecer y realizar mi trabajo. Llamo esto de "providencia divina", o entonces de "Dios vigilándome", y también de "Lo divino y sus métodos personalizados". Siempre sorprendiéndonos, siempre creativos, siempre diferentes.
Me acuerdo cuando les decía a mis alumnos: "Ustedes no tienen que imitar al viento, sino transformarse en el viento, ser el viento con cada célula de sus cuerpos y mentes"... Y ellos se me quedaban mirando con esa cara de extrañeza, pues parecía algo tan subjetivo, tan inalcanzable, tan fantasioso y hasta ingénuo, tan "ejercicio de teatro de primer año"!.... Pero tengo que confesar que hasta a mí misma me resultaba difícil tratar de expicar o desarrollar una manera didáctica para el proceso que los llevaría no a imitar, sino a fundirse con el viento, a ser verdaderamente el viento a través de la observación y la identificación, pues ninguno de ellos estaba acostumbrado a este tipo de comportamiento. A final de cuentas, los jóvenes no acostumbran detener su carrera hacia el futuro para quedarse contemplando una hoja que cae de un árbol, ya que piensan que esta experiencia no les vá a servir para nada... Pero hoy, a través de mi propia vivencia, me doy cuenta de cuán verdadero -y posible- es este concepto, cuán útil y revelador, porque gracias a todas las veces que me detuve, me volví capaz de sentir, de ver, de escuchar y entender, de ser el viento, o cualquier otro fenómeno. Comprendo el viento porque entendí que él forma parte de mí, así como todo lo que me rodéa, entonces no necesito imitarlo. En realidad, todos nosotros formamos parte indivisible del enmarañado fascinante e infinitamente diverso que es la creación, entonces no deberíamos tener tantas dificultades para entender los acontecimientos, los personajes y los fenómenos que nos rodéan, ni para expresarlos o entender su lenguaje. Si desenvolvemos la conciencnia de que somos parte de una misma manifestación podremos comprender todas las cosas que suceden en ella de una forma tan natural y profunda que hasta será difícil de creér. Todos tenemos nuestro lugar en el tiempo y en el espacio, ahora, antes y después, y estamos de cierta forma diluídos en la eternidad de la historia como peces en un océano en el cual podemos nadar sin dificultades rumbo a la eternidad.
Y ahora, vamos a parar con esta conversa profesional, que ya me tiene hasta la coronilla, y vamos a pasar a algo mucho más agradable, que es esta crónica y los cuatro maravillosos días de descanso que me esperan... Podría pedir algo mejor?
Será que puedo afirmar que sé bien dónde estoy? Que estoy yendo en la dirección cierta? Que estoy haciendo lo correcto con los dones que me fueron dados? Que estoy siendo capaz de entender todo lo que me está siendo enseñado?... Qué es esta inmensidad que siento tomando cuenta de mí?... A veces tengo esta impresión de ser todas las sensaciones, percepciones, ligaciones, procesos de comprensión y asimilación; parezco estar en un constante y profundo aprendizaje que me lleva a escenários, encuentros y descubrimientos, a opciones que jamás pensé tener delante de mí, pero que son, como todo lo indica, justamente lo que necesito para crecer y realizar mi trabajo. Llamo esto de "providencia divina", o entonces de "Dios vigilándome", y también de "Lo divino y sus métodos personalizados". Siempre sorprendiéndonos, siempre creativos, siempre diferentes.
Me acuerdo cuando les decía a mis alumnos: "Ustedes no tienen que imitar al viento, sino transformarse en el viento, ser el viento con cada célula de sus cuerpos y mentes"... Y ellos se me quedaban mirando con esa cara de extrañeza, pues parecía algo tan subjetivo, tan inalcanzable, tan fantasioso y hasta ingénuo, tan "ejercicio de teatro de primer año"!.... Pero tengo que confesar que hasta a mí misma me resultaba difícil tratar de expicar o desarrollar una manera didáctica para el proceso que los llevaría no a imitar, sino a fundirse con el viento, a ser verdaderamente el viento a través de la observación y la identificación, pues ninguno de ellos estaba acostumbrado a este tipo de comportamiento. A final de cuentas, los jóvenes no acostumbran detener su carrera hacia el futuro para quedarse contemplando una hoja que cae de un árbol, ya que piensan que esta experiencia no les vá a servir para nada... Pero hoy, a través de mi propia vivencia, me doy cuenta de cuán verdadero -y posible- es este concepto, cuán útil y revelador, porque gracias a todas las veces que me detuve, me volví capaz de sentir, de ver, de escuchar y entender, de ser el viento, o cualquier otro fenómeno. Comprendo el viento porque entendí que él forma parte de mí, así como todo lo que me rodéa, entonces no necesito imitarlo. En realidad, todos nosotros formamos parte indivisible del enmarañado fascinante e infinitamente diverso que es la creación, entonces no deberíamos tener tantas dificultades para entender los acontecimientos, los personajes y los fenómenos que nos rodéan, ni para expresarlos o entender su lenguaje. Si desenvolvemos la conciencnia de que somos parte de una misma manifestación podremos comprender todas las cosas que suceden en ella de una forma tan natural y profunda que hasta será difícil de creér. Todos tenemos nuestro lugar en el tiempo y en el espacio, ahora, antes y después, y estamos de cierta forma diluídos en la eternidad de la historia como peces en un océano en el cual podemos nadar sin dificultades rumbo a la eternidad.
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