domingo, 12 de fevereiro de 2012

"Ataques de felicidad"

    Bueno, tengo que admitir que el regreso al trabajo no fué tan traumatizante así, principalmente porque, como no me voy a quedar por mucho tiempo, no seré incluída en ninguno de los proyectos de la Fundación, lo que me salva de reuniones interminables y discusiones donde siempre el que gana es mi jefe, plazos, fechas, cobranzas desmedidas y todo ese tipo de burocracia y correría que implica entrar en estos proyectos. De lo único que creé que no voy a conseguir escaparme vá a ser del maldito carnaval -una fiesta brasilera que nunca conseguí entender- que es esa semana en la cual todos empiezan a enloquecer y a querer hacer desfiles, montar bloques de payasos, bailarinas, picaflores y cosas por el estilo para salir haciendo escándalo por las calles, a coser disfraces esdrújulos, comprar cajas de cerveza y serpentina, pasajes para Rio de Janeiro o Salvador, a planear matinés en la plaza para ese bando de niñitos enloquecidos que lo único que quieren es hincharle las pelotas a todo el mundo, y así por delante... Y, claro, la Fundación no vá a escapar de esta tradición, entonces ya estamos preparándonos para un fin de semana infernal (el próximo) entre desfiles, barracas, foliones, bandas ensordecedoras tocando hasta la madrugada, borrachos queriendo pelear con cualquiera y un montón de gente con ganas de irse a la casa (estos somos nosotos, los funcionarios de la fundación) Pero es la tradición y tenemos que respetarla y entrar en el juego, por más que nos cargue, no es verdad?
    Bueno, y antes de que se imponga la locura  en esta ciudad, aquí vá la crónica de esta semana, posteada el domingo y no el lunes, porque no sé qué será de mi vida la semana que viene.  Están a punto de suceder cosas importantes, vitales para el comienzo de mi nueva vida, cosa que espero hace tanto tiempo que ni me había dado cuenta. Está  todo en las manos de Dios y tengo certeza de que, como siempre, El no me abandonará. Estará conmigo y con todos los envueltos a cada momento, cuidando para que todo salga de la mejor forma para todos en este capítulo tan importante de nuestras vidas... Y no se preocupen, que ustedes van a saberlo todo brevemente, ok?.

    Pueden ocurrir en los momentos más inesperados, casi siempre banales, cuando estoy totalmente desprevenida (y parece que mientras más desprevenida mejor!) y duran apenas algunos segundos, pero me dejan una sensación tan buena, mi alma y mi corazón se llenan de tal alegría, leveza y gratitud, de un optimismo tan brillante que parecen limpiar por completo todo lo que pueda haber de malo dentro de mí. De hecho, cuando se desvanecen parece que me vuelvo capaz de ver el mundo, a las personas y las situaciones -inclusive las más problemáticas- con nuevos ojos, frescos y claros. Parece que una ráfaga de aire perfumado y poderoso barriese todas mis angustias, todas mis ansiedades y pesimismos y yo me quedara libre, desnuda e iluminada delante de mi propia existencia, tomada por la más absoluta gratitud. De repente, cuando esta  sensación de invade, consigo percibir la simplicidad y la maravilla de la vida, los detalles preciosos, los milagros que me rodean, la suerte que tengo, los éxitos que alcancé, el futuro feliz que puedo constuir si me mantengo en este estado de espíritu positivo y confiante, sin complicaciones innecesarias; me doy cuenta y agradezco por mis talentos, por las experiencias por las cuales pasé y estoy pasando, por reconocer claramente las lecciones que cada una de ellas contiene y me siento feliz por conseguir  absorver la mayoría de ellas -mismo que a veces demore un poco-por aprovecharlas y pasarlas adelante a través de mis textos o de las aulas que ministro. Estos son instantes de claridad y seguridad absolutas, de una certeza sobrenatutral sobre las verdades que deben guiar mi vida, de una felicidad tan intensa, profunda y real, gratuita, que sólo puedo creér que vienen de Dios, o de mi ángel de la guardia, o entonces del propio corazón de la creación que en ese segundo escoge conectarse conmigo y revelarme sus secretos... Sé que parece bien ingenuo, pero piensen un poco: Por qué no? No somos por acaso parte de una misma manifestación? No poseémos unos las cualidades físicas y espirituales de los otros? No existe un lenguaje que hace posible nuestra comunicación e interacción?... Por qué, entonces, sería algo tan improbable?...
    Estos son lo que yo llamo de mis "ataques de felicidad", pero créo que no debo ser la única que los sufre, pues todos tenemos la oportunidad de abrirnos, de entregarnos, de optar sentirlos y disfrutarlos para después guardar en nuestros corazones y mentes esa sensación magnífica de dicha y claridad, de optimismo, de gratitud plena, que nos servirán de soporte y consuelo cuando vengan días difíciles. Basta alejarse por algunos momentos de nuestros problemas, dudas y recelos y permitir que el viento nos acaricie, el sol nos caliente, los pájaros canten para nosotros, el água sacie nuestra sed, el cielo se abra o la lluvia nos arrulle a la hora de dormir... La felicidad está aquí, a nuestro lado, rodeándonos, hablándonos constantemente, en la simplicidad de nuestra rutina diaria, de nuestros quehaceres cotidianos, en los encuentros que tenemos, en los actos, miradas y palabras positivas que distribuimos o recibimos a lo largo de cada jornada. Todas estas buenas acciones, de las cuales tenemos tan poca conciencia, son recompensadas, pero tenemos que prestar atención para no perderlas, porque casi siempre están escondidas en aquellos detalles que solemos dejar pasar, pensando que sólo podremos encontrar nuestra cuota de alegría en la grandiosidad, en el exceso, en la notoriedad, en las grandes empresas y éxitos. Algunos tienen realmente esta misión y es así que se realizan, pero, y nosotros, simples mortales que llevamos nuestra vidita modesta y anónima? Será que no tenemos esta oportunidad?... Pues yo estoy convencida de que nosotros, más que aquellos que tienen tanta responsabilidad y sufren tantos ataques justamente por ser demasiado conocidos, tenemos muchas más oportunidades de encontrar y disfrutar la felicidad, de ser asaltados por ella a cualquier hora, en cualquier lugar, por los motivos más simples... La felicidad es semejante a un cimiento que sostiene nuestro vivir todo el tiempo, basta que, de vez en cuando, la dejemos aflorar y tomar cuenta para que podamos renovarnos, reciclarnos y aprender a ver el mundo con más compasión, paciencia, optimismo y confianza. Porque esto es lo que el mundo necesita.


 

terça-feira, 7 de fevereiro de 2012

"La Brasilia del albañil"

     Y con las idílicas vacaciones casi terminando -vuelvo al trabajo mañana!- y simplemente aterrada con estas temperaturas infernales, sofocantes y despiadadas que andan haciendo, aquí estoy, escribiendo un martes en vez de haberlo hecho el viernes o el sábado, pero en fin, por lo menos escribiendo... Es que la simple idéa de volver a la Fundación me deja desanimada, sobre todo porque ésta ya no significa nada para mí y porque, ciertamente, no voy a tener mucha cosa que hacer, ya que dudo que mi jefe -otro motivo para estar deprimida- me ponga a trabajar en algún proyecto, ya que dejaré el trabajo en abril. En verdad, conociéndolo bien, no sé si se vá a dedicar a atormentarme hasta mi último día en la fundación, o si me vá a ignorar solemnemente, cosa que yo preferiría... No le quito si un segundo de aprendizaje, realización y felicidad que viví  allí, pero ahora las cosas cambiaron tanto que no hay nada más que me haga querer quedarme. Créo que, como todo en nuestra existencia, el ciclo aquí terminó, entonces llegó la hora de seguir adelante y buscar nuevos caminos, experiencias y realizaciones que continúen enriqueciéndome y enseñándome, pues sin esto estacionamos, nos pudrimos, morimos, y yo estoy demasiado joven todavía (sólo 55!) para permitir que algo así me suceda!.
    Entonces, aquí vá la última de las vacacioes. También es laaaarga, pero espero que tengan paciencia y la disfruten.


    Salí para dar mi caminada vespertina por la vecindad (ahora que estoy de vacaciones camino en la mañana como ejercicio y en la tarde como paséo) aprovechando que había llovido y estaba un poco más fresco, y decidí hacer un trayecto diferente, yendo por calles por las cuales no suelo pasar, para descubrir las novedades en las casas y jardines. Escogí una calle menor, viré la esquina y me encontré con varias residencias en reforma, todas con altos de ladrillos, tablas, fierros y montañas de arena e rípio ocupando la vereda y albañiles yendo de aquí para allá con mangueras, tambores, palas y carretillas con cemento y piedras, hablando alto y riéndose. El sonido chicharriento de una radio ecoaba por el aire y los perros de las otras casas acompañaban la cumbia con sus ladridos impacientes... En el primer instante pensé volver atrás. Permanecí algunos momentos parada en la esquina, contemplando aquel campo de batalla y sus soldados desharrapados y ruidosos, pensando que no era un ambiente muy apropiado para mis meditaciones, pero al final, concluí que si había escogido ese percurso distinto no era para huír de él, pues las novedades siempre son revigorizantes y llenas de sorpresas. Retomé la caminada entonces, y me fuí acercando a los albañiles y carpinteros. Casi llegando junto al primer grupo y por estar distraída mirando hacia el interior de la casa que reformaban, metí la rodilla en un auto estacionado, probablemente de alguno de ellos: una Brasilia vieja y estropeada, de un amarillo desteñido, lleno de remiendos, con sólo dos asientos al frente, de un vinil café blanquecino todo rasgado y sucio, neumáticos gastados y vidrios llenos de tierra. La trasera estaba tomada por todo tipo de cachivaches: palas, rastrillos, sacos de cemento, espátulas, cajas con baldosas, frascos de clavos y líquidos turbios, latas de cerveza, botines viejos, trapos, diarios y algunas tablas combadas. No tenía parachoques ni retrovisor... Alejandome dignamente del auto -y esperando que nadie hubiera visto mi encontrón con el parachoques- le dí una mirada a los albañiles, tratando de adivinar de quién  sería  aquella reliquia del siglo pasado. Tal vez de ese más viejo, que parecía ser quien comandaba el trabajo. O entonces de ese otro encima del tejado, con la cabeza envuelta en la camiseta para secarse el sudor, que se reía y hacía payasadas con un par de tejas en las manos. Podría ser el típico auto de segunda (en este caso de tercera o cuarta) que alguien como él compraría sólo para tener como moverse y dar aventón a los coegas o llevar a la familia a la misa o al almuerzo en la casa de la suegra... Miré el automóvil, decrépito y de neumáticios pelados, y pensé que con certeza el joven gastaría más de lo que ganaba haciendole reparaciones y cambiandole piezas a ese dinoosauro amarillo, pero créo que más importante que ese tipo de gasto, era el status que ele le proporcionaba. Era el único carro estacionado al frente de la casa, entonces era óbvio que solamente uno de ellos era el orgulloso propietario... Todavía tratando de adivinar quién sería el afortunado, pasé por el auto y le dí una última ojeada. Fué entonces que reparé que el parabrisas tenía coladas unas palabras, y decidí disminuir el paso para leerlas. Eran solamente dos, muy simples, de un color dorado ya medio grisáceo, pegadas medio chuecas: "Gracias Senhor"... Y en el primer momento me parecieron medio  absurdas, casi cómicas, entronizadas luego allí, en lo alto del vidrio de una Brasilia cayendose a pedazos. Cualquiera podría pensar: "Qué es lo que este tipo tiene que agradecerle a Dios? Mira el estado de ese auto!"... Y a pesar de esto, las palabras estaban allí. El dueño había gastado algunas monedas de su salário para comprar el adhesivo y colarlo bien al frente, para que todo el mundo lo viera. Era su modesto testimonio, su ingenua gratitud estampada en el vidrio del coche decadente... Pero, por qué estaba tan agradecido? Y por qué insistía tanto en mostrar esta gratitud a todos? El coche era realmente un chiste y la casa donde él y su familia vivían no debía ser gran cosa también, tal vez ni tuviera água potable y, con todo, ahí estaba él, agradeciendo, contradiciendo las apariencias...
   Suspiré profundamente y continué mi camino, no sin antes echarle una última ojeada al auto y esbozar una sonrisa medio sin gracia y emocionada, porque de repente pensé en cómo somos tan frívolos e ingratos, cómo no aprovechamos lo que conseguimos, cómo no le damos mérito a los pequeños éxitos -nuestros y de los demás- y nos olvidamos de agradecer por ellos, de disfrutarlos y compartirlos solamente porque son modestos, simples, porque no aparecen en los diarios o no son el comentario de la ciudad. Pensé cómo ese auto arruinado era un tesoro para ese hombre y lo imaginé cuidándolo, lavándolo, encerándolo, protegiéndolo de la intempérie, manejándolo por las calles de la ciudad como quien maneja un BMW. Me dí cuenta, otra vez, de cómo necesitamos poca cosa para ser felices y sentirnos agradecidos a la vida... Entonces, si este humilde albañil podía agradecer las bondades de Dios en el parabrisas de su carro de tercera, por qué no podría yo sentirme grata también por todo lo que tengo, por todo lo que soy por todo lo que puedo conquistar?...
    Quién podría imaginar que delante de una casa en reforma, acompañada por la música chicharreante de la radio y los ladridos de los perros, iría a encontrar este recado de Dios? Y si hubiera decidido volver atrás y hacer un camino diferente? Habría otro mensaje, o simplemente habría perdido éste?... Pero Dios está mucho más atento que yo, y me hizo meter la rodilla en una Brasília vieja y enmohecida para que despertara y empezara a prestar realmente atención en los bienes -materiales y espirituales- con que soy agraciada cada día, porque cada uno de ellos es un tesoro que merece ser cuidado, amado, disfrutado y compartido con los otros.

quarta-feira, 1 de fevereiro de 2012

"El nos ama"

Por lo que estoy percibiendo, las cosas caminan hacia un final feliz con calma, lógica y claridad, como tienen que suceder los grandes cambios, entonces estoy sumamente tranquila y confiada, más segura cada día que pasa, más cerca de la felicidad y la paz. No digo que todo vá a ser un mar de rosas, pero créo que todo vá a valer la pena si consigo vivir mi vida a mi manera, con mis reglas, opciones e iniciativas, por lo menos en esta segunda mitad. Las tormentas pasaron, así como las vanidades, las futilidades y esos delírios que agotan nuestra energía y creatividad para no llegar a ninguna parte fuera una enorme decepción o resentimiento... Esta es una de las cosas positivas de hacerse más vieja, y si uno es inteligente y presta atención en las señales y las oportunidades, uno empieza a darse cuenta de qué es lo que realmente importa y a correr atrás de ello para vivenciarlo. Es entonces que la existencia se vuelve rica, feliz y productiva, completa. Ahora sé lo que deséo, estoy dispuesta y preparada para luchar por ello y, lo mejor de todo, tengo certeza de que lo conseguiré. Todas las señales, los encuentros y los acontecimientos me lo dicen. Y ciertamente no importa cuánto demore -si bien espero que podamos hacer todo dentro del plazo que nos pusimos- esto no vá acambiar. Las decisiones ya están tomadas, los planos trazados, entonces -y gracias a Dios- no hay cómo ni por qué volver atrás.
     Ya sé que estoy bien misteriosa con este asunto de mi futuro y que ustedes ya deben estar empezando a impacientarse, pero créo que, si las cosas continúan a este ritmo, brevemente podré contárselos todo... Paciencia!
    Y mientras esto no sucede, aquí vá la crónica de la semana que, irónicamente, es enoooorme!

    Desparramada en el sillón, de shorts e camiseta, dominada completamemnte por la flojera, incapaz de raciocinar como un ser humano, con ganas de la más absoluta alienanción de los sentidos, y sin nada para ver en la televisión... Hace más de diez minutos que los canales pasan sin parar frente a mí y no consigo decidir cuál programa es menos malo para ver. La mayoría son repetidos (típico de las vacaciones!) o entonces películas dobladas de quinta categoría con las cuales ni siquiera se puede esbozar una sonrisa de lo malas que son, con esos efectos especiales de computador viejo... Paso una y otra vez los números del control remoto, para atrás y para adelante, y nada... Hasta toparme con una escena en la cual un coro nada convencional se prepara para hacer una presentación. No reconozco a ningún actor (lo que es una pésima señal, digase de paso) a no ser al que interpreta al director que, más encima no es uno de mis preferidos, pues excepto por un par de filmes medianamente simpáticos y superficiales, se ha dedicado a hacer porquerías de mal gusto. Pero como están a punto de presentarse, decido parar ahí y ver qué es lo que pasa; de repente tienen algo que mostrar. A lo que todo indica, es una de aquellas historias en las cualess ocurre alguna gran transformación por causa de música o danza y el protagonista -que al principio se mostró un canalla calculista y ambicioso- acaba rindiendose al encanto peculiar de la pequeña ciudad y sus habitantes, sobre todo al de aquellos que integran el coro. Hay viejos, jóvenes, presidiarios, negros, blancos, todos formando parte de la ecuménica grey de un pastor idealista y divertido que perpsigue al protagonista hasta convencerlo de dirigir el coro y participar de un concurso que, si ganan, hará posible que puedan invertir el dinero del premio para mejorar la iglesia -que, claro, ayuda a todo el mundo- y mantener el coro...
    "Bueno", pienso "Ya ví esta historia unas cien veces y sé perfectamente cuál es el final, pero vamos, de repente el número musical vale la pena"... Me acomodo en el sillón, arreglo los cojines y me preparo para disfrutar, hasta porque descubro que entre los integrantes del elenco está una cantora que hoy es muy famosa y canta divinamente, entonces, no puede ser tan malo así... Los presentadores anuncian el coro: "Fighting Temptation" (Resistiendo la Tentación) y las luces se encienden, pero ellos, envueltos en una discusión sobre usar un uniforme o no, no aparecen. Instantes de desconcierto y suspenso... Finalmente, el director les manda entrar así como están y ellos aparecen, tímidos y torpes, y van tomando sus lugares. El público, frío, ni los aplaude... Y entonces, la música empieza, con un solo masculino, y yo pienso: "Estos tipos son realmente cantores profesionales!"... Mientras la música transcurre, con un arreglo de erizar el cabello y voces estupendas y llenas de sentimiento; en la tela de la televisión aparece también la leyenda de los versos y yo, que al principio solamente quería escuchar una buena música, empiezo a prestar atención de verdad, pues parecen dirigidos especielmente a mí. (Cuántas veces ya no me ocurrió la misma cosa con escenas o diálogos en películas, canciones, fotografías o textos en libros y revistas? Dios no pierde una oportunidad!) La letra dice: "Yo no soy suficienitemente bueno, pero mismo así El me ama. Yo no soy una estrella brillante ni hago grandes cosas, vivio errando y todos se ríen de mí, pero mismo así, El me ama. Yo no valgo nada, y mismo así, Dios me ama"... En un instante, antes de que terminen el estribillo, se me llenan los ojos de lágrimas y siento el corazón latiendo con fuerza atrás de las costillas, lleno de emoción... "Ah!", pienso, respirando hondo "Por qué a Dios le gusta hacerme estos regalitos encantadores justo cuando estoy con el ánimo por el suelo?" Y en seguida respondo a mi propia pregunta: "Claro, porque El es mi padre! Qué padre no haría todo para alegrar  a su hijo cuando está triste y desanimado?"... Y llego a la conclusión -otra vez, pero siempre como si fuera la primera vez- de que El realmente está velando por mí todo el tiempo, colocando respuestas, pistas, personas y todo tipo de situaciones que hacen que yo lo escuche y aprenda, sepa como actuar y crezca para así cuplir más cabalmente mi papel en esta vida. Sin embargo, también estoy conciente de que si no estoy ligada y atenta, todos sus recados pasarán en blanco, por eso, y a pesar de que a veces estoy tomada por la angustia, el resentimiento o los problemas del trabajo o la familia, siempre trato de mantener una parte de mi mente y de mi espíritu abiertos, atentos a todo lo que sucede a mi alrededor, porque sé que allí mismo pueden estar las respuestas que estoy necesitando. Mis sentimientos personales no pueden estorbar esta comunicación, sino estaré perdida!...
    Como dije antes, cuántos de estos epísodios ya me sucedieron? Cuántas situaciones, personas y visiones fueron puestos en mi camino para enseñarme o responder mis dudas, para inspirarme y volverme una persona mejor?... Créo que perdí la cuenta (eso sin incluir aquellos que dejé pasar) pero puedo  afirmar que en todos eses episodios estaba contenida una lección vital para mi madurez y que traté de aprovecharla al máximo. Lo que  encuentro interesante de este "método" que Dios escogió para comunicarse, es que lo usa como si fuera una especie de juego, de desafio constante, pues para no perder los mensajes es necesario que yo esté siempre ligada y atenta, y que descubra la lección, la pista, la respuesta yo sola. Parece que a Dios no le gustan los "platos hechos" cuando se trata de enseñar -y créo que esto debe pasarle a todo el mundo- o de responder, y prefiere dejar en nuestra mano el trabajo de traducir y llevar a cabo sus mensajes, sin preocuparse  si de repente interpretamos las cosas equivocadamente y terminamos enrollandonos todos... Créo que es aqui que se aplica perfectamente la letra de la música de la película, porque mismo que erremos, que no  brillemos y seamos juzgados y condenandos por ser falibles, Dios continúa dándonos una oportunidad para acertar. Mismo que no consigamos entender o actuar de forma correcta, El continúa a nuestro lado, hablándonos, mostrandose de todas las maneras posibles para que creamos en su amor y en su presencia constante. Créo que para  cada uno de nosotros escogió una forma toda especial y personalizada de comunicarse, algo que tiene que ver con nuestra personalidad, nuestro trabajo, nuestros sueños, un estilo que respeta el nivel espiritual, cultural y afectivo en que  nos encontramos, para que así podamos comprender lo que nos dice y actuar de acuerdo... Nada de violencia o imposición, nada de enigmas o tabús. Dios está aquí, en este escenario, en aquella persona, en estas palabras, en un encuentro, una despedida. Basta creér en esto y mantenerse alerta y abierto, bien dispuesto, porque nuestra fé y nuestra disposición para los milagros es todo lo que El necesita para entrar en nuestra vida y transformarla por completo.

sábado, 21 de janeiro de 2012

"El misterio de las palabras"

Nada muy emocionante a no ser las tempestades que todos estos últimos días desaguan encima de nosotros y nos dan un poco de alívio en medio de este calor infernal. No sé cómo no adelgazamos de tanto sudar!... Dos gloriosas semanas más de vacaciones y entoncers volveré a la fundación, pero como ya les dije antes, lo haré con un espíritu totalmente diferente y sin compromiso, entonces no soy presa de esa angustia existencial que acomete a todos los funcionarios cuando tienen que regresar al trabajo y  encarar a un jefe de parar los pelos, un trabajo estresante o colegas descontentos y de caras amurradas. No, todo esto pasa lejos de mí, gracias a Dios, y si todo nos sale como esperamos y en el plazo que nos pusimos, más cambios radicales vendrán. Prepárense!.
    Y sin más rollos, aquí vá la de esta semana. También estoy contenta porque finalmente -después de casi seis meses de ayuno!-me publicaron una crónica en el diario. No sé si la editora es otra, o la que estaba decidió darme una tregua, pero lo que importa es que allí estaba el texto, lindo y claro, enterito en la página central... Ah, la vida es realmente buena, y basta tan poco para aprovecharla y ser feliz!...


    Es divertido lo que sucede cuando uno se sienta aquí a digitar. Normalmente se viene con alguna idea, una inspiración cruda, básica, algo más o menos definido que tenemos la intención de desarrollar. Sin embargo, no es raro ocurrir una espécie de magia o, mejor, una rebelión en nuestro espíritu, y acabamos escribiendo algo completamente inesperado. Pero supongo que ahí está la gracia de la cosa... La inspiración es algo voluble y caprichoso, con un qué de tiranía encantadora e irresistible, que puede llevarnos a través de territorios sorprendentes cuando menos lo esperamos o deseamos. Delante de sus encantos y misterios no somos capaces de resistir y vamos atrás de ella, sin al menos saber cuál será el final de nuestra aventura. Y de nuevo afirmo que, justamente, ésta es la gracia de la cosa... Sin embargo, puedo asegurarles que cada una de estos viajes vale la pena y siempre nos quedamos con ese gustito de "quiero más".
    Para mí, esta musa funciona como algo externo a mí, a mi voluntad o mis idéas, pues a pesar de que a veces venga a escribir con algún tema perfectamente definido en la cabeza -sobre todo cuando se trata de las piezas que me encomiendan en el trabajo- ella consigue sorprenderme y desviarme del estilo y la historia comunes , transfromando aquello que era para ser redactado por obligación en un placer y un episodio de realización íntima y verdadera. Yo siempre me sorprendí con este fenómeno de "despersonalización" que sufro todas las veces que escribo, pues la sensación clarísima es de que "alguien", y no yo misma en sana conciencia, es quien está creando el texto. Sé que todo viene de algún lugar profundo y misterioso dentro de mí -y estoy convencida de que todos tenemos un lugar así- que es mío, y al mismo tiempo, me parece que no soy yo, mismo reconociendo el estilo, los temas, los personajes, el abordaje de los tópicos como una opción mía. Es como si el raciocinio, la conclusión, la lección, viniesen de algo superior, con un objetivo absolutamente definido que vá mucho más allá de un simple talento, de fama, reconocimiento o una mera diversión... Existe algo en mi impulso de escribir que es más fuerte que cualquier otra cosa en mi vida, algo que me lleva no sólo a conocerme mejor, sino que tambien a descubrir cosas sobre la existencia que, ciertamente, no conseguiría de otra forma. Es como si este fuera al canal, el medio, la manifestación "customizada" escogida por lo divino para enseñarme, para guiarme y colocarme en la historia de la humanidad para que así pueda cumplir mi parte en ella.
    No importa cuán cansada, choreada, atareada o urgida esté, basta encender el computador, sentarme aquí y empezar a digitar, ni que séa  a costo de un enorme esfuerzo inicial, para que aquella magia acontezca y las palabras empiecen a fluir como un río caudaloso, pero sereno y transparente. Y es siempre así, a pesar de que yo todavía dudo sobre el milagro y estoy siempre resistiendo, mismo cuando tengo tiempo y tranquilidad para escribir. Esta es -o debería ser- una rutina sagrada, inquebrantable, mi lección de cada día, mi alimento, mi paz, mi realización, mi principal objetivo espiritual, pues cada texto (inclusive esos en los que sólo reclamo o me cobro por ser tan floja  e infiel) es como una clase particular con algún gran maestro que viene hasta mí solamente para enseñarme. Entonces, perder esta "visita" diaria es casi un pecado, porque no se repetirá y yo habré dejado escapar la lección de este día por pereza, desánimo, futilidades o preocupaciones para las cuales a lo mejor habría encontrado solución si hubiera, por lo menos, tratado de escribir lo que mi corazón estaba pidiendome, mismo sin tener muy claro lo que era al principio. Las palabras siempre, siempre se vuelven comprensibles y entregan su mensaje, ni que séa en la última frase del texto.
    Por lo menos, esto es lo que me sucede a mí y si ellas ni siempre me traen una lección, por lo menos me sirven como un desahogo que alivia mi corazón cuando está demasiado lleno y afligido y clarea algunas situaciones y actitudes, ayudandome a ser paciente y optimista, a pesar de las apariencias, y a tomar decisiones prácticas y equilibradas respecto a algunos problemas diários -de esos que nos dan más dolores de cabeza de lo que merecen- mejorando así mi calidad de vida física y espiritual.
    Entonces, qué es escribir?... Es un don, una compulsión, un milagro, un regalo, un misterio? Es la presencia de Dios en mi existencia? Es mi canal particular con la vida natural y sobrenatural? Es mi destino, mi misión en esta vida? Será mi legado, mismo modesto?... A veces me gustaría saber estas respuestas, otras veces prefeiero continuar ignorándolas, porque así, el misterio de las palabras en mi vida continúa empujandome en la búsqueda de ellas, manteniendome en constante y progresiva actividad a camino de la perfección. Pues es para esto que cada uno recibió sus dones.

segunda-feira, 16 de janeiro de 2012

"Luces"

Um poquitito atrasada, pero acá estoy, llena de inspiración, en el medio de mis vacaciones, animada, relajada, disfrutando estos días de lluvias inesperadas y temperaturas agradables... Sinceramente, estábamos achicharrándonos y derritiéndonos con este calor tremendo;saben ese tipo que no dá descanso ni cuando se está en la ducha? Sudor escurriendo de la mañana a la noche, ropas mojadas e pegadas al cuerpo, cerebro frito e inspiración como un helado en la mano de un niño  en a plaza al mediodía... Ya se hicieron el panorama, no?... Nadie se lo merece! Menos mal que existen los ventiladores -sobre todo los de techo- y el aire acondicionado, si bien que llega una hora en que uno siente que lo único que circula en la habitación es aire caliente y el choque térmico que nos llevamos cuando salimos de un ambiente con aire acondicionado casi nos mata... En fin, y a pesar de todo esto, estoy tratando de disfrutar mis vacaciones al máximo, a pesar de que cuando retorne a la fundación la cosa no va a cambiar mucho porque como me voy a quedar solamente dos meses más, no voy a tener muuuucha cosa que hacer. Es bien extraño pensar en salir, lo confieso, pero también tengo la  certeza de que no es posible continuar. Lo que tiene que pasar, pasa, si lo dejamos fluir llega a su final lógico, sin dramas, mas con la certeza del deber cumplido. Y es así con todo: trabajo, matrimonio, edad, bienes, relacionamientos, vida. Es un proceso al cual no sacamos nada con resistir, porque sería un desperdicio de energía y creatividad. Lo que tenemos que hacer es aprender a disfrutar todo lo que la vida nos ofrece en cada etapa para que, cuando llegue la hora de la despedida, seamos capaces de seguir adelante, hacia la siguiente aventura, con el corazón leve y la mente fresca, virgen, el espíritu abierto a los cambios y encuentros que nos aguardan. Hay que moverse, hay que avanzar si no queremos quedarnos estacionados y morir, no es verdad?
    Y antes de que se me quemen las papas allá en la cocina, aquí vá la crónica de esta semana.

    Aquellas noches, después de las presentaciones en la plaza, volvía a mi casa caminando lentamente por las calles obscuras y silenciosas, cansada pero satisfecha, cargando mi bolsa -que a esa hora parecía pesar una tonelada-  y con los piés palpitandome, imaginando la bienvenida que mis perritas irían a brindarme -aquella fiesta de cabriolas, ladridos y arrullos del más absoluto y sincero éxtasis- y soñando con mi cama suave y fresca esperándome en la obscuridad quieta y perfumada de mi cuarto.... Sin embargo, esas últimas noches todo había ido cambiando a mi alrededor, casi sin que me diera cuenta, y ahora las calles estaban tomadas por sillas en la vereda, vecinos animados, chiquillos corriendo y gritando, fuentes de soda  abiertas llenas de clientes jugando billar o cartas, tomandose su cervecita y con el volumen de la radio del auto rebentandonos los tímpanos. Perros flacos y pedigüeños husmeaban alrededor de la parrilla con anticuchos, ventanas y puertas abiertas de par en par, sin miedo o vergüenza de mostrar la intimidad de sus habitantes, olor a bistec, a huevo, a papas fritas, a queque. E aquellas luces...
    En las terrazas y porches, enmarcando ventanas y puertas, rejas, dibujando tejados, parpadeando, brillando sus colores en la obscuridad como millones de luciérnagas enloquecidas. En las mansiones, en los edificios, en las casuchas y los barrios populares, en las columnas de la iglesia, en los árboles de la plaza, las vitrinas de las tiendas, atrayendo las miradas con su danza frenética y secuencial... Donde quiera que mirase había una fila de luces parpadeando, una guirnalda, un árbol cargado de bolas metálicas, cintas, ángeles, estrellas y lucecitas. Viejos pascueros descendían por los balcones, espiaban por las ventanas, llevando sus bolsas repletas de regalos, renos de neón pastaban en  los jardines y muñecos de nieve inmensos, con sus bufandas rojas y sus gorros verdes saludaban a los automovilistas en la rotonda de la plaza. Los árboles aparecían iluminadas por lámparas invisibles y ángeles de botellas plásticas se colgaban como trapecistas de las ramas y los postes... Aquel era realmente un escenario de sueños! Mirando a mi alrededor me parecía que caminaba por un reino encantado y que cualquier cosa fantástica podría suceder al doblar la próxima esquina!.
   Sin embargo, de repente me dí cuenta de que ese clima todo no era solamente por causa de os adornos, sino de las propias personas. Todos se mostraban completamente diferentes de lo usual. Parecían tomados por una alegría sobrenatural, por una fuerza y un optimismo que llenaban el aire de una vibración eléctrica y calurosa, abierta, sincera. Parecían confundirse con las luces, los colores, con la fiesta y la expectativa de la navidad, del año nuevo que despuntaba en el horizonte de sus vidas. Parecían esperar lo mejor y estar dispuestos a entregarse, a mejorar, a perseverar, a creér... Y mientras caminaba y sonreía, sintiendome envuelta en esta aura de fé y esperanza, me pregunté de repente si mañana, cuando el sol apareciera y todas estas luces estuvieran apagadas, el mundo volvería a parecer triste y sombrío, amenazador, rudo y banal para todas estas personas que hoy celebraban. Me pregunté si la luz del día apagaría la magia, la felicidad, la expectacion, y todos volverían a sus vidas pequeñas y sacrificadas y andarían por las calles de asfalto con la cabeza baja y los hombros curvados, como todo día, sin mirar en torno para percibir que los ángeles, las luces, los muñecos de nieve y los Viejitos pascueros continuaban allí, mismo sin el brillo de la noche anterior. Será que el paisaje ruidoso y apresurado los transfromaría en parte invisible del cuadro? Será que la luz del día cerraría sus corazones para la presencia de la navidad?... Miré a mi alrededor y me dí cuenta de que, para muchos de nosotros, hay cosas que brillan y esparcen su magia solamente cuando está obscuro, cuando la realidad desaparece, cuando la fiesta toma cuenta del ambiente y que no conseguimos verlas cuando el mundo se vuelve real, tangible, prosáico. No hay lucecitas en nuestra oficina, ni guirnaldas en el mercado, no divisamos Viejitos pascueros descendiendo por el tejado de nuestra viaja casa o apareciendo atrás de la puerta de puesto de salud. Lo que brilla es la indiferencia, el egoísmo, la maledicencia, la mala voluntad. Las luces festivas que en la noche esconden nuestra miseria parecen dejarnos desamparados cuando el sol aparece... Sin embargo, ellas continuan ahí! Yo las ví cuando iba al trabajo al día siguiente! Es verdad que, si prendidas bajo el sol, casi no aparecen, pero estarían brillando, sí, de la misma forma que lo hacían bajo las estrellas!... La magia, la bondad, la compasión, la honestidad y la sabiduría no desaparecen sólo porque no podemos verlas, sólo porque la luz de este mundo, a veces cruel, nos ofusca el corazón. La celebración no debe ocurrir tan sólo en la noche, cuando podemos ver las luces y dejarnos contagiar por su brillo colorido, sino también durante el día, cuando la fiesta termina y retornamos al trabajo, al sacrificio, a la banalidad. Es verdad que en la noche las luces aparecen en todo su esplendor, pues fué para eso que fueron creadas, justamente para alumbrar nuestras tinieblas, sin embargo, nada les impide que se enciendan para nosotros, en nosotros, cuando es día pleno, y nos guíen a través de las sombras que el sol proyecta en nuestras vidas.

quarta-feira, 11 de janeiro de 2012

"Los dos lados"

Es lo que sucede cuando se está de vacaciones: los días no tienen horas, sino que se transforman en largos espacios de tiempo de sosiego, libertad y "viajes" de todo tipo. Es el momento de soñar, de evaluar, de meditar, de revigorizar el alma, la mente y el cuerpo en la paz y seguridad de nuestro hogar; es nuestra oportunidad de olvidarnos de los jefes, las reuniones, los proyectos,  de picar el cartón y del salário ridículo... Ah, cómo es rico sentarse en la hamaca para contemplar el paisaje -cuando no hace un calor de matar, claro- balanceandose lentamente, el cuerpo relajado, aquella pereza tomando cuenta, cuchicheando en nuestros oídos que no hay prisa, no hay rutina, no existen obligaciones ni responsabilidades profesionales! Nadie está mirando por encima de nuestro hombro, a no ser aquella paloma gorda en el borde del techo del garage... Y qué es lo que sucede con tanto ócio, tanta falta de compromiso, tanta pereza? Uno termina olvidándose de que tiene un blog y que este blog tiene lectores que aguardan un nuevo postéo cada final de semana. No es que el mundo se vá a acabar si dejo de publicar un texto -mi blog no es TAAAAN importante así- pero encuentro una falta de respeto dejarlos esperando. Al final de las cuentas hay personas a las que les gustan mis crónicas e hicieron del hecho de leérlas una rutina agradable durante la semana. Entonces, voy a dejar de ser floja y voy a retomar el saludable hábito de escribir alguna cosa todos los días, lo que incluye este blog. Por suerte, el año pasado anduve escribiendo un montón, entonces créo que no voy a necesitar más usar textos antiguos y voy a aprovechar estos últimos. Parece que con toda esta reviravuelta en mi vida mi inspiración está a mil por hora y, ya que, mismo regresando al trabajo el dia 8 de febrero, lo haré con una actitud totalmente sin compromiso, créo que voy a poder continuar produciendo con más frecuencia y gusto. En realidad, voy a permanecer en la fundación hasta abril por una pura cuestión de conveniencia, para poder renunciar con algunas pequeñas ventajas, entonces, en verdad, no tendré ninguna ligación con ella o sus actividades, lo que me dejará libre y tranquila para escribir... Y tal vez, brevemente, tengan algunas sorpresas... Desgraciadamente, todavía no puedo contar todos los planes que tengo para este nuevo año porque temo que si las noticias escapan antes de tiempo alguien puede ponerme dificultades para que cumpla mis proyectos. Entonces, como la discresión es un tesoro inestimable para el éxito de nuestros planes, van a tener que esperar un poco más para saber lo que vá a pasar. Mi divorcio está casi saliendo, pero todas esas cosas burocráticas son sumamente demorosas y sólo nos roban la plata y atrasan la definición del proceso. Es duro tener que aguantar una situación por cuestiones legales cuando, en realidad, ella ya terminó hace tiempo... Pero como las cosas funcionan así por aquí, es mejor armarme de paciencia, optimismo y perseverancia. Lo que importa es que el nudo se desate, y que lo haga suavemente, no es verdad?...  
    Bueno, y después de dadas las debidas disculpas y hecha la promesa de mantener el blog actualizado, voy a la crónica de esta semana. También la envié al diario, pero estoy medio desanimada con ellos porque hace mucho tiempo -desde agosto del año pasado- que no me publican nada. No sé si se aburrieron de mí o si no le gusté a la nueva editora, el caso es que, por descargo de conciencia continúo enviando textos, pero con bastante menos frecuencia. No pretendo desperdiciar mi trabajo  enviándolo si no vá a ser publicado. Quién sabe no termino publicando sólo en este blog... Después de todo, hay que ponerse práctica en ciertos asuntos, no es verdad?...

Hay gente que está de vacaciones -como yo- y anda por ahí de shorts y camiseta, condoritos y una expresión sonriente, casi atontada, en la cara. Abren el portón de la casa y salen a la calle con un aire de total deslumbramiento, caminan despacio, mirando el paisaje a su alrededor como si fuera la primeira vez que lo ven; saludan a los  vecinos, llevan a los niños al parque y hasta se divierten con ellos, van al mercado sin reclamar y aprovechan para recorrer largamente cada corredor descubriendo todas las novedades que no tienen tiempo de ver el resto del año, van a la fuente de soda a jugar billar y tomarse unas cervezas con los amigos en plena tarde. Se levantan a la hora que quieren y comen porquerías que no son permitidas en época de trabajo, ven el partido de football o la novela desparramados en el sofá como gatos al sol, sin prepocuparse de la barba, el peinado, el maquillaje, la corbata. Se dan el lujo de sentarse en el porche al atardecer, de salir a pasear con el perro, de conversar con aquellos vecinos con los cuales raramente se cruzan durante el resto del año. Le dan una cortada al pasto, lavan en auto en día de semana o marcan hora en la peluquería... Respiran hondo y cuando se van a acostar esbozan una sonrisa beatífica al percibir que al día siguiente no van a tener que saltar de la cama cuando el despertador toque -sobre todo porque éste NO vá a tocar- para ir a la oficina, a la escuela,  a la tienda, al mercado...
     Pero también hay gente que todavía está trabajando y que entrará de vacaciones cuando los otros retornen a sus labores. Pues la ciudad tiene que continuar funcionando, prestando servicios, vendiendo, transportando, construyendo, creciendo... Y éstos andan por las calles con caras malhumoradas y sombrías, en una mezcla de desesperación y rabia, sudando a torrentes bajo el sol inclemente de este verano, con pasos rápidos y firmes, como queriendo acelerar la jornada, o entonces, con un andar descorazonado y lento, conformados con la eternidad absurda de cada día. Parecen cargar el peso del mundo sobre los hombros y no consiguen ser simpáticos, optimistas o serviciales porque se sienten injusticiados, despreciados, castigados por las fuerzas divinas, que parecen conspirar para estirar el año sólo para atormentarlos. Pasan el día llenos de envídia y frustración al ver a aquellos otros afortunados que pasean de bermuda y alpargatas, sin reloj en la muñeca, ni corbata o uniforme  estrangulandoles el corazón, los sueños, el cansancio... Y cuando sus miradas se cruzan, uno en la tienda tratando de agradar a un cliente, o digitando en el computador de la oficina de contabilidad, cargando cajas en el depósito o aguantando jefes delirantes y sin ninguna consideración; el otro en la vereda mirando las vitrinas o conversando relajadamente como no consigue hacerlo el resto de año, vestido desaliñadamente, tomando sus propias decisiones, sin reglas, inspecciones, reuniones, sermones ni reloj punto ahorcando su día, hay un segundo, una fracción de segundo, en la cual cada uno consigue verse en el lugar del otro: el que está de vacaciones siente un escalofrío recorrerle la espina dorsal y una debilidad en el estómago y las piernas al imaginarse de vuelta al trabajo. El otro, al contrario, se siente tomado por una onda de esperanza, de alivio, un temblor de revancha al imaginarse allí, en la calle, sin rutinas ni stress, sin horario de almuerzo ni omnibuses llenos... Ambos saben que en poco tiempo más ocurrirá el cambio de lugares y, mientras uno continúa sus vacaciones con una puntada de angustia por la repentina  certeza de que su descanso y su libertad serán encarcelados cuando llegue el final de mes, el otro se esmera en un trabajo cansador y mal remunerado con la certeza gloriosa de que su propio tiempo de descanso y libertad llegará brevemente, y entonces será él quien se detendrá a contemplar con ese aire de superioridad y compasión a aquellos otros que están de vuelta a la rutina.
    Sin duda, tener la oportunuidad de estar de un lado y del otro de la historia nos dá siempre la dimensión exacta de los acontecimientos, de las reacciones, sensaciones y sentimientos, tanto de los otros cuanto de nosotros mismos. Por eso, no sólo debemos aprovechar el lado bueno de una situación, también tenemos que aprender nuestra lección del lado malo.

domingo, 25 de dezembro de 2011

"Vejez"

    Pasé las últimas dos semanas resolviendo unos asuntos impostergables y por eso dejé de cumplir mis compromisos literarios con ustedes, pero ahora que las cosas están empezando a moverse con más facilidad, rapidez y serenidad, y como estoy a punto de salir -finalmente!- de vacaciones el día 02, voy a volver a tener tiempo para escribir y poner en día todas mis cosas. En realidad, estoy yendo a la fundación solamente para cumplir horario porque todos los espectáculos de navidad terminaron, pero como yo no quería salir de vacaciones ahora porque tendría que volver en el medio de enero para cocinar en este calor y no hacer nada, decidí esperar hasta el día 02 de enero, ya que todas las actividades de la fundación están en receso hasta marzo. Felizmente descubrí que tengo cuatro semanas y media de banco de horas, entonces mis vacaciones (que en realidad vencen en abril) van a ser más largas de lo que pensé... Ah, qué gloria! Vá a ser tan rico quedarme lejos de la fundación y todo su stress, de las clases, reuniones, ensayos, presentaciones y jefes problemáticos! Sinceramente, ya estaba totalmente exhausta (como si no bastara todo el stress del divorcio) con tanto trabajo y tanta presión y disgusto. Si trabajar con cultura ya es difícil, imagínense tratar de hacerlo en un lugar en el cual, en vez de que todos estén unidos por un mismo objetivo, cada uno se preocupe solamente con su parte y que el resto se vaya a la cresta!... Desgraciadamente, las cosas por aquí están más para intenciones políticas que para objetivos culturales. Y ahora que tenemos año electoral, no quiero ni imaginarme cómo vá a ser!... Y es por eso mismo -y otras cositas más que después les cuento- que saldré de la fundación en abril el próximo año. Después de trabajar aquí durante 25 años -y de adorarlo- llegué a la conclusión de que, desgraciadamente, mis objetivos y métodos no tienen más nada que ver con los de la fundación, entonces encontré mejor salir en busca de otro lugar u otro trabajo en el que me sienta bien, séa valorada, respetada y pueda trabajar y crear con libertad, porque es así que se crece, cosa que es vital para alguien como yo.
    Vieron que mudanzas radicales de fin de año? Divorcio y cambio de empléo de una sola vez!... Y a lo mejor otras sorpresitas... Puchas, qué revolución! Y miren que a mí me  cargan las mudanzas y las sorpresas!...  Pero estos cambios eran impostergables, necesarios para mi felicidad, realización y tranquilidad. Estoy segura de que, pasados los primeros momentos de  dificultades y dudas, de desafío y readaptación, me espera una vida plena y feliz, llena de nuevos proyectos y realizaciones, de paz y equilibrio. Qué más se puede pedir para el año que viene?Todo vá a valer la pena, créanme.  Pues sólo se gana algo cuando se acepta perder algo a cambio.
    Y después de todo este rosario de explicaciones, aquí vá la crónica de esta semana. Espero que les guste.


    Acontece algunas veces, si cierro los ojos o me quedo durante un buen tiempo delante del espejo, que consigo verme vieja, de cabellos blancos y rostro surcado de arrugas y marcas, cuerpo curvado, manos arrugadas y llenas de manchas... Sin embargo, esto no llega a asustarme, porque lo que véo, más allá del exterior decrépito, es una anciana sabia y sonriente, con la certeza de que los años y las experiencias que vivió y las decisiones que tomó la transformaron en alguien mejor, útil, serena, satisfecha, que construyó algo para dejarle a los que vendrán después... Sin embargo, esto es algo que puede no ser definitivo, porque pueden suceder muchas cosas que cambien el resultado, pero mismo así, créo que, a final de cuentas, somos nosotros mismos los que tenemos el poder de construír la imagen de nuestra vejez. Pero entonces, viene la pregunta: en qué momento ocurre esta opción? Existe un marco, un acontecimiento, un encuentro, alguna revelación íntima que marca este instante? Es esto lo que nos quedamos esperando, parados, mientras vemos el tiempo pasar con la velocidad de la luz?  Existe realmente una señal que nos dice que el momento llegó? O esta opción es hecha, en verdad, a cada día, en cada gesto, con cada pensamiento, a través de nuestras palabras y acciones más simples y rutineras? Es de esta forma que construímos la imagen de nuestra vejez?... Esta imagen del futuro, en realidad, no existe. Nosotros la estamos moldeando hoy, ahora, pero somos capaces de presentirla, de esbozarla mientras caminamos... Entonces, por qué dejamos tantos espacios vacíos? Por qué no nos envolvemos? Por qué ignoramos las consecuencias? Pues cada segundo tiene una consecuencia que tal vez no seamos capaces de medir ahora (pero que sabemos que sucederá) y es por eso mismo que tenemos que ser tan cuidadosos y sembrar buenas semillas, en tierra fértil e irrigada, tenemos que abonarla y al final, compartir los frutos.
    Me quedo sentada aquí en la hamaca, balanceandome lentamente mientras contemplo la calle, los árboles, los pájaros en los alambres eléctricos, las nubes que se reúnen para una lluvia, y pienso: debemos tener algún sentido en esta historia, fué para eso que vinimos,  debemos ser una de las piezas de este quebra cabezas fantástico que es la vida. Créo que, en el fondo, todos sabemos quiénes somos, entonces, por qué a veces nos resulta tan difícil actuar de acuerdo con este conocimiento?... El tiempo corre, no vuelve; las cosas acontecen, las personas van y vienen, nada detiene lo que no es dominado por el hombre: llueve, hace viento, sale el sol, llega el otoño, las mariposas mueren, los hombres envejecen. Esto sucede, pues los ciclos son sagrados e impertubables, y tienen su propósito: todo tiene que renovarse... Entonces, por qué nos quedamos sentados aquí, perdiendo el tiempo, si hay tantas coisas que hacer? Es nuestro propio futuro lo que estamos construyendo! Cuál es el motivo de este desierto de tédio y auto compasión, de inconciencia y superficialidad en que estamos presos? No son los otros los que tienen la llave de nuestra jaula! Depende de nosotros abrir las puertas y volar atrás de nuestros sueños, porque éstos no nacieron en nuestra alma para pasar en blanco. No envejezcamos para lamentar no haberlos realizados, sino para sentarnos al atardecer en el porche y contemplarlos sonriendo.  Es de este modo que la vejez tiene sentido y la muerte se vuelve menos cruel.