sábado, 25 de agosto de 2012

Nuevas historias

    Las manifestaciones estudiantiles continúan, ensuciando y poluyendo la ciudad, llenándola de gritos, carteles, piedras y palos, de grupos que correm, escapando del gas lacrimógeno, de sirenas, guanacos e buses policiales. Nadie dá el brazo a torcer. "Negociación" parece una palabra obscena, "desorden e intransigencia" son las órdenes del día... Y nosotros aquí, pagando el pato, teniendo que quedarnos encerrados por causa de estas marchas -que más parecen ataques de hunos- tosiendo y estornudando, perdiendo paséos, películas, reuniones, exposiciones o simplemente, una linda tarde de sol en la Plaza de Armas... No entiendo, ¿cómo estos jóvenes esperan conseguir alguna cosa con ese tipo de comportamiento? ¿Cómo no toman cuenta de su propia gente, de sus propios ideales? ¿Por qué dejan que extraños los conviertan en villanos? ¿Por qué continúan si saben lo que vá a suceder?... Al final, con tanto jaléo, van a terminar ganándose el repudio de la ciudad. Créo que sería mejor que pensaran un poco más en sus métodos, para que puedan hacerse oír claramente y no en medio de sirenas, bombas, piedrazos y paredes rayadas...
    Y después de haberme desahogado, y antes de que me explote una bomba en el trasero, voy a postear la crónica de esta semana, entre un estornudo y otro...


    El hombre pasó por mí silbando alegremente, andando con pasos rápidos y enérgicos para espantar el frío, dejando un rastro tenue de colonia atrás de si. Vestía un abrigo negro, guantes y bufanda grises, un sombrero verde musgo y zapatos gruesos y brillantes. Tenía las mejillas rojas por el frío y a medida que silbaba, nubes de humo salían de su boca y sus pequeños ojos soltaban breves chispazos de luz... Inmediatamente, siguiendo mi costumbre, yo me pregunté: "¿De dónde será que está viniendo? ¿Por qué silba tan contento? ¿Tiene prisa para llegar a algún lugar o para encontrar a alguien importante? ¿O sólo está tratando de mantener el cuerpo caliente?"... Volví la cabeza para verlo alejarse y me dije, instintivamente: "Aquí debe haber alguna historia interesante"... Y cuando percibí esto, de repente fué como si un universo entero -que hasta ahora había estado medio intimidado- se abriera delante de mí. Pestañeé y me detuve, mirando a mi alrededor, percatándome de aquella multitud infinita, agitada y eclética que ocupaba las veredas, las ventanas, las tiendas, los restaurantes, los autos, los buses, que se sumergía en las escaleras del metro o emergía por ellas como un río interminable. Todos viviendo sus vidas, contando sus historias... ¿Cuántas de ellas habría en esta ciudad?... Tuve que cerrar los ojos y respirar hondo, tanto fué mi choque al darme cuenta de la respuesta. Los contemplé durante un largo momento, maravillada y espantada al mismo tiempo, tratando de identificarlos, de reconocerlos, pero ellos se alejaban y desaparecían como los granos de arena de un desierto. Más parecían pasajeros, visiones breves e inexpugnables, un enmarañado imposible de detener. ¡Cuántas vidas transcurrían al mismo tiempo! Todas distintas, especiales, originales, valiosas. ¿Cómo podría descubrir sus personajes? ¡Difícilmente encontraría dos veces a una misma persona en la calle!... Entonces me dí cuenta de que si pretendía continuar escribiendo -fuera en mi diario o en este blog- iba a tener que ejercitar y mejorar mucho mi percepción, mi atención, mi sensibilidad, mi caminar por entre este nuevo universo humano, pues las posibilidades que me ofrecía eran inconmensurablemente mayores, y la mayor parte de las veces dispondría de un solo encuentro para descubrir y deducir alguna cosa, para decifrar la enseñanza y llegar a una conclusión. ¡Caramba, iba a tener que esforzarme de verdad! ¡Sería un desafío tremendo!.
    Primero me pareció una empresa medio absurda, más bien dicho imposible, pues todavía me sentía atropellada, vapuleada y medio asustada por esta sobredosis de "urbanidad", de modernismo y velocidad, por tantas opciones y tamaña diversidad. Todavía me mareaba tanta gente, tanta agitación, tenía recelo de perderme en medio de todo ese ruido y de esa variedad inagotable de rostros, voces, colores y olores (bueno, tengo que admitir que aún me aturde un poco) ¿Cómo, entonces, sería capaz de abrir mis sentidos hacia alguien en particular? ¿Podría distinguir a una sola persona y enfocarme en ella? ¿Qué es lo que me atrairía, si es que conseguía distraerme de todos los demás? ¿Y si, por fijarme en uno, perdía a otro? ¿Cómo sabría cuál escoger, quién me traería la mejor lección?... "Bueno", pensé "No puedo ser gananciosa y pretender prestarle atención  a todos. Supongo que deberé dejar que mi instinto me guíe y así restringir mis opciones." Y también suponía -y esperaba- que el destino, como siempre, haría su parte destacando de alguna forma, interna o externa,  y en el momento justo, a la persona de la cual debería extraer una enseñanza... Esto me tranquilizó bastante, pues entendí que lo que debía hacer era relajarme y volver a conectar mis "antenas" (que en este último tiempo anduvieron medio en cortocircuito) abrir los sentidos y, como siempre, mirar a mi alrededor. Los personajes aparecerían, junto con sus historias y sus lecciones. Todas las personas, en cualquier lugar o situación, merecen ser observadas, sin embargo, siempre existirán algunas que estamos destinados a encontrar y contemplar más detenidamente, que traen un mensaje sólo para nosotros que, inclusive, puede cambiar nuestra vida. Nosotros y los otros siempre tenemos algo que decirnos mutuamente, se los aseguro, sólo hay que prestar atención. Esto es lo importante, estar dispuesto y abierto, sin despreciar ninguna oportunidad, por más banal que parezca, para que estos encuentros acontezcan, sin y olvidar tampoco que tal vez otros tengan este mismo encuentro marcado con nosotros y que no podemos falar a él.
    Ahora tengo certeza de que llegué, de que estoy aquí, porque nuevas historias están apareciendo, mis cuadernos están llenos de apuntes, siento que ellas me rodéan, me hablan, me invaden. Soy parte de estos acontecimientos, ya estoy entrelazada con esta vida, así como llegué a tener una intimidad todal con la vida en Brasil... Pero ahora me doy cuenta de que, definitivamente, salí de allá.

quarta-feira, 15 de agosto de 2012

Otro tipo de música

    El invierno continúa, gana fuerza, y las lluvias se dejan caer sobre la ciudad, mansas, persistentes, dóciles. Aquí no es como Brasil, que cuando llueve parece el fin del mundo. La lluvia es más civilizada. El cielo está cerrado y las estufas encendidas, no dan muchas ganas de salir por ahí. Nos cambiamos de departamento para escapar del ruido infernal de la construcción que crecía junto a nuestra ventana, estuvimos casi una semana sin água caliente en el edificio y estoy empezando a resfriarme... Sin embargo, nada de esto disminuye mi felicidad y mi paz. Ni siempre tenemos días fáciles -en realidad, se dice que tenemos más días difíciles que fáciles- pero esto no debe desanimarnos porque ellos no son castigos, sino lecciones. Así como sabemos que la primavera llegará y transformará el paisaje, así también debemos recordar que nuestro espíritu se sobrepondrá a todas las dificultades y saldremos adelante... Por qué digo esto? Pues porque yo misma andaba medio angustiada con mis propios asuntos, medio escasa de fé y de optimismo y ahí, cuando pensaba que todo iba a salir errado... plim! el destino le dá la vuelta a la página y acá estoy, llena de aliento y optimismo nuevamente. Muchas fichas cayeron en estos dos últimos días y a pesar de que este momento fué bien difícil, tenía a mi hija para escucharme, sostenerme y enjugar mis lágrimas... Parece que una puerta se abrió y dimos otro paso  en nuestro camino hacia la nueva vida definitiva.
    Y aprovechando que no empezó a llover fuerte todavía, aquí postéo la crónica de la semana. Un poquitín atrasada, mas...


    El papá abría lentamente el viejo mueble donde guardaba su preciosa colección de discos y permanecía durante algunos momentos escogiendo minuciosamente los LP que iría escuchar durante la próxima hora. Ojos fijos, entrecerrados, mirada concentrada, como tratando de acordarse del contenido de cada disco, sus dedos recorrían las filas e iban separando ceremoniosamente, casi con reverencia, los autores y sus obras inmortales: Beethoven, Mozart, Wagner, Madame Butterfly, Carmen, Ravel, Benny Goodman, Gershwin, Louie Armstrong... Una vez escogida la selección -siempre eclética y elitizada- colocaba los discos cuidadosamente, uno encima del otro, en el soporte del tocadiscos (lo que en esa época era una tremenda novedad, pues podían escucharse varios discos sin tener que levantarse para cambiarlos) ajustaba la velocidad y limpiaba la aguja en el brazo mecánico con movimientos suaves y meticulosos, dejaba el volumen en una altura agradable y finalmente se dirigía hasta el sofá de la sala, donde acomodaba los cojines, para tenderse cómodamente en él, cubierto por aquel viejo poncho de listas grises y blancas. El ritual había terminado... Entonces, cerraba los ojos y se quedaba en beatífica espera... El primer disco se desprendía del brazo con un leve zumbido y caía delicadamente sobre el plato que giraba. Mi papá soltaba un profundo suspiro de placer  anticipado y esbozaba una sonrisa de la más pura felicidad.
    La música empezaba a tocar, se elevaba, se abría, se deslizaba, invadiendo cada rincón de la casa. Pocos momentos después escapaba de allí y se esparcía por el resto de la casa como un perfume al que nadie conseguía quedar inmune.
    Y yo, metida en mi pieza leyendo o escribiendo, lavandome los dientes en el baño, sentada en la escalera negra que daba al patio o mismo en el hall sin hacer nada en particular o jugando con el perro o uno de nuestros gatos, percibía esos sonidos tomando cuenta lentamente del ambiente, mientras mi papá parecía arrebatado en algún tipo de éxtasis totalmente incomprensible para mí. Porque, ¿qué tanto le encontraba a esa música? ¿Cuál era la gracia? ¿Por qué se quedaba como en transe tendido ahí?... Los acordes tristes y solemnes del "Claro de Luna", de Beethoven, o el modernismo de Gershwin y hasta la alegría llena de ritmo de Louis Armstrong, la grandiosidad de Wagner y el dramatismo de "Madame Butterfly" no hacían el menor sentido para mí. Peor, llegaba un momento en que se volvían completamente insoportables, pues para mis oídos vírgenes sonaban como un montón de acordes  sin orden ni concierto, sin ninguna armonía o lógica. Parecían los delirios de algún alucinado a quien tenían el topete de llamar de "genio"... Al poco tiempo de estar oyendo estas cacofonías absurdas, me sentía tan irritada que cerraba la puerta de mi pieza, o me iba al fondo del jardín, o me largaba a la calle a dar vueltas hasta que ese concierto extraterrestre terminara... Pero antes de salir, cuando pasaba por el hall, le echaba una última mirada de curiosidad y desconcierto a mi papá, que continuaba tendido en el sofá, ajeno a todo y a todos, aparentemente abstraido por completo por esta música, y no podía dejar de preguntarme cómo era que ese montón de sonidos absurdos y desconectados podían proporcionarle semejante transe de felicidad y paz...
    Bueno, durante mucho tiempo aún continué siendo obligada a escuchar pasivamente estas sesiones musicales de mi papá, sin entender el encanto, la serenidad y el placer que le provocaban... Las notas seguían flotando, chocando, mezclandose sin coherencia alguna, subiendo y bajando, instrumentos locos ecoando en mis oídos como una tortura... Hasta que un día -no sabría decir exactamente cuándo ni cómo, calculo que como el resultado de algún tipo de proceso inconciente y constante dentro de mi cerebro- así, sin más, la séptima sinfonía de Beethoven penetró por mis oídos y, voilá!: la combinación de los tonos y los instrumentos, de los acordes, tuvo sentido, empezó a mostrar alguna lógica. Súbitamente, la trompeta de Louie Armstrong o el piano de Lizst parecieron entrar en un misterioso y agradable acuerdo con el resto de los instrumentos. Los pasajes, las áreas, las armonías, los tonos, la delicadeza o la fuerza  de algunos arreglos comenzaron a mostrar algo más, a tocar alguna fibra hasta entonces desconocida dentro de mí. Los caminos de las música se mostraron sorprendentes y deliciosos, y ella empezó a mostrarme sus sutilezas, sus trucos, sus intenciones... Entonces pasé a no huír más de ella. A veces haciendo un poco de esfuerzo inicial, ya no cerraba la puerta, no salía al patio, me quedaba en la sala con cualquier excusa  e, imitando al papá, me sentaba en el sillón y cerraba los ojos, relajaba el cuerpo y vaciaba mi mente de todo lo demás que no fuera el sonido saliendo del tocadiscos, abría algún tipo de puerta, de túnel, construía un puente por el cual las notas se acercaban y entraban, invadiendome por completo. Respiraba hondo y entonces me decía, admirada y emocionada: "¡Entonces esto es la música! ¡Esto es lo que despierta dentro de quien la oye!"... Y no me cansaba del milagro constante e inagotable en su diversidad que algunos humanos habían sido capaces de, generosamente, crear para nosotros. Ahora entendía el ritual de mi papá, su expresión de paz, de felicidad. Hacía mucho tiempo que él había aprendido a escuchar. Yo estaba empezando ahora y, en un segundo, pude preveer cuánto podría crecer y aprender, cuánto podría compartir y enseñar gracias a este don recién descubierto: escuchar.
    Después, cuando la música ya formaba parte indivisible de mi existencia, descubrí que no sólo poseemos la cualidad de oír y apreciar las melodías, mas también -a través de mi trabajo en el teatro- las palabras, el sonido y el desahogo de los otros. Podemos escuchar sus historias, sus idéas, sus planes, sus sueños. Podemos escuchar sus tristezas, sus frustraciones, sus resentimientos... Digamos que es otro tipo de música, a veces triste, a veces alegre, furiosa, divina, pero siempre verdadera, que necesita ser oída, así como prestamos atención al canto de los pájaros, al toque del teléfono, al silbido de un galanteador, al arrullo del mar. La voz del ser humano en todas sus tonalidades e idiomas forma parte de la sinfonía de la vida. No podemos ignorarla. Tenemos que aprender a oírla, a interpretarla, a asimilarla, pues si la música nos transmite y despierta en nosotros cosas tan profundas y verdaderas, ¿qué diversidad maravillosa podremos descubrir en la voz que nos habla?.
    Aprendamos, pues, a escucharla, a acogerla, a comprenderla y abrazarla. Al principio puede parecernos desafinada, extraña, podemos no tener la paciencia y la sensibilidad para entenderla y aceptarla porque no estamos acostumbrados a prestarle la debida atención, sin embargo, y tal como me sucedió a mí con la música que mi papá oía, en algún momento, si insistimos y nos deshacemos de los preconceptos y de la pereza, llegaremos a comprender y disfrutar cada palabra, podremos sacarle provecho y -quién sabe- un día nuestras propias palabras, habladas, escritas, cantadas, serán apoyo, consuelo y ejemplo para los demás.


quarta-feira, 8 de agosto de 2012

Una de esas señoras

Este negocio de cumplir años no es fácil, créanme, sobre todo cuando uno pasa los 50. Cumplí 56 el sábado 4 y salí para celebrar con mi hija y mi hermana. Algo modesto, alegre y relajado. Nada de fiestas, regalos caros o un millón de amigos, tan sólo un almuerzo chino, una película y un paseo por estas calles fascinantes bajo un sol sorprendente para esta época del año. Menos mal, porque siempre llovía o hacía un frío tremendo en mis cumpleaños! Hasta en esto las cosas son mejores aquí!... Conversamos las tres, compramos algunos juegos -scrabble, dominó y sinónimos y antónimos- y así nos pasamos el resto de la tarde, jugando como cabras chicas, riéndonos y conversando tonterías y temas profundos. Uno de estos temas, claro, fué sobre la vejez y la muerte, que no pudo escapar de nuestras mentes porque, claro, uno se pone más sensible a medida que se hace vieja, porque se dá cuenta de los achaques y las limitaciones que empiezan a aparecer, de la falta de disposición, del estómago delicado... Sí, definitivamente, como dice mi hija, el tiempo pasa y uno no se pone más joven, esto es algo que hay que aceptar.
Cuando me fuí a acostar aquella noche, demoré para dormirme porque me quedé reflexionando sobre esto, y al día siguiente decidí escribir al respecto, cosa que me llevó a algunas conclusiones bien interesantes.

Vejez. Decadencia. Muerte... Cómo lidiar con estas perspectivas asustadoras que se acercan inexorablemente? Son verdades absolutas, naturales -mismo que luchemos tanto contra ellas y tratemos de disfrazarlas con un arsenal de cremas y cirugías- y nadie consigue escapar de ellas. Todos los días me cruzo con personas viejas en todos los lugares, las saludo, converso con ellas, las observo en sus actividades, y no puedo evitar preguntarme cómo será que están lidiando con esta situación, si están saludables como parecen, si tienen miedo, si algo las inquieta. Será que algunos, en verdad, no tienen -o no quieren tener- una conciencia real de que el tiempo pasó -y continúa pasando-  y de que no son más los mismos? Será que se resienten de los achaques, las pérdidas, de tanto remédio, de la fragilidad, de la dependencia que vá instalandose subrepticiamente en sus existencias? Tienen noción de la lenta e inexorable decrepitud que se avecina?... Pues parece que algunos no, porque continúan sus vidas como siempre, alegres y dicharacheros, bien dispuestos, optimistas y llenos de planes para el mañana. Y yo estoy convencida de que soy uno de ellos porque, sencillamente, no consigo verme vieja, porque no me siento vieja y anticuada, averiada, separada de la sociedad. No niego que a veces me asaltan algunos relámpagos de conciencia (sobre todo desde que entré en la menopausia. Nadie se lo merece! Menos mal que existe la reposición hormonal!) sobre mi propio envejecimiento, sobre la muerte, las enfermedades que pueden aparecer todavía. Sin embargo esto no llega a angustiarme o a arruinar el placer, el optimismo y la felicidad que siento en estos momentos. Sé que la muerte es el fin, pero en realidad,es la forma en que vamos a llegar a ella lo que nos asusta. Sin embargo yo, personalmente, todavía no me siento lista para parar y pensar en ello. Para qué anticipar una angustia?
Por el momento, soy una de esas señoras que piensan que tienen toda la vida por delante para crecer, aprender, producir, disfrutar y compartir. Una de esas señoras que queren ser saludables, creativas, útiles, integradas, optimistas y muy activas. Señoras capaces de recomenzar después de los 50, capaces de continuar soñando y construyendo, ayudando, inventando, haciendo la diferencia. Esta señora soy yo, independiente y feliz, ansiosa por lo que el futuro me depara, sin importar si la vejez y la muerte me esperan. No pretendo detenerme para ponerme a rumiar esto. Quiero que estas cosas sucedan mansamente, de forma natural y serena,sin luchas, que vayan penetrando en mi día a día sin estruendo, sin aspavientos, como una caricia del tiempo y del destino, una llamada desde la eternidad que espera por mí. Quiero entrar en ella, sí (hasta porque es imposible no hacerlo) pero no pretendo irme antes de tiempo, porque no quiero vivir esperando la muerte, la decrepitud, el miedo. Quiero morir viviendo aquí, ahora. Solamente así estaré verdaderamente lista cuando mi hora llegue.

segunda-feira, 23 de julho de 2012

Todavía viva!

Bueno, créo que ustedes ya deben estar pensando que fuí abducida por un ovni, que mi avión se cayó en alguno de los precipicios insondables de la cordillera, que me perdí en esta ciudad enorme o que, simplemente y enloquecida con tanta novedad, desistí de continuar escribiendo, no es verdad?... Pero no, mis amigos, aquí continúo, fuerte y firme y llena de anotaciones sobre toda esta experiencia que tengo que desenvolver para poder tener material que postear en el blog. Pero prometo retornar a las actividades a partir de hoy día, vencer la flojera de subir de mi apart hotel hasta este hotel para usar el computador -porque todavía no puedo comprarme uno propio- para postear mis crónicas y desde ya les pido disculpas por tan largo silencio, pero es que los acontecimientos fueron mucho más poderosos que cualquier atisbo de inspiración. Sin embargo, ya más calmada, siento que ella vá despertando de nuevo, medio perdida y asustada aún, pero  generosa y fiel como siempre... Las cosas sucedieron tan velozmente -a pesar de planeadas con bastante anticipación- que mal tuve tiempo de respirar profundo desde el instante en que nos subimos al taxi y partimos hacia el aeropuerto de Londrina. Todavía me pillo no creyendo que estoy realmente aquí, que mi vida, a partir de ahora, va a transcurrir en estas calles, entre estas personas, hablando este idioma, lejos de todo lo que viví durante 28 años... Es tanta novedad, tanta felicidad y tanta paz que a menudo me encuentro con los ojos llenos de lágrimas y el corazón estallando de tanta dicha (Bueno, puede ser la menopausia también, pero créo que no). Me encuentro con las personas y sus gestos, sus rostros, empiezo a descubrir sus historias; camino por estos paisajes que creía olvidados y que, a pesar de esto, se muestran tan vivos y familiares; escucho los sonidos, respiro los olores de esta motrópolis tan grande y agitada, tan diversa, tan poderosa, con tantas posibilidades, que me recibe de brazos abiertos y empieza a contarme sus secretos con una gentileza inesperada... Mi patria. Mi hogar... Sólo quien vivió durante mucho tiempo lejos de su tierra sabe lo que esto significa. Regresar, reencontrar, recordar, perderse en la vida de todos, con todos... El frío cortante de este invierno me abraza, poniendome a prueba, la cordillera blanca y majestuosa se muestra cada día como un faro, una mole impresionante que me protege, me guía y me saluda como una madre cariñosa y llena de nostalgia. Cuánto echaba de menos esa montaña maravillosa! Cuánto echaba de menos la comida, el acento, los pájaros, los perfumes, los rostros de mis compatriotas! Solamente llegando aquí me dí cuenta del tamaño de mi nostalgia y de la falta que me hacían estos aires!...
    Patria: he aqui que ahora sé perfectamente lo que quiere decir esta pequeña palabra que tanto abraza.

quarta-feira, 9 de maio de 2012

"El coro"

Como deben imaginar, no está siendo fácil sentarme aquí para postear una crónica. Primero, porque ya estoy con la cabeza y el corazón viajando, soñando, impaciente y casi estallando de felicidad; y después, porque, caramba, cómo hay que hacer cosas cuando uno se cambia de país!... Son documentos, cuentas de banco, compras, exámenes, reuniones con el corredor, llamadas telefónicas que no acaban más, despedidas, horas en la internet buscando informaciones, direcciones y noticias; otro poco de compras de última hora (porque a uno se le olvidan hasta los calzones con tanta emoción!) otro poco de documentos y emoción, demasiada emoción... Sinceramente, no sé si voy a conseguir postear otra crónica antes de partir (salimos el día 29 a las 6:00 de la mañana del aeropuerto de Londrina) o luego que lleguemos, pero en todo caso, si no lo consigo van a saber por qué, no es verdad?... De cualquier forma, tengo certeza de que toda esta experiencia vá a traducirse en muchas y muchas crónicas, entonces, mismo que me quede sin contarles nada por un tiempo, no se preocupen porque después vendrá un río de textos!.
    Y aprovechando que el día está luminoso y fresco, y que ya preparé el almuerzo, aquí vá otra, y para que no se queden con mucha nostalgia, vá a ser una de esas bieeeeeen largas!.



    Nuestra presentación estaba terminando y yo podía ver en los rostros de las personas que nos veían la estupenda recepción que el espectáculo estaba teniendo. Mi jefe andaba de acá para allá sacando fotos de todo, todo sonriente e inflado como un gallito enamorado, recibiendo felicitaciones de todo el mundo y yo, viendo esa expresión de absoluta satisfacción, ya preveía que, por lo menos esta vez, no recibiría ninguna bronca en la reunión del lunes, sino tal vez una palmadita en la espalda y algunas palabras de elogio... Y ahora estaba mereciéndomelas de verdad, porque encaré sin grillos -tal como lo había prometido- el desafío de montar la pieza en tiempo record y con calidad y eficiencia, cosa que, por lo que parecía, había conseguido; los alumnos estaban haciendo un trabajo estupendo y cada día venía más gente a verlos. Entonces, mi jefe tenía nada que reclamar, un hecho absolutamente extraordinario tratandose de él!...
    Los actores, sonrientes y satisfechos, formaron una fila y agradecieron los aplausos, saliendo en seguida del escenario para dar lugar a los micrófoos que serían utilizados en la próxima presentación: el Coro Adulto de la Primera Iglesia Bautista de Londrina, que habíamos invitado para cantar como parte de nuestra programación de páscua. Yo estaba recogiendo el banquillo que usábamos en nuestro escenário y lista para subir a la sala, arreglar mis cosas e irme a mi casa, cuando ví, de soslayo, el  grupo de personas acercandose, sonriente y animado, como si estuvieran a punto de subir al escenario más importante del mundo. Curiosa -como siempre- con esta actitud (porque normalmente nadie le dá mucha importancia a estos eventos al aire libre) decidí quedarme un poco más para verlos. Entonces pesqué el banquillo y me acomodé en él, cerca del escenario, mientras el coro subía y se organizaba en un semicírculo. Sorprendida, descubrí que la pianista que los acompañaría era mi colega de trabajo, la Janne, pues pertenecía a la misma iglesia. La saludé con la mano y le sonreí, imaginando cómo estaría nerviosa... Cuando todos estuvieron alineados y el público atento, el más viejo entre ellos sacó una hojita de papel del bolsillo de la camisa, la desdobló y se acercó a uno de los micrófonos. Sus manos temblaban levemente y tragó algunas veces antes de conseguir soltar la voz. Yo, al verlo prepararse para hablar, casi me arrepentí de haberme quedado, porque sé cómo los adventistas, bautistas y miembros de otras congregaciones no católicas son adeptos a hacer discursos - sermones, más bien-  en cualquier ocasión y de la poca noción que tienen respecto a la duración de los mismos, pero cuando percibí la expresión en el rostro de los integrantes del coro atrás de él -algo como una pura y celestial felicidad- cambié de idea y decidí quedarme, pues me llamó la atención la alegría casi infantil que ellos exhalaban y lo ansiosos que parecían para cantar. Nuestros otros convidados subían al escenario nerviosos, es verdad, pero con un qué de indiferencia, de superioridad y descuido que inmediatamente los alejaba del público que, por su vez, como reacción, no permanecía hasta el final de la actuación. Pero estos aquí tenían algo diferente, parecían tomados por algún tipo de emoción nueva y vibrante, contagiante...
    -Buenas noches a todos...- empezó el pastor, sonriendo, con una vocecita menuda y dócil, y paseó por la platéa su mirada luminosa y modesta. Yo estaba empezando a sentirme absolutamemnte encantada -Antes que nada, queremos agradecer la invitación, porque es una forma excelente de compartir esta páscua con todos ustedes. No vinimos a hablar de religión ni a darles un sermón sobre nuestras diferencias, y mucho menos a tratar de convencerlos de nada. Vinimos a cantar y celebrar este evento tan especial para todos nosotros... Por eso estamos felices y agradecidos y queremos, esta noche, ofrecer lo mejor de nosotros, no solamente para ustedes, sino también para el Rey de los Reyes, nuestro Padre Celestial, nuestra roca y nuestro consuelo, nuestro defensor y nuestro guía: Jesús. Porque es en El que reposa toda la fuerza y todas las bendiciones, todo el perdón, el amor y toda nuestra esperanza. Y es, llenos de esta esperanza en la resurrección, que les cantamos esta noche... Espero que les guste y se sientan inspirados y conmovidos por el Espíritu Santo escuchando estas canciones... Gracias.- concluyó, bajando la cabeza como si agradeciera silenciosamente la inspiración y el coraje recibidos. Enseguida, dobló y se guardó el papel en el bolsillo de la camisa inmaculadamente blanca y volvió a su lugar.
    La pianista dió el tono e empezó la introducción de la primera música... Y lo que siguió fué algo tan especial, al menos para mí, tan encantador e inspirador, tan lleno de luz y fé, que tenía una pincelada de divino, que sólo pude congratularme por haber decidido quedarme. Las voces eran maduras, no muy afinadas o sincronizadas, pero las expresiones de sus rostros nos decían que no estaban cantando en esta dimensión, solamente para nosotros, sino para algo mayor, para la promesa, para la historia, para la unión y la comprensión, para la compasión y el amor dentro de cada uno. Esto era absolutamente claro para mí, y a cada nota sentía mi corazón crecer y amenazar salir volando de mi pecho... Miré disimuladamente a mi alrededor para ver si alguien más estaba en el mismo transe que yo y, a pesar de los chiquillos corriendo y gritando y peleandose para sacarse una foto con el Conejo de la pascua en su casita de chocolate, ahí al lado, a pesar de los sartenes chirriando y los autos y buses traficando en la calle atrás del escenario, había, sí, algunas caras con ese aire elevado, con esa mirada de reflexión y revelación que la vibración proveniente del escenario derramaba sobre nosotros. Yo no había sido la única que había sido tocada por el sencillo mensaje del pastor, otros también parecían haber comprendido sus palabras y estaban allí, simplemente, delante de Dios, llevados por la música.
    Cuando la presentación terminó, agradecieron nuevamente y leyeron otros textos cortos sobre la Páscua y su significado, elogiando nuestro grupo de teatro por haber explicado tan bien este evento en su pieza y, tal como vinieron, se retiraron, sonrientes y humildes, satisfechos por haber pasado su amor y su alegría para todos nosotros... Y yo, mientras guardaba mi banquillo y subía lentamente la interminable escalera hasta mi sala, pensaba, sintiendome sobrenaturalmente feliz y serena: " De nada valen los sermones, aplausos, palabras bonitas o elogios si no hacemos las cosas por amor, con amor uy para el amor. Podemos no ser los mejores, sin embargo, si nuestras acciones están regidas y dirigidas para el amor, impregnadas por él, con la intención sincera de hacer el bien, de tocar no importa a quién, ahí, todo lo que hagamos valdrá la pena. Porque los aplausos y los elogios se desvanecen, mas el amor permanece, crece, se extiende. Somos nosotros sus sembradores y es solamente a través de nuestras acciones y palabras que nuestros campos florecerán. No importa dónde, ni cómo, ni cuándo -todo el tiempo, en realidad- ni a cuántas personas alcancemos, nuestro deber es amar, hacer todo por amor y nunca tener miedo de revelar los cimientos divinos que sostienen lo que somos y lo que deseamos.
 

segunda-feira, 23 de abril de 2012

"Objetivo"

Bueno, las cosas acontecen, el tiempo corre, nada lo detiene y por eso aquí estoy, a un mes y poco de concretar mi sueño -ese que no les podía contar todavía- entre la felicidad, la angustia y la incredulidad: estoy volviendo a mi patria, Chile. Mi hija y yo partimos para allá el día 29 de mayo (si nada imprevisto ocurre) con camas y petacas (en realidad, sólo con las maletas con ropa y zapatos) y nos preparamos para empezar una nueva vida... Qué tal la sorpresa?... Bueno, apuesto que algunos ya se lo estaban imaginando, pero no podía contar nada hasta que toda la parte legal de mi divorcio estuviera concluída, para así no correr el riesgo de tener sorpresas desagradables. Gracias a Dios, todo corrió tranquilamente - sólo con los sobresaltos esperados, claro-  y ahora la noticia ya es de dominio público: estamos volviendo a Chile, dejando todo para atrás, virando la página, saltando al abismo atrás de nuestra felicidad. Parece una locura, pero estoy totalmente convencida de que vá a valer la pena. Créo que, en el fondo, yo deseaba esto hace mucho, mucho tiempo, y este vacío enorme que no conseguía llenar con nada finalmente vá a desaparecer... No digo que no fué positivo vivir aquí en Brasil, que no aprendí, no crecí, no maduré; no voy a negar que encontré personas fantásticas, que tuve experiencias divinas, inolvidables, que me desenvolví profesional y humanamente de una forma que tal vez no habría conseguido en Chile, pero créo que mi tiempo aquí ya se cumplió; lo que tenía que aprender y realizar aquí ya está completo. Ahora empieza otra etapa, tal vez la final, y tengo que seguir adelante.
    Pero no piensen que me voy a olvidar de ustedes! Este blog continúa, ahora con sede en Santiago, así como el blog en portugués. A lo mejor hasta retomo aquellos blogs de historias! Voy a tener tiempo, inspiración, serenidad y, sobre todo, felicidad para producir incansablemente, hasta mi último aliento, entonces no se preocupen, que todavía vá a llevar un tiempo para que se véan libres se mí!... En realidad, como falta un mes y algunos días para partir, estoy con la cabeza medio enrollada, sin mucha inspiración o disposición, porque tenemos mucha cosa que hacer, inclusive vender los terrenos para tener plata, conversar con corredores y abogados, dejar algunos poderes y encontrarles un nuevo hogar a las perritas (cosa que me está matando de angustia) porque mi amigo que se iba a quedar con ellas tuvo un problema y no puede hacerlo más, entonces... Ya me encomendé a san Francisco para que me ayude en esta búsqueda y confío que no habrá de fallarme, así como santa Rita -de la cual mi madre era muy devota- con el asunto de los terrenos... Tenemos un mes y poco, no es un gran plazo, pero confío en la providencia divina, que hasta ahora no nos ha abandonado... A final, qué es uno sin la fé?.
    Entonces, y todavía desde Brasil, aquí vá la crónica de la semana:

    Cuando salto de la cama temprano, a pesar del sueño que todavía me pesa en los ojos, tengo un objetivo: salir para dar una caminada de por lo menos una hora -mientras aún está fresco- pues el ejercicio es vital para mantener mi artrosis y mi glicemia bajo control. Cuando me pongo el delantal y separo las verduras y el pollo también tengo un objetivo: preparar mi salpicón de pollo desmenuzado o en filés para el almuerzo. Cuando hago anotaciones el objetivo es desenvolverlas, o entonces -si se refieren a asuntos de trabajo- para resolver problemas, dudas o aclarar planes de aula o actividades. Aceptar desafíos como escribir, ensayar y presentar piezas tiene como objetivo el desenvolvimiento de mis aptitudes, de mi creatividad o perfeccionamiento personal... Y es así en todo en la vida: si prendemos la televisión tenemos como objetivo ver algo que nos gusta, si vamos a la playa queremos descansar, tomar sol y jugar en las olas. Si no, por qué otro motivo hacemos las cosas?... Tener un objetivo es vital para existir, para actuar, envolverse, aprender, compartir. Yo me quedo horrorizada todas las veces que estoy conversando con alguien, especialmente alumnos o colegas de trabajo, y de repente escucho un:"Ah, a mí me importa un pito la fundación. Hago lo que me mandan y al fin de mes voy a buscar mi cheque. Y nada más." O entonces: "No sé por qué quise hacer teatro... Es que no tengo nada que hacer en la tarde... No sé, créo que es por eso..." En ese segundo soy tomada por una ganas casi irrestibles de apuntarle la puerta a esta persona y mandarla de vuelta a su casa para que continúe "haciendo nada" por allá...
    Quando me encuentro con gente así -y cómo hay de esas, Dios mío!- me pregunto cuál es la razón que las mantiene vivas, moviéndose, hablando, pensando; qué es lo que las hace salir de la cama todas las mañanas y encarar el mundo... Pero ahí me pregunto: "Será que estas personas enfrentan realmente el mundo, o hacen de cuenta que no existe, que están aquí por accidente, que dá lo mismo, que la vida es así mismo y que solamente basta ir llevando las cosas como dé?"... Bueno, esa me parece una actitud monstruosa, suicida, peligrosamente contagiosa, que nos aleja de la conciencia, de la realidad, de nuestro compromiso con la histotria -la nuestra y la de los otros que están en contacto con nosotros- y con el crecimiento de la humanidad. Tenemos objetivos materiales, físicos y espirituales que no podemos  despreciar si pretendemos continuar siendo llamados de humanos. El hombre necesita un propósito para existir racionalmente, necesita trazar metas para él mismo, profesionales, afectivas, colectivas, individuales. Cualquier persona tiene que desenvolver y vivenciar esas ganas de superarse, de mejorar, de progresar en todas las áreas para que su pasaje por este planeta, por esta vida, valga la pena y deje algun legado, no importa si grande o pequeño... Puede ser que a veces no concordemos con algunos objetivos, con algunas filosofías o métodos, pero por lo menos vemos que estas personas tienen algún tipo de inspiración, de camino a recorrer, hicieron una opción y son fieles a ella a pesar de todo y de todos.
    Tener un objetivo requiere una buena dosis de coraje y mucha persistencia, pues en el momento en que uno lo define, automáticamemnte se compromete a llevarlo a cabo, y de la mejor forma posible, porque sabe que esto significa realización, mismo que cueste algunos sacrificios y mucho tiempo, tal vez una vida entera. Sin embargo, también tiene conciencia de que valdrá la pena y de que la sensación de deber cumplido será una recompensa que sobrepujará cualquier gano material... Y sabiendo esto, ahora yo me pregunto: Y esa gente que vive así, ni chicha ni limonada, sin leyes, sin expectativas, sin planes por los cuales luchar, sin un lugar donde llegar y sentirse victorioso? Será que se preguntan por qué existen? Y la respuesta que deben recibir de ellos mismos, cuando lo hacen, no es el resumen trágico del concepto "fracaso"? Por qué el vacío que alarga desesperadoramente sus días y noches no los hace reaccionar? O ya están tan hundidos en esta nada que ni siquiera se incomodan, o peor, ni siquiera se dan cuenta de la situación?... Sé que "objetivo" parece palabra  de reunión administrativa, de jefe, de pai, de profesor, pero créo que tener una noción de ella y practicarla no es solamente acatar una orden hierárquica, sino el llamado de sobrevivencia física y espiritual que todos recibimos en algún momento de nuestras vidas.

sábado, 7 de abril de 2012

"Granos buenos, granos malos"

Y ahora todos los días parecen feriado!... Esto es de veras fabuloso, pero por eso mismo estoy teniendo que reorganizar mi vida, porque después de 25 años seguidos trabajando en la Fundación no es tan fácil así quedarse en la casa el día entero sin nada específico que hacer. Créo que voy a tener que cuidarme para no ponerme floja, comilona  ni descuidada con la apariencia!... Es bien raro -y delicioso también-  quedarme en la casa por las tardes y poder organizar mi día como se me antoje, disponiendo de todo mi tiempo para escribir, escuchar música, pasear, meditar... Es un tremendo cambio, es verdad, y espero ajustarme bien a él, pero como las etapas tienen que cumplirse para que mi vida continúe, recomience y se renueve, la cosa es esa. Hay que seguir adelante, trazando nuevos planes. Ya fueron dos: primero el marido, después el trabajo,en seguida será la casa, el país; los amigos, calles, estaciones, descubrimientos, reencuentros... Lo que más me admira es el coraje que estoy teniendo para realizar este sueño. Nunca me concentré tanto en un objetivo, nunca tuve tanta fé, tanto optimismo, tanta perseverancia, tanta paciencia y disposición; nunca estuve tan convencida de que una actitud radical a este extremo valdría la pena. Y sé que la valdrá.
    Falta la última parte del plan, pero desgraciadamente, ésta no está solamente en mis manos, entonces sólo me resta rezar, hacer barra, mucha barra, y mantenerme activa, productiva, interesada. No pretendo ponerme como todas esas personas que empiezan a sentirse inútiles y vacías después que paran de trabajar! No, por el contrario, ahora es el momento de reunir fuerzas, optimismo, creatividad y salud física, espiritual y financiera para dar este último salto hacia la felicidad!.

    Siempre me fascinó la destreza y velocidad con que las dueñas de casa o las empleadas consiguen escoger los porotos o el arroz, separando con firmeza y sin equivocarse los granos obscuros, secos, quebrados o manchados de los enteros y saludables encima de una mesa limpia. Los ojos ni siempre están fijos en la taréa, pues parece que ellas consiguen sentir en la punta de los dedos el grano defectuoso, entonces se dan al lujo de conversar, vigilar a los niños o la tetera en la cocina, escuchar la máquina de lavar allá afuera o el camión de la  basura que se acerca por la calle sin perder la eficiencia ni la rapidez. Los dedos se mueven, con experiencia y levedad y el montón de porotos limpios y suculentos vá creciendo mientras otro menor vá siendo tirado a la basura sin el menor remordimiento, porque ellas saben que un grano malo no sirve y que es solamente con los buenos que prepararán un plato delicioso para el almuerzo de la familia...
     Y hoy en la mañana, fuí yo quien se sentó en la mesa de mi cocina, toda blanca y recién limpiada, para realizar esta taréa que, no sé por qué, tiene un qué de terapia relajante, de serenidad, concentración y simplicidad que parece alejar todas las preocupaciones de nuestra mente, que sólo se concentra en la inspección y separación de los granos estragados para que los buenos vayan a la olla... Entonces, en medio de aquella taréa y percibiendo cómo es fácil distinguir los granos damnificados de los que sirven, empezó a ocurrírseme que nosotros, en realidad, tenemos la misma percepción y eficiencia para ver y dejar de lado las cosas erradas en esta vida, nuestras propias faltas, nuestra cobardía, nuestros miedos y actitudes egoístas y mezquinas. Pues no son éstas como granos que no sirven para hacer un plato de comida? Y así como podemos escoger y botar aquellos y quedarnos solamente con los buenos, que nos alimentarán y nos darán fuerza, ayudandonos a crecer y desenvolvernos física y mentalmente, créo que también podemos aprender a distinguir y separar lo que nos faz mal, lo que nos aparta del buen camino, de la compasión, de la comprensión, de la unión. Y lo mejor es que de esta forma no alimentaremos tan sólo nuestro propio corazón con buena comida, sino que también alimentaremos el de los otros que, con certeza, van a querer repetir el plato y hasta aprender la receta!